Kaixo! mil gracias por sus post/lecturas, este cap. viene medio enredado pero espero sea comprensible. Feliz año y nos leemos!
Daichi, la gran 'x' en tu vida, sin la cual no sería la misma x Simples memorias, de un evento único x Cómo estás?
(Me has infectado de vida)
Al ver los anuncios en televisión, con esas familias reunidas y felices vendiendo lo inimaginable. Sabía que eran tan falsas como lo que prometían sus productos. Gou me preguntó una vez, 'Por qué no tengo un abuelo que me traiga regalos como en ese anuncio?' no le respondí, yo también me hice preguntas similares muchas veces desde que era niño. Además, que le iba a contestar? Por que lo más cercano a una familia que tengo, es un bastardo que le ha desecho la vida a muchos, y se niega a morir. No… pero eso no evitaba que él y yo nos preguntáramos cuánto tiempo durará esto? Por que creo que éramos felices… pero nada es para siempre.
-En Rusia, ahora en Japón… Kai… sabía que eras un estúpido, pero jamás pensé que lo fueras tanto. Osaste traicionarme una vez mas, pero ésta ha sido la última. Te lo dije después de la primer batalla contra Brooklyn. 'Largo, mantén lo último que te queda de dignidad y regresa cuando te llame' pero te aliaste de nuevo con ese grupo de perdedores. Ya no eres un Hiwatari, desaparece de mi vista. Que ni se te ocurra siquiera aparecer de nuevo ante mi, que no me detendré hasta desaparecerte por completo. Hoy, has dejado de ser miembro de la familia.–
El viejo me dijo esas palabras después del triunfo del equipo, la verdad era que no estaba de humor para verle la cara. Pero el gesto que tenía me disuadió de tratar de imponerme cuando exigió hablar conmigo, en cuanto terminó de hablar su grupo de escoltas me hicieron a un lado para que él pudiera pasar, si, aún no me había recuperado y no pude poner pelea.
Pero te digo algo.
Sus palabras me sacudieron más de lo que me hubiese gustado aceptar. Eran una sentencia final. Hasta antes de eso, no éramos la más feliz de las familias, bueno éramos familia por que el apellido lo decía pero no importaba, por que nos hacíamos tanto daño como podíamos. Pero seguíamos ahí. Él tenía a su heredero, aún fuera mas un sirviente estaba seguro que su apellido no se perdería.
Yo, yo tenía la seguridad de que había un lugar al cual regresar, sabes que el hombre gusta de tener propiedades en todos lados. Y como casi siempre estaba en Rusia o Japón, podía estar en alguna de ellas sin verle. Aunque era una clase de errante, y no recibía prácticamente ninguna ayuda económica del viejo… estaba ahí.
Ahora todo eso se había acabado.
La familia de Tyson y Max organizaron una fiesta en la casa del primero, sé que no los conoces pero si lo hicieras sabrías que el hablar de celebración con ellos es igual a una fiesta de dos días en el mejor de los casos. Precisamente lo que pasó, desde la noche de ese día hasta la mañana-tarde del otro continuaron festejando.
Yo no tenía mucho que celebrar, sólo habernos librado de la locura que BEGA representaba. Pero la verdad era que necesitaba pensar en lo que tenía que hacer. Hasta antes de ese día sabía que el viejo no estaría en mi vida por mucho tiempo, ahora ya lo tenía seguro. Y no pensaba recurrir a ellos, sabes que no, no estaba dispuesto a convertirme en su obra de caridad. Aunque iba a ser difícil, saldría adelante.
Solía acudir a la playa cada que necesitaba pensar, pero como sería el primer lugar a donde buscarían, y no quería ser molestado. Opté por abordar el tren y dejarme llevar por él y mis pensamientos. No fue tan mala idea, no me preocupé por resultar sospechoso o que ellos me hallaran si acaso se percataban que me había ido.
No sé, a la fecha sigo sin siquiera tener una idea de cuantos viajes redondos di. Abordé en la estación más cercana a la casa de Tyson y perdí mi contacto con la realidad. No me percaté de cuantas veces llegué a cada terminal, ni de la gente que me rodeó, ni de ti. No supe ni cuando ni donde abordaste.
Dijiste que creíste que estaba enfermo. Eres buena observadora, ahora sabes que siempre oculto la mayor parte de mis expresiones, sé que en ese momento no estaba precisamente al pendiente de eso pero ya es innato en mi. Dices que me viste por mas de tres horas, y decidiste acercarte hasta que ya había oscurecido, estábamos completamente solos y era la última corrida del tren.
Imagino que de estar consciente de todo alrededor de mi, estaría igual de incómodo que tú sabiendo que tendríamos que desalojar pronto nuestro temporal refugio. La verdad es que no supe que te sentaste frente a mi hasta que me hablaste. –Oye…- dijiste en voz baja. Yo solo te miré -Pronto llegaremos a la última estación, el tren se quedará ahí.- finalizaste.
