Kaixo! por cuestiones de tiempo traigo este capítulo sin ser cuatro, además me aprovecho un poco de las fechas. Mil saludos y gracias por sus comentarios/revisiones.


Tyson, el que te impulsa a superarte, el eterno reto x Resignación x No puedes pedir perdón

(De conocer la muerte de uno, y firmar la eutanasia de un vegetal.

-No, ahora es un momento perfecto…- dijo interponiendo su pie justo cuando Kai intentaba cerrar la puerta, Tyson no estaba dispuesto a ceder por lo que consideró era un capricho o cobardía de su ex amigo. Se dio cuenta en cuanto la puerta hizo contacto con su pie que Kai no puso más fuerza al percibir el obstáculo, por el contrario, se detuvo, pero tampoco le vio abrirla por completo.

Se quedó esperando en silencio a que hiciera algo, pero entendió que Kai no le abriría si él no le exigía o le presionaba, ambos podían a llegar a ser demasiado necios, la diferencia entre ambos radicaba en el hecho de que Tyson perdía la calma más rápido, este caso no fue la excepción.

-Kai, no me voy a mover de aquí, así que es mejor que me dejes pasar o que salgas. Hablaremos por las buenas o las malas.- Dijo muy seguro que terminaría hablando con él.

Y sin que se lo esperara por completo la puerta se abrió, Kai salió con firmeza y se puso cara a cara con él, la diferencia de estaturas era más que clara, aunque para ese momento Kai se veía bastante más delgado que Tyson, era obvio que le superaba en fuerza, o al menos esa fue la impresión que Tyson tuvo. Que fue tal que dio unos pasos para atrás, tambaleante y sorprendido por que no esperaba una reacción de ese modo.

-¿Y cuáles serán las malas?- dijo Kai con un tono no muy amistoso.

Tyson vaciló un instante, pero se recuperó y sin ponerse más violento le dijo –Entrar o sacarte por la fuerza.-

-Estoy afuera, tú dirás.- Un tono verdaderamente amenazante se percibía en sus pocas palabras, pero Tyson no quería dejarse intimidar.

-Hablemos- fue la sentencia final.

Vita contemplaba la batalla silente entre los dos hombres desde el interior del cuarto, no le gustaban las discusiones y menos aún intervenir, pero en el estado en el que estaba Kai sabía que no era prudente ni sano, dejarle actuar impulsivamente. Se armó de valor y sujetó la bolsa con Khan. –Kai, tenemos que irnos.-

Tyson giró la mirada a la mujer dentro del cuarto, pensó en que hacer, pero no se le ocurría nada

–Tengo que salir, regresa en unas cuatro horas y hablemos. Si hablar es lo que quieres.- Kai finalizó asintiendo hacia Vita.

-No, será ahora.- Tyson seguía insistiendo.

Kai lo ignoró y comenzó a caminar, Tyson quiso detenerlo pero Vita se interpuso le miró directo a los ojos y le dijo –Regresa después, será mejor para ambos.- Y con eso aceleró el paso tratando de alcanzar a Kai que ya había desaparecido por el pasillo.

Tyson bufó un poco molesto y se fue por el lado contrario para no delatarse que había entrado sin ser huésped. En el parque que estaba cerca del hotel y que daba justo enfrente del puerto, tomó asiento en una banca y meditó que le diría. No pareciera que Kai estuviera con actitud de molestar a su amigo como pensó en un principio, de hecho parecía que no le importaba. Rei era el que siempre había entendido mejor a Kai, y Kai nunca había sido capaz de entender a alguno de ellos, sólo mínimamente.

Por ejemplo, sabía como adaptar la energía de Max para que le resultara algo beneficioso, como el equipo de básquetbol que formó con él. Pero era incapaz de entender y hacer algo cuando Max se sentía triste por alguna cuestión familiar o su frustración por no ser mejor en varias cosas, como cuando perdió una batalla en uno de los últimos torneos a los que asistió.

Con él, le era increíble como podía adivinar el modo de hacerlo trabajar, ya fuera en los viejos tiempos de los Bladebreakers, o para cualquier simple labor doméstica o escolar; Kai hallaba el modo de que terminara haciéndolo sin que aparentemente, Tyson se diera cuenta, y a la fecha, parecía que el abuelo había aprendido la técnica de Kai por que aún seguía haciéndolo obedecer de un modo o de otro.

Con Daichi y Kenny, el asunto se tornaba caótico. Tyson pudo darse cuenta que era un poco incómodos los momentos en los que Kai y alguno de ellos (o ambos) coincidían sin la presencia de alguien mas, Kai sabía imponerse, pero nunca había sido capaz de entablar una relación un tanto más profunda como con los otros.

Cosa distinta con Rei, con quien parecía congeniar a la perfección casi siempre, si Rei no estaba en problemas con Mariah, todo era bueno. Durante el tiempo en que Kai vivió con ellos, él y Rei se volvieron los buenos amigos, incluso Tyson llegó a comparar su amistad como la de él con Max, pero obviamente adaptada a las personalidades de los otros dos.

