He decidido subir ya el capítulo pues sé que voy a tardar bastante en poderlo seguir, aunque admitiré que el motivo de mi retraso ha estado básicamente por culpa de mi musa (maldito engendro de imaginación). Reviews:

jim: siento el retraso, pero aquí va la continuación. Que aproveche y hasta pronto!

Paty: buenas! Pues aquí tienes la continuación. No voy a extenderme mucho hoy pues entre estresada, cansada y algo harta del capítulo por lo que me ha costado hacer, la verdad es que no tengo muchas ganas ni tiempo de enrollarme, perdón. Venga, espero que éste no te deje tan mal como en el anterior. Nos vemos, chica!

al: uis, siento haberos dejado tanto tiempo con angustia… :S Ahora voy a sentirme mal y todo, jajajaja! Venga, chico, a ver que tal éste capítulo… Suerte y hasta pronto!

Lladruc: jejejeje, pel k veig no has actualitzat no? Weno, agafa't el temps k calgui noi, k com més presses pitjor. Vinga, doncs, merci per deixar-me review i fins una altra!

Paty: esta vez no voy a pasarme con los reviews, lo siento… así que voy directa a tus preguntas ;) Lo de la rabia de Harry era suya, no de Voldemort. Lo que lo, podríamos decir 'invocó', fue el hecho de que le estaba buscando además de que Harry no tenía ningún tipo de protección y era fácilmente manipulable. Al igual que Harry ha sido capaz de detectar los estados más fuertes de ánimo de Voldemort en el libro oficial, aquí sucede lo mismo pero a la inversa. Y si encima está el hecho de que no tiene protección ninguna, pues… Ah, y está en un hospital, sí, pero muggle. Lo único que sirve de la situación son los magos, aunque una herida de ese tamaño también es aplicable para los muggles… Venga, besos y hasta pronto!

Como he dicho con algunos, hoy no voy a enrollarme básicamente por falta de tiempo. Solo diré, y pq comprendáis la calidad del capítulo (sí, vuelvo a las andadas de lo malo), que he repetido las primeras ocho páginas tres veces al completo, además de estar un mes sin ser capaz de escribir absolutamente nada. No os sorprendáis si le falta algo de salsa literaria… :(
En cuanto a lo demás… bueno, he empezado un par de series (no tengo tiempo por el trabajo, pero cuanto más faena, menos ganas): Black Lagoon y Ki-ba. Por no hablar que estoy ansiosa esperando que acaben de una buena vez los fillers de Naruto… Y, bueno… el jueves me voy a Lisboa hasta el domingo (es el único incentivo que tengo para terminar el maldito curso). No desconecto del trabajo desde fin de año…. Y eso que solo fue una noche…
Ala, nos vemos! (Quizá tarde un poco, tened compasión….)

-Ithae-

PD: No seáis malos y dejadme reviews, que eso ayuda...


Capítulo 28 – Dudas II. Acuerdos de fuerza

Absorto, miraba más allá de la ventana sin hacer menor caso al aire que le removía el pelo con frescor. El sol, brillante y alegre en el cielo azul, resplandecía por encima las verdes praderas que creían por doquier haciendo que pareciesen verdaderos campos de esmeraldas con reflejos dorados.

El carruaje seguía impasible su recorrido por el camino de piedras y tierra que seguía hasta llegar frente al gran castillo. Los caballos, negros y veloces, seguían su trayectoria con disciplina, sin desviarse ni un ápice del sendero a andar. Ajenos a las dos personalidades que trajinaban en el modesto transporte.

Harry estaba disfrutando del relajante viaje, alejando de él cualquier preocupación o reflexión que pudiera romper con aquella paz de la que disponía en lo que creía que sería una breve pausa de tiempo. Así pues, disipándose con la armonía del paisaje, dejó que su mente descansara en medio de perfumes de primavera. Ver aquella maravilla le pareció increíble.

Apenas hacía un par de horas que había dejado el hospital con la conciliadora sonrisa de su enfermera, que ya había puesto destino a su siguiente paso. Un destino que fue acordado y pactado con el viejo director Dumbledore en una entrevista que esperaba desde hacía ya demasiado tiempo.

- Ya estamos llegando.- alertó su acompañante.

El chico no respondió, tampoco hacía falta hacerlo. Los dos eran conscientes de lo que volver a ver a aquella escuela significaba. Ésta sería ya la tercera vez en el curso que se enfrentaban de nuevo con su magnífica figura en recibida, y en las tres veces les parecía que aquella iba a ser una mirada completamente distinta. Ya no era un refugio, tampoco iba a ser un punto de batalla… ahora volvía a presentarse frente a ellos como un hogar. Pero, más aún que esto, para Harry ahora se volvería en su principio y su fin, el inicio que daría paso a su gran y última aventura. Pero, por extraño que pareciera, saber aquello no le infundía ningún temor, ni siquiera rabia u odio para con el destino, sino un profundo y angustiante sentimiento de melancolía.

