Venga, y otro más! Reviews…

Paty: jajja, te gustó el acercamiento? Pues me alegra, la verdad. Si hay algo que me da miedo escribir es el romance (aunque está claro que en todas las historias debe haber algo, por algo el ser humano se caracteriza por ser un ser social…), y la razón es que evitar ser empalagoso es algo realmente difícil porque o bien pones poco y demasiado fugaz o bien lo describes demasiado efusivamente. Para mi es de lo más complicado que hay… pero no te preocupes, porque si eso es lo que te gusta, te diré que quizá en el próximo capítulo o en el 34, va a haber una escena romántica que espero saber tratar como es debido (pista: el epílogo del fic está estrechamente ligado a lo que pasará allí). Bueno, pues nada más por hoy. A ver que tal te parece el capi 32. Nos vemos!

Pedro I: pues vas por el camino con lo de Harry… ¡pero no diré más!!! Nada de spoilers!!!! Con lo de tu fic, por ahora voy realmente agobiada por falta de tiempo (no es excusa, créeme), seguro que la tardanza de mis actualizaciones te da una idea… Sin embargo, te prometo que cuando termine con el fic me pasaré por allí aunque sea sólo por una vez para saludar, vale? Pues venga, que vaya bien y ánimos con tu fic. Y sobretodo, no te desanimes, que a veces se puede llegar a desesperar al ver que no hay forma de escribir algo decente (que es lo que me ocurre a mí desde hace ya no se cuánto).

0Snuffles0: aunque leí todos tus reviews realmente impresionada por tu exasperación en la historia, ahora mismo me veo incapaz de responderlos a todos debido a la hora y a que estoy agotada (demasiadas horas frente a un ordenador). Aunque sí hay algo con lo que me he quedado de tus comentarios, las faltas. Es cierto, tienes toda la razón. En el primer fic hice muchas faltas. Las relacionadas con las palabras de Rowling fueron básicamente a que yo he leído los libros en catalán (es algo que ya he dicho varias veces, creo) y en la edición en castellano muchas se tradujeron de forma distinta. Por ejemplo el mote 'mortífagos', que en catalán son los 'cavallers de la mort' (caballeros de la muerte). Por otra parte están las faltas gramaticales y con ésas sí que no tengo perdón. Pero, de nuevo, debes comprender que ése fue mi primera historia de larga extensión escrita enteramente en castellano (soy catalanoparlante y toda mi vida diaria es en catalán) y aunque no acostumbro a hacer faltas llamadas 'garrafales', sí es cierto que muchas se pasan por alto (para que veas otro ejemplo, la palabra 'cuanto' 'quant', o la preposición 'y' que en catalán se escribe en 'i' latina). Sin embargo, en lo que te has exclamado e indignado con lo del 'haber' con 'h', te diré que aquí quizá no tengas razón. Como bien te ha respondido Paty en un review, existen dos tipos de 'hecho'/'echo'. Uno es una conjugación del verbo 'haber' que sí lleva 'h', mientras que el otro proviene del verbo 'echar'. También está el verbo compuesto 'echar-se' que tampoco lleva 'h', o la palabra 'echo' de suceso o acción pasada. Ya ves, aunque aún se me cuelan faltas (al principio estuve tiempo con el problema de 'solo' y 'sólo'), intento revisar un poco lo que pongo aunque continúan saltándose algunos errores, básicamente producidos al escribir de soplón y según voy imaginando.
Uff, te he puesto una respuesta enrome!! (Otro error, lo sé, es el echo de poner nada más que un signo de exclamación/interrogación, pero eso es sólo porque me da pereza, jajajaja). Por tu nick y fics leídos… ¿no eres de España ni Latinoamérica, verdad? Bueno, en todo caso, encantada de saber que sigues aquí leyendo. Espero que no te desesperes mucho con mi demora… Venga, hasta pronto!

Después de algo más de un mes en falta, aquí vuelvo para dejaros el capítulo 32. No es una gran cosa (como siempre), pero la verdad es que me cuesta un montón escribir algo. Y no sólo pq apenas tiene gracia literaria, sino pq ahora mismo tengo un montón de preocupaciones que me rondan por la cabeza y que no dejan que la inspiración salga hacia mis dedos (nada grave, pero realmente molesto, un verdadero quebradero de cabeza). Hay que ver lo complicada que puede ser la vida…
En fin, no voy a enrollarme más pues ya he hecho bastante por hoy. Decir que agradezco a Paty su review de apoyo que me hizo incluso ruborizar. Tenéis un mejor concepto de mí de lo que yo misma me tengo. Venga, pues, gracias a todos los que habéis dejado vuestra opinión y a los que siguen leyendo a pesar de llevar tanto tiempo ya con esta historia alternativa. Un beso y hasta el próximo capítulo!

-Ithae-


Capítulo 32 – Lazos

Se encontraron rodeados por rocas y más rocas, iluminados sólo por una tenue luz fruto de algunas antorchas colgadas en aquellas frías paredes. El aire, impregnado de la humedad de una gruta profunda, llegó a ellos inesperadamente. En ningún momento habrían esperado encontrarse en un lugar como aquél, sin ninguna salida, en medio de una caverna desconocida. Sólo había algo que les resultó familiar.

