¡Por Merlín! Menudo curso me espera… Cuando os lo cuente no os lo vais a creer. Pero antes… Reviews! Que hace ya demasiado que no os respondo (también que no cuelgo, pero eso es otra cosa)
jim: bueno, pues aquí tienes el 29… ésta vez no he actualizado muy pronto¿verdad? Perdona la ironía, no era para ofender, pero ciertamente me río de mí misma. En fin, no sé si aún estás por aquí o si vas a leer el capi, en todo caso, espero que te guste!
pedro: gracias por tus dos reviews, y sobretodo por tu espera e interés! Si he continuado a pesar de la dificultad, ha sido básicamente por vuestras muestras de apoyo (no creía que hubiera quienes realmente se interesaran, aunque fuera un poco, por éste fic). Nos vemos!
Dum: jejejeeje, pues ojalá haya estado a tiempo al subir el nuevo capi para evitar que desaparezcas de ésta lectura… Siento no escribirte más, y sobretodo después de lo que has hecho leyendo todo esto, pero sino no termino. Y a no ser que suba pronto, voy a tardar 3 días más antes de poder volver a intentarlo (básicamente pq no tendré tiempo). Gracias por tu apoyo, hasta pronto!
Paty: me alegro que te gustara! A ver qué opinas de éste… aunque después de todo este tiempo, debo decir que me ha sido realmente difícil volver. Venga chica, nos vemos! (espero que ésta vez sea pronto…)
Claudia2: jajajajajajjaja! Pues la verdad es que llevo tanto tiempo sin poderme enganchar con los fics por falta de tiempo, que ya ni lo intento. Aunque agradezco que hayas tenido la paciencia de pasarte por aquí a avisarme. Pero me parece que tampoco yo voy a poder seguir con tu lectura, apenas si puedo actualizar mi fic…
Lilita L2: doncs sí, encara que et facis creus, des del febrer que no he pogut escriure res de res. La musa em va abandonar! I a sobre he tingut un temps d'estrès de l'òstia. No hi ha hagut forma humana de posar-m'hi, i quan vaig tornar a pensar en tornar-hi, vaig caure en la idea de k potser ja no el seguia ningú. Per això vaig pujar el cap 29, per saber si algú ho seguia o si mereixia la pena continuar. Vulguis k no, és molt de temps dedicat per escriure. Però, en fi, també és un agraïment personal. Doncs apa, a veure si aquest cop no tardo tant! Aps, per cert, moltes gràcies per donar-me opinió i idees, la veritat és k algunes potser les utilitzo per acabar d'arrodonir una miqueta més ;) Fins aviat, maca!
Antonio: no será para tanto! Soy de la opinión de que todos tenemos una gran cantidad de imaginación, sólo hace falta saberla expresar. Y no tiene pq ser mediante la escritura! Venga, gracias por el apoyo y por responder a mi petición!
osma pafdez: otra nueva (al menos que yo supiera que siguiera el fic). Gracias por seguir aquí! Espero que te guste. Nos vemos!
al: hombre! Bueno, no importa si siempre posteas o no, al menos me alegra ver que sigues el fic, sabes que tus saludos y opiniones siempre serán bien recibidos por mi parte. Hasta pronto!
Sandokan: jjajajaja, mi destino… más bien parece que sea mi obligación ;) Tranquilo, aquí sigo, escribiendo mientras mi musa me deje. Gracias por tu apoyo, me ha gustado mucho! Bye!
Lolo: ¿también has pasado por esto? Uff… agobia. Pero, en fin, es algo que tarde o temprano debemos llegar, el mundo laboral es todo un reto! Me ha alegrado muchísimo ver tu review, de verdad. Espero que puedas seguir leyendo (y yo escribiendo), y que me vayas dejando tus comentarios. Los adoro. Venga, chao y nos vemos!
Selene: gracias, la verdad es que entre todos estoy como un tomate! No te preocupes, como ves, aún sigo queriendo continuar. Es como una cruz que llevo encima, no me gusta dejar las cosas a medias, aunque no nos engañemos, si uno no obtiene la satisfacción o recompensa que espera (en mi caso es ver que agrada a alguien), pues no se sigue haciendo. Pero, en fin, que de momento seguimos! Venga chica, espero que continuemos viéndonos!
AL FIIIIIN! Y lo pongo en mayúsculas porque realmente ha sido difícil regresar. Estudiar, trabajar a jornada completa y dormir (al menos 4 horas). Y ahora añado el fic! Mi vida social tp puede quedarse por el suelo, aunque tampoco destaco por una frenética actividad, claro. Total! Que voy ahogada. Aún me sorprendo al ver que he podido acabar éste capítulo de una buena vez con todo éste ajetreo. Y es que encima soy tonta… tenía 6 páginas escritas, MIS 6 PRIMERAS PÁGINAS EN MESES, y va y elimino el archivo……… sí… soy un verdadero fiasco. Pero es que olvidé que había modificado (al fin) el dichoso archivo Word, y como quería formatear el pc… ARG! Así pues tardé dos semanas más antes de poder volver a escribir, me quedé realmente hundida pq me había costado mucho empezar. Pero bueno, lo conseguí! Y aquí tenéis el capítulo 29, sin poderlo revisar muchas veces pq sino no lo cuelgo hasta dentro de mucho, pero he hecho lo que he podido. No os escandalicéis ni enfadéis mucho conmigo si no es lo que esperabais o os defraude… repito que me ha supuesto mucho… (tiempo: nulo, y ganas tras el accidente: ninguna) Así pues y después de ésta caluroso elogio a mi preciado trabajo, me despido por unos días más. Ojalá no vuelva a alargarse a meses! (de momento la musa va haciendo… así que a ver)Venga pues, hasta pronto, chicos!
-Ithae-
PD: Debía ser más largo, pero o cortaba o no os veía hasta fin de año XD
Capítulo 29 – El error del conocimiento
Empezaba a irritarse. Sus emociones, a pesar de sus intentos por mantenerlas bajo un frío control, parecían querer escapar de su prisión, demasiado alteradas para permanecer más en él.
Llevaban cerca de una hora en aquél lugar, sin poder hacer nada más que intentar controlarse a pesar de sentir como la situación les estaba sacando de quicio. Una larga y tediosa hora… aún el tiempo, las flechas seguían firmes y amenazadoras escondidas pero visibles entre los tupidos matojos de ramas espinosas. ¿Acaso no se cansaban de apuntarles? Debían reconocerlo, les sorprendía aquella capacidad de aguante. Quizá, a pesar de su testarudez, podían conseguir unos fuertes aliados…
- Las estrellas han hablado.- dictaminó por enésima vez en nada más que diez minutos el orgulloso centauro. Magorian, tomando la voz líder de su manada y raza, se levantaba inclemente frente a los dos chicos quienes en ningún momento bajaron su mirada a sabiendas que, hacer aquello, daría una victoria y satisfacción a sus "anfitriones".
