Cap. 08
Que me amen así
Simplemente, era imposible de creer.
Hacía menos de un mes, él y sus compañeros se habían reunido para ir a uno de esos conciertos de Heavy Metal que tanto le gustaban a Seiya. También habían tenido un día de campo, como los que le gustaban a Shun, inclusive, habían ido a una pista de patinaje, donde Hyoga había echo miles de piruetas alrededor de un Fénix enojadísimo que se estampaba a cada segundo en el hielo.
Y ahora, desde hacía tres semanas todo había cambiado.
Estaba embarazado, había estado encerrado en el santuario, y se había escapado, y ahora…
La mirada del joven se levantó, enfrentando aquellos ojos.
Una sonrisa afloró en el rostro del dios de la muerte.
- Pareces sorprendido de verme.
- Responde a mi pregunta¿Qué quieres aquí, Hades?
¿De verdad necesitas una respuesta?
Instintivamente, Shiryu colocó ambas manos sobre su vientre.
El dios de la muerte sonrió y se puso de pié, observando a su alrededor y permitiéndole a Shiryu mirarlo, haciendo que frunciera notablemente el ceño.
El velo blanco le impedía ver al dios con claridad, pero hasta donde podía ver, vestía un suéter negro de cuello de tortuga, pantalones de mezclilla del mismo color y no usaba zapatos, se podría decir que lucía… atractivo.
- Te preguntarás por que estoy aquí… siendo que debería de estar muerto.
- Veo que tienes algo de cerebro.
Hades sonrió.
- Vaya… guapo, fuerte, y muy inteligente, eso será bueno para nuestro hijo.
El dios se acercó al escudo y acarició con los dedos la inscripción de su propio nombre grabada en el metal.
- Verás… ese collar lo creé hace demasiados años, pero siempre ha estado ligado a mi mente, todo lo que ocurría, era guardado en esa piedra, es como un diario. Contiene mi esencia de día tras día, y justo ahora, que te has quedado dormido, el collar liberó todos sus recuerdos y me trajo a mi, un absurdo recuerdo de lo que fue el gran Hades.
- Entonces estoy dormido…
- Brillante deducción.
Shiryu bajó la mirada pensativo.
- Pero no solo guardé mis recuerdos, también una porción de mis poderes, y esque… hay cosas que me desagradan. El hecho de que mi hijo tenga unas alas puras y blancas, no es algo muy agradable que digamos.
- Déjame darte mis condolencias por un plan maestro frustrado.
- No, aún no está frustrado.
Hades caminó con paso elegante hasta el extremo opuesto de la cama, y abrió la cortina, encontrándose frente a frente con Shiryu.
El dragón clavó su mirada sin miedo alguno en la del dios, no importaba lo que le hiciera, no lograría derrumbarle, y mucho menos lograría hacerle daño a su hijo.
Pero¿Qué hacía¿Por que colocaba sus manos sobre el colchón¡Por que se acercaba a él?
Shiryu retrocedió de golpe, pero las cadenas le impidieron ir muy lejos, y se encontró acorralado, con los labios del dios de la muerte rozando los suyos.
- Aún tengo un as bajo la manga.
Y tan pronto como había llegado el contacto, terminó.
Hades sonrió con malicia.
- Rosas, y… no lo se, es extraño, veamos de nuevo.
Una de las manos de Hades se cerró en la cintura del joven mientras acercaba sus labios, y esta vez, el contacto fue de lleno, la mano libre del dios tomó con fuerza las mandíbulas del joven y le obligó a abrir la boca, permitiendo de esta manera que explorara las profundidades de los labios de Shiryu, quien por mas que forcejeaba, no lograba soltarse.
Finalmente, el dios retrocedió y se alejó lo suficiente para que el caballero no le tirara una patada, o algo por el estilo.
- Lo sabía… tus labios tienen la suavidad de las rosas, y un exquisito sabor a vino.
