Capitulo 1

La tarde se encontraba nublada. Ni un solo rayo de sol se asomaba por las grietas de las nubes. La lluvia caía suavemente provocando un olor a humedad en el ambiente. Un suave viento mecía las hojas de los árboles cercanos, y los truenos de la tormenta se escuchaban en la lejanía.

No lograba apreciarse nadie a los alrededores. Todos estaban en sus casas, arropándose del frío, cerca de una cálida fogata. Las familias se abrazaban y se cubrían entre ellas para evitar totalmente el frío mientras reían alegremente y gozaban de una comida caliente.

Una niña se asomaba por las ventanas de las casas mirando triste este espectáculo.

Ella no tenía un hogar al cual ir…

Su padre las abandonó, tanto a ella como a su madre… Estuvo sola desde ese entonces. Su madre terminó suicidándose en cuanto fue dejada sola con su hija.

La pobre niña no era aceptada en ningún lugar por el simple hecho de ser distinta… Unos ojos color rojo quemado, una larga cabellera castaña recogida en una trenza, tez blanca como la nieve aunque algo sonrojada por el frío, un atuendo de princesa y unas alas negras en su espalda formaban a esta pequeña.

La niña miraba triste a las familias y se imaginaba a ella misma en los brazos de una madre que la amara y un padre que llegara a besar su frente cuando era arropada en su cama.

Pero sabía que nunca tendría eso. Lo único que le quedaba de sus padres era la memoria. Una madre que la ignoraba y un padre que la abandonó.

Estaba sola en el mundo, no había nadie que la acompañara…

Siguió caminando para buscar un refugio de la lluvia, estaba mojada hasta por los codos y tenía frío, debía encontrar cuanto antes un lugar para quedarse si no quería enfermarse.

Los mismos mendigos que se encontraban en la calle miraban las alas de la niña con temor. Parecía una especie de ángel mandado por Lucifer.

Pero ella seguía caminando sin preocuparse lo que la gente pensara o viera en ella.

Un niño se asomó por la ventana de su casa, tenía los ojos del mismo rojo quemado que la pequeña que caminaba por la calle cabizbaja, tez morena y cabello largo de color morado.

El niño miró triste la escena: esta niña solitaria caminando sin un rumbo definido. Abrió la puerta de su casa y salió hacia la niña.

- ¡Hey! –

La niña volteó sorprendida, alguien la estaba llamando.

- ¡Hola! –

Al voltear hacia donde escuchó el saludo se encontró al pequeño que la miraba desde su ventana. La niña caminó hacia él, sin subir la mirada del piso.

- Hola, mi nombre es Chrno. – dijo el pequeño con una sonrisa en la cara.

La niña lo miró fijamente antes de hablar. Chrno le ofreció su mano para que pasara con él a su casa.

La pequeña estaba sorprendida ante la actitud de este niño, sin embargo, algo le parecía familiar. Tenían el mismo color de ojos, capaz y pertenecían a la misma familia. Pero este niño tenía una especie de cuernos en su cabeza.

La niña se estiró un poco y tomó uno de los cuernos de Chrno.

- Oye, espera, ¡eso duele! - Soltó Chrno cuando la niña intentó quitarle los cuernitos.

- Esos son parte de mí, no puedes tratar de quitármelos. –

La niña bajó la mirada. Chrno la miró preocupado.

- Oye, bueno… Lamento haberte gritado. No era mi intención. - Sonrió dulcemente a la niña quien se sonrojó un poco.

- ¿Podrías… decirme tu nombre? – Preguntó de repente Chrno.

La niña lo miró a los ojos. Tan parecidos a los de ella y sin embargo, estaba segura que su madre había mencionado que no tenía ningún pariente… A menos en este mundo.

Chrno estiró su brazo para ofrecer una vez más la mano a la niña, ella lo tomó de la mano y le habló en un leve murmuro:

- Sophitia…

- ¿Perdón? – Se volteó Chrno a preguntarle a la niña.

- Mi nombre es Sophitia. – Dijo la pequeña y le dirigió una sonrisa a Chrno.

Ambos entraron a la casa de Chrno. Sophitia miraba el lugar asombrada.

Ella estaba acostumbrada a los lujos del castillo donde habitaba hace menos de cinco horas, antes de que su madre se suicidase…

- Ven para que te dé algo de mi ropa. Así evitarás enfermarte. – Dijo Chrno

Sophitia asintió y lo acompañó hacia una habitación. Chrno sacó unas prendas de un armario y se las dio a Sophitia.

- Estaré afuera en lo que te vistes, si necesitas algo avísame. – Dijo Chrno sonriendo.

Sophitia asintió, y Chrno salió de la habitación cerrando la puerta tras él.

Sophitia se quitó su vestido y vistió rápidamente el atuendo que Chrno había dejado para ella. Enseguida sintió el calor regresar a su cuerpo. Subió la mirada hacia el cielo nublado y sonrió. Para ella ya se había asomado el primer rayo de sol del día.

Salió del cuarto completamente vestida y se dirigió a la sala, donde la esperaba Chrno sentado frente a una fogata. Sophitia se sentó al lado de Chrno y lo miró sonriente.

