Buenas, gente! Como siempre, reviews:

jim: ¿También eres de los de H/Hr? Bueno, me alegra ver que no estoy tan sola… y que conste que no me opongo a los gustos de los demás aunque¿a quién no le gusta que compartan un poco de sus gustos? Como viste en el anterior fic y en su actual continuación, el romance no ha sido justamente el fuerte de la historia aunque, claro, tampoco es algo que se deba eliminar¿no te parece? En fin, no voy a explayarme que es tarde. Nos vemos en el prox. capítulo!

Pedro I: Hola Pedro. Tranquilo, al menos has dado señales de vida, cosa que muchos no hacen, así que me alegra verte por aquí de nuevo! Espero que me comentes qué tal te parece el cap. Hasta otra!

razerman: Jajajajajaja, para mí lo de los caramelos era "típicamente" Dumbledore ;) Y en cuanto lo de cortar la trama, deberás perdonarme, pero he vuelto a hacerlo (como puedes ver con el título del capítulo). No es que lo haga por amargar la vida a los lectores alargando la espera, sino que cuando para mí debe existir un "punto y aparte" en una secuencia, me es imposible seguir escribiendo con igual desenvoltura. Es por eso que algunos me han salido extremadamente largos y otros más cortos. Cuanta más acción, más corto me queda. Y el motivo recae, principalmente, en que todo sucede en una misma etapa o secuencia, como yo lo llamo. Siento si eso está fastidiando a más de uno… Pero bueno, espero que no te enfades mucho por el nuevo corte de capítulo. Bye!

whitest angel: Bienvenida pues¿Sólo 6 horas? Caray, o eres muy rápida o yo escribo poco (eso último es de dudar por la cantidad de páginas escritas hasta el momento…) Pero me alegra que haya otra nueva lectora del fic. Espero que no se haya hecho muy larga la espera… Venga, nos vemos!

Paty: Jajajajajaja, exagerada… yo sí tuve la imagen de los deméntores en la cabeza y debo decir que el panorama no era para nada alentador. En cuando a Remus… bueno, dejémoslo así. Mi idea era que se enfrentara a sus propios temores, al odio que pueda sentir contra los licántropos y su necesidad de afrontar la realidad de la guerra. No sé si al final conseguí un leve destello de ésta idea, pero al menos he intentado que se vislumbrara en alguno de sus pasos. Aunque… tampoco puedo decir que me haya centrado mucho en su personaje¿verdad? Bueno, a ver qué pasa! Nos vemos chica, cuídate!

Sí, he vuelto a hacerlo de nuevo. Y sí, sé que dije que ya sólo quedaban dos capítulos más para terminar pero… Lo siento, de nuevo he tenido que cortarlo. Como comentaba a razerman, el hecho de que corte o no el capítulo recae en la necesidad de dividir las escenas. Si una secuencia dura 7 páginas, pues son 7 páginas, y si aguanta hasta 12, pues lo dejaré en 12. La verdad es que tenía iniciada la continuación, pero me ha parecido mejor cortar aquí y dejar el auténtico desenlace en dos partes con el ya publicado preludio de dos capítulos (el 35 y 36). Intentaré terminar el siguiente para este fin de semana, o al menos ésa era la idea, pero la cosa se me está complicando un poco y puede que me lleve a algún tiempo de más (espero que para nada sea un mes). Desearía poder dar por acabado el fic antes de fin de año!! Os quiero chicos, pero 3 años son 3 años… Sólo 2 capítulos más y terminamos!!!!!!! (y eso sí es cierto, ya no hay más de dos)
Así que lo dicho. A ver si puedo colgar la continuación pronto y terminar el 2007 con buen sabor de boca. Pero de momento… a leer!!!!

-Ithae-


Capítulo 37 – Principio y Fin I. ¡Contraataque!

Tras correr cerca de diez minutos sin descanso, enredándose en largos recodos y escondiendo sus sombras entre la oscuridad que las nocturnas nubes ofrecían, al fin pudieron entrever aquél pequeño y apartado pueblo mágico. A Harry, sin embargo, le impactó el estado de las casas, algunas de ellas aún derruidas o completamente destruidas. Aunque¿qué había esperado¿Aquél pueblo que antaño había rebosado de risas y diversión? Un pueblo cuyas calles se llenaban con alegres y sonrientes estudiantes en las salidas autorizadas de la escuela. Pero, recordó, la batalla que había golpeado sus cimientos le había anticipado un aspecto negro y envejecido, lejos de aquella imagen festiva y de ensueño.

Mordiéndose la lengua disciplinadamente, siguió a su guía sin detener el paso.

Hogsmeade permanecía en un extraño silencio y quietud. Sus pasos resultaban ruidosos, incluso su pulso era como el retumbar del tambor ante una batalla. De haber podido, el chico los hubiera silenciado a todos. Agradecido, pronto llegaron a su destino.

