Disclaimers: Como dije en el prólogo, la historia, el juego y los personaje no me pertenecen…

Capítulo 1

-¡¡Bowie, despierta de tu profundo sueño y preséntate ante mí!! –gritaba una voz de mujer en la lejanía.

Aunque pudiera parecerlo por la vileza del nombre, la voz no estaba realizando ninguna invocación satánica, ni ritual oscuro de ningún tipo. En primer lugar, porque ni el más abyecto de los habitantes del inframundo sería capaz de llamarse así. No, no se trataba de magia negra. Era algo peor, mucho peor, que tendría consecuencias nefastas para el mundo… Era la madre del protagonista, que lo llamaba por su nombre.

-Zzzz… -protestó inconscientemente el prota, un joven adolescente de rubios cabellos y azules ojos bajo los párpados legañosos. Era algo flacucho y enclenque, en parte porque no había dios que se tragara los mejunjes que perpetraba su madre en la cocina, en parte porque era un vago y no hacía ejercicio, por lo que tampoco tenía mucho músculo. En resumen, no es que tuviera mucha apariencia de héroe ni nada por el estilo, pero eso es algo común en muchos videojuegos y se soluciona subiendo algunos nivelillos. Tras unos minutos dedicados a reconocer el lugar donde se encontraba y recordar quién era (por ese orden), empezó a vestirse. «¿Porqué siempre me despiertan cuando está a punto de ocurrir lo mejor? En fin, otro día más que perder en la maldita escuela oyendo hablar al pesado de Sir Astral sobre la vida de los puñeteros berberechos europeos…» -pensaba para sí.

Cuando estuvo todo listo, guardó toda la ropa sucia bajo la cama de una patada, se colgó su capa verde a la espalda y bajó a la cocina a desayunar.

-Buenos días, ma… -quiso saludar.

-¡¿Te has dado cuenta de la hora que es?! –interrumpió su madre, bastante cabreada- ¡Vas a llegar tarde a la escuela, como siempre! Por gandul, ¡hoy te vas sin desayunar! –sentenció.

-Bueno, vale, pero no me chilles, que no estoy sordo –dijo el prota, agradeciendo mentalmente a los dioses por poder librarse del martirio diario que suponía comer las tostadas duras y ennegrecidas que solía prepararle.

Una vez pronunciadas estas palabras y viendo que su madre cogía el azucarero para tirárselo a la cabeza, Bowie salió corriendo de su casa, rumbo a la escuela y sin coger ni los libros ni la calculadora, como todo buen estudiante que se precie.

Ya en la calle, el prota pudo contemplar cómo los trabajadores del servicio municipal de retirada de animales muertos recogían los cadáveres de los vecinos que habían fallecido la noche anterior presas del pánico producido por el terremoto y los arrojaban sobre una carreta. Un trabajador hacía sonar una campana y daba voces, por si alguien quería salir a tirar la basura al carro aprovechando que era casi fin de mes, que era cuando solía hacerse.

-No tengo ganas de ir a la escuela… -pensaba para sí el muchacho-. No es más que una pérdida de tiempo. A lo mejor puedo ir al bar a tomar algo.

Pero el destino, como suele ocurrir en estos casos, estaba en contra del rubio y el bar estaba cerrado, con un cartel en la puerta que rezaba: "Cerrado por defunción. Rogamos vayan a la escuela". Carteles de esos había por todas partes. De hecho, todos los vecinos (vivos) con los que se tropezaba, le decían que fuera a la escuela. Incluso le pareció ver que alguno de los que no estaban vivos señalara en dirección a la escuela con alguno de sus fríos dedos. Por un momento tuvo la agobiante sensación de que su vida estaba dirigida por una fuerza exterior y que, independientemente de lo que pensase, no tendría más narices que dejarse llevar, como buen protagonista de videojuego.

Así pues, Bowie se dirigió a la parte más peligrosa del pueblo, las afueras, donde hacía años a Sir Astral se le había ocurrido la idea de fundar una escuela para extender sus amplios e inútiles conocimientos sobre los moluscos y, ya que estaba, un poco de historia local, poco más que las cuatro tonterías que suelen contar los viejos cuando se reúnen en la plaza del pueblo.

Nada más entrar en la escuela, Bowie reconoció enseguida a dos de sus tres únicos amigos en el mundo, Sarah y Chester. Es lo que tiene vivir en un pueblo con 4 casas alejado del resto del mundo civilizado. Sarah era una chica con el pelo azul al igual que su túnica, que le cubría todo el cuerpo, y largas orejas (de unos dos palmos), que observaba con ojo crítico unos palitos, mientras Chester, un joven y alocado centauro que nunca se separaba de la Juani, su lanza de madera, ni para dormir, los iba cortando en pedacitos.

