Llevaban alrededor de una hora en el campo de fútbol, la joven de cabellos negro violáceos se había dado por vencida desde hacia muchísimo rato atrás de aquel reto impuesto por el joven peliazul, así que ahora solo se dedicaba a darle ánimos a su mejor amiga, quien seguía necia en querer quitarle el balón al chico y anotar un gol a su favor, lo cual era uno de los requisitos para ganar aquel extraño desafío.

- ¡Animo Sakura aun puedes anotar! – le gritaba animadamente la joven amatista desde las afueras de la cancha, donde había tomado asiento pues ya se había cansado de permanecer de pie, y es que pesar de que la castaña iba perdiendo treinta a cero, esta no desistía en su intento de conseguir aquel balón.

- Vamos Sakura¿eso es todo lo que puedes hacer? – decía divertidamente el chico, al pasar por centésima vez el balón entre las piernas de la castaña, evadiéndola y dirigiéndose hasta la portería para anotar otro gol mas.

- Agh.. n-no... no te dejare anotar... – por alguna razón misteriosa, que la ojiverde aun no podía comprender, sentía el enorme deseo de quitarle de una buena vez por todas ese condenado balón, así que sin pensarlo dos veces se dirigió a toda velocidad hasta donde el chico se encontraba, dándole prontamente alcance, muy a pesar de que esta ya se encontraba bastante cansada después de haber corrido por tanto tiempo, sin tomar un solo descanso, cosa que a su contrincante no parecía afectarle lo mas mínimo, puesto que él se encontraba tan fresco como cuando empezó el desafió.

- ¡Ya casi lo tienes, sigue así! – al ver la marcada determinación en el rostro de su amiga, la amatista no podía mas que gritar mas fuerte para brindarle todo el apoyo moral que podía.

- ¿Qué pasa¿tan rápido te cansaste? – Eriol nunca actuaba de esa manera tan chocante con ella, quien generalmente era el objeto de sus bromas era Syaoran, pero si se ponía a analizar detenidamente su comportamiento, comenzaba a entender por que ese par siempre estaban en medio de una cerrada contienda de mordaz sarcasmo.

- Nunca... – murmuro apretando fuertemente los dientes asimismo que los puños – ¡nunca me daré por vencida! – de una manera casi sobrehumana aumento la velocidad de sus piernas, hasta quedar justo a un lado del chico y finalmente frente a él, los dos forcejearon fieramente por un rato, hasta que increíblemente la chica consiguió quitarle el balón de los pies al muchacho.

Sin detenerse a recapacitarlo, esta se giro a toda prisa al ya estar muy cerca de la portería, y como auto reflejo le dio una fuerte patada al balón, el cual fue a dar justo al fondo de la red de la portería.

- L-lo... lo logre... – estática, se quedo mirando unos segundos mas el ahora inmóvil balón, no podía creerlo, al fin le había ganado a Eriol, y lo mas increíble, lo había hecho por su propia determinación, lo que le hacia sentir una singular sensación de felicidad que jamás antes había experimentado, por lo que no pudo esperar a celebrar su victoria – ¡¡LO LOGRE¡¡LO LOGRE!! – grito eufóricamente con todas sus fuerzas – ja, ja¡al fin derrote a Eriol!

- ¡Felicidades amiga! – decía animadamente la amatista, que se acercaba a toda prisa hasta donde la castaña se encontraba dando de saltitos.

- ¡Tomoyo lo logre...! – abrazo fuertemente a su amiga, sin poder esconder la enorme alegría que le causaba decirlo.

- Bien hecho Sakura... – su festejo se vio interrumpido, al escuchar la alegre voz del peliazul, quien luego de haber ido a recoger el balón, se acercaba tranquilamente a donde ellas estaban festejando, pues la amatista no tardo en unírsele – te felicito, eres una digna contrincante.

- Gracias Eriol... – le sonrió igual de alegre, sin poder apartar de su rostro esa marcada sonrisa de oreja a oreja, puesto que jamás se había sentido tan emocionada al conseguir un triunfo.

Si bien, técnicamente había perdido treinta a uno, lo cierto era que ella se concebía como una campeona, ahora que sabía el significado de ganar a cualquier costo y experimentar la sensación de lograrlo por su propio interés en ganar, fue entonces cuando una duda se planto en su cabeza¿si eso se sentía al ganarle a una sola persona, que se sentiría el ganarle a un equipo completo?, esa idea le hizo dibujársele una singular sonrisa en el rostro, al querer averiguarlo por sus propios medios.

