Cap. 38

La historia del dios de la muerte y el dragón mitológico.


Las parcas lo habían profetizado. El tiempo se acercaba, cuando los planetas trazarían una línea recta y se conservarían así durante una semana entera. Robarían los poderes de todo ser que habitase en la tierra, dejando un estado total de meros mortales. Ni siquiera Zeus se salvaría de tal castigo.

Pero había una sola cosa que no se vería afectada.

Un fruto divino más fuerte que cualquier alineación planetaria, una delicia sagrada que solo el paladar de los dioses podía probar.

La ambrosía. (Si, si, lo se, he visto demasiado Xena, pero esto es importante para el futuro)

En su palacio, dentro del Hades, el dios de la muerte se paseaba de un lado al otro pensando en la forma con la que lograría apoderarse del mundo entero. Sus sentidos de dios comenzaban a fallarle, y ya todos sus sirvientes se habían transformado en meros mortales, por lo que utilizando su energía los había enviado a la tierra de los mortales, aquella que era protegida por Athena.

Cerró sus ojos intentando concentrarse, y un leve golpeteo en su sien le hizo abrir los ojos.

Era algo que seguía tan fuerte como siempre. Como dios, con todo su poder podía sentirlo mas no darle importancia, y ahora, convirtiéndose en un ser débil, la presencia de la ambrosia lo hacía sentirse como un estúpido mortal adorando a un poderoso ser divino.

- Mi señor Hades?

Un hombre de cabellos plateados entró en la estancia real del dios y se inclinó frente a él.

- Ares, es bueno verte.

El dios de la guerra sonrió y se puso de pié.

- Hice lo que me pidió, pero mi fuerza ya es demasiado escasa.

- Ya veo, y todos mis espectros han sido reducidos a meros mortales ya, cierto?

- Así es mi señor, y todos están ya en el palacio.

Hades sonrió. Ellos estarían seguros en el palacio que él, Ares y su gemela Eris habían construido.

- ¿Cómo está Eris?

- Algo débil. No le sienta bien transformarse en mortal.

- Ya veo, envíala cuanto antes junto con Perséfore al palacio. Quédate con ellas y yo llegaré en cuanto pueda.

- Como ordene, mi señor.

El joven de plateados cabellos se retiró, mientras Hades tomaba asiento una vez más en su trono.

Tenía aún un par de días para alcanzar la ambrosia, y cuando perdiera sus poderes, sabría que todos los demás también estaban perdidos. Sonrió, pues la primera persona con la que acabaría, sería la mocosa engreída de Athena.

Caminó a su habitación, la que compartía con su esposa y tomó dos collares, de los cuales colgaban dos preciosos diamante. Cerró sus ojos y sus manos se envolvieron de su propio cosmos.

Después de eso se encaminó fuera de la sala del trono. Todo iba tal y como él lo había planeado.

Mas tarde, su presencia en el majestuoso palacio causó revuelo. Los espectros le vanagloriaban por tan excelente plan, a sabiendas de que pasada esa semana, su señor sería el único dios existente, además de los gemelos Eris y Ares, quienes serían la mano derecha del señor de la muerte.

- Hades?

Una voz llegó a los oídos del aún dios de cabellos azabaches, quien sonrió.

Ahí estaba, tan hermosa como siempre, sus largos cabellos negros y la piel pálida como la nieve. Sus labios delgados y rojos, en ese precioso vestido ajustado a su sensual figura.

- Perséfore.

Ella sonrió y estiró sus brazos hacia él, por obvias razones, el dios no se hizo esperar y la tomó pasionalmente en sus brazos, regalándole un beso.

- Irás, cierto?

- Iré.

- Trae el fruto divino, así tú y yo reinaremos sobre esta tierra, sobre el cielo y el mar.

- Así será mi amor.

La diosa tronó sus dedos y una gran cantidad de sirvientes aparecieron, llevando distintas prendas.

