Creyó que seria lo suficientemente fuerte para soportarlo, pero no fue así, se sentía el peor ser humano del planeta al ver el rostro desilusionado de todas las que hasta hoy habían sido sus compañeras.

Se fue alejando lentamente de ellas, aumentando el sentimiento de culpa en cada reclamo, queja y alguna que otra petición de que no las abandonara, aun así salió del gimnasio sin importarle ya mas nada, finalmente había roto la ultima de sus ataduras y por fin era libre para decidir lo que haría de ahora en adelante con su vida.

Pero ¿realmente qué quería hacer con su vida?, si bien era cierto que ya ningún peso recaía sobre sus hombros, tampoco tenía muy claro cual era el camino que debía seguir para alcanzar ese sueño que aun no tenia claro.

A penas las puertas del gimnasio se cerraron tras de ella, se alejo tan presurosamente como sus piernas se lo permitieron, su prioridad en aquel momento era la de llegar al lado de la única persona en quien podía confiar abiertamente sus sentimientos sin el temor de ser sermoneada, o peor aun, sin el temor de que se burlara de ella por su fracaso.

Se encontraba tan absorta en si misma, que ni siquiera escucho a la persona que le llamaba tan insistentemente desde hacia un par de metros atrás, no fue que lo supo hasta que esta le toco el hombro para llamar su atención.

- Sakura, hasta que por fin te alcance... – decía un poco agitada la joven de largos cabellos negro violáceo a espaldas de la de cabellos castaños; llamando inmediatamente la atención de la última, quien se giro instintivamente para verla – llevo como cinco minutos pidiéndote que me esperes¿acaso no me escuchaste?

- Yo... – no supo a bien que responder, todavía se encontraba algo desubicada por todo lo que había pasado en los últimos minutos – lo lamento Tomoyo – respondió cabizbaja – supongo que estaba algo distraída...

- ¿Sucede algo malo? – la amatista inmediatamente pudo percibir la aflicción en el tono de voz de su amiga – te vez un poco triste...

- No, no es nada malo, no te preocupes... – medio sonrió para no preocuparla – perdóname por favor Tomoyo, pero tengo algo de prisa... – y así, sin decir nada mas se alejo de la violácea, retirándose del lugar tan velozmente como antes, la amatista se quedo en el mismo sitio, observando con bastante desconcierto a la chica que se alejaba y se perdía en la entrada principal del colegio.

No entendía el por qué sentía tantas ganas de correr, de llorar, de gritar e incluso de reír descontroladamente al mismo tiempo, eran tantas la emociones encontradas, que no sabia exactamente como reaccionar, ya que la sensación de culpa al tener presente el rechazo de sus compañeras, estaba logrando que la angustia fuese mas grande que la que sensación de alivio que supuestamente tenia que sentir.

Su confusión interna era tal, que simplemente no se fijo en que momento la luz verde del semáforo cambió a roja, de hecho no había ni dado dos pasos fuera de la acera, cuando se encontró cara a cara con un automóvil que se dirigía justo a donde ella se encontraba, la joven no tuvo tiempo de reaccionar, prácticamente se quedo petrificada, su cerebro le decía que se hiciese a un lado o todo por lo que había luchado terminaría ahí, sin embargo sus piernas no le respondieron, se quedo estática, viendo en cámara lenta como el vehículo se acercaba mas y mas a ella.

Capitulo 5

Finalmente ¿Libre?

Todo sucedió en fracción de segundos, el auto a gran velocidad, el sonido del claxon antes del impacto y finalmente la presencia salvadora que evito la chica fuese atropellada, pues justo en el ultimo momento, la joven sintió como alguien la jalaba hacia atrás, evitando que fuera arrollada por aquel deportivo negro.

Tardo unos segundos antes de poder reaccionar, tanto su respiración como su pulso se encontraban muy agitados, incluso podía oír claramente el desmesurado latir de su corazón que quería salir de su pecho, no fue que se reincorporo hasta que escucho la fría voz de su salvador dirigirse a ella.

- ¿Te encuentras bien? – aunque sereno, la chica pudo percibir cierta preocupación en las palabras del joven que se encontraba de pie frente a ella, la castaña solo asintió con la cabeza, puesto que su voz se había quedado oculta en alguna parte de su garganta, le tomo unos momentos mas calmarse para dar el agradecimiento merecido a aquel chico, quien para su mayor sorpresa resulto ser aquel que cada noche le robaba el sueño.

