Cap. 33
El robo
Estaban a mediados de noviembre. La mañana llegó húmeda y fría, con una espesa niebla cubriendo el santuario.
En la casa de Aries, Mu había despertado temprano con el fin de entrenar, pero aquél era uno de esos días donde no apetece nada más que estar en cama.
Miró hacia fuera y vio a su joven alumno el cual practicaba sin necesidad de que lo estuvieran obligando. Desde la llegada de Kora, el niño estaba más que empeñado en ser más fuerte, y todo para ser un esposo digno para la amazona… Niños!
Le vio lanzar golpes al aire contra un enemigo imaginario, después extendió sus brazos y saltó hacia atrás cayendo con absoluta perfección. Amor infantil… ¿Quién lo comprende? Tal vez y esos dos jamas llegarían a nada, pero no había nada malo en soñar¿Cierto? Y más si eso ayudaba al pequeño en sus entrenamientos.
- ¿Kiki?
El niño se giró hacia la voz de su maestro, quien ocultó detrás de su mano un bostezo.
- ¿No te apetece entrar y que veamos una película?
Los ojos del niño temblaron con emoción.
- ¡CLAAAAARO!
Dando brincos llegó hasta su maestro y lo abrazó ilusionado.
- ¡Yo preparo las palomitas!
- Bien, yo voy a preparar todo en mi cuarto.
- ¡Ujuu, película entre las cobijas!
Mu sonrió mientras su pequeño discípulo se metía a la cocina. Mas no se dio cuenta entre tanta neblina, de un espeso humo azulado el cual se arrastraba por el suelo.
Entró a su habitación y arrastró su buró el cual tenía la televisión encima. No la usaba mucho, simplemente estaba ahí para días como ese.
Ajustó su video y destendió la cama, cuando el sonido de algo rompiéndose lo puso en alerta. Ese sonido había venido de la cocina.
Por un segundo le pasó la idea de que algo se le hubiera caído a Kiki, pero en caso de ello, el niño tenía dos opciones. Lo hubiera detenido con su poder mental, o gritado alguna maldición de las que le tenía prohibido decir. Y no había ocurrido ni lo uno ni lo otro.
A grandes zancadas salió de su cuarto, vislumbró la cocina y se sintió muy pesado. Apenas alcanzó a dar un par de pasos cuando cayó inconsciente al suelo.
En casa de Tauro, Aldebarán estaba más que orgulloso de su aprendiz. La chica avanzaba más cada día, y justo ahora estaba teniendo una "fiera" hasta cierto punto, batalla con su maestro.
- ¡GRETO HORM!
El poder de la jovencita salió disparado contra su maestro, quien le desvió fácilmente, o al menos eso creyó él, ya que sintió algo extraño en su mano, y tras revisarse se dio cuenta de que tenía una profunda cortada.
- ¡Pero vaya Kora!
- ¿Está bien, maestro?
- Perfectamente¡Mira herida más hermosa me has hecho! Puedo estar orgulloso de ti.
El caballero entró a su templo riendo y mirando su mano. La pequeña tenía grandes avances, y eso que solo llevaba entrenando cuatro meses.
Caminó por su templo y buscó las vendas, pero llegó hasta la salida y miró a la lejanía.
Se preguntó que estarían haciendo Afrodita y Máscara ahora que estaban conviviendo juntos las 24 horas del día gracias a Dy-chan. ¿Se llevarían mejor? O simplemente se ignorarían.
Cerró los ojos y recordó el rostro dormido de Afrodita en su regazo. Tan frágil y hermoso… los labios entre abiertos, los rastros de lágrimas por sus mejillas y…
- ¡Pero que rayos estás pensando Aldebarán!
Se dijo a si mismo regresando a la salida. De repente miró hacia abajo y se encontró con algo extraño. A pesar de la neblina, había un humo bastante espeso y azulado corriendo entre sus piernas.
Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza.
- ¡Kora?
No vino respuesta, el caballero se apresuró a salir de su templo y miró en todas direcciones. Y la jovencita no estaba.
En casa de géminis, Saga estaba cómodamente instalado en un sillón mirando hacia ningún lugar. Le preocupaba Mu. Su Mu. No iba simplemente a dejarlo ir con el dragón, no había esperado todos esos años para que se lo quitaran.
