Disclaimers: Como dije en el prólogo, la historia, el juego y los personaje no me pertenecen…
Capítulo 3
El primero en entrar en el oscuro túnel fue Slade, que parecía conocer el terreno. Además, apenas le conocían de nada así que, si tenía que pasarle algo a alguien, mejor que fuera a él. Estaba oscuro, aunque entraba algo de luz por unas rendijas. Caminaron un rato, hasta que llegaron a una intersección, donde se detuvieron un rato a comer un bocadillo.
-Por ese camino se llega al cuarto donde se cambian las sirvientas –dijo la rata con cara de estar rememorando el momento.
-Y ese camino de ahí ¿a dónde nos lleva? –preguntó Bowie, que iba al lado de la rata como buen prota que se precie.
-Por ahí se llega a las cocinas –contestó el hombre-rata-. Es por ahí por donde escaparemos, aunque habrá que tener mucho cuidado porque hay que atravesar medio castillo. Lo bueno es que casi nunca hay guardias dentro.
Un rato después aparecieron en una gran alacena, donde Jaha no tardó ni dos segundos en lanzarse sobre el jamón y los embutidos como si no hubiese comido desde hacía días, aunque ¿quién podría asegurar que no había sido así? Chester le siguió unos instantes más tarde y también se puso a la faena. De no ser por Sarah, habrían terminado con todas las reservas nacionales en cinco minutos.
-Venga chicos, que ya casi estamos fuera –dijo el prota, guiando la marcha por el interior del castillo de Galam.
-Yo quería llevarle un par de esos jamones a mi padre, sniff sniff –se quejaba Jaha.
-Eso, con los pocos objetos que podemos llevar en la mochila, tú cargando con tonterías –empezó a amenazarle Sarah-. Luego irás tirando por ahí las plantas medicinales pensando que, cuando TÚ te metas en problemas, YO iré corriendo para curarte, ¿eh?
-Jo, Sarah, no te pongas así… –pidió el aludido.
-Sshhh, no habléis tan alto –dijo Bowie de pronto, que se había parado al lado de una puerta apoyando la oreja en la misma-. Parece que se escucha algo importante, venid aquí –les hizo gestos para que se acercaran.
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-¡Este ataque no quedará impune! –increpaba el rey de Galam a sus soldados en la sala del trono- ¡La escoria de Granseal pagará por lo que ha hecho! ¿Cómo se atreven esos desgraciados a matar a un pobre mensajero de paz?
-Silencio muchachos, escuchad al Rey Galam –pedía Sir Lemon a sus subordinados, que llevaban murmurando cosas desde que el discurso había empezado, hacía un par de horas.
-¡El hecho de que no tengamos absolutamente ninguna prueba de que han sido ellos no debe ser un obstáculo para nuestra sed de justicia! –continuaba el rey, casi en éxtasis- Hoy en día no hace falta ninguna razón en especial para atacar e invadir otro país, si es para prevenir ataques terroristas, y eso es lo que vamos a hacer. ¡Vamos a aplastar Granseal! –exclamó a sus oyentes, que volvían a murmurar entre sí.
-He dicho que os calléis y escuchéis al rey –volvió a dirigirse Sir Lemon a sus soldados-. Aunque no tengamos ninguna prueba de que sean los culpables, aunque las flechas que decoraban la armadura del mensajero fueran del mismo color que las nuestras, debemos seguir fielmente al rey y acatar sus órdenes.
-Bien dicho, Lemon –agradeció el rey en voz alta para que le oyeran los demás-. Pero no te voy a ascender ni a subir el sueldo –añadió por lo bajo.
-Entonces, una vez aclarado todo esto, quiero que forméis en el patio en menos de cinco minutos, que nos vamos ya, sin preparar estrategias ni líneas de suministros ni demás tonterías necesarias –culminó la reunión Sir Lemon.
-Yo también voy –dijo el rey, de repente.
-¡¿Usted?! –exclamó Sir Lemon, sorprendido-. Pero, ¡si no lleva ni armadura, ni armas ni nada!
-Pero llevo palomitas, que es mejor muhahahaha –dejó helado el rey al pobre Sir Lemon.
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-Un momento, ¿le ha llamado Rey Galam? –preguntó Bowie a Slade, como queriendo confirmar una sospecha.
-Sí… ¿porqué? –quiso saber la rata.