Shiryu gruñó, y hubiese intentado echársele encima al dios, pero solo hubiera conseguido desgarrarse la piel.
¿Sabes? Hace años, en la época mitológica, había algo que me encantaba hacer, y como sabrás, mi cuerpo permaneció mucho tiempo en los campos Elíseos, por lo que no lo he repetido.
El dios sonrió mientras cruzaba sus brazos por sobre su estómago y tomaba entre sus manos el suéter que vestía.
- No sabes como quiero un baño caliente.
El suéter abandonó el cuerpo de Hades y dejó ver su camisa blanca de manga larga y botones, los cuales fueron abriéndose uno a uno, para después deslizarse sobre sus brazos y caer al piso.
Shiryu le observaba atentamente. ¿A dónde quería llegar Hades con todo eso? Cada movimiento del dios mitológico estaba echo con el fin de seducir a alguien, y sabiendo que él era el único en la habitación además del señor del inframundo, era bastante claro para donde, o mas bien, para quien iban esos mensajes.
Afortunadamente, el dragón estaba lo suficientemente cuerdo para no dejarse llevar, y menos por alguien a quien detestaba tanto, como lo era Hades.
- Y dime¿Has sabido algo de mi hermana?
Shiryu arqueó una ceja. Hades, quien se encontraba de espaldas volteó a verle y sonrió, regresando a la tarea de desabrochar sus pantalones.
- Tú sabes, Pandora¿Cómo está ella?
- Ella está muerta, y lo deberías saber mejor que nadie, después de todo, Thanatos la consideró una traidora, y la mató.
Hades volteó a ver a Shiryu de manera seria. Se colocó de frente, y abrió el ziper de su pantalón, después le tomó y dejó que se deslizara por sus piernas, para después, teniendo ahora entera libertad, subió a la cama y quedó sosteniéndose en sus rodillas y las palmas de sus manos. Shiryu sintió un escalofrío.
Una risilla salió de los labios del señor de la muerte, mientras despeinaba juguetonamente los cabellos azabaches del dragón.
- Eres tierno¿Sabías?
- Vamos pequeño, crees que no lo se.
Hades se alejó y se puso de pié, acomodándose el cabello.
- Todos los dioses, sin excepción, podemos tomar los poderes de otros, pero existe un límite, y si ese límite se rebasa, jamás podremos volver a utilizar esas habilidades. Seguramente, la dulce Athena utilizó sus poderes en combinación con los míos. ¿O me equivoco?
Shiryu se mordió el labio. Eso era exactamente lo que Athena había echo, pero, después de revivir a los dioses guerreros de Hilda de Polaris, y a las marinas de Poseidón, además de Seiya, y los caballeros dorados, su poder y conexión con el mundo de la muerte se había agotado, por lo que solo faltaron dos de regresar a la vida, Shion y Aioros.
- Vamos lindo, dime¿Acaso Athena no regresó a la vida a mi hermanita Pandora?
- Si, la devolvió a la vida… y no solo a ella.
El dragón esbozó una leve sonrisa, que no pasó desapercibida por Hades.
- Cuando Pandora volvió a la vida, la señorita Saori le ofreció estar a su servicio.
- Que asco.
- Di lo que quieras, pero Pandora dijo que ofrecía su eterno agradecimiento a Athena, pero que nunca podría serle enteramente fiel, y aún así, le pidió que regresara a la vida a Radamanthys, y que a cambio, ella sería su esclava incondicional por lo que le restaba de vida.
¿Mi hermana es la esclava de esa diosa mimada?
Preguntó el dios con un leve destello de furia e indignación en sus ojos.
- No… Athena no aceptó, pero si volvió a la vida a Radamanthys.
Hades aceptó con la cabeza tras escuchar eso y procedió a quitarse sus apretados, y verdaderamente diminutos boxers negros, los cuales le cubrían menos de lo que en realidad deberían.
Shiryu suspiró con fastidio en respuesta.
- Entonces, mi dulce hermanita por fin aceptó estar enamorada de Radamanthys¿Eh?