Te presté un poco de atención –Si, ya voy.- Me incorporé parcialmente y estiré los brazos que estaban entumidos por tantas horas de estar ahí.
Asentiste y cuando llegamos a la terminal salimos por la misma puerta, el andén estaba solitario y estaba lloviendo; nos quedamos en silencio y sin movernos. Cuando vi el nombre de la estación supe que estaba demasiado lejos de la casa de Tyson. Te confesé después que pensé que no te ibas de ahí por acompañarme, tú pensaste lo mismo. Pero los dos estábamos demasiado lejos del lugar donde pasábamos la noche.
Hubo un silencio… que me incomodó un poco, cosa que nunca antes me había pasado.
Me percaté que me veías de reojo cómo crees que lo supe? Hacía lo mismo, pensé en decirte que podías irte, si con eso me dejabas solo.
-Puedes irte.- Me quitaste las palabras de la boca.
Te miré directamente sin querer delatar la verdad –No importa.-
-Estoy bien- dijiste con la voz tan falta de ánimo que supe que mentías, creo que entendiste que también yo mentía.
-Tampoco vives por aquí, cierto?- Te dije ya no queriendo aplazar ese molesto momento.
Un cuidador nos dijo que teníamos que irnos pues ya era hora de cerrar. Creo que seguía en ese estado letárgico por que cuando reaccioné estábamos parados en la banqueta, cubriéndonos de la lluvia bajo un escuálido árbol, en medio de la noche en esa zona desconocida. No teníamos dinero como para pagar un taxi de regreso, yo no iba a pedir ayuda, y tú, me dijiste que no se hallaba nadie en tu casa.
-Es noche…- hablaste tratando de disminuir la tensa atmósfera.
-Да- qué mas iba a decir?
Continuamos en silencio.
-Tenemos que buscar donde pasar la noche.- Dijiste al resignarte que no podrías regresar a casa esa noche.
-Vamos-
No creo habértelo dicho, pero me confundiste. No puedo jactarme de entender mucho de conducta humana, pero el hecho de que estuvieras tan tranquila contradecía mucho mis nociones. Te veías tan tranquila a pesar de que vagabas con un extraño, en un lugar ajeno y buscando donde dormir. Ni siquiera se me cruzaba por la cabeza hacerte algo, pero era inexplicable verte tan calmada. Hasta pensé que ya no te importaba nada, había algo de eso, lo percibí pero no estabas en tan mal estado como yo.
Sabes que no soy lo que llaman un caballero, tengo algunos principios pero aprendí a vivir bajo una ley egoísta, primero yo antes que el resto del mundo. Por eso ni siquiera trate de discutir tu propuesta de dividirnos el costo de una habitación y pagar cada quien su comida. Era obvio que no habíamos comido nada.
Llegamos a la zona roja de la ciudad, solo ahí encontramos un hotel que pudiéramos costear, enfrente estaba un puesto de ramen de dudosa higiene, pero nadie se quejó por que no podíamos pagar algo mejor. Solo nos quedaba el dinero para el boleto de regreso.
Sabíamos que no estábamos de humor como para tratar de iniciar una conversación, la verdad es que aún con mi disgusto por hablar con extraños… hubiera querido saber algo mas de ti en ese momento si no estuviera en el estado en el que estaba. Por que en ese momento solo queríamos dormir, olvidar al menos por esa noche todo y no saber nada de quien nos acompañaba.
Cuan diferente sería todo.
-Dormiré en el sillón- dije inconscientemente recordando como se ponía Hilary cada que dormíamos en la misma habitación, pero lo rechazaste.
-No importa… sé que no harás nada.- Dijiste mientras te recostabas.
-Por qué lo dices tan segura?-
-Ya lo hubieras hecho.-
-…- Me dejaste sin palabras, entonces quise saber que clase de persona eras, pero no enterarme de quien eras.
Eran casi las tres de la mañana, la lluvia seguía cayendo estrepitosamente, escuché que te inclinaste cautelosamente hacia el frente para no despertarme, entonces te diste cuenta que no estaba en la cama. Estaba sentado frente a la ventana contemplando las gotas de lluvia chocar contra el cristal.
-Insomnio?- preguntaste mientras te envolvías en una cobija y te acercabas.
-Tampoco puedes dormir?- me hice a un lado para hacerte espacio frente a la ventana.
-No, parece que nuestros problemas no nos dejarán en paz hasta que los enfrentemos.-
-Parece…- estaba confundido que no me molestara tu presencia.
Me miraste o al menos eso sentí, no te miré pues no quería que ese pensamiento me confundiera mas, pero no dijiste nada. -…-
-Y aquí es donde llega el momento de las confesiones y nos damos consejos para superar los obstáculos de la vida?- pregunté con sarcasmo ante tu silencio, realmente pensé que todo encajaba para un momento así… aunque lo odiara.