- Gra-gracias Yue.. – medio articulo la chica por el nerviosismo, al ver de reojo la apuesta figura del chico alto de cabellos plateados y enigmática mirada azulina, no pudiendo evitar un sonrojo, que borro por completo la palidez que había adoptado la piel de su rostro debido al anterior susto, al sentir esos penetrantes ojos zafiros posados sobre ella.

- Pero si eres tu Kinomoto... – no mostró mucha sorpresa al descubrir de quien se trataba, esa chica era tan despistada que solía sufrir toda clase de accidentes, o al menos esa era su impresión, ya que cada vez que se topaba con ella, esta dejaba caer los libros o lo que fuese que trajera en las manos, se tropezaba constantemente al caminar, sufría accidentes en los entrenamientos e incluso, en algunas ocasiones caía sin remedio al piso al chocar contra algo inanimado que estuviese en su camino, la ultima vez había sido contra el poste de una de las canastas de baloncesto en el gimnasio, lo que no imaginaba el chico, era que la razón de su torpeza era ocasionada por su sola presencia, y es que a menudo los dos se encontraban, pues continuamente compartían el gimnasio para entrenar en sus respectivas disciplinas, (otra de las razones por las que hasta hoy Sakura no había renunciado al equipo de gimnasia) – me alegra ver que no hayas resultado lastimada... – le hablo con la fría indiferencia que lo caracterizaba.

- Si, gracias... – murmuro la chica sin salir del embelesamiento que le producían los hipnotizantes ojos azules del muchacho, era como si hubiesen puesto un hechizo mágico que le hacia perder la conciencia de sus acciones al conectar sus ojos con los de él.

- ¿De verdad te encuentras bien? – le cuestiono al ver la extraña actitud de la chica, quien parecía navegar en un universo paralelo al suyo.

- Hoe... – enrojeció descomunalmente al darse cuenta de su retraimiento, y es que aunque no lo quisiera, siempre terminaba actuando como una completa tonta frente a peliplateado – eh... yo... yo lo lamento jejeje, creo que aun estoy un poco afectada por lo que ocurrió... – mintió para justificarse y para que el chico no siguiera viéndola como un bicho raro.

- Seguro... – ya no quiso darle mas vueltas al asunto, tenia algo de prisa y lo que menos debía hacer era seguir perdiendo el tiempo – bien, nos vemos... te veo después Kinomoto – dijo él a manera de despedida, siguiendo de frente su camino, dejando a la chica mas y mas atrás a cada paso que daba.

- Si... nos vemos... – dijo soñadoramente en un suspiro, mientras levantaba tímidamente su mano para despedirse – Yue... – de un momento a otro, se sintió flotando entre las esponjosas nubes del cielo, brincando de una en una mientras los ángeles entonaban una hermosa melodía para acompañar su infinita felicidad, jamás imagino que toda su tristeza y confusión se iría al solo cruzar un par de palabras con ese chico que le robaba el aliento con una sola de sus palabras.

Mas relajada, retomo de nuevo el camino a su casa, esta vez tratando de prestar mayor atención a los altos en las esquinas, ya estaba de pie frente a la puerta principal de su casa, tomando el picaporte para entrar, cuando se detuvo en seco, girándose lentamente sobre su eje hasta toparse de frente con la fachada de la casa de Syaoran, una corazonada fue lo que le hizo pensarlo mejor antes de entrar, pues creyó una buena idea hablar primero con su mejor amigo sobre lo ocurrido, el efecto-Yue ya estaba pasándosele y necesitaba hablar con alguien, por lo que decidió redireccionar su camino, dirigiéndose hasta la casa de enfrente.

Llamó en un par de ocasiones a la puerta antes de que Yelan Li, la madre de Syaoran, atendiera la puerta y con un gesto amable la invitara a pasar, la chica accedió con igual cordialidad y en seguida se dirigió a la habitación del chico, golpeo fuertemente cuatro veces seguidas, dejando pasar un pequeño lapso de tiempo antes de dar un ultimo golpe un poco mas suave, un código inventado por ella y el castaño para saber que se trataba de alguno de ellos, el chico no tardo en dejarla entrar, esta obedeció, conduciendo sigilosamente su pasos al entrar.

- ¿Y bien Sakura...? – le cuestiono al instante el muchacho, sin levantar la mirada del nuevo libro que estaba leyendo, con ese serian cuatro libros leídos desde que su obligado cautiverio había comenzado, una semana atrás – ¿cómo te fue? – levanto levemente la mirada del voluminoso libro de pastas azules, para enfocarla en su amiga, quien ya tomaba asiento en la orilla de la cama del chico, dándole la espalda.

