El rumor sobre su salida del equipo de gimnasia se propago rápidamente, para la mañana siguiente, ya en el primer receso del día, la noticia era sabida en toda la escuela, pudo percibir mas de una mirada hostil hacia su persona cuando caminaba por los pasillos, puesto que ella, la campeona nacional, el mayor orgullo de la preparatoria Tomoeda, había desertado y dejaba a la deriva a su equipo.

Si bien Tomoyo no le había dicho nada aun; desde que subieron a la azotea de la escuela, (para degustar así su almuerzo sin las miradas curiosas de los otros estudiantes clavadas sobre la castaña), no había hecho mas que verla disimuladamente de forma un poco acusadora.

- Muy bien Tomoyo... – dijo ya bastante fastidiada por esa miradita que la otra le estaba dedicando – dilo de una vez, sermonéame tú también sobre el error que cometí al salirme del equipo... – lo ultimo se lo habían repetido ya algunos compañeros de clase, mas la amatista únicamente sonrió al ver la enorme exaltación de su amiga.

- Sakura, yo no tengo por que reprocharte nada, yo te apoyare mientras tu estés de acuerdo con la decisión que tomaste... – de repente adopto un semblante mas serio, algo no muy común en la vivaz personalidad de la joven amatista – es solo... que me hubiese gustado que antes lo hubieses comentado conmigo, al menos para darte apoyo moral... – volvió a sonreírle.

- Lo siento... – su exaltado tono de voz se apago casi por completo, ablandando inmediatamente lo tenso de sus facciones, pues en sí, Tomoyo era su mejor amiga y de alguna forma se sentía culpable por no haberla consultado antes de tomar esa decisión tan drástica – es que estaba tan concentrada en hacer esto por mi misma, que pase por alto el consejo de varias personas...

- Pero de seguro no pasaste por alto los concejos de Syaoran... – se expreso picaramente la de orbes amatistas, recuperando rápidamente su vivaracho modo de ser.

- Como sabes que él... – le miro mas que sorprendida.

- Eres tan transparente Sakura, desde hace muchísimo tiempo que me percate de cuanto odiabas la gimnasia... – relato tranquilamente la amatista, mientras le daba un mordisco a un panecillo blanco, para posteriormente proseguir hablando, luego de haberlo tragado – y es que Syaoran es la única persona en este planeta que pudo hacerte entrar en razón y convencerte de lo contrarío¿dime si me equivoco?

- Bien... – titubeo por un segundo, mientras un ligero sonrojo aparecía en sus mejillas – pues si... – aceptó finalmente, terminando su frase en un suspiro – él tuvo algo que ver...

- Lo sabia... – declaro la otra triunfalmente, con una sonrisa de oreja a oreja en los labios.

- Si... – dejo escapar un suspiro mas – y aunque él no me lo haya dicho, de todas formas lo iba a hacer tarde o temprano, tenia años cargando con ese peso sobre mi...

- Hace mucho tiempo que no te escuchaba tan tranquila... – le dijo calmadamente, mostrándole una sonrisa conciliadora en los labios, lo que demostraba lo complacida que se sentía al escuchar el sincero comentario por parte la otra chica.

- Lo se, pero es así como me siento... lo cierto es que ya me importa un comino lo que los otros piensen de mi, es tal y como dice Syaoran, es mi vida y nadie mas que yo va a vivirla por mi, así que lo que digan o hagan los demás me tiene sin cuidado...

- Me gusta esa nueva actitud tan positiva – celebró con cierto regocijo su amiga – que te parece si brindamos por eso... – dijo la amatista mientras levantaba su vaso con jugo de naranja en el aire – salud por la nueva Sakura...

- Salud... – la castaña correspondió felizmente la acción de la peliviolacea, tomando también su vaso con jugo para chocarlo contra el de su amiga.

- ¿Y ahora qué es lo que piensas hacer? – dijo finalmente la de cabellos negro violáceos, luego de darle un gran sorbo a su jugo.

- No tengo idea... – le respondió con una serena sonrisa en los labios – pero cuando el alboroto por mi salida se calme, ya lo pensare con mas calma...

