Kaixo! gracias por sus reviews/lecturas. Esto es mas flashback que nada, bueno si uno grando y medio telenovelesco... jejeje, pero en partes lo tenía bien presente lo que pasaba y no hallé otro modo de sacarlo de ahí.

El siguiente lo tengo para el dieciocho de este mes, ya decidí cuando acabaré esta historia y si quiero conseguirlo no puedo actualizar todos sólo el cuatro de cada mes.


Kenny, el que estará ahí sin palabras x Malos recuerdos x Cuanto has cambiado

(El día en que le vendí mi alma al demonio)

¿Así que de este modo serán las cosas? No puedo hacerme a la idea, no, simplemente no puedo tolerar que las cosas sean así. Ayer debí haber estado allá, Vita aparecerá con suerte, si habla con Brodoteau, pero no puedo imaginar su cara cuando aparezca aquí; confusión, enojo, preocupación, lo que sea que ella haya pensado cuando supo que no fui, aún debe tenerlo fresco en la cabeza.

Desde que llegué aquí lo odié, la tranquilidad del lugar, la aparente amabilidad del personal. No lo soporto, si no fuera por que es el único modo en que Vita puede encontrarme, ya me hubiera largado. Es una tonta, por lo visto perdió el celular, si tan sólo… a quien engaño. Necesitaba estar aquí, si quiero continuar…

-Señor Hiwatari, alguien le llama en la entrada.- Dice una de las empleadas. Cuando me dice el apellido que es incapaz de pronunciar correctamente, asiento y la sigo, ya puedo imaginar su cara, en un área aparte de la sala de espera comunal del lugar, está ella. Detrás del vidrio de la puerta que permite la entrada puedo ver e identificar su estado, está preocupada.

La mujer abre la puerta, y con el primer sonido de la puerta abriéndose Vita parece brincar y su mirada oscura se clava en mi, apareciendo por la puerta. Se acerca, y en efecto no puedo definir su gesto, no expresa nada y mucho a la vez, alivio, molestia, o al menos eso imagino.

-Gracias…- dice, aunque no para mi, pero me abraza fuertemente. Su suspiro de alivio es lo que me resume su estado.

-¿Qué te dijo?- le pregunto dejando la sala privada y dirigiéndonos a la habitación que he ocupado por mas de dos días. Cuando entramos, después de dejar su bolsa y rascarle la cabeza a Khan se sienta.

-Todo, me informó que te había canalizado a este lugar. Me dijo de lo que pasó, corriste con suerte que hubiera esto en esta ciudad.-

No puedo desmentirla, pero aún así estoy molesto. -¿Suerte? Sabes que eso no es cierto, comienza…-

Vita sonríe y mira por la ventana –Tiene que empezar, tarde o temprano, así lo decidiste ¿no¿qué me dijiste cuando me negué a aceptar la ayuda de madre?-

-Abstente a las consecuencias.- Me siento junto a ella y le extiendo mi mano izquierda, ella la mira y la toma tratando de extender mis dedos. –Ya está casi normal, fue distinto que en Nagoya, ahora fue la mitad del brazo.-

Vita asiente y me suelta la mano, coloca la suya sobre mi hombro. –Lo siento, no volveré a ausentarme, pero me fue bien, los hijos de padre ya han crecido…- suspira pensativa y luego me mira -¿Y ahora?-

-Nos vamos.-Digo resuelto y me levanto, ella parece dudar un poco pero asiente, sujeta a Khan y busca por mis cosas.

Salimos del lugar bajo las protestas del encargado, quien no se atreve a detenerme o contradecirme, Vita detiene el primer taxi que pasa y lo abordamos, comienza a oscurecer.

-¿Lo viste?-

Ella sonríe un poco apenada –Si, creo que arruine el factor sorpresa. No le di detalles, pero… sabe que estás aquí.-

-No hay de que preocuparse, es Kenny de quien hablamos.- Le digo seguro de que es la misma persona que accedía siempre a las propuestas que hacían unos u otros, aunque representara un grave peligro o se arriesgara demasiado, él seguía a todos, como apoyo o por que no quería quedarse atrás. No decía nada, mostraba quizá un poco de reticencia, pero terminaba siguiéndonos. No pudo haber cambiado.

