Cap. 36

Cierra los ojos… piensa en tu peor pesadillas, y cuando los abras… será una realidad.

Todos estaban verdaderamente felices por la noticia, el bebé, a pesar de todas las penurias que su padre estaba pasando parecía estar bien, y por primera vez deba pataditas. Kora fue la única que pudo acercarse para colocar sus manos tímidamente sobre el vientre del dragón, y el bebé pateó de nuevo.

- Creo que le agradas, pequeña Kora.

La chica sonrió enormemente.

El dragón sintió en ese instante una energía extraña, cálida e inocente que surgía de si mismo, mientras una mezcla de luz blanca y negra lo envolvía, iluminando a medias el calabozo.

- ¿Qué pasa?

- C-creo que… ha despertado su cosmos.

- ¡Que?

Marín pegó un brinco de sorpresa y entre la escasa luz alcanzó a ver una derruida manta, la cual jaló como pudo y la colocó alrededor de su desnudo cuerpo, lo mismo hizo Shaina.

- ¡Pero si aún no ha nacido! ¡Como puede despertar su cosmos?

Pero Shiryu no respondió, tenía la cabeza gacha y su cosmos empezaba a combinarse también con el del bebé, de repente, el grillete que se cerraba sobre su cuello explotó, y el dragón se puso de pié.

- ¿Mamá?

Shiryu continuó en silencio, levantó la cabeza y sus ojos azules se volvieron lentamente blancos, y tras unos segundos, volvieron a aparecer, esta vez con el hermoso color que tiene lo profundo de un lago…

Cámara de Eris…

Aquí, la diosa se mantenía acostada en un amplio sillón con muchos cojines de diversos cojines de plumas de diversos tamaños y colores, sonrió ampliamente mientras un joven de mirada perdida le daba a comer uvas directo de sus labios.

- Esta chica si que tiene buenas ideas…

Sonrió ella mientras acariciaba a su mascota. En sus brazos se encontraba Dy-chan vestida de oso de peluche, con una mirada totalmente perdida, como si estuviese inconsciente y con los ojos abiertos.

La diosa sonrió.

La entidad que había tomado era la más débil de todos los universos alternos en que esta chica existiera, y la más fuerte, a la cual había abierto un enlace mental, le había dado maravillosas ideas para mantenerse entretenida.

Pero de repente, se puso de pié de un brinco, dejando caer al suelo a la niña.

La diosa de ahora cabellos castaños se puso de pié rápidamente y miró en todas direcciones.

Estaba absolutamente segura de que podía sentir el cosmos de un dios en su propio castillo, pero, ¡No había dioses en su castillo!

- Un momento!... A menos que…

Había raptado a dos mujeres… ¿Acaso era posible que no se hubiera dado cuenta de que una de ellas estaba embarazada? Era totalmente posible.

A grandes zancadas se dirigió a los calabozos Sus nervios se estaban crispando. No era posible… simplemente no…

Se detuvo un segundo y se tomó de la frente con una mano y apoyó la otra en la pared.

Algo tenía que haberle salido mal. Cerró sus ojos y forzó su mente a toda su capacidad buscando su error. Se supone que esa persona había encarnado como mujer para traer al mundo al hijo de Hades, ¡El así lo había planeado! Lo recordaba a la perfección, ella, Ares y el dios de la muerte en una misma sala buscando que el joven mitológico se encontrara de nuevo con él y no tuviera escapatoria más que quedarse a su lado.

Sus ojos se abrieron de golpe.

¡Pero como había sido tan estúpida? Lo recordaba a la perfección ahora, claro, ahora que era demasiado tarde.

Sus facciones habían cambiado apenas un poco, ¡Esa maldita mocosa! Jamás hubiera imaginado que el lazo entre mundos fuera tan fuerte, y el cuerpo que ocupaba se negaba a darle el absoluto control, lo que le negaba parte de sus propios recuerdos.

Mientras tanto, en otra parte del desconocido lugar Shiryu caminaba seguido de los otros, Shun iba bastante preocupado, mientras Hyoga intentaba calmarle, y un poco más atrás, Kanon les seguía muy a regañadientes.

- ¿Por qué tenemos que seguirlo? ¿Quién lo nombró líder?

- Cállate, ha estado demasiado extraño desde que nos liberó.

- Es cierto.

- Si, si, como sea, ¡Y por favor, ustedes dos dejen de cubrirse la cara!

Gritó desesperado el caballero mirando enfadado a las amazonas, quienes simplemente gruñeron y voltearon para seguir al dragón, pero para su sorpresa, Shiryu se encontraba frente a Kanon, con sus ojos azul profundo clavados en los de él de la manera mas fría que nunca nadie le hubiera visto.

Su mano se cerró en su cuello y lo levantó fácilmente del suelo.

- Una palabra mas…

Aplicando fuerza, Kanon sintió como nunca en su vida como una energía lo devoraba y le cortaba la respiración, mientras de los tres colores de cosmos que envolvían al joven chino, el negro se volvía mucho más fuerte.

- Calla, y sigue caminando.

Dijo él con su voz lúgubre mientras lo soltaba, para dar media vuelta y seguir.

- ¡Kanon!

El niño pelirrojo se acercó y tomó de la mano al caballero.

- ¿Estás bien?

- Pero cual rayos es su problema?

- No creo que sea él, es como si…

- Estuviera siendo controlado, lo se, no soy idiota.

- Aquí.

La voz de Shiryu vino desde unos metros más delante, donde abrió una puerta.

Hizo una señal con la mano llamando a las dos amazonas para que entraran.

- Cinco minutos.

Ellas no comprendieron cuando él dragón las empujó al interior y cerró la puerta, mas al voltear se encontraron con que estaban en una gigantesca habitación, muy seguramente de Eris. ¡Pero como el dragón podía conocer la ubicación de esta? Bueno, a decir verdad eso no era importante. No fue cuestión de medio segundo para que ambas comprendieran la razón de por que estaban ahí, y rápidamente se dirigieron al guardarropa de la diosa.

La puerta se abrió poco antes de los cinco minutos. Kanon levantó la ceja y sonrió.

Ambas estaban vestidas totalmente de negro con un antifaz plateado con brillantes que cubría sus rostros de la nariz para arriba, con trajes ciertamente griegos de amplio escote que llegaba al ombligo y un broche dorado a la altura del busto.

- Bien, un problema resuelto, ahora larguémonos de aquí.