- Y yo también lo he hecho.- dijo con un ligero tono de advertencia. Harry, a pesar de encontrarse con su aspecto algo maltrecho, seguía recto y severo frente a los interlocutores quienes en ningún momento se ofrecieron a sentarse para dialogar. Y la razón de su aspecto no era otra que el acompañante de Magorian: Bane. El centauro, de piel negra y ahora algo chamuscada, le miraba con ferocidad y rencor, dispuesto a terminar con aquella tregua que su derrota frente al joven mago había ocasionado.- Vuestras estrellas os han hablado de lo que sucederá¿vais a dejaros exterminar sólo por no hacer lo que la razón obliga hacer?
- ¡Calla, humano¡Tú no eres quien para mandarnos!- espetó con furia.
"Maldito imbécil…" pensó Draco a su lado. No le gustaba estar con aquella compañía, y aún menos saber que se encontraban rodeados por más de aquellos bichos que les dispararían a la mínima posibilidad. Realmente le parecía imposible que se considerasen a sí mismos seres razonables… ¿ir contra tus propios principios era razonar? Menudos estúpidos… ponían leyes de parlamento que después no querían cumplir. Aún le parecía recordar el cómo su hermano había logrado derrotar a aquella bestia feroz con sólo su fuerza y agilidad física. Lo admitió, ser entrenado como mortífago le había salvado la vida. Pero ahora no lo veía tan bien. Harry nunca había destacado por su paciencia.
- No vamos a interponernos al destino. El futuro ha estado dispuesto, y así deberá cumplirse.
- Oh, vamos…- bufó realmente irritado. Se le había agotado la paciencia.- ¿El destino dices¡Esto sí es gracioso! Si realmente conocéis el destino, también sabéis quien soy¿verdad¿Sabéis cuál es mi destino, no?
- ¿Un humano moribundo dándonos lecciones sobre el destino?- exclamó golpeando el suelo con una pata.- Por supuesto que sabemos lo que las estrellas dicen sobre ti, sabemos que la muerte te espera…
- ¡Entonces también sabéis qué es lo que vais a hacer! Dejaos ya de tanta palabrería. Vuestro deber está unido a la Onda¡ésta es la promesa que debéis cumplir! No me hagáis perder más tiempo.- bramó fuera de sus casillas. Su mirada, antes con una calma controlada, ahora brillaba con un fuego capaz de exterminar todo cuanto allí se encontraba.
- Humano engreído…- pero sus palabras fueron disipadas cuando una gran sombra cubrió los pocos rayos de sol que llegaban traspasando las espesas copas de los altos árboles. El claro de bosque que antes había mantenido una tenue luz, ahora se sumía en una poderosa sombra que pronto volvió a desaparecer para, tras unos instantes de mudo silencio, aparecer una enorme figura que descendía del cielo a rápida velocidad. Con un rugido, el magnífico animal se posó frente a los sorprendidos centauros quienes no tardaron en descender sus cabezas ante su presencia.
Ambos chicos caminaban a buen paso hacia la salida de aquél grupo de árboles que creaban el conocido y temido Bosque Prohibido de Hogwarts. Un precioso dragón rojo con escamas relucientes andaba al lado de su joven jinete con una altiva sonrisa que sólo el chico podía apreciar. En su cabeza, una melodía era tatareada con júbilo mientras sentía que no resistiría mucho más después de todo aquello por lo que terminaba de pasar.
- ¿Te importaría cantar para tus adentros? No necesito que lo hagas en mi cabeza.- gruñó hablando en su mente.
- ¿Te molesta?- dijo otra voz con sorna. Sabía que nadie más podía oírlo y que todo se definía en una conversación mental fruto de una peculiar y antigua unión que le ataba a aquella molesta criatura. Y, aunque admitir que era alguien importante para él no entraba en su juicio, a veces pensaba que le habían echado una maldición para torturarle durante toda la eternidad.
- Un poco.
- Un poco es menos que mucho, así que puedo seguir.
Profundizó su respiración intentando encontrar la paz interior, e intentó olvidar aquella voz grave cuyo propósito era imitar a un pájaro por la mañana. Dudaba que supiera siquiera alguna canción con fundamento.
Pronto llegaron al final del bosque, donde la gran figura del animal desapareció quedándose resguardada entre los espesos arbustos. Pero no así su presencia, la cual seguía torturándole desde su mente con una irritante alegría que no hacía sino llevarle a una frágil imagen de serenidad.
- Por favor… necesito un descanso…- suspiró pensando tanto por su cansado cuerpo como para su mente. La maldita cancioncita no cesaba…
Su hermano no pudo sino sonreír comprensivo. Aunque desconocía el sufrimiento mental que estaba teniendo por el acoso del dragón en su búsqueda de la tranquilidad donde relajar sus nervios, realmente sentía lástima por su hermano. Debía estar agotado. Aún le costaba asimilar que no hubiera terminado por sacar la varita lanzando hechizos a diestro y siniestro. Él apenas había podido controlarse frente a aquellos estúpidos burros con cabeza. Y la presencia de las flechas no había hecho más que empeorar su aguante, tensando todos sus músculos a la espera de la acción.
No llegaron a cruzar más allá de la gran entrada del castillo cuando una inesperada bienvenida les encontró descendiendo por las escaleras en medio de un gran alboroto.
- Cornelius, por última vez… no puedes arrestarlos sin ningún motivo…
- ¿Motivo¡Motivo!- exclamó un hombrecito con un sombrero verde lima.- ¿Qué mejor motivo que su afinidad a las Fuerzas Oscuras, Dumbledore? Un mortífago, un asesino y un traidor. No veo mejor motivo.
- Cometes un error. No voy a dejar que te los lleves sin más.
- ¿Acaso piensas enfrentarte al Ministerio¡Yo diría que no! No ésta vez, Albus…- canturreó con júbilo. Pero, tan pronto como los vieron entrar, todo movimiento cesó. Sin embargo, lo que en un principio fue sorpresa, pronto se convirtió en una exclamación de alegría que hizo reaccionar a todos los presentes.- ¡Vaya¿Pero qué tenemos a aquí¡Si es el joven Potter!- dijo dando palmadas divertidas.- Y su amiguito Malfoy. ¡Menuda suerte la mía¡Arréstenlos!
Obedientes a sus órdenes, los dos hombres que hasta entonces habían permanecido a su lado, se dispersaron colocándose detrás de los chicos. En un momento, ambos estuvieron bajo un poderoso agarre con la amenaza de romperles los brazos en el menor movimiento. Ninguno de los dos había hecho el menor intento de impedírselo, demasiado sorprendidos de lo que allí ocurría y su significado.
- Increíble¡increíble¡Dos mortífagos más!- dijo con júbilo enfermizo.- Y encima está Potter. ¡Me van a aclamar como nunca¡A Azkaban!