Y por último, con Hilary… él supo darle lo que ella quería y obtener lo que él necesitaba, por que sabía que no la quería. O al menos no en el mismo grado en que él lo hizo… lo hacía… dejó esos pensamientos al escuchar las campanillas de un vendedor de helados, compró uno y regresó a su lugar y a sus cavilaciones.

–Él no la quiso, yo si. Él no supo valorarla, yo sí. Él abandonó todo por sus ambiciones, yo… he dejado a un lado mis ambiciones por que es mejor para el abuelo que siga ahí… soy mejor que él.-

Kai y Vita iban saliendo del lugar donde se habían encontrado dos días atrás, el médico a cargo le había dado la aprobación para que dejaran la ciudad, después de un rápido examen que comprobó la movilidad total de la mano afectada. Les deseó suerte y les extendió una tarjeta para llamar en caso de algún nuevo imprevisto.

Vita estaba contenta que no hubiera pasado a mayores, pero Kai estaba ocupado pensando en qué hablaría con Tyson. Trataba de analizar las razones y qué le diría, pero cuando se trataba de una discusión de ese tipo con Tyson, simplemente no hallaba por completo su acostumbrada seguridad. Tyson era de las pocas personas con las que no podía imponer su voluntad. Siempre cuestionándolo, siempre queriendo saber mas, siempre… mostrándole que podía ser mejor.

Un reto.

Eso era el uno para el otro. Un obstáculo a vencer. Imaginaba lo que Tyson veía en él, la perfección, el poder, la autoridad, Hilary… y desde aquella primera final que le ganó, Kai supo bien lo que veía en Tyson: la energía, la actitud, la habilidad casi nata, la gente que le rodeaba… aquello que le animaba y lo impulsaba.

Mientras que Tyson lo hacía por sus deseos naturales, Kai por la ambición de oponerse a lo que le querían imponer. Tyson quería triunfo y gloria para que la gente lo alabara, Kai, poder y fuerza para poder él trazar su camino. Eran tan distintos sus objetivos e impulsos, pero tan similares sus métodos.

-¿Qué pasa?- Vita preguntó al verlo aún mas callado y pensativo que de costumbre.

-¿Qué hora es?- Kai evadió la pregunta.

-Dos treinta, aún queda una hora para encontrarnos con él.-

-Comamos.- Le pidió al taxi que cambiara la ruta y los llevó hasta el malecón comercial más exclusivo de la ciudad. Era el corredor comercial con los mejores establecimientos de la zona, ahí comieron con algo de actitud divertida, por que la gente a su alrededor vestía de traje y vestido de diseñador, ellos… como una especie de turistas ataviados con la ropa menos formal que hallaron en las pocas cosas que cargaban para ese viaje.

-¿No nos sacarán?- Vita reía cada que los comensales los veían con gesto despectivo.

Kai sólo le miraba sin decir palabra, aún pensativo en que hablar con Tyson. No terminaba de agradarle la idea ni tampoco consideraba aún hacer parada por su casa, si es que acaso él se lo pedía.

-¿Kai¿algo mas? Vamos, es casi hora- Vita lo hizo reaccionar y aprisa se levantó y salieron después de pagar.

El taxi los llevaba al hotel, pero de nuevo le hicieron cambiar la ruta con rumbo al parque. -¿A dónde vamos?-

-Él no estará en el hotel, sé donde encontrarlo.- Dijo ya más tranquilo, y el taxi los llevó cerca del parque en una zona de venta de comida. Considerando la hora y... que era Tyson, estaría comiendo.

En efecto, ahí sobre la empastada superficie, y sentado en una pequeña mesa justo enfrente de un local de comida rápida, Tyson comía plácidamente, olvidando por completo la hora que había acordado con Kai.

Cual sería su sorpresa al verlo acercarse con un gesto que claramente decía 'sabía que estabas aquí' -¿¡Kai!?- dijo entre bocado y bocado.

Vita levantó la mano un poco asqueada de verlo hacer eso y expulsar unos cuantos restos de comida mientras lo hacía. -Hola-

Tyson aprisa se pasó el bocado y levantó la mano apenado. -¿Ya era hora?-

Kai asintió –No has cambiado del todo.-

Tyson percibió el cambio en su tono y actitud y decidió imitarle, como si fuera una especie de cambio radical, Tyson sonrió y les invitó a comer -¿Gustan algo? Yo invito-

Kai negó y Vita, de nuevo con el gesto de asco sacudió las manos –No, gracias. Es mas, los dejo, le vendrá bien a Khan correr.- Se levantó.

-¿Khan¿aún tienes a ese animal salvaje?- Tyson extendió las manos para recibir al hurón que Vita, tras la aprobación de Kai, le extendía pero apenas hizo contacto con la piel blanca del animal, éste se puso como histérico y se lanzó directo a la cara de Tyson.