- Gracias. Te agradezco todo lo que haz hecho por mí.

- Ah no te preocupes, no es nada.

- ¿Dónde están tus padres? Me extraña ni verlos aquí. –

Chrno bajó la mirada hacia el suelo sin quitar la sonrisa, pero se podía apreciar tristeza en su expresión. Sophitia enseguida se acercó a él.

- Lo lamento mucho, no sabía…

- No pasó nada, es solo que nunca los conocí. – Interrumpió Chrno.

- ¿Cómo conseguiste esta casa entonces? Tienes con qué alimentarte, tienes con qué vestirte…

- Hay un hombre que me ha criado desde que tengo memoria… Él es como un padre para mí pero me cuida desde lejos, nunca está conmigo.

- Vaya padre… - Se burló Sophitia. Chrno se encogió de hombros.

- ¿Y tú qué haces sola? – Sophitia subió la mirada hacia el techo, sonrió y suspiró. Su vista se fijó en las llamas que jugueteaban el la fogata.

- Mi padre nos abandonó a mi madre y a mí… Al enterarse de un secreto nos dejó solas. Mi madre se suicidó hoy debido a que no podía soportarme ella sola…-

Chrno la miró espantado. Sophitia no dijo nada, sólo miraba las llamas en la fogata revolotear.

De pronto se escuchó un golpe en la puerta. Chrno se paró enseguida a ver de qué se trataba, Sophitia miró nerviosa.

Un hombre alto, de tez morena y cabello largo color blanco entró a la casa, Chrno corrió hacia él contento. Sophitia miraba la escena de lejos.

- Vaya Chrno, conseguiste una amiguita. – Dijo el hombre. Sophitia no quitaba sus ojos rojos de éste hombre. No le daba muy buena espina.

- ¿Eres Sophitia verdad? Escuché hablar de ti, pero nunca creí que fuera cierto… El primer híbrido en darse a conocer en la tierra. –

Sophitia puso los ojos en blanco, Chrno miraba confundido al hombre.

- Aion, ¿A qué te refieres con híbrido?

- Bien sabes Chrno que tú eres un demonio… En la tierra viven demonios, humanos y ángeles. Tu padre, princesa, era un ángel.

- ¿Era? – Preguntó la pequeña asustada. Aion sonrió maliciosamente.

- Así es. Era… Tu padre murió en manos de un demonio. Bien merecido lo tenía por abandonar a Christine.

- ¿Conocías a mi madre? –

Aion se sentó en uno de los sillones, Chrno le hizo una seña con la cabeza a Sophitia y ambos tomaron asiento también.

- Así es pequeña, conocí a tu madre. Christine siempre se creyó más inteligente de lo que era, se enamoró de éste ángel y violó las reglas que poseemos al casarse con él.

Un tiempo después naciste tú, en ese instante tu padre descubrió que Christine era un demonio por lo que la abandonó enseguida cuando eras apenas una criatura de brazos. Uno de los seres más hermosos que he visto en este planeta era tu madre, eres igual a ella. –

Sophitia no supo si tomar esto como un cumplido o no. Ella siempre creyó que su madre había sido la bruja en esta historia, pero ahora le decían lo contrario… Todavía no justificaba el por qué la había abandonado quitándose su vida, pero probablemente este tal Aion conocería la respuesta.

- ¿Por qué se quitó la vida mi madre? Si mi padre fue el que nos abandonó porque no me quería, supongo entonces que mi madre si me amaba…

- Con el alma pequeña. Te amaba con el alma. Pero el dolor que sentía por la pérdida de su marido la llevó a la locura, no podía saber lo que estaba haciendo. Puedo apostar lo que sea a que cuando se deshizo de su vida no se encontraba totalmente cuerda. La desesperación era tanta que se convirtió en una enfermedad, lo que la llevó al suicidio. –

Chrno miró triste a Sophitia, ésta cerró los ojos y meditó un rato.

Al abrirlos, miró a Aion a los ojos, éste sonrió y ofreció una mano a la pequeña.

- Ven conmigo… Si me acompañas prometo despejar esa niebla de preguntas que oscurece tus pensamientos. Lograrás hacerte fuerte y no terminarás cometiendo los errores que tus padres cometieron…

- Pero, ¿Qué pasará con Chrno?

- Oh, él es fuerte. Puede defenderse solo y ya es tiempo de que busque su propio camino. Yo lo guié en un inicio pero ya no puedo hacer más por él. –

Sophitia volteó a ver a Chrno, éste sonrió triste y asintió a lo que Aion decía.

- Ve con el Sophitia. Algún día de éstos tendremos que encontrarnos una vez más. -

Sophitia volteó hacia Aion con los ojos llorosos:

- Está bien. Iré contigo… -

Aion dio lugar en su rostro a una sonrisa torcida. Cargó a Sophitia en sus brazos y echando una última ojeada a Chrno salió de la casa.

Sophitia se despidió de Chrno con un leve adiós, a lo que éste le respondió:

- Más bien dicho, hasta luego… -