- Lo necesitarás, amor…

Hades sonrió. Su amada esposa pensaba en todo, y él nunca dejaría de amarla… o al menos eso fue lo que pensó.


En el santuario. La diosa Athena se encontraba mirándose al espejo de su habitación, viendo que sus facciones de niña parecían acentuarse conforme perdía su divinidad.

- ¿Mi señora Athena?

Ella se giró hacia la voz femenina que le llamó, y una hermosa sonrisa apareció en sus labios.

- ¡ARTEMISA!

La diosa de la luna sonrió y abrió sus brazos a su hermanita, la cual le abrazó fuertemente.

- ¿Qué haces aquí¿No deberías…

- ¿Refugiarme?

Athena aceptó con la cabeza, y la hermosa rubia sonrió mientras acariciaba los cabellos castaños de su hermana.

- Estoy donde debo estar, con mi hermanita.

- Artemisa…

La diosa rubia soltó a la castaña y bajó la mirada.

- No sabes como envidio a veces a los mortales… tu y yo, no sabes, cuando me enteré de tu existencia, sentí que tendría a una hermanita con la cual jugar, y a la cual proteger… no sabes como me sorprendí al verte sí, armada y adulta.

- Artemisa, no tienes nada que celarles.

Athena caminó hasta su cama y tomó una almohada.

- Por que aquí estamos, dos mortales de diecisiete y veinte años, hermanas, que están listas para una guerra de almohadas.

Acabó de decirlo cuando estrelló su almohada contra Artemisa, quien reaccionó tan pronto como pudo y alcanzó un cojín, el cual le lanzó a su traviesa hermanita.

Ambas se armaron de risas infantiles mientras corrían por la habitación de un lado a otro, las almohadas acabaron reventando y todo se llenó de plumas, mientras Athena gritaba por que su hermana mayor la había atrapado contra la cama y le hacía cosquillas sin piedad.

- ¡Athena, está usted bien?

La puerta se abrió de golpe, y un hombre entró en la habitación, quedando en medio de una lluvia de plumas y con un par de diosas casi mortales congeladas en la cama.

- No preguntaré o.o.

La puerta se cerró y hubo un largo silencio, finalmente ambas se miraron y tiraron una profunda carcajada.


Mientras tanto, en algún helado lugar del mundo.

El aún dios de la muerte caminaba entre la nieve, mirando a su alrededor extasiado por la belleza que se extendía en aquél lugar frío y desolado. Se parecía a la novena prisión del Hades, solo que con la luz del sol en el cielo.

Miró su collar y este se elevó y señaló una dirección, misma que el dios siguió.

Comenzaba a sentir frío y el anochecer se acercaba.

Sus manos enguantadas se frotaron inconscientemente mientras un aliento frío se colaba entre la bufanda.

Tomó su largo abrigo forrado por dentro de piel de oso y lo acercó tanto como pudo a su piel, ciertamente el ambiente dejaba de ser agradable.

Caminó a tientas en la creciente oscuridad y se subió la capucha de su abrigo, comenzaba a sentir algo que reconoció como hambre, hambre desesperada y mucha sed.

Miró al cielo que se poblaba de estrellas y sus ojos se clavaron en la línea recta que formaban unos puntos brillantes en el cielo.

Un grito brotó de su garganta y su cuerpo colapsó cuando la poca divinidad que le quedaba fue arrancada de su cuerpo y esta desapareció en forma de un vapor negro.

El frío le congeló los huesos y cayó de rodillas sosteniendo su cuerpo tanto como pudo. Sus ojos se cerraron y mordió sus labios intentando no gritar por el dolor que la pérdida de todo su poder le había causado.

Por primera vez se sentía indefenso y débil… se sentía un mortal, y el asco le provocó un escalofrío.

En ese instante, la piedra en su collar brilló intensamente y se movió en dirección a un punto cercano… estaba cerca, muy cerca.

