¡Y aquí subo el 27! Sin embargo, antes voy a por los reviews.

FFMania: …me das miedo… mira que hablamos, pero chica, sigues dándome miedo. Y más ahora porqué sé que me vas a matar tras toda ésta espera y el resultado que os paso. Mejor conéctate y me chillas (suerte que son letras), no te preocupes que voy a hacer un hueco de dos o tres horas para leer tus quejas y reclamaciones. XD Aps, y no, Isa hace como un par de semanas que está desaparecida, me dijo que se iba unos días a Londres (menuda suerte). Supongo que no tardará en volver. Venga, amiga, un besazo!

Jim: gracias, pues la verdad es que que te digan que es un buen fic tras las amenazas de la loca que ha escrito antes que tú resulta de lo más gratificante :) Sigue por aquí!

lolo: bueno…. otra más que me odia XD ¿Terminaréis por montar un club que planea asesinarme? Jajajajajaja ;) Por Merlín, chica, me has dejado completamente alucinada. Creí que nadie comprendería nada del anterior capítulo aunque, para serte sincera, tampoco era tan difícil (o sí). Pero tú lo has acertado todo! En el capítulo no voy a entrar en detalles, odio repetir las cosas o explicar algo que ya se ha hecho aunque fuera desde otro punto de vista. Así, aclaro lo que sucedió pero sin llegar a esmerarme con muchas páginas pues Harry ya ayuda a llevar su punto de vista con la experiencia. Aunque… admitiré que un Harry loco no me desagrada… MUAJAJAJAJAJA! (Estate tranquila, no creo que algo así termine por suceder) Pues ala, aquí tienes la actualización del fic! Nos vemos, chica!

pedro: vaya, pues entonces gracias por adelantado por el review XD ¿No te ha quedado claro? No te preocupes, con sólo comprender las sensaciones que he intentado transmitir y la breve explicación de ahora, creo que te quedará todo claro. Aunque, por supuesto, aún hay cosas que se mantienen sin saber¿dónde estaría la intriga sino? Bye!

Paty: esto… ehem! Bueno… mmmm… yo no es que quiera, pero… jajajaja, tu lee el capítulo y dime si te dejo con tanta ansiedad, igual o más. XD No voy a decirte más a por miedo de delatarte algo, así que hasta pronto!

Phanter: ¿un/a nuevo/a lector/a? Me ha gustado tu observación, es algo que utilizo a menudo para comprobar mis pasos, o terminaría por desviarme demasiado afectada por las demás historias (incluso la oficial). A ver si sigues leyendo el fic, me interesará saber tus posturas frente a lo que vaya haciendo. ;) Dew!

al: jejejejeje, tómate tu tiempo (te lo digo yo que demasiado apurada voy últimamente para tan siquiera saber el día en que estoy). Lee el capítulo y, si aún tienes muchas dudas al respecto, pregunta e intentaré responder. Al fin y al cabo, sólo soy una aficionada que escribe por placer :)

Juer… no sé cómo lo hago, pero las respuestas me ocupan un montón…
¡Hola a todos! Al parecer no soy la única que va ahogada con trabajo¿verdad? Me sorprendo a mí misma al ver que estoy subiendo un nuevo capítulo con apenas un mes desde la última vez. A éste ritmo, no creo que llegue entera a los 30… ¡me matará un ataque antes! No podéis ni imaginar hasta qué punto voy estresada, en realidad creo que de no ser por el fic (escribir, vaya), habría terminado por tomar antiestresantes o algo parecido… será que no tengo a compañeros que están así. Insomnio, psiquiatra o pastillas, pocos somos los que vamos medianamente sanos XD (Sí, en esto me he puesto a estudiar. Soy idiota, lo sé). Y, bueno… si no me mata esto terminaréis por hacerlo antes vosotros, jajajajajaja! Como siempre, os advertiré un poco. El capítulo es algo más largo que los más recientes debido en gran parte al diálogo (18 pàg en tota, para quien desee saberlo). Me ha costado muchísimo escribirlo, quizá por cómo voy o por la parte en la que me encuentro, no lo sé… sólo os pediré compasión. Agradecería que me dijerais si es correcto o algo flojo, si no lo habéis comprendido o no he entrado demasiado en cuestión (aunque también puede ser que sea algo hecho aposta).
Espero no tardar mucho en subir el siguiente (sobretodo pq sé que me pegaríais si lo hiciera), pero la verdad es que no aseguro nada. Tanto puedo estar llena de inspiración y me salto todo el trabajo desahogándome con esto, como puedo pasar días intentando escribir algo demasiado colapsada para dejar algo medianamente aceptable. La carrera me está pidiendo mucho y apenas logro a terminarlo todo y tener tiempo para respirar¡ni siquiera tengo los finde para hacerlo¿Sabéis lo que es estar los 7 días de la semana, 4 semanas cada mes, cerrada o en casa trabajando, o en la universidad estudiando/trabajando, o en el tren muriéndote de asco? Pues así estoy yo XD
…Mejor dejamos mis penas… TOTAL! Que os quiero mucho y que si tardo no es pq lo deje, sino pq carezco de tiempo de dedicación. Así que… que os vaya todo muy bien y que disfrutéis de la vida ahora que podéis pq más adelante todo se reducirá a una monotonía de trabajo. (Vale ya con mi catastrofismo¡cómo estoy hoy!) ¡Venga, disfrutad del capítulo!

-Ithae-

PD: Vale, me parece que terminaré por dedicar un par de páginas la próxima vez para comentar el 7, pq paso de seguir postergándolo más. XD
PPD: Uala… ya llevo casi tres años escribiendo por aquí… OO ¡Soy de las viejas!


Capítulo 27 – El terror de un nombre

Despertó envuelto en suaves sábanas que le cubrían con pulcritud, cubierto por la oscura noche sólo rota por tímidos rayos de luna que se reflejaban en el aire. Los pocos muebles se dibujaban con siluetas grises que apenas dejaban entrever su auténtica forma. Nada parecía ser capaz de romper aquella quietud en el viento, como si estuviera solo en la desconocida habitación, pero un silencioso ruido se mantenía estable golpeando cuidadosamente en sus oídos.

