Spree Killer
[AU
Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha fueron encargados de una misión peligrosa: encontrar al asesino relámpago (o Spree Killer) que solo ataca mujeres.
Sasuke se esfuerza en hacerle recordar a Naruto de su persona. ¿Cómo fue capaz de olvidarle?
Naruto sufre por su pasado y Gaara hace lo imposible para ayudarle.
La pelea por Uzumaki se hace cada vez más notoria y el asesino a sangre fría les acecha desde las sombras, cada vez más cerca.
¿Qué está primero para los policías: el corazón o la misión?
::Shini Malfoy::
Pista 2
Se revolvía entre las sábanas, de su frente caían gruesas gotas de sudor. De vez en cuando lanzaba algún gemido ahogado o un sollozo. Un par de lágrimas se fundieron con el sudor, salándolo.
Sintió que alguien le lamía la mejilla.
Eso le terminó de despertar, para su suerte. Miró a Kyuubi a su costado, gimiendo por la preocupación. Eso le hizo peor, comenzó a llorar en silencio.
Tomó al cachorro entre sus brazos, salió de la cama, se sentó en la esquina de al lado de la puerta y se abrazó a si mismo, con el animal en medio, lamiéndole la nariz.
Temblaba como papel. Ver esos cuerpos muertos le trajo horribles pesadillas y… ya no quería dormir. Si tan solo estuviera en su verdadera casa, ahora estaría yendo hacia lo de Gaara para pedirle consuelo (era el único que le ayudaba cuando tenía esos ataques). Se encontraba muy lejos para caminar y no tenía idea de cómo se maneja. Tuvo que conformarse con su nueva mascota.
Sorprendentemente, podía sentir sus consuelos… Sonrió de lado, aún con lágrimas en los ojos.
Sasuke se revolvía en su cama. No hacía más de una hora que había mandado a dormir a ese dobe y aún no conciliaba el sueño. Para empeorarle, ese condenado perro comenzó a llorar tan fuerte que alcanzó a escucharle.
Luego de cinco minutos escuchándolo, se levantó, malhumorado, y salió para el cuarto de Naruto. No despertaría al policía, simplemente degollaría a ese animalito de Dios comentario sarcástico.
Abrió lentamente la puerta y miró hacia adentro. Se sorprendió al ver la cama desecha y sin nadie arriba.
— ¿Naruto? —se le escapó susurrar mientras entraba completamente al dormitorio y miraba todo a su en derredor.
— ¿Sasuke? —escuchó el leve gruñido adormilado del detective.
Miró hacia su derecha. Lanzó una exclamación ante esa imagen tan melancólica. Se acercó a él rápidamente. No, no de nuevo; no más de esas lágrimas, su corazón se partía en mil pedazos.
— ¿Qué ocurre? —extendió una mano lentamente hacia la cabellera rubia.
Su orgullo le había retroceder esa mano, pero su preocupación hacia su amor hacía fuerzas para el lado contrario. Debía protegerle, solo en eso pensaba, protegerle para no verle llorar de nuevo. Naruto no merecía tanta tristeza.
— Sasuke… los cuerpos… veo cuerpos —sollozaba, abrazando con más fuerzas a Kyuubi.
El morocho sintió bastantes celos por ese perro callejero. Él conocía hacía años al rubio y jamás estuvo entre sus brazos, ¿por qué el perro si?
— ¿Cuerpos? —detuvo su cuerpo, permaneciendo quieto en su lugar.
— Cuerpos… sangre… gritos… Dile que paren, dile que me molestan, dile que no me toques. ¡Por favor, Sasuke, quítalos de mi cuarto! —fue aumentando el volumen de su voz hasta ya ser un grito desesperado.
Sus ojos celestes miraban de un lado a otro, muchos cuerpos muertos, cortados, torturados, todos caminaban hacia él con los brazos extendidos. Tembló.
— ¡Basta, aléjense!
— Tranquilo, Naruto —le tomó de la muñeca y tiró de él, para levantarle, y abrazarle protectoramente.
El cachorro cayó al suelo. Uzumaki miraba con pavor el techo.
