Kaixo! gracias por sus lecturas/reviews. A ver que tal les parece este capítulo, lo pongo a mitad de mes, como en diciembre... por razones de tiempo (y mero capricho). Creo que se sale un poco de la línea... por que, bueno, es... no es bonito (aunque los otros tampoco lo han sido pero tiene algo que contrarresta) aquí lo dudo. Pero ya decidirán.
Mis saludos!
Voltaire, la maldad interna que no puedes negar x Desgaste x No te apartes de mi (No olvido… nada)
-Hola anciano.- Le dijiste mirándolo, parecía que al fin el tiempo le había hecho justicia. El decrépito ser que yacía frente a ti era justo lo que habías querido ver desde hacia muchos años, débil, patético, indefenso, y… suplicante. Verle suplicarte… habías deseado eso por tanto, años atrás donde él aprovechó su fuerza y tu necesidad, él se impuso ante ti como un superior, alguien a quien le debías todo, quien te había recibido casi por lástima, a quien tenías la imposición de darle tu lealtad y obediencia. Un anciano loco de quien no podías separarte por ese grueso lazo que marca la sangre… y tu ingenuidad boba.
Te diste cuenta que las alarmas se incrementaban, sonreíste y le murmuraste –Por primera vez te alegras de verme?- recordando como siempre te decía el terrible error que había sido mantenerte a su lado. Amenazando con lanzarte a la calle 'donde perteneces' decía sonriendo mientras te veía con desprecio.
Volteaste cuando la puerta se abrió por la fuerza, dos policías, la enfermera que sacaste y dos doctores entraron a tropel. Los dos oficiales se lanzaron sobre ti pensando que eras una clase de intruso, pero el doctor los detuvo al reconocerte. Sabio hombre que impidió expresaras algo de tu bien conocida furia, se disculpó y niveló los signos vitales del anciano mientras te daba una explicación del estado actual, te ofreció llevarte a terminar el trámite.
-Нет, затем…- le dijiste dejando para después la razón por la que creían estabas ahí, saborearías tanto como te fuera posible esa clase de justicia bizarra.
-Como quiera señor, lo dejaremos solo.- El doctor insistió en hablarte en otro idioma. Salieron y cerraron la puerta tras de si, tomaste una silla cercana y te sentaste a su lado, pero a suficiente distancia como para no fastidiarte con su cercanía y para que pudiera verte y oírte sin complicación.
Recorriste visualmente las máquinas, las bolsas con líquidos, las sondas, hasta que tus ojos se encontraron con los suyos y se miraron fijamente, él comenzó a parpadear supusiste que quería decirte algo. Solo sonreíste. Era verdad que ya no podía comunicarse; el ataque de los pulmones hace seis años fue apenas el inicio, le vinieron dos infartos en un periodo de tres años, y un derrame masivo en el cerebro que fulminó su quebrada independencia. Se convirtió en la criatura que contemplabas, solo esperando una cosa, que proseguía a tu llegada. Que sorpresa le tenías guardada.
-Dzhumadylov está seguro que entiendes a la perfección todo lo que se te dice, me alegro… por que no podría quedarme sin decirte lo que quiero que sepas.-
Te recargaste en la silla y levantaste la cara cerrando los ojos. Estabas cansado, percibiste al fin plenamente la música que había sido superada por las alarmas de la máquina anteriormente. –Wagner…- recordaste esa música que nunca faltaba en el estudio del viejo.
[Moscú, Rusia
La Valquiria, era la música que había estado escuchando los últimos minutos, desde que entró al estudio de su abuelo. No tenía la agilidad que le caracterizaba pues apenas llevaba tres semanas de haber salido del hospital tras su accidente… que le había arrancado la memoria de todo suceso pasado, pero no su terquedad. Y fueron las amenazantes palabras de su abuelo las que le habían incrementado el deseo de ver esas fotografías.
Kai preguntó por el paradero de sus padres, despertar sin conocimiento de nada, y ver que lo único que lo esperaba en casa era un estricto viejo que se había presentado como su abuelo y que se negaba a decirle cualquier otra cosa mas que… ya no vivían ahí.
Con el paso de los días supo que había un par de fotografías de ellos en lo alto de un librero del estudio de Voltaire, lugar al cual le estaba terminantemente prohibido entrar. Pero era necio, y ahí estaba, escalando las repisas intentando alcanzarlas, y cuidándose de no caer y/o tirar algo al piso con el peligro de delatarse; no queriendo imaginar siquiera que le esperaba.