Apartada a un lado de la gran sala rocosa cuyo techo desaparecía de su mirada, una mujer ataviada con sencillos ropajes de abrigo se adelantó a las sombras que la resguardaban dejando a la vista sus facciones. Su pelo, negro como la más oscura de las noches, y sus ojos grises, brillaron resplandecientes bajo las caprichosas llamas. Dejando caer los brazos a los lados, les dedicó una media sonrisa.

- Me alegro de volver a veros.

- Y nosotros de poderlo hacer.- respondió alegre.

- Vamos. Os están esperando.

Dando media vuelta, la chica los condujo por la única salida del lugar escondida tras las sombras. No se hicieron esperar.

- La verdad es que habéis tardado en responder…

- Han sucedido cosas.

- ¿Va todo bien?- preguntó intrigado por su tono apagado.

- Lo siento.- dijo volviéndose hacia ellos con una sonrisa de disculpa.- Pero no me corresponde a mi responderos.

Cruzando un largo y estrecho pasadizo rocoso cuyas piedras amenazaban en arañarles la piel con el primer paso en falso, pronto llegaron a otra sala mucho más acogedora donde les pidió que esperaran con otra disculpa.

Irid había cambiado.

La mujer licántropa acababa de mostrarles cuál cambio había hecho. Su recibimiento había sido completamente distinto y la verdad es que agradecía aquella bienvenida mucho más calurosa. Sin embargo, su respuesta le tenía preocupado. ¿Qué habría pasado desde su última visita?

Largas estalactitas milenarias colgaban decorando con cierto misticismo el lugar. Piedras cristalinas y el reflejo de un frío río dibujaban misteriosas formas en aquellas paredes de desniveles iluminadas por más fuegos brillantes. Una puerta de hierro cerraba el acceso a lo que debía ser la única salida a aquella red de salas y cavernas.

- Oye Draco.- dijo sin desviar su mirada de la puerta. El chico, prestándole atención, se aproximó a su lado dirigiendo su atención hacia el mismo punto mientras le escuchaba.- ¿Qué sabes de Aberforth?

No esperaba aquella pregunta, en realidad le había salido como un impulso y, aunque no tenía nada que ver en la situación en la que se encontraban, se vio contemplando la tensión que le había hecho al enterarse de la identidad del hombre y la posterior confrontación.

- Poco. Más o menos lo mismo que tú, incluso puede que menos. ¿Por qué¿Acaso dudas de él?

- No me gusta.

- Es el hermano de Dumbledore.

- Lo sé, pero sigue sin gustarme.

- ¿Ha pasado algo?

- No. Aún.- añadió frunciendo el entrecejo.

- Si tanto te preocupa, mejor pregúntale a Sirius sobre él. Me parece que se conocen. Al menos, durante la cena han estado hablando alegremente.

A Harry no se le escapó el modo en que había llamado a su padrino. ¿Desde cuándo Draco hablaba de él con tal familiaridad? Es más, dudaba que, a parte de él, llamara a nadie más por su nombre de pila…

- Lo haré.- dijo apuntándose en la memoria aquella tarea. De pronto, se acordó de algo más que quería comentarle y, aunque quizá no era el mejor momento para hablarlo, pensó que quizá tardaría antes de volver a tener una oportunidad como aquella. Así, sin repensarlo siquiera, no dudó en reanudar la conversación.- Por cierto…- con una expresión más seria de lo que imaginó, se encaró a él haciendo que una expresión de sorpresa e intriga cruzara por su rostro.- No le hagas daño.

- ¿A quién?- preguntó mirándole completamente descolocado tras unos segundos de colapso. ¿A qué venía eso?

- Confío en ti. Te he confiado mi vida y no dudaría en volverlo a hacer, incluso te considero como un hermano pero… Pero si le haces daño, no te lo perdonaré.

- ¿Vas a decirme de qué estás hablando?

- Ginny.- dijo secamente.- Os he visto al comedor. Su mirada no engaña, está enamorada.- espetó mirándole con dureza, esperando ver algo, lo que fuera, en él. Algo que le indicara una emoción, una sensación, incluso un pensamiento. Pero para su mayor desconcierto, sólo pudo ver determinación y serenidad en sus ojos.

- Así que es esto.

- Déjala. No quiero verla sufrir. No es como las otras chicas con las que has estado, Draco. Ella no.

- No voy a hacerle nada.

- No te lo perdonaré.

Su hermano no le respondió, en vez de esto se mantuvo firme, mirándole sin siquiera pestañear, con sus ojos grises fijos en él, intentando transmitirle una seguridad y valor que nunca antes había visto en ellos.

- Nunca le haría daño.

Su expresión cambió por una sincera sonrisa de afecto. No sabía muy bien qué le había llevado a aquel sentimiento de protección hacia la pequeña Weasley, como tampoco la idea de defenderla aunque aquello significara enfrentarse a su propio socio, pero la mera idea de que pudiera ser herida le enfurecía. De alguna manera, sentía el deber de protegerla y, no sólo a ella, sino también a Draco a pesar de tener que combatir contra él para conseguirlo.

