Enfrascado en mi aturdimiento común, el tiempo corre y yo ni me entero.
Ah ... Bien podría tardar en escribir menos tiempo. Tomando en cuenta que esta cosa no es tan larga. Y se debe a que, desafortunadamente, no soy constante. Pero la razón por la que no soy constante es algo que ignoro...
A veces, escribo solo hasta una coma, y dejo de escribir...
No por que no tenga idea de que estoy haciendo... solo... no sé a que se deba...
Además... estoy leyendo el manga de Hunter x Hunter de nuevo X3
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Magnánimo.
.- ( x ) Escultura.
¿Tiempo? Absurdo preguntarse por él. Ya no puede recordar el segundo donde su conciencia no se manifestó más.
Existencia difuminada.
El maldito demonio pelirrojo atrapado en un lienzo, vívido de óleo y alma propia. Mientras el pelinegro, denegado de cualquier rastro de razón, cuestionándose la profundidad y paradoja que envuelven al mítico ser. De pie e hipnotizado. Lánguido y delgado.
Una voz profunda, sin dote alguno de gravedad. Balbuceando lo que el resto de horas y días quizá. Diciendo sobre el color de sus ojos, hablando del tesoro sin nombre...
-Nombre...-
En un pedazo de universo concurrido y contaminado solo existente fuera de este recinto ideal, la noche declarada es de nuevo. Mientras algunos pausan sus vidas y duermen, otros continúan ya que su ambiente idóneo es la oscuridad.
Corre, corre solo usando una camisa de seda negra y unos pantalones del mismo color. Escaleras abajo y sin preocuparse por su pelo desordenado o el desfajo de sus ropas.
-¡Necesito saber su nombre! -
No lleva ni un centavo y eso tampoco implica que tendría la idea de usar el transporte colectivo. Porque se está excitado mas que nunca antes en su vida, más que durante cualquier fuga o punto cósmico producto de su afán.
'... ¡Voy a encontrarme con él!...'
Callejeando, hambriento de solo tiempo que precisaba ganar. Verlo, verlo, verlo... Es todo y no cabe una sola idea más. Mientras su cuerpo actúa sin que entienda como aunque sabe la razón. Buscándolo. Dirigiéndose donde la sangre en sus venas ordena, confiando en ella pues ahora esta ciego y solo puede ver al demonio aquel.
Jadeante, consternado... ha llegado al mismo paradisíaco Antro donde lo conoció...
Y sigue el olor del café, adentrándose a un universo diferente, pasando una puerta y su cortina de cuentas de cristal.
Incienso, cigarrillos y cafeína. Oscuridad y velas sobre mesitas perdidas en el ambiente ideal. Donde los hombres son poco menos que una idea y más que una palabra.
Pero el aire es diferente.
Ligero, pues aquellos en su interior no se atreven a respirar, y tenso ya que temen que al hacerlo el encanto precioso desaparezca por su falta de resistencia. Entonces, cuando sus ojos rojos pasan efímeramente por sobre el palco central... Siente el mismo terror que todos los presentes en el lugar...
Y lo ve a él.
Él. ¿Ángel? Él, pelirrojo delirio de infinito poderío. Murmurando, rezando, condenando... con los ojos cerrados y una sonrisa delirante en sus labios. Hablando de divinidades, de cielos y de infiernos iguales.
Mientras el mundo se para a su alrededor, él enterado y complacido.
.-( Divinidad
De rareza cualquiera
Típica y ordinaria
En el cielo de perseguida
Y terrenal su uso es 'X'
Divinidad
Qué sonaría igual si fuere endemoniada
Salada como la mar turbulenta y oscura
De noche con tormenta recia
Y víctimas con números seis
Divina broma vida
Tanto como condenada
Dame, más...
Divino ...
Divina...
Divinidad.)-
A estas alturas de su vida, Hiei puede razonar muchas cosas…
Pero simplemente no existe una razón para él. Porque el pelirrojo es Dios y Demonio a la vez. Pues absoluto y cruel es, mirando por sobre un palco que le eleva al cielo aún cuando tierra no esta a mas de 50 centímetros hacia abajo, le mira a él y al resto de un público agonizante con un par de pupilas verdes y esmeraldas.