-¡WHAAA!- gritó tomándolo aprisa y lanzándolo a un lado -¿qué pasa contigo¿aún me odias?-

-Mira, aún le desagradas, no cambia. A ti te odia y a Mak…- Kai estaba distraído viendo las reacciones de Tyson que a tiempo se contuvo de mencionar a Makoto, no quería aún que supiera que había ido a visitarlos.

Vita levantó a Khan y se alejó –Ya nos vamos, platiquen.-

-¿Y me dirás que haces aquí?-

Kai levantó los ojos harto –Solamente saber que hace de su vida. Nada especial. ¿Qué esperabas¿qué dijera buscar su perdón?-

-No- Kai volteó mirándole un tanto sorprendido cuando Tyson dijo eso, era el primero que le decía que no esperaba que le pidiera perdón.

-Vaya… ¿y eso cómo es?-

-¿Por qué esperaría algo que sé que no podrás hacer, ni te daremos?-

Kai asintió entendiendo el pensamiento de Tyson, no era rencor, bueno, no del todo. Lo asimilaba como algo que pasó, que no le perdonaría pero que aceptaba como un suceso pasado, solamente estaba ahí para apoyar a su amigo Kenny.

-Cierto…-

-¿De dónde vienes?-

Kai pensó apresurado algo que contestar para no delatarse que había visitado a Hilary y a Max, pero a la vez no quería mentir. –He estado recorriendo Japón.-

-Ah… Makoto tiene la edad de… cuando…-

-Si, lo sé. ¿Y por qué no vives con ellos?-

-Hilary lo quiso así, pensó que ibas a regresar con ella.- Dijo un tanto decepcionado.

Kai sonrió mentalmente –¿Ella lo quiso así?- recordó que Hilary le había dicho que había sido decisión de ambos.

-Si, bueno, le dije que estaba de acuerdo por que ella se veía muy segura de eso, no quise contradecirla. ¿Hice bien?-

-¿Le preguntas eso a una persona que hizo lo mismo? – rió Kai un tanto.

Tyson también lo hizo –No fue lo mismo, tú no sabías nada.-

-No es excusa… si ella te dijera lo contrario ¿vivirías con ellos?-

-Eso ni se pregunta. Claro que lo haría, Makoto es un prodigio, es el campeón regional de su categoría ¿lo sabías?-

-Si…-

Continuaron hablando un poco de nimiedades que no les comprometía a reafirmar su amistad o a iniciar los problemas. Tyson ya había acabado su comida y se recostaba en el pasto justo debajo de un árbol para reposar –Inténtalo, sé siente bien.-

Kai miró buscando a Vita que jugaba con el animal un poco lejos, no entendía por que aceptaba pero se recostó. Recordó las palabras que había escuchado una vez de parte de uno de esos supuestos gurús que practican yoga y se sienten conocedores de la verdad del universo. Para él era basura lo que pregonaban, y aunque aprendió a odiarles por la insistencia de muchos de sus colaboradores y empleados que practicara esas actividades para superar el duelo. También se había memorizado una especie de rezo o como fuera que le llamaran, a las frases que decían cada que comenzaban a relajarse, y que curiosamente aplicaba al momento.

'Percibe cada sensación que te rodea, el pasto tocando tus dedos, el sol que calienta tu piel, el viento que agita las hojas, el sonido de esas hojas y las voces alrededor. La naturaleza…'

-Esto es bueno ¿no?- Tyson comenzó a hablar de nuevo, Kai identificó su voz y comenzó a cerrar los ojos tratando de imaginar que se sentía relajarse por completo.

La sensación del pasto en sus manos se incrementó…

Se percató del leve cambio de temperatura cuando la nube que cubría el sol desapareció…

Sintió una hoja caer en su cuello a causa del viento…

Escuchó… las hojas agitándose, las voces de los niños jugando, la de Tyson hablando de Makoto… de pronto comenzó a dejar de escuchar, primero las voces de los niños, después las hojas, y… la voz de Tyson.

'Así que es así como se siente estar relajado…' Pensó con una sonrisa pequeña al imaginar que al fin lo había conseguido en su vida. Y abrió los ojos parpadeando un poco, giró la mirada hacia Tyson, y su sangre se congeló…

Tyson aún hablaba, le veía mover la boca, pero él…

Él no escuchaba nada…

Se asustó. Buscó con la mirada hacia otro lado, había niños jugando, incluso un perro pasó a su lado… y él seguía sin escuchar. Su pulso se incrementó un poco pero sabía que era mejor no caer en pánico si quería pasar desapercibido. Se inclinó levemente hacia delante buscando con la mirada a Vita, Tyson aún hablaba cerrando los ojos.

Vita ya estaba cerca y apenas vio su gesto preocupado se acercó a él, él le dio a entender lo que estaba pasando y que guardara silencio. Vita no sabía exactamente cómo comunicarse con señas, pero le hizo saber que fingiera una llamada en su celular y se alejara, ella distraería a Tyson hasta que se les ocurriera como salir de esa. Kai marcó un par de teclas en su celular y cuando supo que dejaba escapar un timbre que él no pudo escuchar se levantó diciendo a Tyson –Tengo que contestar.-

Tyson se incorporó y preguntó algo que Kai no contestó -¿Qué pasa?- repitió su pregunta hacia Vita.