"Caramelos de limón…" se dijo con una sonrisa, comprendiendo el significado escondido en aquellas palabras.

- Toma.- dijo la chica entregándole un pedazo de papel.

Abriéndolo, pudo leer la dirección inscrita con una letra pulcra y embellecida. "Honey Dukes. Calle Tres Vientos número 51".

Frente a su mirada, el edificio que otras veces había visitado y cuya fachada destacaba por los caramelos colgados por doquier, se abrió paso entre sus dos vecinos apareciendo ante ellos. Sin embargo, ésta vez no le sorprendió aquella aparición, una aparición causada por el hechizo Fidelus cuyo protector imaginó debía ser el mismísimo Albus Dumbledore. Admitiendo su astucia y tras quemar el papel, ambos se internaron en el edificio dejando a su espalda aquel ambiente extrañamente tenso y silencioso, como si las sombras tuvieran ojos y orejas.

- ¡Ah, al fin!- dijo alguien apareciendo entre las estanterías de caramelos.- Vamos, os estábamos esperando. A la despensa, aprisa.

Alejándose de aquella figura medio escondida entre las sombras que les había dado la bienvenida, se dirigieron a una pequeña puerta escondida en la trastienda que llevaba hacia unas estrechas escaleras. A bajo, un pequeño círculo de luz iluminaba la pequeña estancia llena de cajas de caramelos aún por abrir. Entre ellas y rodeada de unas improvisadas velas flotantes, una vieja y redonda mesa de madera sostenía decenas de papeles esparcidos por doquier. A su alrededor, un grupo de personas cuchicheaba incansablemente mientras otras aguardaban silenciosas en los límites de la débil luz. Al verles, uno de ellos se movió sigilosamente junto a alguien cuya mirada daba la espalda a los recién llegados. Pero no tardó en volverse a ellos al recibir el aviso.

- Venid.- les dijo con una sonrisa.

Sin mediar palabra, ambos acataron la petición. Alice, separándose del chico por primera vez, decidió permanecer a la espera junto a los demás, sentándose en una de aquellas cajas mientras expulsaba el aire con lentitud sintiendo que, aunque fuera por unos instantes, al menos podría descansar sus nervios. Harry, sin embargo, se acercó junto al cabecilla de aquella reunión, un hombre cuyos cabellos y barba blanca relucían de tal forma que casi parecían ser de pura plata.

- Observa.- dijo indicándole un mapa que permanecía por encima de todos los demás.

Un conjunto de líneas, círculos y cruces rojos y verdes, habían sido pintados encima el papel y, sobre todos ellos, algunos nombres y números indicaban por doquier lo que debían ser ejércitos. Resultaba impactante ver como aquellas guerras que estaban teniendo lugar por todo el país se dibujaban sobre aquél mapa con tan fría tranquilidad. En realidad, no eran más que trazos sobre un arrugado papel…

Apartado a un lado, un tarro de cristal con caramelos de limón había sido vaciado hasta casi la mitad.

De reojo, pudo entrever a varios magos, la mayoría desconocidos, hablando en susurros entre ellos. Gesticulando, afirmando o negando de vez en cuando, e incluso suspirando con cansancio. En algunos de ellos vislumbró algunas vendas e incluso leves rasguños al descubierto. Sus caras, a pesar de permanecer en la penumbra, se mostraban ensombrecidas, cansadas y fatigadas, incluso sus movimientos los delataba. Volvió a mirar al mapa. Pero aquellas líneas seguían dibujando sobre el papel, indiferentes a lo que representaban, a la gente que escondían tras sus formas.

Exhausto, cerró los ojos expulsando el aire lentamente en un intento por buscar algo de serenidad en aquella situación. Y a pesar de intentar disimular su cansancio, sus gestos no pasaron inadvertidos para aquél hombre quien, con una comprensiva sonrisa, le puso su mano sobre el hombro.

- Discúlpame, Harry. A veces la vejez no me deja ver más allá de mi nariz. Descansa un poco.

Sorprendiendo a aquellos quienes conocían al chico y sabían que difícilmente accedería a ello, Harry, respondiendo un débil "Gracias", se dejó caer en una de aquellas cajas casi sin aliento. Para su satisfacción, las susurrantes conversaciones y la atención de aquellos presentes volvieron a la normalidad, haciendo que pudiera relajarse y cerrarse en sus propias reflexiones.

Se sentía agotado.

Agotado no sólo físicamente, sino más bien psicológicamente. Todos sus pensamientos se dispersaban y agrupaban a la vez, haciendo que le fuera imposible repasar todo cuanto había pasado y debía pasar. Ni siquiera había sido capaz de especular sobre los movimientos dibujados en aquellos mapas, en lo que había vivido o en lo que había imaginado que podía acontecer. Su mente estaba demasiado fatigada.