Capitulo 6

Un nuevo sueño

Fue una larga semana para chica, nunca antes había ansiado tanto que llegara el fin de semana, el que recibió gustosamente a penas comenzó, y es que tal y como lo venia estado haciendo desde la semana pasada, el sábado entero lo paso en la casa de su mejor amigo, aunque si bien los deberes los hubiesen hecho desde el viernes, para tener todo el sábado libre.

Los dos se encontraban en el jardín trasero de la casa, pues según la castaña, al chico le hacía falta algo de sol, estaba empeñada en la idea de que tanto encierro lo estaba haciendo parecer un zombi.

Syaoran estaba sentado cómodamente en un sillón blanco, que era parte del mobiliario del jardín, dibujando entretenidamente en su cuaderno, mientras Sakura hacia algunas acrobacias con un balón de fútbol.

- Entonces el doctor ya te dijo que puedes asistir el lunes a la escuela... – le decía la castaña a su amigo, sin perder la concentración de lo que estaba haciendo.

- Si, mañana iré al hospital para que reduzcan el tamaño de mi yeso... – el chico también hablaba sin apartar la vista del trazo que iba dejando el lápiz, en la blanca superficie de la hoja de su cuaderno de dibujo.

- ¿Me dejarías acompañarte? – Sakura intentaba imitar los movimientos que le había visto utilizar a Eriol, aquel día cuando Tomoyo y ella intentaron vencerlo en fútbol, demostrando casi igual destreza que la empleada por el peliazul aquel día.

- Claro, aunque te advierto que será algo aburrido... – decía mientras daba unos últimos detalles a su dibujo.

- No importa... – dijo con calma – no pude estar contigo cuando sufriste el accidente, por lo que ahora quisiera estar a tu lado...

- Listo... – sonrió con satisfacción el ambarino, al haber terminado su creación, la castaña dejo lo que estaba haciendo, cogiendo entre sus manos el balón de fútbol, para acercarse a ver lo que el chico había dibujado.

- Puedo ver... – dijo mientras tomaba calmadamente asiento a su lado.

- Por supuesto... – le paso el cuaderno, al ver el dibujo la castaña quedo bastante asombrada por el enorme talento artístico del chico, pero mas que eso al ver plasmado su rostro en el papel – si gustas puedes quedarte con el – le ofreció este, luego de escucharla murmurar con sorpresa «es sorprendente».

- ¿De veras...? – sonrió muy halagada por el gesto del chico.

- Seguro... – afirmo él, arrancando la hoja del cuaderno para entregársela a la joven.

- Muchas gracias... – le decía sin dejar de contemplar un solo momento la hoja que ahora sostenía con sus manos, las que por cierto ahora tenia libres, al haber dejado el balón sobre su regazo – había olvidado el buen dibujante que eres...

- Hace mucho que no practicaba, pero con tanto tiempo libre no tengo otra cosa que hacer... – no pudo evitar posar su mirada en el balón que la chica tenía sobre su regazo – por cierto Sakura...

- ¿Si...? – aparto por un segundo su vista del dibujo para mirar al chico – ¿qué sucede Syaoran?

- Respecto a ese balón, pensé que seguía sin gustarte el fútbol... – dijo claramente confundido.

- Ah, pues lo que sucede es que de tanto mirar ese balón que me diste a guardar, me entro la curiosidad por saber que era lo que se sentía jugar con el... – respondió con cierta calma – así que me compre uno para experimentar, y la verdad descubrí que era algo bastante entretenido jeje.

- Veo que te hiciste muy buena en ello... – dijo al recordar como la chica no había dejado caer una sola vez el balón, ya que a pesar de tener aparentemente puesta toda su atención en aquel dibujo, lo cierto es que no había dejado de estar al pendiente de las acciones de su amiga.

- Realmente, ahora que me pongo a pensarlo bien, de alguna manera esto es bastante parecido a la gimnasia... – adopto una postura algo pensativa, posando su dedo índice sobre la barbilla, una pose que continuamente utilizaba Tomoyo Daidouji – pues aunque este balón es mas pesado, tiene la misma maniobrabilidad que la pelota que usaba antes.

- Ya veo... – respondió algo retraído – me gustaría mucho poder jugar contigo...

- Syaoran... – le espeto entremezclando algo de reproche y tristeza al mismo tiempo, al saber mejor que nadie los deseos del chico y las consecuencias que acarrearía si descuidaba su actual condición.