-Una llamada, iré a ver.- Dijo y salió corriendo tras Kai.

Él caminaba como si estuviera perdido, un tanto mareado por la falla en su sentido de equilibrio a causa de la repentina sordera, y otro tanto turbado por la confusa sensación de percibir solo un extraño zumbido en vez de los escandalosos ruidos que debía haber en el parque. La mano de Vita sobre su hombro lo hizo voltear sorprendido, si es que no un poco asustado.

Ella quiso decirle algo moviendo mucho la boca por si él podía leerle los labios, imposible. Tomó una libreta de su bolsa y escribió aprisa 'Vamos al hotel.'

Kai no quiso hablar pues no podía modular el volumen de su voz, pero dirigió la mirada a Tyson.

'Entenderá' escribió Vita.

Kai negó, no, Tyson no era del tipo comprensible, era necio y siempre quería saber que era lo que pasaba, y si descubría su presente problema, podía descubrir el principal. Escribió en su celular 'Distráelo. Pasará.' Y se retiró un poco de ella. Vita le miró angustiada, y casi le da un infarto al ver a Tyson corriendo hacia ella. -¿Pasa algo?-

-No, es sólo que es un cliente y Kai odia que lo llamen cuando no quiere.-

Tyson asintió y lo vio a lo lejos –A mi también me molestaría, aunque claro, a mi no me hablan clientes, sólo padres molestos.- Y rió estrepitosamente.

Vita halló el tema para distraerlo –¿En serio¿y por qué¿en qué trabajas?-

-Soy entrenador de kendo de la escuela elemental de la localidad.-

-¿Y por qué se molestarían los padres?-

Tyson sonrió maléficamente –Bueno… a veces los llevo a los torneos que no son precisamente de kendo, o pasamos toda la clase, yo platicándoles algunas de mis hazañas como campeón mundial o ellos me piden que les enseñe unos movimientos con mi viejo Dragoon, no me creen que ya pertenece a Makoto.-

Vita asentía, se lamentaba un poco de no poder reír tanto como quisiera por las anécdotas que Tyson contaba, pero estaba muy preocupada por Kai. De vez en vez volteaba a verlo a ver si había algún cambio, pasaron casi diez minutos, Tyson no se cansaba de hablar y Kai no se acercaba. Ya había dejado de voltear hacia donde él estaba para no verse aún más sospechosa frente a Tyson, quien en realidad no se había percatado de nada, solo que Kai hablaba mucho por teléfono.

-Tenemos que irnos.-

Vita tuvo que contener su suspiro de alivio y el abrazo que quiso darle a Kai cuando lo oyó hablar acercándose detrás de ellos.

-¿Cómo que ya te vas?- Tyson preguntó desanimado.

Kai fingió revisar las llamadas de su teléfono –Tengo un asunto que resolver.-

-Así que te vas para no volver, típico de ti.-

Kai se confundió con la frase de Tyson, se oía demasiado cínica, pero el tono era mas bien como de desaliento –No me voy de Japón… aún.-

-¿No irás de nuevo con Kenny? Intercederé por ti.-

Kai parpadeó sorprendido -¿Aprendiste una nueva palabra?- rió.

-He cambiado.- Tyson dijo orgulloso.

-No, ya no tengo tiempo. Además, respeto su postura, si no quiere saber de mi, no insistiré.-

-No te pierdes de mucho, estudia, estudia, y estudia, en ocasiones visita a sus padres. Pero sus pasatiempos son el estudio, la investigación, la escuela y… la computación. Él no ha cambiado… del todo.- Rió Tyson con fuerza.

Kai sonrió levemente –Seguramente… tenemos que irnos.-

Tyson se quedó estático un momento, no queriendo decir lo que pensaba pero viendo a Kai tan seguro de irse lo hizo -¿Por qué no vienes a visitarnos después? Estoy seguro que les agradará verte, al menos a Max y a Rei.-

Kai se sintió un poco culpable de no decirle a quienes ya había visitado –Iré a China en poco tiempo, cuando lo haga te llamaré para que vayas con los demás. Nos veremos allá.-

Tyson asintió y le extendió la mano –Es un trato.-

Kai la tomó estrechándola con fuerza –Lo será.-

-Adiós- Vita se despidió muy sonriente de Tyson. Le secundó Kai, que mucho más escueto dio por terminado su encuentro no planeado con Tyson y una inesperada especie de tregua que se creó entre ambos.

Fueron al hotel, en la habitación Kai le explicó que el doctor le había dicho que algo como eso podría pasar, pero que no se preocupara que sería sólo momentáneo, así como el problema con su mano. Y así como desaparecía, podía volver a pasar.