Se estiró tanto como pudo, pero no llegaba… sintió algo, lo sujetó y lo vio, no era lo que buscaba. La regresó y continuó tanteando, pero una voz le hizo perder el equilibrio.
-Qué diablos se supone que estás haciendo?-
Se soltó y cayó…
(…)
Qué te dolió mas de esa ocasión? La caída, las palabras de reproche del anciano, darte cuenta que jamás sabrías algo de ellos o… su mentira que te habían abandonado. No pudiste definirlo, eras como un recién nacido con consciencia, que hablaba y razonaba a la perfección, pero que no podía decir nada de quien era. Fue una época difícil, y ese viejo ante ti, no ayudó en nada.
Detuviste la música antes de que iniciara la última parte de esa obra de Wagner, volviste a mirarlo, y él movió torpemente la mano, sus huesudos dedos se dirigieron a ti. Sonreíste.
-Qué, ahora si quieres que te sujete la mano? Eres un maldito.- Alejaste cuanto pudiste tu brazo, Qué se suponía que esperaba? Te prohibió cualquier clase de demostración de afecto para con él, dentro y fuera del pequeño infierno que representaba la mansión. Te llevó palabras duras y una que otra muestra violencia deshacerte de esa infantil necesidad, como él la llamó. Mas de quince años habían pasado… y quería que retrocedieras? Que estúpido. Tenías que ser firme, fuerte y orgulloso no?
-No viejo, no. No hay consciencia que me haga querer ceder, no hay nada qué enmendar pues fueron tus errores, pagué por ellos varias ocasiones. No esperaras que siga así.-
Voltaire dirigió la mirada a otro lado, aunque ni un solo músculo de su cara se movió percibiste su cambio de ánimo. Que aterrador, te diste cuenta que lo conocías a la perfección.
-Te decepcioné otra vez? Según dijiste, ya estabas acostumbrado no?- te levantaste y comenzaste a rondar el cuarto buscando algo en que distraerte y donde poder poner a Khan. Había un pequeño librero en una esquina, libros y revistas abarrotándolo, un baño tan pulcro que enfermaba, un espejo de media luna que parecía era movido constantemente, una televisión al lado del reproductor de música, y un invitador sillón en el extremo opuesto cerca de la ventana. No te habías dado cuenta de ella, abriste las cortinas y la pálida luz de la tarde se coló, considerando el elevado costo del cuarto la vista era una lástima.
-Cada cuanto te ponen aquí? Es una pena que después de haber conocido medio mundo, te limites a esta pobre panorámica.-
Ese maldito dolor, Brodoteau te había prohibido las pastillas después de la sobredosis que te provocaste en China, tenías que lidiar con el dolor al menos dos días. Lo peor era que comenzaba a incrementarse la intensidad, maldijiste por enésima vez tu decisión, pero sabías que era lo mejor.
Te sentaste mientras Khan se enrollaba en tu cuello buscando también comodidad para dormir, el sueño te consumió, por primera vez en tus veinticinco años dormiste profundamente aún estando en el mismo espacio físico que el viejo, aunque siguió siendo intranquilo.
El sonido de alguien abriendo la puerta literalmente te hizo brincar de tu asiento, la enfermera y el doctor Dzhumadylov entraron so pretexto de la aplicación de los medicamentos y la comida del día. Saliste del cuarto no queriendo ver nada de eso, a que te recordó?
Claro. A los dos días de alimentación que a ella le dieron por el tubo gástrico.
[Hafnarfjörður, Islandia
Tenía poco que había oscurecido, y Kai se había hartado de intentar alimentar al hurón. –Muérete entonces…- le siseó muy molesto y arrepentido de haberse ofrecido a cuidarlo en la ausencia de Gou. Su celular llamó. Identificó el número de alguien de las empresas, lo ignoró. El aparato llamó y llamó, hasta que Kai lo apagó molesto, después fue el teléfono de la casa, era tan raro que recibieran llamadas ahí que lo dejó sonar por cuatro ocasiones, si era importante la persona que llamaba habría de insistir.
Y lo hizo.
-Да?-
-Señor Kai… el helicóptero lo espera ya en Reykiavik. Estaremos ahí tan pronto podamos, Tzirgenium ha dispuesto ya su jet privado, lo espera en Edimburgo. Llegará mas rápido por esa vía.- Dijo el interlocutor.
Kai se confundió Edimburgo? qué haría él ahí con el jet de la empresa asociada? -De qué hablas?-
-No se ha enterado?- Un velo frío le recorrió. –No encienda la televisión.- Advirtió torpemente el hombre del otro lado de la línea.
