Cap. 28
Tu madre y yo
El tiempo tenía un andar lento y cargado de angustia. A un lado de la cama, Máscara mortal se mantenía quieto, con los ojos fijos en su hija.
Podría haber pasado una eternidad entera, y Máscara no se hubiera movido. En todo lo que llevaba ahí sentado, había parpadeado no más de un par de veces.
Solamente en una ocasión, Milo había intentado entrar para saber el estado de la niña, y el cosmos de Máscara se había aumentado de manera tan violenta que todo a su alrededor comenzó a temblar, lo cual hizo que el pobre escorpión saliera corriendo. Sin embargo, no por ello había movido un solo músculo.
Afrodita por su parte estaba preocupado por ambos. Le preocupaba mucho Máscara y esa increíble falta de movimiento, mas no se atrevía a decir nada. Ya muy amable había sido el caballero de cáncer en hacerlo pasar por madre de la niña como para ahora molestarle.
- ¿Afrodita?
La voz del hombre de cabellos cortos fue apenas un susurro ahogado, y el joven de Picis le miró.
- Ve con Mu… por favor, y dile que te lleve a mi templo. En la primera gaveta de ropa, al fondo, hay una caja con muchas llaves, tráemela, y en el ropero, presiona la mancha de sangre con forma de estrella y se abrirá un compartimiento secreto con una caja de madera, tráemela también…
- Claro…
Afrodita se puso de pié y salió bastante confundido, mas no deseaba molestar a Máscara.
Unos minutos mas tarde, Máscara había vuelto a su tarea de contemplación de su hija. Acercó una mano y acarició aquellas pálidas mejillas.
Cuando su niña dormía era tan… idéntica a su madre.
- Aurora, desde el cielo debes de estar maldiciéndome por haber descuidado a nuestra pequeña¿No es así?
Máscara sintió que sus ojos se humedecían. Se acercó y moviendo cuidadosamente a su hija su subió a la cama y la acomodó en su regazo.
- ¿Sabes Dy-chan? Amé a tu madre, solo que… no lo supe expresar.
Los ojos del hombre se cerraron.
- Nos conocimos en Italia, hace ya cuatro años, ella era tan… hermosa… tan distinta a todas las mujeres que he conocido…
Italia, cuatro años atrás.
Era una tarde soleada de verano. En un pequeño café, un joven de cabellos azules y puntiagudos se encontraba cómodamente instalado leyendo un libro y bebiendo de vez en cuando un ya frío café moca.
Vestía una camisa negra, con los botones abiertos a medio pecho y un pantalón de mezclilla. Mientras leía reía y tomaba uno que otro apunte.
Algunas jovencitas lo veían intrigadas, pues aunque no era un hombre atractivo, si era una persona enigmática. Algunas, guiadas por la curiosidad se habían acercado para hacerle algún tipo de conversación, mas al ver el título de "Ejecuciones y torturas mas sangrientas de los últimos siglos" la gran mayoría se había retirado intentando no llamar la atención, mientras que las otras habían salido corriendo y gritando.
Una vez acabado su muy interesante libro, Máscara terminó su café y se estiró en su silla. Vaya que había aprendido mucho. Tomó la libreta y observó las anotaciones que había echo, todas esas torturas que el no conocía las había estado combinando en una sola. Rió ante el pensamiento y los deseos de probar su nueva tortura maestra.
En ese instante, una figura a lo lejos captó su atención.
Levantó la mirada y observó a aquella persona de espaldas a él.
Tenía un largo y liso cabello turquesa, usaba un veraniego vestido blanco sin mangas el cual se movía al viento y cargaba una sombrilla del mismo color que su ropa y zapatos.
Una risa burlona se le escapó al caballero mientras se ponía de pié y se acercaba a grandes zancadas a esa persona.
- ¡Hey, maricotas!
Llegando a su lado, le dio un golpe en la espalda "amistosamente".
- ¿Puedo saber que rayos haces vestido de mujer, eh imbécil?
Ni bien lo acabó de decir cuando una mano se estampó en su rostro violentamente.
