Cap. 27
Reflexiona y perdona
Habían pasado ya varias horas y en la sala de espera del hospital, los pobres caballeros se morían de la angustia.
En algunas sillas, Aioria se encontraba acariciando los cabellos rojos de su amada Marín, la cual dormía con la cabeza apoyada en el hombro de su león. El joven la miró, y observó como debajo de la máscara plateada asomaban rastros frescos de lágrimas, pobre de ella… y dormida en piernas de la pelirroja estaba su cuñada, o bueno, tal vez no fuera hermana de sangre, pero ya esta le había dado el título de cuñada, así que no tenía objeción en que la amazona de la cobra futura mente fuera parte de la familia.
Un poco lejos de ellos, Afro dormía en brazos de Aldebarán. Tras haber llorado largo tiempo, había caído rendido, y el caballero de Tauro le tranquilizaba acariciando los suaves cabellos turquesas, encontrándolos suaves y sedosos.
Los caballeros miraban en distintas direcciones intentando saber donde rayos se había metido Máscara, y mas aún, cuál era el estado de Dy-chan.
En la sala de maternidad, Máscara bebía un café en compañía del hombre que recién había conocido un par de horas atrás.
- Siento su pérdida.
- Gracias.
El silencio entre ambos hombres había durado muy largo rato, y el nuevo padre y recién viudo había dejado a su hija de vuelta en los cuneros, regresando después con Máscara, el cual para sorpresa de si mismo, le había esperado.
- Fue un embarazo difícil… dos veces entró en labor antes de tiempo, pero pudo solucionarse… los doctores nos dijeron que tal vez lo mejor era esperar a la próxima por que este embarazo era muy riesgoso… y nos negamos.
La voz de aquél hombre se quebró, y Máscara apoyó una mano en su hombro. Tomó aire, y continuó.
- Amábamos a nuestra hija desde antes que naciera, le prometí cuidarla con todas las fuerzas de mi alma, y… cuando entró en labor todo se complicó… había tanta sangre, los doctores decían cosas que yo no fui capaz de comprender… solo entendí que no podían salvarlas a ambas, y… y les dije lo que ella y yo habíamos decidido si aquello ocurría.
Máscara, quien hasta el momento había tenido los ojos cerrados los abrió lentamente.
- Escogiste a tu hija.
- …si.
El hombre rompió en llanto. Sabía que había sido la decisión correcta, pero dolía.
- La voy a extrañar.
- Al menos tienes a la prueba de su amor.
Máscara miró en cualquier otra dirección intentando no creerse que había dicho algo tan cursi.
- Tiene razón…
Una vez más, el pesado silencio cayó sobre ellos, tiempo que aquél desconocido utilizó para calmarse.
- ¿Qué me dice de usted?
- ¿De mi?
Máscara se puso de pié como resorte y se cruzó de brazos. No hablaba de sus cosas con sus compañeros de armas¿Por qué tenía que hacerlo con un desconocido?
- Mi historia puede que no le guste.
El caballero bajó la mirada. Si, había hablado, y tal vez el hecho de que fuera un desconocido le podría ayudar a soltarse.
- Nos conocimos y tuvimos relaciones, todo terminó ahí. No se por que la sentí tan distinta a las otras. Dejé de verla y luego me llamó para decirme que estaba embarazada, que no deseaba que le diera nada, solamente que lo supiera.
Máscara sintió un nudo que subía por su garganta, un dolor guardado por años siendo liberado gota a gota.
- No estuve ahí para velar por ella, no vi su estómago crecer, ni las patadas de mi hija dentro de su vientre. Nunca me interesé por ellas… solo… le mandaba dinero y me hacía el que no me importaba… hasta hace tres meses.
El caballero de cáncer tuvo deseos de golpear la pared con su puño, pero se contuvo, sabiendo que destruiría el muro.
- Aurora murió hace tres meses en un accidente de auto, la familia de mi mujer no pudo, o quiso hacerse cargo de ella y me la mandaron con Aida… su hermana.
Una sonrisa cruel se dibujó en sus labios.
- Detesté a esa mujer desde el primer día que la vi.
- Hermanas… nos odian por que creen que somos malos para sus hermanas, mucho peor si son hermanos.
- Lo se… cuando murió Aurora, nadie se hizo cargo de mi hija, y Aida no tenía tiempo para ella, así que me la entregó.
Máscara miró en otra dirección.
- Y por un descuido, ahora mi hija se debate entre la vida y la muerte…
- Si ella es como usted, creo que vivirá.
Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Máscara.
- Por las noches la veo dormir, y su rostro es la viva imagen de su madre… pero cuando está despierta veo que sus rasgos comienzan a deformarse a los míos, y temo que… que olvide a Aurora.