Dejando caer la cabeza sobre ambas manos y cubriéndose así los ojos de la luz, Harry dejó que sus pensamientos se alejaran lo suficiente como para que no intervinieran en sus intentos por tranquilizarse.

Sabía que no había tiempo para aquello. Mientras él permanecía inmóvil, otros luchaban por sus vidas, en una cruel batalla a muerte contra un enemigo sin piedad. Pero aún así, seguía sin poder encontrar la fuerza necesaria para recomponerse. Era como si, de pronto, toda la energía hubiera escapado de su control, dispersándose al igual que sus reflexiones se alejaban de él, haciendo que sólo la consciencia de cuánto acontecía permaneciera clavada en su corazón, encogiéndole y doliéndole. Pero… ¿qué podía hacer? Ni siquiera sus intentos para serenarse estaban teniendo ningún efecto.

"Si al menos supiera cuál será la siguiente jugada…" pensó intranquilo.

Que la guerra hubiera empezado en una balanza por ambas partes no había sido por casualidad. Harry sabía que aquella última conversación con el Lord había llevado al mundo mágico a la acción de la batalla. Una conversación, un pacto mutuo que dio inicio al combate, un encuentro mágico donde las dos mentes, en diligente eficacia y calma, acordaron una fecha imprecisa y unos compromisos imprecisos. Pero justamente fue esa imprecisión lo que establecería la victoria de la guerra, una victoria que se ganaría con vidas a cambio, pero que también llevaría a una nuevavida para el vencedor. Y Harry conocía bien el precio de la derrota.

Pero ahora, a pesar de sus estrategias, de sus planes y especulaciones, su mayor poder, un informador escondido tras las sombras enemigas al que no conocía, había desaparecido. Se estaban moviendo en la oscuridad, sin saber por donde llegaría el siguiente disparo. Sus defensas eran poderosas, cierto, pero de poco servían si debían moverse por la necesidad. Debían pasar al ataque… ¿pero cómo, dónde? Al igual que ellos, el enemigo disponía de poderosos aliados. Sus fuerzas, feroces e inhumanas, atacaban con poder aplastante y devastador. Hasta ahora habían podido retenerlos y hacerles frente con una fuerza planificada y ordenada, con el poder superior de la estrategia. Sin embargo, seguían sufriendo bajas y, a diferencia de sus enemigos, cada una de aquellas vidas perdidas era más que un simple número. Para ellos, las bajas eran el fracaso, aún cuando les llevara a la victoria.

Alguien se sentó a su lado.

- Ten, tómatelo. Verás como te sientes mejor.

Levantando la cabeza, aceptó la taza humeante que le ofrecía la mujer con una sonrisa agradecida. Marla, con otra taza en la mano, dejó que el chico siguiera con sus cavilaciones sin insistir, regresando su atención al mapa que había apartado a un lado. Otro mapa, otros números.

El perfume del te caliente relajó sus nervios mucho más de lo que había conseguido cerrando los ojos. Tenía un color dorado exquisito y su olor, dulce y suave, le aseguraba un delicado placer en el paladar. Así, con cuidado y procurando soplar antes de acercar aquella agua casi hirviendo en sus labios, sorbió un poco de te, agradecido por su efecto calmante y relajante.

Tras un par de tragos más, y con ambas manos alrededor de la taza caliente, sintió que la presión que instantes antes le había bloqueado ahora había casi desaparecido dejando su cuerpo flácido y relajado. Mucho más tranquilo, dirigió la mirada hacia el pedazo de papel que aún sostenía su madrina a pesar de centrar su atención en las amortiguadas conversaciones de la sala.

- ¿Puedes dejármelo?- pidió a media voz.

- Claro. ¿Mejor?

- Sí, gracias.

A pesar de encontrarse repleto de líneas, un par de círculos mucho más grandes que los demás destacaban en rojo dos grandes batallas. La ciudad de Londres… y un lugar cerca de Alnwick, en Northumberland, que, supuso, debía ser la localización de Hogwarts. Hacia ellas, un conjunto de flechas y símbolos colisionaban en su centro representando a las distintas tropas convocadas en el enfrentamiento. Harry había sido uno de ellos.

"Deberíamos seguir en la defensa hasta que dé la cara o pasamos a la acción arriesgando nuestra baraja?" se preguntó comprendiendo el dilema del viejo director y sus consejeros. Tenía razón, Harry aún era muy joven para entender aquél juego de guerra. No quería arriesgar nada ni perder nada, pero la realidad le estaba enseñado la crudeza de aquella partida. Y él… él aún era demasiado joven.

¡Si al menos supieran su siguiente jugada…!