- Fue ella quien te hizo cambiar¿no es cierto?- murmuró con una mueca burlona.

- Todo el mundo tiene a alguien.- al comprender su aceptación aún cautelosa, se encogió de hombros en su respuesta. Había acertado por segunda vez, no merecía que le evadiera.

- No voy a negarlo.

Las pesadas bisagras de hierro se movieron con asombrosa facilidad dejando el paso a una energética figura cuyo andar no se detuvo hasta llegar frente a ellos. Un chico, de unos veinte y tantos, les hizo una rápida reverencia y, con voz firme, les pidió que le siguieran. Sin mediar palabra y con las facciones sombrías, no dudaron en reanudar la marcha tras su paso. No sabían el porqué, pero el hecho de que fuera aquel desconocido y no alguno de los Padres cuya presencia esperaban recibir fuera quien se había mostrado ante ellos en su espera, les impactó haciendo que todos sus sentidos se activaran con alerta. Algo les decía que la situación era mucho más complicada de lo que habían podido pensar.

Cubierto por oscuros ropajes y una capa negra magullada, el individuo no esperó a que los invitados siguieran su apresurado paso hasta su destino, sino que siguió dando por supuesto que allí estaban. Pero, en realidad, ambos chicos tuvieron que acelerar su marcha para no perder de vista a su urgente guía, el único que sabía el camino correcto.

Perdiéndose entre pasillos y más pasillos sin ninguna brizna de luz más la que parecía reflectar frente a sus miradas, se dejaron llevar sin saber donde estaban ni lo que les esperaba más allá. Y fue justo cuando pensaron que se habían perdido, que el joven se detuvo repentinamente apartándose a un lado para darles paso a una pequeña y nueva sala. Ésta vez, la madera y algunos muebles para acomodarse se presentaron ante ellos haciendo que una involuntaria sensación de alivio cruzara por sus corazones.

- Bienvenidos.- dijo una mujer levantándose junto a dos hombres más quienes habían permanecido sentados en unas mullidas butacas junto a un cálido y, sospechó Harry, mágico fuego.- Sentaos, por favor. Hay mucho que hacer.

Enseguida reconoció a Kiera y a Jorad. En cambio, el tercero resultaba un tan peculiar. Vestía una larga túnica violeta con destellos rojos a lo largo y ancho del traje, bolas de la mida de una canica unidas a la tela con maña y trabajo. Pero su vestimenta no era lo único excéntrico de aquél personaje. Lucía un pelo largo y desmarañado de color castaño con las puntas blancas, sus ojos caoba brillaban entre sus facciones pálidas, arrugadas y algo demacradas. Sólo la barba, bien recortada y cuidada, lucía favorablemente en aquél carácter tan impactante. Sostenía un largo bastón lleno de nudos y desniveles con su mano vieja y nudosa. De no saber que estaba frente a dos de los poderosos Padres de la raza de los licántropos, Harry habría pensado que aquél viejo loco se había escapado de algún manicomio declarándole, con sólo verlo, un grave peligro para la sociedad. Sin embargo, parecía alguien importante… al menos, quienes le rodeaban eran importantes.

- Tal y como dijimos, aceptamos vuestra propuesta de alianza.- empezó Kiera con seriedad. Los cinco estaban sentados unos frente a otros en un círculo que los disponía a todos por igual y sin diferencias. Aquello, razonó el chico, demostraba hasta qué punto había sido aceptada su palabra y no pudo sino suspirar en su interior con gratitud.

- Antes de nada y si me permitís la pregunta… ¿A qué se ha debido vuestra tardanza?

- Hemos tenido bajas.

- ¿Bajas?- murmuró su hermano con extrañeza.

- Poco después de que os marcharais, fuimos atacados por el grupo de renegados que encontrasteis. A pesar de matar a gran cantidad de ellos, algunos consiguieron escapar. Unas semanas después se presentaron con magos y otras criaturas e intentaron destruir el pueblo. Muchos de los nuestros murieron en aquél ataque cobarde.- resumió con furia controlada el joven Padre.

- Mirug fue uno de ellos.- se afanó a decir viendo sus miradas sobre su viejo acompañante.- Os presento a Hravth, el nuevo Padre del Clan de la Luna Roja.

El viejo hizo un leve asentamiento con la cabeza y, tras un corto silencio después de aquella rápida explicación, no dudó en tomar la palabra. Harry, aunque aquella explicación le había sabido a poco, decidió no hurgar más en sus recuerdos pasados a sabiendas que no tenía ningún derecho y sólo sería mera curiosidad.

- Se me ha hablado de vosotros, así que podemos prescindir de las presentaciones. Vayamos al grano, jóvenes.- dijo con una energía que no habría creído capaz en él. Su rigurosidad había despertado tras la presentación, tomando inesperadamente las riendas, algo que a los dos chicos impresionó.- Es hora de poner las cartas sobre la mesa.