- ¡No!- bramó uno de los cautivos con espanto.
- Estate calladito, Black. ¿O quieres que Kingdinier pase el resto de sus días encerrada entre muggles y lejos de aquí? La pobre ya lo ha pasado mal¿verdad? Aunque quizá la encuentres también en prisión… al fin y al cabo, estoy seguro que te ha mantenido escondido durante todo este tiempo. ¡Incluso puede que fuera una de los espías de Quien-tú-sabes!
- ¡Ni se te ocurra meterle una mano encima, maldito cabrón…!- aunque hizo el intento de deshacerse del gorila que le mantenía aferrado y a pesar del dolor que le supuso tal movimiento, un fuerte golpe en el estómago le hizo plegarse con un gruñido de agonía.
- No, no… cuidado con esa boca…
- Ya basta, Cornelius.- cortó Dumbledore cerrando el paso al exterior donde un par de carruajes mantenían la espera.- No voy a tolerar que sigas con esto.
- ¡Recuerda con quien estás hablando, Dumbledore!
- Y tú también, Ministro.- la mirada que siempre lucía era ahora una sombra que apenas se reflejaba en aquellos ojos azules. En su lugar, un brillo de advertencia y furia hizo recular casi inconscientemente al pequeño hombrecillo protegiéndose detrás de sus hombres quienes aún seguían aprisionando a los acusados.
- Déjame pasar¡te lo advierto! Has cubierto a delincuentes y te has salido ya demasiadas veces con la tuya. Pero esto va a cambiar aquí y ahora.- su voz, acobardada en un inicio, fue subiendo de tono hasta adquirir un nivel agudo y estridente.- ¡Te ordeno, como Ministro de Magia, que dejes el paso libre para llevar a estos asesinos a dónde les pertenece!
Asesinos…
Harry apenas era consciente de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Gritos, gente… demasiado alboroto para su gusto y se sentía exhausto. Había luchado contra un centauro, no sin antes lograr llegar hasta ellos, y había aguantado casi una hora de constante alerta, con los nervios a flor de piel y sus emociones a punto de estallar. Y ahora, cuando llegaba, se encontraba al estúpido Fudge divagando en medio de la entrada diciendo no sabía qué sobre suerte y Azkaban. Se hubiera enfurecido en el primer momento en que aquél hombretón le había puesto sus manos encima forzando su hombro con una postura dolorosa. Se habría librado de él en un instante. Pero la razón le decía que aquello sólo empeoraría las cosas. Así, escuchando por una vez a su consciencia y dejando aparte el maldito canturrear del dragón quien seguía en su guerra, dejó que los hechos pasaran sin desear intervenir. Sin embargo, allí estaba… una palabra, un mote… Asesinos.
- …mortífagos!- exclamó ahora enfadado.
Mortífagos…
- Potter no es más que un traidor, un estafador y un asesino. ¡Un mortífago¡No debería ser libre para ir por allí donde le plazca, es un delincuente!
Y allí estaba otra vez, el mismo mote, la misma palabra: asesino. Era un asesino, un traidor, un mortífago… "Maldito…" pensó con creciente ira. "Él no sabe… él no conoce… ¿Cómo se atreve?" ¿Cómo podía juzgar con tanta libertad, con tanta ingenuidad? Él… lo había dado todo por aquella sociedad, por aquél mundo… estaba arriesgando todo cuanto tenía, lo iba a dar todo… ¿y seguía diciendo aquello¿Con qué derecho?
- Vamos, ya hemos perdido demasiado tiempo aquí. ¡Andando!- sentenció con paso firme aún cuando el viejo mago seguía impasible barrándole el paso.
- ¿Cómo se atreve…?- susurró ahora con los ojos entrecerrados. La cólera, cada vez más fuerte, sacudía sus venas haciendo que la sangre hirviera y sus oídos se taponaran.
Como si el tiempo hubiera acelerado su marcha, una enorme explosión seguida por un agudo grito de terror inundó el gran recibidor. Lo que antes habían sido unos fornidos y silenciosos hombres aprisionando a cinco cautivos, ahora no eran más que bultos inmóviles echados al suelo sin ninguna cura. Pero no habían sido ellos quienes habían chillado, sino el pequeño hombrecillo quien ahora se encontraba preso bajo la poderosa furia del muchacho.
- Maldito imbécil…- murmuró respirando agitadamente.
No escuchó el mudo grito de horror que cruzó la garganta del acobardado mago. Su varita, firme e inflexible, se hundía en su garganta de forma amenazadora, haciendo que el calor que corría por su interior se reflejara en ella lanzando abrasadoras chispas que le hacían temblar aún más. Sin embargo, Harry seguía reteniéndolo bajo sus poderosos brazos, dañándole con su magia desconocedor de lo que la ira estaba provocando. En aquellos momentos, su odio iba más allá del razonamiento, de la lógica o del control.
- Harry, vas a matarlo.- susurró alguien a su lado. Una mano se posó encima su brazo apretándole ligeramente pero con firmeza. Su tacto le despertó.
Relajando su respiración hasta convertirse en una pausa regular aunque forzada, evitó que la energía que estaba expulsando siguiera quemando al desdichado aunque no por ello decreció su fuerza. Cerrando la mano izquierda en su garganta como si se tratara de una poderosa garra capaz de despedazarlo con un solo movimiento, acercó sus labios a la oreja del quejumbroso Fudge.
- Escúcheme bien.- siseó con odio controlado.- No quiero que vuelva a amenazar a quienes considero preciados, ni siquiera se atreva a ponerles un sólo dedo encima. Como vuelva a verle, aunque sea su sombra, le juro que le buscaré. Le buscaré, Fudge… y cuando lo haga, me aseguraré de que muera de la forma más dolorosa posible. Y créeme… Voldemort le parecerá benevolente a mi lado. ¿Me ha entendido?
Con los ojos saliéndose de su sudorosa y sucia cara, emitió un barbullo ahogado entre jadeos en busca de aire. El aumento de fuerza por parte del chico hizo que afirmara con la cabeza tanto como pudo. Dándole un empujón hacia delante haciéndole caer de bruces al suelo, descendió ambos brazos sin dejar de mirarle con intensidad.
- Y ahora desaparezca, no quiero verlo nunca más. O le mataré.
En un último grito aterrorizado y sin volver la mirada hacia atrás de puro miedo, el hombre echó a correr como alma que lleva el diablo, desapareciendo de su vista. Nunca más nadie sabría de él, creyendo que se había escondido en algún lugar entre la soledad, creyendo que algunos seres mágicos terminaron por matarlo como venganza a las injusticias que había impartido. Al final, Cornelius Fudge desapareció.
Pero Harry no pensaba en eso, sino que aún seguía medio abochornado por los sentimientos abrasadores que aún le sacudían. Su pulso temblaba con violencia, sintiéndose lejos de aquél lugar.