- ¡Eso es!- exclamó repentinamente levantándose con un resorte. Las conversaciones cesaron y todas sus miradas se dirigieron al chico quien, sacudiendo la mano salpicada por el agua aún caliente pero demasiado extasiado para hacer caso al dolor que aquél contacto le había hecho, se acercó decidido hacia la mesa. Dejó la taza sobre el mapa que hasta entonces había estado mirando y, sin atender a ninguna de las interrogantes miradas de los demás, empezó a rebuscar algún mapa que sirviera.- ¡Aquí!- extrayendo uno de los papeles con fuerza, no le importó que otros cayeran por el suelo con desorden. Lo extendió sobre la mesa en su totalidad y, tomando el tarro con los caramelos de limón, los esparció por encima. En un alocado frenesí, empezó a disponerlos alrededor del mapa asegurándose de que los límites coincidieran con otros mapas hasta completar un mapa de distintas escalas sobre el Reino Unido y en donde los caramelos destacaban unos puntos que sólo Harry pudo comprender.

- ¿Qué estás haciendo?- preguntó su madrina acercándose a él sin apartar la mirada del gran mapa repleto de caramelos amarillos.

- Conozco su localización… ¡Siempre lo he sabido! El final es el principio, el principio es el final. Dijo esa frase, pero no le di importancia… ¡Idiota!- gruñó golpeándose la frente.- Mira¿ves los caramelos? Son lugares donde abundan parte de nuestras fuerzas, tanto las suyas como las nuestras. Gigantes, elfos, goblins… Y aquí es donde está la mansión de los Riddle, su escondite.- dijo indicando un punto cerca de Londres.- Abandonó la mansión porque sabía que yo conocía su situación y que podía penetrar en ella. No era un lugar seguro… Sin embargo, encontró otro mucho mejor. Un lugar con una barrera natural, impenetrable. Nadie iría allí porque nadie quiere regresar allí. ¡El lugar donde todo empezó!

- Azkaban…- murmuró Dumbledore al ver el solitario caramelo abandonado cerca de una costa escocesa al noroeste del país.

- Exacto. Fue allí donde consiguió su primera victoria. Fue su inicio y nuestro final, el fin del control sobre Azkaban y sus guardianes, el principio de su éxito. Ganó sobre el Ministerio y sobre la Orden. ¡Fue su primer triunfo!

- Bien hecho.- felicitó el hombre con una sonrisa.

- Pero¿y ahora qué? Como ha dijo el joven Potter, no podemos atacar la isla.- secundó uno de los hombres que habían permanecido a la espera.- Si sus fuerzas se concentran en ella, es imposible que consigamos penetrar sus defensas. Está perfectamente cubierto. Necesitaríamos casi todas nuestras tropas sólo para derrumbar su muro… y eso sólo nos debilitaría, estaríamos indefensos ante un ataque.

- Marla¿sabes dónde está Sirius?- preguntó Harry sin prestar atención a la discusión que estaba teniendo lugar.

- Aquí, cerca de Aberdeen.

- Bien, no está muy lejos…- murmuró para sí.- ¿Shelyak?

- Dime.- respondió aquella voz grave que sabía era del dragón, en su mente.

- ¿Estás cerca?

- Depende.

En su mente, un pequeño pero firme plan estaba formándose con rapidez. El chico sabía que, a pesar de su falta de experiencia en planificación y estrategia, aquella era la única opción.

- Déjeme el asalto a mí.- dijo rompiendo toda disputa.- Yo me encargaré de atacar Azkaban, sólo necesito al grupo de Sirius y Draco junto a mí.

- Imposible, intentar un asalto con tan poca gente es un suicidio…- protestó otro de los consejeros con vehemencia.

- Dumbledore… no, Albus.- insistió mirándole con firmeza.- Ésta es la única salida. Es ahora o nunca. Debemos aprovechar ahora que nuestras fuerzas aún están descansadas y listas, si esperamos a un nuevo ataque puede que no volvamos a podernos mover con tal libertad. Además… yo también tengo una lucha que afrontar.

Su mirada no mostró flaqueza ni duda, sino una absoluta y completa resolución. Una resolución tal que silenció cualquier protesta. Y, aunque muchos de ellos pensaran que era una verdadera locura¿acaso una guerra no era una locura en sí misma? Además, el chico había mostrado una valentía digna de elogio.

- De acuerdo.

- ¡Ni hablar!- exclamó su madrina golpeando la mesa.- ¡No voy a dejar que hagas semejante estupidez¿Acaso quieres matarte? Esto no es una heroicidad¡es un disparate!

- Este será el punto de encuentro.- siguió ignorando sus gritos e indicó la explanada donde habían encontrado al grupo de refuerzo del ministerio tras su huida de la prisión.- Dentro de una hora.

- Quizá deberíais tomar a más refuerzos… Siendo tan pocos dudo que apenas consigáis rozar sus muros.

- No planeo atacar por mar, sino por aire.- respondió con una sonrisa.- Aunque no nos iría mal que algunas de sus tropas fueran enviadas a suplir en otra lucha…

- No debería ser difícil.- secundó otra mujer quien había permanecido en silencio.- Las sombras de Hogsmeade han empezado a impacientarse. Estoy segura que no tardaran en asomar sus garras, podríamos darles una buena sacudida, quizá así envíen más fuerzas a ayudarles.