Ladeó la cabeza intentando observar con más detalle su alrededor, pero poco más logró averiguar entre las imágenes borrosas que se presentaban ante él. Se sentía demasiado cansado para permanecer consciente. Así, antes siquiera de conseguir ver más que pequeñas luces verdes y rojas parpadear entre la oscuridad, volvió a sumirse en un sueño reparador sin mundos fantásticos ni pesadillas que perturbaran las horas de descanso.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

El suave golpe de la puerta al cerrarse consiguió regresarlo a la conciencia, donde la luz diurna ahora debía inundar más allá de sus párpados, lejos del negror nocturno que entrevió la última vez.

La imagen ahora clara de una habitación se presentó frente a él.

Abriendo los ojos con esfuerzo, tuvo que parpadear un par de veces antes de acostumbrarse al deslumbramiento de aquella luz. Se encontró echado en una cómoda cama con un par de barandillas metálicas que le protegían en los extremos superiores para evitar que cayera entre otras funciones mucho más importantes. Las sábanas, blancas y suaves, acariciaban su cuerpo que ahora vio cubierto por un pijama de un azul pálido que no era suyo. La habitación olía a analgésico algo disimulado por un perfume que, a pesar de ser débil, no escapó de su olfato por su familiaridad.

Intentó incorporarse, pero gruñó al sentir una punzada de dolor en su brazo. Intrigado, miró el antebrazo izquierdo donde una aguja se clavaba en su piel con un tubo transparente que transportaba lo que parecía un líquido sin color.

- No te muevas.- dijo alguien a su derecha.- No comprendo la medicina de los muggles, pero estoy seguro de que ésas agujas deben doler.

Sentado en una pequeña butaca que daba frente a la única ventana de la sala, había un chico sentado con un libro en su regazo que se giró al captar su mirada. Tenía un brazo inmovilizado con un pañuelo y un par de cortes por la cara que le medio sonreía en bienvenida. Vestía con unos tejanos azules, un yérsey negro y los zapatos también oscuros de piel. Su pelo rubio platino había perdido el toque de gomina para un pose más casual. Y su mirada, antes fría y calculadora, ahora tenía cierto matiz de calidez, algo que nunca antes había visto en ella.

- ¿Has dicho… muggles?- preguntó algo atontado. La cabeza parecía mucho más liviana de lo que había creído, sus pensamientos eran confusos y no conseguían permanecer coherentes en un mismo punto.

Una mujer de unos treinta y pocos años entró en la habitación con una carpeta en sus manos. Al verle despierto le sonrió con amabilidad.

- Me alegra que haya despertado, señor Evans. ¿Qué tal se encuentra?- preguntó dejando el dossier encima uno de los numerosos aparatos que parpadeaban a su lado.

- Pues… supongo que bien.

- Veamos…

Dejándose guiar por sus manos expertas, Harry dejó que la simpática enfermera le tomara la fiebre, comprobara su presión ocular y sanguínea, y verificara las indicaciones de los extraños aparatos, apagando un par de ellos tras el recuento.

- Parece que va mejorando… aunque deberá esperar un poco más antes de hacer un buen bocado.- tomó un par de apuntes más y añadió, antes de irse de nuevo:- Vendré a hacerle otra revisión dentro de un par de horas. Si necesita algo, lo que sea, descuelgue el teléfono y enseguida vendré. Mi nombre es Eleanor Cleaney¿de acuerdo?

- Sí, gracias.- respondió con educación.

- Descanse.

Cerró la puerta tras ella dejando de nuevo a los dos chicos solos.

- Simpática¿verdad?

- ¿Señor Evans?

- No te quejes, yo me llamo Wesson. A saber de donde habrá sacado ése estúpido nombre…- se levantó de la silla haciendo un par de vuelta para despejar sus piernas, y se quedó frente la ventana observando el día gris que amenazaba en romperse al otro lado del cristal.

- ¿No vas a decirme qué ha pasado¿Qué hago aquí?- dijo tras el silencio que había provocado al darle la espalda.

Draco se mantenía estático con la mirada más allá de la habitación, lejos de los pocos muebles que la llenaban, todos ellos perfectamente limpios y cuidados. Levantó el brazo derecho acariciando el tejido suave de las cortinas blancas que reposaban en cada lado de la ventana. Su gesto, mecánico y constante, terminó por un agarre casi salvaje como si fueran su único punto de apoyo.

- Esperaba que pudieras explicarme algo… ¿Es verdad que has perdido el poder?

Harry bajó la mirada hasta sus manos con el entrecejo fruncido. Sí, había perdido toda la magia que había en él, era incapaz de sentir nada de aquella energía que antes ostentó. Le parecía estar viendo un cuerpo vacío, sin vitalidad, un conjunto de huesos y carne que se movía como una marioneta se mueve bajo hilos invisibles. Se sentía sin alma…

Pero, si algo había conseguido con aquella preciada pérdida, era recuperar su entera movilidad. Aunque… ¿había valido la pena? Fuera como fuera allí estaba, un chico completamente normal, perfectamente común. ¿No era algo que deseaba con fervor?

- ¿Y qué si así fuera? No tiene ninguna importancia…

La fuerza con la que agarraba la ropa se detuvo repentinamente. Lentamente, como si le hubiera abandonado, dejó caer la mano dejándola colgar inerte. Si hubiera visto su rostro lo habría descubierto mucho más pálido y demacrado que nunca.

- Doce de cuarto, uno de quinto y tres de séptimo, entre ellos Patil y McMillan, que creo que conocías. Además de tres aurores y el viejo Moody.

- ¿Qué…?