Claro que mas bien era una invitación a hacerlo, en el canal internacional de noticias que acostumbra ver… escenas de un accidente aéreo. El logotipo en la cola del avión destrozado lo reconoció, y el nombre de la ciudad le dijo todo. –Voy para allá.- Tomó las llaves y salió corriendo. Estuvo a punto de chocar varias veces, enfocando su atención en el camino y no en los pensamientos que se arremolinaban en su cabeza. El helicóptero esperaba ya.
[Varkaus, Finlandia
-Hemos podido recuperar lo que calculamos son veintidós cuerpos. Rescatado siete con vida, hay aún dos heridos atrapados y restos mortales entre los hierros retorcidos. La lista de abordaje fue de treinta dos personas. Me han confirmado que entre los cuerpos está el de su hijo. Lo siento señor.-
Estaba llegando al hospital local después de dejar la sala de espera donde todos los familiares llegaban a informarse. Ahora estaba a punto de verla y esperar lo mejor. Pero desde el informe que le dieron, era obvio que no había que aferrarse mucho, la esperanza era algo que había desechado desde que era pequeño, y la fe… había perdido la fe en un ser superior mucho tiempo atrás. No le quedaba mas que enfrentar con firmeza este nuevo designio retorcido del destino. Lo llevaron al área de Cuidados Intensivos desde donde la vio por un cristal, tantas vendas, tantos tubos, tantos aparatos… solo sabía que era ella, por que se lo habían dicho.
Dos días, bueno, técnicamente treinta nueve horas… treinta y nueve agonizantes horas para ambos. Una muriendo y el otro… viéndola morir. Ni siquiera había podido hacer algún movimiento respecto al entierro de Gou, además había tenido que separarse del área siguiendo el consejo del doctor, no le hacía bien a nadie, ni él la salvaría, ni ella sabría que estuvo ahí.
Era jueves, cuatro cincuenta de la mañana. Y le llamaron por el altavoz, ya no se apresuró a llegar, le habían dicho que de un momento a otro pasaría. Al fin afuera de la habitación le dijeron –Lo dejaremos solo, es cuestión de minutos.- Y se quedó a solas con ella. Colocó su celular al lado de la cama, con esa canción que a ella le gustaba. Y se sentó, a esperar que se fuera de su vida.
(…)
Te diste cuenta que tenías que acelerar las cosas, pisar hospitales siempre fue algo que evitabas. Solo el consultorio al que acudías dos veces por mes antes de dejar Islandia. El penetrante olor de desinfectante y medicina, odiabas ese ambiente… en parte por eso lo decidiste no es así?
Te masajeaste un poco la cabeza intentando relajar la zona afectada, pero eso no era un dolor de cabeza que pudiera calmarse así, ojala bastara con imaginarlo para que fuera así… pero no.
-Ya puede pasar señor Hiwatari. Lo estaré esperando en mi oficina para la firma de los papeles.- Dzhumadylov te dijo después de estrechar tu mano fingiendo diplomacia y comprensión.
Regresaste al cuarto del viejo. El mismo detestable olor a medicamento y enfermedad. Corriste al baño y lo poco que habías comido después de dejar China abandonó tu cuerpo dejándote un terrible sabor en la boca. Te lavaste la cara y te mojaste el cabello que mantenías a ras de la cabeza, te miraste al espejo intentando reganar la firmeza y seguridad que demostraría plenamente tu desdén hacia el viejo.
Ese reflejo ya no era el mismo al que estabas acostumbrado a encontrarte cuando despertabas sabiendo que ella y Gou dormían en la misma casa que tú. Cuanto habías cambiado, las cuatro marcas de tu odio dejaste de mostrarlas cuando te consumió por completo, el largo cabello desapareció por tu mano… después de ese día.
[Hafnarfjörður, Islandia
Sintió que el cerrar de la puerta resonaba como un cañón en un salón, que cada crujir de la madera mientras caminaba eran como una bandada de pájaros yendo a la deriva, hasta lo más pequeño era demasiado. La casa estaba vacía.
Regresó de la ceremonia donde se levantó el mausoleo en memoria de los muertos. Apoyó económicamente la acción como gesto, aunque fingido, de apoyo a los familiares, después de todo muchos de los muertos fueron trabajadores suyos. Vio de nuevo a los padres de ella, quienes le odiaron por no permitir que se inscribieran los nombres de su hija y su nieto en la placa. A cambio, Kai les dio completa autoridad para que dispusieran de los restos de ambos. Muchos le cuestionaron la decisión.