Tomó un sorbo de café y suspiró. Comenzaba a sentir sueño, que extraño siendo que estaba bebiendo café. Ese estúpido de Kanon seguramente había vuelto a comprar sin cafeína.
Saga cayó dormido, y nunca reparó en que una puerta de templo se abría y el espeso humo entraba en esta.
En casa de cáncer, Máscara se encontraba admirando tan hermosa escena. La niña en el comedor con la boquita abierta, y Afrodita con una cuchara jugando al avión.
Era en esos instantes cuando reconocía la bendición de ser un padre. Su niña reía, a pesar de estar débil. Los cabellos ahora cortos, pronto crecerían, y cuando ella tuviera más edad se volvería tan hermosa como su madre. Su madre…
Máscara observó a Afrodita unos segundos.
Era cierto que mucho tiempo atrás lo había amado con locura, pero eso era parte del pasado, aunque bueno, ahora era de mente más abierta, y también más conciente de sus acciones. El hecho de que estuviera intentando ligarse al dragón lo comprobaba.
Afrodita sonrió mientras la niña le lanzaba algo de comida a su padre.
- ¡Óyeme mocosa, quien te has creído!
- Tranquilo Mascara, no es como si no se pudiera limpiar.
Con total calma agarró un trapo y se acercó al caballero, empezando a limpiarle muy tranquilamente y sin darse cuenta de que lo estaba poniendo nervioso.
Máscara observaba fijamente los ojos de Afro, el cual no le miraba a él, sino a las manchas por su rostro y ropa.
- A-Afro…
- ¿Si?
Finalmente los ojos de ambos se encontraron.
- Eh, esq-que…
- Tengo… sueño…
Los ojos de él se cerraron de repente y cayó sobre Máscara, el cual abrió los ojos impresionado.
- ¡Afro, que rayos te sucede?
Un sonido metálico se escuchó y el caballero giró su cabeza hacia su hija, no encontrándola.
- Pero que diablos…
En la casa de Leo, el caballero y su visitante estaban dormidos plácidamente el uno en los brazos del otro.
Marín se despertó lentamente y sus ojos azules brillaron de felicidad al encontrarse con su adorado Aioria. Acarició su rostro y besó su nariz. Él rió levemente y siguió con su sueño.
La amazona estiró una mano y tomó su ropa interior, tenía que vestirse y llegar al recinto temprano, ya quería ver a Shaina y que ella le contase todo lo ocurrido el día anterior.
Se deslizó en la cama intentando no despertar a su gatito, pero unos brazos se enredaron en su cintura antes de que pudiera hacer más.
- Mmm... no te vayas.
- Aioria, ya tengo que irme.
- No.
Dijo él como niño chiquito y jalándola hasta acomodarla en sus brazos de nueva cuenta, enredando su pierna con la de ella.
- Te quiero.
- Lo se gatito.
Respondió ella sonriendo al ver que él todavía no abría los ojos.
- No quiero que te vayas.
Dijo él mientras se acercaba para besarla, pero como si del viento se tratase, dejó de sentir el cuerpo de la amazona entre sus manos.
Abrió finalmente los ojos y miró en todas direcciones.
- ¿Marín?
Se enderezó y bajó los pies de la cama.
- ¿Marín?
Bajó la mirada y vio algo que huía entre sus piernas, yéndose por debajo de la puerta.
En la casa de Virgo, el guardián se encontraba meditando, y sintió una extraña fuerza entrando a su hogar.
Se puso de pié y caminó en dirección a la entrada. Sus ojos se abrieron y observó a la lejanía, no encontrando nada más que neblina.
Se encogió de hombros, tal vez había sido su imaginación, y regresó a su meditación.
Mientras tanto, en la casa de Libra. Dokho se encontraba leyendo sentado en su sofá favorito, con su dulce alumno dormido en sus piernas. Últimamente se cansaba con más facilidad.
Desvió su mirada a aquella redonda pancita de cuatro meses y sonrió.
Recordó a su pequeña y dulce Shunrei. Ella de niña jugaba con sus muñecas a que era mamá, y se veía tan dulce. De hecho, el miles de veces la había visto jugar con Shiryu y no podía esperar a que esos dos se casaran y le dieran muchos nietos.