El taxi nos lleva hasta la universidad donde él estudia, esta parada no la hago por las mismas razones que la de Hilary. Allá tenía que arreglar un asunto, aquí, como con Max, o quizá aún menos, simplemente quiero saber qué es lo que hace. Inercia, apatía…

Vita me guía por el campus, obviamente ya había venido, mientras me dice una sarta de incoherencias de cuanto le gusta el edificio y de algunas cosas sobre psicología del color caminamos entre los dormitorios, realmente la ignoro un poco. –Aquí es- sus palabras me hacen prestarle completa atención de nuevo.

Llamo a la puerta y su voz, la reconozco -Voy- grita y alcanzo a escuchar sus pasos apresurados hacia la puerta. Se abre y ahí está, ha crecido, sus lentes son más ligeros, se ve cansado, su cabello es más largo, sonríe… sonreía… apenas me ve, la sonrisa con la que abrió la puerta desapareció de su boca. –Así que ella decía la verdad.-

-Si, lo hacía- digo mirando a Vita.

-¿Y por qué?- me pregunta con un tono que no recuerdo en él, es… como el que suelo usar.

-¿Por qué no?- pregunto ocultando mi leve sorpresa por su tono, pero no pienso caer en un juego de súplica, pedido, chantaje.

Me quedo de pie frente a él, Kenny solo entreabrió la puerta y tengo que analizar sus movimientos para saber si piensa acceder o no debo insistir. –No Kai, fue terrible lo que les hiciste, te burlaste de todos, nos botaste como lo hiciste mas de una vez mientras éramos un equipo. ¿Qué haces aquí? No esperaras que te perdone.-

-¿Qué obsesión tienen ustedes con eso del perdón? No, no lo quiero… no lo busco.- Estoy un tanto irritado, Vita se alejó un poco, no le gustan las discusiones.

-¿Tenemos? Ni siquiera te voy a contestar eso. Bueno, ya sabes mi respuesta, así que si piensas quedarte ahí parado, adelante. Yo, tengo muchas cosas que hacer.- Finaliza y cierra la puerta justo en mi cara.

Bajo un poco la mirada, obviamente una ola de pensamientos han llegado a mi cabeza, demonios, ese dolor otra vez. No es el habitual pero no por eso deja de doler, Vita está de nuevo a mi lado, y tira de mi alejándonos, nos sentamos en las escaleras un piso arriba del de Kenny. Me extiende un par de pastillas, las tomo y la miro –Eso no me lo esperaba.-

-Lo imagino, pero la gente cambia, no puedes predecirla han pasado ¿cuánto?-

-Mas de seis años desde que dejé la casa Kinomiya, casi tres desde el torneo.- No puedo olvidar ambas ocasiones.

Vita levanta a Khan y después de contemplarle algo en la cabeza, meditando o queriendo hacer tiempo me dice -¿No me has dicho que pasó esa vez?-

-No pienso hacerlo- le sonrío levemente con burla.

Ella no parece satisfecha, se levanta y mira su reloj –Tenemos que buscar un hotel, pasé la noche anterior y la mañana buscándote, quiero dormir un poco, tú también lo necesitas.-

Tiene razón, aunque no es cansancio lo que tengo tenemos que buscar un hotel –Hay uno que conozco, me he quedado otras veces ahí, está frente al puerto.-

-Vamos- nos vamos y no sé por que… pero no puedo evitar voltear a la ventana del cuarto de Kenny, y me doy cuenta que está viéndonos.

Pedimos otro taxi, recogemos las cosas que dejamos encargadas con el portero de la universidad. El hotel pertenece a una cadena de un socio de las empresas, tengo una membresía que nos da la seguridad de contar con los mejores servicios y una absoluta privacidad, lo que necesitamos.

Pedimos algo de comer, Vita deja a Khan en un sillón y después de medio comer intercambiando palabras sin sentido, nos dejamos caer en la cama sin decir nada mas. Sé que ella se percató de mi decepción por el encuentro con Kenny, como es su costumbre no dice nada para que yo analice la situación y halle tranquilidad a mi modo, si quisiera que ella dijera algo, ya hubiera comenzado a hablar. Ella se ha dormido rápidamente, es obvio que no descansó buscándome, es una persona noctámbula y de sueño ligero, pero esta vez se durmió apenas su cabeza pegó la almohada.

Yo, si acaso tenía un poco de sueño, ha desaparecido. Me asomo por la ventana y las luces de la ciudad iluminan el cielo, sus reflejos en el agua me hacen acercarme a la terraza, me recargo en el barandal de ella. Me acuerdo de la casa de Islandia, aunque son radicalmente opuestas, siento rara tranquilidad, allá era nieve y verde, aquí edificios, luces y concreto, que diferente.