Sin embargo, iban a dar un paso cuando de la nada salió una lluvia de golpes, los cuales esquivaron a duras penas.

Los caballeros se pusieron en posición de batalla, aunque sabiendo que sin sus cosmos no lograrían hacer mucho.

No lejos de ellos, se encontraba la diosa de la discordia en posición de batalla y sosteniendo tras de si el tridente dorado.

- Nunca hubiera pensado que cometería error tan grande.

La diosa sonrió cruelmente.

- No recordar tu rostro dragón, y encima pensar que reencarnarías como una mujer para beneficio de mi señor Hades, pero ahora mismo enmendaré eso.

Una vez mas se vieron en medio de un ataque muy parecido a las agujas escarlata de Milo, y dado que no tenían sus cosmos, el ataque parecía demasiado fuerte.

- Eris…. Pareces subestimarme.

El cosmos del dragón comenzó a aumentar en una tonalidad negra con apenas leves destellos blancos, los cuales desaparecieron rápidamente.

- Este lugar fue construido hace ya muchos años por los sirvientes del dios de la muerte y los tuyos, y bendecido por un artilugio divino, que hace dormir el cosmos de todo aquél que un dios no desee que posea poder.

Una mueca de maldad se dibujó en sus labios.

- Pero no cualquier dios puede darle poder a otros… solamente aquellos que causan el mal a la humanidad…

La cosmo energía oscura del joven rodeó lentamente a quienes le acompañaban, despertando así el poder oculto dentro de ellos.

- Tu… como te atreves!

Shiryu sonrió cruelmente mientras los presentes se veían en el pleno uso de sus energías.

- Ahora si…

- ¡Ni te atrevas!

La diosa le apuntó con su arma dorada mientras gruñía furiosa.

- No dejaré que me venzas tan fácilmente. No soy estúpida.

- Permíteme dudarlo.

- Tu… maldito bastardo.

Una sonrisa se cruzó en sus labios mientras observaba al pequeño grupo que le rodeaba.

La cosmo energía de la diosa la rodeó mientras estiraba su tridente hacia los presentes, incluido el dragón.

- ¿Has pensado que lo peor que te puede suceder, no va a llegar a ti directamente?

Shiryu sonrió como si le acabasen de decir una broma, pero un lastimero gemido le hizo voltear hacia Shaina, quien tenía su cabeza firmemente tomada entre sus manos.

Los ojos del joven temblaron y regresaron a su color normal, pero tras un segundo, volvieron a ser de la misma tonalidad que los de Hades.

- ¿Qué le haces?

- ¿Yo? Nada.

Respondió ella inocentemente mientras ponía una falsa cara de ángel mientras lo mismo que le ocurría a Kora, muy lentamente en Kanon, al cual le dio un severo tic en el ojo para después comenzar a aferrar sus manos en su frente.

Marín intentó resistirse por sobre todo, pero cayó de rodillas presentando los mismos signos de los demás, y finalmente, Kiki, el más asustado del grupo empezó a respirar dificultosamente y se desplomó al suelo.

- ¡KIKI!

Shiryu reaccionó de repente y todo rastro de su hijo desapareció. Tales como la cosmo energía multicolor y el color de sus ojos.

El dragón tomó al niño en brazos e intentó hacerlo reaccionar, mas sus ojos estaban en blanco y su boca abierta en un grito mudo.

La diosa sonrió triunfante. Un semidiós dentro del cuerpo de uno de los caballeros de bronce era algo con lo que no le gustaría enfrentarse, y ahora, el chico estaba de vuelta. Y aunque al nonato era incapaz de controlar, Shiryu si era presa fácil.

- Kiki… ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos?

La diosa levantó la ceja divertida. El joven chino no recordaba nada, y eso era bueno para los planes que Lord Hades había planeado tantos años atrás. Pues si el chico no sabía que su hijo estaba despertando su sangre de dios malvado y sediento de sangre, no permitiría que lo dañaran.

- ¡Contesta, quién eres?

La pregunta le sacó de sus cavilaciones y se encontró cara a cara con el dragón, quien le miraba desafiante y cargado de odio, mientras en sus brazos mantenía el cuerpo inerte del niño.

Finalmente, y tras un largo silencio en medio de un duelo de miradas, el joven apreció el tridente dorado que la diosa ostentaba en sus manos.

- Eris…

La diosa estalló en una carcajada cuando escuchó al joven sisear su nombre.

- Tranquilo muchacho. Que tus energías debes usarlas en cuidar al pequeño príncipe. Y ahora disfruta el espectáculo.

Shiryu frunció el ceño y miró a su alrededor a los muchachos, quienes, en quienes era apreciable, comenzaban a retorcerse de dolor.

Kanon

En casa de Géminis, el hermano menor estaba verdaderamente emocionado. Saga le había contado que le tenía una gran sorpresa, y fuera lo que fuera, debía ser algo grande para hacer a su hermano sonreír de esa manera.

- ¿Kanon?

La voz del mayor hizo que el chico saliera corriendo desde el rincón de la casa en el que se encontraba y llegara emocionado a su encuentro, mas de repente se detuvo realmente espantado.

Ahí estaba Saga, sonriente. De la mano de Mu, quien se mantenía sereno. Y detrás de ellos, alejado por unos cuantos pasos estaba Sorrento.

- S-Sorrento, ¿Tu que haces aquí?

El joven de cabellos violetas sonrió mientras Saga se acercaba a palmear la espalda de su hermano.

- Aquí está la sorpresa Kanon. Me voy a casar con Mu.

- ¿QUÉ?

- Como lo oyes hermanito.

- Pe-pero… ¿Y Sorrento?

- No esperarás ser mal tercio, cierto Dragón Marino?

La voz del flautista llegó a sus oídos, distrayéndole.

- No puedes quedarte aquí, y ahora que tu hermano se va a casar y ocupar todo su tiempo en su NUEVA familia, tú necesitarás otro lugar para vivir.

La mano de Sorrento se apretó en su brazo con más fuerza de la necesaria.

- Saga, como dueño del templo ha consentido en que regreses con nosotros… el señor Poseidón estará realmente feliz de verte.

El joven pasó saliva verdaderamente angustiado. Volver a verle la cara a Poseidón no era una idea que le agradara mucho.

Pero Saga apoyaba aquella idea. Muy seguramente había hablado con el dios. Su hermano no le entregaría a las garras del lobo… o si?