- No recuerdo bien lo que sucedió. Una fuerte explosión impactó en el salón deteniendo todas las luchas. Sólo conseguí verte caer antes de que una enorme presión me lanzara de bruces al suelo casi matándome. Respirar me era imposible, y apenas lograba ver u oír nada de lo que pasaba. Lo que sucedió después es aún más confuso.- se sentó de nuevo en la butaca y le miró con curiosidad.- Al levantarte empezaste a actuar como un desequilibrado, mirando estúpidamente a tu alrededor y sorprendiéndote con ver a Lupin. Y entonces, sin entender el porqué, te pusiste a correr como alma que lleva al diablo hacia el Bosque Prohibido. Pensé que te habías vuelto loco.

- Pero yo no estaba en Hogwarts…

- Ya lo creo que sí. Todos estábamos allí viéndote medio ido.

- No, aquello no era Hogwarts.

- Harry, si no llega a ser por Granger, los deméntores te habrían hecho el beso.

- ¿Hermione?- dijo ahora descolocado.- ¿Qué tiene que ver Hermione en todo esto?

- Ella fue quien te encontró.- respondió encogiéndose de hombros.- Según dijo, un unicornio le había llevado hasta ti. Como si aquellos borregos pudieran pensar…- gruñó irritado.

- No vas a tener celos de un caballo…- murmuró con inocencia.

Sin pensar, Draco cogió el libro y se lo lanzó enfadado en la cara, dándole en medio de la nariz.

- ¡Augh!

- Vaya, creía que ibas a esquivarlo…

El golpe le había hecho saltar un par de lágrimas de dolor, sintiendo como su cabeza se resentía por el impacto.

- ¡Joder, Draco, eso duele!

- Después de eso, Dumbledore te envió aquí diciendo que era el mejor lugar para esconderte.

- ¿En un hospital muggle?

- Míralo así: no tienes magia alguna, por lo que puedes pasar por un muggle perfectamente normal…- dijo pragmáticamente.- y nadie sabe que puedas estar aquí, menos aún si escondes tu nombre. Las únicas heridas que tienes son físicas, incluso se han creído que has tenido un accidente con… ¿cómo se dice?

- ¿Un coche?

- ¡Bah! Muggles…- exclamó moviendo la mano sana con desprecio.- No son capaces de ver la magia ni aunque se lo pongas enfrente la nariz.

- No deberías ser tan arrogante, Draco. Los muggles a quienes tan desprecias pueden ser mucho más fuertes de lo que los magos creen. Y ese menosprecio es el que terminará por echar a perder todo lo que el mundo mágico tanto protege.

Cerró el libro en su regazo y pasó la mano inconscientemente por las tapas leyendo el título La hierba y el poder.

- ¿Y tú qué haces aquí? No creo que sea por gusto, has dejado claro que aborreces a la gente normal.- no quería seguir llamándolos muggles pues, haciéndolo, se sentía como si estuviera insultando a su propio yo.

- ¿Así que ahora yo soy el anormal?- comentó con amargor, a sabiendas de lo que significaba para Harry haber usado aquella palabra.- Bueno… no tengo hogar al que regresar ni familia con la que volver… y, además, soy un traidor tanto por los mortífagos como por el ministerio, así que dudo que ninguno de los dos quiera recibirme con los brazos abiertos. Vagabundear no es algo que me atraiga especialmente. Y, en fin, el único que ha despertado en un lugar similar eres tú, así que…

- Has decidido quedarte conmigo¿no?- finalizó.

- Algo así, sí.

Harry sonrió entre sorna i gratitud, sintiendo como una diminuta llama se encendía en su corazón volviéndole más liviano de lo que antes era. Era como sentirse, si no bien querido, sí necesitado. O quizá fuera más un sentimiento de proximidad y comprensión, de aceptación.

- No es verdad que no tengas familia.- dijo de pronto recordando algo.- Sirius era el primo de tu madre¿verdad?

- Sí, he hablado ya con Black.- murmuró ahora con timidez.

- ¿Has visto a Sirius?- no pudo evitarlo, por poco no salta de la cama para agarrarlo y obligarlo a hablar.- ¿Dónde, cuándo?

Justo iba a responder cuando alguien más entró en la habitación, como si su nombre le hubiera invocado rompiendo el espacio y el tiempo. Su mirada, gris y brillante, se iluminó al ver al chico despierto en aquella extraña cama que parecía tan incómoda. Vestía de forma casual, con una camisa de un platino oscuro, una americana abierta y los pantalones negros, todo él con aquel aire de misterio y sensualidad que le daban un toque de irresistible atracción.

- ¡Pero si ya estás despierto!- exclamó con jovialidad al verle.- ¡Pequeñajo, cuánto tiempo sin verte!

Harry se dejó estrujar entre aquellos brazos que tanto había echado de menos sintiendo aquella sensación de cuando un padre abraza a un hijo prometiéndole eterna protección. Tuvo que hacer grandes esfuerzos por resistir que alguna lágrima cayera mejilla abajo, temía mostrar sus verdaderas emociones como si hacer aquello pudiera dejarle completamente indefenso.

- ¡Maldita sea!- gritó alguien entrando poco después del hombre y cerrando con un rabioso golpe la puerta.- ¡Siri…! Quiero decir… ¡James¡¿Se puede saber qué ha querido decir aquél comportamiento en…!- se detuvo a media frase al entrever a Harry entre el hombre, quien no hacía ni caso de sus gritos.- ¡Harry!

Dio una potente colleja al hombre y lo lanzó a un lado sin ningún miramiento mientras se lanzaba hacia el muchacho quien apenas era capaz de comprender todo aquel amasijo de manos y gritos.

- Oh, Harry, cariño…- dijo mientras le estreñía en un abrazo mucho más maternal. Le dio un par de besos en cada mejilla y le sujetó la cabeza con calidez entre sus dos manos.- ¿Cómo te encuentras, estás bien?

- ¿Cómo quieres que se encuentre bien con tus apretujones?

Marla, con un gruñido, le lanzó el libro a la cabeza. De nuevo, la dureza del objeto hizo soltar un aullido de dolor al objetivo.

- Estaba tan preocupada…- volvió a envolverle con sus brazos mientras unas lágrimas caían por sus ojos en una mezcla de tristeza y alivio.