Estoy aún confundido, sigo con esa sensación extraña al ver la reacción de Kenny. Ha cambiado mucho, no es el mismo chico nervioso y temeroso, o quizá si, y esto sólo fue una reacción natural después de tantos años, lo que sea. Aunque no se parece, me recuerda a la que tuve cuando leí el primer correo que Voltaire me envió, apenas unos meses después de que por sus órdenes quedé atado a Japón.

'Es necesario que hablemos. Hay algo que discutir. Aún recuerdo lo que quieres, podemos negociar.'

-Imbécil- sisea y si no fuera por que estaba en la computadora de Max, habría lanzado lejos el monitor. De pronto reacciona y mira de reojo alrededor suyo sólo para cerciorarse que no le han escuchado. Max está entretenido con un videojuego y el señor Mizuhara en la cocina, suspira, desecha el mensaje y cierra la ventana. -Listo- dice tratando de darse confianza.

-¿Qué?- pregunta Max pausando su juego.

-Nada- Kai responde aprisa alejándose del escritorio donde reposa la computadora.

-Entonces ven, no acabamos la batalla de ayer. Te ganaré.- Max le extiende un control, Kai no quiere hacerlo pero acepta la oferta, todo por sacar el mensaje que leyó de su cabeza.

Juegan, Kai no consigue lo que quería, y eso le atrae la derrota. Max después de hacer un despliegue de alegría por su triunfo, se da cuenta que hay algo extraño con él, le pregunta pero Kai le disuade de querer saber mas diciendo que es hora de irse, tiene otras cosas que hacer. Se levanta y sale despidiéndose del señor Mizuhara, no espera por una respuesta.

En el camino de regreso a casa de los Kinomiya, se detiene en el parque donde entrenaba, cada mañana casi obsesivamente para alcanzar la perfección, el poder, la fuerza, el triunfo… las cosas que en ese momento ya no parecen tan importantes, por que ha encontrado una forma de llenar ese vacío, y aunque sabe que es sólo superficialmente, calman sus ansías. Estaba bien… ¿Por qué el anciano tenía que aparecer de nuevo en su vida?

La lluvia comienza a caer, está en el trance de esos extraños meses de febrero y marzo, donde la salida del frío y la llegada del calor, provocan cambios raros en el clima. Completamente empapado ve a su alrededor, la gente corre a guarecerse. Los niños corren brincando sobre los charcos, los padres ríen entusiasmados, unos les ofrecen espacio debajo de sus sombrillas, un par carga a sus vástagos y aceleran el paso. Algunas parejas y grupos de amigos, corren entre risas disfrutando la refrescante lluvia. Él, solo sigue con la mirada la acción hasta que se ha quedado solo en el parque, con la lluvia cayendo con fuerza.

'…recuerdo lo que quieres…'

Aprieta los dientes frustrado, esas ideas las había encerrado largo tiempo atrás.

'… podemos negociar.'

¿Negociar? Él se lo negó muchos años atrás, le dijo que no se lo diría. Que jamás lo sabría, que se conformara con lo que recordaba, pero era tan poco.

-Muchacho, mira como vienes. Te prepararé el baño.- El abuelo de Tyson no deja de actuar tan sobre protectivamente, pero Kai ya ha aprendido como quitárselo de encima.

Se yergue completamente mostrando la diferencia de altura, le mira sin ninguna reacción y toma la toalla que el viejo hombre le ofrece –Estaré bien, mi brazo ya responde mejor.- Se dirige al baño, ya que es nuevamente autosuficiente al menos físicamente, retoma su actitud tan conocida.

Liberado del agua fría, se resguarda en el espacio que le dieron en esa casa. Es pequeño, y está en el piso inferior, aunque tiene lo mínimo lo ha sabido adaptar a sus necesidades y gusto. Lo llaman a cenar, se excusa diciendo que quiere dormir, pero lo que quiere, es pensar.

Esa noche decidió que es mejor ignorar el mensaje del anciano. Decide no volver a consultar su correo lo que resta de esa semana, lo hace casi nueve días después. Hay mas de doce correos, del mismo hombre, con el mismo encabezado pero cada vez se leen más desesperados, ofrece mas y… comienza a exponer lo que quiere. Repite la táctica, ahora son casi tres semanas, y al volver a abrir la bandeja de entrada, hay casi dos por día. No quiere leerlos, y los desecha sin revisar siquiera el contenido.