— Naruto, Naruto, estoy aquí… tranquilo, nadie te tocará, nadie te hará mal —le mecía de adelante hacia atrás, acariciando esos rizos con suavidad.
El olor a manzanilla llenó sus fosas nasales. Ese cambio de shampoo le tomó por sorpresa, la última vez olía a… sangre y tierra; fue un cambio positivo.
Guió al agente a la cama para sentarse ambos, sin separarse. El delgado cuerpo se retorcía entre sus brazos, poco a poco esos tiritos fueron bajando hasta casi desaparecer. Su hombro se encontraba mojado y en su oído izquierdo tenía esa canción tan melancólica: sollozos sin ritmo claro.
Cerró los ojos, recordando la última vez que tuvo a Naruto en esa posición. Aunque las circunstancias no eran buenas, jamás olvidaría esos momentos… eran su tesoro.
…
Yo me quedé aún costado de la cama del dobe para cuidar sus sueños; solía mecerle o susurrarle palabras de ánimo (por ejemplo: 'confía en mí, no te pasará nada') cuando gemía o se revolvía por alguna pesadilla.
…
Cuando se dio cuenta, ya el rubio dormía plácidamente. Kyuubi se acostó aún costado del morocho, rozando su cabeza con la mano del menor. Sasuke suspiró.
—… Gaara… —susurró entre sueños, sintiendo ese cuerpo cálido rodearle.
— ¿Gaara? —frunció el ceño.
Otra vez esa persona. ¿Quién demonios era él para meterse en los sueños de su usuratonkachi?
Acostó el cansado cuerpo del policía en la cama y le volvió a cubrir con las sábanas. Levantó al molesto animal y le miró fijo a los ojos.
— Supongo que gracias —masculló entre dientes antes de dejar a Kyuubi en la almohada, aún costado de la mejilla de Naruto.
Si no hubiese sido por los gemidos de ese cachorro, Uzumaki seguiría sufriendo por su ataque de nervios.
Pensativo, abrió las costinas, para dejar pasar la luz del sol (cuando aparezca). Salió del lugar, dejando la puerta entreabierta, por si volvía a despertarse.
Estaba seguro que no volvía a conciliar el sueño; resignado, volvió a su recámara para ducharse y juntar los expedientes, así comenzar su trabajo.
Desayunó una taza de café con tostadas mientras inspeccionaba las fotos y los datos.
Hacia el mediodía, se encontraba tirado en el sofá, pensando, mientras miraba el techo, cuando el grito del otro le hizo saltar y caer al piso.
— Dobe… —se sobó la cabeza, mirando hacia las escaleras.
Naruto bajaba corriendo, con la frente arrugada. Le apuntó con el dedo índice.
— ¡Tú, teme, ¿por qué no me levantaste?! ¡¿Querías quedarte con todo el crédito, dattebayo?!
El morocho se asombró. No mostraba indicios de recordar lo que ocurrió por madrugada; ¿lo olvidó? ¿También eso olvidó?
— ¿Q… N… D? —tartamudeaba, levantándose tambaleante. ¿Qué le pasaba en la cabeza a ese usuratonkachi? ¿Sufría una enfermedad que le hacía olvidar todo lo que hacía con él?
— Habla claro, teme —se cruzó de brazos, ofendido.
—… Báñate y baja pronto, tengo que hablar contigo —recuperó la compostura a tiempo.
Carraspeó antes de darle la espalda y entrar al comedor, en donde estaban las carpetas.
Una media hora después, el rubio ingresó en la habitación. Notó que Sasuke no quitaba la vista de las fotos, pasaba de una a otra; fijándose en un detalle específico.
— ¿Durante toda la mañana, qué encontraste, ttebayo? —se sentó en frente suyo, con la frente arrugada.
— Nada, todo lo averigüé ayer en la morgue —bajó las fotos y las dejó, boca abajo, en la mesa.
Naruto tragó saliva. ¿Uchiha hizo eso adrede? Que considerado… se ruborizó.
— ¿Y qué descubriste? —tomó las carpetas en donde mostraban los datos personales de las víctimas.
