Increíble… me que quedado realmente sorprendida al ver tantos reviews…
geLu: sí, sí me acuerdo de ti (bueno, cuando he leído el anterior nick, claro). Pues la verdad es que el final no está cerca aún, pero sí más que antes, por supuesto. Me alegra que hayas dejado el review (casi por obligación, verdad?) y de saber que sigues aquí pq, sinceramente, creía que ya no seguías el fic. Comprenderéis que no soy adivina, si no decís nada es imposible que sepa nada de vosotros ;) Venga pues, espero que continúes leyendo y, de vez en cuanto, ve diciendo algo al menos para saber qué te parece y demás. Nos vemos!
Paty: jajajajaja, pues la verdad es que escribí el final en carrera. Escuchando la BSO de The Bourne Supremacy, os recomiendo ambas películas y su banda sonora, me empezó a dar caña. Por eso terminé tan pronto. Os habréis fijado con algunas faltas de ortografía (se ven que son de prisas), incluso sale el número de la pág del word XD. Me alegra que te haya gustado tanto como a mí pensarlo. A ver qué me dices de éste capítulo… Hasta pronto, chica!
Agos Malfoy: vaya, cuánto tiempo! Me estoy llevando una gran sorpresa al ver ya a dos lectoras que no creía que siguieran por aquí. Bueno, tú tranquila, saber que aún no te has hartado de mí ya me vale XD. En cuanto al dragón… mmm… creo que deberás esperar un poco más para saberlo (lo sé, soy mala, despiadada y cruel). Bueno, gracias por no abandonarme aún y hasta la próxima, que espero que no sea dentro de mucho ;) Bye!
jim: no importa, el gesto ya es de apreciar. Gracias por leer el fic y dejar un review para saber que lo haces (y que existes, tb dicho). Espero que continúes por aquí, bye!
Lilita L2: vols un final al·lucinant? Jajajajajaja, mmm… doncs espero que el que tinc pensat sigui prou gran com per deixar-vos a tots ben servits. Clar que no només preval la idea, sinó que també haig de ser capaç de narrar-ho amb fidelitat… espero aconseguir-ho! Mmm… d'això… no creus k llegir-ho tot amb dos dies és un tant exagerat? Jo he intentat tornar a rellegir-ho des del principi i haig de dir que m'he escandalitzat al fer-ho. O he evolucionat mentalment, o he millorat en redacció (les dues serien possibles) XD Doncs apa, et deixo per avui o no penjo el capítol. M'ha agradat trobar-me a una més d'akí (ja no llegeixo fics per falta de temps, pro quan ho feia hi havien bastants escriptors catalans per aquí, tot i que seguia històries indiscriminadament), amb en Marc i en Lladruc ja en sou tres. Així que… fins aviat!
pedro: me quedé un poco impactada al leer tu review, supongo que porqué parece un telegrama por su continuidad. ¡No te lo tomes a mal, por favor! Es sólo que me ha sorprendido ;) Pero estoy gratamente agradecida de que hayas dejado un mensaje, aunque sea para saludar, así que muchas gracias!
lolo: aix… echaba en falta tus reviews, chica. No es por nada, pero hay unos cuantos que (supongo que pq sois más constantes o bien habláis más) conseguís hacerme sonreír con vuestros mensajes. Ver preguntas y comentarios agrada¿sabéis? Jejejeje Vamos a ver con tu rr… ¿Ya empiezas a cogerle cariño, eh? Si es que Draco es Draco… XDD Pero, admitámoslo, como el dragón no hay nadie JAJAJAJAJAJA Mmm… veamos, Hogwarts… no, en realidad no se sabe del cierto hasta que digo explícitamente que están frente Salazar Slytherin describiéndote la Cámara Secreta. Es entonces cuando el verdadero objetivo toma forma. ¿Y lo de desertar no te habías dado cuenta? Pero si lo hablan… (capítulo 23 y adelante) En lo de la herida del dragón (uff… adoro esa criatura) pues no voy a revelártelo aún, pero tranquila que tampoco voy a haceros pasar más que uno o dos capítulos de espera. Sí, sí, los acontecimientos que sucedieron fuera de la propia lucha de Harry se revelarán en el siguiente capítulo. La esfera…. Bueno, creí que había dejado claro lo que hizo Harry en la Cámara cuando adelantó a los demás mortífagos (quienes no podían pasar la barrera). Allí cuento un poco lo que hace, pero no he dicho nada más sobre después, claro. ¡Ah! Y muchísimas gracias por tus halagos, no creo que los merezca… Pero, en fin, estate tranquila que de momento la musa da por más tiempo y, aunque el trabajo me está empezando a acosar, he decidido escribir cuando me venga en gana (y pueda, claro) pues aguantarme sólo consigue desconcentrarme más, voy el santo día pensando en la continuación! Así que, después de explayarme con tu review (cosa que me ha gustado mucho), me despido como siempre esperando verte pronto por aquí. Chao!
