Antes de nada perdón por el retraso, como siempre multitud de cosas han terminado por demorar la subida del capítulo. Vamos allá: reviews.

al: no eres el único que ha tardado en decir algo, así que no te preocupes, yo también me disculpo por la demora. Nos vemos!

Pedro I: pues me alegra que te dejara con la intriga. Aquí tienes la continuación para que no te quedes esperando otro mes más. Hasta el siguiente capítulo!

Paty: qué haría yo sin vuestro entusiasmo… no lo merezco, la verdad. No voy a decirte mucho ésta vez (al igual que los demás), pues parece que el tiempo acompaña a mis ánimos. Venga, nos vemos chica!

lolo: sí, Aberforth se refería a la Onda. Perdón por si no quedó del todo claro, pero lo que Harry sintió tiene que ver con lo que Aberforth dijo que le contaría. Espero que lo entiendas con el capítulo, si no es así pregunta, encantada de responderé. Chao!

jorgemtz88: no te gusta esa pareja, eh? Bueno, con el tema parejas no me gusta discutir, cada cual tiene sus gustos. Los míos, como ves, los expongo en el fic aunque, por el gusto de muchos, evito convertirlo en algo que guíe el hilo de la historia (que no es un fic amoroso, vaya). Espero verte más por aquí, bye!

Ésta vez he sido bastante rápida con los reviews. Dejando a parte el tiempo del que disponga, la verdad es que hoy especialmente estoy sin ganas de escribir y en un aire completamente pesimista. Así que, lo siento mucho, pero mis críticas por el capítulo son realmente duras. Me he visto obligada a subir lo que tenía hecho porqué me he hartado de tener ese peso en conciencia (os dije que tardaría menos de un mes y me estoy pasando), sin embargo no estoy nada orgullosa de lo que escribí hace una semana (la segunda parte del capítulo). Espero que pase desapercibido y no me dejéis por ese trozo que me parece horrible aunque debía ponerlo de alguna forma.

Pues eso… a ver si mis ánimos mejoran y la racha literaria vuelve a apoderarse de mi imaginación, que ya falta poco por terminar!!! Nos vemos en el próximo capítulo¡HASTA PRONTO!

-Ithae-


Capítulo 34 – Aprendiz de la oscuridad

Hacía poco que el último de ellos había decidido que la hora de irse a la cama era ya en su límite cuando Harry, alegrándose de que al fin pudieran estar solos de una vez, apartó de él un aburrido libro sobre las aventuras de un excéntrico mago en un pequeño pueblo galés y levantó la mirada hacia el otro hombre que aún permanecía en el salón en paciente espera. Aberforth observaba relajado el crepitar del fuego sin mostrar ninguna prisa ni aprensión por el ansia que inundaba al joven muchacho. Aún así, no hizo falta verle levantarse hacia él ni sentir la energía que seguía acelerando al chico para saber que su espera había llegado al límite. Con una sonrisa entre comprensiva y divertida, dejó que Harry tomara asiento en la butaca junto a la suya antes de decidirse a hablar.

- Tu abuelo Harry era un hombre muy peculiar. Aún me acuerdo de la primera vez que le vi, atajado con una polvorienta capa gris y un sombrero de paja.

- ¿Conoció a mi abuelo?

- Demasiado bien. Tenía la absurda costumbre de tomarse el té de las cinco con ridícula puntualidad. En realidad, debo añadir que aquella extraña forma de entender el tiempo era debido a su preciado reloj de oro. Un reloj único, un tesoro de los Potter durante siglos. Lástima que nunca llegara en manos de tu padre, aunque seguramente habría terminado por venderlo.

- ¿Por qué?

- Nunca le gustó.- dijo encogiéndose de hombros.- Se diría que funcionaba mediante artes… negras.

- ¡¿Qué?!

- No hay porqué alarmarse, muchos objetos mágicos funcionen gracias a ellas y nadie se escandaliza. Además, era una verdadera belleza.

- ¿Y por qué no le gustaba a mi padre?- preguntó curioso.

- Antes de que naciera James, Harry era un hombre riguroso e inflexible. No cesaba ante nada ni nadie, era capaz de alzar armas contra todo aquél que le retara o desobedeciera, y, sobretodo, odiaba que alguien le contradijera. Una vez, tuve que luchar a duelo contra él sólo por negarme a comer un trozo de tarta. Aunque… también debo decir que llegué con una hora y media de retraso.- murmuró distraídamente.- La puntualidad fue algo que le marcó durante toda su vida, no aceptaba los retrasos con facilidad, y tu padre era un experto en ellos. Pero no le culpo. Aquél reloj tenía la peculiaridad de adelantar la hora o atrasarla según le conviniese.

- ¿Acaso era un giratiempos?