- Incrementaremos el apoyo en las batallas actuales para obligarles a mover pieza.

- Además, conocemos uno de sus puntos de reserva.- intervino otro.- Cerca de Liverpool hay un grupo de Banshees y Duendes de la Piedra que aguardan entre filas de mortífagos y algunos que otros Trolls. Podemos diezmar su poder eliminando a éstas reservas inactivas. En el Ministerio aguardan treinta aurores y otros veinte voluntarios listos para atacar.

- Quizá el equipo de Luna debería ir con vosotros.- dijo Dumbledore.

- No. Los threstals os serán necesarios como apoyo aéreo.

- ¡Harry!- protestó con furia.

Suspiró. Apartando los planes que seguían apostándose sobre la mesa, el chico volvió su mirada hacia ella. No necesitó mediar ninguna palabra. Su sonrisa, calmada y serena, le hizo comprender aquello que quería que entendiera.

- Cuidaré de ellos.- prometió tras unos instantes en los que su madrina cambiaba su ira por una inexplicable tristeza y temor.- Dime donde…- preguntó al dragón.

- Mentaliza la imagen y me encontrarás.

- Bien, entonces me voy.

Encima de una de las cajas, al lado de un adormilado Fawkes, una capa aterciopelada y una espada enfundada en una preciosa funda de piel negra descansaban con placidez. Harry se acercó a aquellas dos posesiones que había pedido llevar y, tras rozar las cálidas plumas del dorado pájaro, las tomó con resolución. El ave emitió una dulce nota que le llenó de energía, sintiendo como volvía a recuperarse con rapidez, e iba a atarse la espada en la espalda cuando Marla llegó junto a él.

- No volveré a verte.- susurró con una afirmación.

- Espero que no.- el chico, mirándola con serenidad, terminó prepararse y, desviando su atención a la capa que sostenía con suavidad, se la tendió con una sonrisa.- Puedes quedártela, quizá pueda servirte.

Un par de besos, una sonrisa, una despedida.

Harry no prolongó más el momento dando media vuelta y, tras un par de golpes en la espalda del viejo y respetado director y una encajada de manos con su compañera y amiga Alice, se encaminó hacia la salida.

No miró hacia atrás.

Para el chico, aquello había sido una despedida, un adiós. No quería lágrimas, tampoco deseaba largos elogios ni cartas de admiración. Sus miradas, llenas de afecto y amor habían sido suficientes. La resolución guiaba sus pasos, su determinación.

Tras cruzar la puerta, la oscuridad del exterior detuvo sus pasos.

El aire, tranquilo y silencioso, llevaba un sentimiento de tensión que le hizo comprender el significado de las "sombras de Hogsmeade" a las que se había referido aquella mujer. En verdad, ahora que prestaba más atención a su alrededor, podía sentir como decenas de ojos se centraban en él, como sus nervios se tensaban y sus alientos se aceleraban. ¿Sería él su próxima presa¿Podían empezar ya con la cacería prometida? Harry sonrió. No iba a ser él quien diera guerra allí.

Centrándose, encontró la imagen que decía el dragón.

En un abrir y cerrar de ojos cambió las oscuras y peligrosas calles de Hogsmeade por una verde y brillante explanada cerca de un acantilado. El mar, a algunas decenas de metros por debajo, rugía furioso contra las puntiagudas y mortíferas rocas. No tuvo otro remedio que abrigarse con una capa de viaje negra que había tomado en la entrada de la tienda previendo que el viaje que le esperaba no sería precisamente caluroso.

A su lado, un imponente y majestuoso animal permanecía inalterable con la mirada hacia el lejano horizonte oscurecido por la noche. Ni siquiera las llamas que habían acompañado al muchacho habían conseguido perturbar su tranquilidad. Su regia postura invocaba al poder absoluto, toda su figura simbolizaba la más poderosa de las magias. Harry sabía que, aunque no había dado muestra alguna de su recién presencia, el dragón aceptaba y le daba la bienvenida en silencioso reconocimiento.

- ¿Estás listo?- preguntó al cabo.

- Yo… no estoy seguro…- confesó cabizbajo.

- No temas. Yo estoy contigo.

Dando media vuelta, el dragón se encaminó lejos del precipicio, adentrándose en aquella explanada ahora plateada bajo los rayos de luna y con un aire casi místico. El chico, tras unos segundos en que su mirada viajó por donde momentos antes había permanecido el animal, siguió a su guía. Pero detuvo su avance al observar el panorama que se dibujaba ante él.

Casi un centenar de dragones de todas formas y colores se congregaban alrededor aguardando en silencio. A lo largo de la llanura, por entre las montañas que circundaban el atiplen como si de un circo se tratara, sobrevolando el aire… mirara por donde mirara, aquellas poderosas criaturas se iban instalando por doquier, ocupando casi toda su visión.