- Vamos, Marla, déjalo ya… ¡Me has roto la cabeza! Por cierto… ¿qué es este libro?

- Es mío.- dijo Draco acercándose a él con lentitud.

- Ya veo que te gustan las pociones.- afirmó analizando con recelo el libro.- Nunca ha sido algo que me atrajera, aunque se me dieran bien.

- No le hagas caso, Draco. Ése hombre nunca ha sido bueno en pociones, le tenía una tirria especial.- comentó la mujer tras dejar un poco de aire a Harry.

El chico, que hubiera deseado estar algo más de tiempo acurrucado junto a su madrina, agradeció que la atención de todos se centrara en Sirius quien empezaba a recomponerse con la ayuda del joven Malfoy para evitar que sus ojos vidriosos le delataran. Su corazón latía con violencia, sintiendo como todo su ser se había convulsionado tras aquél recibimiento tan similar al del amor de unos padres.

- ¿Hace mucho que te has recuperado?- preguntó sonriéndole con cariño.

- No…

- ¡Ni se te ocurra!- exclamó de repente.- ¿Cuántas veces voy a tener que repetirlo¡Nada-de-eso!

Sirius apenas había conseguido quitar más que una tercera parte de su varita de debajo la chaqueta que la mujer ya había entrevisto sus intenciones.

- Pero es que las sillas son muy incomodas… sólo será un poquito, nadie se va a enterar.

- No otra vez…- suspiró resignada.- ¿Y qué explicación darás a la enfermera o el doctor si entran?

- ¿Para qué está el obliviate, Marla?

- No me llames así.

- No voy a llamarte Alice. Ya me parece bastante vergonzoso el apellido.

- ¿Os habéis cambiado el nombre entero?- dijo por primera vez el paciente que parecía divertido por el espectáculo que le rodeaba.

- Sí. "Sirius" no es un nombre muy común entre los muggles. Ahora nos llamamos James y Alice Wesson, y él es nuestro hijo Harold. Y tú eres nuestro querido sobrinito.- sentenció divertida al ver sus caras.- Aunque me hubiera gustado tener a dos niños…

- ¡Ni hablar!- exclamó fuera de sus casillas. Harry supuso que aquello venía de un tema mucho más profundo al que su padrino negaba con fiera rotundidad.

- Oh, tienes un tío realmente tozudo…

- Yo soy un alma libre…

Marla levantó una de sus cejas con incredulidad y le miró con malicia.

- Seguro. Anda, ve a buscar un par de sillas.

- ¿Vais a tener un niño?- preguntó realmente sorprendido.

La reacción de cada uno de ellos fue tan repentina que cualquiera hubiera dicho que realmente eran una familia. Draco ahogó una carcajada en forma de una oportuna tos mientras giraba la cabeza para evitar que se viera su expresión contorsionada por el esfuerzo. Marla, a su vez, le miró son una sorpresa que enseguida se convirtió en una expresión de vergüenza y confusión conjunta. Mientras que Sirius se golpeó contra la puerta del armario creyendo que era la que daba al pasadizo.

- ¡Me alegro!

- No, espera…- dijo apurada su madrina.

El hombre terminó por corregir sus pasos mientras renegaba por el golpe consiguiendo salir por la puerta acertada. Ahora que hacía cuentas, ambos no debían tener más de treinta-y-ocho años, quizá ya era hora de que pusieran un poco de orden en sus difíciles vidas.

- ¿Ya sabéis el nombre?

- No, no vamos a tener ningún niño, Harry. Ha sido un malentendido…

- No deberíais pensarlo tanto, la vida es demasiado corta para eso.- terminó casi en un susurro.

- Por cierto¿dónde está Dumbledore?- preguntó Draco rompiendo el silencio.

Harry cambió su mirada con tanta rapidez que los sorprendió a todos. Al darse cuenta de su transformación intentó suavizar su expresión, pero sus emociones ya habían sido captadas por los demás, demasiado tarde para disimularlas.

- ¿Está aquí?- dijo a media voz intentando calmar la tensión que había aparecido en su cuerpo.

- Sí…- Marla, con una mirada preocupada, le observaba con atención, analizando sus gestos y expresiones en una tentativa por comprender lo que terminaba de pasar.- No tardará en llegar. En realidad estaba hablando con Arabella.

- ¿También ha venido la señora Figg?

- Claro.- secundó Sirius regresando con un par de sillas plegables. Las desmontó y se sentó en una de ellas cerca de la ventana, mientras Draco ocupaba la otra algo más alejada de los demás a los pies de la cama, cediendo el puesto de la butaca a la chica quien sonrió complacida por su galantería.

Entrando en una conversación banal, Marla iba charlando tranquilamente con el hombre. Lejos de las palabras, su "primo" volvió a la lectura en silencio, dejando que el ambiente se relajara tras aquella premisa un tanto teatral.

Harry decidió mirar más allá de la ventana, como momentos antes había hecho el otro chico, observando el movimiento lento de las nubes, mucho más concentrado en relajarse y olvidar pensar que no en contemplar el tiempo del exterior, ajeno a él dentro aquella habitación.

No le había pasado por alto aquel extraño encuentro. Era incapaz de definirlo con otra palabra que la de "falso". No podía comprender aquél comportamiento de ambos adultos, realmente lejos del que había recibido por parte de Draco. Él había hablado abiertamente, sin censuras, sin importar su estado o lo que era correcto y lo que no, pero en cambio ellos… amables, cariñosos, alegres y inusitadamente serenos. ¿Dónde estaba la mirada recriminatoria¿Dónde estaba la decepción en aquellas caras tranquilas, en aquellos rostros felices? Se había convertido en un mortífago, había ido junto al Lord Oscuro, había atacado, matado… era un traidor. ¿Y dónde estaban aquellos gritos de desengaño y furia? Él mismo se sentía mal al ver aquella comedia rodeándole como una manta ilusoria. Les hubiese gritado si con eso conseguía que sacaran todos sus pensamientos al exterior. Pero se detuvo desengañado con ellos. Se sentía realmente enfurecido, nunca hubiera esperado aquél absurdo comportamiento por parte de Marla, y mucho menos de Sirius. ¿Acaso no les había defraudado!