- Cálmate.- dijo la voz en su cabeza deteniendo el torrente de odio e ira que se estaba apoderando de su mente.
Se hizo el silencio. Sus oídos detuvieron sus funciones, su cerebro dejó de pensar. Para él, todo se detuvo súbitamente. No se dio cuenta del movimiento que estaba teniendo lugar en la sala. Como Dumbledore hechizaba a los pesados cuerpos metiéndolos sin ningún miramiento en los carruajes. Instigando a los animales para que se los llevaran de allí aún con la mirada encendida. Tampoco vio como uno de los hombres que habían sido acusados se despedía del director y McGonagall, quien se había mantenido inflexible a pie de escalera cerrando la retirada, y desaparecía con prisas de la escuela en la máxima efectividad de acción.
- ¿Estás bien?- preguntó alguien a su lado, el mismo que le había hecho reaccionar en su arrebato de furia.
Levantando la vista vio a Sirius mirándole con preocupación. A pesar de lucir un aspecto cansado y ojeroso, seguía estando allí, a su lado. Y de no haber sido por él, seguramente hubiera cometido otra estupidez. Sintiendo como todo su ser se desmoronaba con su afectuosa mirada, dejó escapar un suspiro que más pareció un bramido de puro sufrimiento, como si fuera su alma quien hubiera gritado de dolor.
- Asesino…- dijo al fin con un hilo de voz mientras escondía la cara entre sus manos.- Soy un asesino… un vulgar y despreciable asesino…
La preocupación del hombre se incrementó. Le miraba incapaz de poder hacer nada aún cuando imaginaba por lo que debía estar pasando. ¿Pero qué decir¿Cómo podía ayudarle en su sufrimiento? Le hubiera gustado poder estar junto a él en los momentos en que más le necesitó, haberle protegido cuando estaba en peligro, haberle aconsejado cuando se sentía confuso… pero no había podido. Se había recriminado por ello, torturándose por sentir como había fallado a sus expectativas, a sus promesas. Se lo había prometido, a ambos. ¿Cómo podía llamarse a sí mismo su padrino?
- Un mortífago, un traidor, un asesino…
- Vamos, para ya.- le dijo intentando serenarse, pero su voz pareció más una súplica que un intento de ayuda. Él mismo estaba hundiéndose al verle de aquella forma, sintiendo aún más su inutilidad.
- Es cierto, tiene razón… deberíais odiarme tanto como me odio a mí mismo… Debería ir a prisión, a Azkaban.
- ¡No! Por nada del mundo te dejaría ir allí¡jamás!- exclamó ahora alarmado.- ¡Nunca, nunca lo permitiría!
- ¡Pero he matado¡Soy un asesino!- gritó encarándose a él con la mirada aterrorizada. No podía soportarlo más, aún cuando se había dicho a sí mismo que aquello se convertiría en su cruz y su castigo, le parecía demasiado cruel seguir enfrentándose a aquél echo, aquella muerte que pesaba encima su conciencia.
- Fue un accidente.- secundó Draco a media voz rompiendo su propio silencio. También él se sentía hundido en sus propias emociones. La acusación que había recibido y el trato que le acababan de infundir había abierto una herida aún sin curar en su interior.
- ¡La maté¡Maté a Fleur, la maté!- bramó ahora desesperado.
- ¿Fuiste tú?- aún en las escaleras, un chico empezó a descender los peldaños cada vez con mayor velocidad, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.- ¿Tú atacaste a Fleur!
Agarrándole por los hombros con fuerza y la mirada suplicante pero feroz, Charlie apartó a los demás del lado de Harry aferrándose a él con una fuerza que nunca antes había demostrado.
- Sí yo… yo la, la maté…- sus ojos, hasta entonces asustados, adquirieron una mirada de tristeza y culpa. Sentía que debía excusarse, sentir como lo golpeaban y maldecían por lo que había hecho. No merecía tan siquiera que le tocara, que lo mirara.
- ¡No, no está muerta! Está en San Mungo¡debes venir conmigo!
- ¿Está… viva?- dijo perplejo.- ¿No la maté¿Sigue viva…?
- ¡Sí!
- Pero… la vi caer… Bill dijo que la había muerto…
- Se equivocó. Yo estaba allí y vi lo que sucedió. Créeme, está viva. Pero debes venir conmigo, sólo tú puedes salvarla.
La desesperación que hacía sólo unos instantes había amenazado con engullirlo en la locura, ahora había desaparecido dejando una sensación completamente distinta. Como si algo despertara en él, un mareo subió por su estómago hasta su boca provocándole náuseas. Pero no dejó que le dominara. Controlando aquello que parecía imposible domar, calmó sus aceleradas pulsaciones y llevó a la razón enfrente todo lo que sacudía a su cuerpo. Le miró con toda su fe en él, deseando e implorando que lo que decía fuera verdad. Quería creer en sus palabras… pero sus ojos, azules y brillantes, no albergaban duda alguna.
- Por favor…- imploró aumentando la fuerza con desespero.
- Vamos.- decidió con aplomo su hermano.
- Esperad.- el viejo hombre quien se había mantenido ajeno a ellos, se acercó al reducido grupo que había empezado a andar hacia la salida dispuestos a irse.- Tenemos un problema mucho más urgente.
- Deberá esperar.
- No creo que pueda.- suspiró con cansancio.- Al parecer, Fudge se enteró de la alianza que hizo Voldemort con los Gigantes y decidió enviar a un ejército de aurores para exterminarlos. Sin embargo, para hacerlo ha tenido que destinar aquellos refuerzos que cubrían puntos importantes hacia la contienda. Azkaban es uno de ellos.
- Hay que detenerlos.- dijo McGonagall a su lado.
- Necesito que os ocupéis de Azkaban.
- Después, antes debo solucionar algo.
- Entonces iremos nosotros.- dijo Draco mirándole con serenidad. Él y Snape se mantuvieron fríos en sus postes silenciosos y seguros, como si nada pudiera interrumpir su calma a pesar de todo lo que terminaba de pasar. Pero el chico sabía que todo aquello también les había afectado, aunque desconocía hasta dónde.
- Bien pues…- rebuscó en su bolsillo hasta que encontró lo que buscaba. Con una sonrisa de comprensión y aprecio, le tendió una piedra plateada sin pulir cuyo brillo se movía incesante en su interior.- Ten esto. Creo que te servirá.
Tan pronto como la dejó en su palma supo lo que era, una piedra Alkur. La energía que fluyó hacia él le devolvió la vitalidad que había perdido reduciendo su cansancio. De pronto, se dio cuenta del valor de aquella piedra. Habérsela dado era mucho más que un simple acto de confianza.
- Gracias.
El director no se entretuvo más volviendo otra vez a las escaleras con toda rapidez.
- Cuando termine me ocuparé de Azkaban.