Pero para que quería dos montones de tierra que lo ataran a un lugar?
No, le bastaba lo que había vivido.
Todo había sido como una pesadilla, en ese lapsus de cuatro días ya desde el accidente había hecho lo necesario para arreglar todo y que nadie le molestara. Entonces, cuando llegó a la casa después de esos cuatro días, la realidad al fin lo golpeó con la verdad. Entendió todo lo que había pasado, y de lo que ya no había vuelta de hoja.
Golpeó desesperado una pared de la cocina, hasta que sus puños sangraron y la madera crujió, aventó cosas por toda la casa, quiso romper todo recuerdo, pero no pudo. Se pasó sentado en el piso entre despojos por casi cuatro horas. Recordó a la chica que conoció en la ceremonia, se veía mejor a como la había encontrado completamente destrozada, llorando mares en la sala de espera de Svarthenzen.
Quizá el llanto ayudaba en esas ocasiones, que importaba si ayudaba o no. No pudo. Quiso llorar y dejar escapar su frustración de otro modo que no fuera esa violencia heredada. Pero ahogados quejidos se atoraron en su garganta. Nada, y eso… lo enfureció mas.
Sus manos temblaban de la ira, los nudillos sangraban por el impacto con la gruesa madera, y las palmas los imitaban por la fuerza con que las uñas se incrustaron al cerrar los puños.
Miró una tijera sobresalir de un cajón. Las puntas destellando débilmente, el acero que cortaría todo. Se levantó, las sujetó y fue al baño.
Abrió las llaves a todo lo que daban, hundió su cabeza hasta que el cabello se pegó por completo a su cara, y comenzó a cortar. Mirando en el espejo cada momento mientras se deshacía de cada mechón, al final la navaja de rasurar acabó el trabajo. Lo que quedó de su cabello fue una delgada capa que ocultaba las cicatrices de su accidente de niño… solo eso.
No olvidó, pero fue un modo de liberar parte de su desgracia… pero quedaba demasiada. Se dejó caer sobre la cama sin poder dormir miró el papel donde esa mujer, Vita, había escrito su número telefónico.
(…)
-Que drama- te dijiste apagando la luz del baño y hundiendo en la memoria ese reflejo tuyo.
-Te gustó la papilla?- te burlaste tomando asiento a su lado. –Por que los manjares que acostumbrabas pierden sus cualidades si se muelen para que quepan por esto, le señalaste el tubo de alimentación. Quién lo diría, Voltaire Hiwatari reducido a nada por él mismo.-
Notaste la molestia en su mirada.
-Quién te obligó a fumar habanos tan concentrados? quién te convenció que el mejor alcohol es aquel que se añeja por décadas en una barrica? quién te aseguró que una comida cara es una comida inofensiva?- hiciste una pausa mientras mirabas sus manos -quién te dijo que el odio y la rabia solo tienen consecuencias en quienes los descargas?-
Te tomaste el pulso, comenzabas a alterarte. Algo terminantemente prohibido. Decidiste cambiar de tema cuando Khan brincó sobre ti resoplándote en el oído al percibir el cambio de ánimo. Te percataste de la curiosidad en los ojos del hombre –Es lo que me queda de Gou. Tu descendiente que no conociste. aún te acuerdas cuando dijiste que querías verlo? Imagínalo, tantos años de conocerte y apenas supe que tenías sentido del humor. Le dije que estabas muerto, así como sus abuelos y el resto de parias que conformaron nuestra decadente familia. Niégame que no lo seamos.-
No funcionó, tu pulso seguía incrementándose, te alejaste a la ventana para controlarte otra vez. No te habías percatado del arreglo floral que la enfermera puso cerca de la ventana. Los tulipanes rojos, que curioso hallar flores como esas en lugares tan alejados, bueno, el dinero rompe casi cualquier clase de barrera. Otras pocas, las refuerza. Demonios, ahí estaba otro recurrente recuerdo, sería la ausencia del calmante el que te hacía recordar tan lúcidamente?
Por que esos tulipanes eran idénticos a los que llevaste al funeral del Señor Mizuhara, pronto a cumplir los dos años y medio.
[New York, Estados Unidos
Todo parecía una perfecta postal de los funerales que aparecían en las películas. El sol acercándose al poniente entre nubarrones hoscos que opacaban la incipiente luz, el viento soplando con fuerza arruinando los arreglos florales que rodeaban a los asistentes. Negro unos, y blanco otros. Algunos eran estadunidenses, otros japoneses, cada uno a su modo expresando su dolor y pagando respeto al hombre que fue querido por muchos.