El coche siguió más allá de las puertas que les habrían de dar la bienvenida de nuevo para rodear la gran estructura de roca hacia el campo de Quiddich que se levantaba cercado por las montañas aún nevadas. Dejándolos justo enfrente de la entrada a los vestidores, ambos chicos bajaron yendo directos hacia el verde césped del interior. Antes, pero, Harry se acercó a los mágicos animales que les habían llevado hasta allí y cuya imagen permanecía inalcanzable para todo aquél que no hubiera conocido a la muerte de cerca. Pero aquello no era su caso pues ambos podían verlos con perfecta claridad. Les dio unas palmaditas en la crin y dejó que se fueran hasta desaparecer de la vista. Dio media vuelta sobre sus pasos, y entró.

Cruzaron los vestidores directos hacia el campo. Allí al centro, un festival de gente se congregaba alrededor de algo más grande que se movía rítmicamente. Decidido, caminó con desenvoltura y aplomo hacia donde el grupo de una docena de personas hablaban y se movían al compás del viento.

Al verlos, un par de siluetas se avanzaron a todas las demás quienes quedaron atentas a su encuentro.

Un chico vestido con una camisa de cuadros algo sucia y desgarrada y unos pantalones de pana marrones, se adelantó a la mujer que casi corría hacia ellos. No necesitó de presentación, incluso a la distancia lo identificó como el más grande de los Weasley, quien le sonreía con clara animosidad.

- ¡Hola Harry!- exclamó al llegar a su altura.- Tienes buena pinta¿cómo estás?

La mujer no tardó en juntarse a la bienvenida casi lanzándose encima un sonrojado muchacho algo apurado por la situación.

- Ey, ey, Tonks…- dijo ruborizado.- Yo también me alegro de verte.

- Ni siquiera me has dado tiempo a saludarle.- protestó Charlie con alegría.

- Perdón.- alejándose, le dedicó una amplia sonrisa que se agrandó al verle tan avergonzado sobretodo después de haberle besado en la mejilla tras el recibimiento.

- Ni que hiciera años que no os vierais…

- Buenos días, señor Malfoy.- saludó algo más cordial a su acompañante.

- Buenos días.

- ¿Qué hacéis todos aquí? Dumbledore me dijo que te encargabas del dragón, pero de esto a que hubiera un regimiento vigilándole…

- Bueno, no nos lo ha puesto fácil, la verdad…- los cuatro, tras las salutaciones, echaron a andar hacia donde todos permanecían estáticos esperándolos.- Para llevarlo hasta aquí nos hicieron falta más de siete magos experimentados, y con el trayecto ya tuvimos dos bajas. Nos ha dado bastante guerra a pesar de su grave estado. Apenas he podido curarle las alas, no nos ha dejado acercarnos más.

- Me habrías sorprendido de lo contrario.- dijo con una sonrisa amarga a sabiendas del humor y orgullo del poderoso animal.- Cuánto hace que estáis aquí.

- El mismo que tú llevas fuera: catorce días, más o menos. Pero a pesar de nuestros esfuerzos, sigue sin mejorar… Es una pena, nunca había visto una especie tan impresionante, es una criatura majestuosa.

- Sí.

Pronto llegaron junto al atendido animal.

El dragón dormitaba con la respiración mucho más acelerada de lo normal, roncando con unos gemidos que al chico no le gustaron en lo más mínimo. Había descansado demasiadas veces junto al animal como para saber que aquellos ruidos no eran buena señal.

- Deberé pediros que os marchéis.- pidió al chico quien negó rotundamente con la cabeza.- No va a ser fácil hacer lo que debo, y menos aún con toda ésta gente alrededor.

- Cristian, llévate a todo el equipo de aquí.- ordenó a uno de los chicos que permaneció a su lado. Éste, recibiendo sus palabras, se giró hacia los demás exigiéndoles abandonar el lugar a pesar de los murmullos de desacuerdo y curiosidad.

- Tú también, Charlie.

- Ni hablar.

Harry gruñó por lo bajo y miró a Draco y Tonks quienes aún permanecían allí sin abrir la boca, con la expresión de clara negación.

- Como queráis, pues.- suspiró al fin.- Pero al menos alejaros unos metros de aquí.

Tan pronto como supo que estaban suficiente lejos, suspiró desalentado, y se mentalizó por lo que ahora se proponía hacer.

Lentamente, se acercó al dragón mientras iba inspeccionándolo con cada paso que daba. Tal y como le había dicho Weasley, las alas estaban repletas de vendas que le cubrían casi al completo. Pero, a parte de esto, no habían logrado acercarse más al dañado cuerpo del animal y, por lo que supuso al ver a sus deslustradas escamas, seguramente habrían hecho de todo por lograrlo. Aunque no debía engañarse, a pesar de la resistencia que habría ofrecido Shelyak, su estado era realmente preocupante. Recordaba las heridas de las alas y le parecía increíble que no estuvieran ya recuperadas conocedor de la rápida capacidad de regeneración del animal.