-Nada –dijo el rubio, aliviado-. Que pensaba que nuestro país era el único que había sido tan original de llamarse como su rey…
-¡Cielos! ¡Estos locos quieren quemar nuestra ciudad! –señaló alarmado Jaha-. Debemos apresurarnos en regresar.
-Sí… -meditaba Bowie, casi para sí- Granseal puede que sea una mierda, pero es nuestra mierda. Y nadie la pisa sin pedirnos permiso primero –afirmó con solemnidad.
Caminaron durante unos minutos, que parecieron horas, por los pasillos del castillo, teniendo cuidado en que nadie les viera.
-Eh, vosotros, ¿quiénes sois y qué estáis haciendo en el castillo? –preguntó una voz perteneciente a uno de los centinelas.
-Bueno… -empezó a decir la rata.
-Ya sé, ¡sois los de la celda! –adivinó inmediatamente otro guardia- ¿Cómo habéis salido de allí? ¿Me habré dejado la puerta abierta, como suelo hacer?
-¡Rayos! Nos han pillado –se quejó Chester-. Con la prisa que teníamos ahora…
-¡Volved a la celda o tendréis que darnos una paliza! –sentenció un tercer guardia, llevándose la mano a la empuñadura del hacha.
-Dejad que me lo piense –respondió Bowie, haciendo una señal a sus amigos para que empezara la fiesta de las ostias.
Después de un rato repartiendo leña, sólo quedaba en pie el primero de los guardias que había hablado.
-¡Toma esto! –gritó Chester, lanzándole una coz a la cara al pobre centinela, provocando que un objeto brillante no identificado cayera al suelo.
-¡Lo tengo! –gritó Slade, que se había adelantado a recoger aquello del suelo por si se trataba de un diente de oro que pudiera vender- Ah, pues no… no es un dient… ¡Oh! ¡Dios santo! ¡Es la Gema de la Luz! –exclamó sin poder contenerse- «Bueno, ya tenemos una. Lo mejor será que se la entregue al rubio, para que vea que soy de fiar… De todos modos necesito las dos gemas, así que lo mejor es que las guarde él»
-¿No es un poco raro que un don nadie como este tenga un objeto de tanto valor? –hizo notar el rubio-. En fin, rúlala… Quiero ver el aspecto que tienen esas gemas que están a punto de destruir del mundo.
-Mmm no encuentro la otra… –dijo Slade, rebuscando entre las ropas del soldado del que había salido la gema.
-Robar no está bien –reprochó Kazin al experimentado Slade.
-Prefiero el término "despojar", si no te importa –aclaró la rata.
-¡Mierda, ¿qué narices es esto?! –gritó Bowie cuando la gema pareció cobrar vida propia y se ató a su cuello con una cadena que había salido de la nada.
-Uff… qué mala pinta tiene esto… -dijo Sarah, preocupando enormemente al grupo-. Va a ser que la gema está maldita y ya sabes lo que quiere decir eso… Empezará a caérsete el pelo, a sangrarte la piel, se te reventarán los ojos…
-Vale, vale, no hace falta que sigas –pidió Jaha, cuyo estómago estaba empezando a coger revoluciones.
-Bueno, ya iremos a una iglesia cuando cojamos la otra, que seguro que también está maldita –respondió Bowie que, sabiéndose el protagonista de la historia, no le pasaría nada hasta el final de la misma-. Aunque si ésta es la Gema de la Luz, no quiero ni imaginar lo que hará la otra…
Sin mayores problemas salieron del castillo y quedaron en medio de la ciudad de Galam donde todo el mundo les miraba de reojo ya que ninguno les conocía. O eran muy vagos, o a nadie le importaba pero el caso es que nadie iba a avisar a los guardias.
-¿Vamos a la tienda de armas a ver si hay alguna novedad? –preguntó Jaha, con ganas de comprar un hacha más grande.
-Será mejor que hagamos las compras en Granseal –negó el rubio-. Como ya hemos avanzado la historia bastante y hemos subido algunos niveles, seguramente hayan aparecido misteriosamente armas nuevas en las estanterías.
-Ese guardia de la puerta no va a dejarnos salir de la ciudad –compartió Slade con el grupo.
-No os preocupéis, tengo un plan perfecto que no fallará –dijo Sarah, resuelta.
-¿No irá a insinuársele al guardia como solía hacer con los de nuestro castillo, verdad? –preguntó Jaha a Chester, recordando las palizas que habían recibido de las autoridades de Granseal.
-Ah… A Sir Hawel le gustaba que se le insinuaran… –dijo Kazin al vacío.
