Disclaimers: Como dije en el prólogo, la historia, el juego y los personaje no me pertenecen…
Capítulo 2
A la mañana siguiente, Bowie se levantó de mal humor. No le gustaba nada que le dijeran lo que tenía que hacer pero, como al final el Rey había ordenado a los guardias que si no se iban les expulsasen de la ciudad y no les dejasen volver sin el tipo al que buscaban, no tuvo más remedio que tomárselo con filosofía.
-¡Oh, cariño, ya te has levantado! –dijo su madre cuando le vio entrar en la cocina con intención de desayunar, dejándole boquiabierto.
-Esto... sí –respondió el rubio- ¿Te pasa algo, ma? –preguntó, cuando logró salir del estupor al ver que su madre no estaba de mala leche como todos los días, lo cual le hizo plantearse si el mundo se estaría acabando o algo así y lo de la Torre no fuera más que un pequeño aviso.
-Estoy tan orgullosa de ti ahora que trabajas para el Rey… –dramatizó en exceso la mujer-. Eres tan mayor ya… claro, como aún no has aprendido a contar en la escuela, yo te seguía viendo como mi pequeñuelo. Tu padre también estaría muy orgulloso de ti, si no fuera un borracho, vago y delincuente.
-Ya, ya… mira, mejor me voy ya que el deber me llama –dijo mientras salía corriendo, huyendo del sermón que sabía que le esperaba, como siempre que empezaba a hablar de su padre.
En la plaza del pueblo se encontró a Sarah y Chester, que ya estaban preparados para iniciar el viaje, mirando con interés a una vieja que despotricaba sin parar en medio de la calle.
-¡Muette! ¡Zangre! ¡Detuzzión! –balbuceaba desesperadamente la anciana, soltando perdigones-. ¡Vamo a morí todoz! ¡Loh zoldadoz noz harán picadillo! ¡Lo zé, zoy vidente y me lo han dicho lah vocez!
-¿Qué le pasa a esta? –preguntó el rubio a sus amigos.
-Ni idea –contestó Sarah-. Pero por el aliento pestilente que emerge de sus fauces, diría que la última botella de vino que tomó anoche no le sentó muy bien.
-Disculpe, si es usted vidente, ¿no debió verlo en un sueño o algo así? –preguntó amablemente el prota a la anciana-. Yo creo que lo que le sentó mal a esta tía es lo que se fumó después de la botella de vino… –añadió, al ver que la vieja pasaba de él como de la mierda-. En fin, a lo nuestro, vamos a ver si podemos estar de regreso antes de la hora de la siesta.
En la puerta del pueblo les esperaba un chico muy bajito y que, si bien no llegaba a estar gordo, estaba bien criado. Lo más destacable sobre él, a parte de sus enormes orejas de soplillo y sus cuidadas patillas, era un gran hacha que miraba con cariño.
-Hombre Jaha, por fin te has despertado de tu letargo invernal –dijo el prota con cachondeo-. Menuda te perdiste ayer…
-Siempre os pasa lo mejor cuando yo no estoy… -replicó el muchacho, un poco triste.
-¿Cómo que "lo mejor"? ¿Estás tonto o qué? –saltó Sarah, que también estaba enfadada por la tarea voluntaria que les habían encomendado.
-Nada, Jaha, no es nada… es que nos han encargado una misión que tenemos que cumplir queramos o no –explicó Chester al sorprendido patilludo.
-¿En serio? Pues como hoy le he robado el hacha a mi padre y no sabía que hacer con él, si eso me voy con vosotros –decidió el joven-. Qué ilusión, será la primera vez en mi vida que salga del pueblo.
-Sí, espera –comentó Bowie llevándose las manos a los oídos como queriendo amplificar algún sonido- puedo oír los fuegos artificiales… Anda, vayámonos, que se hace tarde.
- \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / -
-Entonces, ¿tenemos que buscar a un viejo sabio que se llama Sir Jagüel y que vive en Llil? –se aseguró Jaha de que había entendido lo que Sarah llevaba contándole mientras caminaban por el bosque.
-Es Sir Hawel y el pueblo es Yeel, pero sí, en esencia es eso –aprobó la chica.
-Si no me equivoco, y estoy mirando correctamente este mapa en el que no aparece por ningún lado hacia donde está el norte, aquel pedazo castillo, que deja al nuestro como si fuera una chabola, de allí al fondo es Galam –informó Bowie a sus amigos.