- Nos vemos allí.
- Suerte.
Alejándose de ellos, Harry, acompañado por Sirius y Charlie, salió del castillo dirigiéndose hacia las puertas de entrada a los terrenos de la escuela.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
- Este lugar siempre me sorprenderá…- dijo con una sonrisa nostálgica.
- Aunque te parezca mentira, ésta casa tiene casi doscientos años, y en todo éste tiempo nunca ha cambiado.
Se encontraban en la Madriguera. Charlie, tras coger un par de paquetes de la cocina, se reunió con ellos en el comedor donde les esperaba un viaje con polvos floo. Tomó la pequeña maceta y, cogiendo un grapadito en su mano libre, los lanzó en la chimenea.
- Hospital San Mungo.- dijo una vez dentro.
Con una llamarada, desapareció.
- Nunca me ha gustado viajar así.- murmuró mientras se preparaba para imitarlo.
- A mi tampoco, pero al final te acostumbras.
- No creo que pueda…- sin decir más, dio un paso adelante y se internó dentro las llamas verdes. Asegurándose de que podía hablar sin tragarse nada por el camino, pronunció su destinación y se internó en un violento remolino de colores y magia. Tal y como le había dicho a Sirius, aquella forma de viajar no le gustaba.
Acordándose del golpe que había recibido la primera vez al llegar a su destino, se preparó dando un saltito hacia delante obligándose a mantenerse en pie aún cuando su sentido del equilibrio estaba demasiado trastornado como para sostenerle. Pero para su satisfacción, ésta vez el suelo se mantuvo bajo sus pies.
- Por aquí.- dijo apremiante el pelirrojo tan pronto como el tercer viajante llegó en la sala de recepción.
El olor a analgésico llenó su nariz.
Al salir al pasillo, una muchedumbre se presentó ante ellos. Decenas de magos y magas se aglomeraban en una pequeña sala con pocas sillas donde sentarse. Pequeños niños correteaban de un lado a otro escurriéndose entre la gente, jugando a juegos sin que nadie pudiera regañarlos demasiado ocupados en sus propios quehaceres. Harry quedó sorprendido al ver todo aquél gentío.
- …y todos aquellos muggles…- dijo alguien a su izquierda. Intrigado, se detuvo a escuchar la conversación.
- Una verdadera catástrofe.
- Deberían decírselo.- secundó alguien más.
- ¿A los muggles¿Estás loco? La Ley de Protección de la Identidad Mágica prohíbe que se diga nada sobre hechos mágicos. Podría desatarse un verdadero pánico.
- Además, no lo comprenderían.
- Quizá. Pero yo querría que me lo dijeran, que me dijeran la verdad. Si esto sucediera a mi familia… ¡Han muerto muchos! Y muchos de ellos sólo eran niños…
- Una pena… una pena… Pero tampoco nosotros podemos hacer nada, Walter. Nadie puede hacer nada contra Quien-tu-sabes, excepto Dumbledore, quizá…
- Y el joven Potter.- dijo el que se llamaba Walter.
- ¿Harry Potter¿Acaso no sabes lo que hizo?
- Pues…
- Los rumores dicen que se fue junto Quien-tu-sabes el año pasado.- habló casi en un susurro el segundo hombre.- Al parecer participó en el ataque al callejón Diagón y ayudó a los mortífagos a escapar.
- ¿Un mortífago¡Pero si le derrotó cuando era un niño!- gruñó indignado incapaz de creer aquellos extraños rumores.
- Pues se cansaría de ayudar al Ministero.
- No me extrañaría. Yo también le habría dado una buena colleja al inepto de Fudge.
- Cuidado con lo que dices, Johan, no olvides que Fudge aún es el Ministro.
- ¡Bah, como si es el mismísimo Merlín!- respondió quitándole importancia.
- Sigo sin poderlo creer… ¿Harry Potter un mortífago? Imposible.
- Pues créelo. Y no sólo eso… hay quienes dicen que…
- Venga¿pasa algo?- dijo Sirius cogiéndole del hombro.
Despertando de la escucha, reanudó sus pasos siguiendo a su guía quien estaba frente a uno de los ascensores.
- ¿Por qué hay tanta gente?- preguntó una vez dentro de la cabina.
- Piso nueve, por favor.- dijo Charlie al hombre de enfrente.- Eso he preguntado. Al parecer ha habido un accidente con un tren muggle.
- ¿Y no se han podido proteger? Aunque haya una ley de control de la magia frente a muggles, en caso de necesidad se puede romper¿no?
- Eso es lo extraño. Y lo que no comprendo es como han podido haber tantas víctimas. Una colisión entre dos trenes… y encima habiendo magos dentro. Supongo que aún lo estarán investigando.
La entrada de más gente en el interior detuvo su conversación. Harry estuvo demasiado preocupado en vigilar no ser aplastado por todos aquellos cuerpos juntos como para pensar más en ello. Sin embargo no pudo evitar recordar la mirada incrédula de aquel hombre cuyo nombre era Walter al enterarse de que su aclamado Harry Potter era ahora un mortífago más. Se sintió otra vez mal consigo mismo, viéndose como algo sucio que no merecía estar entre todos ellos, rodeado de aquella gente que no había visto la maldad en su verdadera forma, que no había dejado que la corrupción penetrara en su cuerpo y adueñara sus pensamientos.
- Oye, sé que es difícil… pero no pienses mucho en ello¿de acuerdo?- dijo Sirius a su lado. No le miraba, pero tampoco hizo falta que lo hiciera. Enseguida supo que había conseguido entender lo que estaba pensando.
- Perdóname.
- No tienes de qué disculparte.- añadió con una sonrisa comprensiva.- Todo el mundo comete errores. A veces, estos errores llevan la tristeza… y otras veces, al conocimiento. Intenta aprender de ellos para no repetirlos. Si lo consigues, no deberás pedir otra vez perdón.
Le guiñó un ojo con simpatía y volvió la atención hacia delante. Con un pequeño estremecimiento, el ascensor llegó a su novena planta. Medio a empujones, los tres consiguieron salir volviendo a la marcha.
- Creía que habían menos plantas…- dijo tras leer el cartel de Cuidados Intensivos.
- No había suficiente espacio. Esta hace sólo medio año que ha sido construida. Ya hemos llegado, la 302.
Al entrar, Harry se encontró en una gran sala medio a oscuras. Decenas de velas flotaban en el aire dando un aspecto misterioso a toda la instalación. Sólo una cama habitaba aquella habitación, rodeada de pequeñas esferas de un azul eléctrico que brillaban con timidez. Éstas, colgadas del techo con largas cadenas de oro, permanecían estáticas e imperturbables, como si no fueran más que meros espectadores entre la oscuridad.
