Capítulo 7:
17 de septiembre
El sol estaba por ponerse cuando Ginny volvió a ver salir a Mathew, asegurándose de que ella disfrutara los últimos días de vida que le quedaban. Ella se sentía miserable. Agradecía que él estuviera afuera la mayor parte del día y no tener que verle la cara. Al menos así, no intentaba tocarla o dañarla a ella y a su hijo. Era el segundo día en ese lúgubre lugar y ya tenía ganas de llorar. Unas pocas lágrimas surcaron sus lagrimales, abriéndose camino húmedo a través de su rostro. Sentía como se sofocaba poco a poco. Quizás solo era el pánico a morir allí, pero no podía respirar. Se subió a la mesita con cuidado, y abrió la pequeña y vieja ventana. Se quedó unos minutos viendo el horizonte con añoro, creyendo que él aparecería corriendo a rescatarla... pero no había nada por allí cerca.
Casi se cayó de sorpresa cuando la pequeña lechuza se paró en el umbral de la ventana. Era obvio que ni siquiera la pequeña criatura podría entrar, así que sacó su brazo y tomó la carta.
-No lo creo... no...- la abrió y sonrió secándose las lágrimas.
"Amor, lamento todo esto, espero que esta carta te llegue pues estoy preocupado y no sé donde estás, si vives, si te hizo algo... ¡¿Dónde estás?!. Adentro del sobre tienes para escribir. Te amo.".
Ella comenzó a escribir lo más aprisa posible por si al tarado se le ocurría volver pronto esta vez.
"Harry, que bueno al fin saber de ti. No sé donde estoy. Sé que es en las afueras de Londres, y no hay nada más alrededor que esta horrible casa, pero Mathew se va la mayor parte del tiempo por suerte, aunque sé que algo trama y lo llevará a cabo muy pronto. ¡Ayuda!. ¡Te amamos!. G e hijo".
Se la dio al ave pidiéndole encarecidamente que se apurara y que llegara. El ave se fue.
18 de septiembre
-Matthew, ¿qué es lo que harás conmigo?- él se detuvo dejando la puerta entreabierta.
-Pues... mañana te enterarás. Hoy es tu último día. Despídete de tu bebé- sonrió con sadismo.
-¿a dónde vas?
-Bueno, hay toda una estrategia de por medio que planear, así que, no me extrañes.
-Nunca lo hice, no empezaré ahora- él se fue cerrando la puerta con, al menos, quince cerraduras.
A la media hora, la lechuza picoteó la ventana. Ella se subió a la mesa y sacó la carta.
"Amor, necesitamos saber donde estas (escritura de Harry). Gin, fíjate en algún tipo de correo o algo, a lo mejor hay alguna carta y tiene la dirección. Tu ex esposo es medio estúpido, lo más probable es que, de haber recibido alguna allí, no la creyera importante, y la guardara. Aprisa, iremos por ti (escritura de Ron). Ginny, de no ser así, hay un hechizo silencioso, que puedes hacer sin varita pero requiere mucha concentración, tú lo conoces. ¿Recuerdas el que encontraba a cualquier mago que se encontrara en la misma zona que quien lo convocaba, ese que tú quisiste usar en Harry una vez, inténtalo sino, es nuestra última esperanza? (escritura de Hermione)."
-Claro que lo recuerdo, pero nunca me salió- Cerró los ojos e intentó concentrarse. Pero como aquella vez, imágenes de su Harry invadían su mente. Él sonriendo, él durmiendo, él enojado...- ahora recuerdo porque nunca me salió... ¡Vamos!, ¡hazlo por tu hijo!- Cerró los ojos nuevamente y ahora se imaginó el día en que su hijo naciera. Que feliz sería- Solo si salgo de aquí, y no estoy ayudando mucho. ¡Vamos!- Volvió a intentarlo, pero ningún tipo de concentración, llegaba a su inconsciente. Su mente se empecinaba en recordar los buenos momentos con sus amigos y su familia- ¡Basta!, a lo mejor Ron tiene razón, Mathew es un estúpido, quizás si olvidó algo.
Ella se fijó debajo de la puerta. Sabía que algo había, recordó que él había dejado unos papeles y esperaba que alguno fuese una carta, una cuenta, lo que fuere. Buscó en cada rincón del baño, era tan chica la "casa" que podía estar en cualquier lugar. Se fijó en el sillón, debajo y entre este. Abrió el cajón de la mesa de luz y tomó unos papeles.
-Por favor... por favor- susurraba. Entre ellos había un plano de la cárcel, unos papeles escritos a las apuradas y sin importancia, y... allí estaba. O eso creía- Siempre tan predecible...- era una carta, no sabía bien si la dirección correspondía al lugar en el que se encontraba, pero estaba en las afueras de Londres, no importó.