Emprendió su camino con Sorrento al día siguiente, cabizbajo y triste. Su hermano lo había corrido del templo. ¡A él! A su hermanito!

De haber podido se habría arrastrado por el suelo suplicando que lo dejase quedarse, que haría lo que fuese. Pero… Saga tenía razón, no debía ser el mal tercio.

El regresar a aquellas tierras, en las cuales el cielo era agua y el ambiente era eternamente fresco, aquél lugar donde en alguna ocasión había sido prácticamente amo y señor fue ciertamente extraño.

Los soldados le miraban con curiosidad, preguntándose que haría un traidor como él de vuelta a aquél recinto sagrado.

Las marinas le esperaban a lo lejos. Buscó en vano un rostro amigable, pero solo encontró ojos fríos y llenos de odio. La única persona presente que le miraba con algo que no fueran sentimientos negativos era Thetis, quien se mordía los labios con preocupación.

- Dragón Marino… el hijo pródigo que regresa al hogar.

El muchacho forzó una reverencia para el dios de las aguas. Quien le tomó del mentón y acarició sus cabellos.

- Podemos ver tan fácilmente que tu adorado hermano quería privacidad con su futuro esposo, que se ha olvidado de ti.

- M-Mi señor Poseidón…

- ¿Si?

- Mi hermano no se olvidará de mí, si me permite decirlo.

- ¡Oh, pero claro que te lo permito, pequeño! Pero una cosa es que lo digas… y otra que sea toda la verdad.

Susurró Poseidón despeinando los cabellos azules.

- Saga está tan emocionado con su matrimonio, que yo le dije toda la verdad. ¿Quieres que te lo diga palabra por palabra?

El dios caminó tranquilo, mientras las demás Marinas obligaban a Kanon a arrodillarse.

- Dije, "Deseo a Kanon de vuelta, sabes? Y tú, con tu matrimonio en puerta. No deseo que se hagan infelices el uno con el otro mientras tú eres feliz en el amor. Lo deseo de vuelta, tú sabes… para que no te estorbe. Además, tengo un pilar desprotegido."

Kanon abrió grandemente los ojos y un vacío se abrió bajo sus pies.

¿Él? Un estorbo para su hermano? No, Saga había jurado protegerle, jamás separarlo de su lado. Odiaba la soledad, y eso Saga lo sabía de sobra.

- Te irás a tu pilar, y auque le protegerás, créeme que tu estancia no será placentera. Cuando yo llegue, te despojarás de tus ropas y pondrás un cuatro.

- ¿QUÉ?

Su voz fue interrumpida por un sonoro golpe que se incrustó en su estómago. Eo le miró como si fuese algo repulsivo y tiró de sus cabellos violentamente.

- ¡NO INTERRUMPAS AL SEÑOR POSEIDÓN!

- Eo, tranquilo… Kanon debe saber el precio de su estancia.

El dios comenzó a alejarse, y su grupo de marinas lo siguió con Kanon firmemente sujeto.

- Te llamaré cuando se me pegue en gana y será tu deber satisfacer todos mis deseos. Desde limpiar el lodo en mis zapatos hasta sentarte sobre mi miembro sin preparación alguna, hacerme disfrutar y largarte.

Los ojos de Kanon se agrandaron. Simplemente no podía creer aquello.

- Y por supuesto, si intentas escapar, no serán tus compañeros los que irán por ti.

Una sonrisa desagradable se colocó en labios del dios.

- Seré yo el que te alcance y te haga sufrir la peor tortura que puedas imaginar… comprendes?

Kanon cayó de rodillas.

Estaba solo, atrapado, condenado a una vida de esclavo. Y todo gracias a Saga.

Bajó la mirada y se abrazó a si mismo mientras sus antiguos compañeros se carcajeaban de él y le decían frases incoherentes de burla.

Sus ojos se cerraron y algunas lágrimas escaparon de ellos. Estaba solo, derrotado, condenado… y Saga… Saga lo había traicionado, lastimándole más que el cuerpo. El alma.

Kora

Era ya bastante tarde. Aquél había sido un día bastante pesado, pues los estúpidos guardias habían intentado de nueva cuenta aprovecharse de ella. Esos malditos…

Claro, se había defendido bien. Había noqueado a algunos, pero no contaba con que ellos llevaban una semana entera planeando hacerle eso, y había sido un verdadero problema sacárselos de encima. De no ser por su maestro Aldebarán, quien sabe lo que habría ocurrido.

Su maestro Aldebarán.

La chica sonrió mientras abría el agua caliente de la regadera. Su maestro se parecía mucho a su padre, aunque en mayor tamaño. La misma cara bonachona y el gran sentido del humor. La misma fiereza al proteger a sus hijas de los maleantes.

Entró al agua y sonrió al contacto del líquido con su rostro. Sus pensamientos en aquellos tipos se disiparon mientras se lavaba el cabello.

Sonrió pensando en Kiki. Cierto, lo quería. Pero como a un hermanito menor. Esque era tan lindo, tan travieso y lleno de energía, aunque eso si, demasiado pícaro. Y no comprendía esa actitud siendo que había vivido todos sus años con el siempre sereno Mu de Aries.

Su baño terminó rápido y se dirigió a si habitación envuelta en una toalla y con la fría máscara sobre su rostro. A veces le molestaba.

Apenas hurgaba en el cajón de su ropa interior cuando alguien tocó a su puerta.

- ¡Ay no! ¡Ya voy, ya voy!

Rápidamente tomó la primera prende que alcanzó y se la puso, aunque muy tarde se dio cuenta de que era uno de esos mini modelitos de hilo dental que se había comprado junto con Shaina y Marín. No tenía tiempo de pensar en eso y sacó una larga bata blanca que le llegaba arriba de las rodillas de manga corta, con el dibujo de un gatito amarillo estampado al frente. Finalmente acudió a abrir la puerta.

- ¿Si dígame maestro?

Aldebarán se quedó estático unos segundos. La chica no se había secado del todo con la toalla y se había echado encima la ropa, la cual estaba empapando y remarcando de paso su juvenil cuerpo. Movió enérgicamente la cabeza para no pensar en ello y entró a la habitación, mientras la chica cerraba la puerta.

- ¿Sucede algo?

El silencio continuó y el caballero de Tauro se rascó la nuca.

- Yo, bueno… estaba pensando en ti, y en los peligros que…

Se detuvo en sus palabras pues la chica le dio la espalda para extender su toalla sobre el ropero, dándole sin querer al robusto hombre una buena visión de la diminuta prenda que vestía bajo aquella bata.