-Demasiado tarde –dijo Bowie, viendo como Sarah se acercaba con cara de niña buena al soldado.
-Nadie sale de la ciudad mientras dure la guerra –dijo secamente el guardia, viendo como se acercaban los muchachos-. A no ser que tengáis un salvoconducto… o unos cuantos encurtidos…
-¿Encurtidos? Oh, no señor, no tenemos de eso –empezó con voz inocente-. Es que tenemos un encargo que cumplir... Verá es que al Rey se le han olvidado las pastillas de la tensión y se las vamos a llevar para que no se le pase… Tiene una memoria este hombre…
-Pero, ¿tú me has visto a mí cara de guardia de Granseal o qué? –dijo muy ofendido el soldado.
-Espere un momento, que le vamos a enseñar el salvoconducto… –dijo Bowie desenfundando la espada.
Tras unos cuantos mamporros y hechizos de curación, los chavales se pusieron en camino hacia su ciudad.
-¿No estás preocupado, Bowie? –preguntó el bueno de Jaha al rubio tras unas horas de marcha.
-¿Por qué habría de estarlo? –respondió Bowie, encogiéndose de hombros-. Si nosotros, que somos unos niños, hemos apaleado con facilidad a varias de sus unidades de élite, nuestros soldados, que son gente entrenada, no habrán tenido ningún problema, jajaja –reía con satisfacción pensando que por fin los impuestos que pagaban habían servido para algo.
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-Joder, no han dejado ni al apuntador –juzgaba el prota con ojo crítico ante la matanza que se habían encontrado a la entrada de su ciudad-. No puede ser que los hayan matado a todos.
-Ah… como a Sir Hawel… -sonaba melancólica la voz de Kazin tras ellos.
-¿Qué hacemos ahora, Bowie? –preguntó el centauro, blandiendo a la Juani como si quisiera enfrentarse a un enemigo que, por suerte para todos y para desgracia suya, sólo estaba en su mente.
-Será mejor que entremos en una casa, a ver lo que hacemos ahora –dijo con dirigencia-. No vaya a ser que maten a alguno de vosotros y tengamos que hacer una recolecta entre todos para pagar al cura la resurrección.
-Esta me parece bien –aventuró Sarah, eligiendo una casa al azar y abriendo la puerta para que todos pasasen dentro.
-¡Muy buenas tardes, queridos clientes! –se oyó decir a una voz en la oscuridad- ¡Tenemos muchas ofer…!
-No lo entiendo, ¿no estamos en guerra? –interrumpió Chester, una vez repuesto de la impresión.
-Ah, ¿sois de aquí? –continuó la voz con decepción-. Lástima, pensábamos que erais soldados de Galam. Les hemos sacado mucho dinero durante los regateos, jeje.
-¿Les estáis vendiendo las armas que hincan en el cuerpo de vuestros propios vecinos? –continuó Jaha, que no podía creer lo que estaba oyendo.
-Bueno… sí… -dijo el mercader, temeroso de que saquearan la tienda y le pegaran fuego, por traidor.
-Oh, qué abnegados, sniff sniff –expresó el rubio con sinceridad-. Todo el mundo por ahí de parranda, que aprovechan cualquier excusa para dejar de trabajar y vosotros aquí, dando el callo.
-Esto… sí... bueno… -continuó el mercader, sin entender muy bien cómo había llegado la conversación hasta ese punto-. Por si sirve de algo se han ido todos al castillo…
-De todos modos íbamos a ir allí tarde o temprano –respondió el rubio mientras salían de la tienda-. Pero gracias por intentar hacer al videojuego menos lineal.
-Entonces, ¿qué? ¿Vamos al castillo? –preguntó Sarah, una vez fuera, que nunca perdía la oportunidad de poder colarse en el castillo.
-No, aún no –negó Bowie-. Vamos a aprovechar que todo el mundo está siendo masacrado y saqueado para ver si podemos conseguir algo en el almacén que hay cerca de la tienda de animales.
-¿Animales?... A Sir Hawel le gustaban mucho los animales… –dijo Kazin al infinito.
Tardaron cinco minutos en llegar a la puerta del almacén, dos horas y tres ganzúas de Slade para intentar abrirla y una coz de Chester para abrirla definitivamente. Poco a poco Bowie se iba dando cuenta de las capacidades logísticas que iba cobrando el grupo, cosa que a veces le daba ganas de llorar.