Escuchó el ruido de llaves y cómo Mathew se reía de algún chiste estúpido que hacían sus estúpidos amigos. Tomó la carta temblando y la metió dentro del sobre junto con la carta que ellos le escribieron. Si mal no calculaba, todavía le faltaba abrir seis cerraduras más la puerta. Se subió rápido pero sigilosamente a la mesita y se la dio al ave.
-Haz que llegue rápido por favor- besó su plumaje y al verla volar, bajó de la mesa y la dejó en su lugar para que nadie sospechara. Se acostó en el sofá justo cuando él abrió la puerta.
Mathew la halló acostada, pero ella dudaba de que él fuera verdaderamente a creerle, ya que a una persona dormida no le latía el corazón con la enorme fuerza con la que a ella le retumbaba.
-¡Levántate!- la sacudió. Ella agradeció no haber estado realmente dormida. Volteó a verlo.
-¿qué?
-Te traje comida.
-No tengo hambre- mintió. No pensaba probar nada que él le diera.
-¡No me importa!, no morirás de hambre, sino de la manera que yo te mate, así que come.
Ginny tenía inmensas ganas de aparecerse en otro lado, tuvo ganas esas completas cuarenta y ocho horas, pero los doctores le habían dicho específicamente que ni se le ocurriera ya que alteraría la formación íntegra de su bebé. Por otro lado, quería pegarle, pero lo conocía muy bien, él se volvería agresivo con ella y eso también afectaría al bebé. ¡Quería comer!, pero realmente dudaba del contenido de esa bandeja.
-¡Déjame en paz!
-Ahora que lo pienso mejor, siendo éste tu último día de vida, podría disfrutarte un poquito, ¿no?- sonrió con morbo. Sus ojos se abrieron como capullos en flor. Saltó del sofá con la mayor agilidad que encontró y lo esquivó- no podrás escaparte mucho tiempo más, Ginevra. Es un cuarto muy pequeño, se presta para esto, ¿no crees?.
-¡Déjame!- él estiro los brazos para agarrarla pero ella logró meterse en el pequeño cuarto de baño y cerrar la puerta desde adentro.
-Ginny, tengo mucha más fuerza que tú, podría tirar la puerta abajo en cualquier momento.
-¡Déjame!, ¿qué es lo que quieres?- decía sollozando.
-A ti, ¡todo lo que me negaste!.
Sintió como el cuerpo del ser que amo desoladamente en un momento, se arremetía contra la puerta intentando derribarla y hacerle a ella, Dios sabe que cosa. Rogó que la carta le llegara pronto a Harry y que este se apurara el doble. Se acurrucó en un de las esquinas del cuarto y se sentó en el suelo, esperando la irrupción, resignada.
Logró entrar por fin, luego de cinco minutos de golpear la puerta, que si bien parecía mohosa y podrida, se encontraba firme y resistente. La encontró temblando en el suelo. Sonrió. Se acercó y la agarró con agilidad. Ella pataleaba, recargada en su hombro. Él la llevó hasta el sofá y la soltó bruscamente. Rasgó su remera.
-Es una lástima, has perdido gran parte de la hermosura... la gordura no te va muy bien...
-¡Entonces suéltame!- lloraba-¿Para que me quieres si estoy gorda y fea?
-Para esto, para mi venganza. Ustedes dos se burlaron mucho tiempo de mí y van a pagármelo. Sobre todo el estúpido ese por robarte de mi lado.
-Él no hizo nada, tú me perdiste...
-Como sea, es decisión tomada y... ahora no hay chance para ti. Te aconsejo que no luches...- se le acercó a susurrarle en el oído- esto pasará de todas formas- sonrió y ella se alejó.
-¡Basta!- le pegó entre las piernas, pero el impacto no fue tan grave como para impedir que pasara lo siguiente. Él sacó un cuchillo de su bolsillo y rasgó su pollera.
-Ni se te ocurra moverte o tu bebé sufrirá de un aborto no muy natural.
-¡Suéltame!- lloraba pero sin moverse ni luchar. Si dañaba a su hijo nunca se lo perdonaría. Prefería que a ella le hiciera lo que se le cantara, antes de que pusiera una mano sobre su vientre. Él la besó y ella no se movió. Estaba asqueada.
-¿ves?, puedes cooperar...- Empuñaba el cuchillo justo a la altura de su vientre. Con su otra mano comenzó a acariciar su muslo semi desnudo. Volvió a besar sus labios, prolongando su degustación y asqueando a la chica hasta un punto in calculado- ¡Como extrañé esto!- la besaba con excitación. Las lágrimas que ella humedecían más sus labios.