Pasan meses, tres con exactitud, casi cumple un año de que regresó con Tyson y los otros. Recibe una llamada del señor Arinu, el hombre del local de refacciones a quien le lleva la contabilidad, le había hablado de un cliente en Kyoto que solicitaba su ayuda. Le dice que le ha enviado la información a su correo, debe consultarlo.

Lo deja hasta ya entrada la noche, acude a un local en una pequeña plaza comercial. Apenas lo abre se da cuenta que su cuenta de correo está saturada, mas de cien mensajes del anciano, a sabiendas de que el viejo sería incapaz de hablarle directamente a la casa de Tyson o Max, y que Kai se sigue negando a usar celular, el correo electrónico es la única vía por la que Voltaire puede comunicarse con él, pues tampoco está tan loco como para acudir en persona.

Se dirige al mensaje que lo llevó ahí, hace una copia del archivo que le envían y después, no puede con la curiosidad de leer el antepenúltimo mensaje, el asunto se diferencia de los otros, 'Tengo lo que quieres, y tienes lo que necesito.'

Lee con atónita paciencia cada palabra, el mensaje es directo y muestra una desesperación que no le conocía, debe ser verdadera por la oferta que le extiende, decirle la verdad que le había negado desde que quedó a su exclusiva tutoría. La verdad del destino de esas personas que recuerda vagamente. Por inercia, por curiosidad y por deseo, transcribe el número telefónico que aparece en el mensaje.

Va camino a la casa Tatibana, Hilary le invitó a pasar la noche ya que sus padres están fuera de la ciudad, llega mucho mas tarde de lo que le había dicho. Aunque el trayecto no es largo lo hace inusualmente lento por que comienza a considerar la opción de acudir al llamado del viejo, aunque debe saber las condiciones la oferta, es tentadora.

-Tardaste mucho- le dice Hilary un poco desencantada al verlo llegar sin nada para ella, Kai nunca ha sido del tipo detallista pero a veces le da una que otra sorpresa agradable, pero tiene tantas semanas que no le lleva nada.

-Puedo regresar- responde Kai no queriendo mostrar que no está de ánimos para estar con ella, pero si regresa al dojo su mente continuará girando en la tentación de llamar, al menos aquí, hay con que distraer la mente.

Ella apresurada lo saluda con un efusivo beso que él devuelve fríamente, le invita a sentarse para cenar, él se niega poniendo de pretexto que comió tarde, ella sabe que miente y él que ella lo sabe, pero no le importa, le dice que coma que él le acompañará. Ella asiente fingiendo satisfacción con la respuesta.

Un ambiente de descontento se siente mientras ella come y él ve por la ventana, no hablan, no hay música, no hay nada, sólo la confusión de Kai y esa mezcla de sentimientos de Hilary, ella lo ha percibido distante los últimos tres meses pero nada como esto, ahora pareciera que no hay nada entre ellos, que él es la misma persona fría, distante, reservada y callada que conoció algunos años atrás… momento, nunca dejó de ser esa clase de persona, pero si había algo diferente ¿Qué pasaba ahora?

-¿Vamos arriba?- dice con una sonrisa juguetona tratando de atraer de nuevo el ánimo de Kai.

Él voltea a verla algo confundido y asiente desganado -Vamos-

No pasa nada esa noche, compartieron la habitación pero él sólo se sienta en un sillón que da a la ventana y ella de esperar, se queda dormida en la cama. Es la segunda vez que pasa eso, y se repite por otras cuatro ocasiones en casi dos meses.

Son finales de septiembre, Hilary ya no hace mucho por atraerlo a su lado, Kai ha dejado de participar en la vida familiar de los Kinomiya y los Mizuhara, sólo hace lo que se le pide pero no se incluye en ninguna de las otras actividades. Y parece que nadie se da cuenta. Rei los visita y le basta unos momentos de la compañía de Kai para darse cuenta que algo está mal ahí. Los otros hicieron una fiesta de bienvenida para el chico chino, invitaron algunos amigos y festejan sin darse cuenta que el muchacho no está presente.

