-¡N-Neji-onisan!- pronunció Hinata sorprendida, aún recuperándose del susto que nos había pegado ese imbécil… Al que muchos llamaban genio.

-¿Qué es lo que buscas con Hinata-sama?- Preguntó confiadamente con el ceño fruncido, bastante molesto

-Eso no es de tu incumbencia…- Repliqué rápidamente

-Todo lo relacionado a la seguridad de Hinata-sama es mi asunto también- Respondió altanero

-Aún así, esas no son maneras…- Le dije sin despegar la vista de su mirada -¿Dónde queda tu serenidad, Hyuuga? – Dirigiéndome hacia él.

-No la dañes… Te lo advierto…- Pronunció Neji con mirada retadora, ayudando a Hinata a colocarse de pie e interponiéndose entre ella y yo, colocándola tras su espalda, sacaba algo de su estuche… Supuse serían shuriken.

-No tendría intención de hacerlo… Como otros- Lo dije con veneno en cada palabra, empuñando mi kunai.

Ambos sin quitar la vista del otro. Hinata miraba con sus brazos en frente, con una mirada llena de miedo, necesitaba de otra clase de protección. Temblaba posiblemente llena de miedo, sus rasgos faciales lo denotaban.

Nos colocamos en posición defensiva, él con su clásico estilo heredado de su clan… El mismo clan horriblemente destinado de la bella princesa que ocupaba mi mente, si pelearía con aquél idiota, sería por nosotros.

-¡Basta Ya!-

No tartamudeó ni un segundo para colocarse rápidamente entre nosotros y extender los brazos. Que ambos éramos un par de niñatos insensatos, nada más que un par de animales orgullosos; sin más, salió huyendo de la escena muy molesta y con lágrimas escurriendo sobre su tierno rostro que se había tornado fuerte de pronto, igual a su voluntad. Él volteó a mirarme con unos ojos claros llenos de odio y corrió tras ella, yo lo miré asqueado.

"Otra vez aquí sin ella y con mi asquerosa soledad"

Me dejó ahí sólo sin su luz… Ya ni siquiera la luz del Sol sobre la Luna me bastaba. Sin mencionar, claro, a aquél estorbo que había llegado de la nada, me maldije por haber bajado la guardia ante ese lago, y haber sucumbido ante la belleza de aquella chica… No pude prever el ataque de aquél estúpido que se daba siempre aires de superioridad… Eso si que no… No lo soportaría…

No había modo de seguirlos… No ahora, así que volví a mi departamento aún en medio de la penumbra nocturna y con el asfixiante calor de verano que ahora no me arrullaba entre sus aromas, sino que oprimía mi pecho, sin dejarme dormir… Realmente quise ver arrastrándose ante mí a ese tipo…

De nuevo había regresado a las noches solitarias en mi departamento, donde el único calor existente irradiaba en la flama de una vela encendida… Casi siempre recostado en mi cama con los brazos tras mi nuca, mirando la simpleza del techo que me cubría del exterior… Divagando, pensando… Tomar el camino más fácil nunca ha sido mi naturaleza…

Como sea, aquella semana no había vuelto a verla… Hyuuga… Hyuuga Hinata… Ella estaba presente sólo en mis recuerdos, y yo tenía claro ya lo que necesitaba decirle, sabía que debía tener calma porque solo era cuestión de tiempo… Esperar… Una espera que me hartaba.

Caminaba alrededor de la villa como siempre sin un objetivo, no había visto ningún rostro familiar y mucho menos amistoso… Desde que había regresado a la aldea la mayoría de la gente me miraba con temor y odio, algunos otros con desprecio, pero sin embargo, jamás me importó, a veces les enfrentaba con la mirada para divertirme un poco, pero nada más.

-¡Sasuke-kun! – Exclamaba una vocecilla agitada detrás de mí. Ya sabía de quién se trataba, pero solo me quedé parado sin voltear atrás, los pasos se detuvieron justo atrás de mí y una liviana mano se posó sobre mi hombro, obligándome a girarme -…Buenos días… ¿Puedo acompañarte?- Yo solo le miraba y encogí los hombros en señal de indiferencia, continué caminando, mientras aquella chica pelirrosa iba a la par conmigo, aún no me explicaba como después de tanto tiempo ella podía mirarme y sonreír y sin embargo no llegar a causar algún efecto en mí.

Caminábamos en silencio, y así continuábamos hasta que la vi pasar casi frente a mis ojos… Con esa inocencia dulce e inigualable, cruzaba el sendero lleno de gente hermosamente vestida con una falda a la rodilla del color del cielo y una blusa sin mangas blanca, se le veía ligera, como dando un paseo por el cielo. La Diosa estaba por entrar a una casa de té. Me quedé ahí parado como tarado…

-¿¡Sa-Sasuke-kun!… Qué sucede?- Exclamó Sakura mirándome con los ojos sorprendidos.

-No es nada, Sakura… Debo irme – Le contesté rápidamente sin quitar la vista de aquél establecimiento, dispuesto a seguirla, dejé atrás a Haruno, que se quedó ahí nada más.