Capitulo 3

Toma de Decisiones

Desde aquel momento esa inquietud no se aparto de ella un solo momento, se había sentido tan bien al conseguir aquello por voluntad propia, que ahora todos los trofeos y medallas sobre la repisa de su cama, no eran mas que efímeras banalidades que había conseguido para ver realizadas las ilusiones de triunfo de su madre.

Pero¿qué debía hacer?, no podía darse el lujo de aprender a jugar fútbol, cuando su entrenamiento con el equipo de gimnasia era esclavizante, lo que resultaba ser una mayor presión al ser la capitana, quien debía dar el ejemplo a todo el equipo y si a eso se aunaban sus deberes escolares, le resultaba prácticamente imposible tener un poco de tiempo libre para ella.

Suspiro resignada, de nada le servia seguir planteándose esa posibilidad, después de todo, no había manera de safarse de las obligaciones que tenia para con el equipo de gimnasia, claro, a menos que renunciara a este, lo cual era inadmisible a los ojos de quienes tenían toda su confianza depositada en ella.

Y así se le fue la tarde, sin darse cuenta el reloj ya marcaba las siete treinta de la noche, muy pronto se serviría la cena y tenía que reanimarse un poco para presentarle una buena cara a su padre, quien después de dos larguísimas semanas, por fin regresaba de su viaje.

Además de que ya tendría bastante tiempo al día siguiente para desahogar todas sus penas con su mejor amigo, al tener planeado pasar la mayor parte del fin de semana con él.

- Vamos Sakura, ni que el mundo se fuera a acabar... – se decía a si misma al verse al espejo, tratando de cambiar su estado de animo para poder bajar a cenar – solo es un estúpido deporte del que ni siquiera sabes las reglas...

- ¿Sakura estas bien...? – la joven se sobresalto considerablemente al escuchar esa voz a sus espaldas, estaba tan ensimismada que no se dio cuenta en que momento su madre había entrado en la habitación.

- ¡Hoe...! – se giro rápidamente hasta donde se encontraba su madre, tratando de serenarse en el trayecto para mostrarse lo mas naturalmente que pudo ante ella – s-si... no te preocupes, estoy bien mamá... – se apresuro a decir.

- ¿Segura? – la mujer le miro no muy convencida – porque te escuche hablando sola...

- Es solo... – «"piensa Sakura, piensa"» – es solo que voy a audicionar para la obra de la escuela y estaba ensayando mis líneas jejeje...

- Entiendo... – le sonrió suavemente, sin sospechar su verdadero estado de ánimo – solo vine a avisarte que la cena ya esta servida.

- Gracias, en seguida bajare... – ella también le sonrió, la única diferencia entre las dos era que su sonrisa era fingida, no quiso preocuparla, así que mantuvo su falsa sonrisa hasta que la de cabellos grisáceos por fin se marcho, dando un hondo suspiro de alivio cuando su madre cerro la puerta tras de si – definitivo... – sonrió amargamente – nunca podré decirle la verdad...

Derrotada, bajo a cenar, manteniendo presente en todo momento su fingido entusiasmo al contarle a su padre sobre su triunfo en el campeonato nacional de gimnasia y mostrándose mas sincera al escuchar todos los relatos que su padre le narraba sobre su viaje, su madre también escuchaba felizmente a su marido, aportando una que otra anécdota ocurrida durante su ausencia.

Definitivamente sus padres eran una de las parejas mas felices que ella conocía, de vez en cuando fantaseaba y se decía a si misma que si algún día llegaba a casarse, sin dudarlo quería que su matrimonio fuese tan feliz como el de sus padres.

Le causo mucha gracia pensar en el matrimonio, ya que un vago recuerdo de cuando ella y Syaoran eran pequeños le llego a la mente, en dicho recuerdo se planteaba una promesa que los dos habían hecho, la cual ahora que lo veía bien era bastante tonta, pero que se podía esperar de una chiquilla de a penas cinco años de edad.

Y es que aun se acordaba con claridad como prácticamente obligo a Syaoran para que aceptara, pues la promesa consistía en que cuando los dos fueran adultos, este se casaría con ella y los dos vivirían en un hermoso palacio de cristal, con bastos jardines llenos de rosas blancas y bellos unicornios que los llevarían a pasear, obviamente en ese entonces su imaginación solía ser muy prolifera y fácilmente se obsesionaba con alguno de los cuentos de hadas que su madre le leía antes de dormir, cuando ocurrió aquello, el cuento en cuestión era la bella durmiente, así que aparte del palacio, ella quería tener tres hadas madrinas y vivir con el príncipe azul el resto de su vida.