El dragón abrió repentinamente los ojos a sólo dos pasos de llegar a él.

- Siento haber tardado.- dijo en una lengua que nadie habría comprendido de haber estado junto a él.

No recibió respuesta. En vez de esto, un leve gruñido se coló por la garganta del dragón. Intentó moverse y, aunque Harry esperó paciente a que terminara, terminó por volver a gruñir ahora con dolor.

- Ahora… ¿vas a dejar que te mire o seguirás negándote?

Sabía que el orgulloso animal nunca admitiría su debilidad y que la mejor solución era que viera por él mismo en qué estado se encontraba.

La verdad era que no sabía qué haría ni como lo curaría. A pesar de que Draco le había contado lo ocurrido en el hospital donde su capacidad para absorber energía le salvó la vida tanto a él como a Hermione, no estaba convencido de su actual capacidad. No había sido capaz de ver Hogwarts más que un conjunto de runas y el conocido sentimiento de temor que le instaba a alejarse de allí, incluso Draco había desaparecido momentáneamente al llegar junto a las puertas. Y si lograba ver el campo de Quiddich con todos los demás no era sino porqué las defensas ilusorias aleja-muggles estaban desactivadas. Lo único que logró hacer, y había sido realmente increíble, era ver a los Threstals. El cómo aún lo ignoraba.

Así pues… ¿conseguiría lanzar algún tipo de magia capaz de curar al animal?

- Ésta herida…- susurró mirando su lado ennegrecido que cada vez era mayor.- ¿Te la he hecho yo, verdad?

- ¿A qué has venido?- dijo al fin.

- Te lo he dicho, a curarte.

Shelyak expulsó una bocanada de aire caliente que rodeó al chico amenazándole con quemarle. Pero, a diferencia de la tensión de los observadores, Harry no se movió manteniendo una fría calma casi exasperante. Incluso se permitió cambiar su estado de alerta por otro de observación y curiosidad. Estaba convencido de que el dragón había intentado expulsar fuego y no aire…

- Vete, humano. O te mataré.

El escuchar la denominación y el tono que había usado con él le afectó más de lo que quería admitir, sintiendo una punzada de dolor al corazón y un arrebato de la poca energía que ahora disponía, como si algo se estuviera rompiendo en su interior, un lazo que le unía a aquella criatura mágica alejándolo del mismo mundo que ocupaba.

- No. Por las buenas o las malas, no me importa.

Se apartó al ver como una garra se acercaba a él dispuesta a partirlo en dos en un único golpe. De haber estado en plenitud de condiciones le habría resultado imposible evadirla por su estado de debilidad, pero el animal también estaba extenuado, incluso más que él mismo. Pero ni siquiera el rugido de ferocidad consiguió reducir su obstinación, volviendo a ponerse en pie con dignidad, en un gesto de ruda serenidad.

- Y, por última vez, mi nombre es Harry Potter. No vuelvas a llamarme así nunca más.

Lanzándose casi salvajemente contra el dragón sin otra arma que sus manos, apartó toda precaución para encararse al encabritado animal entre su agonía.

- ¡Cuidado!- exclamó el joven Weasley al verle corriendo insensatamente contra lo que sería su propia muerte.

Harry no prestó la menor atención a ellos, nada más que un objetivo se mantenía enfrente de su camino y no iba a abandonar hasta que hubiera conseguido llegar a su meta. Agachándose y girando sobre sí mismo para evadir otro intento de ataque, el chico consiguió situarse en el lado más magullado del dragón, donde la taca negra impedía que las reflectantes escamas brillasen con la majestuosidad de antaño.

- ¡Vamos¿Esto es todo lo que puedes hacer, estúpida lagartija?- gritó con sorna.

Arriesgándose, el animal olvidó el dolor que le impedía moverse y, con un atronador rugido de rabia, abrió sus magulladas alas levantando todo su cuerpo sobre las patas traseras. Su silueta, hipnotizadora y letal, se lanzó con fuerza contra el chico en todo su peso y poder. Las garras, afiladas como espadas, cayeron sobre el muchacho quien tampoco se movió para impedirlo mientras sonreía con orgullo. Ni siquiera la agonía de la muerte había conseguido hacerle menguar la voluntad de aquella criatura.

Esperó, con fría serenidad, a que el impulso llevara a la criatura hasta el punto sin retorno para, justo cuando parecía que no podría escapar del ataque, lanzarse hacia un lado apartándose de la enorme mole que descendió imparable hacia el suelo.

Un gemido del dragón tras la caída le hizo levantarse ahora con cansancio.

- ¿No ibas a matarme?- dijo enojado.