-Ouaaaaaaaaaa… -bostezó Bowie a modo de saludo-. ¿Qué hacéis con eso?

-Empezábamos a pensar que hoy tampoco vendrías –dijo la chica, sin mirarle-. Estos palitos son para decidir quién baja a avisar al haragán del profesor para que suba, nos dé el coñazo y nos podamos ir a casa cuanto antes.

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Un estruendo despertó a Sir Astral, haciéndole perder el equilibrio en la silla sobre la que se había dormido. Por fortuna, estaba cerca de la pared, así que en vez de besar el suelo se dio un fuerte golpe en la nuca. El profesor de los muchachos era un viejo, de unos setenta años, que vestía una túnica gris hasta el suelo y un sombrero de pico desde que, leyendo una revista de moda, se había enterado de que eso era lo que volvía locas a las nenas.

-Ay… cualquiera diría que las escaleras de este reino están malditas… -se quejó el prota, tocándose un chichón de la cabeza, ya que él había sido el causante del jaleo.

-Oh, Bowie, qué amable eres al dejarte caer por aquí –dijo con sinceridad.

-Cada cual tiene sus aficiones –respondió, encogiéndose de hombros-. Por cierto, ya es hora de empezar con sus edificantes clases.

-Pero por supuesto, enseguida subo –expresó el anciano, sorprendido porque alguno de los analfabetos que tenía por discípulos mostrara algo de interés.

Una vez cumplido el castigo que lleva consigo el haber sacado el palito más corto, Bowie volvió a la clase, donde se sentó al lado de su amigo Chester, seguido por el vetusto profesor, que se fue directo hacia la pizarra donde se quedó unos instantes mirando hacia el infinito.

-¿De qué hablábamos el último día? Mi memoria ya no es lo que era… Ah, si fuera más joven… –pensó en voz alta el anciano-. Mmm, sí, por supuesto: de la interesantísima y apasionante vida del berberecho europeo. Bien muchachos, abrid vuestros inexistentes libros por la página veinticatorce y…

De pronto, un soldado entró corriendo en la escuela y se arrojó volando a los pies de Sir Astral, como dictaba el protocolo de la academia militar en situaciones de emergencia.

-El… el… el Rey... –jadeaba el soldado.

Todos los presentes miraron al tipo del suelo con atención.

-El Rey… ¡está enfermo! –dijo el soldado, antes de morir.

-Oh, ¡el Rey está enfermo! –repitió Sir Astral con afectación-. Iré a ver qué le pasa… más que nada porque es él quien pone la pasta para que esta escuela siga abierta. Vosotros, chavales, NO vayáis. Bajo ningún concepto os acerquéis al castillo. «Si el Rey ve que esta escuela es más falsa que una perla de cartón, seguro que me retira la subvención. Si al menos hubieran aprendido a sumar…» -pensó para sí.

Los muchachos se quedaron sentados en sus pupitres, pero una vez que el profesor se hubo marchado no tardaron ni un nanosegundo en ponerse de pie.

-Chicos, ¿qué os parece si hoy, para variar, nos colamos en el castillo? –propuso Sarah.

-¿Y eso? –preguntó Chester, sorprendido-. La última vez que lo intentamos nos cogieron los guardias y nos dieron una paliza… aun tengo algunos moratones…

-Lo sé, pero esta vez será distinto… tengo un plan –dijo a sus amigos.

-También lo tenías las últimas siete veces… y nos pillaron… -atacó Bowie.

-Sí, pero esta vez es bueno –aseguró la chica.

-No sé, no sé… ¿tú qué crees, Bowie? –preguntó el medio equino.

-Mientras no se insinúe a los guardias como la otra vez… En fin, me da la impresión de que la aventura no avanzará hasta que vayamos al castillo, así que será mejor que lo intentemos –dijo éste último-. Quería comprar unas pipas en la tienda de elementos y no abrirán hasta entonces.

-Perfecto. Seguidme –dijo Sarah, mientras salía corriendo hacia las puertas del castillo, con una sonrisa de oreja a oreja.

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Una vez que llegaron ante las puertas que les eran vedadas, los guardias fueron hacia ellos, sonriendo y haciendo crujir sus nudillos.