- ¡Pero quien rayos se cree usted, majadero?
Máscara abrió los ojos grandemente al escuchar la voz femenina.
- ¡Es usted un desgraciado idiota¡Apártese de mi camino!
Pero lejos de hacerlo, Máscara estaba idiotizado por la persona frente a él. Tenía un enorme parecido a Afrodita, solo que con senos. Y rió.
- ¡Uy si! "Majadero" Jajajaja¿Te implantaste senos y viniste a presumirlos o que maricotas?
Rió Máscara apretando uno de los pechos de la chica, quien de nueva cuenta le lanzó un golpe, el cual fue fácilmente interceptado por el caballero.
- Te quedaron bastante naturales¿Sabes? Jeje.
- Pero como se atreve…
Haciendo uso de la fuerza, la joven se soltó y continuó su camino verdaderamente enfadada, dejando al italiano riendo. Ya vería ese Afro cuando le contara a todos que se había echo implantes de pechos.
Máscara miró la hora y vio que era bastante tarde, su madre debería estar histérica. Bah, para lo que le importaba.
Caminó tranquilamente mas sonriendo. Era afortunado. De los muchos caballeros del santuario él era el único que aún tenía padres, o al menos eso creía… bah, quien sabe, no era algo que le interesara. Y esque sus padres en ciertas vacaciones habían llegado a Grecia, tiempo en que el patriarca le había descubierto y le había ofrecido ser un caballero. Sus padres habían aceptado a regañadientes por que el pequeño había insistido, y ahora, tras muchos años de sacrificios, sabían que habían echo lo correcto, además de que conservaban a su hijo.
- Ya llegaste cariño?
Vino la voz de su madre desde la cocina, Máscara rodó los ojos.
- No, la puerta se abre y cierra sola por que hay fantasmas.
- Muy gracioso¡Llegas tarde!
- Vamos mujer, déjalo en paz.
Máscara entró a la sala, donde su padre leía el periódico.
- ¿Cómo estuvo tu día hijo?
- Igual que todos, aburridos.
- Tan rápido y ya quieres volver al Santuario?
- No es eso, digamos que me falta acción.
El hombre rió.
A tu madre le da pánico cada vez que te vas, ya sabes como es ella.
Mamá es muy exagerada, no es como si fuese a llegar, umm, no se, un mocoso de bronce o algo por el estilo y fuera a matarme.
Si, lo se, pero ella se preocupa.
Máscara aceptó con la cabeza mientras su padre tomaba un cigarrillo y lo encendía, mas apenas y aún no lo tenía en los labios cuando a la velocidad de la luz, este desapareció.
- ¡Oye!
- Madre te ha dicho que dejes de fumar.
- Oh vamos hijo, ya tengo cáncer¿De que quieres salvarme?
- Mira, si ya te resignaste me importa un comino, pero piensa en madre¿De acuerdo?
El hombre le miró de mala manera y suspiró.
- Claro.
- Claro, si, en cuanto me vaya seguro que vuelves a fumar.
- Eso es seguro.
- Contigo no se puede.
Ambos se encaminaron al comedor, donde la alegre mujer comenzaba a poner una olla humeante.
- Hijo, tienes que limpiar tu habitación, había un olor raro, como de animal muerto.
Máscara sintió que se le iba el alma al suelo, se había olvidado de un rostro a medio disecar que había dejado debajo de la cama, escondido de la vista de sus padres.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no entres a mi habitación?
- Oh vamos hijo, no es como si estuvieras escondiendo un muerto.
- Je, claro que no.
La comida pasó relativamente bien. Máscara no podía evitar mirar a sus padres, quienes reían y conversaban. Eran las únicas personas a quienes les tenía aprecio. A nadie más. No tenía amigos, ni pareja. No le daba remordimiento asesinar a inocentes, lo único que le importaba eran esas dos personas que le habían dado la vida.
- ¿Me escuchaste hijo?
- ¿Eh?
- ¡Mira nada mas, estás en otro mundo!
- Déjalo amor, debe estar pensando en esa¿Cómo se llamaba¿Afrodita?