Kai tampoco se unió a la celebración, está recluido en su cuarto con el número en una mano y el teléfono en otra, la incertidumbre le carcome pero se sigue negando a llamar. Se da cuenta que alguien está en la puerta aún antes de que toque la puerta, la abre para encontrarse con los ojos ámbar de Rei. -¿Puedo pasar?-

Kai se hace a un lado sin responderle, regresa a la silla donde ha meditado por tantos meses, y sigilosamente guarda el papel debajo de un libro. -¿Qué?- pregunta ante la mirada de Rei.

-¿Qué te pasa?-

-Nada-

-Dime¿Sé que algo te está molestando? Los otros se dieron cuenta, pero no quieren decírtelo.-

-Nada- repite la monótona respuesta fijando su mirada en el libro. –Nada y todo a la vez.- piensa al traer a su mente el libro que vagamente recuerda haber leído una vez con su padre.

Y Rei no está convencido, insiste de un modo y otro hasta que se gana la respuesta molesta de Kai, de que lo deje en paz. Rei ya no insiste sabiendo que no le sacara nada, pero le ofrece escucharle si es que quiere hablar, tiene aún una semana. -Piénsalo- Rei dice y sale, un poco molesto y confundido por ese cambio en su persona.

Kai toma el papel, lo estruja en su mano y lo avienta, furioso por estar actuando así, Rei siempre le ha ofrecido esa posibilidad de escucharle sin juzgar y darle una opción de consejo o una opinión, que a veces ayuda pero esta vez… no la quiere, por que sabe que dirá. No vayas, no aceptes.

Se queda mirando el papel por casi veinte minutos, cuando escucha que Tyson llama amenazando con ir por él (junto con media fiesta) se levanta resignado a fingir por un rato, junto al papel se inclina y lo toma, ha decidido.

Hilary está enojada por que él ni siquiera la saludó, permanece al lado de Tyson con quien ha estado pasando toda la fiesta y desde que el alcohol corrió, no se ha separado de ahí. Kai sólo parece hacer una aparición fugaz, se da cuenta que nadie está precisamente pendiente de si está ahí o no y desaparece a la primer señal de distracción general.

Esa misma noche sale de la casa para llamar al anciano y fijar un punto de reunión, es hora de negociar. Le sorprende la desesperación del anciano por que le dice que será la mañana del día siguiente en una ciudad que no está muy lejos de ahí, Kai regresa a la casa, la fiesta está muriendo ya, quedan algunos ebrios cantantes y una pareja ocupando el jardín, ignora y sigue hasta su cuarto, toma dinero, un libro y el reproductor de música, no necesita mas para el viaje. Mientras sale por la parte trasera, escucha ruidos en el dojo, acostumbrado a velar por la seguridad de la casa se asoma en búsqueda de intrusos, no los hay. Son dos personas, una es el dueño de la casa y la otra, Hilary, ella y Tyson comparten el vacío del lugar de entrenamiento.

Kai separa la vista y sonríe, se aleja con las ideas confirmadas de que Tyson siempre ha querido a Hilary, y que ella no siente precisamente el desprecio que siempre pregona. Cuando el taxi lo lleva a la estación de trenes mira el reloj, las tres de la mañana, a tiempo para la cita con Voltaire.

Ya es de mañana, la ciudad es mas bien un pequeño pueblo en medio de una zona arbolada, de casas viejas y calles empedradas, el lugar ideal para que nadie sepa lo que pasó, por que ni el viejo ni el muchacho quieren que haya testigos de su acuerdo, el primero por desprecio hacia el hecho de necesitar del chico, el otro por vergüenza con aquellos que le ayudaron tanto.

-Bienvenido- dice con cinismo el viejo.

-No lo soy.- dice el otro conteniéndose de gritarle todo el odio que le profesa.

-De acuerdo, veo que no has cambiado, pensé que esa gente te había hecho perder tus cualidades pero, no.- Le invita a sentarse a compartir la mesa de donde el viejo come, el otro acepta pero en el extremo opuesto.