Para buena o mala suerte de la esposa y el hijo, fue una muerte rápida y sin agonía, un atropellamiento fulminante mientras hacía un viaje a su lugar natal. Judy estaba inconsolable, había traicionado su normal imagen pública de mujer fuerte y firme, se había quebrado por completo, ahora solo se dejaba guiar por Emily, que la acompañaba junto con el resto de sus compañeros y otros colegas de Judy.
Entre Rei y Tyson consiguieron hacer que Max se separara del féretro, Hilary y Daichi le decían palabras consoladoras, pero él no las escuchaba. No había Max alegre, entusiasta y optimista en ese momento. Ya ni siquiera lloraba, solo tomaba la mano de la pequeña Linn a quien le había tomado increíble cariño.
Había viejos conocidos chinos, Rei y Mariah a la cabeza de todos. Lo demás eran amigos y familiares del occiso. Kai identificó las caras de todos sus viejos conocidos, y quiso estar a su lado para mostrar que también le dolía, el hombre en el ataúd fue una persona que le dio mucho y que fungió como sombra de un padre, o cuando menos su percepción así se lo había dicho.
El accidente del avión cumpliría cuatro meses en dos días, pero él tenía que estar ahí. Aunque nadie lo supiera, Kai sabía que debía estar ahí. El arranque de rabia que tuvo después de lo de Varkaus le ayudó a que nadie lo reconociera. Le consoló un poco el hecho que aceptaran su oferta de pagar el traslado del cuerpo y todo lo relacionado al entierro.
Oculto entre altas criptas contempló todo a la distancia, inseguro de que como reaccionaría cuando el cuerpo fuera enterrado se dio la vuelta. Y quedó cara a cara con Hiro Kinomiya.
-Kai- dijo nada sorprendido, pero su gesto decía lo contrario.
Kai lo evadió y siguió caminando evitando siquiera mirarle. Pero Hiro le tomó por el brazo, al fin le dijo de muy mala manera -Qué quieres?-
-Por qué no vas con ellos? Quieren saber de ti, quieren hablar contigo, supimos lo del accidente. Lo siento.-
Kai se sobresaltó un poco y cerró el puño –No. Ya no quiero ni saber, ni oír nada de ellos. Ellos tomaron una decisión, y yo tomé la mía. Déjame en paz.-
-Tarde o temprano te darás cuenta que estás cometiendo un terrible error.- Hiro ya no intentó detenerlo.
-Pues será entonces cuando los busque.- Kai finalizó y le dio una última mirada advirtiéndole que no dijera nada de su presencia ahí.
(…)
Mas de diez minutos tardaste en controlarte por completo, después de una serie de respiraciones profundas, regulaste tus latidos. Regresaste de nuevo al lado de Voltaire. Él te miraba de nuevo con ese gesto de súplica que tanto placer te daba, y arqueaste una ceja cuando viste un brillo inusual en ambos ojos. Lloraba… que cosa tan incómoda, y detestable.
-No creas que conseguirás mi piedad con tu patético despliegue. Aunque eres uno de los seres más despreciables que conozco, eres un buen maestro. Créelo, aprendí bien… y aún fueras capaz de suplicar con palabras. No cedería. Han pasado muchas cosas viejo, te has perdido de un mundo que continúa girando… qué se siente ser un mudo espectador? Impotencia no?-
Te levantaste de nuevo de la silla y te pusiste justo al frente del viejo -Has sabido que comienzo a descuartizar la monstruosidad que llamas tu legado? Que curioso no? Lo que nombrabas tus dos mejores creaciones, una destruida por la otra. Tu orgullo era ese corporativo que costó infinidad de mentiras y traiciones, y lo he desmembrado. Yo, que me consideraste también una de tus creaciones, con quien creíste que podías jugar y ordenar. Qué sorpresa, el producto se comió a su creador… y tiene aún una sorpresa preparada para él.-
Demonios, que satisfactorio te fue ver toda la gama de sentimientos que sus ojos te dijeron. Pero también sentiste algo, algo que Vita exageró pero entendías… y no pudiste nombrar de otro modo mas que: miedo. Si, si, una idea demasiado irracional, pero desde cuando te alegraba el dolor ajeno? Cuándo te convertiste en ese ser sádico que eras en ese momento?