- No exactamente. No era capaz de mover el tiempo, lo único que hacía era mover sus agujas según el acontecimiento. Por ejemplo…- dijo al ver que seguía sin comprender.- Si hacías tarde o ibas a llegar demasiado puntual, el reloj se adelantaba unos minutos de forma que, a su mirada, habías llegado con retraso. Y lo mismo sucedía a la inversa. Podrías decir que tenía cierto sentido del humor, aunque éste humor costó a tu padre más de una reprimenda. Pero también tenía su punto bueno. Era increíblemente exacto y sólo indicaba a su dueño Potter la hora verdadera, además de tener una peculiar función: orientar. Salvó a Harry en más de una vez. Si mal no recuerdo, movía sus agujas hacia dónde él quería ir como si fuera una brújula sólo que su indicación era el deseo y la imagen de su dueño y no la fuerza magnética.- sonrió como si recordara algo y, dejando escapar una carcajada, le miró con afectuosidad.- James odiaba aquél cacharro.

- ¿Y qué pasó con el reloj?

- Fue destruido.

- ¿Por quién?

- Por Voldemort.

El nombre se expandió en un repentino silencio que le hizo olvidar la calidez que aquellos recuerdos había despertado en él.

Dejando escapar un suspiro, se recostó en la butaca y, permitiendo que las emociones que habían navegado en sus recuerdos volvieran a calmarse, entrecerró los ojos decidiendo retomar la explicación que, sin desearlo, había acelerado los hechos.

- ¿Sabías que todos los Potter estudiaron en Hogwarts desde su fundación? Puedes sentirte orgulloso.- dijo dirigiéndole otra sonrisa.- A diferencia de tú o tu padre, Harry consiguió destacar con excelentes notas. Hacía verdaderas maravillas con su varita y era un magnífico hechicero, incluso me atrevería a decir que tanto o mejor que Albus. La Consejería de Windemburg, el actual Ministerio de Magia, le pidió su integración con nada más que 42 años, algo realmente fuera de lo común teniendo en cuenta que los magos que lo formaban tenían hasta 65 años el más joven. Pero rechazó la oferta, algo que se creía impensable por su absurdidad, aunque más tarde fue proclamado miembro de honor encabezando la Mesa de los Veinte Sabios.

- ¿Y eso qué es?

- ¿No lo has estudiado en Historia de la Magia?- preguntó con una sorpresa que enseguida se transformó en picardía.- Si escucharas en vez de dormir, sabrías que esa Mesa fue, durante 725 años, una agrupación de los hechiceros más habilidosos del país cuyo objetivo residía en ofrecer la sabiduría y el poder al Consejo frente a acontecimientos de interés superior. Como ves, estas agrupaciones de poder son algo comunes en las sociedades mágicas. Sin embargo, actualmente quizá el Wizengamot sea el único organismo antiguo que aún permanece activo.

"Harry Edward Potter fue un increíble mago. Y, al parecer, su nieto está demostrando ser un auténtico predecesor.- añadió guiñándole el ojo.- Hubiera podido pasar a la historia como el heredero de Merlín… hubiera incluso superado a Albus llenando libros y libros de autobiografía, lo hubiera podido tener todo. ¡Incluso su apellido le habría ayudado a conseguirlo! Pero, en vez de la fama, prefirió dejarse llevar por una vida tranquila y apartada. Los Potter son una familia antigua, rica, bienaventurada, reconocida… un largo linaje de poderosos magos que encontró a su perfecto modelo en tu abuelo y que iba a ser seguido por tu padre. Habían muchas esperanzas puestas en él…- entristecido, suspiró con pesar y dejó que un par de estallidos del fuego llenaran el vacío de su silencio antes de proseguir.- Conocí a tu abuelo en uno de mis viajes… bueno, quizá debería decir que lo conocí en una de mis misiones. Por aquél entonces, Harry apenas tenía los treinta. Al igual que todos los magos cuyos conocimientos mágicos superan a los establecidos, tuvo que salir del país para aprender más allá de los libros y convertirse en un verdadero genio. Pero lo que buscaba era algo que iba más allá de lo que podía encontrar en libros, deseaba conocer la fuerza de las artes oscuras. Algo similar a lo que yo buscaba, sólo que, en mi caso, opté por otro camino.

- ¿La magia negra? Mi abuelo…

- Por aquél entonces, la hechicería oscura no era perseguida.- cortó con un tono de advertencia en la voz. Al parecer, no le gustaba la fama que aquella rama mágica había adquirido con el tiempo hasta ser acosada por la autoridad.- ¿Sabes quien es Grindelwald, no?

- Un mago oscuro.