- No te preocupes, que no pretendo hacer ninguna locura... – le aclaro rápidamente para no ganarse un regaño, los dos guardaron silencio por unos instantes, hasta que abruptamente la castaña lo rompió.

- ¡Lo tengo! – exclamo de repente la joven, captando enteramente la atención del ambarino, quien se sobresalto un poco ante la imprevista euforia mostrada por la castaña – que te parece si me das unos cuantos tips para mejorar.

- Pero si tu ya tienes un excelente dominio del balón... – dijo indiferente.

- Si... – sonrió ampliamente, pues una extraña idea se estaba comenzando a formar en su cabeza – pero aun no se bien de que se trata este juego... entonces... ¿me enseñaras? – acerco su rostro al de él con un semblante por demás tierno y suplicante, aunque extrañamente emocionado, el chico se hizo un poco hacia atrás, pues prácticamente tenia a su amiga encima de él – por favor Syaoran... – por alguna razón completamente desconocida para el chico, aquella cercanía lo hizo sentirse en extremo nervioso, tanto que involuntariamente su rostro adopto un pequeño tinte rojizo – dime ¿lo harás?

- Esta... – su voz se escucho un poco mas ronca de lo normal e inmediatamente trato de aclararla – esta bien... – simplemente no pudo resistir más, esa mirada de cachorrito tierno que la joven de ojos verdes le dedicaba.

- Gracias... – con su impulsividad de siempre, se lanzo alegremente para abrazarle, ocasionando como reacción inmediata que el tono rojizo de la cara del chico, se intensificara tanto como un farol navideño en todo su esplendor.

- Sa... Sakura... – medio tartamudeo el joven por la impresión, y el sin numero de emociones desatadas que se agolpaban en su interior, ante el cercano contacto.

- Hoe... – la joven se aparto solo unos cuanto centímetros de él, manteniendo los brazos sobre el cuello del chico, quien ostentaba ese tono carmesí en las mejillas, que no tardo en contagiar a su compañera, mas aun así no se apartaron, durante unos segundos los dos se miraron directamente a los ojos, quietos, sin que uno u otro hiciese el menor intento por separarse, era como si el tiempo se hubiese detenido en ese instante, ya que tanto ella como él sintieron una inevitable atracción, tanta como la que un imán ejerce sobre un objeto de metal.

Sin embargo, antes de que la situación se volviese de alguna forma mas comprometedora, un fuerte sonido proveniente del bolsillo derecho del pantalón de la castaña, los saco completamente de trance.

Toda sonrojada, la chica se apresuro a separarse, sacando rápidamente el molesto aparato celular de su bolsillo.

- Bu-bueno... – contesto notoriamente aturdida, por la extraña situación en la que se acababa de ver envuelta – ah, hola mamá... – trato de tranquilizarse, aunque si bien podía escuchar perfectamente el desmesurado latir de su corazón – eh, si... ya casi me iba... – se puso de pie, dándole intencionalmente la espalda al chico, el verlo solo alteraba mas sus ofuscados pensamientos – seguro, en seguida estaré halla, hasta luego... – decía a manera de despedida antes de colgar definitivamente, no sabia que hacer, obligadamente tendría que voltear a verlo, y es que estuvo a punto de cruzar esa delgada línea que dividía su amistad de ese sentimiento que no era precisamente fraternal, y que últimamente había estado tan presente en ella.

Por su parte, el chico tampoco estaba muy bien que digamos, de hecho podría decirse que su estado mental era un caos mucho mas grande que el experimentado por la joven¿qué estuvo a punto de hacer?, ella era su mejor amiga, su hermana por así decirlo, entonces ¿por qué el tenerla tan cerca lo había descontrolado tanto?, estaba seguro que de no haber sonado ese teléfono, sin haberse detenido a pensarlo, la habría besado... sacudió negativamente la cabeza, no, lo que estaba pensando no podía ser, tenia que apartar cuanto antes esos pensamientos absurdos de sí, seguramente todo eso no fue mas que un malentendido en sus emociones, ocasionado por el encierro y el hecho de que todo ese tiempo su único contacto con el mundo exterior y el sexo opuesto había sido a través de la castaña. Si eso debía ser, no le era posible ver a su hermanita de otra forma que no fuera esa.