Desde que tus padres decidieron que lo mejor era que permanecieras con el viejo. Su matrimonio había sido un fracaso, eran felices hasta que el viejo entró a su pequeño mundo. Le exigió lealtad a tu padre, y él renunció por ir en busca de sus sueños y ambiciones; tu madre no estaba dispuesta a quedarse sola y menos con ese viejo tan despreciable, e hicieron lo que creyeron era lo más sabio. Le cedieron tu tutoría.
No niegues que los maldijiste cuando lo supiste, pero después de haber conocido esa extraña experiencia que se llama paternidad, los entendiste un poco. Creyeron que hacían lo mejor, sin el apoyo financiero de Voltaire, tu padre no era nada, tu madre aún menos. Él te iba a proporcionar todo, y tendrías la seguridad financiera para llegar a la cima del mundo… la conquistaste, pero tenías un vacío que nada pudo llenar.
Fue astuto el viejecillo en asegurarse que fuera la única influencia en tu vida, les pagó por desaparecer completamente, una compensación económica y la promesa de no intervenir nunca mas en sus vidas. No se les puede culpar de haber aceptado.
-Nunca te gustaron las adivinanzas… o al menos, eso me gritaste infinidad de veces. Como sea, cuál es el dolor más grande?-
Hiciste un silencio para contemplar todas sus reacciones, hasta pareció que fruncía el seño.
-Que te arranquen tu última esperanza. Que te des cuenta que aquello último que considerabas seguro… desaparezca ante tus ojos. Ni siquiera una pérdida puede compararse con ello, aunque muchas veces van de la mano. Y adivina que, por eso es que estoy aquí.-
El monitor del corazón comenzó a mostrar ondas más erráticas, y un bipeo inundó el cuarto, adivinaste que la alarma sonaría de nuevo. –No esta vez- apagaste la máquina ante el terror del viejo –No te emociones, no estás tan débil como para morir por esto, además necesito que escuches lo último que tengo que decirte.-
Te erguiste por completo mientras tu mirada penetraba aún más en la del viejo, quien comenzaba a sudar, mas como reacción de nerviosismo por tus palabras que por la evidente agitación en su corazón.
-Consideraste que ya me era normal firmar órdenes de muerte? No resucitación o eutanasia van a dar a lo mismo, autorizo la muerte. Ella y Meiko, no hacen que deje de ser algo desagradable. Por qué decidiste que yo firmara la autorización? Cualquiera de tus lacayos lo hubiera hecho muy feliz, yo mismo lo hubiera hecho sin dudar hace mas de diez años. Pero las cosas ya no son como en ese momento, antes te quería ver muerto…-
Haces una pausa, conteniendo las imágenes que se forman con tus palabras. Tenías diez años… y querías ver a tu abuelo muerto. Mientras había quienes querían alejarse de sus padres por que decían que no los entendían… tú querías verlo muerto para sacarlo de tu vida, por qué fue que elegiste ese camino de perfección y poder? Si no para convertirte en alguien más fuerte que él y poder expulsarlo de tu existencia con tus propias manos. Nunca fuiste una persona normal… bueno, que alguien defina normal primero.
-Creo que he llegado a la conclusión, que no hay peor castigo que querer morir y no poder hacerlo. No por una tontería como esos débiles mentales que ante cualquier obstáculo que no pueden superar deciden terminar su vida. No… yo hablo de cuando te has hartado de vivir, de cuando el descanso final se ve la única solución para una situación que no se ha de remediar. No te recuperarás… con el cuidado adecuado vivirás mucho tiempo. No era lo que querías?-
[Moscú, Rusia
Estaba cansado, como si no fuera suficiente el extendido horario de escuela, había que acudir a ese instituto para clases de idiomas, y regresar a casa a asistir a la junta semanal… era noche y ya iba con el tiempo encima. Solo quería llegar y tirarse a la cama a descansar de todo, pero no. 'Mi heredero no va a estar holgazaneando como cualquier perdedor. Aún seas una persona tan torpe, necesito que estés listo para cuando me sustituyas, a menos claro, que me arrepienta y te eche de aquí.'
Le había negado el uso del carro, decía que él debía pagar su propio chofer, y era muy joven como para tener licencia de conducir. El transporte público no llegaba hasta esa exclusiva zona de Moscú. Y la tormenta evidentemente tampoco estaba de su lado.
Se alegró de llegar al fin a la mansión, pero un inseguro sentimiento surgió cuando vio partir los lujosos carros de los socios. La junta había acabado, y aunque no quería estar en ella, no era ningún buen augurio.