-¡Bueno, ya está! ¡No hay cerradura que pase por las manos del gran ladrón Slade y siga cerrada! –se jactó el roedor como si la hubiera abierto él, entrando primero por si había algo de valor a la vista que pudiera esconder antes de que lo vieran los otros-. ¡¡Ahh!! ¡Un monstruo! –gritaba mientras salía corriendo y se subía en los brazos de Chester.
-¿Un monstruo? –quiso saber el prota, por si había que poner pies en polvorosa.
-¡Sí! ¡Tiene unos ojos enormes y una boca que escupe fuego y sangre! –exageraba sin medida el ladrón.
De pronto oyeron unos sollozos desde dentro del almacén, lo que no acababa de encajar mucho con la descripción de lo que podría esperarles allí dentro que había dado su compañero. La curiosidad les pudo y entraron dentro.
-¡Kawaii! –exclamó de pronto Sarah con los ojos haciendo lucecitas, al ver a una pequeña y simpática tortuguita de medio metro de altura que llevaba un enorme casco en la cabeza-. Parece un Godzilla en pequeñito ¿Nos lo podemos quedar? –dijo con voz suplicante al prota.
-No sé, no sé… -pensaba en voz alta el aludido mientras se preguntaba qué comería una cosa así y si habría que sacarlo a pasear por las noches para que hiciera sus necesidades.
-A ver, pequeñín, ¿qué sabes hacer? –preguntó Jaha a la tortuga, como si le hablara a un niño pequeño, a lo cual respondió la aludida acercándosele y dándole una patada en la entrepierna.
-¡¡Kawaii!! –volvió a exclamar la chica-. ¡Bowie, di que sí, di que síiiii!
-¿Cómo te llamas, pequeñín? –quiso saber Jaha, que no había escarmentado.
-Kiiiwi, kiiiiiwi –dejó escapar por la boca la misteriosa tortuguita.
-Bueno va, que se venga –concedió Bowie-. Total, aún no hemos llegado a ser doce, tamaño máximo que estoy dispuesto a permitir que nos siga, y, de ese modo, las leches que le den a él no nos las darán a ninguno de nosotros.
Tras su aventura en el almacén se dirigieron hacia el castillo, como bien les iban indicando amablemente sus vecinos muertos con sus fríos dedos. Allí la situación no era mejor, había cadáveres por todas partes.
-Ahí van nuestros impuestos… -dijo Bowie, a nadie en particular- En fin, entremos…
-Parece que aún hay alguien con vida aquí dentro… Oigo discutir a un par de personas -dijo Slade en voz baja, alardeando de oído fino.
-Escondámonos tras las cortinas, a ver de qué nos enteramos –sugirió Chester.
-Si os hace ilusión… -replicó el rubio, mirando a los soldados esparcidos por el suelo.
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-Te he dicho que no y es que no –decía un soldado con un cuerno de rinoceronte en el yelmo-. Así que haz el favor de estarte quietecito o tendré que matarte.
-Pero, ¿qué te cuesta dejarme pasar? Nadie va a enterarse –se oía razonar a Sir Astral-. Venga, si me cogen diré que salté una valla o que me colé por una alcantarilla. «qué pesado es este tipo… No, si al final le tendré que ofrecer dinero… Para una vez que viene el rey de Galam por aquí, me gustaría ver cómo hace magia, a ver si aprendo algo…»
-¡Eres un viejo testarudo! –exclamaba Sir Lemon-. ¿No te das cuenta de que si te cogen me van a bajar el sueldo?
-Tranquilo muchacho… Déjame pasar, hay que detener la guerra… ¿Es que no sabes que la guerra es muy mala para la economía? –empezó Sir Astral, hablando como si realmente supiera lo que decía-. Además, las reservas nacionales de berbere…
-¡No! ¡Ya veo tu intención, viejo estúpido! –interrumpió el soldado-. Quieres liarme para que te deje pasar, ¿eh? Pues no lo conseguirás.
-¡Ya basta! –exclamó Sir Astral, moviendo su bastón para que salieran unas lucecitas de colores, fruto de unos polvos que compró hace tiempo por un par de monedas de cobre-. ¡Tu rey ha sido poseído por un demonio maligno de la muerte y ahora no es él mismo!
-Bueno, últimamente le hemos visto sacándose los mocos, bebiendo cerveza a espuertas y fumando porros –reconoció el soldado-. Pero eso no signif…
-¡¡Papuchiiiiiiii!! –se oyó la voz de la Princesa Elis en la lejanía-. ¡Un viejo pervertido me ha secuestrado y me lleva hacia la Torre! ¿Podéis hacer el favor de obviar la conversación de besugos y rescatarme antes de que intente aprovecharse de una jovencita tan mona y delicada como yo?