- Bill.- dijo el joven Weasley acercándose a la única silla que había. Un chico con la tez pálida y demacrada levantó la cabeza que hasta entonces había reposado escondida entre sus manos. Se le veía fatigado y enfermo, como si llevara días sin comer ni dormir. Verle de aquella forma le dolió.- Vamos, despierta.
- Charlie…- susurró casi sin fuerzas.
Los tres enmudecieron. Su hermano sabía cuan grande era su sufrimiento, llevaba ya meses viendo como aquél muchacho que había ayudado a crecer se iba dejando cada vez más, incluso llegó a odiar a aquella mujer que ahora descansaba en aquella cama con sábanas blancas por haberle robado su vitalidad. Le había robado a su hermano, a su amigo, y aún medio muerta seguía haciéndolo de una forma mucho más dolorosa. Le había robado su alma.
Pero no podía evitarlo, ni tan siquiera podía culparla de ello. Él conocía el amor que se habían profesado entre los dos… pero verle de aquella forma no hacía sino infundirle el odio hacia aquella esbelta figura de cabellos dorados y piel pálida que seguía llamándolo a pesar de no poder ya hablar. En más de una ocasión había deseado que nunca le hubiera conocido, que nunca se hubieran visto… ¿Pero para qué mentirse? Fleur era quien debía reír junto a su hermano, y deseó que así fuera. Y ahora volvía a existir esa posibilidad. Ahora, quizá, volvería a verlos juntos, en vida.
Harry se acercó a ella. Ver a Bill con aquél aspecto, lejos del atractivo y liberal Weasley lleno de vida, le había inundado de humildad.
Adelantándose a todos los demás, con su mirada enfocada a Fleur, apartó las sábanas que cubrían el cuerpo de la joven chica desvelando un blanco camisón pulcramente limpio y planchado. Pero el color de su piel no le pasó por alto. En vez de ver aquella textura firme y suave, ahora no era más que un tejido oscurecido, casi putrefacto. Sus labios tenían un color azulado, como si realmente estuviera muerta. Pero, como si no tuviera nada que ver con aquél cuadro, su pecho subía y bajaba con lentitud, demasiado lento para ser normal. Era como si estando muerta siguiera respirando.
Puso sus dos dedos en el cuello, junto a la yugular, y esperó a encontrarle el pulso. Débil, lento, silencioso. De no saber que debía estar allí, no lo habría podido escuchar.
- ¿Qué está haciendo¿Quién es?- preguntó débilmente Bill. Y a pesar de mostrar su interés, no hizo el menor acto de levantarse, ni siquiera se resistió.
Tomando la mano derecha entre las suyas, observó su palma. Justo al centro, había una pequeña taca que aún conservaba el aspecto de su antigua piel.
- ¿Sabes cómo curarla?- dijo Sirius con un murmuro a su lado.
- ¿Ves eso?- le indicó su palma mostrándosela y añadió:- Es como con Shelyak. Aún no sé qué era aquello, pero quizá está relacionado con la magia negra… Pero no lo entiendo… Cuando sucedió… utilicé ésta energía. La magia negra es realmente difícil de controlar. Básicamente consiste en una relación entre dominado y dominante. Para controlarla, tú debes ser el dominante. Pero no comprendo esto¿por qué actúa como una infección¿Lo ves? Parece que se haya extendido.
- Quizá porqué ella es la dominada.
- Quizá… pero no es el foco de energía. Además, si fuera la dominada ya estaría muerta. No, debe actuar de otra forma.
"¿Pero cuál?" se preguntó molesto. Sólo había una forma de saberlo.
Concentrándose en ella y la mano que descansaba entre las suyas, relajó su cuerpo extendiendo sus sentidos más allá de la piel. Centrándose en un único punto, la magia, dejó que sus pensamientos se profundizaran en el deseo de buscar. Un calambre sacudió todo su cuerpo haciendo que soltara con una exclamación a la mujer.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó Sirius alarmado.
- Maldita sea… hay demasiada…- gruñó frotándose el antebrazo izquierdo donde sentía un molesto escozor bajo la piel.
La había visto. Aunque sólo fue una imagen fugaz, pudo ver como una gran cantidad de energía negra como la noche rodeaba el frágil cuerpo. Antes incluso de ser rechazado por su propio cuerpo del contacto de aquella magia, pudo apreciar la verdadera forma de la poderosa energía. Y ahora le parecía saber como combatirla.
Recordaba que cuando Fleur había recibido el ataque, había sido en un acto descontrolado, donde Harry sólo dejó fluir la magia, sin dictaminar la cantidad ni tampoco la potencia. En realidad, no había hecho más que dejarse llevar, sólo que había resultado más un acto instintivo que no un auténtico deseo. Como si su cuerpo hubiera ansiado alejarse de aquella energía, evitándola y expulsándola de él en un rechazo de alivio. Y el resultado había sido un ataque sin finalidad. Si no erraba en sus suposiciones y según la experiencia que ahora tenía, la magia era un resultado de energía guiada por un deseo. Este deseo la obligaba a aparecer bajo una forma determinada, un objetivo por el cual había sido creada y expulsada con el hechizo. Sin embargo, cuando era expulsada sin ningún propósito, no hacía más que estallar al impactar con el blanco. ¿Pero qué sucedía si éste blanco era también una fuente de energía¿Podía penetrar en él de igual forma? Viendo a Fleur, la respuesta parecía ser cierta. Entonces, aquello podía explicar el porqué la energía no había desaparecido y, en vez de esto, seguía residiendo como si se hubiera pegado al nuevo flujo. "Aunque puede ser que esto sólo ocurra con la magia negra. Es la más agresiva y su fin es el dominio… Así pues¿debo extraerla de nuevo¿Puedo hacerlo con tal cantidad?" A pesar de recordar su facultad para absorber la energía del flujo, no estaba muy seguro de poder hacer aquello. Era demasiada. Todo le decía que era como querer coger una espada candente. Se quemaría.
Pero si no lo hacía, Fleur moriría.
No, debía hacerlo. Aunque prefería intentarlo con algo más de probabilidades de sobrevivir. Quizá pudiendo traspasar parte de aquella energía a algo más… si al menos conseguía algo con lo que repartir aquel poder… De pronto recordó algo que descansaba en su bolsillo. Como si sus divagaciones la hubieran despertado, la piedra que Dumbledore le había dado le transmitió la misma sensación que cuando la había tomado por primera vez.
Cogiendo la piedra Alkur con su mano derecha y dejando la otra para Fleur, cerró los ojos preparándose por lo que iba a hacer. Sabía que no sería sencillo, pero no había opción. De nuevo debería recurrir a aquella energía que había dicho no volver a utilizar.
Abrió su mente, y observó como aquella capa de terciopelo perfecta que cubría a la blanca figura escondiéndola casi al completo se removía como llevada por una suave brisa hacia él. Era como si una entidad hubiera despertado y se hubiera dignado a mirarle casi con desdén. Y a pesar de sentir como le reconocía, su respuesta fue orgullosa y burlona, negándose a ceder a su petición.