Sin darse cuenta se rió abiertamente ante ello, no le importaba, al estar ya a solas en la intimidad de su habitación, la cena se había terminado desde hacía una hora aproximadamente y ahora ella se preparaba para meterse a la cama.

Que vueltas daba la vida, quien iba a decirle a ella que Syaoran se convertiría prácticamente en su hermano, ahora le era imposible imaginárselo como algo mas que eso, y no es que Syaoran no le resultase atractivo, porque hasta ella, que era su mejor amiga, reconocía sus atributos físico.

- "Definitivamente Syaoran tiene un cuerpo envidiable" – pensaba al comenzar a imaginárselo frente a su espejo mientras cepillaba con sumo cuidado sus sedosos cabellos castaños – "todos esos años practicando fútbol definitivamente han rendido frutos" – dejo llevar sus pensamientos un poca mas allá de lo permitido, el que fuera su amiga, tampoco significaba que estuviera ciega para no darse cuenta – "además posee una de las miradas mas enigmáticas que jamás haya visto..." – sonrió espontáneamente ante su pensamiento – "en todo el tiempo que llevo de conocerlo ni una sola vez eh podido descifrar lo que pasa por su cabeza¿cómo es posible que él si sepa lo que yo pienso?" – inconscientemente había dejado el cepillo a un lado, apoyado un codo sobre el peinador, sosteniendo su rostro con su mano, para mirar pensativamente hacia el frente, donde podía ver claramente el rostro de su mejor amigo proyectado en el vidrio del espejo – "y es que parece que todo en él es perfecto, hasta su rebelde cabellera que le da ese toque desenfadado a su persona, ya perdí la cuenta de las veces que eh intentado ponerla bajo control, pero simplemente no se deja..." – sonrió levemente – "no me queda la menor duda de que cualquier chica se sentiria afortunada de tener un novio como él, es inteligente, divertido y sobre todo muy lindo" – dejo escapar un hondo suspiro – "me pregunto ¿cómo sería tener a Syaoran como novio? " – y fue en este punto que comprendió que sus fantasías se estaban saliendo de control, sonrojándose de sobremanera al idealizar a su mejor amigo, su camarada, su hermano de alma, como alguien distinto, ni siquiera a Yue se lo había imaginado tan a detalle como a él.

Sip, definitivamente pasar tanto tiempo con Tomoyo estaba desquiciando sus neuronas, de seguro la platica que había tenido con ella por la mañana le había afectado un poco, decidiendo que lo mas sano para su salud mental era apartar esos alucinantes pensamientos lo mas pronto posible de su cabeza.

Duró alrededor de una hora mas despierta, antes de que el sueño le ganara la batalla y sus locas ideas la dejaran finalmente en paz, la noche transcurrió en relativa calma, ya pasaba de las nueve de la mañana cuando la castaña se despertó, como era sábado podía levantarse mas tarde que de costumbre, así que luego de asearse y cambiarse la pijama por ropa casual, bajo al comedor para desayunar.

Terminando el desayuno, se dirigió nuevamente a su habitación, alisto algunos libros y cuadernos en su mochila y finalmente bajo de nueva cuenta las escaleras con mochila al hombro, hasta la puerta principal, de ahí se dirigió hacia la casa de enfrente, que era su destino final, pues tal como lo prometió, pasaría el resto del día con su mejor amigo.

Al estar frente a la puerta principal, la chica pulso en dos ocasiones el timbre, y después de unos segundos una figura conocida apareció frente a ella para recibirle.

- Buenos días Sakura... – le saludo alegremente una hermosa mujer de negros cabellos al abrir la puerta.

- Buenos días señora Yelan... – correspondió el saludo de la madre de su mejor amigo con una pequeña sonrisa en los labios.