Me apresuré a entrar seguro de hallarla, no me equivoqué, la miré tranquila tomando lugar en una mesilla en el fondo del lugar que estaba recubierto de madera, sólo una luz tranquila entraba por un gran vitral que dibujaba una flor violeta. Aún ella no se percataba de mi presencia. Me paré un segundo, reflexionando brevemente lo que haría y me dispuse a ir a su lugar. A unos cuantos pasos de distancia, alzó su límpida mirada y observó la mía, retiró la vista enseguida.

-Sasuke-san…- Su dulce voz me llenaba el alma cuando pronunciaba con tal delicadeza mi nombre

-Hinata-san… Que grata sorpresa- Dirigiéndome a ella con una sonrisa, procurando el no acelerarme -¿Puedo… acompañarte?- Le preguntaba de nuevo, como días antes, ella me dirigió una mirada sorprendida

-P-por supuesto…- Agachó la cabeza y comenzó a jugar con sus dedos.

Silencio incómodo… Tenía millones de cosas por decirle, pero ninguna de ellas fui capaz de pronunciar, su sola presencia me atontaba y sentir que estaba tan cerca de mí no me ayudaba a concentrarme. Llegó una mujer no mucho mayor a nosotros a atendernos, ella pidió un té de Jazmín… Hice lo mismo. Nos sonrió y se marchó.

-Yo… En realidad quería… Quería disculparme por lo que…- Rompí el silencio dirigiéndome de manera seria hacia ella, me interrumpió casi cortésmente

-Basta… Q-quién de-debería de disculparse… Soy y-yo… - Un color carmesí inundaba levemente sus mejillas –N-Neji-san s-sólo…- Agachó la mirada, esta vez sería yo quién interrumpiría no tan cortésmente

-Quién realmente debería disculparse es él…- Dije con voz firme mirando hacia otro lugar, no me agradó que se responsabilizara por algo que ella no cometió.

-… Etto… Él sólo… Y-yo me fugué d-de casa c-como… Como muchas otras noches

-Lo sé… Lo sé- Le dije dirigiendo mi mirada hacia ella, me miró sorprendida.

-Ahhh… D-disculpa, Sasuke-san… ¿A-a qué te refieres… c-con q-que lo… sabes?

Llegaron nuestros pedidos y no le di mayor importancia, ella sonrió amablemente a la mesera y volvió a retornar la mirada hacia mí, con una mirada curiosa y aún sorprendida. Yo recargué mis codos sobre la mesa y junté mis manos por debajo de mi nariz, en un gesto pensativo, ¿Cómo decirle que le había estado espiando por más de dos meses y medio? Me le quedé mirando estúpidamente a la tacilla de té como esperando que algo surgiera de la nada, regresé mi mirada a ella, tenía un gesto atento, un leve rubor sobre sus mejillas y un mechón de cabello le caía delicadamente por el hombro derecho, no había duda… Estaba bellísima y yo indefenso ante tal belleza. Regresé de golpe de mis pensamientos al ver como tomaba su taza con cuidado, sin retirar mi vista de ella

-Así es, Hinata-san… Simplemente, lo sé.

-… - Hizo una cara de duda indescriptible, de verdad se veía que no entendía nada, di un pequeño trago a mi té aún muy caliente, y sentí como recorría mi garganta rápido y cálido, al igual que mis ganas de decirle todo lo que sentía en ese momento, bajé mi taza a la mesa y me le quedé mirando, estaba visiblemente intimidada por mi seriedad

-Escucha… No lo diré otra vez… - Tomé su muñeca que reposaba sobre la mesa y la apreté firmemente, ella me miró con un destello de temor – Así que por favor escúchame bien…- Asintió levemente con la cabeza y agachó la mirada

-Irónicamente… Una noche te encontré por mi camino, yo observándote desde un árbol y tú junto aquél lago bañado por la Luna… - Solté su muñeca más relajado, di un trago a mi té como para reponer fuerza y continué hablándole – Y no pude evitar regresar las noches siguientes… A veces no te encontraba… Pero siempre volvías, y sin saber cuál era tu identidad… -Mi voz extrañamente se suavizaba – Te fuiste adueñando de mis ojos… -Clavé la mirada en el contenido de mi taza –Bien… Ahí tienes… No tengo más nada que decirte ya, Hinata-san, no te pediré que me contestes si no lo deseas.

-… Etto… - Se había sonrojado completamente y jugueteaba con sus dedos –Y-yo… Te contestaré… S-Sasuke-san – Nuestras cabezas se levantaron y nos miramos, no pude evitar una leve sonrisa en mi rostro, ella tampoco – S-solamente… q-quie-ro pe-pedirte que… Me esperes un tiempo… P-para darte u-una respuesta…- Estaba convencida… Asentí, satisfecho. Luego de terminar, salimos de ahí… El viento parecía volar a mi favor… Me sentía tranquilo, aunque impaciente, el calor volvía a inundar mi cuerpo de cálidas sensaciones, ya no me oprimía. Besé su frente y marchamos.