- No tan bien como yo esperaba... – el joven hizo a un lado completamente su libro, dejándolo sobre la mesita de noche a un costado del reloj despertador, dirigiendo así toda su atención en la castaña, al percibir una ligera alteración en ella – creo que salí viva de milagro... – aunque con clara tristeza le sonrió, tratando de bromear para aligerar un poco su tensión.

- Así de malo fue eh... – la chica hizo un ademán afirmativo con la cabeza – ¿puedo saber que fue lo que ocurrió? – trato de escucharse lo mas sereno posible, para darle la confianza necesaria a la chica.

- Si... – hizo una pausa para tomar la mayor cantidad de aire que pudiera en sus pulmones, dejándolo escapar de golpe unos cuantos segundos después – bien, lo primero que hice hoy antes del entrenamiento fue ir a hablar con la profesora Mizuki sobre la decisión que había tomado, y aunque hizo todo lo posible por tratar de hacerme cambiar de opinión, al final termino aceptándolo, sabes, esa fue la parte fácil, lo difícil vino después, cuando tuve que decírselo a todo el equipo...

Flash Back

- - -

«Luego de dejar los vestidores, había seguido calladamente a la profesora Mizuki, quien se plantó a la mitad de la cancha de básquetbol, si antes sentía vivamente los nervios, ahora el pánico la dominaba completamente por lo que estaba a punto de hacer, o mejor dicho decir a todo el equipo.

- ¡Chicas, reúnanse todas aquí por favor¡ – la profesora alzo fuertemente la voz para llamar la atención de todas las jóvenes, que aun se encontraban practicando algunos ejercicios básicos de rutina.

Las quince jóvenes, que eran todas las integrantes del equipo de gimnasia, se reunieron rápidamente, tal y como se los había pedido su entrenadora, claramente todas con la curiosidad de saber lo que esta les diría, puesto que había charlado por un larguísimo tiempo con su capitana.

- Muy bien chicas, la señorita Kinomoto tiene algo que comunicarles... – la mujer de cobrizos cabellos se hizo a un lado, cediéndole enteramente la palabra a la joven, quien ya estaba pensando seriamente en echarse para atrás y salir corriendo, al ver esas expectantes miradas clavadas sobre su persona.

- Bien... pues yo... – empezó a decir en un murmullo, manteniendo un semblante cabizbajo, algo no muy característico en ella, quien siempre se mostraba segura de si misma, una de las mayores razones por las que era la capitana, ya que su habilidad por si sola, no era suficiente para mantener el orden y la disciplina dentro del equipo, mas que nada se necesitaba carácter de mando, lo que la chica solía demostrar muy a menudo.

- ¡¿Sucede algo malo "capitana..."?! – cuestiono una de las chicas al notar su indecisión, de hecho se trataba de la sub-capitana, una hermosa joven de largos cabellos marrones oscuros con quien la castaña clara tenia una estrecha amistad, a pesar de que la primera iba en un curso mas avanzado, quizás era por eso que se había dado cuenta tan rápido del nerviosismo que esta demostraba.

- Nakuru... – murmuro la joven al elevar su mirada, pudiendo ver como la joven de ojos avellana hacia un pequeño ademán para alentarla a continuar, la ojiverde asintió para después proseguir – ¡hay algo importante que debo informarles...! – la firme voz de la capitana había vuelto, tal parecía que esa extraña comunicación silenciosa entre las dos le había dado la confianza suficiente para proseguir, después de todo, si había alguien a quien le debía una buena explicación en ese equipo, era a ella, quien siempre la había apoyado en todas sus decisiones – quiero ser yo quien les comunique lo que se acordó en la conversación que acabo de tener con la profesora Mizuki... – la chica pudo advertir como la atención de sus espectadoras se había vuelto mas aguda – créanme que lo que discutimos lo eh estado pensando seriamente desde hace varios meses, así que ya no tengo ninguna duda de la decisión que eh tomado, la cual es… renunciar a este equipo... – al pronunciar su ultima frase, un murmullo generalizado no se hizo esperar.

- ¿Cómo que renuncias? – esa pregunta acallo los murmullos de las demás, ya que en si, esa era la cuestión que todas se hacían – no puedes hacer eso... – dijo la misma, una chica un año menor que la castaña, que recién había ingresado al equipo ese año – si entre al equipo fue solo por ti...