-¡Elis! –llamó el Rey Granseal.
-No hay tiempo, ¡vamos todos! –expuso el Ministro.
-Bueno… –cedió Sir Lemon-. Pero iré con vosotros, así os tendré vigilados.
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-¡Vamos, que ya nos llevan ventaja! –animó Jaha, al ver que nadie movía ni un dedo ante los acontecimientos que acababan de suceder.
-Tranquilo tío, que te va a subir el azúcar… -contradijo Bowie-. No hace falta estresarse tanto, sabes de sobra que hasta que no llegue allí no pasará nada trascendental… A veces me pregunto en qué gasta su tiempo la gente que me espera en lugares clave cuando, en vez de ir hacia allí, me dirijo en otra dirección.
-Ah… Sir Hawel se ponía cuatro cucharadas de azúcar en el té… -se oyó la nostálgica voz de Kazin.
-Bowie, no te hagas de rogar y vamos a la Torre –sugirió Sarah, secamente.
-Es que… me da una vagancia… -puso el prota como excusa.
-¿Me lo vas a hacer repetir? –preguntó la chica.
-Lo que sea por no oíros… En marcha, chicos –ordenó el líder del grupo.
Comenzaron a caminar en la misma dirección en la que se habían ido los otros, instantes atrás. Al principio comenzaron con buen ánimo, aunque la marcha se iba haciendo cada vez más pesada, dado el copioso número de cadáveres que se interponían en su camino.
-¿Ese tipo que está tirado ahí en medio no os suena de algo? –preguntó Chester con curiosidad, mientras caminaban por el valle cercano a la Torre.
-¿El que tiene los brazos y las piernas arrancados o el que tiene la cabeza atravesada con una jabalina? –quiso saber Jaha.
-No, el que tiene el cuerno de rinoceronte en el yelmo –respondió el medio equino-. Creo que ya le hemos visto antes… ¿no, Bowie? ¿Bowie?
-Estoy aquí, Chester –dijo el rubio, que se había apartado del grupo y se había acercado al césped que había alrededor de la Torre-. Siempre quise hacer esto –dijo el rubio, que silbaba mientras saltaba sobre el césped y le daba patadas.
-¡Coff, coff! –tosió de repente el soldado del cuerno de rinoceronte-. Mi rey… es un monstruo…
-Hombre, muy guapo no es… -dijo Sarah, con tacto.
-Cof, cof.. digo que, literalmente, es un monstruo… -corrigió Sir Lemon-. Aquel anciano tan extraordinariamente sabio tenía razón…
-¡No puede ser! –negó Bowie.
-Me temo que sí… -contestó el soldado, con afectación-. Se ve que un demonio ha poseído al Rey Galam.
-No, si me refiero a que Sir Astral tenga razón en algo… -explicó el rubio-. Así que el viejo está en apuros, ¿eh? –quiso confirmar el rubio, mientras se dirigía al interior de la Torre-. Esto yo no me lo pierdo. ¡Vamos chicos!
-Eh, coff, coff… esperad, no me dejéis así… -dijo el pobre soldado a los saltamontes y las hormigas.
Tras un rato de caminata llegaron al lugar donde habían aparecido los gizmos con los que habían peleado en el capítulo uno pero, sin embargo, no encontraron a nadie.
-Y aquí es donde estuve peleando contra siete demonios gigantes, de tres cabezas… –narraba Chester a un boquiabierto Jaha, mientras buscaban alguna pista que les indicara dónde puñetas se habían metido todos.
-Oh, vaya… Ahora sí que me arrepiento de no haber llegado a tiempo a la escuela… -decía apenado el del hacha.
-No te preocupes, tampoco fue para tanto –restó importancia el centauro.
-Chicos, ¡venid aquí! –llamó Sarah a los demás, que se había acercado a donde estaba el símbolo misterioso-. Juraría que estas escaleras que bajan no estaban aquí la otra vez.
-Y puedes apostar que el cartel con flechitas que apuntan para abajo y la nota, firmada por Sir Astral, diciéndonos que bajemos, tampoco –hizo notar Bowie-. Vamos a darnos un poco de prisa, si no cuando lleguemos estarán todos durmiendo.
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-Arf, arf… como detrás de esa curva no esté el final de las puñeteras escaleras, me negaré a dar un paso más… -se quejó Chester sin reparos, tras haber pasado casi una hora bajando escalones.