-En ese caso, las cuatro casas mal puestas que hay allí delante deben ser Yeel, ¿no? –continuó Chester asomándose al pedazo de papel.
-Supongo… -meditó el prota-. Y si no, siempre podemos preguntar por dónde cae y luego robar algo e irnos corriendo.
-Muy bien, en marcha –animó Sarah.
- \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / -
-Granseal es pequeño, pero esto apenas es una calle… -murmuró Bowie, al entrar en el "pueblo".
-¿Qué dices? Esto es grandioso –decía Jaha emocionado.
-Lo que tú digas –respondió el aludido-. A ver si en aquel bar, único edificio decente del lugar, nos saben indicar qué casa es la del viejo.
El lugar estaba sucio y vacío, a excepción de un borracho que pasaba más tiempo allí dentro que el camarero y un piano que adornaba una pared. Y si te estás preguntando si el piano tendrá que ver en algún momento de la historia con algún pasadizo secreto o enigma, es que no has jugado a los suficientes videojuegos todavía.
-Buenas, querríamos un poco de información buen señor –dijo Sarah, fingiendo una voz tímida al barman.
-¿Es que no habéis leído el cartel que hay en la entrada? –quiso saber el aludido, aunque sabía por la pregunta que no lo habían hecho-. No se da información sin una consumición.
-En ese caso, pónganos un vaso de agua –se apresuró a decir Bowie, apartando a un lado a Sarah, que había quedado traumatizada por encontrar gente aún más estúpida que la que habitaba su pueblo natal.
-Eso está mejor, aquí tenéis –dijo el hombre sirviendo los vasos que, como todo el mundo sabe iba a salirles gratis-. ¿Y bien, qué queréis saber?
-Sí, mire, estamos buscando a un tipo llamado Sir Hawel, ¿le conoce? –comenzó Bowie.
-¿Sir Jagüel? Ah, sí, el chalado… Hace años que no vive aquí, le echamos a pedradas del pueblo porque teníamos miedo de que, con lo pedante que era, las gallinas murieran al escucharle –hizo memoria el camarero.
-No siga, que no creo poder contener las lágrimas –ironizó el rubio-. Lo que nos interesa saber es si sigue vivo y, en ese caso, dónde.
-Bueno, debe estar vivo porque hay un extraño muchacho, con una cara de tonto que tira de espaldas, que dice ser su alumno –explicó-. Alguna vez ha comentado que vive con él en una casita al norte del pueblo. Y viene todas las semanas a comprar provisiones… De hecho, creo que hoy le tocaba venir así que, con un poco de suerte, igual os lo encontráis.
-No se preocupe, la suerte no tiene nada que ver con esto ya que, al ser yo el protagonista de esta historia, el muchacho estará ahí esperándonos como un reloj y, lo mejor de todo, parecerá un encuentro casual –dijo Bowie a modo de despedida mientras salían de aquel antro.
- \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / -
-¿Será ese? –preguntó Chester a sus amigos, refiriéndose a un muchacho ataviado con una túnica marrón y un bastón tuneado de tal forma que parecía el brazo de un mecha sujetando una bola verde.
-Debe serlo, es el único tipo con cara de tonto que hemos visto hasta ahora y que no va vestido como el resto de los pueblerinos –contestó Bowie-. Además está bloqueando el único camino que sale del pueblo hacia el norte, como si el destino quisiera, misteriosamente, que nos tropezásemos con él.
-Buenos días, me llamo Kazin –se presentó el chico del bastón cuando el grupo se le acercó-. Me ha dicho un pajarito que estáis buscando a mi querido y venerado maestro, Sir Hawel, ¿es eso cierto?
-Oh, ¿cómo sabes eso? ¿Acaso eres un mago? –preguntó Jaha dejando patente, una vez más, que es malo que los bebés se caigan de la cuna.
-Sí, soy un mago –contestó Kazin-. Estudio magia en casa de Sir Hawel. Le limpio las pocilgas, le llevo leña, le corto el césped, le hago compra… y él, a cambio, me deja zambullirme en el océano de su sabiduría… -continuó el joven, dejando boquiabiertos a los cuatro chicos que no acababan de entender qué poderosa razón podía empujar a alguien a esforzarse tanto para que le dieran clases-. Pero la magia no ha tenido nada que ver con tu pregunta, amigo mío. En este pueblo nunca pasa nada, así que sois el centro de atención.