- ¿Por qué no lo decís?- murmuró al fin deteniendo el frívolo diálogo.

- ¿Pasa algo, Harry?

Suportar aquello era peor que sentir las miradas acusadoras en él¿a qué jugaban¡Era un traidor!

- Sí.- dijo dirigiendo desafiadoramente la mirada hacia ellos.- ¡Decidlo¡Soy un sucio traidor, un mortífago! Me he aliado con la muerte¡incluso he matado¿Por qué no me gritáis en cara lo que he hecho, acaso creéis que aún soy un niño¡Sé perfectamente lo que he hecho!

- Basta.- gruñó calmadamente Sirius mientras la mujer fruncía el entrecejo con gravedad.

- ¡Maldita sea, dejad de tratarme como a un crío!

- He dicho que suficiente, Harry.

- No.- dijo ahora con una mirada furiosa y agarrante.- No soporto más ésta tontería. Soy un mortífago¿comprendéis eso o debo deletreároslo¡Soy vuestro enemigo!

- ¡Cállate!- gritó al fin Marla tras darle una bofetada en la mejilla con cólera.

Harry la miraba ahora sorprendido. Su expresión, antes amable y cariñosa, se había convertido en algo completamente distinto. Le miraba con severidad, rigidez y una inexplicable ira. A su lado, Sirius seguía estático en su silla a pesar de tener los puños cerrados con fuerza, ni siquiera el chico había hecho un pequeño movimiento tras el cambio del ambiente, siguiendo escondido tras su libro.

Sintiendo una oleada de rabia y odio que crecía en su interior, Harry se arrancó la aguja ajeno al dolor que aquello le ocasionó, y se puso en pie dispuesto a irse de allí sin importarle que ahora aquél muchacho acabara de levantarse dispuesto a detenerle.

- ¡Os odio!- bramó completamente exaltado.

Podía sentir la sangre golpeándole los tímpanos con fuerza, el corazón desbocado y la respiración acelerada. No le importaba que su visión se estuviera nublando y sintiera un mareo creciente, como si las veces que había pasado ya por aquello le hubieran vuelto insensible a sus efectos. Quería salir de allí, alejarse de aquellas caras, de aquellos nombres. Dolían. Dolían demasiado para permanecer tan cerca.

- Te considero un hermano, Harry, pero no me obligues.- dijo a media voz con increíble calma.

El chico apenas era capaz de razonar. La desesperación al ver aquellas miradas compasivas, llenas de un amor que no merecía, aún cuando todo fuera una mentira… había roto su muralla. Les odiaba, pero no sólo a ellos, sino también a sí mismo. Era débil, demasiado débil. Si hubiese sido más fuerte, más valiente, si no hubiera actuado como un cobarde, nunca habría pasado aquello. Pero dar marcha atrás era imposible, lo sabía, y sabía que ellos lo sabían. ¿Por qué entonces seguían intentando regresar a un pasado muerto en los recuerdos?

Un nuevo bienvenido rompió la tensión de sus gestos y pensamientos centrándose en el recién llegado. Un hombre vestido con una capa verde y un gorro puntiagudo apareció acompañado por una chica mucho más joven que contrastaba enormemente con el viejo señor. Sus ojos, azules, quedaron incrédulos ante la situación que se presentaba frente a ellos. Un chico vestido con una bata azul pálido estaba en pie descalzo en medio de la habitación con una mirada enrojecida y las facciones pálidas y enfermizas. Tras él otro muchacho, éste rubio y con mejor aspecto, agarraba una varita con el brazo que aún podía mover. En cuanto a los dos adultos, la mujer permanecía levantada con la respiración apresurada y el hombre aún sentado con el rostro contorsionado en dolor.

- ¿Qué está pasando?- preguntó el señor agravando su expresión al observar a cada uno de ellos. La chica que le acompañaba que aún sujetaba una plata con los cafés que había ido a buscar, se mantuvo estática un par de pasos por detrás.- Harry, deberías estar descansando.

Al sentir su nombre pareció reaccionar. Se enderezó con una sonrisa burlona, y le miró maliciosamente a los ojos.

- Dumbledore… ¡menuda sorpresa! Ha llegado en el mejor momento.- ironizó.

- Sí, eso parece.- respondió con serenidad sin abandonar su expresión.

- ¿Sabe? Me preguntaba cuándo le vería… Hace ya tiempo¿verdad?

- Dos meses aproximadamente, si mis cálculos no son erróneos.

- ¡Dos meses!- rió con amargor.

- ¿Qué te parece si vuelves a la cama y conversamos más tranquilamente? Ésa herida no tiene muy buena pinta.

Con completa tranquilidad, Dumbledore terminó de entrar en la habitación yendo directo hacia donde estaba Harry quien no dudó en echarse a un lado con cautela. El hombre no se inmutó por su rechazo siguiendo con su objetivo, se acercó a la ventana y cerró las cortinas como si fuera la cosa más normal del mundo.

Había tenido razón al decirle lo de la herida que se había provocado al arrancarse la aguja, pero él siguió ignorando el dolor de la sangre al escapar de su cuerpo.

- ¿Sabe? Creo que debería agradecerle todo lo que ha hecho por mí durante todo este tiempo. ¿Cómo puedo demostrarle mi más sincera gratitud?

- Eres muy amable, pero antes acuéstate.

- ¡No me venga con estupideces!- escupió harto del juego, pero pronto volvió a recuperar su frío odio.- Vamos, vamos… ¿No sabe qué es lo que tanto le debo, Dumbledore?

- La verdad es que no.

El chico, medio desquiciado en una lúcida locura, dejó que unas dolorosas carcajadas rompieran su cara en un gesto mucho más similar al sufrimiento que a una verdadera alegría. Nadie consiguió mover ni un músculo, ni siquiera el poderoso director quien, a pesar de mantener una expresión serena frente a toda aquella tensión, volvió a hablar deteniendo aquellos espasmos dementes.