-No te quejes que podría ser peor –repuso Slade.
-¿Peor? ¿Cómo puede ser peor? –quiso saber Jaha.
-Podríamos tener que ir hacia arriba en vez de bajar… -respondió el ladrón.
-Ya se ve el final, muchachos –dijo Sarah, que iba un poco adelantada.
-Ya podrías haberte quejado antes, ¿no? –echó en cara Jaha al medio equino.
Por fortuna para todos lo que decía la chica era cierto, para variar, y las escaleras terminaban. Había una puerta entreabierta ante la cual se extendía un felpudo con la palabra "Bienvenidos" y un osito sonriente.
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-Pero mira que eres pesado, coño –dijo una voz misteriosa.
-¿Qué es lo que pretendes? –se oyó discutir a Sir Astral con el rey de Galam, el cual tenía una cara monstruosa, como había dicho Sir Lemon.
-Nunca lo entenderíais, es mejor que lo dejéis correr y os vayáis a casa –invitó el rey de Galam, con voz conciliadora.
-¡Papiiiii! ¡Ayúdame! Oh, ¿qué será de mí? –dramatizaba la Princesa, ajena a todo cuanto ocurría a su alrededor.
-¡Hija! ¡Sir Astral, haz algo inmediatamente! –exigió el que pagaba todas sus facturas.
-¡Jamás nos iremos de aquí sin que nos enseñes tu magia! –exclamó el viejo-. Quiero decir, sin que uses tu magia para intentar liquidarnos… -se corrigió a tiempo.
-Vaya, jajajaja, ¡han venido más tontos! –rió el rey al ver venir un grupo de niños- ¿Qué tenemos aquí, un grupo Boy Scout?
-No, es el protagonista del videojuego. ¡Estás perdido, es demasiado pronto en la historia para que puedas matarle! Ahora no te queda más remedio que hacer uso de tu magia –desafió Sir Astral poniendo cara de satisfacción y sacando un bloc de notas de entre sus ropajes.
-Mierda, tienes razón… será mejor que me apresure a abrir la Puerta –dijo el Rey Galam, tras lo cual cerró los ojos y empezó a concentrarse.
-Espera, ¿de qué puerta hablas? –preguntó Sir Astral con curiosidad.
-Déjame tranquilo un rato, que me voy a concentrar –pidió el monstruo.
-¡Hija! Ven con papá –animó el monarca a la Princesa, aprovechando el momento.
-¡A callar! –rugió el rey de Galam asustando a la princesa y lanzando una bola de fuego al Rey Granseal y al Ministro, que esquivaron por los pelos.
-¿Puedes repetirlo otra vez? –preguntó Sir Astral por lo bajo al monstruo- No he podido ver el último movimiento que has hecho.
Sin embargo, el Rey de Galam no le hizo caso y cerró los ojos de nuevo. Al rato sacó un objeto brillante de sus ropas y apuntó con ella hacia una de las paredes, cosa que hizo que empezara a notarse un ligero temblor y una abertura empezara a formarse en el lugar de la pared indicado.
-¿Qué demonios es eso? –preguntó Sir Astral, sin saber lo irónica que resultaba su pregunta.
-¡Bowie, es la Gema del Mal! –exclamó Slade- «No puedo creer que vaya a tener la suerte de recuperar las dos gemas tan pronto… ¡Qué buena idea tuviste al hacerte pasar por amigo de este tipo! Jovencitas de Parmecia, ¡esperadme que voy!»
-En efecto, es la Gema del Mal… -confirmó el monstruoso rey-. Es la llave al Mundo Maligno que abre la Puerta Sellada.
-Entonces, ¿la puerta sellada esa no era la de la entrada de la Torre? –preguntó el Ministro consciente de que habían estado haciendo el pardillo durante generaciones.
De pronto dos tubos cilíndricos de luz entraron en la sala a través del agujero y rodearon al Rey de Galam y a la Princesa.
-Oh, como si estuviera en la Tele –decía la princesa, ilusionada.
-Y ahora, si me disculpáis, tengo que irme, juas juas juas –reía el Rey, con la típica risa maníaca de malvado, mientras los tubos se iban elevando lentamente en dirección al agujero que se había abierto en la pared.
-¡Sir Astral! ¡¿Qué hacemos, Sir Astral?! –preguntaban desesperados el Ministro y el rey Granseal.