-¿Y ahora a dónde?-

-Nos hace falta salir del ambiente de la ciudad… ¿te parece una isla?-

Vita lo miró confusa –Kai… no estamos para vacacionar, por supuesto que me encantaría pero…-

-Tranquila, es parte del itinerario.-

-¿Una isla?-

Kai tuvo que recurrir al helicóptero de las empresas más cercano que halló, el viaje a esa isla podía hacerse en barco, pero no tenía mucho tiempo para perder. Y pidió discreción extrema a sus empleados. En resumen, nadie supo que el pródigo empresario Kai Hiwatari estaba en esa pequeña isla japonesa.

[Isla… nombre desconocido, Japón

-¿No son vacaciones?- aunque a Vita le gustaba el casi selvático ambiente, no quería que el tiempo se les fuera encima.

-No, me gustaría pero no. Vas a conocer la prueba que la teoría de Darwin es cierta.- Kai dijo con un humor que no había perdido desde que pasó los últimos cuatro días sin ningún contratiempo.

Habían rentado un jeep que no tuvo ni un solo problema para transportarlos por el irregular terreno de aquella isla. Un enorme volcán se levantaba casi en el centro, frondosas selvas (no halló otro modo de describirlas) le rodeaban, sólo había un poblado pesquero en la costa donde se localizaba el puerto y algunas casas desperdigadas por las orillas de la mancha verde que formaban los bosques que inundaban la isla. A una de ellas era a la que se dirigían.

Una mujer de cabello rojizo cortaba madera fuera de una peculiar casa, no se parecía en nada a las otras del pueblo, sin duda había habido bastante dinero invertido en su construcción. El hijo había ayudado a su madre con el dinero para poder construirla. Al ver el vehículo detenerse frente a su casa, la mujer se acercó y al reconocer después de un rato de duda al hombre que conducía, soltó el hacha y se acercó aún mas. –Señor Hiwatari¿qué hace aquí?-

-Visita ¿está…?-

-No está en casa, debe estar entrenando en medio del bosque. Por allá- La mujer señaló hacia el este.

Kai asintió y arrancó siguiendo el rumbo que la mujer le dio.

-¿Quién?- Vita insistía y Kai seguía mudo.

Al fin después de un terregoso camino improvisado en medio de los árboles llegaron a un claro, algunas enormes rocas en un lado y lo que parecía una choza en otro extremo. El ruido del motor hizo que alguien saliera de la choza, Vita vio que era pequeño, no un niño pero si un joven de baja estatura y revuelto y largo cabello rojizo. -¿Es él?- preguntó.

-Aja, Daichi.- Kai sonrió un poco, al ver el lugar, recordó la historia de cómo había muerto el padre de Daichi, había sido ahí. En esos años, cuando Daichi le contó cómo había sucedido, Kai no sabía cual había sido el destino del suyo. Y cuando lo descubrió, no sabía si quería haberlo descubierto.

[Hannover, Alemania

Das gracias que tu alemán ha sido practicado constantemente los últimos meses, no te cuesta mucho comprender el acentuado hablar de esa mujer. Te dice que sí, es la casa de Ishimaru, Takeshi. Le pides entrar, ella se niega. Entiendes su actitud pero extrañamente no puedes encontrar el modo de explicarle qué estás haciendo ahí, no sabes como decirle que tu padre vive ahí.

-Susumu Hiwatari- dices yendo directo al grano. El gesto de la mujer pasa de la desconfianza a la sorpresa, parece que halla algo conocido en tu cara.

-Tú eres su hijo… ¿Kai?- dice sonriendo y haciéndose a un lado para permitirte pasar.

Entras con seguridad pero también con un nerviosismo indescriptible. No puedes ocultar tu modo de ser y de inmediato revisas minuciosamente la casa, la desconfianza es ya eterna. Ella te dice que te sientes, te ofrece algo de comer o beber, le aceptas un vaso con agua, se presenta como Tetsuko Ishimaru. No tienes que preguntarlo, ella es su nueva esposa.

Recibes el vaso que te da y sigues contemplando tus alrededores, ella se percata (y lo sabes) pero nadie dice nada, es obvio que esperas algo mas, pero la mujer no lo adivina y, claro, tú no lo vas a decir. Pasan algunos minutos, el silencio se ve interrumpido por el reloj y las voces de los niños que adivinaste vivían ahí, de pronto ella dice –Él dijo que vendrías.-

Tú te contienes de sobresaltarte con semejantes palabras, 'él dijo' tu pulso se acelera, es tan poco característico de ti, pero sientes tus manos comenzar a sudar. Le miras directo a los ojos -¿Dónde está?-

Ella baja la vista y luego mira sobre la chimenea sobre la que reposan fotografías, te das cuenta de su repentina tristeza. –Te llevaré ¿no quieres conocer a mis hijos?-

Tú no mueves ni un solo músculo, ni emites siquiera un sonido. Ella interpreta tu mutismo como una afirmación, se levanta y va a las escaleras, llama con fuerza, dos nombres. Las voces infantiles contestan y bajan ruidosamente, quieres evitarlo pero tu curiosidad te lleva a verles. Son pequeños, uno quizá de doce, el otro de no mas de 8.

-Hola- dice el mayor en confuso japonés.

-¿Tú eres Kai?- el otro pregunta sonriendo.