Después de los muchos argumentos empleados por su yo interno, para auto convencerse de lo contrario, este finalmente se giro para verla, ella todavía se encontraba de espaldas a él.

- Sakura yo... – intento hablar, sin saber a ciencia cierta que decirle a la chica.

- Sabes Syaoran, ya me tengo que ir... – se giro lentamente, mostrándole una diminuta sonrisa al chico, lo que termino de convencerlo de que lo anterior no había sido otra cosa que una disparatada ilusión, y que su relación con Sakura era y seguiría siendo la de amigos y nada mas, lo que de alguna manera le tranquilizaba, ya que después de todo ninguno sentía otra clase de amor que no fuera el fraterno.

- Seguro... – dijo correspondiendo la sonrisa – entonces yo te hablo para ponernos de acuerdo con lo de la visita al doctor¿esta bien? – aquella actitud tan despreocupada que había adoptado el chico de repente, la desilusiono, borrando por completo su sonrisa, estaba segura de haber visto por un momento en los ojos avellana de Syaoran, la misma necesidad que la suya de tenerlo cerca, olvidando los lazos de amistad que los unían, pero al parecer, solo había sido una errónea impresión suya.

- Esta bien, hasta mañana... – desanimadamente recogió el balón y el dibujo que había dejado a un lado del chico, para posteriormente tomar el camino que le llevaría a la salida.

Había sido una tonta al creer que entre ella y Syaoran pudiese haber otra cosa mas que una simple amistad, y es que al estar tan cerca de él por tanto tiempo y luego de recapacitarlo durante días, había hecho el descubrimiento de algo que definitivamente no tenia contemplado, por lo que ahora debía arrancarse a como diera lugar ese sentimiento, quizás de esa forma las cosas con su mejor amigo volverían a ser igual que antes, cuando ese diferente afecto que sentía por él, no había hecho aparición, ahora mas que nunca tenia que aferrarse a Yue, pues interiormente aun le esperanzaba la idea de solamente estar confundida, y que en realidad Yue era la única persona que le gustaba.

Ya lo había decidido, tenía que hacer su mayor esfuerzo para que este se fijara por fin en ella y así no terminar desastrosamente la amistad que le unía tan estrechamente a Syaoran desde hacia diecisiete años de su existencia.

- - -

Ninguno de los dos volvió a tocar el tema de lo ocurrido aquel día, ambos chicos siguieron actuando tan naturalmente como siempre, la castaña había acompañado a Syaoran al medico tal como lo prometió, y todo pareció haber quedado olvidado, al menos para el castaño fue así, porque Sakura seguía sin poder tener un completo dominio de sus emociones al estar cerca de él.

De esa manera llegó el lunes, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad y echando mano de todos los despertadores de su familia, por primera vez en muchos años la chica se había levantado voluntariamente temprano.

Su día comenzó como cualquier otro, con la misma rutina de todas las mañanas, luego de asearse y cambiar sus pijamas por el uniforme de la preparatoria, bajo a desayunar, sus padres se quedaron prácticamente mudos al verla tan temprano en el comedor, era la segunda vez en menos de quince días que ocurría lo mismo, sin embargo ambos guardaron silencio, puesto que en parte ya sabían la causa de que su hija estuviese ahí a esas horas.

Y aunque dejo escapar uno que otro bostezo en el desayuno, la chica no se retrazó en emprender su camino, tenía que ir a recoger a cierto joven de mirada ambarina, así que a penas alisto sus cosas y puso la mochila sobre sus hombros, salió de su hogar para dirigir sus pasos hacia la casa del frente.

Llamo en un par de ocasiones a la puerta, hasta que esta por fin se abrió para dejar al descubierto la incrédula figura de la madre de su mejor amigo, luego de salir de su sorpresa, esta le invito cordialmente a pasar, su hijo se encontraba en la sala, al parecer ya estaba mas que listo para asistir a la escuela nuevamente.