- Lo lamento en verdad, pero ya no puedo permanecer en este equipo, mis intereses han cambiado y no es mi deseo seguir practicando la gimnasia... – fue la única explicación que pudo dar, puesto que los reclamos acallaron su voz, a pesar de que ella todavía no terminada de explicarles su situación, de hecho no pudo decir nada mas, por primera vez en el año que llevaba como capitana, había perdido la autoridad sobre el equipo, no le quedo de otra mas que retirarse del lugar, y es que entre las muchas recriminaciones que pudo escuchar en su partida, la que mas le dolió sin duda fue la de «traidora».»

- - -

- Y eso fue lo que pasó... – término de decir la castaña en un triste suspiro.

- ¿Y como te sientes? – el joven se enderezo en poco mas sobre la superficie de su cama, hasta quedar en una postura mas erguida para ver mejor a la joven.

- Podría sentirme peor – medio sonrió, al sentir de alguna manera un peso menos en su conciencia – pero creo que el efecto-Yue volvió a hacer de las suyas...

- Así que Yue y tu se encontraron... – le hablo en tono indiferente, y es que aunque no lo quisiera admitir, desde que lo conoció, algo en ese chico siempre le había molestado, quizás era el hecho de que a pesar de que Sakura le profesaba un claro amor, este simplemente ni se daba por enterado.

- Si, me tope con él cuando venía para acá… – sonrió suavemente al advertir como el joven había fruncido levemente el entrecejo, a pesar de la inexpresasibilidad que quería demostrarle. Seguía sin entender por qué a Syaoran no le caía bien Yue, si él mejor que nadie sabia de sus sentimientos por el peliplateado, a veces creía que era mucho mas sobre protector que su propio hermano, aun cuando en el pasado había ayudado a Tomoyo en varias ocasiones a organizarle sus citas – de hecho gracias a él es que estoy hablando tan tranquilamente contigo...

- Explícate, que ahora si no entendí lo que quisiste decirme... – se cruzo de brazos, alzando demandante una ceja, tal como se lo había dicho, no había entendido a bien sus palabras.

- Es que me vas a regañar... – la joven bajo apenadamente la mirada, continuamente este la reprendía por ser tan descuidada, diciéndole que si seguía así, un día iba a sufrir un severo accidente, lo que hoy la chica tenia mas claro que nunca, luego del incidente que estuvo a punto de sufrir a causa de ese deportivo negro.

- Volviste a distraerte mientras caminabas, verdad... – le espeto mirándole seriamente, dándolo por un hecho y sin dejar el beneficio de la duda en sus palabras.

- Algo así, jejeje... – dejo escapar una risita mas nerviosa que la anterior, para posteriormente dejar escapar un hondísimo suspiro de resignación y bajar derrotadamente su cabeza – me pase un alto al cruzar la calle y un auto deportivo casi me atropella...

- Sakura... – dijo su nombre casi a manera de reproche, por lo que la castaña se adelanto a excusarse para evitar el sermón que seguramente el chico le daría.

- Lo se, lo se... – se apresuro a decir el discurso que este siempre le recitaba – debo ser mas cuidadosa y fijarme por donde camino, me lo has repetido muchas veces...

- Exacto... – le recalco – ya perdí la cuenta de cuantas veces que te lo he dicho y tu no me haces caso, sigo sin entender como alguien con los reflejos que tu tienes, puede ser tan distraída en esos aspectos... – momentáneamente cambio su semblante para mostrar uno un poco mas malicioso – aunque claro que con Yue cerca...

- Para tu información, esta vez no tuvo nada que ver con Yue... – ante los claros cometarios malintencionados del castaño, rápidamente se puso a la defensiva.

- ¿Ah, no? – se expreso con bastante escepticismo.

- No... – le respondió con un tono parecido – mas bien fue por lo que ocurrió en la escuela... – confeso con menor entusiasmo, el chico la observo detenidamente por unos instantes, e inesperadamente revolvió amistosamente sus cabellos castaños, dándole como siempre su atinado punto de vista.

- Pues para mi, esas que se decían ser tus "compañeras", no son mas que unas egoístas que se aferran a los triunfos de otros para sentirse bien consigo mismas... así tratan de no ver lo mediocres que son... – la chica sonrió ligeramente ante el comentario, pero no por eso dejo de enviarle una mirada bastante severa al muchacho – ¿que? – se defendió al notar la reprobatoria mirada de la chica – no me veas así, porque aunque tu no quieras admitirlo, sabes que es mas que la verdad lo que digo...