- Eh si, bueno…

Kora volteó bastante extrañada. Usualmente, su maestro era un hombre de palabras sencillas pero concisas, y en este día…

De repente aspiró a su alrededor. Olía a algo raro… ¿vino?

- Tú sabes como es la historia de mis padres, te la he contado en alguna ocasión.

- Por supuesto maestro. Su madre era la encargada de mantener este templo en orden y limpiarlo, su padre se enamoró de ella y de esa feliz unión nació usted.

- Así es… pero la verdad. Es que te mentí.

- ¿Cómo?

- Mi madre no era quien se encargaba del mantenimiento del templo… ella era… era la aprendiza de Tauro.

- ¿Qué?

La chica reaccionó con cierto shock. No se esperaba que su maestro le mintiera, pero, ¿Por qué?

- Desde hace muchos años, la tradición de la casa de Tauro es tomar a una joven como aprendiz, comprobar si es fuerte y luego hacerla esposa del caballero.

Los ojos de ella se abrieron de golpe y dio un salto hacia atrás.

- Pe-pe…

Aldebarán le miró fijamente. El olor a vino definitivamente venía de él, y sus ojos mostraron un toque de lujuria que no le gustó nada a la chica.

- Y todo comienza esta noche.

La joven amazona no tuvo tiempo de reaccionar cuando las manos del caballero se cerraron en sus hombros con fuerza, y lo próximo que supo es que su cuerpo era azotado contra la cama.

- No por favor maestro Aldebarán!

- Te advierto desde ahorita que mejor te relajas.

La máscara de la joven salió volando mientras sus manos eran aprisionadas por sobre su cabeza con una de las manos del caballero, el cual ahora viendo el rostro aterrorizado de su alumna sonrió.

Desesperada, intentó patear su entrepierna por ser el lugar mas accesible desde aquella peligrosa posición, pero el hombre reaccionó rápidamente reaccionó y tomó aquella pierna desnuda contra la creciente muestra de su excitación, haciendo que los ojos de ella se abrieran con el horror y la sorpresa.

- Por esto te dije que te relajaras.

- ¡POR FAVOR MAESTRO, SE LO SUPLICO, NOOO!

Shun

El joven Andrómeda estaba petrificado en su lugar.

Radamanthys, juez de los infiernos peleaba con absoluta calma y burla contra los caballeros de bronce del Pegaso, Dragón, Cisne y el Fenix, quienes peleaban desesperadamente contra el espectro.

- ¡Shun, ayúdanos!

Gritó Seiya desesperado mientras intentaba golpear al espectro. Shun se echó a un rincón. Ikki salió volando en ese instante, y el joven peliverde se acercó a socorrerle.

- Shun, comprende. ¡Ayúdanos a luchar!

- Pero hermano… ¡Yo no quiero matar! ¡Por favor, no me obligues!

- ¡Mira eso Shun!

Tomando la cabeza de su hermano, Ikki lo giró para que viera a sus compañeros de bronce luchando desesperadamente.

- ¡Míralos Shun, sus manos están cubiertas de sangre, todos cargan con muertes en la conciencia, crees que lo hacen con gusto? ¡Crees que matar no significa nada para ellos? Shun, ¡Shun!

Ikki lo giró para que le viera fijamente.

- A todos nos despiertan sus espectros cada noche… pero seguimos luchando. Una muerte de ellos significa la salvación de miles. Una muerte nuestra, significa la muerte de Athena, y con ella del mundo.

El Fenix se puso de pié de golpe y lanzando un grito desde lo mas profundo de su alma, logró golpear certera y dolorosamente al espectro, quien se tambaleó, dándole oportunidad ahora a Shiryu de golpearle, después Hyoga congeló sus piernas, mientras Seiya le tomaba por detrás y sostenía su cuello con toda la fuerza posible.

Ikki le tomó de un brazo y Shiryu del otro, mientras Hyoga se agachaba y mantenía el suelo congelado, ya que con su inmensa fuerza, el espectro comenzaba a conseguir liberarse del hielo.

- ¡SHUN, MÁTALO, MÁTALO!

- ¡POR FAVOR, RÁPIDO!

Los ojos verdes de Andrómeda temblaron observando como sus compañeros se movían como muñecos por la fuerza bruta de Radamanthys, pero aún así, no le soltaban y lo dejaban totalmente expuesto a un ataque.

Shun se puso de pié decidido para atacarlo, mas un recuerdo vino a su mente. Algo que nadie más había alcanzado a ver. Ya que cuando aquella extraña mujer había salido de la habitación, se había topado con el espectro, y se habían besado.

- ¡No puedo!

Gritó mientras comenzaba a llorar amargamente, seguro de que aquella mujer sufriría por la muerte de su amado.

De repente, se escuchó el sonido de algo quebrándose, y al levantar la mirada, Shun se encontró con un Shiryu que colgaba de la mano de Radamanthys, este sonriente al ver el cuello roto de su víctima.

Seiya gritó con rabia, pero nada pudo hacer para evitar su muerte, suerte parecida corrió Hyoga, cuando se le fue una de las piernas del espectro, y este le partió la espalda de una sola patada.

Finalmente, Radamanthys concentró toda su energía en atacar al fenix, quien recibió el impacto de lleno y quedó agonizante a solo unos centímetros de Shun.

- Hermano! Hermano!

- S-Shun…

- ¡Perdóname hermano!

Ikki sonrió y acarició lánguidamente los cabellos de su pequeño hermano menor.

- Te perdonamos, ¿Comprendes? Huye, huye… nosotros te… perdonamos…

Sus ojos se cerraron, y la vida del fenix terminó.

- ¡HERMANO!

Shun comenzó a mover a su hermano desesperadamente y prácticamente sintió como su alma se alejaba de su lado.

- ¡NO, NO!

Apresuradamente se lanzó a pies del espectro, abrazando sus piernas.

- ¡Por favor, máteme a mí también, debo alcanzar a mi hermano!

- Pero que cosa más patética.

Radamanthys se sacó sin problema al joven Andrómeda y le miró con desdén.

- Matarte sería no más que una deshonra para mí. No que ellos… ellos lucharon con su alma, y fue un verdadero placer matarlos. Un honor, ciertamente. Pero a ti, pequeña basura cobarde… tengo mejores cosas que hacer.