Y así fue que a penas se despidieron de la madre del chico, los dos castaños tomaron el camino que seguían a diario para ir a la escuela, eso a pesar de cierto incidente, y es que aunque el chico se negó tajantemente de que lo hiciera, la joven prácticamente jalo sus libros para ser ella quien los llevara, al parecerle que este ya tenia suficiente con el peso del yeso como para andar cargando con ese peso extra, luego de discutir por unos minutos, derrotadamente él termino aceptando que ella llevase sus libros, lo que de alguna forma, lo hacia sentir como un completo inútil.

- De veras que aun no puedo creer que te hayas levantado tan temprano, solo para acompañarme... – decía todavía incrédulo el chico.

- Para que veas todo el aprecio que te tengo, y luego no te quejes de que yo nunca hago nada por ti... – contesto bromeando la chica.

- No, si yo nunca me eh quejado... – se defendió él, quien a penas y si podía seguirle el paso a su amiga, con esas estorbosas muletas que obligadamente tenia que utilizar para ayudarse a caminar.

- Ah no, y hace tres semanas cuando me reclamaste porque nunca voy a tus partidos de fútbol... – se fingió indignada.

- Bueno, como veras ya me será imposible quejarme por eso... – dirigió una fugaz mirada a su yeso, que si bien ahora era mas liviano, pesaba lo suficiente como para agotarlo rápidamente.

- Esta bien, por ahora eso no cuenta... – le resto importancia para no arruinarle el día al chico, guardó silencio por unos segundos, antes de dirigirse nuevamente a él – ¿Syaoran? – el joven le miro de reojo, al percibir cierta seriedad en la actitud de su amiga – hay algo en lo que eh pensado mucho últimamente y quisiera hablarte de ello.

- ¿Tu dirás? – se expreso con cierta curiosidad, desde hacia un tiempo que nada mas no atinaba a saber lo que ella pensaba.

- Es una idea un poco rara, pero igual quiero que me des tu punto de vista...

- ¿De que se trata? – su curiosidad aumento.

- Bien, pues aquí va... – tomo hondamente aire en sus pulmones para hablar – Syaoran... – se tomo su tiempo antes de soltarle de golpe su inquietud – quiero entrar al equipo de fútbol...

- ¡¿Qué?! – exclamo sorprendido, definitivamente eso no se lo esperaba.

- Si Syaoran, quiero entrar al equipo de la escuela... – le confirmo nuevamente ella.

- Sakura, sabes que yo siempre te apoyo en todo, pero en este caso no estoy tan seguro... – le respondió, a pesar de estar todavía desubicado por la noticia.

- ¿Pero por qué? – replicó.

- Por dos razones, la primera, por que tú no sabes absolutamente nada de fútbol... – se puso un poco serio, tratando de escoger con cierto cuidado sus palabras.

- Pero puedo aprender... – le interrumpió, antes de que le diera la segunda razón.

- No lo dudo, pero la otra razón es mas poderosa que la primera... – hizo una pequeña pausa, pensándose un poco mas lo siguiente que diría – y eso es porque en la escuela solo hay equipo de fútbol masculino... lo que significa que no se permiten las chicas.

- Sabes, ese comentario fue bastante machista de tu parte... – ahora si se sintió verdaderamente indignada, jamás imagino que su mejor amigo y hermano del alma, a quien creía conocer mejor que nadie, se negara a apoyarla y mas con un argumento tan absurdo – no entiendo que tiene de malo que una chica entre al equipo.

- Perdóname, no quise decirlo de esa manera... – se auto corrigió con rapidez, para replantear mejor su punto, antes de que hubiera malos entendidos – lo que intento decir es que en el distrito hay dos tipos de ligas de fútbol, una para los equipos masculinos y la otra para los equipos femeninos...

- Ósea que si quiero jugar, forzadamente tengo que hacerlo en un equipo de chicas... – dijo un poco mas calmada.

- Exacto... – afirmó, sintiendo cierto alivio de que esta vez si le hubiese entendido y que ya no le mirara como si fuera un macho autoritario y sexista.

- Pero en nuestra escuela no hay... – ciertamente se sintió decepcionada, llevaba algún tiempo con esa idea dándole vueltas a la cabeza y ahora le parecía imposible llevarla a cabo.

- Es lo que intentaba decirte... – simplemente no le gustaba ver esa clase de desilusión en la chica, por lo que trato de reanimarla – la verdad es que no es un deporte muy popular que digamos entre las mujeres...