- Eso no pasará, al menos… su pequeña conoció a su madre.
- Es cierto, siento que su hija no vaya a ser así.
- Si… pero yo mantendré vivo el recuerdo.
En ese instante, la mano del desconocido se colocó sobre el hombro de Máscara, devolviéndole el gesto de apoyo.
- Su hija lo necesita más que yo¿No desea ir con ella?
El caballero de cáncer se quedó en silencio y encontró su mirada con aquél hombre.
- Gracias por todo.
- Mucha suerte.
Sin mediar más palabras, el caballero se dirigió a paso tranquilo hacia donde había dejado a los demás. Hablar con ese hombre le había echo bien, además, había comprendido unas cuantas cosas.
En la sala de espera, Dokho tenía volcada su atención en Shiryu, el cual estaba más dormido que despierto en una silla.
- ¿Shiryu?
Al escuchar su nombre, el chico levantó de golpe la mirada. Dokho le observó fijamente unos segundos y después le hizo una señal con la cabeza, indicándole que le siguiera, lo cual hizo el dragón.
Quedándose ahí, Ikki se mantenía al cuidado de Shun, quien ya hacía rato que había caído dormido en el hombro de Hyoga... ese pato…
Ikki suspiró pesadamente. Desde hacía un tiempo que le parecía que su pequeño hermanito se sentía atraído por el pato congelado, pero de ser cierto, le traería muchos problemas, ya que el pato era un mujeriego de lo peor.
El Fenix se levantó y comenzó a caminar hacia cualquier lado, pues a pesar de que gran parte de los presentes estaban dormidos, no le agradaba andar en grupos.
Le echó una última mirada a Shun. El pequeño peliverde había sido criado por Ikki, más que su hermano, era prácticamente su hijo.
Por otro lado, el caballero de capricornio mantenía su mirada en Aioria, su novia y su cuñada. Sonrió casi imperceptiblemente.
En aquellos años le había echo mucho daño a Aioria el saberse hermano de un traidor, y ahí era cuando había entrado Shura, el cual le había cuidado y criado desde aquél instante. Recordaba cada instante de la niñez del pequeño Leo.
Aioria levantó la mirada y se encontró con Shura, el cual le sonrió.
- ¿Está todo bien, Shura?
- Claro, solo… tengo un poco de frío.
- Yo también.
- ¿Te traigo un café?
- Gracias, te acompañaría, pero…
- No te preocupes, tienes mucha compañía.
Y tras decirlo, el caballero de capricornio se retiró.
No lejos de ellos, Mu se encontraba de pié contra una pared, observando a su pequeño discípulo.
Hacía un rato, el pequeño pelirrojo había ido con algunas enfermeras y poniendo su mejor carita de niño bueno había conseguido algunas mantas, con las cuales había tapado a Kora, la cual descansaba acostada en las piernas del niño, el cual, como extraña ocasión se mantenía tranquilo y acariciando los cabellos pelirrojos.
Mu sonrió. Su niño comenzaba a convertirse en un hombre, y aunque ignoraba si era un amor infantil o realmente el pequeño sentía su corazón latir por la aprendiza de Aldebarán, no podía dejar de sentirse celoso de que su pequeñín se estuviera ya creciendo.
- ¿Kiki?
- ¿Si maestro Mu?
- Voy por algo de comer¿Les traigo algo?
- No maestro, gracias.
- Bien.
Y tras decirlo, el lemuriano se alejó a paso lento, pero con una leve sonrisa en sus labios.
Mientras tanto, en algún otro lugar, Dokho se detuvo junto con su alumno, el cual se había mantenido en silencio durante largo rato.
- Ummm, supongo que podemos hablar aquí.
Dijo Dokho deteniéndose en las escaleras que llevaban al siguiente piso.
- Shiryu, yo… me duele enterarme de que te entregaste a Hades.
- Lo se maestro.
El caballero de libra se sobó las sienes mientras Shiryu bajaba la mirada, y ninguno de los dos se percató de alguien que les miró de casualidad y se detuvo.
- Quiero que me cuentes todo lo que ocurrió desde que se fueron, de acuerdo.
Shiryu tragó saliva.
Largo fue el tiempo, pero manteniéndose lo mas sereno posible, el joven dragón contó a su maestro como habían llegado a aquél palacio, la llegada de Hades y los extraños collares.
Al llegar a la parte de la violación, los ojos del dragón se humedecieron, y aunque al principio se negó, Dokho finalizó abrazando a su muchacho, el cual entre gimoteos continuaba con su historia, contándole de aquél desconocido.