"De los tres clanes, ha sido el de la Luna Roja el que ha quedado más perjudicado al perder a su líder a quien bien recordamos. Sin embargo no nos hemos quedado estos meses sin hacer nada. Ahora mismo tenemos a más de ciento cincuenta lobos experimentados preparados para luchar.

- Nuestro objetivo son los vampiros renegados y aquellos que atacaron nuestra villa.- expuso Jorad con la misma furia y rabia que le había acompañado hasta ahora. Harry imaginó que aquellas bajas eran mucho más numerosas y graves de lo que les habían expuesto.

- ¿Cuál es la situación de batalla?- preguntó Kiera volviendo a tomar el papel de mayor sabiduría y frialdad del grupo.

- El enemigo dispone ya de grandes filas humanas a las que no hay que menospreciar.- repuso con gravedad a sabiendas del menosprecio que aquellos seres demostraban hacia los magos.- Hace poco hemos podido comprobar hasta qué punto ha conseguido desarrollar sus pactos con la oscuridad. Cientos de deméntores, troles… los vampiros, sin embargo, parece ser que han deseado mantenerse al margen reduciéndose sólo a aquellos quienes afrontasteis. Los Antiguos no han hecho ningún movimiento que diera a entender su conformidad.

- Es cierto. Yo misma acordé una tregua hace dos semanas donde repudiaban a los rebeldes expulsándolos de sus derechos en el clan. Pero se niegan a participar en ésta lucha alegando que no es su causa.

- Era de esperar, su estado es casi de la extinción.- murmuró con el entrecejo fruncido.- Por nuestra parte, disponemos ya de la ayuda de algunos gigantes de las cuevas del norte.

- ¿Gigantes?- se sorprendió el joven Jorad.

- El enemigo dispone del favor del Jefe de Piedra, el mayor de la región este, y de la recién creada familia de la Cueva Gris. Unos treinta y dos en total.

- Demasiados. Siento decirlo, pero nuestra fuerza no es suficiente para hacerles frente…

- Por eso hemos conseguido algunos como aliados. Pocos, debo reconocerlo, pero estoy seguro de su fuerza.- dijo confiadamente. Su seguridad en la mirada fue tal, que ninguno objetó en su criterio. Harry confiaba ciegamente en el trabajo de Dumbledore, al igual que el hombre había hecho en él. Quizá tenía sus reticencias y había sus altibajos, pero no dudaba de la capacidad el viejo director. Y aún menos conociendo en primera persona quien era el jefe de aquél pequeño grupo de gigantes. Sonrió para sus adentros.- Trols, deméntores, mortífagos, banshees, basiliscos e incluso algunos Góblins de las Sombras… cada uno de ellos tiene su propio rival. Pero de los vampiros sólo vosotros podéis hacerles frente.

- Así será.- pronunció Kiera con solemnidad levantándose junto a los demás.- Aunque en un principio quizá os subestimamos, habéis logrado abrirnos los ojos. Por dicha hazaña y vuestra valentía bien demostrada, los tres Padres del Clan del Lobo aquí presentes os juramos nuestra fuerza en la batalla y nuestros poderes en la lucha. Nuestras filas caminarán junto a vuestros aliados convirtiéndose también en los nuestros. Juntos, obtendremos la victoria en ésta oscura guerra que se avecina y, aunque perezcamos, afrontaremos unidos el destino que se abra ante nuestras gestas. ¿Aceptáis pues nuestra justa palabra y nos consideráis como a iguales en la fuerza?

- Con sincero afecto aceptamos, señores míos.- dijo levantándose con su compañero quien, a pesar de no abrir boca, también hizo una ligera reverencia en conformidad.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- Ha sido una visita más bien fugaz¿no te parece?- susurró con cautela Draco al volver a emprender el camino por entre las frías paredes. Pero no le hizo falta que su hermano se lo recordara, en realidad Harry había tenido la misma impresión. Así que no dudó en decirlo aún cuando su respuesta fuera tajante.

- ¿Hay algo que no nos hayáis dicho, Kiera¿Qué está pasando?

- Hoy es luna llena.- respondió como si con aquello todo quedara resuelto.

- Me he fijado en ello. Y me sorprende, resulta extraño que hayáis elegido ésta noche para llamarnos.

- Cierto.- dijo volviéndose hacia ellos en su paso guía.- Pero no teníamos opción.

- ¿Por qué?

- El pueblo… ha sido destruido.- susurró con voz tambaleante. Irid, a su lado, bajó la mirada al suelo.

- ¿Cómo? Pero… creía que sólo había habido unas pocas bajas…

- No. Han sido más que unas cuantas… apenas han conseguido sobrevivir una veintena de nosotros…

- No es eso lo que se nos ha dicho.

- Lo sé, y lo siento. Sé que no es el mejor paso para forjar una alianza, pero no había motivo para hablar de ello en aquel momento.

- Pues yo creo que sí.- protestó ahora algo enojado. ¿Es que no confiaban en ellos¿No acababan de pedirles su confianza, acaso no acababan de forjar un pacto de amistad y solidaridad, de mutua ayuda? Pues bien empezaban…

- Harry…- volvió a murmurar su hermano ahora con un tono de advertencia.