La maniobra le había costado una torcedura en la muñeca derecha y ahora le dolía a los mil demonios. Pero estaba convencido de que el estado de Shelyak era mucho peor. En vez de caer en equilibrio, la enfermedad le había debilitado de tal forma que apenas consiguió detener la caída con el soporte de las patas. Por ello, ahora yacía de lado con el ala izquierda en un ángulo que le indujo su rotura por el peso del cuerpo.

- Mírate… ¿decías que yo daba pena? Pues tu estado no es mucho mejor…

Remugó por lo bajo y se alejó medio renqueante de él sin hacer el menor caso a los gruñidos del animal.

- Draco, ven un segundo.- dijo al chico mientras se sujetaba la extremidad herida.- ¿Puedes hacerme un corte en la palma de la mano?- preguntó como quien va de compras.

- ¿Pero qué dices?- secundó Tonks.- ¿Se puede saber qué has hecho? El animal está aún peor que antes.

- No te preocupes, se le pasará.- dijo quitándole importancia al asunto.

Abrió la mano derecha que aún sujetaba con dolor, y expuso la palma al chico esperando que acatara a su petición. Éste, a diferencia de los demás, no se entretuvo a cuestionar a su hermano haciendo justo lo que le pedía. Así, con un controlado movimiento, consiguió hacer un perfecto corte haciendo que la sangre empezara a emanar de él.

- Bien, gracias.

- ¿Qué piensas hacer?

- No lo sé.- contestó volviendo sobre sus pasos.

El dragón ya no se movía, incapaz de volverse a levantar, ni siquiera para encontrar una posición más cómoda para su cuerpo débil. La verdad era que verle en tal estado le encogía el corazón, pero para intentar lo que iba a hacer debía debilitarlo aún más dejándole en una situación de completa vulnerabilidad pues dudaba que el animal accediera a realizar lo que planeaba.

Se acercó al ala que aún permanecía movible aunque sus fuerzas le imposibilitaban cualquier esfuerzo, y apartó el grueso de vendas que envolvía la rota membrana. Al ver la sangre coagulada y pegajosa rodeando las heridas que cubrían el fino y reluciente tejido que había visto resplandecer como espejos bajo la luz del sol, se detuvo. La magnitud de las contusiones era tal que por poco no vomita al primer impacto, eran realmente escalofriantes. Tuvo que hacer fuerte el corazón para apartar aquella imagen de su mente y relegar los escalofríos que le sacudían en su interior como fuertes terremotos de sufrimiento sintiendo el dolor en él.

- Sé que no te va a gustar, pero no voy a dejar que mueras.- murmuró con dureza.

Descansó la mano ensangrentada sobre una de las incontables heridas mientras con la otra extendía los dedos rozando el verde césped que creía bajo sus pies. No necesitó más tiempo de preguntas, nada ya tenía que cuestionar… en aquél momento sólo había algo que ocupaba su mente, el mismo deseo que le había llevado hasta allí: salvarle.

Cerrando los ojos, relajó su respiración y disipó cualquier pensamiento que pudiera entorpecer a su percepción. Le habría sorprendido sentir como aquella entidad que antes había rodeado al chico mostrándole un mundo distinto se había apagado para él, pero el conocimiento de su desaparición no hizo más que inundarle con un sentimiento de tristeza. Realmente amaba la magia.

Su corazón empezó a retumbar en sus oídos junto con miles de sonidos más, ruidos que normalmente pasaban desapercibidos por la pequeñez de su existencia. Pájaros cantando en la lejanía, el soplido del viento sobre las hojas de los árboles, más allá incluso que las tarimas que cerraban el campo. Incluso las inadvertidas olas que rompían el lago se hicieron perceptibles en él, dejándole la huella de su existencia, el conocimiento de que allí estaban, escondidas de todo aquél que no quisiera escucharlas. Y, por encima de todo aquello, el latido débil e irregular del dragón. Sus notas eran graves, persistentes, como tambores en la oscuridad, mostrándole un camino dibujado por percusiones que creaba un universo entre el negror de la noche.

Un latido… dos latidos… tres latidos…

Todo lo demás desapareció para centrarse solamente en él. Escuchaba con hipnotizadora atención el patrón que describía, adecuando su propio corazón al ritmo del firme tambor.

Trece… catorce… quince…

Cada vez le parecía que iba más y más lento, como si perdiera la fuerza que le impulsaba. Su ritmo estaba despuntando, adelantándose al del dragón, alejándose de él con mayor rapidez tras cada nota. Se alarmó. Su corazón empezó a latir a más velocidad, asustado ante lo que parecía inevitable… ¡no podía seguir su ritmo! Y lo peor era que no sabía como detener el decreciente avance de aquél gran motor.

- ¡Shelyak!- exclamó aún sin abrir los ojos.- ¡Vamos, despierta¡Maldita sea, despierta!

Magia, necesitaba magia.