- ¿Recuerdas que una vez te hablé del Juramento de los Dragones? No sólo implicaba el nacimiento de alguien como yo, sino también la unión de toda nuestra especie para con el guardián. Recuerda esto, pequeño: No estás sólo, yo estoy contigo. Y como prometí, te acompañaré en ésta guerra.

- Shelyak…- sintiendo que apenas era capaz de pensar con claridad tras el choque que aquella visión le había provocado seguido por las regias palabras de su compañero, Harry no pudo seguir, obligándose a hablar con su voz.- ¿Crees en las segundas oportunidades?- preguntó en reptilingüe tras recomponerse.

- Quién sabe.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cincuenta minutos después, cuando llevaban cerca de diez a la espera, un grupo de siluetas aladas se dibujó en el cielo nocturno. Y aunque Harry imaginó quienes eran, un par de figuras aparecieron en medio del descubierto con dos ¡plop! asemejando el trueno de un disparo. Sin embargo, y para su sorpresa, los dragones que habían permanecido en atenta vigilancia no se sobresaltaron más que para dirigir sus afiladas miradas hacia los recién llegados. Aunque supuso que debió ser Shelyak quien controló sus impulsos, volviendo a desviar su atención hacia las sombras de los árboles que rodeaban la llanura, dejando el recibimiento para su compañero quien, encaminándose hacia ellos, se preguntó cómo habrían reaccionado al encontrarse junto a los feroces animales, a pesar de ser sólo ocho de ellos.

Imperturbables, Draco Malfoy y Severus Snape se mantuvieron inexpresivos hasta su llegada. Ambos, al igual que Harry, iban completamente de negro, disimulando sus figuras en la noche con un perfecto camuflaje que, además, simbolizaba parte de su carácter.

- Me alegra verte.- dijo su hermano tras saludarse con un abrazo afectuoso.

- También a mí.- levantando de nuevo la mirada, pudo vislumbrar mejor a aquellos que se acercaban por aire.

- Y bien¿cuál es el plan?- preguntó Snape entrecruzando los brazos.

- Azkaban.- agachándose, extrajo su varita y, moviéndola como si fuera un pincel, empezó a esbozar su idea dibujando con unas brillantes líneas rojas que iban apareciendo tras el paso de su varita.- Dividiremos el ataque en dos etapas. Utilizaremos una primera oleada para derrotar a los basiliscos que seguramente rodearán la prisión. La segunda se encargará de penetrar en sus defensas para entrar en combate con sus verdaderas fuerzas internas.

- Basiliscos…

- Los dragones se ocuparán de ellos. Su magia no les afecta.

- Esto suponiendo que hayan basiliscos.

- Los hay. Es su principal aliado, su representante… y nuestro opuesto.- terminó casi con un susurro.- Nuestra ventaja es el aire. La mayoría de los enemigos estarán indefensos, perecerán sin poder poner resistencia. Los demás… bueno, esa será nuestra lucha.

- No deberías subestimar tanto al Lord, Potter. En sus planes habrá tenido en cuenta ése punto, dudo que haya permitido que tal debilidad permanezca abierta.

- Tiene razón. Puede que sea una trampa.

- No.- dijo negando con vehemencia.- Es una invitación, casi una prueba donde sólo los invitados pueden entrar. Dejará que la mayoría de las fuerzas batallen en el exterior, mientras los demás seremos invitados en una lucha privada. No dejará que nada irrumpa ésta oportunidad para saldar unas cuentas que hace tiempo se debió saldar.

- Comprendo.- terminó el exmortífago con calma. Sus facciones resultaban inteligibles y Harry no podía imaginar los pensamientos que estarían circulando con frenesí dentro la mente de aquél hombre. Sin embargo, su poste sombrío y taciturno le hizo pensar que, quizá, había comprendido mucho más de lo que había dicho el chico. Aquella invitación iba, en realidad, hacia ellos tres. Los tres traidores, los tres enemigos que debían matar para conseguir su victoria. Los tres que, por encima de todo, habían conseguido engañar y defraudar la "confianza" de su señor.

Descendiendo cerca de ellos, un grupo de cuatro hipogrifos guiados por sus jinetes tomaron tierra con suavidad. Sus miradas se centraron en los dragones quines, algo más inquietos con aquella nueva presencia, se removieron casi con timidez.

Acercándose a ellos, los cuatro encapuchados se descubrieron dejando que la suave luz lunar dejara entrever sus facciones. Sirius, Ron, Ginny y Hermione. Para Harry, sin embargo, fue la presencia de la chica lo que hizo que su corazón latiera con fuerza y un repentino frío le hiciera temblar.

- ¿Cuántas unidades habéis conseguido?

- Sesenta y cuatro, veinte y ocho con jinete.- respondió Sirius tras saludar.

- Entendido.- murmuró pensativamente.