- Si.
- Vaya.
Hades se acercó a la tina y se introdujo con cuidado, emitiendo un sonido de satisfacción.
El joven chino mientras tanto, buscaba cualquier cosa con la cual entretenerse. Le molestaba el hecho de que Hades le hablara como a un igual, o como a un amigo que hacía mucho que no veía.
Sus ojos se posaron en el collar que pendía de su cuello.
Estaba dormido, y ese collar hacía que su cosmos fuera inútil. Una mueca de fastidio cruzó su rostro. Tenía una de dos opciones, esperar a que Hades lo dejara ir, o despertar.
Observó unos segundos al dios, que parecía más que feliz, y era seguro de que no lo dejaría despertar. ¿Qué más daba?
- Pandora y Radamanthys se casaron.
Hades abrió un ojo y observó al dragón, quien le miraba fijamente.
- Hasta que te decidiste a hablar.
- No pienso quedarme callado como idiota
- Je, lo se… así que mi hermanita se casó.
- No se por que aún la sigues llamando hermana.
- Por que de todas las personas que me han cuidado en todo este largo tiempo, ella ha sido la mas dulce, y cariñosa.
- Ya veo.
¿Cuándo fue la última vez que la viste?
- Hace un par de meses… cuando nos invitó a conocer a su hijo.
Hades volteó a verle de golpe con una enorme sonrisa en el rostro.
¿Soy tío?
- No, Shun e Ikki son tíos, tú ya no significas nada para Pandora.
¿Qué quieres decir con que Shun e Ikki?
- La señorita Pandora les ha tomado cariño, cariño de hermanos. Debe bastarte con saber que Shun le llama "hermana" a Pandora.
El dios apretó los puños. No le agradaba nada que el mocoso de cabellos verdes le hubiera ganado el cariño de la arpista.
- Lástima que ese niño nació hasta ahora.
¿Qué quieres decir?
- Yo le dije a Radamanthys que convenciera a mi hermana, y la embarazara.
¿Qué? O.o.
- El bebé que ella llevara, la habría en extremo poderosa… es cierto, quizás habríamos perdido de todas maneras, pero créeme, que al menos hubiéramos asesinado a dos o tres de ustedes.
Hades metió sus manos al agua y observó su reflejo.
¿No te quieres dar un baño tú?
- No.
- Oh, vamos.
Las cadenas que aprisionaban los tobillos y muñecas de Shiryu se abrieron.
El joven se sobó un par de veces las marcas que los grilletes habían dejado en su piel, escuchando como Hades se hacía a un lado en la tina, como si le esperara a que le hiciera compañía.
Se puso de pié y sintió el frío contacto del suelo. Bajó los tres escalones alrededor de la cama y piso la afelpada alfombra.
Sus pasos le llevaron a la puerta, sin prisa, después de todo, no tenía esperanzas reales de escapar. Abrió la puerta sin mucho interés, y no se sorprendió de encontrarse exactamente a la entrada de la habitación. Si cruzaba la puerta, sería como volver a entrar, Hades rió por lo bajo.
¿Sorprendido?
- No realmente.
El dragón se encogió de hombros.
Ahora estaba seguro, estaba atrapado. Estaba lo suficientemente sumido en sus pensamientos, que no puso atención al sonido del agua moviéndose, y no fue sino hasta que las manos de Hades le abrazaron por atrás, y abrió uno de sus botones que reaccionó.
¡Pero que crees que estás haciendo?
- Quiero que te bañes conmigo.
¡Tienes que estar loco!
Shiryu se soltó con violencia, pero no bien lo hubo echo, el brazo derecho de Hades se cerró en torno a su cuello, y su mano izquierda se posó con fuerza sobre el vientre del dragón.
- Ahora bien, niñito. Estás con un dios, y no me gusta que me desobedezcan.
El brazo alrededor del joven hizo más presión, y Shiryu llevó ambas manos a la muñeca y bíceps del dios, en un intento desesperado por que llegara suficiente aire a sus pulmones.