Enterrando los dedos casi con fiereza en el suelo, siguió llamando el nombre del animal, el apodo que, mediante acuerdo, había terminado por ser su identidad.

"¡Ven a mí¡Por favor! Por favor…" suplicó presionando aún más la tierra como si mediante la fuerza pudiera obtener lo que deseaba. Pero lo necesitaba, aunque la vida le fuera en ello… estaba dispuesto a dar cualquier cosa por lograr recuperarla, cualquier cosa… incluso su vida.

Sin embargo, incluso con todas sus súplicas y juramentos, el ruido terminó por apagarse encerrándose en un silencio sepulcral, como si todo se hubiera detenido junto con sus latidos agonizantes.

- ¡NO!- bramó abriendo repentinamente los ojos con desesperación.- ¡No, NO¡No te vayas…¡Shelyak!

Ningún movimiento, ninguna señal que le indicara que era oído.

- ¡Draco¡Draco, ven, te necesito!- exclamó fuera de sí levantándose con ímpetu.- ¡La marca, necesito su magia!

- ¿La marca?

- La necesito¡ahora!

- ¿Estás loco¡La otra vez casi te mata!- protestó receloso.

- ¡No importa, tú sólo hazlo¡VAMOS!- gruñó agarrándole del brazo con fuerza.

No lo comprendía, sentía una extraña opresión al pecho lejos de cualquier sensación anterior, como si una parte de él estuviera muriendo con cada segundo que pasaba. Pero no era eso lo que le hacía actuar ya sin razón o lógica, sino el hecho de haber sido incapaz de hacer algo por aquél a quien había dañado hasta causarle la muerte. Alguien que, aún quererlo negar, se había convertido en una parte misma de él desde la primera vez que le vio rodeado de esplendor dorado.

- No.

- ¡Por favor, no hay tiempo!

Y aunque iba a negarse de nuevo, el tambaleo de su hermano le hizo abandonar su postura para preocuparse ahora de su estado. Nunca le había visto tan alterado, nunca. Temía por él… ¿debía hacer lo que le pedía con tanto énfasis?

Harry había dejado de hablar tan de repente que sorprendió a su amigo quien ahora le miraba con alarma. Pero no pudo responder nada. En vez de esto, giró su cabeza hacia el cuerpo del gran animal que descansaba encima el césped y se dirigió a él a trompicones, cayendo de rodillas al llegar junto con las deslustradas escamas. Derrotado, dejó caer ambas manos manchando el suelo con su sangre, dejando que las lágrimas salieran sin saber muy bien el porqué. ¿Acaso era ese animal tan importante para él? Si pudiera haber hecho algo… lo que fuera… aún a costa de su vida… Su vida.

"¿Tu vida?" sintió en el más profundo de su ser. No era ninguna voz, en realidad dudaba que tuviera algún tipo de sonido, más bien parecía que fueran las palabras, mudas, quienes se formaban en su interior. "¿Darías tu vida por recuperar aquello que has perdido?"

"Lo que he perdido…" pensó en trance, sintiéndose flotar en el aire, lejos de aquél espacio detenido en el tiempo y renegado del universo. "¿Puedo remediar lo que he hecho? Yo solo… solo buscaba sobrevivir… ¿Por qué parece ser que no pueda tener éste único deseo? Todo… todo menos eso… justamente eso, lo que más deseaba…"

"¿Y qué deseas ahora?"

"Proteger."

Una única palabra, un único mote que designaba su deseo, el más profundo y sincero deseo que poseía y que le instaba a continuar. Deseaba proteger a aquellos que más quería, aquellos que componían su corazón, su propia persona. Se había dado cuenta que, sin ellos, él tampoco existía. Así pues¿qué significaba sobrevivir si estaba sólo? Al fin, después de tanto tiempo empezaba a comprender… La muerte… sí, moriría, al igual que todos los demás. No podía cambiar esto. Sin embargo sí había algo que podía cambiar, que era suyo y de nadie más: su vida, el cómo vivía. Lo había dicho antes y volvería a decirlo… Ya no era un esclavo del destino, una marioneta del poder… Decidiría por sí mismo, escogería su propio camino. Y, sin dudarlo siquiera, les protegería a todos porque ellos eran él, y él era ellos.

"Lo has comprendido…" dijo aquella voz sin dueño.

La calidez volvió a él, como una manta de ternura que cubre al más amado con sólo una mirada. Dejó de temblar con su único tacto, sintiendo como aquella comprensión benévola, más allá de cualquier sentimiento mortal, aplacaba todos sus temores, sus pesadillas, sus miedos. En su lugar, una ilimitada paz relajó a su cuerpo y lama, aliviándole de todo cuanto le torturaba. Hubiera negado aquél cariño divino de haber podido pensando que no merecía de su merced pues se sentía sucio y pequeño, un niño al que la travesura ha terminado por temer escondiéndose del castigo paternal. Pero, lejos de su propia conciencia, la bondad le impregnó susurrando palabras de afecto que silenciaron toda tortura.