-No, no creo. La verdad no quiero conocerte, ni quiero que me conozcas.- Y te sentaste junto a mi compartiendo la cobija. -Cómo debo llamarte si no quiero saber tu nombre?-
Te miré esperando enmascarar lo suficiente mi sorpresa de saber que tampoco querías saber quien era yo -Nómbrame- no se me ocurría nada.
Meditaste por un rato –Ivan y yo?-
El único nombre que vino a mi cabeza fue el de la fallecida ama de llaves de la mansión de Rusia -Akhedjakova, Danka- dije finalmente.
-Se oye bien.- Sonreíste mientras te acomodabas a mi lado.
Una vez oí que cuando has perdido todo, ya nada debe preocuparte. Seguí el juego. -Bueno, Danka. Cuál es tu problema?- dije con notable desinterés pero en algo teníamos que matar el tiempo hasta poder abordar de nuevo el tren y a sabiendas que ninguno podría dormir.
Hablaste de problemas con tu padre, de una mudanza a causa del trabajo de él, negación tuya y de una amenaza de retirarte el soporte económico, además de la ausencia de apoyo de mamá y una impotencia tuya que parecía era lo que más te molestaba. No podías imponerte, y tenías que obedecer pues era lo único que podías hacer en ese momento.
Llegó mi turno. En realidad no estaba dispuesto a contarte ni la más mínima parte de mis problemas, pero en correspondencia con tu honestidad te hablé del rechazo del viejo, la pérdida de mi herencia y que me negaba a pedir ayuda a ellos.
"Estábamos lado a lado, compartiendo el calor de la cobija y la confesión en las palabras, pero los gestos y el tono en la voz, dijeron un poco mas de lo que queríamos..." escúchame diciendo estas tonterías, pero fue del modo en que tu lo expresaste, y no podía estar mas de acuerdo. Eso nos fue creando una zona de seguridad para expresar todo lo que guardábamos pues creíamos que no veríamos mas a esa persona que escuchaba.
Expulsaste el rencor que tenías contra la imposición de tu padre, la sumisión de tu madre y ante tu propia impotencia. Yo, la furia ante las acciones del anciano, mi odio hacia él y, la aprensión, ante la incertidumbre de no saber que me deparaba el futuro.
El vacío en ambos, la carencia de seguridad y la necesidad de algo en que apoyarnos nos hizo ver en ambos un sustituto fugaz a todo eso.
Me diste un beso, no entiendo por que, pero te lo devolví. Me abrazaste, nos recostamos, uno al lado de la otra y nos quedamos mirando el techo.
Tiempo después me dijiste que me veías como un lobo perdido, herido y añorando la seguridad, pero imaginabas que poseía la fuerza y habilidad para pelear y salir adelante ante todo.
Es tonto, desde esa vez te lo dije, pero realmente pensé en ti como una fiera enjaulada, agazapada en una esquina mostrando pasividad pero lista para responder brutalmente a la primera señal de verdadero peligro.
Dijiste que éramos como guerreros heridos esperando sanar y continuar peleando. Y la persona al lado era esa cura. Temporal y dispuesta a ser olvidada, pero lista para ser todo sólo por ese momento.
Y así lo fue.
Querer
Dentro del corazón
Sin pudor, sin razón
Con el fuego de la pasión
Las primeras señales de la mañana nos hicieron regresar a la cama, con la esperanza de dormir un poco, pero cuando pasó una hora y ninguno pudo pegar los ojos nos levantamos con un consenso silencioso de prolongar un poco mas ese pequeño remanso de seguridad que habíamos hallado. Abandonamos el hotel y vagamos por la gran ciudad. No teníamos dinero ni siquiera para desayunar, pero no importó, estábamos embriagados por algo que nos hacía olvidar de todo. No era amor… no, no lo era.
No en ese momento.
Dieron las cuatro de la tarde, los dos descansando en una banca en un parque que ninguno había visitado jamás. Los sonidos de los estómagos nos habían arrancado varias sonrisas, no pude evitar recordar a Tyson y Daichi. Hasta que el hambre se hizo insoportable fue que decidimos que era el momento de irse de ahí, y decir adiós.
Llegamos a la estación, por separado miramos en donde teníamos que descender y calculamos el tiempo. Abordamos el tren, nos acomodamos en el extremo final, mirando las vías que íbamos dejando atrás. Fuiste quien inició la despedida, no quise voltear a ver el nombre de la estación en la que debías bajar.
-Yo…-
-Dijiste que no querías conocerme…-
-No… no quiero… igual tú.-
-Así es mejor… debo irme. Como te dije, me iré de Japón, fue un placer haberte conocido.- Te levantaste y me miraste, cuando se escuchó la alarma que indicaba que se cerrarían las puertas plantaste firmemente tus labios en los míos y me dijiste –Cuídate, sé que saldrás adelante …conserva esto.- Colocaste algo en mi mano y saliste corriendo.