- No sólo eso. Grindelwald fue un verdadero maestro en la magia negra. Consiguió lo que muchos antes que él no habían logrado, su dominio fue tal, que incluso la Consejería, temerosa de su creciente poder, no tuvo otro remedio que decretarlo un peligro para la sociedad mágica. Se enviaron cientos de experimentados magos a su captura, pero ninguno de ellos consiguió más que su propia muerte.

- Debía ser muy poderoso, pues.

- Lo era.- afirmó con una mueca amarga.- Y yo fui su único alumno.

Harry detuvo todos sus pensamientos y reflexiones al escuchar aquella nueva revelación. ¿Qué le había dicho¿Había oído bien? Algo no funcionaba. ¿Alumno de Grindelwald¿Aberforth Dumbledore…, el hermano de Albus Dumbledore, el mismo que había terminado con aquél mago oscuro cuyas gestas estaban llenas de muerte y terror?

- Como te he dicho, yo, al igual que tu abuelo, deseaba conocer la rama oscura de la magia.- repitió lejos del desconcierto del chico.- Me intrigaba y fascinaba, su poder, su fuerza… La magia negra, aún cuando no estaba prohibida, tampoco era muy divulgada entre la sociedad mágica. Lo único que podías aprender era un diminuto destello de ella por lo que, para saber más, sólo podías embarcarte más allá de las fronteras esperando encontrar alguna cosa que te siguiera guiando por sus intrincadas ramas desconocidas. Yo tuve la suerte de encontrar a un fascinante hombre cuyos conocimientos superan incluso a los del mismo Voldemort. No dudé en pedirle su tutoría. Tampoco fue fácil, cabe decir, pero su maestría me ayudó a dominar las bases necesarias para poder usar ese poder.

- ¡¿Pero qué está diciendo?!- exclamó levantando la voz que rápidamente controló a duras penas.- ¡Grindelwald fue un mago oscuro, un asesino¿Cómo puede estar hablando de él con tal tranquilidad¿Cómo pudo hacerse su pupilo sólo por saber…?

- No eres el más indicado para recriminarme esto. ¿No has sido tú quien ha ido bajo la sombra de Voldemort para aprender de la magia oscura?- reprendió con dureza.

- No fue por eso…- gruñó entre dientes.

- Aún peor, porque entonces no fue más que un acto cobarde.

- ¡Y tú qué vas a saber!- siseó con ira sin importarle la falta de respeto que estaba mostrando.

- La verdad es que nada, y tampoco me importa.- confesó serenándose.- Pero tachar a la magia oscura como algo malvado sólo por el hecho de haber sido usada con el propósito inadecuado, es algo absurdo. La magia existe, tanto si es negra como si no, y nada puede hacerse por anularla u olvidarla. Nosotros, como sus usuarios, nos corresponde la responsabilidad de utilizarla según nos dicte nuestros valores. Mi meta era comprender y utilizar ese poder, y puedo decir que lo conseguí, o al menos en parte. Y, por lo que me han dicho y he podido comprobar, tú también eres capaz de hacer uso de ella.

- Pero no debe ser usada.

- ¿Por qué no?

- Es malvada.- respondió como si aquello fuera incuestionable, sin embargo no así pensaba el hombre pues, con una sonrisa sarcástica, no dudó en contraatacar.

- ¿Y quién lo ha dicho?

- Su uso sólo lleva muerte.

- Eso es porque sólo se utiliza para ello. ¿No puede hacer lo mismo la magia blanca? Hechizos de corte, impacto, gravedad, incluso un simple expelliarmus, todos ellos pueden tener el mismo efecto que un Avada. Normalmente no matarán al acto, cierto, pero su finalidad será la misma.

- La magia negra es incontrolable.- dijo negando con la cabeza. Aunque reconocía la verdad de sus palabras, sabía por experiencia que no tenía razón.- Su relación es la de dominante y dominado, no es una magia que pueda usarse para nada más que por propagar el miedo y el terror.

- ¿No te he dicho que muchos objetos mágicos funcionan mediante artes oscuras? Tú mejor que nadie deberías ser capaz de ver la ayuda que puede ofrecerte su poder.

Harry le miraba como si no comprendiera aquél lenguaje. Aún no era capaz de asimilar su situación actual. Aberforth Dumbledore permanecía con una paciente serenidad en sus gestos, como si estuviera analizando las reacciones del chico, observando sus emociones más allá de las palabras distorsionadas por uno mismo. Pero la verdad era que para él nada de aquello estaba teniendo ningún sentido.

Cierto, no sabía nada de su familia… ni siquiera sus costumbres, raíces, historia… Los Potter no habían sido más que un apellido de origen mágico que le había permitido ingresar en aquél fantástico mundo donde los sueños eran posibles. Pero ahora se había descubierto una parte más de su sangre… y después de desearlo con fervor, se encontraba con algo que, en aquel momento, hubiera preferido no saber.