Máscara se puso de pié de golpe.
- Me retiro.
- Oh vamos hijo. ¡Orlando, sabes que a nuestro hijo no le gusta que le mencionen a esa chica!
- Vamos mujer, él mismo nos la quería presentar.
- ¡Pero todo se acabó entre ellos! Hijo, disculpa a tu padre.
Máscara gruñó y se sentó de nuevo, reanudando su comida.
- Hijo, te decía que una amiga me dijo que su hija estaba muy aburrida.
- No me digas, y pensaste en mí para entretenerla, ni lo pienses.
- Oh vamos, la conozco y es una chica muy dulce.
- Dulces tus pasteles, yo ni loco salgo con una urraca loca como lo son todas las vecinas.
- Por favor hijo, es una buena amiga.
Máscara suspiró y observó a su madre.
- ¿A que hora debo pasar por ella?
- ¡Hijo, no sabes lo feliz que me haces!
Gritó ella encantada y poniéndose de pié.
- Te lo juro, es la chica más dulce y tierna que vayas a conocer, la conozco desde niña, solo que nunca he tenido tiempo de presentarlos. ¡Te juro que te enamorarás de ella!
- Si, si claro.
La mujer se fue corriendo a llamar a su amiga, mientras Orlando miraba a su hijo.
- ¿Dulce y tierna? Creo que va a salir corriendo en cuanto te vea, hijo.
- Eso espero.
Padre e hijo rieron con complicidad.
Un rato mas tarde, Máscara ya estaba listo, bañado y cambiado para su "gran" cita.
Caminaba por las calles empedradas mirando los viejos edificios. Le gustaba su ciudad natal, a decir verdad, le gustaba mucho.
Se detuvo en un edificio de apartamentos y tocó a la puerta.
Una mujer salió a atenderle, mirándole de mala manera.
- ¿Si?
- Busco a Aurora.
- ¿Para que?
- ¿Está o no está?
- Depende¿Para que la buscas?
Máscara crispó su puño y estuvo a punto de mandar a volar a la entrometida joven.
- Mira, no estoy aquí por gusto, dime, está Aurora si, o no?
- Soy su hermana Aida, y no, Aurora no está.
- ¡Aida, no seas mala!
En ese instante, una jovencita se acercó corriendo.
Los ojos de ella se encontraron con los de él, y ambos reaccionaron con horror.
- ¿TUUUUUUUUUU?
Ella gruñó audiblemente mientras Máscara se hizo hacia atrás.
- ¡Pero que haces tú aquí, maldito!
- ¿Yo¡Mi madre me obligó a venir!
- ¡Ja! Tu madre te obligó?
- ¡Tú no te metas urraca loca!
Gritó Máscara a la tal "Aida" quien le observó bastante enojada.
- Bueno¿Nos vamos o que?
- ¡Que¡De todas formas vamos a ir?
- Por supuesto, no me arreglé toda la tarde para quedarme en casa.
Tomándole de la mano, la chica salió a grandes pasos de su casa, dejando a Máscara con gran cara de shock.
Máscara miraba de reojo a la chica. Bueno al menos ahora estaba seguro de que era una chica, aunque no le dejaba de sorprender el parecido con Afrodita.
- ¿Y bien¿A dónde me vas a llevar?
- ¿Llevarte¿Y por que tengo que decidirlo yo?
- Por que tú eres el que vino a sacarme a pasear ¬¬.
- Mi madre me lo ordenó ¬¬.
- O sea que eres un niño de mami ¬¬.
- Repítelo y te juro que te mato ¬¬.
- Niégame lo contrario ¬¬.
- Ahora si te lo buscaste.
El cosmos del caballero empezó a arder con claras intenciones de hacerle MUCHO daño a la chica, pero para su sorpresa, la joven no se movió un centímetro.
Era la primera que no salía corriendo.
- Bah.
Su cosmos se calmó y miró en cualquier dirección.
- ¿Tienes hambre?
- Por supuesto, idiota.
- Pues bien, vamos a comer.