Es Dios cuando el murmullo débil de una docena de espectadores batiendo las palmas a dispar le enorgullecen tanto que le hacen una reverencia dar; Y es Demonio cuando mira por una ínfima centésima de segundo a Hiei, parado como un cretino con esos ojos de seductor infame.
Glorificándolo y corrompiéndolo.
Develando y confundiendo.
Purificándolo y manchándolo.
Arrebatándole el alma pues dijo '¡Con esa mirada!' que ahora le pertenece a él. No puede oír, ni pensar, ni existir o blasfemar. ¿Cómo, si no puede respirar?
Y solo es confusión.
Un condenado infinitesimal, que no ve ni escucha.
Aun cuando es humano y sabe que es terrenal, se pregunta entre estos mil caos que se manifiestan en el mismo instante… ¿Qué es esto que siente?
Placer, placer como jamás antes experimentó. ¡No, pero es que ni siquiera imaginó que algo como esto pudiera existir!
Sudaba, lo sabía y es que solo con eso es que siente que es un hombre común enteramente corriente: y esta idea solo nauseas puede provocar. Fastidiándolo y degradándolo.
'…¿Por qué sudo, entonces? …'
Jadeaba, pues el exhalar e inhalar rápida y profundamente le llena los pulmones de este aire pútrido de cuidad, que se escurre por bajo la puerta de su recinto 'sagrado', recordándole que nunca puede aislarse realmente. Entonces, siente ira y blasfema sin parar.
'… ¿Por qué jadeo, entonces? …'
Golpeaba, obviamente ya que cada impacto se lleva consigo grandes cantidades de ira y antipatía que siente de todo y por todo. Disipándose prontamente y dejándole una cálida sensación de satisfacción y paz interior.
'…¡¿Por qué golpeo, entonces?!...'
Y con un grito autoritario se ordena respuestas para sus absurdas preguntas.
Parándolo todo con determinación. Deteniendo el movimiento de sus manos y el golpeteo que atacaba marfil. Un martillo y un cincel que desde hacía años que desconocía, precipitándose al suelo y con un estruendo recriminándole su arbitraria acción.
Se encontró vestido de semidesnudez, usando un short rojo y sin camisa ni calcetas.
Sin cinto sobre la frente sudada.
Y lo vio…
Bajando la mirada, por bajo un metro de altura… Blanco. Deslumbrante. Tendido a sus pies…
-… Dios…-
El pelirrojo sin color, sin verdes ojos. Que aún hecho de blanco marfil se muestra altanero, caliente, divino y seductor.
De espalda descubierta, de hombros desnudos. Pelo maravilloso jugueteando por sus mejillas blancas y delineando su columna perfecta.
Desnudo.
Lo estaría de no ser por aquella sutil sábana de seda pálida y marfil. Que se envuelve infernalmente alrededor de su cintura delineada.
-… Demonio…-
Como un animal. Cómo algo inhumano y cadencioso. Haciéndose hacia el suelo bajo él, acechándolo aún cuando puede fácilmente interpretar que la presa es él.
Sabe que es marfil y frió es. Sabe que de una forma u otra esta figura es aquél infierno de pelirrojo sublime…
Y sabe que quiere besarlo.
Hiei, a estas alturas de su existencia puede estimar muchas cosas. Y sabe, en el momento donde presiona suavemente sus labios contra los de la piedra blanca, que justo ahora… ha firmado su sentencia de muerte.
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Cuanto tiempo ha pasado…
Mucho.
Pero a fin de cuentas…. Bla….
Pido perdón por la piltrafa de texto que 'dizque' dice el zorro. ¡Lo siento! Pero realmente, ESE día (Todos los días, de hecho) no me salió nada bien XwX. La razón por la que no le cambié a algo más 'Decente' es por que no se me ocurrió nada más. Y, segundo motivo: Ya lo había subido a Fotolog (¿?).
Desearía ser un sujeto constante.
Pero … no soy nada mas ke un condenado idiota.
Pero feliz, creo….
Hasta el Cap que viene X3
Hikari Zaoldyeck.
Cap III: TEATRO.