El espectro se retiró del lugar con paso galante y el peliverde comenzó a temblar de dolor. Escuchó a Hyoga gemir y se acercó a él. Sangraba horriblemente, su espalda estaba totalmente rota y gemía quedamente pues el dolor era tanto que ni siquiera dejaba salir su voz.

- Shun… Shun…

- Hyoga, por favor…

- A-Acércame a Shiryu, te lo suplico.

El chico le tomó del brazo y lo arrastró por el suelo, viendo horrorizado la manera en que de su cintura para abajo, el cuerpo del rubio se torcía de manera casi imposible.

Finalmente lo colocó junto al dragón.

- Gracias Shun… gracias…

El joven ruso tomó la mano derecha de Shiryu y acercó su muñeca presionándola apenas un poco. Excalibur, aún latente rebanó de un solo tajo las venas del rubio.

- ¡Pero Hyoga!

- Todo está bien Shun… todo está bien…

El peliverde tomó a Hyoga en sus piernas y le miró sonreír débilmente. Finalmente, la hemorragia en sus venas le provocó la muerte.

Shun se quedó quieto largas horas, con la mirada paseando entre los cuerpos muertos.

- Es mi culpa… es mi culpa… es mi culpa… es mi culpa…

Las horas pasaron y la misma frase se escuchaba una vez tras otra en el destruido salón.

Finalmente hubo silencio, y el chico sostuvo la mano derecha del dragón entre sus muñecas. Solo un poco de presión y de ambas comenzó a brotar su sangre.

Se acercó tambaleante hasta el lugar donde reposaba el cuerpo de Ikki y se acostó a su lado, abrazándole y bañándole con su sangre.

- Ya voy hermano… ya voy…

Cerró sus ojos y la muerte empezó a envolverlo. Jamás pudo ver el eclipse que empezaba a opacar el cielo.

Marín

El cielo brillaba. No había nubes. El clima era fresco, sin calor ni frío. Todo perfecto.

En el templo de Leo, una figura se paseaba mientras su celestial voz llenaba todo el lugar. Una sonrisa adornaba los labios rosados de la amazona mientras acunaba al ser de apenas un par de meses en sus brazos.

Marín, esposa del caballero de Leo, era madre.

Su hijo dormía en sus brazos. Los ojos azules, el cabello negro. Según Aioria, había sacado el pelo de su difunta madre.

Finalmente, aquél inocente ser estaba dormido tras haber pasado toda la noche llorando.

- Así mi pequeño niño… tu papi volverá pronto y querrá verte dormidito para darte el beso de las buenas noches.

Marín sonrió y colocó a su hijo en la cuna de su habitación, adorando cada vez que lo hacía.

De repente levantó la mirada fascinada al sentir la presencia de Aioria llegando al templo. Claro que venía con todos los demás santos, pero quien sabe, a lo mejor y le habían vuelto a dar ganas de presumir a todos a su primogénito.

Salió corriendo adornada de una flamante sonrisa. Miró a Aioria y le llamó por su nombre para después colgarse de su cuello cual adolescente y besarle con absoluta ternura y amor.

- Te extrañé! Como te fue?... ¿Aioria? ¿Qué te sucede?

- Donde está el niño Marín.

La amazona frunció el ceño. El rostro de su marido estaba tan… perdido.

- Acabo de dormirlo. Mi amor, ¿Qué sucede?

Aioria se giró a ver a Milo, quien tenía la vista fija y clavada al suelo.

- Está en la habitación… ya sabes como llegar.

- Claro.

Marín vio partir al escorpión y entrar a su cuarto. Un segundo después, se escuchó el llanto de su hijo.

- Aioria, ¿Qué sucede?

- Marín, escúchame.

Camus se acercó con una especie de bata ceremonial la cual le colocó al caballero de Leo, mientras los demás se adentraban al templo y trazaban con tizas algunos símbolos en el suelo.

- Mira, hades nos engañó a todos. El hijo de Shiryu es solo suyo. Engendrado por Shiryu y solo por él. No es un dios, no es nada más que un simple mortal nacido de un hombre.

- Aioria, pero que…

- ¡MARÍN, ESCÚCHAME! Hades lo planeó todo! La noche que nuestro hijo comenzó a formarse en tu vientre, un segundo espectro se encargó de colocar la verdadera alma del hijo de Hades dentro de ti!

- Pero, Mu dijo…

- Si, todo fue planeado. El primero solamente fertilizó el cuerpo de Shiryu para que se embarazara. Marín, ese niño es hijo de Hades, tuyo y de Hades.

La amazona dio un par de pasos hacia atrás totalmente asustada.

- ¡MIENTES, MIENTES!

- ¡Aioria, date prisa!

Camus le tendió la daga dorada al caballero, pero Marín le tomó de la ropa.

- ¡No puedes, estás loco? ¡Es tu hijo!

- ¡No es mío Marín, es de Hades, es el que va a matar a Athena y esclavizará al mundo!

- ¡Por favor!

La amazona giró el rostro y vio como su hijo se encontraba en medio de aquellos círculos en el suelo. Shaka oraba en voz baja mientras los demás pedían perdón por tener que matar a un ser inocente.

- ¡Ni te atrevas! ¡Ninguno de ustedes…

- ¡ARPIAS!

Todos giraron hacia donde gritaba Shura y los ojos de la amazona se agrandaron.

Acercándose a una impresionante velocidad venía una gigantesca cantidad de monstruosos y repugnantes animales. Moradoras del séptimo infierno, haciendo su hogar en el segundo círculo de los tres en que este se dividía, donde los suicidas se transformaban en distorsionados árboles de largas y tenebrosas ramas que servían de refugio para toda una gigantesca manada de arpías.

Mu fue el más rápido en bloquear la entrada con su muro de cristal, mientras los demás se preparaban para el instante en que esos seres empezaran a graznar, pues muy seguramente acabarían rompiéndoles los tímpanos, sobre a todo a Mu, el cual perdería su pared de cristal.

Aioria se apresuró a colocarse frente al bebé y alzó la daga.

- Lo siento…

Estuvo a punto de lanzar la dorada cuchilla contra el bebé, pero el sonido chillante y extremadamente agudo que emitieron las mujeres de gigantescas alas negras le hizo caer con las manos sobre sus oídos y dejando que la saga saliera volando.

Los trozos de cristal de la pared dorada echa por Mu salieron volando en distintas direcciones mientras el lemuriano caía estrepitosamente al suelo.

- ¡AL ATAQUEEEE!