La magia negra… El recuerdo de la Onda en un constante vaivén le hacía comprender la dualidad de la energía, la realidad de las dos caras de una misma moneda y cuyo destino debía existir en equilibrio. Tachar a las artes oscuras e intentar eliminarlas era ridículo. Además¿qué más daba? Aberforth tenía razón al comprender que era su finalidad aquella que las definía como maldad o bondad, al fin y al cabo, eran sus usuarios quienes dictaminaban su uso… ¿Significaba pues que era libre de usar aquella energía que se había negado tocar para conseguir su objetivo?

- Grindelwald mató a muchos magos.

- Es cierto. Grindelwald, a pesar de iniciar su aprendizaje con la única intención de comprender y saber, terminó por corromperse. Como bien has dicho, la magia negra es peligrosa puesto que requiere una fuerte voluntad capaz de dominarla para evitar caer bajo su influjo. No hay que olvidar que su raíz es la cara oculta de la magia.- entrecruzándose de brazos, le miró con el entrecejo fruncido.- Grindelwald cayó bajo su dominio y eso le perdió. Algo similar a lo que le pasó a Tom Riddle.

- ¿Conoce su nombre?

- Todos los magos, por muy poderosos que sean, son o han sido humanos.- dijo a media voz.- Pero hay una diferencia entre Voldemort y Grindelwald. Mientras que uno buscaba saber, el otro lo único que deseaba era conocimiento que le llevara al poder de la venganza. La naturaleza de esos objetivos son muy distintos, y el deseo que los fuerza a seguir es aquella que determina el vencedor.

- ¿Usted también puede usar esa magia a su merced?- preguntó casi en un susurro.

- No me trates de usted ahora, Harry.- regañó divertido.- Y no, no puedo. Ni siquiera tu abuelo podía.

- ¿Pero no fue un usuario de la magia negra?

- ¿Yo he dicho eso? Nuestro objetivo era saber, nunca nos embarcamos en su uso. Éramos concientes del peligro que suponía indagar en su poder, así que no hicimos más que lo que cualquier mago con algo de voluntad puede llegar a hacer.- sonriendo, le miró indagante.- A Harry le habría encantado conocerte.

- ¿Por qué lo dice?- aquella frase le había dejado completamente fuera de lugar, incapaz de esperar algo igual. ¿A qué venía aquello?

- ¿Recuerdas que te he dicho que le conocí en una de mis misiones? Como pupilo de Grindelwald, en más de una ocasión tuve que viajar por pueblos y ciudades buscando libros que se creían desaparecidos, incluso tuve que buscar rumores de usos mágicos. Cualquier información sobre las artes oscuras era necesaria para completar la investigación. Un día, sin embargo, recordé que había oído algo durante mis años en Hogwarts sobre unas runas antiguas perdidas en la antigua Gallia cuyos contenidos eran del año 55 antes de nuestra era. Fue allí donde conocí a Harry, aunque fuera el destino o la suerte, fue gracias a él que conseguí llegar hasta el lugar. Por aquél entonces sus conocimientos eran sorprendentes a pesar de su corta edad, y cuando supo que era el pupilo del gran mago Grindelwald no dudó en ayudarme. Aunque fue una ayuda mutua. Tras un par de meses, conseguimos recolectar la suficiente información como para irnos de allí. No volví a verle hasta tres años más tarde, después de que Grindelwald fuera derrotado y la magia negra se condenara al pozo de la ilegalidad.

- ¿Qué pasó? Quiero decir… Grindelwald era su maestro¿verdad?

- El que yo admiraba murió y en su lugar sólo quedó un hombre sediento de poder.- dijo sin inmutarse.- De no ser por Albus, no habría podido detenerle.

- ¿Usted le derrotó?

- No. Grindelwald pasó de dominar notablemente la magia oscura a ser un maestro en ella. Eso se debió a su derrota frente al poder de esa energía cuyos hilos pasaron a dominarle haciéndole perder su propia voluntad. Pero yo no podría haber hecho nada frente a un maestro como él. Y mi nivel sobre la magia blanca era insuficiente como para conseguir nada.

- Así que Dumbledore le ayudó en la lucha.

- Albus siempre ha tenido facilidad en su uso, casi se podría decir que era la cara opuesta a Grindelwald.

- Ya…- suspiró sabiendo hasta qué punto tenía razón. Desvió la mirada hacia el fuego relajando su mente por unos instantes. Pudo imaginarse la situación sin que el hombre tuviera que darle más detalles que, cabía decirlo, casi parecía que eran arrancados en contra de su voluntad.- Pero entonces¿por qué no le premiaron también por la derrota de Grindelwald?

- La Consejería se enteró de que había sido su discípulo, suerte tuve de que no me encarcelaran en Azkaban.