-Esperad un momento, ¡tenemos razones para estar aquí! –se apresuró a decir Sarah, mientras Chester y Bowie empezaban a pensar que había sido un error llegar hasta tan lejos sin haber comentado ni una vez siquiera el plan.

-¿Ah, sí? –dijo uno de los guardias, entrecerrando los ojos. Esos chicos llevaban mucho tiempo queriendo entrar en el castillo, a saber con qué fines.

-Sí, resulta que Sir Astral se ha dejado sus pastillas para la tensión en la escuela y se las traemos para que no se le pase. Es que tiene una memoria este hombre, jeje… -mintió la chica, dejando pensativo al guardia y helados a sus amigos. Era imposible que el guardia se tragara algo así.

-Está bien, de acuerdo, podéis pasar –dijo al fin el guardia, sorprendiendo a los muchachos y a quien sea que tuviese el pad en sus manos y estuviese mirando la pantalla en ese momento.

Una vez pasadas las puertas, atravesaron un patio y entraron en el castillo. Aparentemente no había nada fuera de lo normal, así que, paseándose como Pedro por su casa, llegaron hasta las habitaciones reales donde, sorprendentemente, no había ningún soldado haciendo guardia y entraron procurando que no les viera nadie.

-¡Padre, padre! –montaba el cuadro la princesa Elis-. No te mueras, querido padre. Que aun no has quitado a tu cerdito Luca del testamento y me has puesto a mí.

-¿Es grave, doctor? –le preguntaba el Ministro a Sir Astral.

-Mmmm…. –se oía meditar al anciano. Cualquiera habría pensado que estaba analizando los síntomas que aquejaban al pobre Rey, cotejándolos en su cabeza con los extensos conocimientos de medicina que debía tener. «¿Será posible que siempre me meta en berenjenales por hablar más de la cuenta?» -se recriminaba el anciano- «En mal momento les tuve que decir a estos que era un sabio conocedor del mundo y del cuerpo humano… Claro, que entonces no habrían accedido al asunto de la falsa escuela y a pagarme todas las facturas… ¿Pero qué doctor ni qué niño muerto? ¿Me habrá visto este calvo cara de Ramón y Cajal? Si no tengo ni repajolera idea de lo que le pasa a este, mi especialidad son los berberechos… Seguro que es grave y se muere, jajajaja. En fin, a ver qué les cuento».

-¿Es grave? – repitió el Ministro.

-Lo va a decir ya, ¿o qué? –saltó Sarah con nerviosismo. Nunca le habían gustado los momentos de suspense, lo que le había llevado a pasar por muchos malos momentos, como por ejemplo este.

-¿Qué hacéis aquí? –gritó Sir Astral, aunque internamente estaba muy aliviado porque sus estúpidos alumnos le habían salvado el culo.

-Todo es culpa de Bowie –dijeron al unísono Chester y Sarah, dejando sin palabras al rubio.

-¿Quiénes son?, parecen buenos chicos –preguntó el calvo-. Nunca les había visto el pelo.

-Nosotros a usted tampoco –dijo Chester sin pensar-. Ejem, quiero decir, que los guardias controlan muy bien la puerta y no dejan entrar a los niños… -quiso corregir el equino.

-Esto… y ¿decís que la puerta sellada de la Torre se ha abierto? –desvió el tema Sir Astral-. Estoy completamente seguro de que hay una relación directa entre ambos sucesos inconexos. Y como soy el más sabio de esta habitación, os tenéis que aguantar y creer la jilipollez que acabo de soltar –hizo gala de conocimientos el anciano del sombrero picudo gris.

-Sí… -dijo el Ministro, que seguía mosqueado con Chester-. Podrías ir a echar un vistazo. Posiblemente dentro haya monstruos y sea muy peligroso, como cualquier zona en ruinas que se precie, así que harías bien en llevarte a estos chicos como protección… especialmente al gracioso.

-Buena idea, Ministro –se apresuró a decir el anciano viendo, por fin, cómo podría salir airoso del brete en el que estaba. Luego, aunque no encontraran nada, podría irse por la noche del pueblo a ver si encontraba otro reino al que estafar.

-Si es peligroso, ¿no sería mejor que en vez de ir nosotros fueran unos cuantos soldados? –razonó el prota.

-Qué pocos videojuegos has jugado –gruñó Sir Astral mientras se dirigía al pasillo-. Id a prepararos y luego buscadme allí.