Caminó tropezando mientras se hundía en la nieve, hasta que el suelo le falló y sintió un vacío. Estaba cayendo.

Alcanzó a ver un débil destello de los últimos rayos del sol y sintió su cuerpo chocando contra múltiples objetos duros, otros filosos. Lo último de lo que estuvo conciente fue de su propio grito.


Dos días mas tarde…

La joven Athena se encontraba en su templo totalmente feliz.

Apolo se había unido al grupo, y los tres hermanos convivían pacíficamente como los mortales que ahora eran, siempre asistidos por los caballeros, quienes realmente se veían felices de compartir como iguales un momento con su señora.

Pero mientras todo era dicha para ellos, sintiendo que sería la mejor semana de sus vidas, alguien irrumpió en el salón.

- ¡MI SEÑORA ATHENA!

Un joven de largos cabellos azulados se acercó a la diosa totalmente jadeante. Ella se acercó preocupada.

- ¡Caballero de géminis, pero que ocurre!

- Mi amor¿Estás bien?

Un joven de largos cabellos se acercó y acarició su mejilla, lo que el caballero dorado sonrió débilmente.

- Mi señora, vienen en gran número a atacarnos.

- ¿Qué?

La joven se puso de pié de golpe y corrió hacia la orilla de su templo, en un largo acantilado, y a lo lejos vio venir fuerzas armadas.

- Rayos…

Se dio la vuelta y se encontró con sus doce guardianes de la élite dorada y a los consentidos, cinco chicos de bronce.

- Debo ir, pero ustedes…

- La seguiremos a donde sea, mi señora Athena.

- No tienen su cosmo energía para protegerles.

- Ellos tampoco.

- Podrían morir.

- Sería un verdadero honor.

La diosa sonrió agradecida y entró rápidamente a su habitación, con la intención de colocarse se armadura, mas Artemisa le detuvo.

- ¡No puedes ir¡Mírate, mírame! No eres mas que una mortal.

- ¡Los mortales son increíbles, y no me voy a acobardar, sigo siendo Athena!

Artemisa frunció los labios y tomó ambas manos de su hermanita.

- Por favor, recapacita, estos mortales no te merecen…

- Ella tiene razón. Athena, quédate con nosotros.

Apolo intentó hacerla entrar en razón, mas ella negó con la cabeza.

- Lo siento.

Caminó hacia su habitación y salió minutos después terminando de acomodar su armadura.

Afuera, los gemelos le esperaban impacientes.

- Athena.

Ella se giró hacia sus caballeros, quienes se despedían de sus seres queridos en caso de no volver, y luego miró a su hermana.

- ¿Si?

- Necesitamos que decidas entre esos sucios mortales, y nosotros, tus hermanos.

Athena les miró fijamente, mientras no lejos de ella, un muchacho de largos cabellos negros sujetos en una cola de caballo se acercaba.

- Estamos listos, mi señora.

- Gracias, caballero capricornio.

Dio la vuelta y comenzó a caminar fuera de su templo, siendo seguida por sus guardianes.

- ¡ATHENA, ESPERA, DEBES RESPONDERME!

Ella se detuvo, y sin girar la cabeza habló de manera serena.

- Ya te estoy respondiendo.

Los dioses gemelos de la luna y el sol sintieron que su sangre mortal ardía, y odiaron a la humanidad por robarles a su hermana, dieron media vuelta y caminaron rumbo a sus estancias. Ya se marcharían de aquél lugar tan pronto como les fuera posible.

El pequeño grupo bajó comandado por la diosa de la sabiduría y la guerra.

No iban nerviosos, sabían que podrían morir y eso no les asustaba. Pero no importaba como, aunque solo quedara uno en pié, debían proteger a su diosa.

El enorme ejército no pudo disimular su sorpresa cuando el pequeño grupo se presentó, y de todos lados empezaron a surgir caballeros vestidos de túnicas plateadas y de bronce, en sus manos sostenían escudos y espadas, como pocas veces se les había visto. Los 88 se unieron, mas no eran un tercio del ejército que les aguardaba.