De pronto sintió como el peso del cuerpo de Mathew sobre el suyo, se alivianaba y desaparecía. Sintió como el contacto se rompía para su alegría. Abrió sus húmedos ojos y lo vio en el suelo, y Harry de pie a su lado pateándolo con una cólera que ella nunca había presenciado en él. Pateó cada punto vulnerable de su cuerpo. Su boca, su nuca, su estómago, su entrepierna, su muslo. Dañó su cuerpo al ciento por ciento, pero percatándose de dejarlo vivo para que sintiera el dolor de los magullones causados.
Ginny solo era capaz de agradecer su llegada, llorando.
-Eres un infeliz- le gritaba a la vez que le hizo una paralítica con el mayor efecto.
-¡Harry!- le gritó- ¡Basta!, ¡vas a matarlo!
-¡Se lo merece!
-No, merece pudrirse en la cárcel.
-No bastará...- él levantó a penas la pierna para pegarle una patada definitiva en la nuca, pero ella se levantó con rapidez y lo empujó hacia sí, cayendo ella encima suyo en el sofá.
-Por favor, no quiero que te acusen de asesinar a alguien.
-No me acusarán- intentó levantarse pero ella no se lo permitía- es defensa propia...
-No, no te atacó a ti.
-¡Entonces mátalo tú, Ginny!
-No- se levantó y lo vio tendido en el suelo. Se acercó y golpeó su rostro dejándolo inconsciente- Yo ya hice mi parte.
Cansada se sentó en el sillón y tomó como pudo, su ropa. Era inevitable que un par de lágrimas cayeran de sus ojos. Él, viendo la escena, notó como se le partía el corazón de lástima. Se sentó a su lado.
-Lo lamento, amor. Esto nunca debió pasar...
-Atentó contra nuestro hijo, yo... no sabía que hacer, si le pasaba algo... no quise pelear.
-Tranquila linda, te entiendo. De verdad lamento que pasaras por todo esto, yo te mandé a lo de tus padres sin acompañarte y...
-No es tu culpa...
-Pero debí cuidarte- la abrazó- temí tanto por tu seguridad y la del niño... me sentía tan culpable.
-Me alegra que ahora estemos bien. ¿Qué haremos con él?- miró el cuerpo inconsciente en el suelo.
-Ron avisó a la policía y lo buscarán en...- se escucharon puertas cerrarse y supieron que eran ellos.
-Harry, mi varita... ¡la tiene él!
-Yo la busco, tú ve al baño que estás casi desnuda.
-De acuerdo- él le dio su varita y ella se escondió en las paredes del baño, ya que la puerta estaba tirada abajo. Harry aguardó al lado del marco.
Cual no sería su sorpresa al ver que, quienes cruzaron la puerta eran solo dos personas, y no eran policías. Parecían confundidos, pero al ver a Mathew en el suelo y a Harry con un par de heridas, ambos se abalanzaron sobre el morocho.
-¿qué le hiciste?- le comenzaron a pegar.
Ginny asomó la cabeza y notó que eran los otros dos fugitivos que acompañaban al estúpido a todos lados, quienes golpeaban a su esposo.
-¡Déjenlo!- atinó a decir notando su error. Ambos se detuvieron a mirarla. Uno lo dejó y caminó en dirección a ella pero la pelirroja tomó su varita y lo petrificó- ¡No lo toques!- se abalanzó sobre él, rasguñándole la cara. El hombre retrocedió y ella repitió el proceso con su varita.
Ginny se quedó sentada a su lado. Harry había resistido bastante pero los dos hombres lo habían atacado sin control y él estaba casi deshecho.
-¿Estás bien?
-¿lo estás tú?- la miró.
-A tu lado, amor...- lo besó con suavidad. La policía irrumpió y encontró a los tres fugitivos inmovilizados en el piso. Accedieron a esposarlos.
-Lamentamos la tardanza- miró a la chica- ¡Stone!, ¡Trae unas prendas!. Estos irán a cadena perpetua- dijo segurísimo, mirándolos- ¡Stone!, ¡Trae la caja de primeros auxilios!.
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Llegaron a su casa más que agotados. Pero se amaban, y se tenían, eso era lo que más les importaba de momento.
-No tienes ni idea de cómo me provocó verte ahí casi desnuda. Por un lado quise matarlo por solo pensar en tocarte o besarte... y por el otro quise abalanzarme yo mismo sobre ti- le sonrió- ¡Te amo!- la besó.
