Cap. 39
Los ojos del dragón
El joven guerrero sintió el frío calando sus huesos de golpe. Aferró su abrigo contra su cuerpo y frotó sus brazos, para después ajustarse lo más posible su bufanda.
Miró hacia el suelo y se agachó, pues una roca le llamó la atención, o mas bien, el grabado que esta tenía escrito.
Retiró la nieve con sus manos enguatadas y leyó la inscripción, escrita en su idioma natal.
"Si has venido por la ambrosia… no me importa si eres Zeus o el mas mísero mortal, puedes estar vil veces seguro de que ni con alas, ni con divinos poderes lograrás cruzar, solo tus pies te pueden llevar hasta el ansiado destino"
El joven pelinegro se enderezó y comenzó su camino, siguiendo la brillante piedra que apuntaba hacia el frente.
Estuvo tentado a preguntarse por que rayos estaba en medio de un frío glacial buscando al dios de la muerte cuando este buscaba la manera de conquistar el mundo y sumergirlo en las tinieblas pero las cosas le habían salido mal al muy estúpido.
Y sonrió cuando la imagen de su diosa se dibujó en su frente.
Si… era por ella.
No tenía noción del tiempo, todo era oscuridad en aquél horrible paraje. Conforme avanzaba, la naturaleza, sabiendo que tesoro inigualable guardaba se ponía necia a dejarlo pasar y la tormenta aumentaba con cada paso, haciéndolo detenerse de vez en cuando, buscando una guía, una mínima esperanza en el cristal, el cual hacía unos cuantos kilómetros había cambiado de rumbo.
El caballero sintió que desfallecía. ¡Era demasiado para un mortal!
Tal vez un caballero lo lograse, pero como simple mortal le era imposible.
Casi seguro de que todo terminaría pronto y que no podría mas, consultó a la piedra. Sus ojos se abrieron con sorpresa en ese instante.
La roca estaba indecisa, señalaba hacia abajo, después hacia el frente. El joven se arrodilló y comenzó a andar a gatas, buscando una parte extremadamente suave.
De su espalda desenfundó a excalibur, tomó el collar y lo enredó a la hoja de la espada, cerró sus ojos mientras se enderezaba. Su instinto sería su guía… los sentimientos, la percepción, saber que…
Lanzó un golpe a ojos cerrados y una onda de energía azulada brotó de excalibur, creando un derrumbe de nieve cerca del lugar donde estaba de pié.
El joven abrió sus ojos y se asomó tan cuidadosamente como pudo por aquél hoyo.
Era algo así como una caverna oculta entre la nieve, una profunda grieta que prometía no mas que una muerte segura. Sus ojos se empequeñecieron mientras intentaba saber si Hades se encontraba ahí.
Y fue cuando una figura negra captó su atención.
Mientras tanto, dentro del abismo…
Hades se encontraba en uno de sus delirios.
Hacía días que no probaba bocado, y los labios los sentía secos. El frío no le aquejaba, pues su gigantesca prisión de hielo servía para cubrirle, aunque el hecho de ya no sentir medio cuerpo y un brazo debido al témpano que le aplastaba comenzaba a parecerle preocupante.
De repente, algo extraño ocurrió, sacándole de la monotonía cuando una generosa cantidad de nieve cayó desde el cielo. Giró sus ojos y vio el cielo oscuro y la nieve cayendo con violencia.
- Tormenta… je… me recuerda a Cocytos, con todo y su espectro guardián.
Susurró él sonriendo con amargura al notar una figura que se asomaba desde lo más alto. No le quitó los ojos de encima mientras lo veía prepararse comenzó a bajar en vertical y el dios sonrió de manera tonta e ingenua. Ese espectro, no era espectro, ahora que estaba mas cerca le reconocía. ¡Era el ángel de la muerte! El muy maldito ya venía a llevárselo. Pues que remedio, el Hades se quedaría sin Rey, pero en cambio tendría una gran reina.
Le miró acercarse con cautela.
- ¿Lord Hades?
- Mmm… je, presente n.n.
El joven frunció el ceño ante la respuesta y se acercó. Le revisó cuidadosamente viendo que se encontraba en un estado realmente deplorable de desnutrición y deshidratación, pero vivo al menos.
- Tranquilo señor… soy el caballero dragón, de la orden ateniense.
Un chispazo de furia se disparó dentro del dios al saber quien era el que se encontraba ahí.
- Tu, asqueroso mocoso… no aceptaré ayuda de un… un…
No terminó la frase pues todo su cuerpo resintió el esfuerzo de hablar tan fuerte.
- Lo sacaré de ahí.
- Me está aplastando un témpano gigante de hielo¿Lo notaste? Va a estar…
- Calle, no debe esforzarse.
El chico desenfundó a excalibur y comenzó a deslizarla sobre el hielo, tomando medidas de cada movimiento a realizar para partir aquél bloque sin lastimar al dios, o al menos lastimarlo lo menos posible.
El dios cerró sus ojos y se entregó a la inconciencia. Cuando despertara, posiblemente y estaría libre, eso era bueno. Pero estaba a merced de uno de los lame botas de su sobrinita, eso era malo.