— Separaremos los trabajos. Yo me encargo de los rasgos físicos y tú de los psicológicos.
Uzumaki suspiró y asintió con la cabeza.
— Todas las víctimas están maltratadas y ninguna muestra indicios de haber sido asesinadas por una mano —comenzó su relato, volviendo a tomar las fotos. Cada vez que dejaba una de lado, la posicionaba de tal manera que la imagen no se pudiese ver—. ¿A qué me refiero, te estarás preguntando? A que, quitando a los recién nacidos, el resto murieron por desangramiento. Nuestro asesino disfruta verlas agonizar…
— ¿Cómo lo sabes, dattebayo?
— Deberías ver las fotos para descubrirlo —le miró por sobre una fotografía—. Sus pieles demuestran la falta de nutrientes que lleva la sangre; y todas tienen el mismo comentario en el expediente.
— ¿De veras? —abrió dos carpetas y las miró atentamente. Frunció las cejas, buscando la igualdad.
— Al pie, dobe —miró la foto de otro bebé recién nacido y la comparó con la adolescente Sakura.
— 'Murió a…' No, teme, los horarios siguen siendo diferentes —le miró.
El morocho entrecerró los ojos, sin poder crees la idiotez que acababa de decir su compañero de trabajo. Se sobó la sien.
— Usuratonkachi, ¿por qué demonios eres policía si tienes las mismas neuronas que una mujer? —gruñó.
— ¡Oye, no me compares con ellas, dattebayo! —se levantó, enseñándole su puño como advertencia a un posible golpe.
— ¡Lee la maldita oración completamente y luego critica mi suposición, baka! —también se levantó, clavando sus orbes oscuros en los azulados.
El rubio se encogió, intimidado. ¿Por qué le afectó tanto que Sasuke la haya gritado? ¿Es que no lo había hecho cuando pelearon por el dormitorio? Pero ese grito fue diferente… Uchiha se había enojado con él. ¿Por qué tanta confusión?
— S-si —apartó rápidamente el rostro y leyó la frase en voz alta—: 'Murió a las 3 de la mañana, luego de…' —se asombró—. '… luego de perder completamente su sangre y sufrir un paro cardiorrespiratorio'.
Tomó rápidamente otro expediente y leyó la última oración.
— 'Murió a las 5 de la tarde por paro cardiorrespiratorio'
"'… desangramiento y paro cardiorrespiratorio'.
"'… desangramiento' —miró, sorprendido a Sasuke—. Que… horror.
Uchiha asintió con la cabeza.
— El morir por falta de sangre es una agonía insoportable y prolongada —volvió a sentarse y mostrar su semblante serio. Entrelazó los dedos sobre la mesa—. Y eso no es todo…
El rubio le miró, nervioso y preocupado. ¿Qué más, qué más? Esas muchachas sufrieron demasiado para sumarle algo más.
— Ninguna tiene un rasguño en el rostro —tomó una de las fotos y la miró—. Sus ojos le pueden impresionar… tal vez sea mejor que no las vea.
— ¿Rostros intactos? —se estremeció.
Ese comentario le recordó el cuerpo demacrado de la pobre Haruno Sakura.
— Exacto —bajó la imagen—. Todas tienen los ojos delineados, los labios pintados y las mejillas teñidas de rojo con maquillaje.
— ¿Se pintaron antes de morir? —alzó ambas cejas.
— No, dobe, las pintaron —remarcó la palabra—. Ese asesino tiene una enfermedad… con la belleza —frunció levemente el ceño.
— Metrosexual —se cruzó de brazos, asintiendo con la cabeza.
— Tampoco —rodó los ojos—. La persona metrosexual es aquella que se preocupa por su cuerpo, que es capaz de todo con tal de verse hermoso.
— ¿Tampoco sirve para una persona ajena? —le miró.
— Lee las carpetas y dime si encuentras alguna pista. Yo trabajaré con las que tenemos hasta ahora.
— Bien, ttebayo. ¡Kyuubi! —abrió los brazos antes de que el cachorro saltase a su pecho y le lamiese la mejilla—. ¡Ha trabajar, dattebayo! —sonrió ampliamente.