- Disculpad.- repuso tras unos instantes.- No era mi intención ser grosero, pero debéis comprender que esto afecta a la situación.

- Lo sabemos. Es por eso que hemos hecho lo posible por encontrar a cuantos hemos podido, por reunir las fuerzas, y es por eso que no hemos cesado de prepararnos desde entonces. Nuestras pérdidas han sido enormes, Mirug, uno de los tres Padres ha muerto en batalla… Hemos sufrido nuestra propia guerra. Y, aunque hayamos perdido numerosas vidas, lo daremos todo en ésta lucha.- declaró con severidad. Su mirada, otra vez calmada y amistosa, ahora lucía con unas llamas de furia e ira que no había visto antes.- Aunque esto sea nuestra destrucción.

- No lo permitiremos, mi señora.- dijo ahora con una sonrisa afable.- Por si no lo recordáis, no estáis solos en esta guerra.

- Tenéis razón…- respondió con calidez devolviéndole la sonrisa.

- Y ahora que parece que todo está más claro¿qué me decís a eso de la luna¿Por qué hoy? Sois licántropos, y con la luna llena…

- ¿Nos transformamos?- con ánimos renovados, la mujer rió alegre.- No olvidéis que somos la rama principal de los licántropos. No somos iguales a los que han sido mordidos por hombres lobo. Nuestra sangre es pura. Nosotros hemos nacido con el gen lobisome, no es algo que haya sido inyectado e infectado la propia configuración genética. Nuestra transformación, aunque es durante la luna llena, puede ser aplazada si no nos alcanzan los rayos lunares. Además, en nuestra forma lobuna, seguimos manteniendo intacta nuestra conciencia de forma que ésta se convierte en una cualidad y no en una debilidad.

- ¿Conserváis el razonamiento?

- Exacto. Es un gran aliado y para nosotros la transformación es algo ventajoso.

Pronto llegaron en la misma caverna donde habían aparecido minutos antes.

- Aquí nos separamos por un tiempo. Irid vendrá con vosotros para ayudaros en lo que haga falta. Cuando todo esté listo, nos dará la señal e inmediatamente acudiremos a vuestro lado, listos para afrontar nuestros destinos. Iros, amigos míos, y cuidaros. Volveremos a vernos cuando sea la hora.

- Hasta pronto. Y, recordad, no estáis solos.

- Lo recordaremos.- dijo con una sonrisa.

Los tres, agarrando el collar que ya antes habían usado, se alejaron de aquella llama brillante cuya portadora sonreía nuevamente al verlos partir, con el corazón más ligero a pesar de la carga que aún soportaba. Pero sus palabras, su apoyo, le habían dado una nueva esperanza.

No tardaron en volver a pisar la húmeda y fría hierba cuyas gotas brillaban bajo la luz de la luna medio cubierta por las nubes.

Sin embargo, tan pronto como fueron capaces de entreabrir los ojos esperando a que su cabeza terminara de dar vueltas, en vez de encontrar a una altiva figura a su lado cuya sonrisa blanca y orgullosa le hacía suspirar con resignación, un precioso lobo enteramente negro le miraba sentado con poste engreído y vanidoso, con sus ojos plateados que reflejaban la luz de la luna.

- ¿Irid?- preguntó incrédulo. Menudo idiota… acababan de hablar sobre la transformación que sufrían aquella misma noche y no se les ocurre otra cosa que aparecerse en un descampado bajo la mismísima luna llena. ¿No podían haberse acercado un poco más a la casa hasta quedar bajo la sombra de sus cimientos¡Idiota!

La que había supuesto que era ella, se puso de cuatro patas dispuesta a seguir con su camino a pesar de no saber hacia donde querían ir.

- Pero tu ropa…- con un gruñido de advertencia y su mirada afilada, tuvo el conocimiento de que mejor era no tocar sus prendas aunque fuera para llevarlas con ellos.-Vale, vale…- repuso siguiendo la marcha hacia lo que sabía que era el camino hacia la casa. El humo que se levantaba a la lejanía les aseguraba la dirección.

- Estoy agotado…- suspiró su compañero tensando sus extremidades con un exagerado bostezo.- ¿Qué hora debe ser?

- Tarde.- respondió coincidiendo con él. También él deseaba irse a la cama para encontrar el sueño que le daría un pequeño respiro y, a pesar de que aquél día había permanecido la mayor parte durmiendo, la sensación de cansancio permanecía en su cuerpo casi como si fuera el reflejo de la hora nocturna.- Vaya hombre…

- ¿Qué ocurre?

- No me acordaba de la comitiva que espera a nuestro regreso…

"Ésta va a ser una noche muy larga…" pensó sintiendo como su agotamiento aumentaba con la idea.

- Dirás que esperan a TU regreso.- dijo con sorna.

- ¡Ah no! Tú te vienes conmigo.

- Ni hablar.

Distraídos en su discusión ambos fueron avanzando por entre los árboles guiados por los pasos de la loba quien, con elegancia, iba saltando los troncos caídos y esquivando los profusos matojos.