- Syaoran, no hables mal de ellas... – a pesar de todo, la joven las defendió.

- Pues no creo que ellas se vallan a tentar el corazón al hablar mal de ti... – dijo hasta cierto punto molesto.

- Aun así... es natural lo que sienten, luego de cómo las defraude... – siguió en su afán de justificarlas, acrecentando la molestia del muchacho castaño, pues esta seguía necia en su postura de que todas las calamidades que les ocurrían a esas chicas eran por su culpa.

- Y volvemos a lo mismo... – se expreso sarcástico – solo dime una cosa Sakura... ¿estas completamente segura de que la gimnasia no es lo tuyo?

- Por supuesto... – esta vez no dudo al responder, como en tantas otras ocasiones lo había hecho.

- Entonces ¿por qué sigues recriminándote como si el mundo entero se fuera a acabar solo porque te fuiste del equipo?, veme a mi, soy el capitán del equipo de fútbol y no por lo que ocurrió los chicos se tiraron a la calle de la amargura y se dejaron vencer, al contrario, han estado trabajando el doble de duro para poder seguir adelante – aunque su molestia parecía haber desaparecido, no por eso sus palabras dejaron de escucharse severas – solo recuerda que nadie es indispensable en esta vida, y así como tu, habrá alguien mas que tenga iguales o mejores destrezas que las que tu tienes para la gimnasia y de seguro tarde o temprano ese alguien ocupara tu lugar... – la castaña lo escucho atentamente, al percibir cierta emoción en lo que el castaño intentaba decirle – quizás esto les sirva de experiencia a esas chicas y comprendan de una vez que nunca deben apoyarse en las capacidades de una sola persona, sino que también deben aprender a confiar en las demás y verse como lo que son, un "equipo"...

- Eso fue algo bastante filosófico de tu parte ¿lo sabias...? – la castaña le miro sorprendida al saber de antemano que el ambarino tenia la entera razón en lo que decía, mas no por eso dejo de bromear al ver la seriedad que había adoptado su amigo.

- Gracias... – sonrió al recapacitar un poco lo que acababa de decir, siguiéndole la broma a la chica – el permanecer tanto tiempo encerrado en estas cuatro paredes, esta haciendo que reflexione sobre muchas cosas...

- ¿Cuánto tiempo falta para que puedas ir a la escuela? – dijo de repente la joven, al mirar fugazmente el yeso que envolvía la pierna del joven, el que le llegaba hasta poco mas arriba de la rodilla.

- Una semana, quizás dos, todo depende de lo que diga el medico... – trato de restarle importancia.

- Ya veo... – adopto un semblante un poco mas serio, perdiendo su vista en el piso – te eh extrañado mucho estos días...

- Yo también – dijo él con igual tono – si sigo sin hacer nada, no podré seguirte el paso por las mañanas cuando me quiten el yeso... – como siempre trato de bromear con su situación, para hacer menos tensa la atmósfera entre los dos.

- Descuida, me eh hecho el firme propósito de levantarme mas temprano, para así llegar a tiempo a la escuela cuando puedas ir...

- Agradezco la intención – de repente el chico se puso muy serio, para posteriormente mostrar claras dudas sobre lo dicho por la joven – pero hace mucho que deje de creer en los milagros...

- ¿Que insinúas Syaoran Li? – le miro amenazadoramente, el chico esquivo rápidamente la mirada, tragando saliva al ver la cara de muy pocos amigos que la castaña había adoptado, ya estaba preparado para fuera lo que viniera, lo mas seguro un almohadazo sobre su rostro, cuando alguien llamo a la puerta.

- ¡Adelante¡ – dijo en un tono claramente aliviado, y después de eso apareció su madre tras la puerta.

- Les traje algunos bocadillos... – dijo la mujer de negros cabellos, mientras depositaba una bandeja con sándwich y dos vasos de jugo de naranja sobre la mesa corrediza, a un lado de la cama del castaño.

- Muchas gracias señora Yelan... – dijo felizmente la ojiverde, al castaño le dio gusto el ver que poco a poco sus penas fueran despareciendo.

- Dime Sakura ¿te quedaras a cenar? – pregunto amablemente la mujer, ya que era algo común que ella los acompañase.

- No lo se, no quisiera incomodarlos...