Dokho se lanzó contra aquellas mujeres aladas seguido por Saga y Kanon, los cuales, invocando a su explosión de galaxias reventaron a más de diez avechuchos, pero todas graznaron al sentir el dolor de sus compañeras.

Aioria tuvo que ayudar en la batalla. Aquellos seres, atraídos por la posible muerte del rey del hades atacaban sin misericordia y en grotesco número. Demasiado para solo doce caballeros.

- ¡Mátalo Marín, si se lo llevan estaremos perdidos!

La amazona reaccionó y corrió hacia donde yacía la daga dorada, tomándola entre sus manos.

- No puedo… Aioria… yo…

Miró hacia la batalla y observó como aquellos monstruos herían sin misericordia a su marido y compañeros.

Su mirada se endureció y corrió hasta su hijo, se arrodilló y levantó la daga. Los ojitos de este se abrieron y comenzó a hacer leves pucheros.

Las manos de Marín temblaron.

- ¡MARÍN, MÁTALO!

Aioria gritó mientras trozaba en dos a una de tantas arpías. Ella cerró sus ojos y levantó la daga.

Gritó con dolor y escuchó el sonido de la daga rompiendo el aire, sintió como atravesó la piel de su hijo, y sus dedos se llenaron de un líquido caliente.

Hyoga

En el congelado mar, se observa la figura de un joven rubio que se mantiene hincado, con la cabeza gacha.

- Mamá, ¿Cómo te encuentras? ¿Estás bien, triste, sola? Lo se, yo también…

El cisne suspiró y cerró sus ojos, sintiendo una esencia que se movía a sus espaldas. Frunció el ceño pues no era la primera vez que aquello ocurría.

Tras decir sus oraciones se puso de pié y se dirigió a la cabaña donde estaba quedándose por aquellos días. Sumido en sus pensamientos, intentando en vano descubrir a quien le pertenecía el extraño espíritu que lo seguía desde que había tocado el helado mar donde descansaba su madre.

Llegó a su cabaña y suspiró mientras se frotaba los brazos. De repente hacía mucho frío.

Se acostó en el pequeño catre y miró al techo, sus ojos se cerraron y unas manos de hielo se posaron en sus hombros, haciéndolo intentar levantarse de golpe, pero la fuerza de aquél ser era demasiada, lo empujó violentamente contra el colchón.

Los ojos de Hyoga buscaron en la oscuridad, y finalmente, con gran sorpresa reconoció a la persona que le mantenía sujeto.

- ¿Mamá?

La mujer frente a él era su madre, pero aquél semblante enojado y sombrío jamás se lo había visto.

- He esperado a que regresaras… maldito engendro.

- ¿Mamá?

- Destruiste todo para mi, desde que supe que existías, no sabes como… no lo sabes…

- Pero…

- ¡CALLA!

Ella lo azotó violentamente contra la cama mientras sus ojos se volvían rojos.

- ¡Pude haberte abandonado en cualquier instante, impedir tu nacimiento a toda costa, pero no, no pude por que eras un maldito destinado a salvar este horrible mundo!

La mujer gruñó.

- Todo estaba tan bien planeado… pero… pero el barco se hundió, y yo perdí la vida.

- Madre, no sabes como…

- ¿Cómo te duele? ¡CREES ACASO QUE A MI ME INTERESA TU DOLOR? ¡ARRUINASTE MI VIDA HYOGA, TE VOLVISTE UNA CARGA, UN ESTORBO, FUE TU CULPA QUE TU PADRE NOS ABANDONARA! ¡FUE TU CULPA QUE YO MURIERA!

- No… mamá…

- ¡NO ME LLAMES MAMÁ, MALDITO!

Ella comenzó a sollozar y sus rasgos se suavizaron.

- Mi muerte es tu culpa Hyoga… tu eres el culpable… maldito… maldito… ¡MALDITO!

Gritó ella lanzando sus manos heladas a su cuello y empezando a ahorcarlo, el chico sentía como el aire se le iba y sus pulmones pedían a gritos algo de aire.

- N-no, ma-mamá…

- Te llevaré al infierno conmigo… horrible engendro…

Shaina

La amazona corría rápidamente entre la lluvia que azotaba al santuario. Una hermosa sonrisa estaba sobre sus labios mientras sus piernas comenzaban a dolerle por el tremendo esfuerzo que hacía a pesar de lo débil que estaba.

Corrió hasta su cabaña verdaderamente fascinada, y se detuvo en la puerta.

Shiryu y su hijo, combinando su increíble poder divino los había liberado y ahora, ella estaba con sus sensuales ropas negras, el amplio escote entre los pechos y esa dulce sonrisa en sus labios. Retiró su máscara segura de que adentro encontraría a Seiya.

Fue cuando escuchó murmullos.

Frunció el ceño y se apoyó en la puerta.

- Por favor Seiya, compréndelo. No podemos sentir sus cosmo energías, es obvio que Eris los ha matado, y lo único que nos queda es vengarlos.

- Pero, Saori-san…

- Shh… déjame consolarte por la partida de Shaina.

- No, por favor… ¡No pienso ha…

Pero las palabras del Pegaso fueron calladas por un rudo beso. La amazona abrió la boca en un grito que de haber podido escapar de su garganta, hubiera sido un sollozo horrorizado.

Se quedó petrificada en la puerta, no sabía que hacer, o que decir. No podía simplemente entrar y gritarle a su diosa. Después de todo, era SU diosa.

Una mirada dura se reflejó en sus ojos.

Tal vez fuera una amazona de plata consagrada a servir a Athena, pero Seiya era SU hombre, el que la había elegido días atrás por sobre la diosa.

La puerta se abrió de pronto con estrépito y un trueno resonó en la distancia.

- Creí que eras una diosa virgen, Athena.

Ambos saltaron en el lecho de la amazona de ojos esmeralda, cuyas facciones dibujaban furia contenida.

- S-Shaina!

El Pegaso dio un brinco hacia ella, mas Athena le impidió el paso y se interpuso en su camino, poniéndose de pié frente a la guerrera de la cobra.

- ¿Puedo preguntar a que se debe tu interrupción?

La diosa se acercó con mirada arrogante y un bamboleo de caderas ciertamente sensual.

- Simplemente he venido a reclamar lo que es mío, Athena.

- ¿Tuyo? No veo tu nombre en ningún espacio en su cuerpo.