- ¿Y los rumores de que había lanzado hechizos sobre… una cabra?- preguntó al recordar aquello que una vez le había dicho Dumbledore sobre Aberforth.

- ¡Ja, ja, ja…!- aunque en un principio se quedó estático sin comprender, un par de carcajadas rompieron la quietud acelerando el corazón del chico.- ¡¿Eso¡Ja, ja, ja! Eso no fue más que una excusa del Ministerio. Aunque en un principio el asunto quedó cubierto en secretismo y se juró castigar severamente cualquier comentario, cuando Cornelius Fudge subió al poder consiguió leer, por error, mi caso. Y como quería menguar el poder de Albus frente a la sociedad mágica, decidió divulgar aquella sentencia. Pero un pacto de secretismo se lo impidió, así que optó por intentar ridiculizar el nombre Dumbledore mediante el rumor. ¡Nunca me he reído tanto en toda mi vida!

Por un momento, Harry pensó que, realmente, al hombre le faltaba algo de juicio. Aunque, recordando la primera impresión que tuvo de Dumbledore, tal vez fuera que en aquél apellido la falta de cordura era algo natural.

- ¿Conoció también a mi abuela?- preguntó deseando saber más.

- Por supuesto. Oh, la bellísima Cynthia… era una mujer espectacular como pocas. Nunca supe porqué escogió al rancio y enfurruñado Harry, aunque te diré que tras conocerla, el humor de tu abuelo cambió radicalmente. Ella era hija de una bien acomodada familia maga, la última descendiente del linaje de los Ward. Cuando se casaron, decidió ocuparse de su hijo recién nacido, tu padre. En cambio, tu abuelo siguió investigando hasta que entró a formar parte de la Mesa de los Veinte Sabios. Los tres fuimos grandes amigos…- añadió en un susurro.- ¿Sabías que fui el padrino de James?

- ¿Usted?

- Así es.- afirmó sonriendo al recordar aquél espléndido pasado.

- Antes ha dicho que el reloj de mi abuelo fue destruido por Voldemort. ¿Qué pasó?- preguntó de repente.

- Bueno… eso es algo que pasó tiempo después.- su expresión, antes tranquila y calmada, cambió oscureciéndose con una mueca entristecida y amarga.- Algo más de un año después de que tu padre ingresara en las Fuerzas Armadas Mágicas, Voldemort inició la caza de los Potter.

- ¿Por la Profecía?- preguntó medio cabizbajo.

- No.- negó con firmeza.- Voldemort era consciente del poder que algunas familias antiguas mágicas habían conseguido acumular, los Potter eran uno de ellos. Sin embargo, aunque en un principio buscó el apoyo de esos magos renombrados, se topó con el desacuerdo de otros. Y no sólo eso, Harry era un poderoso oponente a sus objetivos. Encabezando la Mesa y siendo una poderosa influencia en la sociedad mágica junto a Albus, su presencia hacía recular a muchos posibles seguidores. Aunque cabe decir que esto era sólo una de las razones que impulsó a Voldemort a lanzarse en su captura. La otra era, sin duda, su conocimiento de las artes oscuras. Un conocimiento que Voldemort consideró un peligro frente a su ansia de poder y dominio.

- Pero él es un Maestro de esas artes… ¿por qué iba a considerarlo una amenaza?

- Justamente porque las entendía, podía convertirse en una fuente de información que diera luz a sus enemigos.

- Pero sigue siendo inútil. Si te lanzan un Avada

- …no podrás anularlo, cierto, pero sí podrás evadirlo o tomar las medidas necesarias para escapar de su amenaza. ¿Verdad?- añadió con complicidad.- Harry era, al igual que yo, un peligro para sus objetivos.

- Pero usted no fue perseguido…

- Sí lo fui. ¿Quién crees que fue el primer miembro de la Orden?

La Orden del Fénix… se acordó de que en aquella foto también él aparecía en el grupo. Él, sus padres, Sirius, Remus… era cierto… todo aquello había empezado hacía ya mucho tiempo. Quizá… quizá iba siendo hora de que, al igual que empezó, todo iba a terminar. Él lo iba a terminar.

- Así pues, Voldemort se encargó de eliminar a toda mi familia.- dijo sin importarle ya ni el nombre ni cualquier sentimiento de furia que pudiera haberle colapsado tiempo atrás. Su afirmación, calmada y serena, carecía de ira o siquiera tristeza. Al escuchar aquellas palabras saliendo del chico sin ninguna intención más que la de una obviedad inevitable, Aberforth le miró medio de reojo asombrándose de aquella madurez repentina en él.

- No toda, tú sobreviviste.- añadió intencionadamente.

- Sí, nunca podré agradecerles lo suficiente a mis padres. De no ser por ellos, nunca hubiera podido seguir el camino que he conseguido.- "De no ser por ellos, nunca habría podido vengar a los Potter caídos." se dijo con un suspiro apenado.