Querer
Sin mirar hacia atrás
A través de los ojos
Siempre y todavía mas
Te seguí con la mirada hasta que el tren volvió a arrancar y desapareciste. Miré mi mano, claramente había sentido que era un anillo, imposible que me quedara. Lo miré casi cuatro estaciones preguntándome que se suponía que debía hacer con él si habíamos dicho que nos olvidaríamos tan pronto nos dejáramos de ver. Cuando bajé del tren estuve tentado a lanzarlo a las vías y cumplir el acuerdo… pero me contuve y lo puse en la bolsa del pantalón.
Regresé a casa de Tyson, como lo imaginé parecía que no estaban muy sorprendidos de mi repentina desaparición. Pasé unos cuatro días mas ahí, y al quinto anuncié que me iba a Rusia, sin dar mas detalles ni anuncio de regresar pronto a Japón.
En Rusia fui recibido por un viejo conocido, y el único al que estaba dispuesto a recurrir. Tala Ivanov, un ex compañero de equipo, ex enemigo, no es amigo de palabra pero es lo más cercano que tenía a eso. Como sabes, ya le había informado de lo sucedido con Voltaire y sin pensarlo, Tala me ofreció alojamiento mientras buscaba trabajo y comenzaba a forjar un camino estable… estaba seguro que podía hacerlo.
Él vivía en un lastimero edificio en los suburbios de Moscú, pero tenía lo suficiente para subsistir, un techo, calefacción y un espacio para dormir. Para desgracia de ambos, Voltaire halló esto y no tardó en ejercer presiones sobre el dueño del edificio para que nos echara a la calle.
Entonces entendí que eso pasaría con cualquiera que me ayudase, así que para ahorrar problemas a terceros me fui de ahí sin decirle a Tala. Vagué por varias ciudades de Rusia tratando de comenzar, pero tardaba mas en comenzar a acomodarme cuando el anciano ya lo había hallado y hacía que me despidieran. Me cuesta aceptarlo, pero llegué a desesperarme de encontrarme siempre con lo mismo, fue tal esa sensación que en Irkusk al fin tomé la decisión de olvidarme de todo en pos de conseguir esa ambición que te confesé. Ser independiente, salir adelante a mi modo y ser yo quien decidiera mi futuro.
Regresé a Japón, bajo un nuevo apellido ese que te hace tanta gracia, fui hallando pequeños trabajos y mejorando mi situación, al menos al punto en que pude pagar un pequeño espacio en Kita Kyushu, la cuota de una escuela comunitaria y lo básico para subsistir, habían pasado once meses. Quien me viera, se hubiera reído. El orgulloso Kai, rebajado a vivir en esa ratonera y trabajar como cualquier empleado. Fueron tiempos duros, pero el ese anillo que aún cuelga de mi cuello me recordaba tus palabras 'Sé que saldrás adelante'
Amar
Para poder luchar
Contra el viento y volar
Descubrir la belleza del mar
-Gou quiere conocer a su padre-
Tus palabras fueron un verdadero impacto. Su padre… yo era su padre? era padre de alguien? Lo que jamás pensé, ni deseé… lo admito.
Casi cinco años habían pasado ya desde ese casual encuentro que inició en un metro de Japón. Unos meses después de que comencé a trabajar de nuevo para el viejo dediqué parte de mi escaso tiempo libre a investigar quien eras realmente, llámalo idiotez o curiosidad boba pero no me costó mucho hallarlo, gracias a la descripción que me diste del trabajo de tu padre.
Dijiste que era diplomático japonés en países del Medio Oriente, cuando te conocí le habían dado el cargo de relaciones públicas de la embajada de Japón en Siria, por eso hablaste de mudanza. También descubrí que te habías hecho camino en ese mismo ramo, fue extraño recordando el desprecio que expresabas por el hecho de tener que viajar hasta allá. Fue entonces que conocí tu verdadero nombre, y que trabajabas para el gobierno japonés en dos consulados de la zona como intérprete. No mentía cuando dije que no dudaba de tu capacidad.
En el momento en que hablamos te encontrabas trabajando en Jordania, y habías pedido que nos viéramos. Tal era mi sorpresa de lo que dijiste que te convencí que yo iría hasta allá, habíamos acordado como punto de reunión la ciudad de Khan-az-Zabib, algunos kilómetros al sur de Ammán, la capital jordana.
Hasta apenas te lo digo, pero sentí una ansiedad impresionante, no podía recordar un nivel similar, ni cuando estuve en Hannover o Vancouver, esto era aún superior. Miraba de reojo al cachorro que dormitaba a mi lado en una jaula transportadora, a simple vista se veía como una bola de pelos blanca, algo deforme, pequeña y esponjada.
-Señor, llegamos.- Dijo el chofer de la camioneta que me había trasladado desde el aeropuerto hasta el punto de reunión.