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La Torre se alzaba en el centro de un valle, sobresaliendo de entre un profundo abismo del que no se veía el fondo, rodeado por unos bonitos jardines en los que cada dos por tres se veían cartelitos que alternaban entre "Se ruega no pisar el césped" y "Un año de prisión por cada hoja pisada".

-Bueno, hemos llegado –comentó Chester a sus amigos, que habían abierto la boca al salir del túnel y ver tan de cerca la Torre y aún la tenían abierta.

-Aún no puedo creer que nos vayan a dejar entrar… –dijo Bowie.

-¿Sois vosotros los alumnos de Sir Astral? –preguntó un guardia, mientras degustaba un sabroso bocadillo de chorizo en su hora del almuerzo, estipulada según el convenio laboral de la Guardia y Centinelería.

-Yep –asintió Sarah, pavoneándose al sentirse importante por una vez en su triste y miserable vida.

-Pues nada, majos, ahí está la Torre… toda vuestra –dijo, atacando al bocadillo sin piedad.

Los tres valientes se adentraron en la misteriosa torre con cuidado ya que apenas se veía nada por la poca luz que entraba por las ventanas y todo estaba lleno de basura y desperdicios, con lo que podrían cortarse con algo y pillar el tifus, el tétanos, el tétasis o algo incluso peor.

-Para ser gentes de gran poder mágico, eran un poco guarros, ¿no? –se atrevió a aventurar Chester, recordando las cuatro tonterías con las que solía alternar Sir Astral la vida de los berberechos.

-Yo diría que son los restos de los almuerzos de los guardias… Como está prohibido llenar de basura los alrededores, tiran los desperdicios aquí dentro por las ventanas. Total, como nadie va a entrar… -dijo Bowie, mirando los restos de una lata de cerveza y una bolsa de palomitas de maíz.

-Vaya peste hay aquí dentro –dijo Sarah, tapándose la nariz-. Bueno, ¿y ahora cómo vamos a saber dónde está el profe?

-Creo que lo mejor será que sigamos el rastro que se abre entre la mierda, tiene que haberlo hecho Sir Astral –apuntó Bowie.

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Tras un buen rato de andar entre los desperdicios, los muchachos llegaron hasta una sala enorme, en cuyo centro se hallaba Sir Astral, con cara de pocos amigos.

-Ya era hora de que os dignarais aparecer por aquí –se les quejó el anciano-. Tampoco se tarda tanto en volver al pueblo para grabarse en la iglesia, por si hay que combatir contra algún boss.

-La culpa es de Bowie, que se entretenía en rebuscar entre la basura algún regalo para su querida madre –se apresuró a mentir Sarah echándole, como siempre, la culpa al prota de todo lo que pasara. A primera vista puede parecer un comportamiento cruel, pero ella sabía que siendo el prota, le perdonarían lo que fuese.

-Bueno, me da igual –cortó el viejo, ya un poco enojado-. Ahora, quedaos quietos ahí un rato sin molestar mucho mientras yo, que soy el más sabio de la zona, busco algo interesante.

Pasaron un par de horas hasta que el bueno de Sir Astral, llegó a la conclusión de que el extraño símbolo que había encontrado dos horas antes tenía algo que ver con la magia negra y que no aparecía en la etiqueta de las botellas de whisky o en los envoltorios de los bollicaos, como había pensado en un primer momento. La revelación le sobrevino cuando, tras acercarse un poco más a analizar el dibujito, éste produjo un gran resplandor tras el cual empezó a salir un extraño humillo desde el suelo.

-Qué humo más raro… ¿alguien se habrá dejado encendida una colilla? –preguntó Sir Astral, sin dirigirse a nadie en concreto.

Los tres amigos ya estaban medio durmiéndose cuando, de pronto, oyeron cómo su anciano profesor los llamaba a voces.

-¿Qué ocurre, Sir Astral? –preguntó el protagonista.

-¡Un Gizmo! ¡Ha aparecido un Gizmo! –respondió el anciano-. Los Gizmos son demonios que poseen a la gente –continuó, dándoselas de listo, solo porque lo había leído una vez en una revista-. ¡Pasarás de aquí por encima de mi cadáver! –aseguró al humo, que iba cambiando de forma, alternando entre un osito de peluche y una cara gigante.

Nada más pronunciar esas palabras, el Gizmo empezó a inflarse, lo cual hizo temer a Sir Astral por su integridad física, sobre todo cuando el bicho se multiplicó ante las barbas del viejo.

-Chicos, ¡ayuda! –gritó el viejo, desesperado.