- Te vas a desvestir, y vas a tomar un baño conmigo, y te puedo arrancar la ropa y divertirme ahogándote en esa tina.
- Eres un…
- Mide tus palabras, dragoncito…
La mano de Hades sobre el vientre de Shiryu ejerció presión, haciendo que el joven se estremeciera con dolor.
- Si le hago daño a esta criatura, en el mundo real, créeme que va a recibir el daño.
- Es tu hijo…
- No me interesa, solo quiero que te estés quieto. Dime¿Serás un buen niño?
- …
- Contesta… ¿Serás un buen niño?
Shiryu cerró sus ojos con indignación y aceptó con la cabeza.
- Seré un buen niño…
- No te escucho, más alto…
- Seré un buen niño.
Hades sonrió y lo soltó lentamente.
- Excelente, ahora desnúdate, que el agua no debe enfriarse.
El dragón sintió como la presión en su cuello y vientre desaparecían, y resopló enfadado y derrotado.
Llevó sus manos al pijama de seda que vestía, y comenzó a desabrocharla. Pronto, los botones habían cedido y Shiryu deslizó la prenda por sus brazos, doblándola y dejándola en el suelo, cerca de la bañera. Tomó un profundo respiro y desabrochó el listón que mantenía sus pantalones en su lugar, para deslizarlos por sus piernas, repitiendo el proceso de doblar y dejar en un lugar seguro, donde no se fueran a mojar.
¿Sabes lo sexy que es el dragón en tu espalda?
Shiryu se mordió los labios. Si Hades creía que era sexy… y eso que aún no veía nada.
Solo un poco de presión de sus dedos, y la tela blanca que cubría sus partes más íntimas se deslizó por sus piernas, el dragón solamente movió sus pies para dejarla a un lado, y Hades… tenía la boca abierta.
El dragón guardián en la espalda del joven se veía mas imponente que nunca, y por primera vez en mucho tiempo, alguien le veía completo.
Todos los que conocían aquella majestuosa figura le veían hasta donde la armadura, o los pantalones, o lo que fuera que vistiera permitiera, y ahora, en la completa desnudes era posible apreciar la cola del dragón bajando por sus caderas, y dando una vuelta, pasando sobre sus glúteos y formando una última curva, terminando poco mas debajo de donde iniciaba la pierna derecha.
Shiryu se metió en el agua con toda la serenidad posible, descubriendo que la tina era mas profunda de lo que había pensado en un principio, además de tener una especie de escalón acolchonado, en el que Hades estaba sentado, y había mas que suficiente espacio para él.
El dragón meditó mientras el agua caliente relajaba su cuerpo.
Volteó discretamente a ver a Hades, y por su mente pasó la imagen de aquél ser que crecía en su cuerpo. ¿Cómo sería? Las facciones de el dios y el caballero combinadas en un solo ser.
No solo físicamente, su hijo tendría el carácter de aquél que tenía a un lado. Él solo conocía a Hades de unos cuantos minutos, lo conocía como el dios que asesinó a Seiya e intentó matar a Saori… punto. Además, lo poco que llevaba de hablar con él, no le daba buenas esperanzas, pero¿Por qué no arriesgarse?
Se concentró lo más posible en calmarse, en olvidar cada uno de los desagradables momentos que acababa de vivir. Inconscientemente llevó una mano a su vientre y lo acarició, intentando desaparecer la desagradable sensación que le había quedado después de que Hades lo apretara.
Una sonrisa cálida y llena de ternura surgió de sus labios, y sus ojos se clavaron en Hades, idiotizándole de inmediato.
- Háblame de ti.
Hades sonrió de una forma parecida.
Posiblemente había pasado una hora… o tal vez dos.
Hades estaba sentado en el sillón, vestido únicamente por una bata de baño negra, que de algún lugar había conseguido, mientras Shiryu descansaba acostado en el pecho del dios, jugando con sus cabellos, vestido de nuevo con su pijama de seda.