Hacía un calor infernal, el clima seco del semi desierto no era muy acogedor, me pregunté como es que podías trabajar ahí. Casi de inmediato deseché esa pregunta, eso no era nada, me demostraste que eras capaz de muchas cosas. Permanecí de pie en medio del salón de recepciones del hotel donde te hospedabas, miraba la peculiar arquitectura, tradicional de un edificio en un país musulmán lo sé, pero me era extraña pues no gustaba de visitar esas conflictivas tierras.
-Kai- escuché una voz… tu voz. Casi solté la jaula que contenía al pequeño animal. Volteé y reconocí de inmediato tu cara que era de las pocas que recordaba con gusto.
Dije tu nombre y sonreíste como esa vez. Entonces noté a un niño pequeño que estaba detrás de ti; al darte cuenta de mi gesto viendo al niño le dijiste –Éste es Gou. Gou, él es Kai.-
Me dijiste que esa vez pareció que actué mecánicamente, lo hice del único modo en que se me ocurrió no tenía idea de cómo actuar ante el pequeño. Me incliné un poco y le ofrecí la mano a Gou, rayos, aún lo recuerdo y me avergüenzo… estaba conociendo a mi hijo, no a un socio.
Pero él se acercó sin mucha vacilación, la tomó, dio un saludo en árabe y después una reverencia adicionada con un saludo en japonés –Señor Kai.-
Le devolví ambos, sorprendido de la claridad en ambos idiomas, -Esto es un regalo mío.- Le di la jaula, el niño la tomó y te miró como esperando tu aprobación. Gou la abrió y la sonrisa y su gesto me hizo sonreír sin que me percatara al momento. –Es apenas un cachorro, sé precavido- le dije y Gou lo tomó con sumo cuidado. Le había comprado un hurón blanco y por el viaje se negaba a despertar.
Mientras él lo sacaba de la jaula nos quedamos mirando.
-Cómo has estado?- repetimos la pregunta la par.
Sé que te molestó cuando te pregunté si necesitabas dinero, tenías derecho a ello pues sabía que era mi hijo. Pero dijiste que si estaba ahí, era por que Gou lo había querido, tú estabas dispuesta a cumplir el convenio. Nunca le ocultaste a él quien era su padre, y cuando te pidió conocerme no te opusiste, entiendo por que no me dijiste en su momento, estaba yo en un estado tan precario… que sabías que sería mejor para todos del modo en que fue.
Querer
Y poder compartir
Nuestra sed de vivir
El regalo que nos da el amor
Es la vida
Decías que a partir de ese día un nuevo tiempo galopó para ti, que esa sensación de seguridad y paz que ambos sentimos cuando nos encontraron esa noche regresó, se fortaleció y… se prolongó…
Creo que pienso lo mismo.
-Europa?- preguntó Gou mientras nos veía sentados frente a un escritorio.
-No te gustaría vivir allá? Dejamos Japón cuando tenías dos, desde entonces has vivido aquí, será bueno que conozcas otros lugares, quizá uno con nieve..- Le dijiste.
-Nieve?- Gou preguntó de nuevo.
-Te gustará, ya lo verás, viajaremos y conocerás cuanto quieras conocer. Podríamos ver ballenas.- Traté de animarlo.
-En serio?-
-Tú decides a donde viviremos.- Le dije poniéndole la computadora enfrente. Gou se subió en mis piernas, y con habilidad comenzó a navegar entre las diversas páginas que le había abierto previamente, eran de varias ciudades europeas que contenían imágenes y características de ellas, aunque él aún no leía, las fotografías le dijeron mas.
-Aquí…- dijo después de unos minutos, y volteamos a verlo. Miramos con atención las fotografías: praderas verdes, campos blancos por la nieve, agua por doquier y montañas heladas de fondo, bosques frondosos, y algunos volcanes en plena erupción.
-Islandia?- le pregunté un poco sorprendido, no recordaba haber abierto algo sobre Islandia, yo esperaba que eligiera la Toscana.
-Si- Gou sonrió, volteé a verte y asentiste.
Apenas cuatro meses después de que nos reunimos en Khan-az-Zabib, nombre con el cual Gou decidió llamar a su hurón en recuerdo de esa fecha. En la ciudad de Hafnarfjörður, Islandia, estuvo al fin lista nuestra casa.
-Qué les parece?- Les pregunté cuando descendieron del carro.
Estaban sin palabras, después de arreglar los asuntos pendientes de tu trabajo. Dejamos Jordania y viajamos por Europa mientras construían la casa. Una parte del tiempo la pasamos en Rusia y Ucrania, donde delegué responsabilidades de las empresas, eso sirvió para que se fueran adaptando al clima frío.
-Me gusta!- Gou corrió a los juegos infantiles que estaban instalados en el frente de la casa y comenzó a mecerse en uno de los columpios. Tenían razón cuando dijeron que le gustarían.
-Y tú que dices?- te pregunté.