El resto de la tarde se la pasaron separados, entre sus propios pensamientos y papeles. Ya bien entrada la noche, Naruto se estiró en el sillón y bostezó sin taparse la boca. Gimió, cansado. Su espalda sonó cuando se arqueó. Se sobó el cuello. Vio como el cachorro dormía en la mesita y sonrió. Caminó en silencio hasta el comedor, buscando al morocho.
— Eh, Sasuke, ¿qué te parece un…? —guardó las palabras en su garganta cuando vio el lugar completamente vacío.
Extrañado, fue hasta la cocina, obteniendo el mismo panorama. Fue a los dormitorios. Al piso superior. Al jardín.
— ¡Sasuke, ¿dónde estás?! —gritó, histérico.
No solo se encontraba a solas en esa enorme casa, sino que tenía un mal presentimiento sobre su compañero. El único lugar en el que podía estar solo era su departamento, jamás estuvo solo en otro lugar (hacía lo imposible para que alguien se quedase con él. Nunca supo porqué). Detuvo su corrida en mitad de la escalera caracol.
— Kyuubi —fue derecho hacia el living para levantar al cachorro.
El animal gruñó somnoliento mientras se estiraba.
— Kyuubi, Kyuubi, encuentra a Sasuke, ttebayo —le suplicó, alzándolo entre sus manos.
El perro le miró.
— Sasuke, Sasuke, el hombre malhumorado que estuvo a punto de atropellarte, ttebayo —le intentó explicar—. Encuéntralo… y muérdele el trasero, dattebayo.
Dejó al animal en el suelo y esperó. El instinto o el olfato le ayudarán; no soportaba quedarse solo simplemente porque… temía. ¡Ya, ya, tenía diecisiete años! Pero aún así, era como temerle a la oscuridad… pero con luz.
Kyuubi caminó tranquilamente hacia el jardín. Naruto miró para todos lados mientras iba detrás suyo.
— Guau —se acostó en el suelo y volvió a intentar conciliar el suelo.
El rubio apretó un puño, enojado ante esa actitud tan despreocupada de su animal.
— ¡¿Qué clase de perro eres, Kyuubi, dattebayo?!
— ¿Naruto?
El nombrado giró hacia la puerta, en donde provenía la voz, esperanzado de encontrar a su compañero. Se sorprendió al ver las mismas puertas pero ningún humano. Estaba seguro que había escuchado algo, su nombre, ¿quién lo dijo?
— Arriba.
— ¡¿Qué demonios haces en el tejado, teme, ttebayo?!
— ¿Me buscabas? —cerró su laptop y la dejó aún costado, procurando que no resbalase y cayese.
Uzumaki permaneció en silencio unos momentos, controlando sus ganas de saltarle encima y molerle a golpes. Estuvo gritando como niña, buscándole hasta bajo las ollas, y el muy condenado cuestionaba pacíficamente mientras reposaba en el ¡tejado! Un detective no puede estar en el tejado, ¡no es común!
— ¿Qué haces allí arriba? —ni modo, su curiosidad le mataría en algún día.
Sasuke sonrió, seguro que las sombras de la noche le ocultarían. O Naruto se preocupaba por él o no podía estar sin él; cualquiera de las dos opciones, le agradaba.
— Pensaba en el caso —simplemente contesto, aunque no era en total verdad.
— ¿Arriba de la casa? —frunció levemente el ceño, extrañado.
— Es cómodo y la brisa es perfecta.
— ¿Eres animal? —el perro gruñó—. ¡Tú ni me vengas, prometiste morderle el trasero a Sasuke y te duermes! —le indicó con el dedo, acusadoramente.
— ¿Morderme el…? ¿Usas esa clase de promesas para encontrarme, dobe?
— Kyuubi lo disfrutaría, luego de que le quisiste atropellar. ¿Verdad que si, lindo? —se acuclilló a su lado, sonriendo de forma gatuna e inocente.
El morocho no podía soportar más esas escenas. Aunque era un perro, se estaba ganando la confianza de Naruto con demasiada facilidad. ¿Por qué no él? (No contesten). Él tenía más derecho de estar entre sus brazos que ese animal.