-Apuesto a que nuestra llegada al lugar será transmitida de padres a hijos durante generaciones –auguró Bowie-. En fin, ¿puedes guiarnos hasta la casa de tu maestro? Tenemos que hacerle unas cuantas preguntas y ya se nos está haciendo un poco tarde…
-Pero por supuesto que puedo guiar a un grupo de desamparados viajeros a casa del único, genial e inigualable Sir Hawel –dijo Kazin con jovialidad-. Seguidme, chicos –añadió, poniéndose detrás de Bowie.
-Si tenemos que seguirte, ¿porqué te pones detrás de mí? –preguntó Bowie, extrañado.
-Porque eres el protagonista y ellos siempre guían al grupo –respondió el mago, gesticulando como si estuviera revelando una obviedad.
- \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / -
Tras una caminata de un par de interminables horas en las que el nuevo compañero les estuvo dando la paliza sobre cada flor, árbol, animal, piedra e insecto que se cruzaban, haciendo hincapié en que se lo había enseñado su querido profesor, llegaron a una pequeña cabaña en un claro de un bosque.
-Bueno, hemos llegado –señaló Kazin lo evidente-. ¡Sir Hawel! ¡Tenemos visi…! –empezó a decir el muchacho antes de que desde dentro de la casa salieran unos gritos desgarradores similares a los que haría un perro si a alguien se le derramara un vaso de café hirviendo sobre su espalda, al agacharse a acariciarlo.
-Dios, ¡alguien está torturando a un pobre perro! –dijo Jaha, de pronto.
-No lo entiendo, no tenemos ningún animal de compañía… –comentaba Kazin, sin saber lo que pasaba, mientras todos entraban a la casa en tropel.
-¡No es lo que parece! –se apresuró a decir uno de los soldados que estaban pateando y acuchillando a un pobre viejo desgraciado tirado en el suelo que no podía hacer otra cosa más que ensuciar de sangre las botas de sus agresores a modo de defensa.
-¿Quiénes sois? –preguntó Chester, al ver que Kazin estaba afectado por una especie de shock que le impedía el movimiento y la capacidad del habla.
-¡Rápido, muchachos, por la puerta de atrás! –exclamó otro soldado, marcando el inicio de una estampida por una puerta mucho más pequeña e incómoda que la delantera aunque, eso sí, no estaba protegida por unos pocos niños.
-¡Cof, cof! –oyeron que profería la masa sanguinolenta, que arañaba patéticamente el suelo con la esperanza de llegar a una silla-. Ka... Kazin, ¿eres tú? ¿estás ahí? –logró articular el viejo.
-¡Sir Hawel! –gritó el mago, corriendo a su lado.
-Kazin, qué bien que estás aquí… -empezó a decir el viejo mientras se sacaba un puñal de las costillas, que le fatigaba.
-¡Oh, Sir Hawel, ¿porqué ha tenido que ocurrir esto?! –dijo el chico en tono melodramático.
-No me molestes ahora, Kazin, que tengo que contarte algo importante para el desarrollo de la aventura antes de morir –cortó el viejo, el cual escupió sangre un par de veces para remarcar la gravedad de la situación antes de continuar-. Esos tipos que habéis visto hace un rato son soldados de Galam y querían saber por qué cruzó la gallina al otro lado y, además, todo lo que supiese sobre la Torre de Granseal.
-Anda, qué casualidad, de eso veníamos a hablarle –se introdujo Bowie en la conversación sin presentarse ni nada, aunque total, la ofensa no duraría mucho dado el estado del anciano-. Resulta que ayer la puerta de la Torre apareció abierta.
Dos bultitos arrugados hicieron acto de presencia en la garganta del viejo y dada la expresión de terror que apareció en su demacrada cara, no les costó mucho trabajo adivinar lo que eran.
-¡Corred, desgraciados! ¡La isla entera está perdida! –empezó a chillar el profesor de Kazin.
-¿Cómo dice? –corearon todos, sin saber de lo que hablaba.
-¡Cof! ¡Cof! –tosía sangre escandalosamente el anciano-. ¡Si la puerta se ha abierto, es porque alguien ha roto el sello! Las… Gemas… Kazin, las Gemas… -gemía, agarrado a la manga de su alumno, la cual estaba ya toda pringada de sangre.
-¿Qué gemas, maestro? –preguntó Kazin, sin comprender.