- A Charlie le habría encantado ver esto…- dijo Ron observando a aquellos grandes animales con incredulidad.

- Pues espera a verlos todos… Hay cerca de cien.- respondió con una alegre carcajada.

- ¡Cien!

Encima de ellos, sobrevolando el cielo en círculos, un grupo de aves que sabía eran hipogrifos iba moviéndose por entre las corrientes aéreas, dejando que sus emplumadas alas fluyeran en armonía con el aire cálido que les impulsaba hacia arriba y en donde viraban para volverlo a encontrar.

- Escuchad, éste será el plan.

Harry en ningún momento les habló sobre la lucha personal que iba a tener una vez hubieran podido traspasar sus defensas y, aunque estaba seguro de que todos eran conscientes de que su amigo e ahijado tendría un combate al que no podía huir, ninguno de ellos hizo mención alguna al respecto. Pero, al igual que él, lo sabían.

No tardó mucho en terminar de explicar el plan que minutos antes había expuesto a los dos exmortífagos. Al terminar, borró todo rastro y silenció sus pensamientos. ¿Qué podía decirles? Aquella sería, seguramente, la última vez que tendría oportunidad para hablar con ellos pero… cuanto más pensaba, menos sabía qué decir.

- En fin… esto es todo.- dijo incómodo al ver que nadie decía nada.- Tened cuidado.

Creyendo que todo estaba dicho, Snape se separó del grupo sin mediar otra palabra que una significante mirada hacia su eterno rival en lo que supuso que era una despedida temporal.

- Harry esto…- Ginny contorsionaba sus facciones de una forma que nunca antes había visto, como si no supiera qué cara poner ni cómo reaccionar ante sus pensamientos y emociones.- Volveremos a verte… ¿no?

- Mmm…- pensó que, al igual que había sucedido con su madrina, odiaba las despedidas. Habría preferido algo más fugaz, natural e inesperado, como con Remus. Pero aquella no era la situación y aquello le perturbaba haciendo que no supiera como reaccionar.- No lo creo.- contestó al fin con un suspiro cansado. ¿Para qué mentir cuando todos sabían la verdad? Era mejor así, más fácil y menos molesto. Además, admitirlo le hacía sentirse más ligero, como si pudiera quitarse un peso de encima aunque esto encogiera su corazón con un temor que, sabía, ellos también compartían.- En realidad, espero que no.- dijo con una sonrisa al recordar la misma respuesta que había dado a Marla en su adiós.- Aunque, quién sabe.

Iba a dar media vuelta cuando Sirius se anticipó. Cogiéndole desprevenido, le atrajo hacia sí y, con una fuerte abrazada, contuvo al chico entre sus brazos protectoramente. Para Harry sin embargo, aquello le provocó un placentero dolor. Dolor porqué sabía que no volvería a verle más, a aquél hombre al que había ayudado en más de una ocasión y quien, al mismo tiempo, le había ayudado a seguir con su propia vida. Y placer al sentir como aquél contacto le infundía un amor paternal que nunca había sido capaz de recibir.

- Estoy muy orgulloso de ti, Harry. Todos lo estamos. Y estoy seguro de que tus padres sienten exactamente lo mismo.- susurró cerca de su oreja con voz suave.- Para mí siempre serás como un hijo. Siempre.

No supo qué decir y, al parecer, Sirius tampoco esperaba que respondiera a sus confesiones pues, apartándose de él con una sonrisa orgullosa, le palmeó el hombro en despedida y, sin decir nada más, se alejó hacia Buckbeak que esperaba un poco más allá.

Tomando el relevo, Ginny y Ron se acercaron a él. La joven Weasley, sin importarle ya nada, se lanzó en sus brazos anticipándose a cualquier reacción. Con un beso en su mejilla, cosa que arrancó una afectuosa sonrisa de Harry, le sonrió con falsa alegría. Sus ojos, brillantes y temblorosos, dejaron escapar un par de lágrimas antes no se apartó dejando el paso a su hermano.

- Cuídate¿vale?

- Eso debería decirlo yo.- repuso Harry intentando parecer sereno y confiado.- Oye Ron… ¿querrás quedarte con la Saeta de Fuego? Quizá no esté a tu altura… pero puede serte útil…

- ¿Estás de broma?

- Claro que siempre se lo puedo decir a Draco…- dijo con intencionada indiferencia.

- No seas idiota. YO me haré cargo de ella, pero sólo hasta que regreses. Sabes que odio quedarme siempre con cosas de segunda mano. Además, ya nos han pedido la revancha, así que tenemos un partido pendiente. No vas a escaquearte como en el año pasado¿verdad?- repuso con una sonrisa maliciosa a lo que Harry no pudo evitar reír con todo su corazón.

- Cuida de Hermione y los demás¿de acuerdo?- murmuró estrechándole con un nuevo abrazo.- Evita que os maten, no querría veros antes de lo que planeo. Yo también quiero unas vacaciones.- añadió con una afable sonrisa al separarse.