Decidido, tomó el aparato portátil y se levantó.
— Sasuke… ¿qué harás? Las escaleras están del otro lado —le miró con preocupación al verle acercarse hacia el límite con tanta seguridad.
— Tómala. Si se te cae, descontaré la plata de la paga por el trabajo —le amenazó y le tiró la laptop.
— ¡¿Qué?! —se levantó de un brinco y corrió.
Tuvo que caer de espaldas para protegerla con sus brazos y pecho. Gimió ante el sonido sordo que produjo el choque de su cuerpo contra el piso. Sasuke sonrió, pensando si hacía lo mismo él.
— No, Naruto me dejará caer al suelo sin piedad —se contestó.
El cachorro corrió hacia su dueño para lamerle la mejilla. El de orbes azulados, sonrió, sonrojado.
Uchiha saltó sin aviso.
— ¡Sasuke-teme! —olvidándose de la importancia de esa máquina, se la quitó de encima y corrió hacia donde caía su compañero.
— ¡No, Naruto! —se apresuró a gritarle pero fue demasiado tarde.
El rubio le tomó de la cintura y ambos cayeron al suelo. Instintivamente, Sasuke le cubrió la cabeza y la cintura en un abrazo protector. Rodaron unos metros hasta quedar en la mitad del jardín: el mayor sobre el menor. Sus respiraciones eran agitadas, chocaban entre ellas.
— Naruto, ¿estás bien? —jadeó, levantándose levemente con la ayuda de sus codos. Le miró a los ojos, notoriamente preocupado.
Naruto se ruborizó. Jamás le vio tal mirada, se veía tan… diferente. Siempre se lo imaginó como un ser indiferente y masoquista (por haber saltado), que lo único que le preocupaba era el trabajo. Qué equivocado estaba…
— Naruto —volvió a insistir el morocho, preocupado por no recibir una respuesta.
— Estoy… bien… tte-ttebayo.
Sasuke respiró aliviado. Ni bien escuchó esa respuesta, volvió a su semblante serio.
— ¿Qué crees que hacías? Estaba preparado para caer parado hasta que llegaste tú —se salió de arriba suyo.
— ¿Qué? ¡Teme, ese tejado es demasiado alto! ¡Te hubieras roto los tobillos, dattebayo! —se apoyó sobre sus codos, mirándole con el cejo fruncido. Él y sus pensamientos… ¿es que Sasuke sufría de bipolaridad?
— No soy tan inepto. ¿Es que estás preocupado por mi, Naruto? —acercó su rostro al del rubio, intimidándolo.
— Claro que no —le apartó, estampándole una mano en la mitad del rostro—. Simplemente no estoy de ánimos para cavar una tumba… primero tengo que conseguir la pala —se ayudó con las rodillas para levantarse y limpiarle la espalda.
— ¿Enterrarías mi cuerpo si muriese?
El rubio no supo que contestar. Le miró por unos momentos en silencio, asimilando las palabras y buscando algún truco.
— ¿Ahora quieres morir? —se cruzó de brazos.
— Es solo una duda —se encogió de hombros.
— Pues, por supuesto que si —respondió tranquilamente.
El corazón del detective dio un vuelco brusco.
— ¿En… serio?
— ¡Claro, dattebayo! Eres insoportable y te crees superior, pero aún así, te considero mi amigo —dijo despreocupado, mirando hacia su mascota quien movió la cola.
El morocho sonrió. Le dio la espalda para que no le mirase. Bueno, un buen paso… aunque sea le consideraba su amigo; para la próxima, le llamaba como siempre ha esperado.
— ¿Sasuke?
— Me siento halagado —se levantó, intentando ocultar esa sonrisa de tonto—. Pero esos comentarios no te harán resolver el caso en el que estamos. Si sigues así, terminaré solucionándolo yo solo —le miró, sonriendo superior.
— ¡Tú, teme…! —corrió tras él—. ¡Me muestro bueno en frente tuyo y lo único que logro es ese tipo de comentarios! ¡Te demostraré que soy mejor detective que tú, te hundiré y jamás me olvidarás, ttebayo! —le tiró una piedra a la cabeza pero Uchiha la esquivó con facilidad.