Harry debía hacer un gran esfuerzo por no soltarse. Sabía que debía estar temblando, pero no podía distraerse, su cuerpo debería apañárselas por sí solo.
Unos ojos, traviesos y juguetones, le miraron con soberbia, como preguntándole qué era lo que deseaba aún estar dispuestos a no hacer el menor caso. Pero no podía desplomarse. Aún sentir como sus propias energías decrecían con el mero hecho de estar observándole, debía seguir firme, intentando aparentar una fortaleza y un poder que en aquellos momentos no sentía. Y quizá fue justo eso lo que provocó que un punzante dolor travesara su corazón haciéndole gemir, aquella figura rió con suficiencia y triunfo.
Estaba perdiendo. Por unos instantes, el miedo al sentir que el frío se cogía a su brazo queriendo extenderse también por su cuerpo, le paralizó. Pero el tacto cálido de la piedra el volvió a la realidad.
Alejando de él el temor hacia aquella energía, se encaró desafiante. Dejándose llevar por un poder que no había visto, detuvo el viento que mecía los pequeños pelos de seda y silenció aquella mirada. Sintiéndose como un dios cuando castiga a sus subordinados bajo la amenaza de su furia, Harry golpeó con su voluntad a la entidad oscura haciendo que ahora fuera ella quien se encogiera bajo su cólera. Ahora volvía a ser el dominante.
Aprovechando su posición, le obligó a apartarse del débil cuerpo de la chica regresando a él. Un inclemente frío recorrió su cuerpo forzándole a cerrar con fuerza las mandíbulas. Para conseguir su objetivo, debía ignorar la debilidad que ordenar aquello le imponía, en caso contrario perdería la vida. Estaba convencido de que aquella energía no dudaría ni un instante en revelarse y ahogarle.
Volviendo a respirar tras haber aguantado la tortura que le había supuesto aquel milagro, Harry casi se desplomó al suelo. Apenas era capaz de sostenerse sobre sus piernas.
A su lado, Fleur volvía a lucir aquella piel blanca y pálida que ya antes había tenido. Sus labios, ahora algo demasiado rosados, volvían a dibujarse en su suave tez. Toda su figura parecía volver a brillar con la intensidad de antaño, como si nada hubiera acontecido. Y aún hacerlo con algo de anormalidad, su aspecto era de nuevo hermoso.
Ambos chicos se sorprendieron al ver que su respiración volvía a ser regular, al igual que su pulso. Y aún más cuando un ligero movimiento bajo sus párpados les indicó que la muchacha había vuelto a la vida.
- ¡Fleur!- exclamó Bill con los ojos brillantes abrazándola con desespero.
- ¡La has curado!- secundó su hermano mirando agradecido a Harry quien respiraba agitadamente con los ojos entrecerrados.- ¿Harry…?
- Necesita descansar, aún está demasiado débil.- dijo levantando la mirada con una sonrisa cansada.- No soy médico pero… supongo que dentro de un par de días, quizá tres, volverá a ser la misma.
- Gracias. Muchísimas gracias.
- No me las des. He hecho lo que debía hacer, puesto que ha sido mi culpa que estuviera así.
Sirius, sin decir nada más que sonreírle con satisfacción, le cogió por el hombro haciendo que se acomodara en él. Sin resistirse, se dejó llevar.
Dejando a los dos hermanos en la habitación, ambos salieron de nuevo al pasadizo donde la luz los cegó por unos segundos. Tras reponerse, emprendieron la marcha.
- Sé que estás agotado pero…
- Hilda¿verdad?- dijo aún sin abandonar su sonrisa.
- ¿Te ves capaz de hacerlo?
- Con una condición.- deteniéndose de pronto, Harry se apoyó a la pared alejándose del hombre. Con la mirada seria y sin rastro ya de su sonrisa, dijo:- Acompáñame a Azkaban.
Sirius le miró sorprendido. Aunque en un principio le había dejado atónito su petición, pronto cambió su expresión por otra muy distinta. Como si viera su sufrimiento con amargor, torció una mueca de terror oscuro que hacía ya tiempo no veía, como si su cuerpo la hubiera olvidado al redescubrir algo de felicidad.
- No puedes pedirme esto…- susurró casi con una súplica aún cuando desde que lo escuchó en los labios de Fudge supo que otra vez debería regresar allí. Y a pesar de resistirse a la idea, ésta era innegable.
- No te lo pediría si no fuera realmente necesario, Sirius. Pero lo cierto es que te necesito conmigo.
- ¿Y la curarás?
- La curaría aunque me dijeras que no.
- Puede matarte.- no era una pregunta, y el chico lo supo.
- Puede matarme.
- ¿Entonces por qué?
- Creía que tú lo sabías mejor que nadie.- volviendo a sonreír ahora con un afecto que nunca antes había sentido por él, añadió:- Porqué es mi deber.
También su padrino sonrió, aunque ésta vez fue una mueca algo más exhausta que antes. Tenía razón. Y estaba orgulloso de ser quien le había tocado ser. Agradecía a sus mejores amigos por haberle dejado aquél chico a su cargo y protección, por haberle dado la oportunidad de conocerle, por haberle permitido aprender de él. Harry, a pesar de su juventud, le había demostrado un valor y un coraje que sólo había visto en las mejores personas. Había errado, sí, pero también había aprendido. Realmente le quería, y no se avergonzaba en lo más mínimo de él, sino todo lo contrario. Se sentía orgulloso de ser su padrino.
- De acuerdo, vamos.
Refulgiendo en su mano derecha, la piedra Alkur seguía brillando aunque ahora de una forma muy distinta, como si dos torbellinos de distintos colores, uno blanco y el otro negro, se enroscaran en una espiral sin fin en un movimiento eterno.
No le hizo andar mucho más lejos. Llegando frente a la habitación 11, Harry recuperó su aplomo y se preparó para pasar. Dentro, la sala ofrecía una imagen muy similar a la anterior, con la diferencia que allí había más gente que antes. Al verlos se acercaron incrédulos de verlos allí.
- ¿Sirius¡Harry¿Qué hacéis aquí?- preguntó Marla tras darle un par de besos que le reconfortaron.
- Hemos venido a ver a Hilda. ¿Dónde está Remus?
- Molly ha conseguido llevárselo un rato a la cafetería.- a su lado, Tonks pasaba a saludar al chico con otro afectuoso beso.- Debe salir un poco más, hace mala cara… y encima dentro de poco habrá luna llena…
- Por suerte Severus le ha hecho la poción matalobos.- dijo la chica algo más alegre que los demás.
- Aún así lo está pasando mal.