Ron iba a responder pero, cambiando su mirada por otra de serena disciplina, aceptó con un rápido asentimiento.

- Nos vemos, amigo.- dijo el joven Weasley por último.

Siguiendo los pasos de su padrino, ambos hermanos se fueron. Al igual que ellos y tras su propia despedida, Draco se alejó junto a Severus quien permanecía en paciente espera.

Ya no quedaba nadie más excepto Ella.

Hermione no lloraba, tampoco mantenía la mirada escondida y aún menos mostraba vacilación alguna. En su lugar, mantenía sus ojos fijos en él con tal intensidad que tuvo que hacer un gran esfuerzo por no ser él quien desviara su atención.

- Al final vas a ir solo.- dijo con voz fría.

- Es mi obligación. Por favor, Herm, no volvamos a discutir sobre ello…

- No voy a discutir.- cortó con dureza. E iba a añadir algo más pero, mordiéndose el labio en repimienda, optó por girar bruscamente la cabeza, alejando sus ojos de él.

- ¿Puedo pedirte… que cuides de Hedwig por mí? Últimamente no he podido ocuparme mucho de ella, y me temo que está algo mosqueada conmigo. Ha sido una buena amiga, me dolería que se quedara sola por mi culpa.

- ¡Idiota¡No vayas a despedirte así de mí!- exclamó volviéndose con rapidez.- ¡No… no te lo perdonaré!

- ¡¿Y qué quieres que haga, Hermione¡Dímelo!- gritó fuera de sí. Por algún motivo se sentía desesperado, enfadado y, al mismo tiempo, horrorizado. Y la única forma que parecía calmar sus nervios era gritando, expulsando sus temblorosos pensamientos hacia ella, como si toda la culpa fuera recayera en ella.- Has visto mis recuerdos, sabes mi historia¡incluso te he confesado mis pensamientos¿Crees que no tengo miedo, que no estoy asustado¡Me aterroriza lo que me espera al final de esta guerra¡Pero lo menos que puedo hacer, es seguir adelante y asegurarme de que todo cuanto quiero quedará protegido¡Maldita sea!- gruñó al ver como la chica contorsionaba sus facciones en un intento por controlar unas lágrimas que pugnaban por salir.

- Siento que sea tan difícil para ti, Harry. Pero olvidas que no eres el único que tiene miedo.- tomando aire con esfuerzo, se obligó a tranquilizarse antes de seguir, volviendo a lucir aquella expresión de fría ira que antes había mostrado hacia él.- Sirius, Ron, Ginny… incluso Dumbledore. Todos nosotros tenemos nuestros miedos, pero no por ello alejamos a los demás de nuestro lado. No seas egoísta¡deja que te ayudemos¿Por qué debes lanzarte hacia la muerte tú solo¡No quiero que me protejas con tu vida, no la quiero!

Su grito, lleno de un temor y rabia que hizo temblar las hojas de los árboles más cercanos, despertó a Harry. De repente, pudo sentir como su corazón se inundaba de un amor y agradecimiento infinito, sintió como el calor escondido tras aquellas airosas palabras le embestía con violencia casi derrumbándolo por su fuerza. Era cierto, no había entendido nada. No era que él los protegiera, sino que ellos le protegían a él. Había sido un presuntuoso al pensar que iba a protegerlos con su vida, que su amor por ellos le llevaría a luchar hasta la muerte, en un destino escrito por una mano indiferente. Su fuerza, su poder, residía en los sentimientos que los demás profesaban hacia él, no en su capacidad ni habilidad. Amar y ser amado. Proteger y ser protegido.

Comprendiendo, la besó.

Fue un beso suave, breve y tímido. Pero para él bastó. Su perfume, su tacto y el sabor de aquél beso calmó su alma llenándola de la determinación que por unos instantes había perdido. Aquella resolución tan frágil que parecía desaparecer por unos instantes y regresar poco después, un coraje inmaduro que, con el tiempo, se habría convertido en un irrompible muro capaz de afrontar cualquier situación.

Tras apartarse de ella, dio media vuelta y se alejó.

- ¿Volveré a verte?- preguntó al viento. Y, aunque no fue más que un susurro, las palabras llegaron junto al chico como una caricia. No sentiría la respuesta, tampoco vería la sonrisa que se dibujaría en el rostro de Harry y que sería la misma que la suya, una sonrisa triste y alegre a la vez. Hermione siguió su ejemplo y, sin mirar atrás, subió sobre el hipogrifo de plumas blancas que le había llevado allí a pesar de su miedo a volar, y dejó que emprendiera el vuelo junto a los demás, internándose en el aire de la noche con una llama calentando su corazón, una llama ardiente e inextinguible que le llenaba de una esperanza que su mente no concebía.

"Algún día, quizá…"