- Pasa por favor, Syaoran te esta esperando en su habitación... – la castaña obedeció y entro en la casa, la cual era bastante espaciosa, o al menos lo era mucho mas que la suya, el padre de Syaoran había sido un exitoso arquitecto, dueño de una de las mas importantes constructoras de todo el país, al morir su esposo Yelan se había convertido automáticamente en la presidenta de la Corporación Li, cargo que requería la mayor parte de su tiempo, sin embargo la pelinegra no había querido que un extraño se hiciera cargo de atender las necesidades de Syaoran, por lo que se había tomado un par de días libres para atender personalmente a su hijo, lo cual haría hasta que este mas o menos pudiese valerse por si mismo.

Sakura se sabía de memoria aquella casa, puesto que desde muy pequeña solía visitarla, la habitación de Syaoran quedaba en el segundo piso, igual que la suya, realmente las dos se comunicaban de alguna manera, al quedar frente a frente.

Al llegar a la habitación esta llamo en tres ocasiones continuas a la puerta de color blanco, al instante escucho la voz de su mejor amigo diciéndole que podía pasar, lo cual hizo sin hacerse esperar.

- Buenos días... – la chica le mostró la mejor de sus sonrisas para saludarlo, el chico se encontraba medianamente recostado sobre su cama, con su pierna enyesada sobre un cojín, leyendo uno de los tantos libros de los que era poseedor, el muchacho prácticamente tenia una biblioteca para si solo dentro de su recamara, y es que si había una cosa que el castaño amara mas que el fútbol, eso eran sin lugar a dudas los libros, por lo que la ojiverde no batallaba mucho para encontrarle el obsequio perfecto cada cumpleaños o navidad, al saber de antemano que con regalarle un buen libro el chico seria feliz.

- Ah, buenos días Sakura... – dejo su lectura de lado para prestarle toda su atención a su mejor amiga.

- Tal como lo prometí, aquí estoy para ponerte al corriente... – le decía mientras tomaba asiento en una silla junto a la cama del chico – ¿te parece si ya empezamos?

- Seguro¿me pasas mis cosas por favor...? – le dijo mientras se enderezaba un poco mas en la cama, hasta quedar completamente sentado

- Claro... – le sonrió amablemente, antes de disponerse a hacer lo que este le pidió.

- Los cuadernos están sobre el escrito – le indicaba al mismo tiempo que acercaba la pequeña mesa corrediza que se encontraba un lado de su cama, misma en la que le servían la comida, al ser todo un suplicio para él, tener que bajar y subir las escaleras en las condiciones en las que se encontraba actualmente.

- Ok, aquí están... – puso los cuadernos sobre la mesita antes de volver a tomar asiento en la silla, para posteriormente sacar ella también las respectivas cosas de su mochila.

Después de alguna que otra indicación de la castaña, ambos comenzaron su labor, el chico ahora pasaba los apuntes del cuaderno de su amiga, mientras esta hacia lo propio y adelantaba algo de su tarea, aunque si bien sus ideas se encontraban muy lejos de concentrarse en ese ensayo de literatura que elaboraba, en realidad no supo en que momento su mirada se desvió para instalarse vagamente en el rostro del chico.

Entonces todas aquellos pensamientos que había tenido sobre él volvieron a su cabeza, inconscientemente se quedo mirándole detenidamente, pensando en ¿qué pasaría si esa promesa entre los dos se volviera realidad, y su relación fuese algo mas que la de amigos?, dejo divagar libremente sus cuestionamientos cuando empezó a plantearse seriamente las palabras que Tomoyo le había repetido desde siempre, sobre que los dos estaban predestinados a estar juntos.

- ¿Sucede algo malo? – preguntó el joven, apartando momentáneamente su atención del cuaderno, desde hacía un rato que había notado como esta se le había quedado mirando fijamente.

- Hoe... – no reacciono a tiempo, pues aun se encontraba algo ensimismada.

- ¿Te sientes bien? – aunque desconcertado por su comportamiento, le sonrió, ya que ella no solía distraerse de esa manera, o al menos no lo hacia sin tener a Yue Tsukishiro enfrente.

- Perdón... – ahora si salió completamente de su ensoñación – ¿Syaoran qué me decías?

- Te pregunte ¿que si te sientes bien? – le repitió calmadamente – desde hace un rato que me estas mirando fijamente y para serte sincero eso hace que me desconcentre...

- L-lo... lo lamento... – dijo totalmente apenada – deje volar mi imaginación un poco, eso es todo... – bajo la mirada algo sonrojada, el chico se sintió mas aturdido que antes con su actitud¿de cuando acá ella se avergonzaba de esa manera frente a él?

- ¿Puedo saber en que pensabas? – le miro inquisitivo, le daba cierta curiosidad el saber que era lo que había puesto a la joven así.