Si algo había aprendido en ese corto tiempo, era no hacer enfadar a Hades bajo ninguna manera, y menos cuando no tenía su cosmos para protegerse a él o a su hijo.
También estaba enterado de que, después de diez, o doce copas de vino, el tipo podía ser muy sociable, y eso si, le encantaba la compañía, cosa que demostraba sujetando a Shiryu con uno de sus brazos, haciendo presión firmemente, pero sin apretarle o lastimarle, solamente le soltaba para poder tomar la botella de vino que reposaba a su lado y volver a llenar su copa.
El joven dragón escuchaba la plática del medio ebrio dios, sonriendo a sus comentarios, y no cesando de mirar a su alrededor. Era cierto, estaba cómodo, y por ahora no corría ningún peligro, pero sabía perfectamente que eso no podía durar mucho.
- …y entonces, me acerqué a la señora de mi hermano, ya sabes, el jefe.
¿Zeus?
- El mismo… jeje, estaba totalmente ebrio, así que le tiré la copa en la túnica al dios de dioses y¡JAJAJAJAJA¡Y le eructé a Hera en pleno rostro!
Shiryu rió levemente imaginándose semejante escena. Pero sus ojos se desviaron, contrastando su tristeza con su risa.
Le había molestado mucho que el dios le lavara el cabello, y lo tratara como a su pareja, o algo parecido, pero él… no podía hacer nada.
Sintió la mano de Hades colocándose sobre su barbilla, y sus ojos se encontraron con los del dios.
El cuerpo de Shiryu se tensó. ¿Acaso planeaba besarle de nuevo¿Por qué rayos había deseo reflejado en sus pupilas azules? Si se atrevía a tocarle un solo cabello, estaba seguro de que lo mataría con sus propias manos, no importaba si ya estaba muerto.
- Tus ojos siguen siendo iguales a como eran antes… en la era mitológica.
Shiryu frunció el ceño.
- Tu… tus amigos, todos, existieron en aquella era, lo recuerdo perfectamente. A ti y a tus compañeros de bronce les pedí una y mil veces que se unieran a mi ejército, y jamás aceptaron. Hubo algunos que si lo hicieron, pero solo para proteger a su diosa desde el bando enemigo.
El dragón sonrió levemente, pues tenía una leve idea de "quienes" fueron aquellos guerreros.
- Y tú… tú y Pegaso fueron los que mas me interesaron. Pero Pegaso era demasiado leal a Athena, y tú… tu te casaste, con un caballero de la orden ateniense, y menos que nunca los abandonarías.
- … ¿Me casé?
- Si, yo estuve en la ceremonia, escondido, viendo como perdía a un increíble soldado para mi ejército.
Hades le dio un sorbo de vino a su copa.
- Y lo he visto de nuevo… sus ojos siguen mostrando ese amor por ti.
El dios acarició la mejilla del joven.
- Siempre me he preguntado si en esta vida, él volverá a desposarte.
Tras decirlo, el rostro de Hades se acercó mas al de Shiryu, pero este se apartó. Grave error.
¿POR QUÉ NO QUIERES QUE TE BESE?
- Por que no deseo tus besos.
Hades gruñó.
Shiryu se puso de pié tan pronto como pudo, mientras Hades se le acercaba. El joven cerró los ojos preocupado, había olvidado que Hades se enojaba con mucha facilidad.
La mano del dios cruzó el aire con una velocidad impresionante, y el dorso de su mano se estampó contra la mejilla de Shiryu, quien cayó hacia atrás con violencia.
Una gota de sudor helado bajó por la espalda del joven caballero.
No estaba asustado, estaba aterrado. El dios se acercaba a él con una mirada llena de odio, rencor y lujuria, y sus actos, tales como empezar a desabrocharse la bata que traía encima, no hacían más que aterrar al joven Dragón.
