Capitulo 8 Entrad al Pandemonium! El mensajero del mal…
Sophitia miró su entorno nerviosa, no sabía qué hacía en esa situación, no sabía absolutamente nada, el único consuelo que encontraba en ese momento era estar en los brazos de Chrno.
Éste buscaba con la mirada algo, la princesa comenzó a cuestionarse qué era cuando un hombre salió de una puerta lateral al altar.
- Chrno… ¿En qué puedo servirte?
- Deufo, necesito tu ayuda, lo más que puedas brindarme.
- ¿Ahora en qué lío te metiste? – Le preguntó el hombre con los ojos en blanco.
Chrno miró a Sophitia, la tomó del brazo y mostró los estigmas de la chica a Deufo, él dio un respiro profundo y bajó la mirada.
- Tú sabes qué hacer.
- No hay nada… No se puede hacer nada.
- ¡Deufo por favor!
- Si por alguna razón recibió los estigmas es imposible que se libre de ellos, lo último que le queda es morir. –
Chrno miró a Sophitia con los ojos llorosos, ella le devolvió la mirada tratando de evitar que sus ojos se empañasen.
- Por favor… Te lo suplico…
- No hay nada que hacer, lo lamento mucho. –
Chrno se soltó a llorar sentado en una de las bancas, Sophitia lo abrazó y besó su mejilla.
Un golpe en la puerta interrumpió la conversación que llevaban a cabo, Chrno enjugó sus lágrimas levantándose y mirando en manera amenazante a la puerta.
Sophitia hizo afán de pelear al lado de Chrno, pero éste con un brazo le indicó que no se acercara. Deufo cruzó los brazos y llevó una mano a su barbilla, la princesa se colocó a su lado sin quitar su mirada de Chrno.
- Prepárate para la pelea de tu vida Chrno… - Dijo Deufo mirándolo en manera seria. Sophitia llevó una mano a su frente mientras veía su reflejo en un espejo cercano, la sangre comenzó a fluir de su frente y ella miró a Chrno asustada.
- Nunca es tarde Chrno… Intenta pelear y sobrevivirás. –
Terminando éste comentario de parte de Deufo, las puertas de la capilla se abrieron de golpe y entró Aion seguido de sus camaradas.
- ¿Listo Chrno?
- Siempre. –
Tras oscurecerse el lugar, los demonios emergieron de la sombra en sus formas verdaderas y se unieron en una disputa en la cual nadie se atrevió a participar.
Sophitia caminó hacia la pelea mostrando sus alas negras y jadeando por mantenerse de pie sin lograrlo completamente.
- ¡¿Y tú a dónde se supone que vas?! ¡Fue tu culpa que esto ocurriera! -
Una de las compañeras de Aion tomó a Sophitia por el cuello mientras la miraba de forma amenazante, la chica reaccionó jalando del brazo a la demonio y al tocar la extremidad de ésta la sangre de la princesa sintió su brazo arder, una quemazón similar a la que le resultaría de meter directamente el cuerpo en una fogata.
La demonio soltó a Sophitia mientras gritaba de agonía, la princesa aprovechó la situación y corrió lo más que sus fuerzas le permitieron hacia Chrno y Aion, quienes luchaban ferozmente sin encontrar una solución a sus problemas más que termina con sus vidas, el primero que muriera sería perdedor y el otro ganaría lo que siempre quiso…
- ¡Chrno, detente! – Gritó Sophitia desesperada tratando de hacerle saber a su amante lo que sentía, estaba agonizando y no quería pasar sus últimos momentos llorando mientras miraba a Chrno batirse a muerte contra Aion.
Caminó hacia los demonios lentamente, lo más que sus fuerzas le permitían y se detuvo en medio de la pelea. Chrno detuvo su ataque antes de que golpeara a Sophitia, la chica cerró los ojos, sonrió y por un momento todo se silenció, Chrno miró horrorizado la escena…
El brazo de Aion atravesaba por completo el abdomen de Sophitia, ésta cayó de rodillas, Chrno la tomó rápidamente en sus brazos evitando que cayera en el suelo.
Aion sonrió malévolamente e hizo una seña a sus compañeros para que salieran.
Los demonios salieron por la puerta principal, Chrno cargó a Sophitia en sus brazos y voló lejos de la capilla…
El demonio bajó la mirada hacia Sophitia, el color en sus mejillas se desvanecía, pero esa sonrisa, aquella que lograba hacer que Chrno sintiera una calidez tranquilizante por dentro no se ocultaba, seguía con vida, tenía que encontrar la forma de hacer que sobreviviera… El pensar una vida sin ella era tortura…