- Me pertenece en alma, Athena, por que si aquí hay un cuerpo marcado es el mío, y fue él quien lo hizo.

- Pues déjame felicitarlo, mas hay algo que debo recordarte.

Saori sonrió de manera triunfante mientras acariciaba la mejilla de la amazona con falsa ternura y una mirada llena de odio.

- Ahora mismo, y por decreto de tu diosa te relevo del cargo de guerrera de plata, portadora de la armadura de la Cobra.

- ¿Qué?

- A partir de ahora… serás mi esclava personal, destinada a cumplir todos mis caprichos y satisfacer hasta la más mínima de mis necesidades.

- ¡PERO COMO TE…

- Y recuerda, por favor…

La delicada mano de la diosa se cerró en su barbilla.

- A menos de que exista el matrimonio, un dios puede tomar al mortal que se le venga en gana.

Saori rió triunfante y estiró su mano hacia Seiya, quien vaciló.

- Díselo, Shaina querida. Que los deseos de un dios anteceden a cualquier deseo mortal, incluso sobre la pareja de una persona, a menos de que estén casados.

Seiya observó a Shaina como pidiéndole que desmintiera a la diosa, pero eso no ocurrió, ella bajó la mirada y aceptó débilmente

- Bien, ahora…

La diosa se acercó a Seiya y le tomó de la mano.

- Ven mi amor… tú y yo haremos el amor esta noche en mi habitación.

Seiya aceptó temerosamente, mientras avanzaba al lado de la diosa.

- ¿Sabes?

Ella sonrió cruelmente y se giró hacia Shaina.

- Tener a alguien mirándonos mientras nos entregamos me provoca una sensación que no había conocido antes… ven pequeña esclava, para que veas algo que te va a encantar.

Shaina retrocedió espantada y con claras intenciones de huir, pero la cosmo energía de Athena penetró violentamente en su mente, como un choque eléctrico.

- Recuerda que eres mi esclava. Si crees que desobedecerme podría traerte la muerte o algún otro consuelo… déjame decirte que estás muy equivocada.

La antigua amazona gimió de dolor y cayó de rodillas ante la diosa cuando su mente fue liberada de la presión.

- Así, mi pequeña, como un dulce cachorrito…

Shaina cerró sus ojos y se mordió los labios, mientras su rostro describía el más horrible dolor.

Kiki

Todo era alegría, felicidad.

Su hermanito había nacido hacía un par de semanas, y el señor Mu había sido escogido por Shiryu desde hacía varios meses, por lo que eran una adorable pareja de recién casados con todo y un bebé.

Y era cierto que últimamente se sentía celoso, y desplazado de las atenciones paternas, pero sabía que no era que no lo quisieran, simplemente, el bebé necesitaba mucha atención.

Aquella noche, Kiki miraba fascinado a su hermanito, quien dormía en brazos de Shiryu, mientras Mu estaba en la cocina fregando los biberones, je, era gracioso.

La puerta se abrió en ese instante. Mu entró estirándose y acarició rápidamente los cabellos pelirrojos de su discípulo.

- ¿Está dormido?

- Como un bebé n.n.

Susurró entre dulce y juguetonamente el dragón. Mu sonrió y tomó a su hijo adoptivo en brazos, provocando que este hiciera unos cuantos ruiditos, como si amenazara con despertar.

El lemuriano le meció con ternura, y el bebé se tranquilizó.

Una vez en su cuna, Mu se acercó al dragón y lo besó pasionalmente en los labios, susurrándole algo al oído que lo hizo sonreír.

- Kiki, a dormir.

- Pero mamá, ¿No puedo quedarme a ver al bebé un rato mas?

Shiryu volteó a ver a Mu con una expresión de "Te dije que diría eso" y ambos sonrieron.

- Solo un ratito, si? Mañana tienes muchas cosas por hacer.

- Gracias n.n

El pelirrojo vio a "sus padres" salir de la habitación y se colocó a un lado de la cuna, verdaderamente feliz de poder quedarse con su hermanito.

Pasó largo rato contemplándolo. Rió cuando a lo lejos escuchó los murmullos ahogados del juego amoroso de sus padres, mas no le dio importancia.

Su estómago gruñó y se apresuró a bajar las escaleras en busca de algo de comer. Rápidamente se sirvió algo de leche, tomó pan, mermelada, un cuchillo de untar y regresó corriendo, ya se prepararía en la habitación del bebé algo de comer.

Entró rápidamente y dejó todo en la mesita de madera que con tanto amor había ayudado a su maestro a construir, más al girarse hacia la cuna, se encontró con una imponente figura de largos cabellos negros la cual sostenía al bebé en sus brazos.

- Q-quien es usted…

- Oh mira hijo mío, es tu hermano mayor.

El hombre volteó y mostró sus preciosos ojos azules, los cuales hicieron congelarse a Kiki.

- U-u-usted es… ¿Ha-Hades?

- Así es, mi pequeño niño.

Hades sonrió de manera dulce mientras el bebé jugaba con su dedo.

- Tengo una misión para ti, pequeño pelirrojo.

- Cállese, llamaré a mí…

- Oh, que miedo… pero no creo que alcancen a llegar antes de que te mate si se te ocurre abrir esa boca tuya.

- Salvaré a mi hermano.

- Y hemos llegado al punto.

Hades se acercó con paso elegante al niño y le tomó de la barbilla.

- Tu cuidarás de este niño, lo se… tu lo harás. Cuando el sueño entre en ti, olvidarás todo lo que has visto en esta noche y cuidarás de mi, por que en el cuerpo de mi hijo, no seré mas que un ser indefenso.

El dios hablaba con naturalidad mientras su mano se hundía en el pecho de su hijo, sacó la mano tranquilamente y en ella sostenía una preciosa esfera blanca, la cual soltó y se evaporó en al aire.

- Adiós mi niño, ve…

- E-esa era…

- El alma de esta preciosura de bebé, este lindo cuerpo que ahora me pertenece.

Depositó el cuerpo vacío, y todo su ser se volvió un ente borroso el cual se hizo vapor, y finalmente entró al cuerpo del bebé.

- No… no…

Kiki se dejó caer al suelo desesperado.

Ahora si no había escapatoria, Hades tenía el cuerpo de su hermanito, y por alguna endemoniada razón, sus ojos empezaban a pesarle. A sabiendas de que al despertar olvidaría que el bebé era ahora Hades encarnado, se lanzó como pudo sobre un escritorio y tomó una pluma de brillantes y un libro azul con el título "Diario del bebe", el cual había comprado Saori. Como pudo garabateó unas cuantas palabras.