"¿Quién eres?" preguntó en silencio. La respuesta le sobresaltó despertándolo repentinamente.

"Una amiga."

Un cosquilleo recorrió su cuerpo erizándole la piel en su juego. Por sus movimientos, era como si algo suave y etéreo estuviera brincando a su alrededor, correteando alegre por todo su cuerpo. Y, por doquier donde pasaba, se sentía renacer. Sus músculos perdieron la tensión, sus facciones perdieron el enfermizo y cansado estado que hasta hacía ya meses venía luciendo, incluso su mente perdió todo aquello que le impedía pensar en absoluta y fría lucidez, viendo como ahora todo parecía ser más claro de lo que antes habría podido ver.

- ¡Ey, Harry…!- decía alguien a su lado con un tono de alarma.

El chico, aunque sorprendido y sin saber muy bien lo sucedido, enseguida pudo empezar a trabajar con la nueva visión lógica, observando con otra mirada su situación y el lugar que ahora ocupaba.

- Tranquilo, todo va bien.- dijo con una sincera sonrisa al levantar la mirada hacia el desgarrado cuerpo que permanecía inmóvil frente a él.

Descansó su mano en el brazo del muchacho tranquilizadoramente y se levantó con serenidad. Se sentía nuevo, completamente diferente a lo que nunca antes hubiera estado… pero no solo eso, sino también podía ver su entorno de una forma completamente distinta. Ya no eran simples colores y formas, sino distintos seres vivientes, distintas fuentes de energía que se movían rítmicamente al compás de una única melodía… la melodía de la vida.

Volvió a tocar las duras escamas del fallecido animal con calma y volvió a sonreír, ésta vez con un toque de tristeza.

- Sí… ahora comprendo…- susurró.

Realizando el mismo gesto que ya antes había hecho con la esperanza de lograr algún milagro, relajó la mano aún ensangrentada sobre el ala dañada y suspiró con serenidad. No le hacía falta nada más que el conocimiento del que ahora disponía para conseguir su propósito, ni siquiera necesitó sentir como la energía que le rodeaba se dirigía hacia él en un baile de colores. Todo cuanto había, hasta el más pequeño insecto, estaba dando una parte de él. Harry no iba a desaprovecharlo. Concentrando su voluntad en el cuerpo frío que yacía bajo las yemas de sus dedos, envió todo cuanto había recibido en un único deseo: recuperar lo que había perdido.

Allí estaba, una vez más. La perfecta imagen del dragón venía envuelta por una intensa luz dorada que le rodeaba dándole un aire místico y de poder. Pero, a diferencia de la otra vez, su silueta no le hablaba, ni siquiera miraba, observando en un punto más allá de su propia figura dentro de aquél mundo etéreo.

No iba a rendirse, no estando tan cerca. Extendió su mano hacia él en un intento de alcanzarle y, aunque le pareció que sus ojos dorados le miraban durante unos segundos, no dejó de tensar tanto como pudo su brazo, esperando que aquella figura volviera a mirarle, hablarle, aún cuando fuera para reñirle por su insensatez.

- ¡Shelyak!- gritó al fin.- ¿A qué esperas¡Ven!- siguió en vano.- ¡Shelyak!

Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, el dragón seguía lejano, ausente, demasiado distante como para poder escucharle.

- ¡Está bien! Está bien…- dijo deteniendo su súplica a pesar de continuar con los intentos de aproximarse a él.- ¡Tú tenías razón! Tuviste razón al decirme que estaba siendo un mocoso egoísta, tenías razón cuando me llamaste estúpido… ¡pero te equivocaste al decir que no podía volver! Lo he hecho¿ves¡Aquí estoy, a tu lado, intentando volver a recuperarte…! Pero tú… tú sigues alejándote de mí…- murmuró con tristeza.- No era cierto que no te necesitara… en realidad te necesito más que a nada en éste mundo. A ti… a los demás…

Decir todo aquello no le resultó fácil, confesar su error, su ceguera, no había resultado sencillo. Hasta entonces, Harry se había guiado siempre por sus convicciones y creencias, pensando en lo que él creía mejor aunque esto supusiera vender su alma al diablo. Y, al fin, después de luchar por lo que creyó un derecho denegado, había terminado por comprender. Pero aquello no parecía suficiente para el dragón… ¿pedir perdón no era bastante?

Sus palabras habían sido sinceras, de corazón. No iba a excusarse, no iba a esconderse ni tampoco suplicaría por algo que ya no era necesario, todo eso era de cobardes. Había aceptado su culpa. Lamentarse no iba a ser la solución.