- Pero, y si hubiera un equipo... – se quedo pensativa por unos momentos, sin darse cuenta, exteriorizó sus pensamientos.

- ¿De que hablas...? – no pudo evitar mirarle con sospecha, no le estaba agradando nadita el rumbo que iba tomando la conversación, ya que estaba seguro que él terminaría implicado en lo que sea que estuviese ideando la castaña, como siempre que esta tenia un descabellado plan.

- Si... si consiguiera reunir chicas que quieran unirse a un equipo, tal vez podríamos participar... – su optimismo había regresado al cien por ciento, lo que hacia sentir mucho mas nervioso a Syaoran.

- ¿Sakura en que esta pensando esa cabecita tuya? – sondeo un poco el terreno, antes de saber a lo que se iba a enfrentar.

- Recuerdas que te dije que no sabia que hacer ahora que ya no estoy en el equipo de gimnasia...

- ¿Si...? – le miro hasta cierto punto dubitativo.

- Pues creo que ya encontré una meta por la cual luchar... – mostró una radiante sonrisa al decir lo último – y esa es formar el primer equipo de fútbol femenil en nuestra escuela...

- ¿Hablas en serio? – mostró notoriamente sus dudas por la declaratoria de la ojiverde.

- Claro que si, y sabes Syaoran creo que tu me vas a ayudar mucho en ello... – se volvió hacia el con una sonrisita y mirada maliciosa.

- Y-y yo... que tengo que ver... – ahora si se puso bastante nervioso.

- Mucho, pues tú serás quien entrene al equipo... – se expresó felizmente.

- Olvídalo, es una locura... – se negó al acto.

- No entiendo porque... – le miro con su patentada mirada de cachorrito tierno, a la que el ambarino muy difícilmente podía resistirse – Syaoran, tu siempre me has dijiste que el día que llegase a tener un verdadero sueño, debía trabajar muy duro y nunca darme por vencida para poder alcanzarlo, pero no entiendo, ahora que te digo que lo tengo, tu no quieres apoyarme...

- Sakura, en serio, te lo pregunto con sinceridad ¿estas segura de que en verdad eso es lo que quieres hacer? – dijo echando mano de todo el aplomo del que era poseedor.

- Lo estoy... – le respondió con una fuerte determinación, algo que este le había visto demostrar en muy raras ocasiones.

- Entonces de acuerdo – término aceptando, aunque sin poder evitar dejar escapar un suspiro por demás cansado – yo te ayudare, si tú logras convencer al director Terada de que te deje llevar a cabo tu idea...

- ¿En serio lo harás? – le miro con un brillo emocionado en el verde de sus ojos.

- Te lo prometo...

- ¡Muchas gracias! – soltó eufóricamente, conteniendo sus ganas de abrazarlo para que este no fuera a lastimarse, al saber de antemano que el castaño aun tenia un pésimo equilibrio con las muletas.

Y así, entre las ocurrencias de uno y otro continuaron hasta llegar a la fachada principal de la preparatoria Tomoeda, valla que la castaña extraño su compañía durante las mañanas, ya que en sí, las bromas y comentarios del chico, hacia su travesía mucho mas corta.

A penas cruzaron la entrada principal, algo que la castaña ya esperaba desde hacia días, no se hizo esperar, el ambarino no tardo en ser abordado por un considerable número de chicas que se mostraban muy preocupadas por su estado de salud.

Últimamente Sakura había parecido el cartero, al ser quien se encargara de llevar todas las cartas que sus admiradoras le hacían llegar a través de ella, en todas le deseaban al joven que se mejorara pronto y hasta en una que otra de paso le confesaba sus sentimientos.

En otra época, a la castaña le hubiesen causado hasta gracia todas esas cursilerías, pero ahora era distinto, pues aunque no lo demostrara exteriormente, por dentro se sentía ciertamente molesta. Y para colmo de males, la mas grande de sus admiradoras no tardo en hacer acto de presencia, el mayor dolor de cabeza de Sakura desde que había entrado a la preparatoria, su archirival, Wong... Mei Ling Wong.