Uff… jajajajajaja, si os dijera que llevo cerca de una hora
respondiendo los reviews no me creerías¿verdad? Pero
no voy a negarlo, me ha encantado… tanto, que me parece que aún
ser tarde, voy a meterme con el siguiente capítulo parando
sólo para ir a cenar XDD (eso se describe como enfermedad
mental).
Bueno… antes de nada¡POR FAVOR, no me matéis! El
capítulo es corto, lo sé. Lo he escrito dos veces
entero, incluso el título ha cambiado. No creáis que es
pq me apetecía (la verdad es que de haber quedado satisfecha a
la primera ya estaría terminando el 27), si lo he hecho ha
sido pq no había forma humana de que saliera como quería.
He tenido que cortar aquí para poder separar las partes
correctamente, de otra forma habría quitado importante a
hechos que quiero que se mantengan en un status. Así que, a
pesar de sus 7 páginas de word (8 contando los rr), casi todo
es narración por lo que no quita que tenga mucho contenido.
Espero que os guste pues es una de las partes que más me está
costando narrar por su fragilidad (sería más fácil
decirlo todo con 3 frases, poner todo acción, diálogos
y fuera, pero entonces sería una chapuza de tres al cuarto).
Decidme opiniones y preguntad en caso de no comprender algo (pero de
lo que estoy contando, si pedís de más adelante no
podré responder).
Venga pues, a leer y hasta la próxima! Y muchísimas
gracias a todos :)
-Ithae-
PD: Otra vez dejo el comentario del 6to para el prox capítulo
XDD
PPD: Miri, por favor, no me mates. (Lo mismo va para los demás!)
;)
Capítulo 26 – El precio del poder
Voces, lejanas y confusas, hacían eco en su inconsciencia, martilleándole en una insistente llamada a la realidad. No importaba cuan cansado y exhausto se encontrara, como si mosquitos hubieran entrado en su cabeza, los ruidos siguieron azuzándole hasta que, con un gemido, empezó a mover los ojos bajo los pesados párpados. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para conseguir mover aunque fuera un milímetro, distancia suficiente para que la apagada luz entrara por sus dilatadas pupilas obligándole a cerrar de nuevo la coraza ocular.
El ruido, como si se tratara de una radio mal sintonizada, iba y venía sin mejorar un ápice su entendimiento. De no parecer extraño, hubiera jurado que el emisor de voz carecía de suficiente energía.
Volvió a intentar observar el exterior cuando hubo un alto en el rumor, silenciándose de repente. Realmente intrigado por saber a qué venía todo aquello y reviviendo los últimos instantes que aún recordaba, Harry terminó por entreabrir los ojos.
Una inmensa losa cubría por completo su visión. Tosió al sentir el polvo entrar por su garganta en un intento de levantar la voz. Incluso tuvo que tomarse un tiempo antes de poder situarse, incapaz de terminar de comprender qué podía haber pasado.
"¡Maestro!" pensó abriendo de repente los ojos de par en par. No le hizo falta pensar en nada más, ni siquiera se detuvo a reflexionar. Como si un relámpago le hubiera traspasado, el chico se puso en pie con rapidez, listo y en tensión, atento a cualquier movimiento a su alrededor. Ni el mareo ni el agotamiento le hicieron flaquear el poste mientras analizaba cada elemento, cada pulgada de suelo, incluso las diminutas motas de polvo que aún flotaban en el aire no escaparon de su atención. Pasó un buen rato antes de que cambiara su percepción de batalla a una de razonamiento. Algo no iba como debía.