Y ahora, su pequeña niña se había ido por culpa de unos malditos asesinos, y… y Shiryu, su muchacho, su hijo, era quien llevaba en su vientre a una vida. Una excepcional vida que cambiaría el destino de todos.
- ¿Maestro¿Está en casa?
La voz de Ikki vino desde la salida del templo.
- Pasa, aquí estoy muchacho.
El Fenix se acercó a paso lento, y finalmente tomó asiento frente al actual patriarca.
- ¿En que puedo servirte¿Deseas tomar algo¿Cerveza, vino, algo de tequila?
- Maestro, son las siete de la mañana ¬¬.
- ¿Y que? Nunca es demasiado temprano para un buen trago.
- U.U.
Ikki miró en ese instante a Shiryu y sonrió.
- ¿Usted cree que el me vaya a escoger a mi?
- ¿Cómo prometido? Déjame dudarlo.
- …
- No has hecho nada por él, solo te apareces cuando mas lo necesita.
- Pero…
- Ikki.
El castaño dejó su libro y miró fijamente al joven fenix.
- Debes entender que Shiryu está embarazado, por más raro que se oiga. Necesita cariño, comprensión, y alguien que esté a su lado.
Dokho miró a su alumno con ternura.
- Necesita de alguien que lo mime, y que lo abrace. Alguien que acaricie su vientre y susurre cálidas palabras al pequeño ser que lleva adentro, para que este le reconozca como un padre.
- Pero…
- Mi muchacho¿Cuántas veces has estado aquí para Shiryu?
- El sabe que cuando me necesite…
- No hablo de eso.
Dokho se quitó cuidadosamente al dragón y se acercó a Ikki.
- No le doy esperanzas a Máscara, yo creo más bien que él entró en esto por que busca poder, o algo por el estilo. Pero, todos los días, Mu viene a prepararle un bocadillo a mi muchacho, le sirve no como un criado, sino como un amigo preocupado. A veces, si se siente muy cansado le da un masaje en la espalda. También Shura, él viene todos los días, a veces se topa con Mu, y mas que hacer un alarde, entre ambos ayudan a Shiryu. A veces le prepara el baño, otras simplemente le detiene la madeja de estambre para que mi pequeño se ponga a tejer… ¿Y tu?
Ikki se mordió el labio preocupado. No tenía ni idea de que esos dos estuvieran haciendo ese tipo de cosas. Se hizo para adelante en el sillón y se sobó las sienes.
- ¿Sabe que? Creo que mejor si le acepto esa cerveza.
- Bien dicho muchacho.
Ambos se encaminaron a la cocina, donde el maestro rápidamente le lanzó un bote por el aire.
- Aunque debes saber que no estás tan perdido. Recuerdo que cuando era apenas un niño…
- Él aún es un niño.
Dokho frunció el ceño y suspiró. Su Shiryu apenas tenía 17 años, un niño en edad, pero todo un hombre en mente y alma.
- De todas formas, cuando tenía apenas siete, cada noche lo escuchaba hacer una oración. Como iba… umm… "Señor… tu que creaste los cielos y nos has dado la vida a nosotros tus hijos…"
Ikki frunció el ceño y recordó aquella noche en que Shiryu había quedado embarazado por el espectro, cuando lo admiraba fingiendo estar domirdo y el joven se había hincado procurando que nadie le observara y había mencionado las mismas palabras.
- "Te pido por Seiya, para que le des sabiduría, por Hyoga, para que le brindes consuelo, a Shun, por que le otorgues coraje y a Ikki… por Ikki no te pido que le des nada, pues él ya es sabio, valiente y bondadoso… por él, solo deseo que regrese sano y salvo a casa."
El Fénix tragó saliva.
- Él te quiere, tal vez no como tú quisieras, pero solo le falta un poco para que sienta algo profundo por ti.
Ikki se puso de pié y se asomó por la cocina. Frunció el ceño.
- ¿Y Shiryu?
- ¿No está en el sillón?
- No.
- Ah bueno, debe de haberse despertado y estará lavándose la cara, o algo.
El fenix se encogió de hombros y volvió a tomar asiento, no dándole importancia al asunto.