Se hizo un tenso silencio, y un caballero acercó tímidamente su mano hacia el caballero de capricornio.

- Te veré luego.

- Júralo amor mío.

Rozaron apenas sus labios y se separaron, el joven de la cola de caballo se colocó frente a Athena y de su cintura desenfundó a la espada sagrada excalibur.

- Te dije que vendría.

- Debo admitir que siempre tienes la razón.

Athena frunció el ceño y vio como dos soldados de la primera línea se acercaban y retiraban sus cascos.

- ¿Padre… POSEIDÓN?

Ambos hombres sonrieron. Uno con ternura, el otro muy a la fuerza.

- Disculpa todo este teatro… pero debíamos saber si tu valentía sigue intacta aún ahora.

- Debe ser algo grande lo que necesitas para que hagas todo esto, padre.

- Lo es.

Poseidón cerró los ojos un segundo y tendió su mano a la multitud detrás de él. Uno de los soldados le tendió su mano, y tras quitarse el casco, apareció una hermosa mujer, a la cual Athena reconoció al instante.

- Perséfore…

- Athena…

La mujer se acercó y tendió un collar con un pendiente de cristal.

- Hades ha desaparecido.


Mientras tanto, el dios de la muerte despertaba lentamente de la inconciencia en la que había caído.

Miró en todas direcciones intentando pensar que había tenido una pesadilla, pero le era imposible, pues todo seguía tan real como el día anterior.

Sus piernas seguían prensadas por un gigantesco témpano de hielo, el cuerpo lleno de moretones y el problema para respirar. Estaba seguro de que se había roto las costillas.

Intentó en vano moverse, safarse solo un poco… mas no pudo.

El dolor lo hacía delirar, y no tardó mucho en caer nuevamente inconsciente.


En el santuario, Athena había escuchado atenta la historia de la esposa del dios de la muerte, y aunque no le hacía gracia saber el plan del hermano de su padre, sabía que estaba en sus manos hacer algo.

Después de todo, Poseidón no intervendría, al igual que Zeus, ya que la muerte de Hades les convenía por no mas que poder.

Miró a sus caballeros uno a uno y suspiró.

El joven Pegaso se encontraba en la entrada del templo conversando con una de las doncellas, una chica de cabellos verdes con ojos como esmeraldas.

Sonrió dulcemente. Jamás mandaría a su consentido a una misión suicida como aquella.

Sus ojos se pasearon por la estancia. Miró al joven león y a su esposa, una hermosa pelirroja con ojos como el cielo. Su hermano no lejos.

Miró a los gemelos guardianes del signo de géminis los cuales se secreteaban en un rincón y reían con complicidad.

No encontraba a alguien a quien mandar. ¿Al inocente Andrómeda¿Al sabio dragón¿Al mortal capricornio¿Al maniático de cáncer?

Ante este último desechó totalmente la idea, y más cuando lo observó abrir sus brazos a la preciosa niña que corría y se abrazaba a su papi.

De todos, el caballero de cáncer era el único con hijos.

- ¿Caballeros?

El murmullo y las risas callaron, y todos se apresuraron a acercarse a su diosa.

Las palabras surgían lentas mientras sus ojos se paseaban por la estancia. Los rostros presentes se deformaban con sorpresa, y más al saber que su diosa planeaba partir hacia donde un pedazo de piedra brillante le guiase y salvar a su tío.

- No se lo permitiré, mi señora.

- El patriarca fue el primero en hablar.

- Usted no irá bajo ninguna circunstancia.

- Así tengamos que retenerla por la fuerza en su condición mortal, no le dejaremos partir.

- Aún y que el precio de esa osadía sea la muerte.

- Caballeros…

Los ojos de ella se llenaron de lágrimas.

- Sin embargo…

El caballero de acuario, un hombre de cabellos cortos y rizados se cruzó de brazos mirando fijamente a la diosa.