La noche, a pesar de su aire frío, les rodeaba con delicadeza, dejando que sus sombras quedaran difusas bajo la luz de la luna. Incluso las estrellas, brillantes en su cielo, se inclinaban dichosas ante el perfecto espejo divino que iluminaba la tierra dando una atmósfera de serena paz. El aire cuyo soplo no era más que una leve caricia, iba envolviéndoles casi como si, con su tacto, pudiera transmitirles las sensaciones que emitía el propio bosque. Y, a pesar de que su amistosa disputa aún seguía dándoles guerra, se dejaron impregnar por aquella tranquilidad que deseaba calmar sus corazones.

Sin darse cuenta, el calor del fuego les llegó a ellos traspasando cualquier muro, acariciándoles con cariño, llamándoles para darles la bienvenida a un hogar. Pero no así pensó Irid pues, con un animoso gruñido, dio media vuelta regresando de nuevo hacia el silencioso bosque. Tampoco iban a detenerla. Algo les decía que mañana volverían a verla, con su poste altivo y su sonrisa burlona, esperando que una aventura sacudiera su cuerpo y le animara a vivir.

Los dos, a pesar de haber estado negándose a aquello, dejaron sus capas en la entrada para dirigirse derechos hacia el salón donde un brillante fuego les esperaba junto a un grupo de caras interrogantes.

- ¿Y bien?- preguntó Ginny entrecruzándose de brazos pues nadie parecía querer empezar a exigir.

Harry, con una disimulada sonrisa divertida, miró de reojo a Draco quien ahora permanecía serio, aunque con un toque de burlona altivez. "Bien… pues vamos allá…" pensó acomodándose en una de las dos butacas libres. Mejor iba acomodándose…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Las horas pasaron con asombrosa lentitud. Nunca habría imaginado que le costaría tanto explicar todo cuanto había acontecido durante el último curso cuidando no decir más de lo que el mismo Draco sabía. Y a pesar de que le preguntaron sobre el verano desaparecido, se negó rotundamente a responder. Sabía que sus cambios habían sido debido a su estancia en el Templo junto a Shelyak, pero algo le decía que aquello era algo cuyos sabedores se resumían a él y al dragón. Pero, mientras se negaba a hablar sobre ello, se dio cuenta de que había alguien más que conocía la verdad. Hermione.

La existencia del dragón era algo que ya todos sabían, por lo que no pudo sino confesar que se había convertido en un compañero cuyo destino se había cruzado con el suyo. Shelyak, así les aseguró llamarle, había demostrado ser un animal cuya fuerza era por menos extraordinaria. Y, mediante el reptilingue, se había convertido en un aliado capaz de ayudarle cuando más le necesitó.

Entonces llegó al turno de su paso junto al Lord Oscuro, algo que había temido llegar desde que supo que les debía una extensa explicación.

Sabía que ninguno de ellos sería capaz de comprender su situación, que nadie comprendería su necesidad por vivir, su desesperación por ser capaz de existir, de no morir por una causa que se había visto obligado a encabezar. En realidad, quizá sólo Draco era capaz de vislumbrar aquella desdicha. No les había dicho nada sobre su destino, se negaba a mostrar hasta qué punto había llegado su vida pues lo que menos deseaba era ver pena, compasión e incluso temor en sus miradas. Odiaba ser el centro de sus preocupaciones o de sus cuchicheos, al igual que no soportaba que nadie más se interesara por su destino pues lo consideraba suyo y, de la misma forma, sabía que era él y no los demás, quien debía decidir sobre ello. No, no iba a decirles nada sobre la muerte que le esperaba tras su cometido, tras su lucha a la que no iba tardar en acudir. Se mantuvo impasible y les dijo sólo aquello que necesitaban saber, aquello que afectaba sobre sus vidas y destinos, aquello que les haría decidir sobre el camino a tomar.

Mirando sus caras, se vio sonriendo en su interior al comprobar que todos ellos se comportaban tal y como había supuesto que harían. Snape, apartado junto al fuego y escondido entre las sombras que ofrecía, se mantenía impasible, atento a todos ellos y en nadie en especial. Sirius, sin embargo, le miraba con intensidad, con una fuerza abrumadora, casi como si con ella quisiera transmitirle hasta el último aliento de vida que poseía, y aunque había imaginado que saltaría de la silla directo hacia él, se contuvo manteniendo el poste severo y solemne. En cambio, no estaba muy convencido del comportamiento de sus reencontrados amigos pues, al parecer, todos habían cambiado durante aquellos últimos sucesos.