-Mmmm –se oía meditar al viejo profesor- «Ya están los dos histéricos estos tocando las narices otra vez… Cualquiera diría que son ellos los que gobiernan este país… aunque, bien pensado, eso podría explicar la precariedad con la que vivimos… ¿por qué no le preguntan al protagonista? Me parece que es la última vez que hago el papel de "viejecito sabio, mentor del protagonista" en un videojuego…»
-¿Porqué no le tiramos piedras? –sugirió el bruto de Jaha.
-¡Tengo una idea mejor! –dijo Sir Astral de repente, antes de añadir con satisfacción- ¡Vamos a tirarles a Bowie!
-¿Quéee? –preguntó el rubio, que no se creía lo que oía.
-Sí, te vamos a usar como arma arrojadiza –confirmó el anciano-. No me mires así… Eres el protagonista, no te vas a matar.
-Pero yo n… -quiso quejarse Bowie, pero el Ministro y Sir Astral ya le habían cogido de los brazos y los pies y habían comenzado a coger carrerilla- ¡Cabronessss! –chillaba Bowie mientras surcaba los cielos a velocidad supersónica con dirección al monstruoso Rey.
-¡Cógete fuerte y no te sueltes! –le gritaban sus amigos desde el suelo, a salvo.
-A ver si os creéis que soy imbécil –contestó el prota que, contra todo pronóstico, había conseguido impactar contra el desprevenido rey, y se había aferrado a sus ropajes con fuerza.
-¡Quita, bicho! –decía el rey de Galam mientras intentaba quitarse de encima a Bowie, como quien se quita de encima una mosca cojonera.
En ese momento, las dos gemas soltaron un destello y la que tenía el rey en la mano fue volando a un emotivo encuentro con la que tenía el protagonista colgando del cuello.
-¡Ladrón!¡Ladrón! –gritaba el rey, enfurecido.
-¿Qué?¿qué pasa? –preguntó Slade desde el suelo.
-Devuélveme la Gema –exigió el rey.
-Qué más quisiera yo que poder permitirme el soltar una mano en estos momentos –le respondió el rubio, que se estaba resbalando y cada vez estaba más abajo.
-¡Toma! –exclamó el rey, dándole una patada a Bowie, la cual hizo que el rubio terminara por desprenderse, no sin llevarse consigo los reales pantalones, dejando al descubierto unos calzoncillos con ositos y corazones. Tal y como Sir Astral había previsto, Bowie no murió en la caída, ya que un fiel Jaha frenó su caída amablemente con su cráneo.
-¡Oh, no! –exclamó aterrorizada la Princesa ya que, cuando el Rey Galam perdió la Gema, los tubos luminosos, que continuaban con su avance, habían empezado a parpadear peligrosamente y amenazaban con desaparecer, como siempre pasa en los videojuegos cuando algo empieza a parpadear.
-¡Oh, no! –gritó enfurecido el Rey Galam instantes después cuando, como cabía esperar, los tubos desaparecieron justamente cuando acababan de cruzar el agujero de la pared- ¡Pagaréis por esto!¡Me vengaréeeeeeee…! –amenazó el rey en su caída, como todo buen villano que se precie al despedirse.
-¡Papiiiiiiiiii….! –se oyó gritar por última vez a la Princesa, mientras caía ella también por el agujero de la pared.
-¡La Princesa! –gritaba desesperado el monarca-. Hay tantas cosas que quería haberle dicho, sniff sniff.
-¿Cómo es que tienes dos gemas, muchacho? –preguntó Sir Astral al rubio.
-Pues verás… Resulta que est… -empezó a narrar Bowie, aunque no pudo seguir mucho más porque, de pronto, un terremoto de una violencia que nunca antes habían sentido empezó a hacerse notar.
-¿Qué hacemos, Sir Astral? –preguntó angustiado el Rey Granseal.
-Fíjate bien –respondió enigmáticamente el anciano, que ya estaba hasta las narices de la preguntita.
Sir Astral elevó ligeramente el brazo derecho y bajó el izquierdo, y luego inclinó ligeramente el cuerpo hacia delante. Acto seguido salió perdiendo el culo de la sala, dejando una estela allí por donde pasaba. Slade, el Ministro, Chester, Jaha y Kazin fueron tras él inmediatamente, y Sarah y el protagonista no tardaron en seguirles.