- Creo que hablo por todos, cuando digo que nadie irá a rescatar al señor de la muerte.

Los labios de ella se abrieron con sorpresa al ver que todos acordaban en esa decisión. Bajó la mirada entristecida.

Hubo dos que se enternecieron por la diosa, sin importar cuanto odiaran al dios de la muerte.

- Mi señora, yo…

- No Andrómeda.

El joven de cabellos negros dio un paso al frente. Su cabello largo hasta sus muslos, negro como la noche y los ojos azules. El protegido de la constelación del dragón.

- No! Tu no irás!

Una mano se cerró en su brazo y fue jalado hacia un protector pecho, mientras unos labios rozaban continuamente sus cabellos.

- Mi amor, yo…

- Por favor…

El chico alejó a su pareja y sonrió dulcemente.

- No puedo ver sufrir a mi señora Athena, y yo volveré.

- Iré contigo.

- No, aquí te necesitan más de lo que te necesitaré yo allá. Tú sabes… si algo pasa y ocupan de ti.

- Pero…

- Pero nada, además…

El chico levantó su mano y mostró una argolla de oro en uno de sus dedos.

- Debo volver para casarme contigo¿recuerdas?

Ambos sonrieron y se besaron dulcemente.

- Debo prepararme.

Le miró arreglarse con Athena y suspiró pesadamente, giró su mirada hacia una pared y se encontró con excalibur. Frunció el ceño pues se le acababa de venir una idea.

Solo un par de horas mas tarde, el joven tenía empacado ropa gruesa y provisiones, solo faltaba despedirse.

- Dragón?

- Mi señora?

Athena y Perséfore se acercaron al joven. Esta última se quitó el collar que su marido le dejara antes de partir.

- Toma… Hades buscaba la ambrosía. Encuentras la ambrosia, encuentras a mi marido.

- Caballero… hay algo que ya he discutido con las deidades presentes, y hemos llegado a un acuerdo. Si en tu viaje, te ves precisado a decidir entre la vida de Hades y la tuya… escogerás la tuya.

- Como usted ordene.

Pero mientras aceptaba las últimas indicaciones de su diosa, miraba en todas direcciones.

Hacía rato había visto a Aries afilando a Excalibur. No sabía para que, si no había guerras próximas y la espada no necesitaba de eso. Se preguntó donde estarían todos.

- ¡Eh, dragón!

Se giró y tomó algo que venía por el aire, encontrándose con la espada sagrada.

- Pe-pero… capricornio…

- Vamos niño, la vas a necesitar.

El chico miró la espada y sonrió ampliamente.

- Gracias.

Todos aparecieron en ese instante con alguna recomendación. El joven dragón aceptó y escuchó todo lo que le dijeron y procedió a despedirse.

Por último se despidió con un beso del que pronto sería su esposo. Guardó a Excalibur en su funda detrás de su espalda y tomó aire. Apretó la piedra azulada en su mano y emitió apenas un susurro.

- Llévame… llévame hasta la ambrosía.

Un destello azulado lo envolvió cegando a los presentes, y cuando desapareció, este se había ido.


N/A´s HOLA!

Disculpen la tardanza, esque la che musa anda dando vueltas por no se donde y no la he podido agarrar a la condenada para que me de algo de inspiración, pero por ahora, les traigo un nuevo capi que espero que sea de su agrado.

A todas las personas que me escribieron se los agradezco mucho.

Forfirith Greenleaf - Claro que a todo mundo le cae mal la loca de Saorinutil! Pero apoco en la era mitológica no era bien chida? Buaaaa, que nos hagan un reembolso, por que la actual no sirve ni para pelar papas. Muchas gracias por tu mensaje, y te me cuidas mucho.

Elena - Ya, ya, ya volvimos a aparecer... claro que para ver el nuevo capi si nos vamos a tardar... maas? bueno, bueno, intentaremos hacerlo rápido.