- Pero…
No había rastro del castillo.
Estaba en medio de paredes derruidas, grandes rocas esparcidas por el suelo, antiguos componentes de lo que en otro tiempo debió ser una estructura fuerte y majestuosa. Incluso la hierba crecía bajo sus pies.
Sorprendido, reculó un par de pasas hasta topar con otra enorme piedra, gastada y ahora sin forma. ¿Dónde estaba? Era incapaz de creer lo que sus ojos estaban viendo. ¿Y Hogwarts, y todos los demás? Le resultaba imposible entender lo que su mirada afirmaba¿qué pasaba? No había duda, en su memoria. ¡Estaba en Hogwarts, luchando! Entonces… ¿cómo había llegado hasta ahí?
Tras el impacto inicial, aún sin ser capaz de comprender nada, sobrepuso su sorpresa avanzando unos pasos hacia donde terminaba de despertar. La losa que antes había cubierto su vista seguro que debía tener alguna pista que le ayudara a comprender qué estaba sucediendo. ¿Cómo era posible?
"¿Y si he sido trasportado? No recuerdo haber tocado ningún traslador…" se dijo agachándose frente a la gran roca. Pero incluso su tacto era real, completamente real.
Una pequeña cenefa desvió su mirada. Gravada en ella, los restos de una gárgola sobresalían entre toda la superficie lisa y, aún no ser más que la mitad del cráneo, a Harry le pareció ser capaz de identificar aquella roca como uno de los desprendimientos que había sufrido el Gran Comedor en la lucha que hacía poco había presenciado. Pero la hierba que pisaba no era ficticia… era como si el tiempo hubiera acelerado su marcha en aquél lugar, llevando junto a la naturaleza el recuerdo de un mundo pasado.
En alerta, agarró con fuerza su varita, confiando toda su vida en ella, y se arriesgó a examinar el lugar. Pero pronto detuvo su exploración. Aterrado, miraba a aquél instrumento mágico con los ojos desorbitados por el miedo y la confusión. El frío agarrotaba sus músculos, aún cuando había intentado evadir aquél helor pensando en la impávida noche que le rodeaba. Sin embargo, ahora que había caído en aquella siniestra realidad y que todo parecía aclararse en su mente iluminándose como una única conclusión, era incapaz de esquivar lo que se le presentaba. La sensación que siempre le había acompañado con el contacto de su varita había desaparecido de repente, dejando nada más que el tacto simple de la madera.
Su corazón se detuvo al mismo tiempo que un escalofriante sudor empapó su espalda dando puerta abierta al arrogante frío. No sintió las dolorosas agujas heladas clavársele a la piel, al igual que no sintió las renovadas voces caóticas que volvieron a llenar el lugar pasando, tras un par de segundos, a otro silencio sólo roto por el aullido del viento.
Una mano, salida de la nada, le agarró el hombro sobresaltándole. A su lado, un hombre de pelo castaño algo canoso y con los ojos escondidos tras unos surcos de sueño que impedían ver sus reflejos dorados, le miraba entre sonriente e intrigado.
- ¡Harry!- aún decir su nombre con alegría, una inquietud se escondía tras su voz serena y firme.
Sin comprender de donde había salido, el chico siguió mirándolo confuso. Le resultaba imposible analizar lo que ocurría pues nada parecía tener sentido.
- Harry…- dijo ahora preocupado al no ver una reacción.- Tranquilo, ya ha pasado…
Parpadeando, intentó reafirmar lo que se suponía que estaba viendo. ¿Era Remus Lupin quien estaba junto a él? Volviendo a recuperar el control de su cuerpo, retrocedió con cautela, demasiado confundido para conseguir explicar lo que sucedía. ¿De dónde había salido? Aquello no era el castillo… al menos, no el mismo en donde había asaltado en combate.
- Oye… espera, tranquilo…
Pero Harry no era capaz de razonar con claridad, incluso la voz del hombre no parecía real entre todo aquél caos que inundaba ahora su mente.