Tú solo asientes y miras a la mujer que sonríe.

-Ellos son Seiji– señala al mayor –y Kitaro- pone su mano sobre el menor.

Sigues mudo, los miras con tanta atención buscando el parecido con tu padre, si no fuera por la foto que el archivo contenía no tendrías mucho que recordar, pero gracias a ella puedes tener puntos de donde comparar. El mayor pareciera tener ese gesto alegre que recuerdas vagamente, y el menor la mirada aburrida del hombre en la fotografía. Es curioso que lo pienses así, pero por decirlo de un modo. Seiji es como Susumu, el padre de tus insípidos recuerdos, y Kitaro como Takeshi, el hombre que no conoces.

Te invita a comer, tienes un hambre de los mil diablos pero de tanto tiempo de lidiar con algo así, la pasas por alto y no quieres ceder a su invitación. Quieres saber que es de él, pero decides aceptar, si te muestras amable quizá se apresure. Imaginas que está en su trabajo, y que te llevará allá. Puedes esperar, ya lo has hecho por tantos años ¿qué son unas horas?

Tetsuko les sirve entre preguntas de los niños que no contestas y frases con un curioso aire nostálgico de la mujer, te sirve un platillo que alguna vez comiste en Berlín, no te gustó pero la cortesía es elemento clave para acelerar esta negociación.

Terminas casi de inmediato, con fatídica paciencia contemplas las dos peleas de los niños y el sutil regaño con el que su madre los tranquiliza. En cuanto terminan ella les dice –Iremos a ver a su padre, alístense.- Los niños brincan de sus sillas y suben por las escaleras.

Quieres salir tan pronto sea posible de ahí, y haces lo impensable, ayudas a la mujer a limpiar la mesa, ella te lanza halagos de admiración por tu amabilidad, obviamente no te conoce. En la cocina mientras ella lava los platos y tú los secas, te comenta. –Nunca pudo hablar contigo, trató por todos los medios de localizarte; no pudo ¿cierto?-

-No- dices no entendiendo el por que habla de ese modo, pero al fin los niños gritan afuera diciendo que están listos.

Abordas el asiento del copiloto en su camioneta familiar. Te percatas que sólo está ese carro, no puedes asegurar que él tenga uno por que el espacio del garage es apenas suficiente para la camioneta. Te concentras en controlar ese creciente nerviosismo. -¿Mamá¿no llevamos flores?-

-No hijo, no esta vez. Llevamos a Kai para que lo vea.- Dice Tetsuko con calma.

Te confundes, no ves que vayan a la zona comercial de la ciudad, si no a las afueras te preguntas a donde es que trabaja… si es que van a su trabajo. Ideas que no te gustan se forman en tu cabeza. Y se confirman… llegan al cementerio de la ciudad.

Lo conoces, una vez acudiste al funeral de un socio en representación de Voltaire¿tu padre está ahí? Reúnes el mínimo de seguridad que aún tienes… esperando lo mejor.

El vehículo se detiene y sigues a la mujer, los niños se adelantan corriendo. Se detienen frente a una lápida negra, está rodeada de pequeños árboles que parece no sobrevivirán con el crudo invierno que se acerca. Las letras en la placa son dolorosamente claras… Takeshi Ishimaru.

'El techo se me vino encima' una vez escuchaste a Tyson decir eso cuando no lo aceptaron en la universidad, no entendías que quería decir… ahora, le hallaste perfecta aplicación… por eso ella habla en pasado, con nostalgia y los niños preguntaron por flores, tu padre está muerto. Miras a Tetsuko con semejante duda que ella se preocupa.

-¿No lo sabías?- pregunta estúpidamente. Tu mirada le da respuesta y ella continúa –Tuvo un accidente, era ingeniero para el ayuntamiento. Vigilaban la construcción de una ampliación en el sur de la ciudad, el vehículo en el que viajaba se salió de la carretera, hacía mal tiempo.-

-¿Cuando?- Formulas ya sin poder ocultar tu sorpresa.

-En febrero cumplirá dos años.- Tetsuko dice y todo tiene sentido, febrero… Voltaire te había comenzado a contactar a finales de ese mes, él lo supo… al verse sin hijo, recurrió al 'plan B' …tú.

-Tengo que irme.- Dices con los sentidos cegados, y la mente paralizada. Si no fuera por que estás donde estás y frente a quien estás, ya te habrías desplomado, tus piernas responden mecánicamente. De improviso el dolor que tuviste después de que te atacaron en Kita Kyushu fue nada comparado con lo que sientes.

-Pero hermano…- dice Seiji, le ves con semejante odio que el niño retrocede asustado. Tetsuko se interpone y te ve con piedad, una de las cosas que más odias.