Era de dos pisos, construida en firme madera y pintada de blanco, con una gran terraza que daba a la parte trasera, una hilera de árboles delimitando la gran propiedad, adapté las características de una casa similar que había visto en Rusia. Parecía que te habías quedado sin palabras. -…también me gusta.- Dijiste después de tartamudear un rato y te lanzaste sobre mi en un abrazo. A ti no te dolió el golpe de la caída cierto?
Entramos a la casa, y como tú, también me sorprendí por la decoración y el mobiliario, le di plena libertad a la familia que se encargaría de ella para que la equipara con todo lo que fuera necesario.
–Ella es la sra. Gunhild Idvörj, su esposo Yves y su hijo Otto. Ellos se encargarán de todo en la casa.- Recuerdo bien cuando te presenté a la familia Idvörj, los conocí cuando compraba el terreno, el contratista me los recomendó para el cuidado de la casa. Tenía poco tiempo de conocerlos pero Gunhild te saludó con tanta alegría y familiaridad que fue algo incómodo, parecía una vieja amiga.
Por petición tuya fue que pasamos la mayor parte del verano en esa casa. Por suerte Gou se adaptó bien, el lapón tampoco ha sido un idioma que sepa hablar y afortunadamente hallamos esa escuela de la comunidad inglesa en la que lo aceptaron. Sigo sin entender por que insististe en que aprenda tantos idiomas como tú, querías que supiera adaptarse a toda situación, aunque también tú tuviste que aprender algo nuevo, en este caso a hacer tu trabajo a distancia.
No entendía por que querías permanecer aquí sólo los veranos, hasta que el primer invierno llegó. Con el descenso de temperatura adquiriste una neumonía muy molesta, no quise esperar a que Gou también enfermera y por eso a partir de entonces, tomábamos nuestras cosas y emigrábamos a lugares más cálidos. Me costaba aceptar que los casi tres años que vivieron tú y Gou en los climas calurosos de Medio Oriente hubieran determinado su tolerancia al frío. Sabes que odio las altas temperaturas.
Me alegra que le hayas encontrado gusto a viajar, el primer año recorrimos lo que nos faltaba de Europa, hace dos una parte de América del Sur, este año fuimos a Australia y Japón... aún no me recupero de ese viaje.
Sé que es una ventaja ser la cabeza del Consejo de las empresas. No siempre es necesaria mi presencia en las reuniones, pero a veces simplemente no las puedo evitar. Aún estoy satisfecho que aceptaras no hacer viajes de negocios y trabajo juntos, fue un acuerdo? La verdad ni lo recuerdo, pero nos ayudó a mantener la independencia en nuestras actividades y a los curiosos ojos del mundo lejos de nuestras vidas.
Igualmente me alegró saber que compartes mi visión del matrimonio. Tampoco creo en él, aún recuerdo la cara de tus padres cuando dijimos que viviríamos juntos y Gou llevaría mi apellido, pero que no nos casaríamos ni ante la ley civil. Comparto tu teoría que es lo que queda de ese trato de olvidarnos, hay un poco de libertad en todo. Si hubieras querido salir de mi vida lo harías, así como yo… pero nadie quiso hacerlo aún, puedo asegurarlo tanto como tú. 'Para amarrar hay que soltar' dices siempre que te cuestionan sobre ese tema.
Querer
Entre cielo y mar
Sin fuerza de gravedad
Sentimiento de libertad
Han pasado tres años ya desde que conocí a Gou, él decidió llamarme por mi nombre. Aunque he notado que siempre ante la gente me presenta como 'su papá'… es tan extraño. Pensé que quizá algún día llegaría a llamarme así, no sé si me hubiese gustado. Te confesé una vez que no quería tener hijos, el alboroto que Hilary provocó cuando me hizo saber lo de Makoto no ayudó en nada con mi idea, por eso creo que ha sido mejor el modo en que las cosas han pasado.
Faltaba aún para que Gou cumpliera los ocho años, teníamos tiempo para conocernos a la perfección. En estos tres años nos hemos entendido bastante bien. Creo que de algo sirvió ese viaje a Japón para el torneo, le ayudó saber que yo participé y gané muchos años atrás, nos dio algo de que hablar. Me hizo recordar incluso el gustó que sentía, y que perdí después del rechazo del viejo.
Me dio la impresión que trabó buena amistad con Makoto y Linn, tenía curiosidad por saber si es que acaso nos pediría visitarlos de nuevo. No iba a negárselo solo por que tuve problemas con sus padres, sería decisión de Gou.
-Gou aprisa!- le gritaste y Gou bajó con Khan sobre el hombro, tenía esa mueca de no querer obedecer.
-Mamá… tenemos que ir?- Preguntó.
-Vamos Gou, será solo una semana, ni lo sentirás.- Le respondiste cerrando la última maleta.