- Voy a morir, sí… pero lo haré llevándome a cuantos pueda por delante, asegurándome de que he hecho cuánto he podido, de que no he sido ningún cobarde. Y voy a luchar, Shelyak, lucharé porque debo proteger a lo que quiero y deseo, porque aunque éste sea mi destino, también es mi decisión. Lucharé… con o sin ti.

No iba a rendirse, ésta vez no.

- ¡Shelyak¡Una vez más, solo una más…! Por favor, vuelve a mi lado una vez más… y ayúdame a ganar ésta guerra.- exclamó con seguridad.

Como despertando de un sueño, Harry volvió a encontrarse de nuevo encima el mullido césped, respirando el suave aroma de la primavera en el aire, sintiendo la brisa remover su pelo. No necesitó observar su mano para cerciorarse de que la herida había desaparecido, al igual que asegurarse de que el cuerpo del animal aún permanecía echado al suelo tampoco resultó necesario. Pero sabía, de la misma forma que conocía sus nuevos objetivos, que el dragón ahora estaba sin ningún rasguño, como el primer día que le conoció, lejos del peligroso encuentro.

- ¿Vendrás?- preguntó reincorporándose con la mirada en las grandes murallas de madera que les rodeaban con telas de colores.

Un rugido de ferocidad que avecinaba la lucha retumbó por el aire expandiéndose más allá de aquellos terrenos mágicos.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- Nubes de menta.- dijo Tonks al llegar frente la gárgola que les llevaría al despacho del director.

Los cuatro subieron las escaleras de caracol en silencio. Desde su salida del campo de Quiddich donde pidió al dragón que permaneciera escondido en el bosque que rodeaba los terrenos de la escuela, Harry, junto con los demás, permaneció en un reservado mutismo. Imaginó que todos ellos guardaban gran cantidad de preguntas que ansiaban hacer, pero por respeto o conocimiento, las reservarían para más tarde.

Agarrando el brazo de Malfoy para detener su avance, el chico consiguió retrasarse de los demás dejándoles unos segundos de completa intimidad. Su hermano, aún cuando no dijo nada por aquella parada, le miró interrogante a la espera de las palabras que iba a decir.

- Sabes qué voy a hacer ahora¿verdad?- preguntó con el rostro severo. No le hizo falta ninguna respuesta, el único movimiento de cabeza afirmó a su pregunta.- No quiero meterte en un lugar donde no va a haber marcha atrás.

- Hace tiempo que escogí.

- Me refiero a que…

- Sé lo que quieres decir.- cortó con dureza.

- No voy a luchar para Dumbledore.- sentenció con convicción.

- Tampoco esperaba que lo hicieras, Potter.- dijo con una sonrisa divertida.- Bueno, al menos… ya tienes un aliado…

Dedicándole una mirada cómplice, siguió con el camino dejando al chico con un sentimiento de agradecimiento que inundó su corazón.

Shelyak… y ahora Draco. Quizá podría conseguir algo, quizá… no estaba sólo…

Al llegar al límite de las escaleras encontró la puerta entreabierta. Harry, dirigiendo una vez más la mirada hacia su hermano y ahora también aliado, tomó aire con solemnidad y, recuperando todo su aplomo, empujó la puerta con compostura, con una mirada que nunca hasta ahora había lucido en sus ojos verde esmeralda.

Todos los residentes en la habitación centraron sus miradas en los recién llegados, silenciando sus voces en un tenso ambiente que no hacía sino aumentar el malestar del chico. En una rápida mirada pudo contar el número exacto de aquellos que seguían en pie, al igual que los identificó a casi todos ellos. Sirius, Marla, la señora Weasley, Snape, el director y McGonagall, aquellos que les habían acompañado hasta allí y, junto con los demás, alguien que no reconoció.

- Buenos días, Harry. Señor Malfoy… Por favor, tomen asiento.- indicó a los nuevos invitados con una cálida sonrisa. Esperó a que todos hicieran lo mismo antes de iniciar lo que sería una larga conversación, unas palabras que hacía ya tiempo tenían por decirse entre ellos.- Si no me equivoco, no conocéis a Mark Skaprovskij.- señaló con educación presentando al hombre que no había logrado identificar. De tez pálida, pelo rubio y ojos azules, vestía una capa algo desgastada de un amarillo apagado.- Ha ayudado mucho a la orden en los últimos dos años con sus conocimientos en criaturas mágicas. En verdad la gran mayoría de progresos han sido gracias a él y Hagrid que, por cierto, no creo que tarde mucho en llegar.

Pero vayamos al grano, no creo que hayáis venido solo para charlar.

Cambiando completamente su expresión anterior y centrando su atención al chico que permanecía en silencio frente a él, se inclinó hacia delante con los codos encima la mesa y los dedos tocándose entre ellos, una posición que todos identificaron como el momento de seriedad. Habían terminado las presentaciones, a pesar de su brevedad.

- ¿Cuál va a ser tu postura de ahora en adelante, Harry?