- Sabes que eres como de la familia... – respondió con una sincera sonrisa la hermosa mujer de orbes grisáceas.

- Si, y para variar me harías algo de compañía – añadió el castaño a lo dicho por su madre.

- En ese caso, le hablare a mamá para avisarle...

Tanto el chico como su madre se miraron complacidos, ya que al instante la chica saco el celular de la bolsa del saco negro del uniforme, remarcando el número de teléfono de su casa mientras su anfitriona se despedía de ellos con un «nos veremos mas tarde»

- Nos vemos en un rato mas, hasta luego... – terminaba de decirle a su madre, luego de avisarle que se quedaría a cenar en casa de los Li – listo... – se dirigió de nueva cuenta al castaño al guardar de el teléfono celular en la bolsa de su saco – ¿en que estábamos?.

Y de esa forma su platica se prolongo hasta la hora de la cena, durante el rato que estuvieron disfrutando de los sándwich que Yelan tan amablemente les había preparado, aprovecharon para que el castaño se pusiera al corriente con los apuntes y de paso Sakura hiciera su tarea, como siempre, aun mientras ambos escribían seguían conversando entretenidamente de las trivialidades de la vida, para cuando terminaron con sus deberes, se escucho llamar nuevamente a la puerta, de nuevo era Yelan, que esta vez les llevaba la cena.

La madre del chico compartió la merienda con ellos a petición de su invitada, que no le parecía bien que la mujer cenara sola cuando podía hacerlo con ellos, aunque si bien no se encontrasen en el comedor sino en la habitación del castaño, la joven se quedo unos cuantos minutos mas arreglando sus cosas luego de que Yelan se retirara al terminar la cena.

- Bien Syaoran, ya me voy... – le decía tranquilamente, mientras guardaba algunos libros y cuadernos en su mochila, todo indicaba que la angustia por lo ocurrido al mediodía ya se le había pasado por completo.

- Esta bien, que descanses... – le dijo con calma, al ver como esta se llevaba ya la mochila a los hombros.

- Entonces hasta mañana... – se acerco a él para despedirse, y sin pensar en lo que desencadenaría con ese inocente gesto, deposito un tierno beso en la mejilla del chico, algo que lo desubico por completo, puesto que ella no solía tener esa clase de gestos para con él – gracias por todo... – le murmuro suavemente al separarse y seguir su camino hacia la puerta que daba al pasillo, donde finalmente se perdió.

A pesar de que ya habían pasado unos cuantos segundos desde que su amiga se fuera, las mejillas del chico aun seguían coloreadas de un color rojizo intenso, en su interior algo desconocido había despertado luego de ese extraño gesto que la joven había tenido para con él¿qué era?, no tenia la menor idea, pero sin duda ese simple contacto ocasiono que su ritmo cardiaco se acelerara como nunca antes.

Cuando por fin pudo medio reaccionar una diminuta sonrisa se curvo en la comisura de sus labios, inconscientemente llevo su mano a su mejilla, justo donde la chica anteriormente había depositado aquel dulce beso.

En el lapso de esos minutos algo cambio para siempre entre los dos, algo que afectaría de ahora en adelante la relación de estricta amistad que hasta ahora había existido.

Continuara...

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NOTAS DE LA AUTORA: Hasta que por fin pude terminar este capitulo (ú.ùU), me quedo algo cortito, pero no saben las que pase para que mi inspiración regresara luego de las fiestas, aunque bueno, ahora que volví, muchas gracias a todos los que se tomaron la molestia de dejarme un comentario en el capitulo anterior, de veras, gracias por el apoyo (n.n), (no se porque el "de veras" me sonó como a Naruto (¬¬U), si alguien ha visto la serie por Cartoon Network LA entenderá de lo que hablo (XD)

Ahora bien, como empecé a escribir otra historia mientras trataba de terminar este capitulo, pues creo que me turnare y escribiré un capitulo y un capitulo alternadamente de cada historia (ahora si que no me entendí ni yo sola (XD), pero bueno, ojala y pudieran pasarse por la otra y decirme que les parece, se llama "El destino que nos une", también es de CCS y para variar los protagonistas son Sakura y Syaoran, (aunque creo que esta vez lo es mas Syaoran (XD), no por nada es mi personaje favorito de CLAMP), de hecho es la continuación de otra de mis historias, osease "Cambio de Vida", ok, luego de las aclaraciones, los agradecimientos y la promoción ahora si me despido, y como siempre, nos leemos el próximo capitulo...