-Kai, lo siento. Creí que lo sabías, lo lamento. Pero tu padre nos dijo que harías algo por nosotros, su muerte repentina nos dejó algunos problemas económicos que no hemos podido solucionar.-

-Cómo te atreves- piensas de inmediato, es demasiado. Todo es demasiado. Bloqueas la rabia del engaño del viejo y te enfocas en la que sientes por esta gente. –Mi padre fue Susumu Hiwatari, murió cuando se fue de Japón. Tú eres la esposa de Takeshi Ishimaru, un hombre que no conozco. Y estos son sus hijos, por tanto, no son mis hermanos y no tienen nada que ver conmigo.- Y sales corriendo.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde que sentiste esa sensación extraña del llanto? Algo parecido pasa ahora, pero como esa última vez, se queda en la sensación. Pides la parada al primer taxi que se cruza en tu camino. Lo abordas y haces que te lleve a la estación de trenes.

No quieres ir a ningún sitio, te quieres perder en la nada, no quieres ni siquiera escuchar tus pensamientos… sólo te repites… 'глупый, stupid, tonto' vagas por Europa, sin sentido ni dirección, el invierno siempre ha sido tu época favorita del año pero ahora ni las impresionantes nevadas de Suiza, el mar helado de Dinamarca, las fiestas invernales de Holanda y Finlandia, o el peculiar ambiente de los Balcanes te animan. Huyes… tras mas de dos meses continúas la jornada. El destino, Canadá.

Aunque los vuelos hacia allá están saturados por las fiestas navideñas, el avión de las empresas está a tu disposición. ¿Qué importa que la navidad sea mañana? Tú puedes ir a donde quieras. Y desconociéndote un poco haces uso de él.

[Vancouver, Canadá

Vancouver es una ciudad que no has visitado, las veces que has estado en Canadá ha sido en Toronto y Halifax. Esta casa es más grande que la de Alemania, también tiene dos pisos y los pinos están saturados de luces y adornos navideños, el clima parece ser un poco benigno y no se ha desatado ninguna nevada desde que llegaste. Llamas a la puerta, no acude nadie. Insistes y nadie responde. Justo entonces un carro se detiene frente a la casa.

-¿Te puedo ayudar?- pregunta una chica como de quince años que desciende del vehículo mientras un hombre lo estaciona al lado de la casa.

-¿Qué pasa Sophia?- pregunta el hombre que deja el vehículo.

-No lo sé- le dice y te mira de nuevo -¿te puedo ayudar?-

-Meiko Sanders- preguntas.

-Aún en el hospital ¿la conoces?-

Has lanzado maldiciones al mundo muchas veces, por tu vida, por lo que te pasa, por todo… y ahora no hallas ya que mas decir. Sabes que estás maldito, confirmas tu teoría que algo muy malo debiste haber hecho en tu vida pasada como para tener que pagar de ese modo en ésta. Ya no esperas nada, sólo… como otras tantas veces cuando ya no quieres ni batallar con la vida, te dejas llevar sin oponer mucha resistencia.

-Si, Hiwatari…- Dices desganado.

La chica y el hombre no pueden ocultar su sorpresa. Se miran entre ellos y sonríen -¿Eres Kai?-

Asientes y el hombre te pregunta si quieres comer, tomar algo, pasar… ir a verla. Te animas un poco con eso. Cuando ya todo se ha ido al diablo, cuando sabes que no tienes ya nada que perder. ¿Qué mas queda? Aceptas. La chica y el hombre (que resulta ser su padre) abordan el carro y tú con ellos.

Llegan a un gran edificio, un hospital; la recepcionista saluda por su nombre a ambos, ya sabes que ella es Sophia, él se llama Vince. Suben varios pisos, en el séptimo el elevador se detiene, UCI lees un tanto desesperanzado a la entrada de la sala. Está viva, al menos.

Un muchacho evidentemente mayor que tú lee una revista y al verles entrar se levanta y te ve con desconfianza mientras saluda a Sophia y a Vince, distingues más a lo lejos a otro chico, más pequeño que Sophia, quizá de la edad de Seiji. Recuerdas la foto de tu madre, los tres se parecen a ella… los tres.

-Ellos son mis hijos, Richard y Hugh- dice y los dos levantan la mano.

-¿Quién eres tú?- dice el mayor, Richard.

-Él es Kai.- dice Vince haciendo que Richard abra los ojos sorprendido.

-Tú eres… ¿lo sabe?- pregunta a su padre quien niega, te pide que te sientes y te explica la situación. Está viva, el viejo lo dijo, pero está en coma. Una enfermedad crónica la dejó así un mes atrás, justo cuando vagabas por Europa. Te dicen que hay un video que te dejó, ahí te dice todo y te pide algo. En una sala aparte contemplas en la pantalla la imagen de la mujer que creías haber olvidado. Te sonríe y le imitas casi sin darte cuenta.

Te nombra, te dice que no está arrepentida de lo que hizo, que fue lo mejor para todos, espera que seas feliz, ella lo es. Te confirma que Richard es mayor que tú, te explica pero consigues bloquear esa parte. Describe su enfermedad, es un padecimiento crónico degenerativo que poco a poco le va quitando los sentidos, justo cuando graba eso ya no puede caminar ni ver bien. Te pide algo que al final parece ser lo único que retienes en la memoria.