Aberforth, los gemelos y Hermione mantuvieron sus expresiones estáticas, y aunque no conocía aún demasiado al viejo mago, le sorprendió que ella no demostrara algo más en sus facciones, como si esperara algún tipo de emoción aflorar en sus ojos que le indicaran sus pensamientos. No así fue Ginny quien, a pesar de sonreírle con aceptación, no pudo evitar dirigir su atención hacia el otro Weasley que mantenía la cara medio oculta mirando al suelo, esperando la reacción que realmente aguardaba el joven mago cuya mirada volvió a centrarse en su examigo. Y, aunque quería creer que aquello le había devuelto su confianza, un doloroso pensamiento de irrecuperable pérdida le paralizó el corazón. ¿Podría volver a contar con él? Con su compañero, su amigo, su mejor amigo…

- ¿Por qué no nos has pedido ayuda¿Por qué no has acudido a nosotros¿Acaso no éramos amigos?- murmuró con rencor y, a pesar de no ser más que un susurro, todos pudieron oírlo con perfecta claridad.

- No era tan fácil.- repuso con recelo.

- Pero para esto están los amigos¿no?

- Ron…- susurró su hermana con enojo.- Ya nos ha contado todo cuanto debía y ahora sabemos más que nadie sus motivos. Creo que lo menos que podemos hacer es darle nuestro apoyo.

- Siempre ha tenido mi apoyo.- dijo ahora levantando la mirada y clavándola en él. Su intensidad fue tal, que una sensación de incomodidad se apoderó de su cuerpo. Era como si quisiera decirle…

- Bien, entonces.- dijo levantándose de golpe. No quería seguir allí, demasiado había hecho abriéndose a ellos, sincerándose con ellos cuando nada más que un sentimiento de lealtad le obligaba a ello. ¿Y qué recibía a cambio? Reproche. Pues no iba a consentirlo. No iba a pedir perdón por algo que no le incumbía. Además¿quién se creía al recriminarle su comportamiento? Ya había pagado por sus actos, se había redimido y estaba haciendo lo posible por eximirse de sus errores dando todo cuanto tenía. Incluso estaba preparado por dar su propia vida para aquellos a quienes había terminado por apreciar más incluso que su existencia.

- ¡No, espera…!- exclamó la pequeña pelirroja al ver que hacía el afán de irse. Furiosa, se giró hacia su hermano mirándole con ira.- ¡Pídele perdón!

- ¿Por qué debería hacerlo? Ha sido él quien…

- ¡AHORA!

- No eres quien para…

¡PLAF! Con un gruñido de sorpresa y dolor, Ron se puso la mano en la mejilla ahora roja que acababa de recibir una sonora bofetada de su hermana. Con los ojos entrecerrados y una expresión de verdadero odio, Ginny respiraba aceleradamente frente a él. La mano que segundos antes le había golpeado, le apuntaba ahora con la varita.

- Maldito crío. ¡Haz el favor de madurar de una vez! Harry ya ha hecho su parte, ha hecho mucho más de lo que podríamos haberle pedido. Y tú sólo… ¿sólo eres capaz de pensar en ti¿Pero qué coño te pasa, Ron?- chilló amenazando en hechizarlo.- ¡Ve a por él y discúlpate!

- No me…

- ¡No hagas que te lo repita!

Gruñendo, se levantó siguiendo las órdenes de su hermana. En aquellos momentos, a pesar de ser más pequeña, le pareció ver a su madre con un cuerpo mucho más joven. Por un momento, se horrorizó ante la idea de que aquella pequeña y llorona Weasley que había crecido entre hombres terminara por ser una versión más peligrosa de señora Weasley. Incluso dudaba que consiguiera alguna vez que alguien se acercara a ella sin temor a ser convertido en un insignificante escarabajo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Suspiró.

Justamente por eso había estado evitando aquella conversación. No quería tener que recordar todo por lo que había pasado, rememorar sus dudas, sus temores, sus errores, ver hasta qué punto había fallado… y, sobretodo, ver las caras de desilusión de sus amigos. En especial la de él. Pero había ocurrido, allí estaba. Y a pesar de haber deseado la posibilidad de que pudiera comprenderlo, de que todo volviera a ser como antes, el sueño había terminado por ser como todo lo demás, una mera ilusión fantástica que nunca se cumpliría.

Cansado, se masajeó las sienes en un intento de aligerar el peso que las comprimía. Siguiendo el instinto de relajación, estiró las extremidades con un bostezo.

¿Por qué siempre tenía que terminar todo así? Él sólo quería… ¡bah! En realidad había sido un iluso¿qué se esperaba? Nunca debió soñar con volver a emprender los días de niñez junto a sus amigos, unos compañeros que había conocido en aquél nuevo mundo mágico que se destapaba frente a sus ojos con maravillosa alegría. Pero ahora… todas aquellas luces, aquellas fantasías, se habían reducido a un inmenso desengaño demasiado doloroso de recordar. Todo había demostrado ser una cruel mentira. Pero daba igual, estaba acostumbrado… la verdad era que ya se había acostumbrado a aquél tipo de decepción.

El ruido de la puerta al abrirse hizo que sus sentidos se activaran regresando del duermevela que los había desactivado mientras cavilaba en la noche.

La tos del recién llegado le sorprendió pues no esperaba que fuera justamente él el que fuera a encontrarlo. Aún así, no permitió que aquella nueva ilusión se reflejara en su voz. Adoptando una máscara de fría indiferencia que tan bien sabía ya usar, Harry no se dignó siquiera en volver la mirada hacia él, alejando su vista perdida en el horizonte.