-No entiendo por que insistes en ir, deberías esperar que busquen un suplente.- Le seguí el juego a Gou quien me miró esperanzado de que te convenciera. Sabía que no aceptarías.
-Kai Hiwatari me dice eso? increíble, no puedo creerlo.- Fingiste desilusión exagerando los gestos y moviendo ambas manos. –Sabes que no dejaré de ir, no seas tan dramático.- Me abrazaste por la espalda y me dijiste al oído –Estaremos aquí tan pronto que parecerá que jamás nos fuimos.-
Sabía que era imposible convencerte, aún así debí haberte insistido mas, pero era tarde y para aligerarte el viaje le dije a Gou –Deja a Khan conmigo, enloquecerá a tu madre. Además, si será tan rápido como ella dice…- te miré tratando de burlarme de tus palabras. No… no debí.
Escuchamos la alarma del reloj, era hora. Tomamos las últimas maletas, las subimos al carro y nos dirigimos al aeropuerto. Justo a tiempo, el avión de las empresas proveniente de Londres llegó para recogerlos, harían escala en San Petersburgo y finalmente llegarían a Turquía.
-Adiós Kai, regresaremos pronto.- Se despidieron tú y Gou. Nunca habías faltado a tu palabra… hasta hoy.
Por qué digo todo esto?
Estoy recordando, jamás fui un amante de la vida, no le hallaba gusto… hasta que te conocí. Te lo agradezco, no diré que ahora sé que la vida es un lugar hermoso y lleno de felicidad, a veces lo es, otras no. Así de simple. Lo interesante es estar ahí mientras se quiera, o hasta que algo mas decida que ya no. Como contigo ahora.
Sé que no oyes esa música, es la canción que nos persiguió mientras regresábamos en el tren, después la conseguiste y siempre la escuchabas, le hallé cierto gusto. Los doctores dicen que no me escuchas, lo creo. Pero me hubiera gustado haber hecho esto con mis padres de haber tenido la oportunidad, no hablaré con un cadáver si puedo hablar con alguien que respire, aunque pronto morirá.
Ese sonido es como el de Meiko, tus latidos comienzan a disminuir. Descansa, eres de las pocas personas que sé se lo merecen. Ahí está, ese pitido en la máquina, has dejado de respirar y tu corazón pronto dejará de latir.
Gracias, fue un placer… haberte conocido.
Querer
Sin jamás esperar
Dar solo para dar
Siempre y todavía mas
[Isla… nombre desconocido, Japón
-Kai?- le pregunto, no me convencía que fuera él.
-Te lo dije Vita, parece o no el eslabón perdido?- el infeliz le dice a la chica a su lado, eso me hizo dudar más que fuera Kai. Desde cuando tiene humor? Ni que fuera Tyson.
-Muy gracioso, debes saber que ese sujeto a tu lado es un maldito principito de hielo, que no sé que por que está tan de buen humor, pero me alegra verlo.- Le digo a la chica, y la cara de Kai cambia por completo cuando acabo la frase. Su sonrisa de seguridad desaparece y me parece notarlo confundido.
-Te llamas Daichi?- la chica se baja del carro y se acerca a mi, de pronto, tuerce un poco la cabeza y se inclina. –Juraría que no te veías tan pequeño cuando saliste de ahí.-
Qué es lo que acaba de decir? qué soy un enano? Es ella quien lo es.
-Te has visto en un espejo, no eres muy alta que digamos.- Ja, que se cree esa chica. -De dónde la sacaste Kai?-
Kai baja del jeep y se para a su lado, -De dónde vienes Vita?- le pregunta de nuevo con esa pequeña sonrisa.
La chica levanta los ojos –Déjalo así.- y se aleja un tanto molesta.
-Qué haces aquí Kai?- pregunto.
Él se acerca y me intimida su altura, si, si, me burlé de la estatura de la chica pero él si es mucho más alto que yo. -Te interesaría una reunión con los otros?-
Los otros? No soy tan lento como Tyson, pero escuchar esas palabras viniendo de Kai, dirigidas a mi, y después de todo lo que ha pasado… son un poco complicadas de procesar. -Los otros…? cuándo, dónde, por qué?- lo dije, a veces si me confundo un poco con mis propias ideas… tanto tiempo de estar con Tyson, aunque me gusta cuando Makoto lo visita.
-Si, los otros. En China, en un mes aproximadamente, y por que si.- Responde a cada una de mis preguntas tan secamente que me hace comprender que si es Kai.
-Cómo que por que si?- no me queda claro ese punto.
-Por qué no?-
Me enoja su respuesta –Deja de responderme con mas preguntas!-
-Has mejores preguntas.- Contesta mirando alrededor. –Me gusta lo que has hecho con este lugar y con tu casa.-
-Mamá está encantada con la casa y contigo, no podía creer cuando le dije que tenía el dinero para construirla. Quería darte las gracias, pero le dije que no. No lo aceptarías.-
Asiente y su sonrisa continúa. –Tienes razón, ella necesita agua y sentarse por un rato en la sombra podemos encontrar en tu casa?- Mira a la chica, volteo y está completamente roja y sofocada.