- No tengo ninguna duda de que estarían muy orgullosos de ti. Eres un verdadero Potter.- sonrió con sinceridad.- ¡En fin! Me parece que ya es tarde…- levantándose con gesto cansado, se repuso mirándole nuevamente.- No sé si toda esa perorata te habrá servido para algo aunque espero que sí. Poco más puedo contarte sobre tu familia que incumba en tu camino… sólo creí que debías saber un poco más tus raíces. Conocer nuestra procedencia, aquello que ha marcado parte de nuestra existencia, hace que las decisiones sean mucho más fáciles¿no te parece?

- Gracias por hablarme de ellos.- susurró con afabilidad.- Y siento haber dudado de ust… de ti.

- Olvídalo.- dando media vuelta, se encaminó hacia la puerta mas, deteniéndose nuevamente bajo el marco, decidió hacer una última pregunta.- ¿Vas a utilizar la magia negra?

Harry no respondió. Comprendía el motivo de aquella pregunta, al igual que comprendía los motivos que habían llevado al hombre a contarle una parte de su historia. En el fondo, su objetivo había sido mostrarle la viabilidad de un poder que pudiera ayudarlo en su lucha, una fuerza capaz de llevarle a la victoria.

- Quizá.

- Entonces, si estás dispuesto a hacerlo, yo te ayudaré.- reanudando su marcha, terminó por decir:- Buenas noches, Harry.

- Buenas noches.

El silencio se apoderó de la sala a medida que los pasos del hombre se alejaban del lugar, ni siquiera el fuego ahora restos de brasas candentes producía ruido. Suspiró.

Aunque sentía que el cansancio del día estaba llegando a él, no podía olvidar todo lo que hacía sólo unos minutos había aprendido de aquella saga llamada Potter. En realidad, se sentía abrumado por aquellos conocimientos. ¿Tan grande había sido aquella familia que incluso el mismísimo Aberforth había confesado ser más poderosa que los hermanos Dumbledore? Los Potter, una familia cuyos integrantes habían conseguido ser una larga y respetable familia mágica, cuya historia se remontaba siglos atrás, cuyo poder había demostrado ser una estrella brillante en la sociedad mágica. Le parecía estar observando una noble saga de magos orgullosos de ser quienes eran, orgullosos de llevar aquél apellido… "Y todos ellos han ido a Hogwarts…" pensó sintiendo un agradable calor recorriendo su cuerpo.

Le habría gustado conocer la historia de sus antepasados, las gestas de aquellos Potter tan lejanos que habían iniciado el renombre de la familia. Estaba convencido de que la fama de los Potter era mucho más grande de lo que había podido conocer. Se imaginó en aquella sala, frente al fuego, escuchando las historias de sus ancestros en boca de su abuelo, aquél fantástico hombre que había logrado entrar a la historia como todo un prodigio. ¿Cómo habría sido? Y su abuela… no había aprendido mucho de ella, pero pensó que debió ser una mujer espléndida, digna de ser la esposa del gran Harry Edward Potter. 'Harry'… cuánto más pensaba en él más se daba cuenta de que un sentimiento de orgullo se expandía por su pecho haciendo latir con fuerza su corazón.

- Me habría gustado ver esa vida…- susurró con media sonrisa.

Y allí estaba él, el último de los Potter, intentando recordar todo cuanto sabía de su familia y ansiando identificar aquellas caras que una vez le habían sonreído tras un espejo del corazón como identidades propias, personajes únicos capaces de albergar una historia y una vida cuyo objetivo se perdía en la infinidad de la imaginación. Las caras, sonrientes, comprensivas, cálidas… se entristeció al comprender que, después de todo, seguían siendo caras lejanas vistas en un sueño irreal. No podía engañarse. Nunca les había conocido y, aunque ahora supiera algo más de ellos, seguirían siendo extraños para él.

"El último de los Potter…" se dijo con pesar.

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No recordaba como había terminado en la cama ni cuándo había terminado por subir las escaleras hacia su habitación, lo único que tenía claro era que su cuerpo no había descansado lo suficiente como para empezar el nuevo día en aquél estado. Se sentía exhausto y los bostezos se estaban convirtiendo en una costumbre aún cuando no llevaba más de dos horas en pie.

- ¿No has dormido bien?- preguntó Ron a su lado intentando disimular su cara de sueño. Apenas había logrado ponerse la ropa en orden cuando se vio obligado a salir de la habitación recordando la hora que era. Su pelo, completamente descontrolado, se enredaba en su cabeza con asombrosa facilidad dándole una apariencia aún más desaliñada.

