Epílogo
Esta es la leyenda que se cuenta en aquél pueblo, la gente busca el ejemplo de estos enamorados para no dejarse guiar por nadie para tomar una decisión, atravesamos grandes caminos, pero, ¿Alguien en verdad puede atreverse a decirnos a quien amar?
Prueba de esta leyenda queda la estatua de una mujer hermosa con alas encerrada en un santuario cubierto de flores.
Han pasado mil doscientos años desde este acontecimiento, y sin explicación científica, las flores siguen igual de hermosas de lo que hacían cuando se descubrió ese santuario, y en el centro de éste, a un lado de la mujer dormida hay una carta escrita a mano que lee:
"Aún después de que la muerte nos haya separado no ha pasado un solo segundo en el que no piense en ti, he intentado cumplir mi promesa, aquella que hice al mirar esa luz desvanecerse de tus ojos y al sentirla entrar en mí. Juré que no dejaría que las sombras me poseyeran otra vez, y cada vez que me siento solo o el miedo me carcome por dentro escucho tu voz diciendo que me tranquilice, que todo estará bien.
Enseguida subo la mirada al cielo y veo la luna que se asoma por las nubes, y para mí es el mismo espectáculo de aquella noche en la que te hice mía, y aquella noche donde debimos separarnos… Y cada vez que las estrellas iluminan mi rostro, y la luna brilla en lo alto veo tu sonrisa a lo lejos y recuerdo tus últimas palabras, en las cuales me llevé tu suspiro final.
Extraño tus brazos, extraño tus besos pero sé que tu alma sigue a mi lado y por ello es que vivo en paz y tranquilo.
Te amo mi princesa, mi Sophitia…
Chrno.
20/VII/1560"
Ni yo misma me atrevía a creer esta leyenda, Chrno estás mintiendo, es demasiado drama para que puedas soportarlo, pero al parecer me equivoqué… Todo es cierto…
Chrno ha dejado mi lado, me quedé en la orden y realmente no he querido ni siquiera buscarlo… Desde el día que me contó esa historia me quedé helada, vi con mis propios ojos a la mujer que se dice ser ese ser divino, y a la vez maligno, ese ser hermoso…
Sé que cuando quiera puedo encontrar a Chrno, ahí debe estar él, acompañando a la virgen Magdalena y a su princesa de la luz…
Rossette Christopher, Orden de Magdala
4/IV/1935