Por protección, se vio obligado a encerrarse dentro de la casa. Miró como Naruto intentaba abrir la puerta de vidrio, golpeaba, gritándole.
— Tú me has olvidado a mí, ¿crees que te perdonaré tan fácil? —dijo en silencio, moviendo simplemente los labios.
— ¡¿Qué?! No te escuché.
— ¡Golpeaste mi laptop, lo descontaré de tu paga! —gritó para que el rubio le escuchase.
Y le escuchó perfectamente.
— ¡No lo harías, ttebayo!
— ¡Pruébame! —sintió un pellizco sin piedad en su nalga izquierda—. ¡AAH! —se giró, encontrándose con Kyuubi colgando de su pantalón—. ¡¡KYUUBI!! —intentó tomar al animal pero éste se soltó con rapidez y se alejó.
Se sobó el trasero, adolorido. Le dejará moretón, estaba seguro. Fulminó con la mirada al muchacho que se partía de risa en el jardín.
— ¡Usuratonkachi, tú le incitaste a hacer eso! —le acusó, molesto. Se veía tan hermoso cuando reía a boca abierta…
— ¡¡Jajaja!!
— Do-… ¡Dobe! —se alejó de allí, aún con una mano en la nalga lastimada. Tendrá que ponerse hielo si no quiere sufrir por el resto de la noche.
En el friser, tomó un par de cubitos de hielo y los envolvió en un trapo.
Se estremeció al sentir ese frío en sus partes traseras. La piel de los brazos se le volvió de gallina.
— Maldición… —tiritó.
— Jajaja… teme… jajaja… ábreme la… la puerta —hablaba entrecortado el rubio, golpeando el vidrio.
El morocho le miró de reojo y salió de la cocina.
— ¡¡Sasuke!!
Ya en su cuarto, abrió la ventana e inspeccionó el jardín; bajo suyo había un pequeño techo, en donde supuestamente se encontraba el rubio. No escuchó más gritos. Rió bajito; ese mocoso pudo haber encontrado otra entrada. Subió al marco y caminó con cuidado por el pequeño techo.
No habría más de seis metros de distancia hasta el suelo, no sería tan doloroso como el último que dio… menudo porrazo, ese Uzumaki le dio un buen susto. Jamás esperó que también se lanzara a ayudarle (aunque no necesitaba ayuda).
Se sentó en el límite, dejando los pies colgando en el aire. Respiró profundamente y lanzó todo de una bocanada; se impulsó con las manos y cayó parado al suelo, para luego desplomarse de rodillas. Naruto tenía razón, ahora le dolían los tobillos.
Cuando pronosticó que ya terminó el efecto doloroso, se levantó y buscó su laptop por el pasto.
— ¿Dónde…? —instintivamente, su rostro giró a las puertas de vidrio.
Su sien comenzó a latir con furia mientras que su ceja subía y bajaba en un tic peligroso:
En el vidrio había un mensaje dibujado en rouge rojo: '¡Soquete!' con un adorno: una carita de burla. Debajo había un círculo, en el centro vio su laptop apoyada en la repisa de la cocina. Tenía que aceptar que el círculo lo hizo de tal forma, que la laptop se veía claramente.
— ¡¡Usuratonkachi!!
— Baaakaa —canturreaba Naruto en su cuarto, con una toalla en la cintura y al cachorro sobre su hombro—. Fue una suerte que me hayas abierto por delante… ¿Cómo puede ser que seas tan inteligente? Y sobre el mordisco, tendrás ración extra mañana en el desayuno —Kyuubi le respondió con un ladrido—. También quisiera saber cómo le quedó la nalga, pero si eso significa mirarle desnudo… —dejó la oración en suspenso.
— ¡Guau!
— No soy pervertido, simplemente quiero ver su moretón —se protegió, ruborizado.
Cerró las cortinas de la ventana y se tiró a dormir; mañana deberá esconderse de Sasuke. Presentía que le había enojado.