-Me refiero a que qué hacemos con la Princesa –decía el Rey Granseal, mientras corría hacia la puerta-. Bueno, ya volveremos con nuestro bravos y aguerridos soldados, si es que nos han dejado alguno, claro…
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La huida transcurrió sin más incidentes que los que ocasiona el ir esquivando trozos de techo que se derrumba. Tras muchos esfuerzos, consiguieron salir del castillo y llegar al pueblo, donde aparecían súbitamente zanjas por todas partes.
-Me pregunto si todo el mundo estará a salvo –comentó Sarah al no ver a nadie por las calles.
-Por supuesto que sí –dijo el Ministro con seguridad-. El manual del buen ciudadano gransealés especifica claramente que, en caso de emergencia por catástrofe natural, todo el mundo debe dirigirse al muelle donde un navío, pagado con los impuestos de todos los ciudadanos, nos pondrá a todos a salvo.
-Buena idea pero, ¿y si la catástrofe es un tsunami? –preguntó Bowie.
-Pues… -contestó pensativo el Ministro.
-Dejaos de cháchara y corramos al puñetero barco o no lo contamos –indicó sabiamente Sir Astral.
-¡Majestad! –dijeron dos soldados de Granseal que aparecieron de pronto, arrojándose con presteza a las alpargatas del monarca.
-¿Qué hacéis aquí, desgraciados? –quiso saber el Rey, que estaba un poco tenso.
-Hemos venido a informarle de que un terremoto está arrasando la ciudad –dijo uno de los soldados.
-Todos los ciudadanos ya están a salvo en el barco, Majestad –indicó el otro soldado.
-Da gusto comprobar que los servicios de inteligencia de la nación gozan de buena salud –dijo el Rey-. Muy bien, ahora id corriendo al barco.
-Sí, Majestad –dijeron ambos a la vez, iniciando la carrera hacia el muelle. Carrera que, sin embargo, no pudieron terminar debido a que un enorme abismo se abrió bajo sus pies.
-¡Jimemio! –gritó el primer soldado, que había conseguido agarrarse a algo, mientras alargaba su brazo desesperadamente para agarrar la mano de su amigo mientras un misterioso viento, que acababa de aparecer, movía su capa.
-¡Señorito Huteno! –contestó dramáticamente el otro soldado cuyo casco había caído, revelando una larga cabellera, e iniciando con el otro soldado un cruce de miradas muy emotivo. Sin embargo, la tragedia quiso que no hubiera un final feliz para el par de soldados, que cayeron al fondo del abismo.
-Joderrr, ¡corramos al muelle! –gritó Slade, empujando a un par de ellos para que se movieran.
-¡Ya están aquí! –se oyó decir a un ciudadano desde una patera que rebosaba gente, atada a un palo.
-¡Qué buenos súbditos sois que esperáis a vuestro Rey en horas de necesidad! –dijo el viejo monarca, emocionado.
-Ha ido de un pelo que no se amotinaran, señor –dijo el capitán de la patera, que tenía un ojo hinchado.
-¿A eso le llamas navío? –preguntó el protagonista-. No sé yo si será más seguro trepar a un árbol y esperar a que pase el terremoto…
-Ya os he dicho que lo compramos con el dinero de los impuestos… -dijo cansinamente el Ministro, mientras iban subiendo a todos a la patera- Si no fuerais unos vagos, ahora tendríamos un yate.
-¿A dónde vamos? –preguntó el capitán de la patera a Sir Astral.
-¡A Parmecia, vamos a Parmecia! –contestó rápidamente Slade, teniendo en mente su mansión de jovencitas.
-Venga va, vamos a Parmecia –asintió Sir Astral, que ya estaba hasta las narices de tomar decisiones aquel día.
Y así zarpó la precaria patera del no menos precario muelle de Granseal rumbo al desconocido continente de Parmecia, justo cuando un último y enorme temblor provocaba que un abismo se abriera en el pueblo, tragándoselo todo, castillo incluido, dejando a la Torre solitaria en medio de la nada.
Contestando reviews:
Ayumi Warui: Ohayo!! Muchas gracias por tus reviews xD Sobre las pistas… weno, ya les irán saliendo xD Ahora van a estar muy ocupados los niños yendo de un lado para otro así que de algo se enterarán… no son tan tontos (queremos creer xD). Es divertido esto de escribir, me recuerda mucho cuando hacía de master en los juegos de rol… pensabas un poco la aventura y los propios jugadores lo acababan de liar todo xD Aquí, al menos, hay un guión que seguir… al menos xD Bueno, nos vemos en el siguiente capítulo y, de nuevo, muchas gracias por el review xD
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