- ¡Syaoran! – grito emocionadamente una hermosa joven de largos cabellos negro azabache

y mirada rojiza que se encontraba un par de metros atrás de ellos – te extrañe tanto... – sin mayor preámbulo se acerco para abrazarle, haciendo a un lado a la castaña sin la menor delicadeza, la ultima solo se afianzo a la mochila del chico, apretándola fuertemente contra su pecho, estrujándola de tal manera que se pudo escuchar ampliamente el crujido de algo rompiéndose en el interior.

- Mei... Mei Ling... – medio articulo nerviosamente el chico, si..., algo que definitivamente no había extrañado en su cautiverio, habían sido las muestras tan efusivas de afecto de esa chica.

- Dime ¿aun te duele? – Syaoran estuvo a punto de responder, pero alguien más se le adelanto.

- No, pero si sigues pegada como una lapa a él, lograras hacer que pierda el equilibrio con las muletas y se lastime... – era la castaña, quien estaba visiblemente fastidiada por la situación.

-Ah, Kinomoto... – dijo su nombre con penetrante acidez – ni siquiera me había dado cuenta de que también estabas aquí...

- Si... – respondió sarcástica – lo note hace un momento cuando me empujaste y casi me tiras al piso...

- Ay, perdón... – evidentemente fingió su culpabilidad – pero creo que no hace falta que yo te empuje para que caigas, tu solita lo haces a menudo sin que nadie te ayude… – esa fue la gota que derramo el vaso, de no haber sido por Syoran (que intervino oportunamente), aquello se hubiese convertido en algo mas que una simple disputa verbal.

- Sakura, que te parece si ya nos vamos al salón – le jalo la manga del saco para llamar su atención, la joven se trago su coraje y le siguió calladamente, eso a pesar de la sonrisa de superioridad que la pelinegra tenia plasmada en el rostro.

- ¡Agh! – estaban a unos metros de distancia, cuando ya no pudo contenerse mas – te juro que la próxima vez Wong va a conocer quien soy en verdad... – y pudo seguirse de largo con sus quejas y amenazas, de no haber sido porque sin querer, y para no dejar la costumbre, tropezó contra alguien que se puso en su camino, Syaoran ni siquiera tuvo tiempo de advertirle, pues cuando menos acordó, el choque se había producido, arrojando a la castaña para atrás, pero antes de que cayera, ese alguien oportunamente la sostuvo del brazo.

- Lo... lo lamento... – atino a decir la chica, sin levantar la mirada para ver de quien se trataba.

- Por que no me sorprenderé... – murmuro con cierta ironía el joven de plateados cabellos, de pie frente a ella – ¿estas bien Kinomoto?

- Yue... – a penas y pudo pronunciar su nombre, no podía creer que justamente contra él hubiese chocado – lo lamento... – sonrió con tranquilidad, soltándose suavemente de su agarre, tanto el peliplateado con el castaño se extrañaron un poco de la actitud de la chica, ya que increíblemente esta no había empezado a tartamudear y mucho menos a pedir compulsivamente disculpas.

- ¿Todo bien? – no pudo evitar preguntar el de ojos azules, al notar la indiferente actitud que tenía hacia él la chica.

- Si... perfecto... – respondió con una sonrisa de lo mas relajada, llamando mucho mas la atención del joven frente a ella, tanta como nunca antes se la había prestado antes – bien Yue, nos veremos después, o si no todos mis esfuerzos por llegar temprano no habrán valido de nada, así que hasta luego... – y sin siquiera esperar la respuesta del peliplateado siguió su camino, presionando al castaño para que él también se diera prisa.

- Si... hasta luego... – correspondió el saludo un poco confundido, creyendo que el universo se había puesto de cabeza, ya que por primera vez, desde que conocía a esa chica, esta no había actuado torpemente, sino al contrario, parecía ser hasta una chica bastante normal y bonita, cosa que hasta ahora ni había notado, sin duda tendría que averiguar el motivo, aun si para ello tenía que invitarla a salir.

Continuara...

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Mare (Ó.o), tanto tiempo sin actualizar (XD), había tenido tantas cosas que hacer que no mas no me había podido pasar por aquí (n.nU), pero bueno, hoy no tengo mucho que decir, solo agradezco como siempre todos sus comentarios y ya por ahora me despido, nos leemos el próximo capitulo (n.n)