-Llegas muy tarde- fue la bienvenida de Voltaire.
Kai solo miró a otro lado sabiendo que cualquier explicación que tratara de dar sería insuficiente, y no sería escuchada. Lo más cuerdo era ofrecer una disculpa –Lo siento.-
-Si tu padre no hubiera tenido sueños tan estúpidos, no me serías tan necesario. Que terrible. No sería bueno que nunca muriera? Así no requería de incompetentes como tú para que ocuparan mi lugar, yo viviría por siempre… les sobreviviría a todos.-
(…)
-Felicidades, tu deseo será cumplido. No morirás, vivirás sabiendo que nadie hará nada por detener tu impulso vital, ese dinero por el que te desviviste, será la razón por la que seguirás vivo. Sabes que mientras haya quien pague, tendrás todas las atenciones… y yo me encargaré que nunca falte ese dinero.-
Levantaste una mano despidiéndote. -Я оставлю но, Вас здесь. Que sorpresa no? Si es que existe un infierno… creo que ya estoy lo suficientemente condenado, y supongo que será cualquier cosa, después de haber vivido tanto tiempo contigo. Прощайте..- encendiste de nuevo la alarma, los latidos estaban ya en un límite de riesgo, y no querías arruinar tu declaración de justicia, el viejo no moriría ahí. No en ese momento. Te hiciste a un lado para que las enfermeras y los doctores entraran a atenderlo, Dzhumadylov te vio saliendo del cuarto y corrió a alcanzarte.
-Señor Hiwatari, se va? Pensé que venía por… bueno, usted sabe.-
-No, sigan atendiéndole, el pago seguirá puntual, solo quiero que le busquen un cuarto con mejor vista.- Que magnánimo fuiste… tú mismo pensaste con sarcasmo ante ese comentario.
En vez de dejar el hospital fuiste al jardín que estaba en la parte superior. No sería tonto decir que era lo más agradable del lugar. Era grande y como la mayoría de los pacientes ahí eran enfermos que no podían ni separarse de sus cuartos, estaba vacío. Te echaste debajo de un árbol con el viento cálido soplándote en el oído. Que paz, te habías liberado de ese gusanillo que había venido carcomiendo tu calma desde que Vita se separó, lo habías hecho, era un acto de maldad pura y venganza, pero no podías dejarlo así.
Era una confusión de liberación y aprehensión, habías condenado a una vida de miseria a tu último pariente vivo, y a la vez habías cumplido uno de tus sueños más grandes. Fue como cuando el viejo te abandonó allá en Japón, habías querido librarte de su yugo por muchos años, lo habías conseguido… pero también te había dictado una vida de incertidumbre al negarte cualquier clase de apoyo.
Cerraste los ojos pensando en las dos ocasiones donde la sensación de abandono y pérdida había sido calmada por dos personas, una en cada ocasión, y que habían sido tu ancla en esas tormentas.
[Moscú, Rusia
No le había dicho a nadie mas, solo a él. Y ese 'él' había sido capaz de reunir todos sus raquíticos ahorros para ayudarle a salir de ahí, le pagó el boleto de Japón a Moscú, una suma estratosférica considerando la situación económica de ambos. Pero se lo había dicho, y lo había cumplido.
Kai llegó a pie al edificio donde se localizaba su departamento, era una zona deprimente, repleta de grafitis y basura, la calle estaba descuidada y nadie estaba ya afuera, no por el clima, si no por la inseguridad. Subió hasta el cuarto piso, buscó el número cuarenta y ocho, llamó solo una ocasión.
La puerta no tardó en abrirse, los ojos azules de Tala no mostraban preocupación, ni lástima, ni alegría, solo reconocimiento. -Привет брад.-
Kai sonrió por las palabras, 'hermano' nunca había podido devolverle la misma familiaridad a Tala, y respondió con lo mejor que tuvo -Здравствуй товарищ- 'camarada' en la mentalidad rusa hija del comunismo que ambos compartían, esa palabra podía ser todo. Entró al pequeño departamento. Y dejó su mochila.