- Fue una tontería... – quiso restarle importancia, al ser algo humillante para ella hablar de eso, mas él no se iba a dar tan fácilmente por vencido.

- Vamos Sakura, te prometo que no me reiré por muy tonto que sea... – alzo una mano en señal de juramento.

- En serio Syaoran, no es nada... – intento volver a su ensayo pero el muchacho no la dejo evadirlo, por lo que se jugo su ultimo recurso para obligarla a confesar.

- Sakura... – el joven le miro fijamente a los ojos, la castaña odiaba cuando le mirara así, a veces podía sentir como si este la traspasara el alma con su simple mirada, y es que por lo general era así como este lograba hacerla hablar aunque ella se negara tajantemente a hacerlo.

- Syaoran por favor, no me obligues a decirte, es algo muy bochornoso... – repitió a manera de suplica, tratando de convencerlo, aunque estaba noventa y nueve por ciento segura de que no lo lograría, aun así quiso afianzarse al uno por ciento de las probabilidades.

- Esta bien, si no quieres decírmelo no lo hagas... – el joven se escucho hasta cierto punto resentido, por lo que decidió ignorarla y seguir con sus apuntes.

- Tampoco quiero que te enojes conmigo por no decírtelo... – lo conocía demasiado bien para percatarse de la molestia reflejada en sus palabras.

- Yo no estoy enojado... – oh, si que lo estaba, no se necesitaba ser un adivino para darse cuenta de ello y eso solo auguraba otra mas de las infantiles discusiones que solían tener por cosas que a los ojos de la castaña no tenían importancia.

- ¿Por que tienes que ser así...? – replico la joven, con mediano tono de reproche hacia a su amigo, al sentirse de alguna manera presionada por él.

- Así ¿cómo? – contestó con aparente indiferencia, lo que saco automáticamente de quicio a la castaña.

- Sabes que, olvídalo... – se volvió bruscamente a su ensayo, dejando al chico notoriamente sorprendido, por primera vez es sus diecisiete años de conocerla, no podía descifrar su comportamiento.

- ¡¿Qué lo olvide?, si ni siquiera me has dicho nada...! – replico él alzando un poco la voz.

- ¡¿Y que quieres que te diga...?! – la muchacha de orbes esmeralda no pudo evitar ponerse a la defensiva, ya que sin saberlo, el castaño era el causante directo de su actual actitud para con él, lo que evidentemente no podía decirle, ya que si lo hacia, obligadamente también tenia que contarle sobre su fantasía de anoche y dar muchas explicaciones de las que sinceramente ella aun no tenia las respuestas.

- ¡No lo sé...! – le dijo completamente exasperado, revolviendo con ansiedad sus ya de por si rebeldes cabellos – ¡tu eres la que sabes...!

- ¡Kya...! – estallo en su propia frustración de no poder decirle la verdad, así que inmediatamente tomó aire para posteriormente dar un hondísimo suspiro de resignación – esta bien te lo diré... – le dijo mas serena, sin saber con exactitud que era lo que le iba a decir

- Te escucho... – él también trato de serenarse, ya que le resultaba ciertamente cansado el tener esa clase de discusiones con su amiga.

- Estaba pensando en nosotros... – soltó de repente sin pensarlo, lo que inconscientemente hizo que desviara apenadamente la mirada.

- ¿Nosotros? – cuestionó dudosamente el ambarino ante semejante declaración.

- Quiero decir en nuestra amistad... – sin quererlo, el joven le dio unos segundos para pensar mejor en lo que le había dicho, replanteando rápidamente su respuesta, que ya no resultaba tan sospechosa como la anterior.

- ¿Y...? – el joven solo alzo inquisitivamente una ceja en señal de no entender – yo no le veo lo "bochornoso" a eso

- Agh... todo es culpa de Tomoyo... – murmuro bajamente, no obstante el chico la alcanzo a escuchar claramente.

- Ahora si que no entiendo nada¿explícame qué tiene que ver Tomoyo en todo esto? – el chico se cruzo de brazos, mirándole mas intensamente que antes, demandando con ello una explicación coherente.

- Nada y todo a la vez, pues es que ayer empezó a decirme ciertas cosas sobre una posible relación entre Eriol y yo, cuando le dije que me había pedido que nos viéramos después de clases...