El dragón le observó de nueva cuenta viendo su estado de inconciencia. Suspiró resignado por tener que salvarle y continuó con su labor de partir el hielo.
Horas más tarde, o quizás un día entero. Quien sabe, en aquella prisión helada no parecía importar mucho el tiempo.
Hades abrió lentamente los ojos y parpadeo un par de veces. Lo primero que llamó su atención fue que por el rabillo del ojo alcanzaba a ver una luz. Giró su cabeza y observó al joven dragón con una especie de fogata. No se preguntó como rayos la había encendido.
Gruñó por que sintió dolor en sus piernas. Bueno, al menos ahora las sentía, y eso era genial.
- Me alegra que haya despertado.
- Humm.
Hades giró la mirada molesto. No le agradaba que el muchacho estuviera cuidándolo como a un niño chiquito, y peor aún, sabía que en esos instantes, realmente necesitaba de sus cuidados.
De repente, pasó su lengua en su paladar y sintió el sabor de algo extraño. Se giró a ver al muchacho verdaderamente molesto. No le había bastado con venir a ridiculizarlo salvándole, sino que ahora también lo alimentaba con algún líquido extraño mientras dormía.
- Tome.
Hades vio entrar a su campo visual un cuenco con agua, la cual el chico había estado derritiendo de un par de témpanos de hielo.
- No quiero.
- No le estoy preguntando.
¡Pero que atrevimiento del muchacho aquél! El dios se giró con la clara intención de gritarle todo lo que estaba pensando de que aquél mocoso lo rescatara y que ahora lo tratara de manera irrespetuosa.
Pero todos los insultos jamás salieron.
Hades abrió los ojos enormemente al ver aquellos ojos frente a él. El chico usaba una bufanda que le impedía ver su rostro completo, pero sus ojos... sus ojos estaban totalmente a la vista.
Eran… eran como el mar durante la noche, con millones de estrellas reflejadas en sus calmadas aguas. Cargados de una genuina preocupación, estaba preocupado¿Por el dios de la muerte? Pero… ¿Por qué?
- Tome, beba…
Abrió la boca instintivamente, totalmente idiotizado por aquella mirada. Sintió el líquido deslizarse por su garganta y tragó lentamente, pero no se atrevió a mover sus ojos de los del joven, quien estaba mas concentrado mirando los labios del dios y procurando que no se ahogara o algo por el estilo.
Finalmente sintió aquella mirada y retiró el cuenco.
- ¿Pasa algo?
Hades pareció reaccionar de repente.
- Nada, es solo que me extraña que me mires fijamente.
- No se por que no habría de mirarle.
- No me temes solo por ser un mortal, eh?
El dragón se enderezó y le miró de mala manera.
- No le temí cuando era un dios, no le temeré cuando vuelva a serlo y no tengo razón para temerle justo ahora.
La voz del chico le sonó tan decidida que decidió que lo mejor era mantenerse callado.
- Descanse.
El chico se puso de pié y se alejó ante la atenta mirada del dios.
Hades miró en cualquier otra dirección intentando sacarse esa imagen de la mente, pero esque simplemente… los ojos del joven eran verdaderamente hermosos.
En la inconciencia, imágenes comenzaron a llegar al cerebro del dios, un sueño profundo y tranquilo como hacía mucho que no tenía.
Se vio a si mismo en su habitación, dentro de su palacio en el Hades. Acomodado entre las mullidas almohadas de su cama y metido de lleno en su lectura.
La puerta se abrió y una persona entró a su habitación, sin dejar de leer había sonreído sabiendo quien era su visitante.
Se había acomodado a su lado y comenzado a explorar la desnudez del dios bajo las sábanas. Era más que obvio que ambos habían terminado haciendo el amor.
El dios, totalmente inconsciente de sus facciones, siempre fijo en sus ojos, esos ojos azules que le enloquecían, escuchando esa voz murmurar una vez tras otra su nombre, hasta que finalmente le llamó con un grito desgarrador.
- Hades… despierte.
- ¿Eh?
El dios despertó de golpe y de haber podido se habría puesto de pie, pero las piernas aún no le respondían como hubiera deseado.
- Q-que…
- Despierte, es hora de comer.
Aquellos ojos estaban frente a él, mirándole tranquilamente.
Hades se sentía bastante perturbado, pues era la primera vez que soñaba ese tipo de cosas con alguien que no fuera su esposa.
Sintió las manos del joven, el cual le ayudó a sentarse para que pudiera comer.
Fue cuando el dios reparó en la enorme piedra que el chico tenía como base de una vasija echa de metal, una especie de brasero en el cual estaba contenido el fuego que le protegía medianamente de morir congelado.
- Tome.
Dijo el chico mientras le entregaba un plato humeante.
- Le ayudará.
Hades tomó el plato casi con miedo, idiotizado por aquellos ojos. Comía despacio, mirando al chico el cual se mantenía quieto, mirándole fijamente.
- Esque acaso no tienes algo mejor que mirarme? Come muchacho, que me incomoda hacerlo yo solo.