-Al grano anciano-

Voltaire también se calla las palabras con las que quiere exigir respeto, los dos se están jugando mucho y saben que el otro odia lo que está haciendo, pero lo que se obtiene lo compensa. –De acuerdo, te pondré a prueba por un periodo de un año. Si me satisface tu trabajo, te diré todo a detalle, si no, pues regresas donde estabas.-

Kai se levanta lanzando la silla hacia atrás y golpeando con fuerza la superficie de la mesa –Eso no es justo, si al final decides que no me dirás, ya habré perdido lo que he obtenido. Ellos no me lo perdonarán.-

-Si son tus amigos deberían entender ¿no?-

Kai mira molesto para otro lado, en teoría así debe ser pero jamás les dirá de frente. Lo hará sin que sepan y para cuando se enteren será demasiado tarde. –No lo sé.-

-Oh, mira si has cambiado un poco. Pensé que no te importaría eso, pero yo también pierdo a mi heredero. No es que me importes pero sabes la importancia que le doy a que el apellido continúe. La información por tu lealtad. A mi parecer es justo.-

Kai baja la vista y hace una mueca de ira, mira de golpe al viejo haciéndolo sobresaltarse –Lo pensaré.- Se aleja dejando al anciano gritándole que no tiene nada que pensar, que acepte ahora o retira la oferta, pero Kai sabe que no lo hará, pasen dos meses o tres años, el viejo estará listo para restituirle su puesto de heredero. Lo que no deja de preguntarse es por qué el cambio tan repentino de actitud, el viejo le había dicho que no toleraba traiciones, y ahora hasta lo busca…

Vísperas de Navidad, Kai camina con Hilary al lado, delante de ellos el resto avanzan a tropel, los dos hombres Mizuhara, los Kinomiya y un par de invitados para pasar las fiestas con ellos, Daichi y Rei. Hilary es la que ahora parece diferente los últimos meses, los otros se acostumbraron ya al cambio de Kai y parecen atribuírselo a la época. Están en un centro comercial uniéndose a las compras caóticas de último minuto, van cargados de bolsas y con un aparente espíritu navideño que la gente dice se adueña de las personas esa época, pero hay quien sabe que no es cierto. Hilary tiene una noticia que darle a Kai, y Kai está con una decisión y una acción en ciernes.

La cena de Navidad le recuerda a Kai en que condiciones estaba el año anterior, la diferencia a ahora y la similitud de su confusa mente, antes no quería quedarse, ahora, aunque sigue sin quererlo, y a la vez tampoco quiere irse. Se repite la imagen de él en silencio mirando como se abrazan y desean buenas cosas.

Esta vez no está la madre de Max pero si lleva ya una plática de mas de diez minutos vía videoconferencia con su hijo y su esposo, el padre de Tyson consiguió llegar a última hora, Kenny fue con su familia de visita familiar a Nagano, Daichi consiguió que su madre le permitiera pasar la fecha con sus amigos, a Hilary le esperan sus padres para culminar la cena, sólo fue con sus amigos un momento. Y Kai no deja de preguntarse que tanto de eso puede conseguir al trabajar ese año con el anciano. No le gusta, pero no le cuesta nada pensarlo.

Hilary se despide y le pide a Kai que la lleve, él se percata de la mirada de Tyson. Ella camina sujeta al brazo de Kai, en silencio bajo una leve nevada. Él se da cuenta que ella alenta el paso y se desvía un poco, no dice nada y deja que haga lo que quiera, para hacerla feliz, una última vez.

-Tengo algo que decirte.-

-…-

-Sé que… dijiste… que, bueno, que no ibas a estar aquí para siempre y que no querías hijos.-

-…-

-Pero yo quería… quiero…. Que te quedes, hacer algo para que decidieras estar aquí siempre… una familia no es nada malo ¿o si?-

-Depende- dice imaginando ya que le va a decir, y a la vez preparando la respuesta para develar la mentira que dirá.

-…yo… pensé… pasó… eh…- tartamudea con las manos temblorosas, aún con los guantes, aún cuando las frota entre sí –vamos a tener… un hijo. Me lo confirmaron ayer, tengo tres meses.-

Kai siente una extraña ola encontrada de sentimientos¿cómo osa tratar de engañarlo así¿por qué se aferra a un ser como él¿por qué se lo decía? -…-

-¿No dices nada? Pensé que te alegrarías, en la televisión siempre se abrazan y se alegran.-

-Esto no es televisión, ves demasiada. Hasta inventas cosas como ahí.-

Hilary retrocede sorprendida -¿Qué quieres decir?-

-Sabes bien, no nos engañemos.-

-Oye, que clase de mujer crees que soy.-

-Una que trata de engañarse, son tres meses los que llevas. Y no has hecho conmigo nada en mas de cuatro… vamos tu casa está cerca.- Le toma la mano y tira de ella con fuerza, la lleva hasta la puerta.