- Momento¿Eriol te pidió que salieras con él...? – la castaña no pareció percatarse del ligero aire de molestia que el chico utilizo para referirse al peliazul, por lo que continuo con su confusa explicación sin prestarle atención, tratando de omitir a toda costa el verdadero motivo de su actitud hacia el castaño.

- No exactamente, pues al final resulto que no era una cita...

- ¡Sakura me estas volviendo loco!, podrías hablarme en español y decirme que es lo que esta sucediendo...

- De acuerdo... de acuerdo, no empieces a sulfurarte... – antes de comenzar la chica retuvo todo el aire que pudo en sus pulmones antes de exhalarlo en un sonoro resoplido – todo comenzó luego de mi visita de anteayer – comenzó con su explicación – después de que me fui a casa comencé a examinar el balón que me pediste que te guardara, tu sabes, solo por curiosidad... – y así la joven le relato calmadamente todo lo sucedido, desde el momentáneo extravió de su balón, el encuentro con Kero, el pequeño cachorro que la asusto y que luego descubrió pertenecía a Eriol, la invitación de él para verse al día siguiente, las ideas de Tomoyo referente a su posible relación, su encuentro en el campo de fútbol después de clases y finalmente el extraño desafió que este le había impuesto – y eso fue todo...

- ¿Me estas queriendo decir que jugaste un mano a mano contra Eriol y ganaste...? – el chico castaño le veía totalmente incrédulo.

- ¿Un mano a mano? – se mostró un poco confundida por la terminología empleada por el chico, a pesar de que tenia mas o menos una idea de a lo que se refería el ambarino – si hablas de que si jugué sola contra Eriol y gane, pues si, lo hice... o al menos fue mas o menos así, porque para fin de que yo le metiera un solo gol, que fue lo que me pidió para ganarle, el me anoto treinta – al escuchar lo ultimo el castaño se rió con ganas, mas que nada al ver la cara contrariada de su amiga - ¿qué¿de que te ríes?, ves, por eso no te quería decir nada.

- N-no... no te enojes por favor... – decía aun entre risas, la castaña solo le miraba fulminantemente con el ceño levemente fruncido – es solo que no te imagino a ti, la anti-futbolista mas empedernida que conozco, jugando el deporte que mas detesta en la vida...

- Admito que no le veía mucha gracia a eso de andar pateando una pelota como tonto... – confeso – pero una vez que empiezas a jugar te das cuenta de que no es tan fácil como cuando lo ves por la televisión, no digo que la gimnasia no sea también bastante complicada, lo que intento decir es que en la gimnasia no importa el ejercicio que realices mientras te salga bien, pues lo que importa es la precisión con la que lo ejecutas tu rutina sobre las demás competidoras, pero cuando jugué contra Eriol me di cuenta de que mis movimientos perfectos no servirían de nada, sino que tendría que usar todo a mi alcance para quitarle ese balón, aun cuando mis intentos no fueran perfectos, gráciles o elegantes como los de un cisne – el castaño le escucho atentamente al percibir cierto agrado en sus palabras – y sabes que fue lo mas extraño, que me gusto sentir esa emoción de querer ganar a cualquier costo...

- Sakura ¿me estas hablando en serio? – le espeto esta vez sin ninguna clase de burla de por medio.

- Por supuesto que lo digo en serio... – al castaño no le quedaron dudas de sus palabras al ver la firmeza que los ojos de su amiga reflejaban – jamás había sentido tanta satisfacción al hacer algo en mi vida.

- Pues si te sentiste tan bien, por que no dejas de una buena vez por todas la gimnasia y te dedicas a alcanzar tus propios sueños... – una vez mas intento convencerla, pero como siempre esta se mostró negativa ante la idea.

- Tu bien sabes que no podría...

- No Sakura, no lo sé... – le dijo severamente, pues simplemente no podía entender que era lo que le ataba y el impedía llevar a cabo sus propios anhelos – tu eres la que ya has decidido darte por vencida sin luchar...

- Pero es que es imposible, defraudaría a muchas personas si lo hiciera... – se levanto abruptamente de su silla, dando bruscamente la media vuelta para darle la espalda al chico.