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Un rato más tarde, en el que habían destruido a soplidos a casi todos los bichos esos, solo quedaba el primero, el que le había vacilado a Sir Astral. Pero este bicho, que no tiene ni un pelo de tonto (ni de nada, porque es humo) se fue, perdiendo el etéreo culo, hacia la salida.

-Hey, ¡que se nos escapa ese! –llamó Sir Astral a sus pupilos-. Hay que detenerlo, no vaya a ser que se dirija a donde está el Rey y le posea –dijo por decir algo, sin saber lo predecibles que pueden llegar a ser ciertas situaciones en un videojuego.

Así pues, salieron corriendo tras el humillo que iba dejando un rastro de cadáveres a su paso. Soldados, sirvientes, perros, cualquier cosa que se pusiera en contacto caía al suelo. Tras una corta carrera, llegaron al castillo, donde se encontraron con el Ministro, que estaba pálido y tenía un ojo morado.

-El humo… el Rey… -decía el calvo de verde con evidentes problemas para hablar, como si le hubieran dado una patada en el estómago, un puñetazo en el ojo derecho y un rodillazo en la mandíbula.

-¿Quién te ha hecho eso? –dijo Sir Astral, sorprendido.

-El humo… se ha metido en el cuerpo del Rey… y se ha puesto muy violento… Me ha dado una patada en el estómago, un puñetazo en el ojo derecho y un rodillazo en la mandíbula –enumeró el pobre político.

-Lo que pensaba –apuntó el viejo.

-¿Có.. cómo? –replicó el Ministro, sin entender.

-Hay que actuar rápido –dijo el viejo, haciéndose el sordo-. Vamos chicos, seguidme.

La comitiva se dirigió al piso de arriba, donde un irreconocible Rey estaba dándole ostias a un pobre centinela contra la pared, sacando ambos espuma por la boca aunque cada uno por motivos diferentes.

-¡Alto! –ordenó Sir Astral. No estaba muy seguro de si aquel cursillo que hizo por correo de "Aprenda usted a hacer exorcismos en 24 días" funcionaría pero, si quería que siguieran pagándole todas sus facturas, debía intentarlo.

El Rey dejó caer al suelo al pobre guardia y se encaró hacia Sir Astral. Ambos viejos se miraban fijamente, dando vueltas lentamente por la habitación, como observándose. Al cabo de un rato de tenso silencio, Sir Astral actuó.

-¡Piedra! –gritó éste.

-¡Tijera! –bramó el Rey, escupiendo unos perdigones que Sir Astral esquivó con agilidad.

-¡Has perdido! –se congratuló el profesor-. Ahora, ¡abandona este cuerpo!

-¡Mierdaaaaargg! –empezó a decir el Rey, mientras un humillo empezaba a salirle por las orejas, formándose de nuevo el bicho de la Torre, que huyó por la ventana.

-Majestad, ¿está usted bien? –preguntó el Ministro. Al ver que el Rey sólo parecía un poco desorientado, bajó corriendo al patio, para ordenar a los soldados que fueran a matar al bicho.

-No entiendo por qué mandan a toda esa gente a matar a un bicho cuando nosotros tres, que somos unos chavales, hemos matado un montón –dijo el prota, a nadie en particular.

-Así es como se hacen las cosas en este reino –respondió Sir Astral-. Y es una pena, porque estaba a punto de decir que conozco a un tipo que sabe mucho sobre la Torre y que podría ayudarnos con todo esto… pero ahora que se han ido todos los soldados disponibles, como no os manden a vosotros…

-Excelente idea –logró decir el Rey, con voz pastosa-. Que los manden ahora mismo en esa peligrosa misión a la que, por supuesto, enviamos sin darles ningún tipo de protección ni dinero para que se la compren.

-Pero, pero… -comenzó a decir Chester, que veía la que se les avecinaba.

-Ni peros, ni peras –sentenció el Ministro-. Mañana por la mañana saldréis a buscar al tipo ese. Ya es hora de que le sirváis para algo al Rey y dejéis de chupar de los fondos públicos.

Fin del capítulo 1

Comentarios:

Con el primer capítulo os presento al protagonista, Bowie. Espero que os haya gustado el capítulo, porque yo me he divertido mucho escribiéndolo, jeje.

Contestando reviews:

Ayumi Warui: Tienes razón, no lo había dicho, pero bueno se pueden hacer todas las preguntas que se quiera xD. Con respecto a tus dudas, la puerta se abre por el tema de las gemas, y con respecto al juego de la petanca… ¡sólo lo sabrás si sigues leyendo, muhahaha! xD