The Shade Ghost - Jajaja, claro que se me enojó Pandora, pero apoco no estuvo chida la escena? Pero bueno, esto va a terminar mal, como puedes ver, Saga está sacando un plan que involucra a Shura¡Va a terminar en un verdadero problema! Gracias por tu mensaje, y te me cuidas mucho n.n

Ale-chan -HOOOOOOOOOOOOOLA TU! Primero que nada, FELICIDADES POR TERMINAR LA HISTORIA DE LOS UNIVERSITARIOS, TE QUEDÓ VERDADERAMENTE GENIAL, FANTÁSTICA, FUERA DE ESTE MUNDO, PARA BOTARSE DE LA RISA, MUCHAS FELICIDADEEEEES! ejem, bueno, y volviendo a la respuesta de tu review n.nU see, Eris es chida, y en unos cuantos capis se va a encontrar con la horma de sus zapatos¡Así que peligro inminente! Cuídate mucho mujer, ok? Bye!

Lady Palas - Ya ves, ya ves, nosotras somos bien mágicas n.n me alegra que te gustarael capi, ya que el desgraciado nos costó mucho trabajo, jeje, pero... que quieres decir con una sorpresita con Shiryu? Uuuy, cuenta, cuenta, cuenta, cuenta! queremos saber! Cuídate mucho, ok?

Aiko - See, y esque cuando Dios abre las nubes y te amenaza con el puño para que actualices pronto y deje de hacer sufrir a tanta gente, pues una no se puede negar n.nU Y si, definitivamente hay que formar una chusma iracunda (incluso me van a pasar el teléfono de una, jeje) y buscarla, no? jeje, pues te recomiendo que te vayas comprando unas uñas postizas laaaargas laaargas por que los siguientes capis van a ser de ataque! y no me aprietes tanto, pues los abrazos de Ilitia son de temer, jajaja!

Legendary - Claro que es esclavo de eris! Inclusive a hacer un par de tonterías en nombre de ella, pero pobrecito, está sufriendo en pesadillas... nah! cual pobrecito, a ver si se hace un poco mas machito, no crees? Agg, ese fic lo tengo atorado a media garganta, pero te prometo que en cuanto tenga la mas mínima inspiración lo continúo, de acuerdo? Palabra de autora n.n Gracias por tu mensaje!

Aliss-chan - Pues mira, Saga y Mu se van a meter en un par de líos y no te garantizo el final, pero la cosa se va a poner horrible para esos dos, eso si te lo aseguro. Intentaré actualizar rápido, tu nada mas espérame tantito, ok? n.n

Luna-wood - Me alegra que te gustaran los nuevos capis, y si, el bebé ya hace acto de precensia, pero como va a causarle problemas a su pobre mami, jeje XD además, por ser hijo de un dios puede controlar el cuerpo de su portador, así que cuando esta saga esté llegando a su final, te prometo una escena realmente genial donde aparecerá la espada de Hades combinada con el espíritu de excalibur, o sea, desastre total! Y pues bueno, a Athena se la tienen que llevar por que es indirectamente afectada, pues son sus caballeros los que están secuestrados, aunque a mi me late que lo que no le gusta del asunto es que esta vez la víctima no es ella y ahora le va a tocar estar del lado de los salvadores y no de la salvada. Muchas gracias por tu mensaje, muy agradecida por haber dejado tres de un solo jalón. Cuídateme mucho, y espero nos veamos pronto.

Ok, eso ya fué todo. Uuuuuy que feliz de finalmente contestar reviwis... a ver si no me sacan por eso ¬¬.

Bueno gente, se me cuidan y nos veremos pronto, de acuerdo?

Por cierto, si a alguien no le gustó Camus mitológico con el pelo corto y rizado... échenle la culpa a Gloria, que fué la de la idea XD.

Se ven!

Muchos besos!

Atte.

Lady Grayson, La Oscuridad, y Lady Gloria, La Luz