-Ejem, precisamente te cuento esta historia todos los días, Kazin… -dijo amablemente el viejo-. La Torre de Granseal… ¡cof!¡cof! es la prisión de un diablo maligno y las ¡cof!¡cof! gemas lo mantienen atrapado dentro…
-Si es un asunto tan importante, ¿por qué no usaron cuatro o cinco candados de acero? –quiso saber Bowie.
-No me vengas con tecnicismos ahora, joven –pidió Sir Hawel-. No estoy de humor.
-¡Oh, Sir Hawel! –montó el cuadro nuevamente Kazin-. ¡No se muera, no me deje solo! ¡Hay tantas cosas que me quedan por aprender!
-No sabes cuantas, hijo –dijo Sir Hawel con tono misterioso-. Pero no te preocupes, que para que no te olvides de mí, voy a crearte un cargo de conciencia acojonante, espera y verás… -continuó el anciano antes de carraspear, como preparándose para algo-. ¡Oh, Kazin! –pronunció lo más dramáticamente posible- ¿Por qué no estabas conmigo en mi hora de necesidad? Si hubieras estado, nada de esto habría ocurrido, pero ahora voy a morir por TU culpa. Pero no te preocupes que podré descansar en paz si te unes a estos tipos que no había visto en mi vida, y cuyas habilidades considero dudosas, y vas a recuperar las piedras preciosas.
Dichas estas palabras, Sir Hawel murió, quedando su cuerpo parpadeando cada vez más deprisa, hasta que desapareció no sin antes pringarle a Kazin la cara y la pechera en un último y violento arranque de tos.
-Debo cumplir la tarea que mi amado maestro me ha encomendado –dijo Kazin con determinación, tras contemplar durante unos instantes el lugar vacío que había ocupado el cuerpo del anciano-. Unamos nuestras fuerzas de ahora en adelante para lograr nuestro objetivo –agregó, dejando la mirada perdida en el infinito.
-Como quieras –dijo Bowie-. Vámonos ya, que me está entrando hambre.
- \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / -
De camino a Granseal poco antes de llegar a Yeel, cayeron en una emboscada de los mismos soldados que, momentos antes, habían jugado a los médicos, en el sentido literal de la palabra, con el pobre Sir Hawel.
-¡Quietos! –exigió un tipo que no había estado durante la carnicería y que parecía ser más importante que los otros, ya que en vez de portar un ridículo penacho, llevaba lo que parecía un cuerno de rinoceronte-. ¡Rendíos! Yo, Sir Lemon, os lo or… -quiso continuar.
-¡Os odio a todos! –saltó de repente Kazin, interrumpiendo al oficial que acababa de hablar- ¡Habéis matado a mi maestro!
-Ejem… -carraspeó el soldado-. Como iba diciendo… ¡Rendíos! Yo, Sir Le…
-Y, si no nos rendimos, ¿qué? –continuó atacando el mago- ¿Qué harás? ¿Desatarás sobre nosotros el poder de las ondas del amor?
-Eso son cosas de mi primo lejano por parte de bisabuela, Limone –se apresuró a explicar Sir Lemon, que ya oía unos nerviosos murmullos entre sus filas-. ¿Podrías callarte de una puñetera vez y dejarme terminar el discurso que me ha llevado un par de horas preparar?
-Esto… ¿no podría acortarlo un poco? –intervino Bowie-. Es que tenemos un poco de prisa, ¿sabe?
-Bueno, vale –accedió el soldado-. Tenéis dos opciones: darnos una paliza de impresión o seguirnos sumisamente pero, en cualquier caso, vendréis con nosotros, mujajajaja.
-En ese caso, elegimos daros la paliza –eligió el rubio, dejando pensativo a Sir Lemon, que no había previsto tal posibilidad.
Tras un par de horas repartiendo ostias entre las filas de Galam, Bowie consideró que los pobres soldados habían recibido lo suficiente, según lo estipulado en su contrato, con lo que pidió a sus compañeros que se detuvieran, no fuera a ser que se les quejaran los del sindicato.
- \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / - - \ / -
El camino al castillo de Galam, en cuyos sótanos fueron encarcelados, no era muy largo aunque tardaron en recorrerlo, dado el mal estado en el que habían dejado a los soldados enemigos.
-Bueno, ya hemos estado sufriendo el maltrato de Galam durante demasiado tiempo –dijo Bowie con energía-. Nos largamos.
-Pero, si no hace ni cinco minutos que estamos aquí –replicó Jaha-. ¿Además, cómo piensas salir de la celda?