El chico lo miró con intensidad. Comprendía el significado de aquella pregunta, mucho más allá de cualquier semántica. No esperó en responder, luciendo una mirada que sorprendió al viejo director, viendo en ella mucha más resolución y madurez de la que nunca antes había podido ver.

- Voy a serle sincero, profesor. No tengo intención de unirme a la Orden ni a ninguna de sus filas. En realidad, si he decidido venir no ha sido siquiera para ofrecerme como antaño. Lo he hecho como una fuerza independiente.- dijo con voz clara y segura.- Vengo a proponer una alianza.

Si antes habían permanecido en silencio, ahora apenas respiraban. Ni siquiera Draco pestañeó tras escuchar a su hermano. A pesar de saber sus intenciones y de formar parte en ello, las palabras de Harry habían logrado impactarle tanto como a los demás.

- ¿Una alianza?- exclamó McGonagall confusa.

- Así es.- respondió.- Nuestros conocimientos de las filas y fuerzas de Voldemort son mucho más amplios y certeros que los suyos.- aún no podía evitar entrecerrar los puños reprimiendo un ligero temblor al sentir aquél nombre resonando en su interior.- Además, disponemos de aliados poderosos que están dispuestos a luchar. Yo he conseguido todo eso, profesora… no voy a desaprovecharlo.

- ¿Quienes son?- secundó Snape a media voz. Harry no pudo evitar sonreír con disimulo al sentirle. Él, al igual que Draco y él mismo, eran los únicos con la capacidad suficiente para comprender el tamaño de tal amenaza. Aunque Dumbledore parecía ser conocedor de los peligros que, a pesar de no ser confirmados, podían llegar a asechar.

- Seguro que tienen conocimiento sobre el reclutamiento de un grupo de seres a las filas del Lord. Imagino que fue usted mismo quien informó de ellos. ¿Pero hasta qué punto llega su información?- expuso con el entrecejo fruncido.- Vampiros, repudiados de su propia especie, han pactado con Voldemort para luchar contra sus enemigos ancestrales…

- Los hombres lobo.- dijo con un murmuro Sirius a su espalda.

- Exacto. Hemos visto donde se esconden un grupo de ellos, sabemos su fuerza. Y también conocemos a sus contrarios naturales. Establecimos contacto con ellos y nos ganamos su apoyo. Los tres clanes participarán en la lucha.

- Increíble…- suspiró incrédula Tonks.

- Además, están los basiliscos… el Lord tiene una especial facilidad con ésos reptiles, seguro que entiende lo que quiero decir, señor Potter.

- Por supuesto. Pero también he contado con ello, esos son el menor de los problemas.

- ¿El menor?- volvió a preguntar McGonagall.

- Bueno, están los deméntores, trols, gigantes, góblins, banshees, sin olvidar a sus mortífagos… al menos ha aumentado sus filas hasta tener cerca de tres o cuatro mil magos. Y seguramente muchas más criaturas estarán bajo su control. ¿Decid, tenéis suficientes fuerzas para contrarrestarlos a todos?- terminó con tono mordaz.

- No deberías subestimarnos tanto, Harry.- dijo Dumbledore en tono conciliador a pesar de entender la razón de aquella ironía. Era cierto, Voldemort había conseguido mucho mientras que ellos apenas habían logrado un par de grupos aliados. Y encima recibían continua presión por parte del Ministerio… había sido un verdadero milagro conseguir lo que tenían.- Nuestras filas también han aumentado, si bien no tanto como las de Voldemort, disponemos de muchos más magos dispuestos a luchar férreamente por la victoria.

- Lo mismo piensan sus hombres, profesor. Si cree que con ésa motivación van a derrotarles, están bien equivocados. He visto a sus fieles y puedo jurarle que la gran mayoría daría la vida por su señor. No se asustarán por ver a unos cuantos niños jugando con la varita…

- ¡Harry!- se sorprendió Molly.

- Vamos, seamos realistas. ¿Cuánta experiencia tienen en combate real? Me duplican en edad y he luchado mucho más que ellos. Podríamos hacer una prueba si aún no me creen. Son demasiado pocos los que realmente pueden designarse como buenos fuertes, los demás no son más que relleno. Darán imagen a las filas, nada más. Este, siento decirlo, no es el caso del enemigo.

- Comprendo.- concluyó el sabio hombre recostándose en su butaca.- Tendremos que modificar algunos planes pues.- decidido, se levantó de la silla con resolución y digirió toda su atención al chico quien, como los demás, se había levantado tras él.- Me parece que ya es hora de contar contigo como a un igual.- alargó la mano con una sonrisa y, al sentir como era correspondido, rió con júbilo.- ¡Bien, pues manos a la obra! Necesitaré que nos hagas un listado exacto de lo que sabes sobre sus filas, así podremos balancear sus fuerzas con las nuestras.

- Si me permite, señor…

- Albus, Harry. Llámame Albus, ya no soy tu superior.