- Más que eso… diría que he dormido demasiado poco…- murmuró poniendo todo su empeño en llenar la taza con los cereales sin que ninguno de ellos se extraviara de su camino.

Las conversaciones eran reducidas a pesar de ser 8 en la mesa. Los chicos, a diferencia de Irid, hacían lo imposible por instigar a su cuerpo para que despertase. Bostezos, murmuros, cucharas y vasos, incluso algún que otro estornudo. En el aire, el sueño permanecía inscrito en todos sus movimientos casi como si lo convirtiera en una rutina y a pesar de ser casi de las siete de la mañana.

Con un pequeño ¡PLOP! el periódico del día apareció a su derecha haciendo que, dentro de aquél acto que había terminado por ser mecánico, lo abriera sin mucho interés dejándolo a la vista de su otro vecino, algo más despierto que él.

Sólo unos minutos después, empezaban a desfilar hacia el exterior no sin algunos que otros despistes que terminaban en indoloros golpes contra paredes y puertas. Harry estaba terminando un extra de café con leche cuando una imagen en el periódico le hizo escupir todo cuanto tenía en la boca. A su lado, un Draco a medio levantar se detuvo mirándole extrañado. Al ver que seguía con la mirada fija en el papel, intentó ver aquello que había impactado a su hermano y que le había hecho reaccionar de aquella forma manteniéndole aún petrificado.

- Los demás ya están fuera.- dijo agarrándole del hombro. Pero el chico siguió inmóvil, estático con la mirada fija en el diario como si no hubiera oído nada.- Vamos.

- El cartel…- susurró sin aire.

- Vamos.

- ¿Somos unos fugitivos?

- Nadie es perfecto.- cerrando el periódico al ver que no reaccionaba incluso aumentando la presión en el hombro, le instigó a salir de la sala.

- ¡Hubieran podido cogernos!

- ¿Es que no te has visto?- dijo esperando que se moviera de una vez. Pero sabía que hasta que no le respondiera, no podría sacarlo de allí. Y resultaba irónico que fuera él y no el chico, quien estuviera poniendo prisas para empezar.- Harry… no llevas gafas, tienes el pelo largo, has crecido, y encima no se te ve la cicatriz. Excepto los ojos y el color de tu pelo, no pareces el famoso Harry Potter. Y lo mismo se puede decir de mí. Así que tranquilízate y olvídalo. Mientras nadie te llame por tu nombre a grito de pulmón, no sabrán quien eres. Venga, muévete de una vez.

Dejándose llevar, pensó que tal vez tenía cierta razón. Apartando de él aquella estupefacción que le había congelado momentos antes, decidió que ya era hora de empezar con el entrenamiento matinal. Quizá, el hecho de que hubiera dormido poco hacía que sus reflejos hubieran disminuido, o incluso que su cerebro procesara la información de forma más lenta y pausada. Pero si no espabilaba, terminaría aquél nuevo día mucho peor de lo empezado. Irid no iba a tener ninguna compasión.

Anudándose el pelo en una pequeña coleta, inició el precalentamiento de veinte minutos que les llevaría a la preparación necesaria para empezar. No tuvo que esperar mucho pues, al terminar, se separó de los demás juntándose con la licántropa quien, sin perder el tiempo, había desempuñado la espada iniciando unos gráciles movimientos con ella. No tenía porqué preocuparse de los demás, sabía que tanto Draco como Shelyak se encargarían de ajustar el nivel de exigencia en el entrenamiento.

- ¿Qué tal se te dan las transfiguraciones?- preguntó Irid sin dejar de moverse.

- ¿Por qué?

- Necesitarás una espada.

- Sabes que no sé luchar con una espada. Nunca lo he hecho.- resopló cruzándose de brazos. ¿Acaso quería volver a ridiculizarle?

- Por eso voy a enseñarte.- gruñó haciendo un rápido y amenazante gesto.

"¿Y de dónde saco yo una espada?" pensó observando a su alrededor. La imagen de las ramas caídas le indicó cuál era la idea de la chica al preguntarle sobre sus facultades mágicas. Escogiendo la que parecía en mejor estado y cuya longitud se asemejaba a la necesaria, empezó a pensar en la fórmula que le haría convertir aquél trozo de madera en una brillante y afilada espada. Pero, para su frustración, aquella palabra no existía para él.

- ¿Conoces el hechizo?- le preguntó curioso.

- ¿Tengo pinta de saberlo?- replicó ella con el mismo tono. Dejando reposar sus brazos, estabilizó su figura expulsando el aire con lentitud.

- Genial.- murmuró dando media vuelta. Si él no lo sabía, sólo podía imaginar a alguien más quien podría ayudarle.- ¡Hermione!- exclamó obligando a detener el duelo que estaba teniendo con Ron. Esquivó una desviada ráfaga caliente, y consiguió llegar junto a ellos quien, al escucharle, habían refrenado su afrenta.- ¿Puedes transfigurar esto en una espada?