- ¿Qué hace tanta gracia, Harry?

- ¡La vida!- exclamó con jovialidad.- Le debo la vida, mi querido profesor. Ésta vida. ¡Oh, no sabe hasta qué punto debo gratificarle lo que me ha dado! Aunque… ¿qué le parece darle eso que me ha regalado para compensar? Dígame, Dumbledore¿desea mi vida como ofrenda? No es una mala oferta¿eh?

- No, no lo es.- murmuró tras un monstruoso silencio que congeló sus corazones. Su mirada dejó aquella calma por una preocupación que no emocionó al chico en lo más mínimo, cegado por sus propias emociones.

- ¿Sabe qué he estado haciendo éstos últimos meses? Vamos, seguro que ha venido justamente para esto. Usted quiere saber, Dumbledore, no lo niegue. En más de una ocasión me ha hecho contarle hasta la más aterradora pesadilla para que pudiera saber, conocer, siempre por encima de los demás. ¡Nunca le ha importado el horror que esto podía ocasionarme!- terminó con un grito desgarrador.- ¿Recuerda a Grindelwald, verdad? Claro que sí, usted terminó con él. Pero cometió un error, Dumbledore… un inmenso y terrible error…

Jadeó moviendo la cabeza intentando aclarar la vista y, tan pronto como le pareció que mejoraba, siguió.

- Debió morir tras su enfrentamiento… la Onda no se reguló… y cómo respuesta nació el Lord Oscuro…

- Voldemort, Harry. Lord Voldemo…

- ¡No diga su nombre!- chilló aterrado.- ¡De haber muerto, él nunca hubiera existido, nunca hubiera amenazado éste mundo…! Si hubiese desaparecido… ¡nada de esto habría pasado! Toda ésa gente¡mis padres! Ninguno de ellos tenía que haber muerto… ¡Yo no hubiera tenido que morir! Pero usted… usted… ¡Fue un cobarde! Conocía las consecuencias, creyó que podría hacer frente a la nueva amenaza… ¡Maldito cobarde!

- ¡Harry!- exclamó Marla escandalizada.

- ¡No se enfrentó a la muerte, Y AHORA ME ENVÍA A MÍ!- terminó con odio.

Nadie fue capaz de decir una sola palabra. Harry respiraba con dificultad, con la vista salvajemente clavada en el viejo hombre que ahora parecía mucho mayor que antes, como si toda su vitalidad terminara por escapar de entre sus dedos dejándole nada más que su envejecido y arrugado cuerpo demasiado cansado para sostenerse por su propio pie. El chico, que seguía crispado sobre el frío y duro suelo, apenas era consciente de su enfermo estado. Podía sentir un constante martilleo en las sienes que le hacía trastabillar, como si algo estuviera estrujando su cráneo con una fuerza inhumana. Sólo había algo que seguía en su lugar, imperturbable, perfectamente visible, algo que no había forma de hacer desaparecer: aquellos ojos azules que seguían mirándolo a pesar de no captar ninguna de las emociones que afloraban en aquél viejo rostro.

- Entonces… ¿por qué detuviste a Voldemort en Hogwarts?- preguntó con un hilo de voz que fue roto por el bramido alocado del chico.

- ¡QUE NO DIGA ESE NOMBRE!

En un grito desgarrador, Harry se agarró la cabeza con ambas manos dejándose caer de rodillas al suelo.

Al igual que en el despertar del sueño, Sirius se aproximó hacia el muchacho con urgencia, como llevado por la necesidad de ayudar a sabiendas de que algo no iba bien, de que algo sucedía que no debía pasar.

No llegó a tocarle el hombro que un espasmo sacudió el cuerpo del chico seguido por una fría risa que poco a poco fue subiendo de tonalidad hasta conseguir que sus dientes castañearan con un miedo más allá de la comprensión. Draco fue el primero en reaccionar, alejando de él a Sirius, arrastrándolo lejos del joven que ahora volvía a incorporarse con el pelo cubriéndole aún las facciones. Con un movimiento de cabeza, se apartó los mechones de la cara dirigiendo la vista hacia el techo.

Bajando la cabeza con lentitud y deteniendo la estruendosa carcajada para observar mejor a su alrededor, Harry miró a cada uno de los presentes con una inhumana sonrisa en su rostro que acrecentaba la expresión de brutal júbilo.

- Vaya, vaya… No creí que llegara a encontrarle… menuda sorpresa.- repasó a los tres individuos frente a él hasta detenerse en el cuarto y más valioso de ellos.- ¡Dumbledore!

- Tom, no deberías estar aquí.- respondió recobrando parte de su compostura.

- No veo porqué no. Al fin y al cabo, si ahora puedo verte es gracias a ti.- dijo regocijado.- Gracias por mostrarme donde estaba escondido Harry, me ha sido de gran ayuda. No creías que fuera capaz de encontrarle¿verdad? Tiendes a subestimarme, Dumbledore…

- La verdad es que has progresado, sí. Aunque seguramente se debe a vuestro vínculo¿me equivoco?

- No, estás en lo cierto. Ahora que es como un muggle resulta ridículamente fácil de manipular, ni siquiera puede percatarse de nada. Es una pena… resulta decepcionante ver como uno de tus mejores rivales termina por reducirse en un insignificante y molesto recuerdo pasado.

- Nunca formó parte de tus filas, Tom.- dijo sin inmutarse. Sin embargo, aquella afirmación arrancó un matojo de estridentes risas del chico quien le miraba con la misma mirada que le había acompañado desde que había despertado con la nueva personalidad.

- Qué equivocado estás, Dumbledore.- canturreó con burla.- Deberías ver más allá de tus viejas gafas.

- No, Tom. Ambos estamos equivocados.- murmuró más para sí mismo que para ser escuchado.