Mientras tanto, en escorpión no había nadie, lo mismo que en sagitario. En Capricornio, el caballero se encontraba encerrado en su habitación apoyado en sus dedos índice y medio haciendo abdominales de cabeza.
Finalmente, en Acuario, se encontraban Milo, Camus y Hyoga.
Estos tres acababan de terminar su desayuno, y la feliz pareja lucía bastante feliz, bueno, Milo a medias por que lo morado de la nariz rota aún no se le quitaba.
- Mira Hyoga te mandé llamar para algo muy importante.
- ¿Si maestro?
- Te he criado desde que eres un niño, eres como un hijo para mí.
- Y como Camus es mi pareja, pues supongo que vamos a jugar a ser una linda familia, donde él es la mamá y yo el papá.
- Si… ¡Un momento, como que yo la mamá?
- Si bueno, tu lo criaste, lo alimentaste y demases, mientras yo estaba aquí como burro partiéndome la espalda.
- ¡Yo también trabajé mucho!
- ¡Yo no seré la mamá!
- ¡Pues yo tampoco!
Con tan absurda discusión, mejor Camus sacó una caja de terciopelo.
- Mira Hyoga, durante los últimos meses he tenido a Milo dando vueltas y vueltas a la joyería para que este es un regalo de… ¿Hyoga?
El escorpión miró en todas direcciones.
- ¿Y el muchacho a donde se metió?
Pero del cisne no había rastro alguno.
Mientras tanto, en la casa de Aries, Aldebarán había acudido corriendo por no encontrar a su alumna, pero había entrado en shock total al ver a su mejor amigo tirado en el suelo a inconsciente.
- ¡Mu, oye, despierta!
Lo zarandeó un poco hasta hacerlo gemir en protesta, para después llevarse una mano a la cabeza debido al golpe que se había dado.
- ¿A-Aldebarán¿Qué haces aquí?
- ¡Kora, no la encuentro!
- ¿Kora?
De golpe recordó la razón por la que estaba a medio camino de la cocina y se puso de pié como pudo, corriendo a dicho lugar y encontrando nada mas que algunos vasos rotos.
- ¡Kiki, donde está Kiki?
Mu salió corriendo a la salida del templo y se quedó totalmente tieso.
A pesar de la fuerte neblina, el humo giraba y daba vueltas formando figuras, entre las cuales le pareció distinguir a una persona encapuchada, y flotando frente a esta, algunas personas inconscientes y firmemente atadas, aunque no pudo apreciar quienes eran.
El humo se hizo remolino, y de repente, toda la neblina desapareció, dejando ver el día mas claro que se hubiera visto en largo tiempo.
Aldebarán tembló de pies a cabeza mientras Mu abría la boca con desconcierto.
Algo realmente acababa de ocurrir, y nadie se había dado cuenta siquiera.
- Tenemos que alertar a los demás y ver que fue lo que se llevaron.
Aldebarán cabeceó en acuerdo y ambos dirigieron su camino hacia las doce casas. Mientras que para Mu se repetía una y otra vez el nombre de su aprendiz y de Shiryu, Aldebarán se sorprendió de querer llegar cuanto antes a cáncer, para saber como se encontraba Afrodita.
N/A: 18 DE AGOSTO, FELIZ CUMPLEAÑOS GLORIAAA!
(Todos los lectores y Grayson)
Estas son, las mañanitas, que te canto hoy a ti, hoy por ser tu cumpleaños, yo te la canto así.
Despierta, Gloria despierta, mira que ya amanecioooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo (Grayson se pone azul) ooooooooooooooo…. Uff, cof, cof, cof…
Ya los pajaritos cantan, la luna (y no wood ¬¬) ya se metió!
Por que tengas muchos días bonitos como este (claro que solo uno al año, que si no, te me haces vieja muy rápido) y te la pases a toda madre… ¡Y ADIVINA QUE! YA ERES UN ADULTO! BIENVENIDA AL MUNDO DE LA GENTE GRANDE!
Feliz cumpleaños Gloria!
Y a todos los que hicieron favor de leer este capítulo, mil gracias también.
Besos!
Lady Grayson (la oscuridad encarnada) y lady Gloria (la luz que no debe existir para que exista la oscuridad)