Ella se suelta y lo enfrenta –¿Qué se supone que significa eso?-

Él se da la vuelta y levanta una mano despidiéndose –Díselo, a él le agradará saberlo.- Y emprende una veloz carrera, ella trata de alcanzarlo pero es imposible.

Pasan dos días, Hilary no vuelve a aparecer en la casa, la noche de ese día veintiséis Kai se va a dormir temprano, después de evitar a casi todos por el día, por la noche los ha sorprendido invitando una cena que mandó a traer de un restaurante bien conocido en la ciudad. Una última cena.

Las cinco de la mañana del día veintisiete de diciembre, una sombra sale de la casa Kinomiya en silencio, nadie se da cuenta de su partida. La tarde de ese mismo día en Tokio, una camioneta negra blindada está estacionada afuera de la estación de trenes del centro, un hombre viejo espera adentro y uno joven la aborda.

-¿Listo?- dice el anciano con un poco de burla.

-…- el otro no dice nada.

-Alégrate, tu futuro mejorará. Aunque te debe quedar claro, por un año, serás mi empleado, ni mi nieto ni mi familia, yo soy quien da las órdenes y dispone de tu tiempo.-

-¿Cuándo ha sido del otro modo?-

Kai mira por la ventana el camino que van dejando atrás mientras la camioneta acelera. Y así firma su condena esperando que valiera la pena, una idea boba, siempre lo ha sabido. Pero querer saber que fue de sus padres siempre ha estado en su cabeza, cosa que ha sido prácticamente imposible, el problema de su memoria y la orden restrictiva que Voltaire le impuso a Susumu a cambio de su libertad para dedicarse a lo que quisiera, además del cuidado que el anciano tuvo para borrar todo rastro de ambos. Kai aprovechó los medios que tuvo cuando era más chico para investigar, pero su búsqueda le llevó a perder el rastro de él en China, y de ella en Japón, Voltaire les pagó por cambiarse la identidad.

Nueve meses después…

-A él lo hallarás en Alemania; ella vive en Canadá. Tienen su familia, no te sorprenda lo que te encuentres, han pasado muchos años.- El anciano dice en la cama y con la mascarilla de oxígeno en la boca. Después de un ataque que le afectó los pulmones, siente que su fin está cerca y le dice antes de que se venza el plazo de prueba que le impuso y así, asegurar que él cumpla también su parte.

Kai no puede creerlo, todos esos meses han sido un perfecto calvario todo para que de momento en tan pocas palabras le resuma todo lo que quiso saber por años. Canadá y Alemania, pregunta ciudades y el hombre que cuida de Voltaire le entrega una carpeta, ahí se almacenan las direcciones, teléfonos y un par de fotografías tomadas cuatro años atrás. Kai no espera y sale del cuarto de hospital listo para iniciar su jornada y descubrir si las respuestas del viejo son ciertas.

Regresa al departamento donde ha estado viviendo, reúne lo que cree necesitar y a toda prisa se dirige al aeropuerto, no ha decidido a donde irá primero, no lo esperaba tan pronto y no ha tenido el tiempo para pensar en ello. En cuanto llega al aeropuerto decide que irá en el vuelo que esté más pronto a partir, y es a Frankfurt, Alemania.

Durante los nueve meses que ha vivido como empleado del anciano ha acumulado cientos de horas de vuelo, muchas de ellas sin descanso, pero jamás se le habían hecho tan eternas como ahora, mira cada momento a su reloj, esperando que el avión cumpla su horario como estaba fijado, hace un par de conexiones acortando tanto tiempo como puede. En cuanto toca tierra alemana, aprisa se dirige a la ciudad de Hannover, vía tren llega en pocas horas.

Ha estado antes tres veces ahí, no deja de preguntarse si no habrán cruzado camino antes. Revisa una vez mas la dirección, está en el barrio de Südstadt-Bult, pide un taxi y le entrega la dirección, después de varios kilómetros el carro se detiene frente a una casa mediana de dos pisos y enorme jardín, flanqueada por altos árboles que comienzan a amarillentarse por el otoño. Paga, desciende y respira profundamente, cierra los ojos quitándose esa sensación confusa como de inseguridad. Se acerca a la puerta, en su trayecto mira con detalle el patio, hay juguetes, hay niños en esa casa.

Una mujer asiática acude a la puerta, él le pregunta -Tut es ist das Haus von Ishimaru?-

La mujer asiente. Y él sonríe, acertó a la casa, el nombre con el que él ha vivido los últimos años es Takeshi Ishimaru.