- ¿En una espada? Pues…- cerrando los ojos pensativamente, la chica se llevó la varita a los labios mientras iba susurrando palabras incomprensibles.

- Sirius vendrá más tarde.- dijo Ron a su lado.- Dijo que quería unirse a la fiesta tan pronto como se levantara.

- ¿Cuándo, por la noche?- sabía cuánto le costaba a su padrino levantarse temprano, y más aún si sabía que nada importante debía suceder, así que el hecho de esperarlo era inútil. Sirius no se levantaría hasta la hora de la comida, y tampoco iba a hacer nada tras comer por lo que hasta las cuatro sería imposible verle por ahí.

- ¡Chiisana ab lite!- dijo de repente. El palo que estaba sosteniendo se convirtió en una pesada espada plateada con formas sencillas. Los nudos que antes habían formado la madera ahora se habían convertido en un relieve sobre su superficie reluciente dándole una belleza inesperada.

- Caray, realmente eres genial, Hermione…- suspiró atónito sin darse cuenta del rubor que inundó las mejillas de la chica.- Bueno, pues seguid. ¡Gracias!

Alegre al sostener aquella nueva arma, se imaginó moviéndose a su ritmo al cortar el aire, brillante bajo los rayos del sol como un legendario caballero. Le resultaba tan irreal aquella imagen que no pudo evitar reír ante la estampa. Quizá estaba soñando demasiado.

- Veamos…- cogiéndola, Irid la sostuvo con ojo crítico, calculando su peso y su forma, manejándola con habilidad y observándola desde todos sus ángulos posibles para confirmar su opinión.- Perfecto. Ahora empúñala.

Pensando en la ridiculez que debía estar haciendo aquél Harry Potter blandiendo una espada, el chico la tomó por el mango y la levantó en el aire dejando que los recién llegados rayos del día surcaran la hoja metálica como si fuera un río de plata.

- Mal.- bramó golpeando la espada con la suya tomándolo por sorpresa.- Hay dos normas que debes aprender. Primera: nunca levantes la espada frente a otro a no ser que quieras retarlo en combate, se considera una gran falta de respeto y una descortesía. Segunda: nunca dirijas el filo de la espada hacia ti.

Resoplando, imitó a su maestra dejando que la punta de la espada rozara el suelo de forma que no resultara amenazante. Sin embargo, no pudo evitar que una mueca de indiferencia y aburrimiento cruzara por su cara. Agradecía que Irid hubiera decidido enseñarle algo que ella creía iba a necesitar, pero la verdad para Harry era otra. Creía que estaba gastando un tiempo demasiado preciado como para aprender a blandir una espada¿y para qué?

- ¿Qué pasa?- preguntó con dureza.

- No soy ningún espadachín¡soy un mago! Yo hago magia, saber utilizar una espada no me servirá de mucho en ésta lucha.

- Serás estúpido.

- Menudo idiota.- secundó el dragón en su mente. Su intromisión, en vez de perturbarle o sorprenderle, no hizo sino que aumentar su actitud desinteresada.

- Ya te lo dije¿no?

- ¿Para qué crees que sirve una varita?

- La varita está para algo más que para ir blandiéndola de un lado a otro sin sentido…

- Tú deberías ver esto más que nadie. ¿Acaso no eres capaz de utilizar la magia sin varita?

- ¿Pero qué dices? Tú fuiste el primero en advertirme de que no la utilizara a no ser que fuera como respaldo.- respondió haciendo un gran esfuerzo por escucharlos a ambos a la vez sin perderse.

- …los movimientos que realices deben ser calculados, no puedes perder el tiempo inútilmente.

- Por eso te estoy diciendo que eres idiota.

- La espada te permitirá controlar ésos movimientos.

- Un combate entre magos no sólo se resuelve según el poder del ataque o la defensa, sino también por el tiempo de respuesta. Puedes hacer un gran hechizo…

- Debes ser rápido atacando, defendiendo y contraatacando. La rapidez y el poder ya los tienes, ahora sólo te falta aprender a moverte.

- ¿Estás escuchando?

- ¿Estás escuchando?

Con un grito de desesperación, consiguió que ambos callaran. Realmente era estresante intentar prestar atención a los dos a la vez. Aún así, había comprendido lo que querían hacerle comprender y, rectificando su actitud, decidió que aquello merecía toda su atención. De nuevo, valorizó la ayuda que quería prestarle la licántropa. La había infravalorado.

- Sí, sí, lo he entendido. Lo siento.

- Bien, pues empecemos. Voy a enseñarte un par de conceptos básicos y después nos pondremos con los movimientos. Debes aprender a optimizar el tiempo.