- Posiblemente, es mi obligación hacer los honores a tu embarazo. Después de todo¿Qué tiene de interesante embarazarse sin sexo?
¡No te me acerques!
Shiryu se puso de pié y retrocedió, pero el dios le regaló una macabra sonrisa.
- Ven acá.
Hades tomó por el cuello a Shiryu y lo arrojó sobre la cama, haciendo que el chico entrara en un estado de alerta aún mayor.
- Tu y yo nos vamos a…
¡NI LO SUEÑES!
Haciendo acopio de toda su fuerza, Shiryu le tiró una patada al dios de la muerte, dándole justamente a su mandíbula, y tirándolo hacia atrás.
¡NI SIQUIERA TE ATREVAS A INTENTARLO!
- No eres nada sin tu cosmos…
El dios se lanzó contra Shiryu, evadiendo eficazmente sus patadas, mas no así sus puñetazos, los cuales dieron en el blanco golpeando el ojo derecho de Hades, quien se mostró aún mas enfurecido.
- Yo te enseñaré a respetar.
Haciendo uso de su propio peso, el dios controló las inquietas piernas del joven, mientras sostenía ambas muñecas del dragón con una sola de sus manos.
¿Sabes la razón por la que Zeus y Poseidón tuvieron tantas amantes?
- No lo se, ni me interesa¡Ahora suéltame!
¡Tranquilízate, maldición!... Fue por que eran excelentes amantes. Escúchame, he visto a nuestro hijo, y se que es un alma pura, que su esencia está casi intacta, pues tu deber fue morir cuando mi hijo llegó a tus entrañas, y que él te reviviera, corrompiendo así su alma, pero sabes, no sucedió.
- No soy tan estúpido como para dejarme vencer por ti.
- Lo se… pero sabes, si te corrompo, sucederá lo mismo con mi hijo.
Hades bajó su mano libre y comenzó a romper el pijama que aún cubría el cuerpo del Dragón.
- Escoge, dragoncito¿Quieres que te viole¿Quieres que desgarre tus entrañas mientras me doy placer? O prefieres que te tome con pasión, que te haga gritar con locura¡Que grites como una prostituta para mí!
Shiryu se continuó moviendo violentamente bajo el peso de Hades. El solo hecho de escucharle hacía que le dieran náuseas.
Y entonces, escuchó como se abría la puerta.
Dentro de él, estaba la viva esperanza de que fuera alguno de sus compañeros, que lo sacaran de ese lugar, y le salvaran, pero, la puerta estaba cerrada.
¿Shiryu? Shiryu, despierta.
Alguien le llamaba. Miró en varias direcciones, restándole importancia a la presencia de Hades, o a lo que intentaba de hacerle.
Y una idea golpeó su mente. Sabía que estaba dormido, a través del sueño y el collar era que Hades podía estar con él en ese instante, lo que significaba que en el mundo real, por llamarle de alguna manera, alguien había entrado a la habitación.
- Shiryu…
Conocía esa voz, pero, no podía reconocerle, pero sabía que era conocida.
Un grito brotó de su garganta y cortó de tajo sus pensamientos, cuando los dientes del dios se enterraron en la piel de su cuello, haciendo que brotara su sangre.
- No sabes como me gustaría…estar presente cuando despiertes… para verte cubierto de sangre… no sabes como me gustaría…
Pero algo le sacó del dolor. Un beso. Suave y tierno. Al mismo tiempo que algo cálido y húmedo limpiaba la sangre que brotaba de la herida.
Shiryu dirigió su mirada hacia Hades. Él estaba demasiado ebrio, y concentrado en su tarea de continuar rasguñando y tocando lujuriosamente la piel desnuda del dragón.
Una luz blanca cegó por unos instantes a Shiryu, mientras un peso ajeno a Hades se recostaba sobre su cuerpo, al mismo tiempo, un cálido aliento rozó sus oídos.
- No podrás despertar… lo se… pero estoy contigo, para cuidarte, y para hacerte saber que aunque no puedas evitar esto, yo estoy contigo.