Parpadeo y miro a mi alrededor, esto es sensacional, me estoy quedando dormido en la terraza, recordar no es bueno, o al menos no siempre. Miro al frente, el alba se ve cercana, unos ruidos extraños me hacen regresar al cuarto y es Vita quien los hace, balbucea incoherencias en medio de su sueño, aún lo hace. Comienzo a sentir el cansancio, y me acuesto a su lado esperando que sus monólogos mientras duerme me dejen descansar un poco.

-Dos días, no pudiste haberte apresurado a tomar el tren en cuanto recibiste la llamada de Kenny ¿por qué nunca me haces caso?-

-Cállate, si te hiciera caso siempre, estaría peor.-

-¿Peor? Mira en donde estamos, vives en casa de tu abuelo, tu padre y tu hermano se dieron por vencidos en animarte a salir de ahí. Tu trabajo te gusta pero no quieres buscar uno mejor. Ni siquiera pudiste terminar la universidad, si me hicieras caso.-

-¿Por qué no puedes dejarme en paz? Conseguí llegar hasta aquí sin muchos problemas.-

-Claro, por que el abuelo te señaló la ruta en el mapa, y te repitió muchas veces en donde tenías que bajarte.-

-Llegué, no soy tonto.-

-Solo un poco lento-

-¡Qué te calles!- me rasqué un poco la cabeza para hacer que se callara esa molesta voz, miré por tercera vez el letrero de la estación, estaba en la correcta, finalmente estaba en Yokohama y cerca del hotel donde Kenny me dijo. Ni siquiera supe exactamente por que me animé, pero la voz de Kenny era tan desesperada que supongo que eso me hizo venir, o por que no tenía nada mejor que hacer o por que realmente quería enfrentar a Kai.

El hotel era de los mejores de la ciudad, no me costó dudar que Kai estuviera ahí. Entré disimulando mi nerviosismo por la mirada que el portero y un par de empleados me dieron, sabía que si preguntaba en la recepción negarían que Kai estaba hospedado ahí, ya sabía que no había cambiado, no le gustaba que la gente supiera donde estaba. Aproveché mis técnicas para obtener información, son infalibles. Unos billetes a un maletero y en menos de diez minutos ya estaba frente a la puerta de Kai. Toqué, dos o tres veces. Escuché la voz de una mujer.

-Hasta esos muchachos son más listos que tú, te engañaron.-

-¡Cállate!- le insistí a mi cabeza, odio que yo mismo me burle de mis errores.

Una chica como de mi edad abrió la puerta, no se veía que fuera de Japón, ni si quiera supe imaginar de donde, nunca fui bueno en eso… bueno, nunca fui bueno en muchas cosas.

-¿Si?- Me preguntó.

-Eh… Kai…- le dije, ella abrió los ojos sorprendida, eso me dio a entender que no esperaba una pregunta así. Miró nerviosa adentro de la habitación sin abrir mucho la puerta.

-¿Qué pasa Vita?- escuché venir la voz de Kai, ella volteó de nuevo hacia atrás y no dijo nada.

-Kai, soy yo… hablarás conmigo.- Dije con un tono no muy amigable, la mujer no se movió de la puerta cuando quise entrar. Lo llamé de nuevo.

-¿Qué demonios haces tú aquí?- preguntó apareciendo al lado de ella.

Me quedé sin palabras por un momento, se veía tan distinto, sin su cabello largo, con la cara más pálida, y algo mas. Pero recordé a que había ido ahí, no quería que molestara mas a mi amigo. –No¿Qué haces tú aquí?-

-Tyson… no es buen momento.- Quería cerrar la puerta, pero interpuse mi pie.

-No, ahora es un momento perfecto.-


Preview cap. Seis

Todos te creían mejor que yo, hasta mi familia pensaba que tú llegarías hasta donde quisieras y obtendrías todo. Yo, sería feliz con lo que pudiera conseguir. Es cierto que soy feliz con lo que tengo, pero se equivocaron cuando dijeron que eras mejor. Recordándote, me lo confirma, soy mejor que tú. Siempre lo fui.

Tyson, el que te impulsa a superarte, el eterno reto x Resignación x No puedes pedir perdón (De conocer la muerte de uno, y firmar la eutanasia de un vegetal.


Ikusi arte!

Piat: 04/12/07