Tropezó con otra pequeña ruina cayendo de espaldas al suelo. Apenas consiguió detener el golpe de la cabeza contra el resto de un llano suelo de roca, cuando advirtió que donde segundos antes había estado el hombre ahora no existía más que el aire.
Un grupo de voces volvió a él golpeando contra su cabeza con dolor. Les hubiera gritado que callaran si no fuera que toda la situación era demasiado confusa como para poder conseguir detenerse a pensar en nada más que no fuera el mismísimo caos irracional.
- ¿Estás bien?- de nuevo, alguien apareció del vacío agarrándole por las axilas e intentando ayudarle a reincorporarse.
El hombre que ahora le sostenía le miraba con verdadera ansiedad en su rostro. De tez oscura y mirada seria, auxilió al chico junto con Remus, quien volvió a aparecer a su otro lado, haciendo fuerza con el hombre que le parecía tan familiar. Tan pronto como volvió a estar de pie y el tipo dejó de sujetarlo, desapareció quedando ya sólo su ex profesor.
- ¿Qué está ocurriendo!- exclamó fuera de sí.- ¿Qué es eso, una trampa del señor¡¿Qué pasa!
Remus le miraba ahora entre sorprendido y confuso, incapaz de comprender lo que decía, pensando, quizá, que los sucesos por los que había pasado habían terminado por agitarle más de lo que nunca había estado. No estuvo a tiempo de detener al muchacho en un brusco gesto por deshacerse de su contacto. Con una exclamación y apuntando la varita directa hacia el hombre que ahora no podía ver, Harry tensó todo su cuerpo con los nervios crispados en locura.
Ávido, observaba con salvajismo a su alrededor, blandiendo la varita de un lado a otro como si de una espada se tratase. Pero seguía sin ser capaz de ver a nadie más que a sí mismo entre toda aquella ruina, restos de una antigua construcción. Las voces que volvieron tras la pausa le hicieron gruñir con consternación, haciéndole huir del lugar medio a tropezones, sin importarle nada más que escapar de allí. No sabía qué buscaba, ni lo que deseaba encontrar en aquella fuga, ahora ya no disponía de un lugar al que llamar hogar… lo único que ocupaba su mente era el deseo de desaparecer, esconderse del mundo, de todo aquello que conocía. Porque lo cierto era que le temía.
Su flaqueza no le impidió seguir corriendo más allá de los desgastados muros, directo hacia un profundo y salvaje bosque. Y, aunque realmente no comprendía el motivo por el que huía espavorido de aquél lugar aún no ser más que un conjunto de restos históricos, algo le decía que debía salir de allí, alejarse.
Resbalando, consiguió llegar frente a los primeros árboles. Otro miedo se sobrepuso a él deteniendo su frenética carrera. El bosque que se abría ante él le impedía su entrada, como si una fuerza superior le impidiera entrar en busca de refugio o una escapatoria. No sabía qué, pero… ¿por qué el sólo hecho de dar un paso hacia allí le hacía temblar con violencia y anulaba toda su voluntad? Se hubiera quedado allí, estático frente a la barrera que le impedía seguir pero también regresar, cuando sintió el doloroso ruido acercársele por detrás, acelerando su respiración en audibles jadeos de pánico.
No lo dudó más. Haciendo acoplo de valor, se lanzó directo hacia el interior del bosque, adentrándose entre la espesura de los enormes gigantes que apenas dejaban pasar una pequeña brizna de luz lunar. Y no sólo ellos, gozadores del poder de las alturas donde todo lo veían, sino también las espinosas plantas cuyas ramas se extendían como tentáculos intentando cazarle en un abrazo letal.
Harry no se volvió a detener, demasiado asustado para detener aquella arriesgada travesía cuyo final no lograba visualizar. Hasta que, en un descuido, tropezó con una de las muchas raíces que sobresalían por el suelo como enormes puentes vivos y cayó de bruces al suelo. Medio a tientas, intentó reincorporarse a pesar de sentir un enorme dolor de cabeza.