¿Quién eres?
- Te amo, Shiryu.
Y los labios de ambos se unieron.
Shiryu abrió los ojos con toda la sorpresa posible. Recordó tantas cosas de golpe. Su primer beso, hacía ya años, con la dulce Shunrei. Los besos violentos, que le acababa de dar Hades, y ahora… la calidez a través de un solo contacto.
Sus ojos se cerraron lentamente.
Y en su mente golpeó un recuerdo. No supo de donde venía, solo llegó.
Había un enorme salón, él, vestido en una túnica bronceada, adornado de brazaletes, anillos y collares de piedras preciosas. A su lado, alguien, a quien no pudo ver el rostro, solamente su sonrisa, y escuchó su voz.
- Te amo, Dragón.
Y los labios de ambos se unieron, siendo exclamados por la propia Athena. La Athena original, nacida armada y adulta de la cabeza del dios Zeus.
Así como llegó, se fue, pero dejando algo en claro. "Esa" persona que estaba ahí, cuidándole, bajo la promesa de mantener su cordura intacta mientras durara la violación, era la misma persona que estaba enamorada de él.
El mismo caballero con el que se había casado en tiempos mitológicos. Ahí estaba…
Con una sincronización abrumadora, cada parte besada con violencia, fue besada por aquél desconocido, del cual Hades nunca se dio cuenta.
Las manos del dios desgarraron y arañaron la piel del dragón, haciendo sangrar las heridas, pero cada uno de esos cortes fue curado con infinito amor, e infinita ternura.
Shiryu podía sentir la diferencia entre la piel desnuda y fría de Hades, y la calidez que emanaba aquella persona. Los besos violentos, en contraste con la dulzura.
El dragón se mantuvo quieto, concentrado en su cuerpo, y alejado de su mente. Sintió cuando el dios le tomó por las caderas y lo levantó, y su cuerpo tembló, con miedo, con rabia, incapaz de defenderse en aquél mundo de sueños.
¿Me permitirías tomarte?
Shiryu se mordió los labios. Le dolía el cuerpo, pues tal parecía que golpearle y jalar de sus cabellos excitaba más a Hades, y ahora, su virginidad estaba a punto de irse de la mano de un desconocido.
El dragón aceptó con la cabeza, sabiendo que ese gesto llegaría hasta el mundo real. Pues prefería una y mil veces que alguien que le amaba como aquella persona lo tomara, a la locura y lujuria de Hades.
Y lo sintió, un golpe desgarrador que partió su mente en dos. Hades saltó una risotada, y acercó sus labios al oído de Shiryu, comenzando a decirle cuan estrecho y caliente era su interior, mejor que muchas mujeres, pero más frío que ellas.
Le hubiera gustado mucho taparse los oídos para no escucharle, para que su cuerpo dejara de convulsionarse a los embistes violentos del dios.
- No lo escuches… tu no estás con él, tu estás conmigo.
Una sensación cálida y placentera recorrió su ser y sintió como su cuerpo se movía al mismo compás que el de su salvador.
Una sonrisa afloró en sus labios mientras algunas lágrimas de dolor descendían por sus mejillas. Si así era, así sería.
Sus brazos se estiraron y rodearon la espalda de Hades, al mismo tiempo que abrazaba a su amante. El dios sonrió malinterpretando las cosas.
- Así que te gusta, tal vez no debieron entregarte a mi hijo… no eres mas que una prostituta.
Shiryu sintió como el dolor de aquellas palabras taladraba su mente, pero igualmente, se consoló sabiendo que no era más que una mentira, una mentira enferma creada por Hades para romperlo.
Y no lo lograría.
Cuando despertara, cuando aquél sueño enfermo terminara. Sentiría el dolor de haber sido tomado por primera vez, pero no por violencia, ni por lujuria… sino por amor.
El solo echo de saber que alguien le amaba a tales extremos, hizo a Shiryu sonreír.