- Usted me dijo una vez que la virginidad no se pierde cuando se entrega el cuerpo, sino el alma… y yo… yo… le entregué mi alma a alguien que no conozco…
- Tranquilo…
- Y Hades… utilizó los poderes de Hera para hacer mi cuerpo fértil, por lo que… esa persona… ese… desgraciado es también padre de mi hijo.
Shiryu desvió la mirada, mientras se mordía fuertemente los labios.
- Yo esperaba encontrarlo cuando despertara, que me sonriera y me besara, diciéndome que todo estaría bien, pero en lugar de eso, llegaron los muchachos y encontraron en mi mano una estúpida nota.
Dokho suspiró pesadamente, su muchacho había sufrido mucho.
Poco después, el joven dragón le relató lo acontecido en el hotel, y la manera tan baja en la que se había entregado al dios de la muerte sin ninguna reserva, y aunque aquellas palabras desgarraban al patriarca, como padre pudo comprender y mas que condenarlo, prefirió comprenderle y brindarle su apoyo.
El desconocido, aquél que era parte de la plática de maestro y alumno, se apoyó en la pared y tomó un profundo respiro. Estaba muy impresionado y su corazón latía fuertemente.
- Seré padre…
Una imperceptible sonrisa cruzó sus labios.
- De nuevo.
La conversación entre Dokho y Shiryu duró poco, y ambos decidieron regresar con los demás, esta vez, abrazados como el padre e hijo que eran, por lo que el desconocido había salido corriendo tan rápido como le había sido posible.
Dokho se mantenía tranquilo, y hasta cierto punto feliz de que su muchacho le hubiese contado toda la verdad.
- Así que… mi niño ya no es virgen n.n.
- ¡Maestro o/././o!
- Jeje, vamos Shiryu, me alegro por ti. Si te entregaste por amor, no dejes que las culpas te atormenten.
- Pero maestro…
- Habrá sido con Hades o con un desconocido, pero tu tranquilízate de acuerdo, no es como si eso fuese a decidir el destino de tu vida, comprendes?
En ese instante llegaron a la sala, y se encontraron con que faltaban algunos caballeros.
- ¿Y los demás?
- Ya regresan.
Dokho se encogió de hombros y sentó a su alumno, el cual sonrió.
- Maestro, no soy de porcelana, puedo sentarme solo.
- Si, claro, tu solo déjame cuidar de mi nieto¿De acuerdo?
Poco después comenzaron a llegar los caballeros faltantes. Shura se sentó a un lado de Shiryu y comenzó a conversarle amigablemente, pero el dragón se caía de sueño, por lo que el caballero de capricornio le tomó de la cabeza y lo recargó contra su pecho, haciendo que el joven se quedara prontamente dormido.
El ahora joven patriarca se encontraba observando de lejos a su discípulo, quien dormía en brazos de Shura.
Aunque se hubiera puesto feliz por la sinceridad de su alumno, se mordió los labios al pensar en el hecho de que su querido aprendiz estuviera enamorado de Hades, pero…
Analizó ese rostro y le vio sonreír en sueños mientras se acurrucaba más al pecho de Shura.
Su muchacho le preocupaba. Recordó aquél ataque que había realizado Shiryu en Las Vegas, afectando profundamente a Mu. Era cierto que su chico tenía algo de poder mental, pero no era para que pudiera realizar un ataque de esa magnitud, y menos aún con Mu, pero con el embarazo, era probable que sus poderes y los del bebé se estuvieran combinando.
Recordó las palabras que había dicho aquella noche Shiryu. Si el padre del bebé también era Mu, eso explicaría por que el tremendo poder, pero… siendo el hijo de un dios, también podría ser la explicación.
Cerró los ojos y pensó en aquél día en que los jóvenes se habían escapado.
- ¡COMO QUE SE LES FUERON?
Vociferó Athena a lo lejos y haciendo marcados aspavientos.
- ¡Mu, síguelos!
- ¿Ah?
Dokho le tomó de la ropa y lo puso de pié.
- ¡RÁPIDO!
- ¿Qué?
- ¡TELE TRANSPÓRTATE!
- ¡Y llévame contigo!
Shura se asió de inmediato de la mano de Mu, ya que ni loco dejaba solo al ser que amaba.
Mu aceptó con la cabeza y rastreó el cosmos de los chicos, mientras no lejos de ellos, Máscara reñía con Afrodita por haberle tocado el trasero, hasta que su discusión llegó a los gritos.
- ¡ENTIÉNDELO MALDITO AFEMINADO, ERES LA COSA MAS ASQUEROSA QUE PUEDE EXISTIR EN ESTE MALDITO MUNDO, COMPRENDES?