Ambos caminaron uno junto al otro. El caballero de cáncer no dejaba de sorprenderse con aquella chica. Definitivamente no era el bombón relleno y dulce que su madre le había dicho, al contrario, tenía carácter, y eso le agradaba.
- ¿Tengo monos en la cara o que?
- ¿Eh?
- Deja de mirarme¿Quieres?
- Oh vaya, no sabía que la señorita se gastaba si la miraban demasiado.
- No me desgasto, pero temo que tu cerebro si, ya que tus insultos van decayendo cada vez mas.
Máscara gruñó, pero interiormente, se sentía extraño, pues era la primera vez que tenía una discusión con una mujer que durara más de dos frases.
- Comeremos aquí.
Finalizó él deteniéndose en un pequeño restaurante, ella se encogió de hombros y entró junto con él.
Pidieron cada uno lo suyo, comprobando que tenían gustos extremadamente diferentes.
- ¿Eres vegetariana?
Preguntó él viendo la ensalada que le servían a la joven, ella sonrió y apoyó su rostro en la palma de la mano.
- Y tú eres un carnívoro.
Respondió refiriéndose al gigantesco trozo de carne que el caballero había ordenado.
- ¿Y a ti que te importa? Comete tu lechuga, coneja.
- Ja! Tú empezaste, tarado.
Y cada uno se dedicó a comer lo suyo, hasta haber terminado sin cruzar una sola palabra.
Máscara pagó la cuenta muy a regañadientes. No tenía ni idea de que las ensaladas fueran tan caras.
- ¿Y a donde vamos ahora?
- ¿Ahora? Te voy a llevar a tu casa, aún tengo cosas importantes que hacer.
- ¡Que¡Estás loco! Yo quiero ir al cine ¬¬.
- A mi no me gusta el cine.
- Entonces al teatro.
- No me gusta el teatro.
- Bueno, a pasear por el parque.
- ¿Con todos esos mocosos jugando a mi alrededor? Ni lo sueñes.
- ¡Contigo no se puede¿Qué rayos es lo que te gusta?
- No te agradaría saberlo.
- Pruébame.
Minutos más tarde, ambos estaban en un museo de torturas. (1)
- Vaya…
La chica estaba mas que impresionada por todos aquellos extraños aparatos, y observaba como Máscara sacaba de vez en cuando una libreta y tomaba uno que otro apunte.
- ¿Qué haces?
- Nada que te importe.
- Grosero.
Máscara levantó una ceja. Las diminutas peleas que tenía con la joven se parecían mucho a las que sostenía con Afrodita.
- Que extraña máquina.
Dijo la joven de cabellos turquesas observando con detenimiento un intrincado artefacto, Máscara rodó los ojos.
- Si serás estúpida. Se amarraba a esa rueda a la víctima, después se le daban a beber litros y litros de agua, cuando comenzara a vomitar agua se le daba toda el agua que había vomitado y se le cosían los labios. Luego se le daba vuelta a la rueda para que la persona quedara de cabeza y con el agua que había ingerido, su estómago reventaba, y para finalizar, se le cortaban los genitales con una espada al rojo vivo. Así de sencillo, ves? (N/A¡Gracias Ale-chan!)
Máscara observó los ojos desorbitados de la chica.
- ¿Qué?
- Sabes mucho de esto¿Cierto?
- Umm, estudio las artes de la tortura.
Ella sonrió.
- A pesar de ser un amargado… tienes una voz linda¿Sabes?
- Si, si, claro.
- No me creas si no quieres.
Ambos continuaron con el recorrido, y la joven pedía al caballero le explicara casi todas las máquinas, y este tranquilamente contestaba a sus preguntas, y en ciertas ocasiones le señalaba los errores del mecanismo y las formas en que se podría haber echo sufrir más a la persona.
Las explicaciones del hombre habían llamado la atención de muchos, los cuales ahora seguían a la pareja y estaban atentos a las explicaciones de aquél enigmático hombre, convirtiéndolo así en un guía de turistas improvisado.