Se agachó con rapidez entre un hueco de uno de los milenarios titanes, y aguardó silencioso atento a cualquier sonido. Tras unos minutos, descansó la tensión que le mantenía aún en pie y se permitió un leve suspiro que pronto transformó en un gruñido al comprobar que la nariz sangraba con avidez. El dolor que le provocaba el simple movimiento le indicó que quizá estuviera rota. Así pues, haciendo un improvisado arreglo, se procuró un par de harapos que usó para detener el flujo rojo que manchaba su túnica.
Acurrucado con las rodillas contra su pecho y la cabeza apoyada en el tronco del árbol, Harry se sumió en una oscura soledad.
Se sentía perdido, derrotado, con la esperanza consumida en una opresiva desesperación y el corazón esclavizado por su propio temor. Y lo peor de todo era que su mente no lograba salir de aquellas tinieblas que la encarcelaban, ofuscando cualquier deseo de escapatoria. El frío, acusándole inclemente, le obligó a agarrarse con fuerza, con una ferocidad que demostraba hasta qué punto el fracaso había penetrado en él. Sus gestos, desesperados, tenían impresos el punto de bestialidad que domina ante el hostigo de la muerte. No estaba preparado para afrontar aquella pérdida, la pérdida de uno mismo.
Vio frustración. Frustración porqué tras su sacrificio, después de todo lo que había hecho por aquella arriesgada locura, no había conseguido nada. Ahora estaba perdido, sin ningún tipo de poder… no le hacía falta a nadie para que verificase lo que sus temores y la razón le confirmaban: ya no había magia en él. Lo había perdido todo. ¡Todo! "¿Y para qué?" No había futuro, no había refugio, la única salvación había desaparecido con su elección. ¡Y ni siquiera sabía si había merecido la pena!
Soledad.
El frío y la soledad hacían una magnífica pareja, eliminando a su presa bajo un asfixiante sentimiento de mediocridad. Debilitándola en su propio desespero, convulsa entre espasmos de sufrimiento y terror. Y entonces, cuando los pantanosos mares de la desesperación dejaban ya sin fuerzas para resistir, un estremecimiento de ira y odio hacían temblar hasta la más férrea creencia de fe, volviendo la certeza en duda, el amor en rencor, la vida en muerte.
Aún cuando sabía que debía ofrecer resistencia a aquél pesimismo que le invadía con implacable efecto, su razón de lucha fue disipándose hasta desaparecer, ahogándose repentinamente entre las sombras.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Perezosamente, casi a desgana, abrió los ojos. Deseó, aunque fuera en un pedido milagroso e imposible, que al abrirlos aquella realidad cruel en la que se encontraba no fuera más que una pesadilla lejana. Pero, como bien sabía, aquello no era más que un fantástico y absurdo sueño por el que no merecía la pena llorar. ¿Para qué engañarse?
El helor entumecía sus extremidades haciendo que un ligero movimiento fuera suficiente para causarle un agónico sufrimiento. Con una mueca salvaje y casi bestial, sonrió al recordar una situación no muy alejada bastante similar. Tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para evitar echarse a reír con demencia. Maldita su suerte, era realmente odiosa. Aunque¿por qué no dejaba de mentirse a sí mismo? Estaba asustado, aterrorizado, más espantado de lo que nunca en su vida había estado. Y la neblina que empezaba a cubrir el aire no ayudaba en lo más mínimo, dando un aire mucho más tétrico y espeluznante al lugar.
El inquietante conocimiento de que algo se acercaba tensó sus músculos.
Intentó moverse aguantando las ganas de rendirse bajo el dolor que le ocasionaba la acción, pero no consiguió nada más que crispar sus tendones al deshacerse del ovillo en el que había permanecido. La urgencia alentó sus movimientos, incitándoles a reaccionar, aún cuando el frío le hubiera paralizado por completo, dejándole en completa desprotección.
Cerrando las mandíbulas con fuerza, decidió ocultarse del peligro obstruyendo al sentido visual en un impulso primitivo. Una brisa glacial capaz de convertir el calor en roca, le rodeó con asombrosa rapidez. Harry, siguiendo el instinto de conservación, aguantó el aire en sus pulmones para evitar que se helaran con el contacto de aquél suspiro de la muerte.