- ¿Qué quieres?- preguntó sin interés.

- Mmm… esto…- murmuró indeciso.- Supongo que… bueno… quizá me he pasado y… en fin… Lo siento.

- ¿Y?

- ¿Y qué? Ya te he pedido perdón¿acaso no te parece suficiente?- exclamó furioso.

Harry, sintiendo que se encontraba como antes, decidió callar. No lo comprendía pero en vez de sentirse mejor, se encontraba aún más desilusionado. Era como si, con el mero hecho de decirle aquello, su amistad se hubiera distanciado aún más…

- Eso es todo.- volvió a decir Ron como si con ello diera por zanjada la conversación a su favor. Dispuesto a regresar a la casa, dio media vuelta aunque, por unos segundos, se mantuvo estático en el lugar.

- Si te han pedido que dijeras eso, no hacía falta.

- ¡Claro, ahora hazte la víctima!- gritó enojado volviéndose hacia él. Al escucharlo, Harry se levantó encarándose al chico aunque manteniendo su expresión de indiferencia.

- ¿Pero qué te pasa?

- ¿Que qué me pasa¡Tú eres lo que me pasa¡Todo esto¡Maldito seas, Harry¿Te lo he dicho, no¡¿Por qué no nos pediste ayuda¡¿Por qué no me dijiste nada¡CREÍA QUE ÉRAMOS AMIGOS!- chilló ahora rojo de ira.

- Yo también.

- ¡Oh, vamos! No me vengas con esas. ¿A qué crees que estás jugando¡Deja ya ésta máscara!- bramó acusándole con el dedo.- Quizá hayas engañado a los otros, pero no a mi. ¿Desde cuándo te cubres con ella para engañarnos¿No tuviste suficiente por el curso pasado? Creí que habías dicho que confiarías en nosotros¡en mi! Y en vez de esto, vas y te largas junto a Vol… Vol-d-d-mor… ¡Voldemort!- gritó dando un fuerte golpe al suelo. El nombre impactó a Harry, sobretodo porque había sido Ron quien lo había nombrado.- ¡Confiaste más en la serpiente de Malfoy que en nosotros!

- No llames así a Draco.

- ¡¿Draco?!- exclamó fuera de sí.- ¡¿Y ahora le llamas por su nombre de pila?!

- Draco es como un hermano para mí. Ha hecho más de lo que nunca podrás imaginar. De no ser por él, tú y tu familia estaríais muertos, al igual que casi toda la sociedad mágica. De no ser por él, yo ahora estaría muerto.

- De no ser por él… de no ser por él… ¿Y qué ha hecho que le hace tan especial, eh?

- Salvarme.

Por unos instantes, Ron se mantuvo en silencio, impactado por la sinceridad de Harry.

- ¿De qué te salvó?

- Del suicidio. Me tendió la mano cuando no veía ninguna esperanza, ha compartido el mismo dolor que yo y ha vivido lo mismo que yo.- suspirando cerró unos instantes los ojos para, dejando ya aparte la máscara que hasta entonces había utilizado, volver a mirarle ahora con una acumulación de sentimientos que se colapsaban en su mirada.- Me equivoqué al irme junto a Voldemort, pero para mí era la única salida. Una salida al pozo negro que se estaba cerrando a mi alrededor…- susurró con debilidad.- El tiempo que llevé allí… la vida no era fácil… pero él me tendió una mano. Me dio una salida, me enseñó otra opción. Y aunque aquello podía haberle matado, no dudó en ayudarme aún cuando arriesgaba su propia vida.- levantando la mirada hacia él, siguió hablando.- Para mí, Draco es como un hermano.

- ¿Y yo, qué soy para ti¿Un estúpido Weasley que…?

- Eres mi mejor amigo.- cortó con una sonrisa débil.- Porque fuiste tú, Ron, quien me aceptó y enseñó lo bueno de este fantástico mundo mágico. De no ser por ti, nunca habría sido quien soy ahora.

Sin poderlo evitar, el chico sonrió en respuesta.

Un puente, un estrecho pero resistente puente acababa de construirse entre ellos, mucho más fuerte que el que antes había existido. Había algo… quizá fueran aquellas palabras, el hecho de haber mostrado todo cuanto había sucedido, de haberse expresado hasta qué punto habían sufrido en su propio camino, aquello que había terminado por unirles. Aunque también podía ser aquella mágica noche la que había permitido que una vieja amistad regresara de entre la confusión, más brillante aún que en sus inicios, más pura incluso que lo que habrían podido imaginar. Los celos y el recelo no tardaron en desaparecer como si no fuera más que una nube en medio de un extenso prado.

- Perdóname. Por… lo de antes. Ya sabes…- se excusó entrecortadamente.

- También tú.

Como si volvieran a tener 11 años y terminaran de conocerse, ambos rieron sin incomodidades ni vergüenzas, libres de toda tensión. Aquella risa les pareció lo más gratificante del mundo. Sin embargo, Ron no pudo evitar llevarse la mano en la mejilla con un leve gruñido de dolor. Realmente le dolía.