-Si, vamos.-
-Vita- le llama y subimos al vehículo –Tenías razón es idéntica.-
-De qué hablas?- acaso también le afectó el calor?
-La batalla que tuvimos en las eliminatorias recuerdas el plato?-
Wow, recuerda esa batalla… el plato era igual que mi isla, yo conocía cada segmento de ella y aún así me ganó. –Si…-
No se quedan por mucho tiempo en la casa. Nos piden agua, mamá habla por un rato con Kai, y Vita, así se llama ella, se echa en el pórtico a descansar con un trapo húmedo en la cabeza. Me cuenta (sin que le pregunte) que ha vivido tanto tiempo en los climas fríos que le cae mal el calor de la isla.
Kai sale de la casa y ella se levanta. –Te enviaré un aviso para cuando haya una fecha exacta.- Dice
Mi mamá sale también, despidiéndose. Sé que preguntará por que no se quedan mas tiempos, lo hace y Kai se niega, también sabía eso. –Sólo no se te olvide.-
-Procuraré…- da una burla final y se va. Al ver su carro desaparecer creo que estoy satisfecho que no parece tener ninguna clase de rencor o extraña actitud conmigo, yo no la tengo por qué debería?
[Tai'an, China
Después de dejar la isla de inmediato volamos a China, Vita está confundida por qué le dije a Daichi que hasta dentro de un mes. -Por qué le dijiste en un mes?-
-Esta vez sólo vamos a ver a Rei, aún tengo que ir a Rusia. Quizá nos quedemos mas de un día aquí.-
-Rusia?- me pregunta, es obvio no le había dicho nada -Para qué?-
-Tala, el anciano…-
-Kai… para que tu abuelo?-
Sonrío, sé que esa sonrisa es completamente distinta a la que había tenido desde que llegamos a la isla de Daichi, ésta es... una que no solía usar en mucho tiempo. –Justicia- Le digo mirándola directo a los ojos.
-Kai… qué me estás ocultando?- Sé que le turbó el cambio en el tono de mi voz. Le explico los planes que tengo para el viejo, conozco a Vita, pero no lo suficiente como para esperar que entienda, no la culpo. Es algo poco ortodoxo, pero en algo nos parecemos el viejo y yo, pagamos con la misma moneda.
Se altera, se aleja de mi y procura no gritarme pero si levanta la voz –Kai Hiwatari cómo puedes hacer algo como eso? no te bastó lo de Canadá?-
Me tengo que contener de contestarle, aún le explicara no entendería, así como yo no puedo comprender su reacción. –No cambiaré de decisión, si crees que es lo mejor… adelante.-
Detiene sus reclamos y abre los ojos sorprendida, baja la mirada y toma lo de mi mano –Quizá si sea lo mejor… es obvio que en este momento no me necesitas, cuando lo hagas de nuevo, estaré aquí.-
Me mira y me besa, ni la miro ni se lo devuelvo, no puedo. Pensé que seguiría todo este camino conmigo, pero también es alguien que cumple acuerdos… es cierto que en este preciso momento no la necesito… no tanto. Es como ella.
Regresa a la estación de trenes, y cuando las puertas automáticas se cierran la pierdo de vista. Suspiro tratando de aceptarlo, lo único que espero es que no venga otra crisis como las de Japón, si es el caso, no sé que voy a hacer.
Debo dejar todos esos pensamientos a un lado y concentrarme en lo presente. Rei. Su restaurante está en el centro de la ciudad, jamás había estado aquí pero me informé lo suficiente para hallar el lugar sin tener que preguntar, mi chino es terrible y sé que en vez de ayudarme me traerá más problemas.
Me gusta esta ciudad, combina la planicie del monzón y las montañas como las que hay en el sur. Rei supo elegir donde vivir con su familia. Ahí está, una construcción de fachada tradicional, no pensé que fuera tan grande, me alegra que le vaya bien. Es él? Alguien limpia la entrada, creo que es muy temprano pero el avión salió más rápido de lo que pensé. Me mira, no creo que me haya reconocido. Deja a un lado la escoba, si es él.
-Kai- Rei dice acercándose y… no lo concibo, me da un abrazo –bienvenido.-
Me he quedado sin palabras.
Preview Cap. 8
Nunca tuve oportunidad de hablar contigo, supe lo que pasaba hasta que ya era demasiado tarde y estabas lejos de todos. Pero no puedo culparte de nada por qué? Siempre supiste por que hacías lo que hacías, y sabes que respeto eso. Que bueno verte aquí, podemos continuar las cosas donde quedaron, para mi, nada pasó.
Rei, el que te apoya incondicionalmente x Conciliación x Bienvenido (Un agridulce reencuentro)
Ikusi arte!