- ¡Esto sí que es un buen regalo! Sirius Black… al parecer Bella no terminó contigo¿eh? El amor familiar resulta conmovedor…- Marla, en un impulso, agarró la temblorosa mano del hombre quien apenas conseguía seguir en pie.- Que pena que te equivocaras de lugar, Black… alguien de tu sangre habría sido poderoso.- sonrió con malicia y dirigió su mirada a la mujer con renovado regocijo. Iba a hablar cuando de reojo pudo ver al chico quien se mantenía firme a pesar de sus facciones pálidas y tensas.- ¡Y aquí tenemos al joven Malfoy!- exclamó un gozo frío y aterrador.- Mocoso insensato… ¿de verdad creías que no sabía de tu traición?- sus ojos, rojos y entrecerrados, brillaron de satisfacción al sentir el silencioso gemido de dolor.- ¿Duele?

Draco, en un acto involuntario, se agarró el antebrazo izquierdo con fuerza, apretando furiosamente las mandíbulas para evitar gritar por el dolor que le provocaba la abrasadora marca.

Su mirada, fija y penetrante, no se desvió del muchacho observando el incremento de sufrimiento que estaba experimentando su ingrato servidor. Quería verle chillar de dolor, lanzándose a sus pies con súplica clemencia, arrastrarse por el suelo entre agonía y desconsuelo.

- Ya basta, Tom.- ordenó con severidad el hombre rompiendo su mirada al cruzarse frente al debilitado chico quien, ahora fuera de sus aterradores ojos, jadeaba y temblaba con descontrol, exhausto por el esfuerzo que terminaba de hacer.

- ¿Qué vas a hacer, Dumbledore? Quizá yo no tenga magia en este cuerpo, pero tú no te atreverás a hacer daño al joven Potter, sigue siendo demasiado importante para ti. Ya te lo dije, el amor rompe el corazón.- dijo sonriendo perversamente.

Al ver que el viejo director mantenía sus facciones estáticas y en silencio, rió con escándalo e, inesperadamente, se lanzó enfrente en un movimiento salvaje y feroz directo hacia el ahora atónito hombre quien apenas reaccionó hasta tenerlo casi encima. A tiempo creó una barrera que lo detuvo a unos centímetros de su cuello.

- ¿Tienes miedo, viejo?- susurró en su oído.- Muere bajo las manos de tu aprendiz o mátalo. Si lo haces, también yo moriré…- terminó en tono burlón.

Tenía ambas manos alrededor del pescuezo, luchando con furia por estrangularle sin importar la magia que le impedía cerrar más en su abrazo letal. Tras él, unos gritos le llamaron con insistencia y urgencia, escandalizados y asustados por la situación, incapaces de saber como reaccionar aún cuando el hombre les ordenó mantenerse al margen.

Realmente temía hacer nada¿cómo podía salvar aquella situación sin dañar al muchacho? Estaba paralizado, hacía ya tiempo que no le sucedía nada similar, siempre dispuesto a encontrar una solución por más imposible que ésta pareciera. Pero ahora… si lo detenía perjudicaría a Harry, y si no hacía nada éste terminaría por hacerse daño a sí mismo bajo el control de Voldemort. Ya podía ver sus manos empezando a cortarse al mantener el contacto con aquella protección. Hiciera lo que hiciese, debía alejarlo de él para evitar que siguiera igual. Así, convirtiendo aquél primer paso en su preferencia, lanzó un mudo hechizo repeledor que lanzó al muchacho hacia atrás haciéndole impactar de espaldas contra el grupo de instrumentos que restaban al lado de la cama.

- ¡Harry…!- exclamó la chica preocupada al verle caer malherido al suelo.

- ¡Detente, Hermione!

Pero fue demasiado tarde.

Levantándose al sentir su nombre, el chico se lanzó precipitadamente con una varilla en mano empuñada como si fuera una navaja hacia la sorprendida chica. Ella, a diferencia del hombre con el anterior ataque, no consiguió más que dejar caer lo que llevaba con estruendo.

Su expresión, antes autosuficiente e irónica, ahora era una mueca de completo odio que le aterró. Tenía la mirada completamente concentrada en ella, como si no le importara nada más, incluso su boca se torcía en un gesto de asco.

Todos sacaron sus varitas apuntando al muchacho, pero aunque hubieran terminado por llamar el hechizo, no habrían estado a tiempo para detener la embestida. Sin embargo, en contra de todo lo posible, se volvió a detener a escasos milímetros de ella, rozando su ropa con el arma. Nadie había hecho nada.

Durante unos segundos, incluso el tiempo se detuvo en un profundo silencio.

Harry permanecía en la misma postura. Agarraba con fuerza el puntiagudo objeto dispuesto a clavárselo en el corazón de Hermione. Ninguno de los dos se movió ni un centímetro, una demasiado horrorizada y el otro en un mudo combate. Sus facciones eran tensas y rígidas.

Aquella mirada, aquella voz… habían logrado traspasar los barrotes de su prisión haciéndole despertar del sin-sueño en el que había permanecido. Ahora incluso aunque no fuera capaz de controlar nada, podía ver entre las brechas de la muralla que le retenían. Miraba asombrado aquél lugar sin ser capaz de comprender qué había pasado o qué hacía allí, recordando la conversación con Dumbledore en último lugar antes de la nada. Pero algo había logrado captar su atención en aquel corto tiempo desde su regreso, algo que le había incitado a golpear las duras murallas aunque dejara su piel en ello, dañándose con cada golpe que hacía y sin conseguir nada más que apremiarse ante la proximidad de la nueva muerte que caería bajo sus manos con el fracaso.

Gritando desesperado, consiguió detener aquella mano tan parecida a la suya y tan distinta a la vez. La muralla, aunque no se había derrumbado con sus intentos, había recibido una brecha dándole una nueva esperanza.

Siguió golpeando, cada vez con más insistencia, deseando derrumbar la fría prisión que le encarcelaba y que le alejaba de la realidad que le pertenecía. Pero, a pesar de que el primer intento había conseguido rasgar aquella gruesa roca, no parecía que los nuevos intentos tuvieran el mismo efecto. Y cada vez se cansaba más.