El chico sonrió, claro que Hades no pudo notar la sonrisa, pero si el brillo de felicidad en sus ojos.
- Esas palabras me comprueban que usted está mejor.
Se puso de pié y sacudió la nieve que se había acumulado sobre sus ropas.
- Iré a explorar.
- ¿Y que tienes que explorar? Estamos en una caverna por si no lo habías notado, mocoso.
- Lo se, pero mientras venía para acá he sufrido un leve accidente y perdí parte de mi carga.
El chico miró el fuego unos segundos.
- Solo podré alimentar ese fuego durante una noche más, y necesito encontrar una salida antes de que empecemos a congelarnos.
Hades aceptó débilmente con la cabeza y le vio retirarse.
Habiéndose marchado el dragón, el dios de la muerte procedió a continuar con sus alimentos. Se llevaba la comida en automático con la mirada fija en el fuego.
Recordaba haber visto a aquél chico en la batalla, un guerrero fiero con una increíble maestría en la espada y el escudo. Pero, era la primera vez que tenía un contacto con él, o que ponía atención a sus ocultas facciones.
Dejó el plato vacío a un lado y estiró su cuerpo pesadamente. Estaba en mejores condiciones, lo sabía, y era gracias al dragón.
Se arrastró envuelto en las mantas y sacó sus piernas al calor del fuego. Sonrió al sentir la sensibilidad de sus miembros hacia las llamas.
Hasta donde le permitía su cuerpo, empezó a ejercitarse, intentando ponerse en condiciones de caminar al menos, aunque fuese lento.
- Entretenido?
Hades se giró y encontró al caballero dragón, quien lucía bastante pálido y congelado, lo que le llevó a casi lanzarse sobre el fuego buscando un poco de alivio.
- ¿Y bien?
El caballero le miró de reojo y procedió a calentarse las manos frotándolas.
- No encontré nada.
- Que?
- Esta caverna se conecta a otra, y encontré un largo camino.
- ¿Y a donde lleva?
- No lo se.
- ¿Qué no has ido a recorrerlo? Que tal si era la salida, mocoso estúpido!
- No lo he explorado por que es un camino demasiado difícil si lo llevo cargando conmigo, estoy cuidando su seguridad, sabe?
Hades se quedó en silencio ante la tonalidad serena del joven. ¿El muchacho se preocupaba por su seguridad? Estaba buscando un camino seguro, y solo por él. El dios sintió ternura hacia el muchacho, pero su orgullo divino le impidió demostrarlo.
- Insinúas que soy un lastre para ti, niño?
- Solo le informo que…
- ¡No me digas nada! Nadie me llama a mí, un estorbo.
- No sea testarudo.
- ¡QUE TE CALLES!
El dios se giró enfadado y se acomodó para dormir, dándole la espalda al joven dragón.
Al chico pelinegro no le quedó más que resignarse y acercó su bolsa de viaje de donde sacó un poco de pan duro con el cual empezó a alimentarse.
Miró hacia arriba y observó la cuerda aún pendiente de la cual se había servido para descender. Podría ser…
Sacó algunos trozos de leños secos cuidadosamente protegidos y los lanzó a las llamas. Eran ya los últimos…
Tomó una manta más vieja y delgada que el cobertor que usaba el dios. Se cubrió y se acostó, pues realmente estaba agotado, e ignoraba el tiempo que llevaba sin dormir, ya que la última vez que lo había echo había sido incluso antes de enterarse de que el dios estaba perdido.
Cubrió de nuevo su rostro y cerró sus ojos. Estaba muy cansado, demasiado de echo y le parecía imposible que todo aquello estuviese ocurriendo.
Tomó a excalibur entre sus brazos y le abrazó, sonriendo.
Aries la había puesto lo mas filosa posible, el Fenix se había ofrecido a ayudarle, Cáncer había probado la espada en uno de los pilares, que quedó echo cachitos, y Capricornio… bueno, no sabía lo que había echo. Tal vez había sido su idea, o simplemente había dado el permiso para que el joven se la llevara.
No pasarían muchos minutos cuando se quedó dormido.
Hades se giró en ese instante al saber dormido al dragón. Se acercó a rastras hasta llegar a su lado y acarició su frente. El pobre estaba helado y temblaba sin control a pesar de lo abrigado que estaba.
El dios sonrió y paseó sus dedos por los párpados cerrados. Esos ojos le encantaban.
Se acomodó a su lado y le rodeó con sus brazos, arropándole y dándole el calor que tanto necesitaba. Le miró dormir y se hizo una promesa.
Algún día, de algún modo… el dragón sería suyo.
N/A´s: HOLA GENTE BONITA!
Tenemos un importantísimo asunto que hacer! A partir de ahora, cada vez que terminemos un nuevo capítulo, se publicará un capi para "celebrar" el termino de uno nuevo.
Así que estén pendientes!
Ahora bien, la respuesta de sus muy amables reviews, la pueden encontrar en mi Perfil.
Se me cuidan, y miles de besos!
Atte.
Lady Grayson... la oscuridad y Lady Gloria... la luz