'Ayúdame a morir.'

Firmar el consentimiento de eutanasia, tú estás como responsable. 'Sólo puedo confiar eso a ti, eres un muchacho fuerte. Eres mi hijo.' Dice entre lágrimas y repitiendo mil y una veces sus disculpas.

Sales de la sala, Sophia y Richard esperan por ti. Te miran como creyendo que asentirás, pero contrario a sus ideas, vas directo a la salida. Sophia corre por su padre, mientras Richard trata de detenerte. Le das una sola mirada para quitarle la intención.

Fuera del hospital te sientes un tanto como en Hannover, quizá menos dramático pero igual de furioso. Hallas descanso en el parque Ambleside no muy lejos de ahí, la nieve ya está cayendo y te sientes como un estúpido, por hacer lo que has hecho, haber dejado Japón, trabajar para el anciano, creer lo que creías…

No sabes cuantas horas son las que permaneces recargado en el barandal del mirador del parque, la congelada bahía de Vancouver se percibe a la perfección desde ahí

-Kai…- alguien te llama, es Vince. –Sé que no esperabas esto… quisiera que fuera de otro modo, ha sufrido por casi cuatro años. Todos lo hemos sufrido. Esta noche es navidad, permítenos pasar la primera tranquila. Deja que ella descanse.-

Lo miras sin decir nada y ves de nuevo hacia el mar congelado.

'Todos hemos sufrido… permítenos… deja que ella descanse' repites en tu mente sus palabras. ¿Quiénes son ellos para pedirte eso? descanso… para ella y para ellos, pero no para ti.

-En ocasiones alguna ballena se adentra hasta acá, en verano cruzan esta zona. Pero en la Bahía de Fundi, es espectacular, si puedes, deberías ir algún día.-

Te asqueas, de las palabras del hombre, de la petición de tu madre, y de ti. Por el insulso modo en que pretende ganarse tu simpatía, por la petición de tu madre y su iluso pensamiento que estabas mejor sin ellos… y por tu patético intento por buscar lo que debiste haber dado por perdido. Quieres largarte de ahí y pensar que todo fue un mal sueño, obviamente el viejo pagará el precio, pero ahora sólo quieres salir de ahí.

–Lo haré-

Le acompañas de regreso, como cuando estás en medio de una negociación, dejas a un lado las palabras amables y la cortesía, eres directo y haces lo que se espera de ti. Firmas, el doctor te dice algo a lo que no prestas atención. Finges mirar por el vidrio del pasillo junto a Sophia, Richard, Hugh y Vincent, todos observan como dos doctores inyectan algo en el brazo de esa mujer, Meiko que no es el nombre con el que conociste a tu madre. Una enfermera vigila los signos, tu mente te permite no registrar nada de lo que pasa, cuando la enfermera asiente y Hugh y Sophia comienzan a llorar retrocedes unos pasos. Ya no tienes nada que hacer ahí. Tan sobrecogidos están por lo que presencian que ni se percatan que te has ido. Ellos presenciaron la muerte de su madre, tú, la sabes muerta muchos años atrás.

Sales de Vancouver tan rápido como hallas un vuelo disponible, no te importa a donde vaya. Terminas aterrizando en Australia. Repites tu vagabundear sin sentido por esas tierras, una forma extraña expresar luto. Por tus ambiciones y tu instinto de pelea contra lo que Voltaire te impuso. Decides no oponerte mas y convertirte en el jefe empresarial que tu abuelo espera de ti.

Son casi tres meses después cuando vas a Rusia, Voltaire sigue hospitalizado en Osaka, pero el Centro de Mando de las empresas está en Moscú. Ahí es donde debes estar. Apenas llegas te das cuenta de lo que significa esa vida, secretarias, juntas, socios, horarios por cumplir, contratos, etc. Una de esas secretarias te comienza a saturar con avisos de llamadas de la misma persona, hechas por mas de dos meses, dice un nombre que crees recordar, pero le ignoras.

Insiste por otra semana y tú, continúas haciendo caso omiso. Pero cuando alguien llama con el nombre de Danka Akhedjakova. Recuerdas… ese nombre que nunca pudiste olvidar y, aquel primer nombre que había insistido por meses, son nombres que pertenecen a la misma persona. La conociste como Danka esa vez, después supiste su verdadero nombre.

Contestas un poco nervioso la llamada –Да?-

-Иван?- pregunta una voz femenina que te hace sonreír con naturalidad por primera vez en meses.

-Данка…-

-Me recuerdas- la escuchas sonreír.

-¿Olvidarte?-

-Tenemos que hablar. Hay alguien que quiere conocerte.-

Te confundes un poco, por la forma en que habla y mencionar un 'alguien'. Han pasado mas de cuatro años desde que la viste por primera y última vez, allá en Japón. -¿Alguien?-

-Me gustaría volverte a ver, pero no es por mí. Acordamos algo esa vez, lo sé, pero él me lo pidió.-

-¿Él?-

-Gou quiere conocer a su padre.-


Y ya saben quien...

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