Draco, como todos los demás, se mantenía estático demasiado impactado para reaccionar. Ni siquiera hizo el intento de aproximarse a Granger quien aún permanecía estática como si la fuerza del horror la mantuviera cautiva. Ignoró los gritos de los demás y las órdenes imperativas del viejo director, mucho más interesado en algo que acababa de ver y que empezaba a comprender.

Harry se había detenido justo a tiempo antes de llegar a matarla, pero tenía la sensación que aquella posición no iba a durar mucho más. Veía los temblores que sacudían el cuerpo de su hermano y se preocupó al ver que su recorrido letal aumentaba unos milímetros más hasta ahora pinchar la piel de la muchacha quien gimió intentando alejarse inútilmente del abrazo del terror.

Unas cuerdas se materializaron alrededor del chico haciéndole retroceder dañando su cuerpo en el intento de alejarlo de allí, pero, aún cuando consiguieron su objetivo, no por ello impidió que dejara de luchar por deshacerse. Su anterior afán por detener sus movimientos volvió a desaparecer tras un grito triunfal que les puso en alerta. Marla se apresuró en lanzarse junto a la inmovilizada chica para sacarla de su punto de mira a con miedo de que volviera a ser atacada. Pero las cintas mágicas que aprisionaban al chico no disminuyeron su presión ni un ápice incrementando la fuerza con cada movimiento aún cuando aquello podía terminar destrozándole.

Desató el brazo sin detenerse a pensar en el dolor que aquello le ocasionó y extendió los dedos mientras que con la otra mano lo agarraba fuertemente evitando que temblara por la debilidad que aún le atenazaba.

Deseando que no se equivocara haciendo lo que se proponía, Draco se centró en la magia que manchaba su alma desde que había aceptado aquella maldición. Ya había hecho aquello otras veces, casi todas frente a su hermano, y esperaba que ésta vez, al igual que antes, pudiera ayudar para escapar del fracaso. Resultaba irónico ver como algo creado con el único fin de servir a las tinieblas, se volvía en una poderosa arma para salvarlos de ellas.

Una luz verdosa rodeó su antebrazo izquierdo como si de una serpiente de niebla se tratara. No le gustaba aquella sensación, pero tuvo que cerrar fuertemente las mandíbulas para evitar gruñir con desagrado. Controlar aquella energía era extremadamente difícil, no necesitaba ver a Harry haciéndolo para saberlo, había tenido que experimentarlo por sí mismo en más de una ocasión. Pero no podía engañarse. Él, a diferencia del chico, no era capaz de ir más allá. Todo cuanto podía hacer era liberar la magia y dejar que arrasara todo cuanto tenía por delante. Hacer aquello allí podía denominarse como una insensatez, pero en aquellos momentos quizá podía convertirse en la única ayuda para su hermano.

El aire se heló repentinamente tomando de improviso a todos ellos, ahora mucho más confundidos que antes. Al ver como aquella sensación letal salía del joven muchacho quien miraba concentrado a Harry y se dirigía directa hacia él, se alarmaron comprendiendo la peligrosidad de la situación. Pero ningún grito habría servido para detener su letal avance. Ni siquiera aunque se hubieran lanzado con su propio cuerpo para interceptar su camino.

Incapaz de sentir ningún poder desde aquél cuerpo, el chico no se dio cuenta de lo que sucedía hasta que la magia le atrapó rodeándole en un frío espacio sin aire.

Sus extremidades crujieron a pesar de que las cuerdas habían desaparecido al impactar contra él aquella violenta energía. Sintió como su cuerpo se comprimía y temblaba incapacitado sin oxígeno, prensado bajo cientos de tonas, zarandeado por un salvaje tornado. Intentar comprender cómo se sentía era imposible. Pero, por extraño que pareciera, sintió como las murallas que hasta ahora le encerraban ahora empezaban a debilitarse y a tambalearse. No dudó en lanzarse contra ellas aún cuando se encontraba completamente exhausto.

La energía se arremolinaba a su alrededor con un interminable remolino sin fin, girando velozmente en vez de destrozarle tal y como debió suceder. Era como si estuviera succionando aquel poder, impregnándose con él. Y, misteriosamente, otra vez volvió a sentir el cuerpo bajo su control, ahora mezclando todas las sensaciones en un único punto como si la energía y su carne fueran uno sólo.

De nuevo, su voz volvió a tener fuerza.

- No… no dejaré que lo hagas…- susurró con su voz. Suya y de nadie más.

- Morirás. Has decidido abandonar, no debiste dejarme.- dijo la otra desde su mente, ahora relegada en otra posición aún cuando su poder sobre el cuerpo no había desaparecido.

Haciendo un titánico esfuerzo levantó la varilla que aún empuñaba y, en una lucha de voluntades, combatió salvajemente por imponer su deseo sobre el cuerpo que le pertenecía consiguiendo que la punta del metal cambiara de dirección apuntando ahora hacia él.

- Quizá yo muera… pero usted también vendrá, Maestro.

En un último impulso, hundió el metal en su cuerpo sintiendo un agónico dolor al traspasar el báculo con la letal arma. Sonrió con victoria cayendo de rodillas al suelo. Se sentía mareado, adolorido, tan confuso que nada parecía ser real. Sólo había una cosa que veía frente a su agonía: la muerte de su señor, Lord Voldemort.

- Te equivocas, mi joven muchacho.- siseó tras unos agónicos segundos en los que no había sido capaz de hablar, demasiado sorprendido para hacerlo. ¿Quién iba a esperar que aquél insignificante muggle terminaría por recuperar el control y arremeter en su propio suicidio?- Vas a morir… solo…

Quitándole lo único que le quedaba, el intruso desapareció de su cuerpo dejándole solo en lo último que le restaba de vida, haciendo que su sacrificio fuera ahora en vano y sin ningún sentido. Iba a morir, podía sentir como la sangre escapaba de él por la irreparable herida que se había ocasionado. Por primera vez en su vida, se sintió fracasado.