Se miraron por un momento, sin intercambiar una sola palabra, Tala depositó las cosas de Kai en la única habitación. Cuando regresó a la sala-comedor-estancia-cocina, vio a Kai sentado en la terraza comunal del piso mirando el panorama, salió y se sentó detrás de él, Kai recargó su espalda en la de Tala mientras cerraba los ojos. -Я хочу отдыхaт…-
Tala asintió dándole la razón, lo que Kai necesitaba era un descanso. -Вы опаздываете-
[Hafnarfjörður, Islandia
-Stupid… cука… en qué estás pensando?- Kai lanzó el teléfono, la sra. Idvörj había decidido dejarlo solo, tenía apenas tres días que había regresado de Varkaus, hizo destrozos a lo largo de la casa, ella y su esposo habían tratado de hablar con él, pero había sido prácticamente imposible, él se había encerrado en su cuarto sin devolverle ninguna de las palabras que ella le decía tratando de calmarlo, ni siquiera había tomado algo de la comida que ella entusiastamente le dejaba afuera. Estaba preocupada pero no había nada que pudiera hacer.
Kai ya se había estancado en la etapa de negación, intelectualmente sabía y comprendía lo sucedido, pero algo dentro de él se negaba a aceptarlo. Necesitaba algo para escapar de ahí, no para olvidar sino para dejar de pensar en ello, y por eso estaba de aún peor humor, había estado insistiendo al teléfono que la mujer le dio en Varkaus después de la ceremonia, sin éxito.
Durante ella, Kai estuvo en el trance donde no asimilaba la muerte de ambos, se había dicho que no se quebraría… al menos no hasta que solucionara todos los asuntos con respecto al pago de indemnizaciones y seguros, después… pasaría. Ahí se topó con ella, quien comenzó a hablarle tan esporádicamente e indiferente al dolor alrededor, justo como él. Que no quería formar parte de esa orquesta de gemidos y llantos. No podía, y aún pudiera, no quería.
Gunhild y su esposo se habían ido, cansados de tratar. Cuando supo que ya no estaban, Kai salió del cuarto seguro que estaba solo. Se echó en el piso de la terraza sin intentar cubrirse del frío. Llamaron a la puerta. No acudió. Insistieron. Ignoró el llamado. Cerca de media hora, los toquidos a la puerta se sucedieron en intervalos cada vez más espaciados. Hasta que cesaron y Kai se olvidó. Bajó a la sala y Khan apareció frente a él, Kai tomó lo primero que encontró y se lo lanzó gritándole cuanta maldición llegó a su cabeza. El llamado a la puerta reinició, estaba casi histérico y abrió con fuerza sin decir ya nada.
Un par de ojos negros le saludaron y ella sonrió nerviosamente mientras agitaba una mano –Hice unas preguntas y unas llamadas, me dieron la dirección… si no es momento. No llamaste… y yo…-
-Vita…- al instante la vio como la ruta de escape a su decadente camino, ella ya lo había visualizado igual, por ello emprendió ese peregrinar de Finlandia a Islandia. Después de posponer un poco el desahogo físico de su desconsuelo con Kai diciendo 'No aquí'… comenzaron su loca jornada en las tropicales tierras sudamericanas.
(…)
Te quedaste dormido, Khan te despertó exigiendo su comida, te levantaste mientras flexionabas los músculos, tenías por delante un largo viaje hasta Minsk, pero querías llegar cuanto antes, te hacía falta ver una cara conocida. Descendiste los seis pisos por las escaleras, en la planta principal dejaste un sobre cerrado para el dr. Dzhumadilov. La enfermera no dejaba de verte, era la misma que sacaste del cuarto del viejo. Que molestia.
Pasaste por la sala de espera, indiferente a todo y con la atención fija en las puertas, pero algo llamó tu atención, un par de cabezas pelirrojas, una rojo encendido y la otra que mas bien parecía negro, volteaste y te quedaste pasmado.
Ella brincó de su asiento y corrió a tu encuentro dándote un abrazo –Lo siento… exageré, pero no puedes culparme. No lo entiendo, pero lo respeto.-
-Vita… cómo?- fue una sorpresa tan grata que te quitó las palabras.
-Estarás contento, me sacó de mi casa y me arrastró hasta aquí.- Tala espetó.
Soltaste a Vita y levantaste un poco la mano - Здравствуй товарищ.-
Tala imitó tu gesto - Привет брад.-
Preview cap. 10
Ganas, pierdes, das, recibes, así como puede ser un buen día, puede ser uno malo. No hay nada absoluto, aprendes de lo que vives, pero sin importar que se presente, siempre tienes la decisión de detenerte o continuar. Y si lo requieres, tendrás un lugar para hacer esa pausa, solo tienes que decirlo.
Tala, el que entiende la vida a tu modo x Receso x Ya lo has decidido?
Y? jeje... no tengo argumentos para defender lo que escribí, pero creo que quería darle una verdadera venganza.