Pasaron la mayor parte del día en aquél museo, y cuando decidieron salir, ya era de noche.
- ¿Ahora si te llevo a tu casa¿O todavía quieres ir al cine?
- ¿Me estás invitando al cine?
- ¿Qué mas? A las mujeres no se les da gusto con nada.
- Si, claro… mejor invítame un helado¿Te parece?
Máscara rodó los ojos fastidiado y ambos emprendieron camino rumbo a la casa de la joven, y de paso, comprarle su estúpido helado.
- Oye.
La joven lamió su helado y se sentó en una barda.
- ¿Ahora que?
- Eres un hombre extraño¿Sabías?
- Que novedad.
- ¿Trabajas?
- No te interesa.
Ella rió.
- No me has dicho tu nombre.
- Por que no me ha interesado decírtelo.
- Oh vamos, todo el día te he estado llamando por apodos, y tú a mí.
- Aunque supiera tu estúpido nombre, créeme que no te llamaría por él.
Dijo el caballero recargándose en la misma barda y tomando un poco de su helado.
- Vamos¿Cómo te llamas?
Hubo un tenso silencio, y él sonrió.
- Máscara Mortal.
- ¿En serio?
- ¿Me ves cara de bromista?
- Je, no… es un nombre… muy de acuerdo contigo.
- Yo lo escogí.
- Lo supongo, no creo que tus padres te llamaran de esa manera.
Ella sonrió y le extendió la mano.
- Yo soy Aurora, mucho gusto.
Máscara bufó por las malas mañas de esa chica y le estrechó la mano.
- Ya es tarde, creo que mejor nos largamos.
- Creo que si. Ehhh¿Me ayudas a bajar? n.nU
- Te subiste ahí sola¿No? Bájate sola.
- Por favoooor.
Rogó ella con cara de cachorro abandonado. Máscara rodó los ojos.
- Vamos.
Ella se tomó de sus hombros y bajó de un salto, quedando muy pegada a él.
- Me he pasado un lindo día… Máscara.
- …creo que… puedo decir lo mismo.
Ambos sonrieron, ella feliz, y él imperceptiblemente.
Y ahí, bajo la luz de la luna y cubiertos por un manto de estrellas. Compartieron su primer beso.
N/A: HOLA!
1 – Habrá un museo de torturas en Italia… ¡Digamos que si XD!
BUAAA!
Estas pobres autoras están siendo amenazadas por aplanadoras gigantes, bazokas y golpes seguros¡PERO ESTAMOS CONTENTAS POR ELLO!
Un poco de historia…
Cuando esta historia fue creada, no esperábamos que Dy-chan fuera un gran personaje, simplemente alguien que se parecía de escena en escena una vez cada mil años, sin embargo, la niña, a pesar de ser nuestra creación se ganó el cariño de sus propias creadoras mas allá de lo que hubiéramos imaginado, hasta el punto en que fue tomada en cuenta como un gran personaje a futuro. Para nuestra fortuna, a los amables lectores de esta historia también les ha gustado la niña.
En cuanto a la pregunta sobre las respuestas de reviews, se puso bastante pesadito diciendo que era una regla y bla bla bla, y actualmente se está pasando una lista de 200 autores de fics para hacer que nos dejen contestar reviews, ya que si lo hacemos, nos bajan nuestras historias. (Sinceramente, que porquería)
Ahora bien, en cuanto al padre del bebé de Shiryu, es cierto lo que dice The Shade Ghost, el mas grande sospechoso es Máscara, pues él es padre, también Mu, pues él es como un padre para Kiki. Lo mismo Ikki, quien crió a Shun, igual Shura, el cual cuidó de Aioria, y ninguno de ellos estaba presente con los demás cuando Shiryu y Dokho hablaban ¡El misterio aumenta!
Esperemos que el capi haya gustado¡Mil gracias por leer!
(A las personas nuevas, que leyeron toooodo el fic de golpe, un millón de gracias)
Atte.
Lady Grayson (cerebro y músculo del dúo) y Lady Gloria (a alguien se necesitaba para hacer el dúo, no?)