Cuando despiertes, habrá comenzado una pesadilla.

Anoche, Hades posesionó el cuerpo de mi hermano, y por eso…

Le he matado. No te sientas culpable, pues has salvado al mundo.

Kiki.

Dejó el libro donde cualquiera pudiese ver la página abierta.

Tomó el cuchillo que llevaba consigo y se aproximó pesadamente hasta su hermanito… no, su hermanito ya había muerto, este era el dios de la muerte.

Colocó una mano sobre la pequeña boca y la otra sobre el pecho, entreabrió sus dedos dejando descubierta la zona del corazón y cerró los ojos, mientras con su telequinesia, el cuchillo se enterró en el músculo con tal violencia que la sangre saltó y le salpicó la cara, lo mismo que una de sus manos.

No pudiendo controlarse mas, cayó al suelo dormido.

Un par de horas mas tarde, Shiryu caminaba por el pasillo que daba a la habitación de sus hijos. Abrió la puerta sonriendo, y lo primero que vio fue la impactante imagen de Kiki tirado en el suelo con el rostro y una de sus manos salpicadas en sangre.

- ¡HIJO! ¡MU, ALGUIEN, POR FAVOR, AYÚDENME!

Shiryu se aproximó rápidamente y tocó su frente, mas encontró con gran sorpresa que la sangre no era suya.

Se levantó de golpe y por el rabillo del ojo vio algo rojo en la cuna de su bebé.

Cuando Mu entró totalmente espantado y no reparó en el libro azul que tiró al suelo por accidente, apenas y alcanzó a ver a Shiryu desplomándose en el suelo tras haber visto a su bebé con la boca abierta y las facciones desencajadas, el tono de piel grisáceo, un hilo de sangre brotando de sus labios, mas no era nada con todas las cobijas manchadas del mismo vital líquido.

Los días siguientes fueron demasiado duros. Cuando el dragón había recuperado la conciencia, había tomado a su fallecido bebé en brazos y nadie había logrado quitárselo, y no fue hasta un extremadamente violento forcejeo cuando hicieron que lo soltara, el problema fue que entre seis lo estaban intentando calmar. Y ninguno había detenido la caída del cuerpo hasta el suelo.

Kiki palidecía a cada día de amargura. Saberse asesino de su hermano menor era demasiado, y mas aún, cargaba con el peso de la mas reciente noticia, la cual les habían dado tras el sepelio.

Shiryu había perdido la cordura.

Cosa más que obvia, pues se la pasaba todo el día sentado en una mecedora, acariciando su vientre y susurrando que su hijo se había alojado en su cuerpo una vez más, pero que esta vez nunca nacería y se quedarían juntos por siempre.

Todo era dolor a su alrededor, y a donde quiera que mirase se encontraba con miradas que le rehuían, y mas aún, los ojos cargados de odio de su maestro…

Era demasiado para un pobre niño de diez años, y no pudiendo contenerlo mas, simplemente lo resolvió tomando el mismo cuchillo con el que había matado a su hermano y lo hundió tantas veces como pudo en sus entrañas.

Antes de morir, un último pensamiento asaltó su mente.

Todos lo habían visto suicidarse… y ninguno había intentado siquiera detenerlo. Inclusive Shiryu, quien se había girado a verle con una expresión llena de… satisfacción.

xxxxxx

N/A: HOLA!

Damos las gracias por todos los maravillosos reviews que nos dejaron, sinceramente estamos fascinadas por saber que nuestra historia es leída por tanta gente que nos hace favor de gastar un poco de su tiempo para dejarnos una opinión.

Alguien por ahí dijo que era como si estuviéramos en una segunda temporada, y que si REVELDE….

Ambas ladys se ponen pálidas, Lady Gloria junta ambos dedos índices formando una cruz y Grayson se esconde debajo de su cama.

¡NOS COMPARARON CON REVELDE, HORROOOOOOOOOOOOR!

Nah, no es cierto n.n.

Lo que si es cierto, es que yo (Grayson) soy una enemiga jurada de las telenovelas, mientras Gloria ve una novela cada mil años, y ninguna de las dos comprendemos que tanto le ven a la tal REVELDE que todo mundo habla de ella, pero si todo mundo habla de ella quiere decir que es buena, y que nos comparen con dicha novela, ¡Es aún mejor!

Ahora bien, tengo un AVISO IMPORTANTE

De última hora!

Hace un año, cuando recién apareció Nacido Inocente, con su nombre original, Nacido "Inocente para crear el caos" casi a la par apareció una historia llamada "9 meses X 4" la cual pertenece a una gran amiga y excelente escritora.

Ramsin.

Ella fue una de las víctimas en el tiempo que los autores subían sus historias y estas eran bajadas a la fuerza bajo excusas estúpidas tras haber pasado no mas de un par de horas en la red.

No recuerdo quien lo dijo, pero tenía razón. Las historias de Ramsin son de lo más originales, cómicas e inocentes… bueno, ya no tanto XD que uno se puede encontrar, y la denunciaban a cada rato, y una vez mas, está siendo atacada.

Alguna persona sin que hacer ha estado dejando Reviews a nombre de Ramsin de manera anónima y claro, sin dejar un e-mail. Estos mensajes son por demás ofensivos y envidiosos hacia los autores.

Si alguna persona, de quienes amablemente leen esta historia sabe de alguien que ha recibido estos reviews, o ha recibido uno de estos mensajes, favor de ignorarlo y pasar la voz, pues yo, como Lady Grayson y autora de esta historia, puedo decirles que apuesto mis cinco sentidos y mi propia historia a que Ramsin jamás haría eso.

Espero este mensaje ayude de algo, y si reciben estos mensajes, ignórenlos, pues solo se trata de alguien sin que hacer que quiere hacerle la vida de cuadritos a una EXCELENTE persona.

Atte. Lady Grayson

Una vez mas, gracias por leer este capi, y aviso que actualmente tengo escrito hasta el capítulo 39, y estoy avanzando el 40. Por tanto, voy a tardar en poco en actualizar, al menos hasta que tenga hasta el capi 45.

Les pido un poco de paciencia y me comprometo a seguir esta historia tan pronto como sea posible.

Por habernos prestado su atención, mil gracias.

Atte.

Lady Grayson (la oscuridad) y Lady Gloria (la luz)