-Ese tipo inconsciente de ahí, con cara de rata, seguro que puede sacarnos de aquí –dijo, con la seguridad que le daba el ser protagonista-. Tiene pinta de haber estado en prisión, pasando hambre, más de una vez.
-¿No sería mejor que meditáramos un poco sobre todo lo que hemos aprendido? –propuso Sarah.
-¿Para qué? ¿Acaso no está claro? Alguien ha robado las gemas y por eso el mundo va a explotar –expuso el rubio, orgulloso de su sagacidad.
-Y ¿quién las ha robado? –preguntó Chester.
-¿Qué más da eso ahora? –contestó Bowie, que quería largarse de allí lo antes posible-. Podría haber sido cualquiera… hasta esta rata que, como digo, tiene un aspecto nada recomendable.
Slade que, como seguro que ya habías adivinado ya que es el único hombre-rata que sale en el videojuego, era de quien estaban hablando había estado siguiendo la conversación mientras se hacía el dormido. En una ocasión, estuvo a punto de decir que, en efecto, había sido él el que había robado las gemas, pero en ese momento Sarah comentó que había que saber quién lo había hecho para partirle las piernas y cortarle las manos, así que pensó que sería mejor dejar la revelación para otra ocasión. Sin embargo, no pudo evitar entrar en la conversación.
-Ouaaaaaaaaaa... –bostezó, para llamar la atención.
-La rata se ha despertado ya –se percató Jaha.
-Eh, un respeto, que aunque mi especie haya evolucionado a partir de la rata, yo no voy llamándoos monos a vosotros –respondió Slade, ofendido.
-Tranquilo, hombre… rata… lo que sea –empezó Bowie, diplomático-. Sólo queremos saber si puedes sacarnos de aquí.
-Pero, por supuesto que puedo sacaros de aquí –dijo Slade, llenándose de orgullo-. Estás hablando con el gran ladrón Slade, ni más ni menos.
-Si eres tan grande, ¿cómo es que te han apresado? –metió Bowie el dedo en la llaga.
-No fue culpa mía –se encendió la rata-. Fue por culpa del estúpido de mi amigo Segun, que iba enseñándole a todo el mundo las gemas que acabábamos de ro… -se interrumpió al darse cuenta de lo que acababa de decir. Rápidamente, dirigió una mirada a Sarah.
-¿Estás diciendo… -comenzó a decir Sarah, cuya vena de la sien se iba hinchando por el esfuerzo que hacía al contenerse por no saltarle al cuello con los dientes- que vamos a morir todos devorados por un demonio todopoderoso por tu culpa?
-¡No! –dijo Slade, en un acto reflejo-. Bueno, sí, ¡pero lo hice por una causa muy noble! –continuó, mientras veía como su mansión de retiro se alejaba para siempre junto a sus complacientes señoritas-. Estoy tan arrepentido que os seguiré allá donde vayáis y os ayudaré con mis excelentes habilidades –añadió-. «Parece que aún no está todo perdido… Con un poco de suerte, estos idiotas puedan volver a encontrar mis gemas, con lo que podría robárselas a ellos y alcanzar mi sueño de lujuria sin fin».
-En ese caso, sácanos de aquí –pidió Bowie.
-En seguida, jefe –obedeció la rata-. Conozco un túnel subterráneo que se cruza todo el castillo. Yo lo usaba para ver cómo se cambiaban de ropa las sirvientas, todo un espectáculo, pero esta vez podemos usarlo para escapar.
-Ya tardas –amenazó Sarah, mientras se acercaba al pobre Kazin, quien había estado todo el rato mirando al vacío repitiendo dos palabras sin cesar: Sir Hawel.
Fin del capítulo 2
Comentarios:
Bueno, éste es el último de los capítulos que tenía escritos, así que los demás igual tardan un poco en ir apareciendo. Aunque, francamente, no creo que eso le quite el sueño a nadie xD
Contestando reviews:
Ayumi Warui: Efectivamente, lo del cerdito Luca va por lo que piensas xD Lo del ministro… Bueno, eso ya es más complicado. En realidad ese personaje no tiene nombre, simplemente le llaman Ministro (en mayúsculas). Lo de llamarle Óscar es por la coña con Lady Óscar que, por lo poco desarrollada que está, sólo tú entenderás xD. Por cierto, elijo la de fresa ;D Muchas gracias por el review :D