- Y que importa defraudarlas a ellas, mientras no te defraudes a ti misma... – le hablo con mayor suavidad, tomando delicadamente una de sus manos, al ver que las verdaderas intenciones de la chica eran escapar, para no tener que enfrentar su realidad. Al sentir el contacto de su mano sobre la suya, esta mecánicamente se giro para verle con los ojos ligeramente nublados – ¿o acaso no eres tu quien toma las decisiones sobre lo que harás con tu vida? – prosiguió en su intento de hacerla ver sus errores, apretando mas fuerte su mano para hacerle sentir que ella no estaba sola, pues contaba con él – y si te equivocas ¿no serás tu la que pague las consecuencias de tu error?

- No puedo... – en su desesperación la chica tomo asiento junto a él, a un costado de la cama – no soy tan fuerte como todos creen... – su semblante se ensombreció tristemente ante la impotencia y sobre todo la presión que sentía recaer sobre sus hombros – aunque lo intente, no puedo dejar todo atrás sin que me importe...

- Sakura, yo se que tu puedes lograrlo... – le hablo apaciblemente mientras acariciaba con delicadeza el contorno de su cara – aun no pierdo la confianza en ti...

-Syaoran… – inesperadamente se lanzo sobre él para abrazarle, aunque lo tomo desprevenido, este igualmente correspondió al abrazo...

La chica no recordaba la ultima vez que Syaoran la había abrazado de esa manera, pero se sentía realmente bien el estar tan de cerca de él, su simple aroma a sándalo le tranquilizaba enormemente y es que estando a su lado mágicamente todos sus demonios internos eran exiliados, ya que solamente ellos dos existían en aquel espacio.

Se sonrió ante el pensamiento de permanecer así para siempre, lejos de todas las cosas que la atormentaban, y entonces aquella promesa entre los dos se hizo mas presente que nunca en su cabeza, esa seguridad que el joven le brindaba con el simple hecho de estar a su lado le obligó definitivamente a tomar de una buena vez por todas las riendas de su vida.

- Sabes Syaoran... – después de un largo rato de permanecer en silencio le hablo con mayor calma, mas sin apartarse un solo milímetro de él, al contrario, se había afianzado mas fehacientemente a su pecho, cosa que al chico tampoco no parecía desagradarle, aunque si bien los pensamientos de este fuesen otros totalmente distintos a los de ella, ya que los suyos eran mas bien de fraternal protección – ya eh tomado una decisión...

- ¿En serio...? – le escucho a la expectativa, puesto que nunca había podido percibir tanta confianza en la castaña.

- Si, eh decidido de una buena vez por todas hablar con mi madre y decirle lo que en realidad siento...

- Me alegro de que al fin hayas reaccionado... mi pequeña hermanita... – no supo el por qué, pero de repente el mundo entero se le vino encima, y con el, toda la seguridad y confianza que tanto trabajo le había costado adquirir.

Y es que si bien continuamente él la llamaba de esa manera, en esa ocasión fue algo totalmente distinto, ya que sintió como su corazón se empequeñecía y una nueva y mas grande tristeza que la anterior embargaba su interior, era verdad, fue un tonta al olvidar que Syaoran y ella solo eran eso, hermanos no de sangre, pero al fin y al cabo hermanos, o al menos eso era lo que los dos se empeñaban en creer, porque la realidad era que ante semejante cercanía ninguno estaba seguro de lo que sentía por el otro...

Continuara...

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Ahora si que no tengo excusa para la flojeritis aguda que me ataco durante algunos días (XD), no había tenido nada de inspiración y la verdad no se si es porque se acerca la navidad, y mi musa inspiradora ya se fue de vacaciones y ni me aviso (XD), que no pude subir otro capitulo hasta ahora, quizás no haya quedado muy bien, pero fue todo lo que mi cabecilla pudo dar en estas condiciones (x.x), por otro lado, en cuanto a la historia, creo que se pone cada vez mas rara, o al menos yo nunca había leído en ningún fanfic en el que Sakura jugara soccer (XD), y es que gracias a mis hermanos que se adueñan del control remoto y se la pasan viendo cuanto partido de fútbol se les cruza entre canal y canal (hombres al fin y al cabo (u.uU) es que me gusta este deporte (aunque los supercampeones también tuvieron mucho que ver en el asunto (XD), a parte de que en la secundaria también lo practicaba, de hecho eche mano de una que otra de mis experiencias personales para desarrollar el fic, creo que eso ya no viene al tema (n.nU), así que ya no me extiendo mas, solo hago un especial agradecimiento a quienes leen esta loca historia, pero sobre todo a quienes tan amablemente me dejaron un review en el capitulo anterior, ya me despido y nos leemos el próximo capitulo.