Al igual que antes pero ahora rodeado de un silencio sepulcral, el chico pudo sentir el chirrido de unas respiraciones inhumanas, aterradoras. Sintió como su cuerpo se estremecía por aquella intangible presencia. Una imperiosa necesidad de llenar de nuevo su cuerpo con aire nuevo le sacudió con violencia, pero su mente seguía resistiéndose a ello, más allá de la razón. Sin embargo, conocía sus límites.
Los suspiros, extasiados, crecieron en número y volumen, llenando cualquier espacio vacío que antes pudiera haber existido. Y, al fin, tuvo que abrir su protección para renovar sus agotadas existencias de aire.
Apenas hubo inspirado la primera bocanada de oxígeno, cuando un grito taladró su mente dejándolo casi inconsciente. Era agudo, profundo, eterno, como si alguien estuviera chillando a pleno pulmón dejándose su voz en ello, preso de un indescriptible dolor más allá de toda concepción. Harry ahogó un terrible aullido de agonía mientras, echado en el húmedo suelo de hojas y tierra, se contraía entre violentas agitaciones.
El constante grito era enloquecedor. Su mente perdía el sentido del razonamiento con cada segundo que pasaba, como si muriese una parte de él bajo una creciente perturbación que le sumergía en la demencia más absoluta.
Quiso cubrirse las orejas, gritar, patalear, escapar, suplicar… pero de nada serviría pues era en su interior donde la tortura estaba teniendo lugar. El peor lugar de todos, impidiéndole cualquier refugio donde descansar, sufocando cualquier resistencia que hubiera podido poseer.
Su cuerpo se convulsionó arqueando su espalda en una visión de maquiavélica crueldad, en una curvatura grotesca. Pero era incapaz de percatarse de aquello, anulado por el desvarío que colapsaba sus pensamientos y trastornaba sus sentidos. Ni siquiera fue capaz de desear el fin de aquel tormento porque el mero hecho de pensar iba más allá del incesante grito.
Ya fuera por la recién llegada suerte o porqué aquellos seres invisibles se habían cansado de su desgastado juguete, el martirio se cesó tan de pronto como había llegado. Sólo una leve variación en su tonalidad final había terminado por permanecer el la destrozada mente de Harry. Pero poco importaba ya. Su fin estaba cerca… pronto dejaría de sufrir.
El tiempo se detuvo. Nada de ruido, nada de dolor, ningún pensamiento o recuerdo volaría por su mente haciéndole cavilar durante largas horas de reflexión. Ya nada le afectaba, como si todo se hubiera quedado estático en un mundo oscuro, repleto de formas borrosas que se movían al compás de la respiración. Su corazón, al igual que todo el cuerpo, dejó de moverse, de palpitar con vida, congelado en su último estertor. No había amor, compañía, tampoco soledad. Era como un personaje gris, sin voz, nada más que un decorado apagado por el pasado, apartado al igual que un libro escondido en una biblioteca esperando que alguien, algún día, decidiera volver a abrirlo para darle vida. No pensaría, no sonreiría, no conocería… su vida, como una vela frente a un vendaval, ya no ofrecía resistencia.
Más allá de toda esperanza, como si los dioses hubiesen reescrito su camino dándole una segunda oportunidad alejándolo del descanso de la lucha, una luz blanca se propagó por el bosque retirando las tinieblas que se congregaban en un ritual de muerte. Las sombras desaparecieron, el dolor murió, el terror se diseminó. Y el tiempo, caprichoso en su eterna carrera, volvió a respirar.
Una nueva bocanada de aire se extendió por su cuerpo revitalizándolo. Su columna descansó en la mullida tierra que ahora parecía emanar algo más de calor, al igual que sus agarrotadas extremidades cuyos músculos relajaron la tensión dejándose caer sin resistencia alguna. El color, aún no volver a teñir su piel, pareció rodear a la extenuada figura. Respiraba con avidez, como si quisiera acumular tanto oxígeno como pudiera a con miedo de volver a perderlo. Su corazón, exhausto y enfermo, continuó con sus latidos inconstantes pero seguidos. Sin embargo, aún cuando todas sus funciones físicas volvieran a él, el dolor inflingido aquella noche superaba toda capacidad. Ya nunca volvería a ser el mismo.