La cachetada que le cimbró Afrodita fue tan potente que lo hizo irse hacia atrás un par de pasos, chocando con una piedra en la cual perdió el equilibrio y se abalanzó sobre Mu y Shura, desapareciendo con ellos.
Dokho observó detenidamente a los tres pretendientes presentes. Cualquiera pudo haber sido. Los tres habían dicho que habían llegado a un palacio bastante protegido y destruido todo a diestra y siniestra, pero no habían encontrado nada. Sin embargo, a pesar de su rostro joven, no dejaba de ser un anciano sabio de 200 y pico de años, sabía que los tres ocultaban algo.
- Vaya, hasta que te apareces.
La voz de Aioria distrajo al maestro de sus cavilaciones, volteando hacia un pasillo por el que venía M.M.
- No tengo que darte explicaciones, gatito.
- ¡Que dices? Tu hija se está muriendo, y tu te largas a no se donde¡SE NOTA QUE NO LA QUIERES PARA NADA!
Apenas terminó de decirlo, cuando la mano de Máscara se cerró en su cuello y sus ojos centellaron con furia.
- Jamás… te atrevas a repetir eso…
Con los gritos de Aioria, ambas amazonas despertaron y vieron apenas pudieron con muy malos ojos al caballero de cáncer, el cual le soltó despectivamente.
Marín iba a levantarse para reclamar, cuando una mujer apareció en la pequeña sala.
- El señor… ¿Máscara?
El caballero se acercó a grandes pasos y se plantó frente a la mujer, quien se sintió algo intimidada por la macabra presencia del hombre frente a ella.
- Afro, despierta.
Aldebarán meció un poco al joven de cabellos turquesas, quien bostezó un poco y miró interrogatoriamente al caballero de Tauro, el cual le hizo señas con sus ojos.
Afrodita giró la mirada y vio a la doctora, lo que le disipó de inmediato el sueño y lo hizo prácticamente saltar del asiento.
- ¡Como está mi niña?
La mujer observó a Afrodita con una ceja levantada.
- ¿Y usted es?
- Y-yo…
Afrodita bajó la mirada, pues no era nada, así que no le darían información, seguramente.
- ¿Esque no ve el parecido que tiene con mi hija?
Vociferó Máscara.
- Es obvio que es mi esposa, la madre de Dy-chan.
- Lo siento señor, mil disculpas, si me acompañan…
Máscara tomó del brazo a su compañero de armas, quien estaba tan impresionado como todos en la salita. Apenas y escuchaba las explicaciones de la mujer, pues las palabras del caballero le hacían comprender que había dicho aquella mentira para acercarlo un poco a su adorada Dy-chan.
- Entonces…
El caballero de cáncer bajó la mirada y Afrodita le apretó suavemente, como una esposa lo haría.
- Mi hija está estable, mas el peligro aún no ha pasado¿Cierto?
- Así es, señor. A pesar de que un escorpión a menos de que sea de una cierta especie no mata a una persona, la cantidad de piquetes y la edad de la niña… bueno, ella podría morir esta noche.
Se hizo un largo silencio.
- ¿Podemos entrar a verla?
- Por supuesto.
La doctora abrió una puerta y Máscara avanzó a paso lento. Ahí estaba, su niña, su hija, aquella que alegraba su abandonado templo.
Su piel pálida, respirando muy lentamente, sus ojitos cerrados, ese cabello largo a los hombros esparcido por la almohada. Tenía un respirador y algunas agujas que sobresalían en sus manos.
Por un momento sintió que se quebraba, mas su deber era ser fuerte para consolar a Afrodita, quien estaba tan impresionado y dolido que ni siquiera las lágrimas podían manifestarse en sus ojos.
- Si hay complicaciones, no duden en llamar.
La mujer se retiró a paso lento y Máscara se acercó a su hija, rozó sus manitas frías y una lágrima escapó de sus ojos.
- Dy-chan… mi Dy-chan…
N/A: HOLA!
Saben? Cuando creamos a Lady of Darkness nos pareció que era un personaje mas, pero ya conociéndola mas a fondo, tratándola capi a capi, hemos visto que es una personita muy especial, y hemos notado que la gente la quiere mucho.
¡PENDIENTES!
PRÓXIMO CAPÍTULO DE NACIDO INOCENTE:
"Tu madre y yo"
La historia de Aurora y Máscara Mortal!
Saludos a todo mundo, mil gracias por los reviwis. Y si, ya estamos en la lista de los 200 para la petición a para que nos dejen contestar a los lectores.
¡GRACIAS A TODOS!
Lady Grayson (cerebro y músculo del dúo) y Lady Gloria (a alguien se ocupaba para hacer el dúo, no?)