Harry abandonó su lugar en la conversación para acercarse a quien ocupaba el centro de la estancia. Vestida de la misma forma que Fleur, Hilda descansaba en la mullida cama. Sin embargo, su estado era completamente distinto. Sus labios, al igual que su piel, tenían el color normal. Lo único que destacaba, aún permanecer bajo las capas de ropa y vendas, era aquella mancha que meses antes había visto durante el ataque a Hogsmade.
A pesar de su agotamiento, no dudó en repetir aquello que terminaba de hacer. Pero lo que encontró fue algo muy distinto.
Aquella magia que debería haber permanecido alrededor de la chica utilizándola como una fuente de energía, permanecía en estado latente. No la dañaba, al igual que no mostraba ningún rechazo a su inspección. Sencillamente estaba.
Despertando, se encontró mirándola con el entrecejo fruncido. ¿Qué ocurría?
- Dumbledore vino a verla, pero no pudo tocarla. No sé la razón, pero parecía reticente a hacerlo, como si algo se interpusiera.- murmuró su padrino llegando detrás de él. Las dos mujeres habían dejado la conversación para mirarlo intrigadas y algo recelosas, como si no supieran muy bien qué era lo que estaba ocurriendo.
- ¿No se atrevió a tocarla? Me pregunto porqué…- se dijo en voz alta.
- Cuando le pregunté lo que ocurría, sólo pudo decir que tampoco él lo comprendía. Incluso lo intentó usando algunos cachivaches.
- Y no funcionaron.
- No.- dijo igual de confundido.- Desde entonces que sigue igual, sin ningún cambio.
De no parecerle imposible y casi ridículo, habría jurado que aquello se asemejaba más a un hechizo erróneo que un ataque mágico. ¿Pero qué era? Le parecía saber la respuesta, pero ésta escapaba de él a pesar de sus esfuerzos. Entre cavilaciones, dirigió su mirada hacia la piedra que aún sostenía dejándose hipnotizar en silencio por aquellas formas nebulosas.
Dumbledore no había podido tocarla… seguramente él sabía la razón, pero en aquellos momentos no podía consultárselo, así que debería encontrar la respuesta por él mismo. Y no tenía mucho tiempo.
Era magia negra. Su poder, a pesar de encontrarse sumido en una misteriosa espera, seguía estando latente, y su aura le delataba. Bien, no tenía ninguna duda de su identidad. Al menos, ya sabía algo. Además, estaba el hecho de que había sido invocada por el Lord Oscuro, su Maestro, y al igual que él, era un experto casi innato de ésa energía. También recordó el momento en que creó el ataque. En realidad, había sido una ofensiva contra Dumbledore… así que su objetivo había sido el viejo director. Y aunque falló en su cometido, no dejaba de existir el hecho de que su finalidad se definía en herir o incluso matar. ¿Era esto pues lo que estaba buscando, su respuesta? Quizá no había terminado con su propósito… ¿pero por qué no la había matado al acto, entonces? Un hechizo se definía por unos parámetros globales, y aún más tratándose de aquella magia. El mero hecho de invocarla era difícil, y si encima le obligaba a tener una forma… ¿era posible darle un blanco concreto en aquella situación de rapidez? No. Aún cuando el lord era un maestro con en poder oscuro, someter la voluntad de aquella poderosa energía era algo casi imposible, y aún más si encima debía manifestarse en medio de una lucha sin tregua. Hacerlo requería demasiado tiempo y concentración, y eso en el caso de que se consiguiera.
"¿Y si no era éste su propósito¿Y si hay algo más?" pensó aún sumido en sus pensamientos. "Algo más sencillo…" Pero seguía sin tener una respuesta que le hiciera comprender.
En un nuevo intento, se concentró deseando encontrar algo. Quizá debía buscar más detenidamente…
¡Una trampa! Demasiado tarde se dio cuenta de lo que ocurría.
Como si despertara de su letanía al aparecer la señal, aquella energía se lanzó feroz contra el sorprendido y desprotegido muchacho quien no esperaba aquella reacción. En un acto instintivo, se apartó de la chica con un salto atrás. Sin embargo, la distancia física no servía de nada frente a un flujo de energía.
Las velas más cercanas se apagaron mientras una suave y fría brisa se manifestaba rodeando a ambos. Al sentir como se acercaban a ellos con alarma, les detuvo casi sin saber lo que decía pues sus palabras parecían motes sordos en sus oídos, demasiado taponados por aquél aplastante silencio.
- ¡No os acerquéis!
A pesar de no sentir su cuerpo como debía, sí podía notar la presencia de aquella piedra aún a su lado. Pero, aún desear que reaccionara de la misma forma que antes, ésta se mantenía inalterable con las dos fuerzas bailando en su interior, como si su capacidad no fuera más allá.
Intentó morderse el labio para evitar gritar, pero su falta de control se lo impidió. Sin embargo, tampoco aquello importaba. El silencio, pesado y aterrador, se había adueñado de su cerebro, impidiendo que ningún sonido pudiera llegar hasta él para sacarlo de aquella visión oscura. Y, como si unas finas manos salieran de entre las sombras negras, se asustó al ver que no detenían su avance deseando arañarle el alma, adueñándose de él. Pero no estaba sólo. Al centro de toda aquella fuerza, el cuerpo menudo y pálido de la mujer permanecía estático e inmóvil, indefenso frente la muerte que se avecinaba rápidamente hacia ellos.
Debía hacer algo, lo que fuera. Estaba convencido de que si no conseguía alejar a aquellas bellas garras de él, ambos morirían. Pero su cerebro estaba atrofiado, llegar a aquella conclusión fue lo último que consiguió procesar antes de colapsarse en la única imagen de la cercana muerte.
Un rugido le despertó.
Justo a tiempo, esquivó aquellos finos dedos de falsa porcelana lanzándose de bruces al suelo. No necesitó más tiempo. Agarrando la varita con seguridad, apuntó al cuerpo inconsciente y dejó fluir parte de su energía esperando que aquellos impulsos instintivos fueran los correctos.
Con la misma rapidez que todo había empezado, volvió a desaparecer. Al igual que un sueño se evapora con el ruido del gallo, aquella presencia se desvaneció, el frío se suavizó y las velas volvieron a iluminar dichosas en sus estantes flotantes.
"¡Shelyak!" se dijo asustado al escuchar un nuevo ruido aunque ahora parecido a un gemido de dolor. Una punzada en el lado derecho de su pecho le alarmó mucho más que el hecho de sentir como sus piernas se plegaban bajo su peso dejándose caer sin fuerzas al suelo, o como su cuerpo se quejaba tras aquella nueva sacudida mágica. Tampoco pudo escuchar a su padrino quien le cogió a tiempo antes de golpearse violentamente, ni sintió las exclamaciones de Tonks al comprobar que Hilda empezaba a abrir los ojos.
Sólo había una cosa en su cabeza, un único pensamiento que enturbiaba todos los demás convirtiéndolos en meros hechos sin importancia.
Shelyak estaba en peligro.
