Cap. 40

Caer al vacío.


A la mañana siguiente, o quizás el mismo día, en aquél lugar donde el tiempo no existe mas que para saber lo poco que falta para tu muerte, los ojos del dragón se abrieron.

Se sentía extraño y confundido, incoherente del lugar donde se encontraba. Fue cuando sintió la cálida respiración sobre su cuello y de golpe le vinieron los recuerdos. Intentó moverse, mas los brazos del dios se aferraron mas a su cintura acurrucando su espalda contra el pecho del señor del Hades.

Lo primero que pensó fue que él había ido a buscar calor al lado del dios, pero con una leve inspección supo que continuaba en el mismo lugar donde se había dormido, lo que significaba que había sido el dios quien le había buscado.

- Mi lord? Despierte.

Hades gruñó y hundió un poco su nariz en el espacio entre el cuello y el hombro del dragón, aspirando con profundo agrado su dulce esencia.

- Señor Hades… despierte.

Ladeó su cuerpo y deslizó sus manos enguantadas sobre las facciones divinas, haciéndole sonreir.

- ¿Mmm?

Finalmente despertó, y lo primero que encontró fueron los hermosos ojos del caballero ateniense.

- Despierte, el tiempo se agota.

- ¿Se agota?

- El fuego se extingue. Sin él no sobreviviremos mucho tiempo.

Hades aceptó débilmente con la cabeza y soltó sus manos de la cintura del dragón, el cual se sintió un poco avergonzado ya que el contacto le había resultado muy cómodo.

- Y… ¿Cómo saldremos?

El dragón no contestó, salió de entre las mantas y tembló al sentir el frío penetrante de aquella cueva.

- Por arriba.

- ¿Arriba?

- Es difícil, pero es la única forma de que salgamos vivos… espero.

Hades aceptó y se sacó las mantas de encima, resintiendo de inmediato lo mismo que el dragón.

Desayunaron lo poco que tenían, el dios un poco de lo que había preparado antes el chico, y este el pan duro que había guardado del día anterior, todo esto mientras guardaba sus cosas, por lo que inconscientemente ocultó su rostro del dios de la muerte.

Guardadas sus pertenencias, el joven le tendió su mano al dios.

- Venga… lo lograremos.

Hades pareció titubear.

- ¿Estás seguro?

- No lo sabré hasta quelo intentemos.

El dios le entregó finalmente su mano, sabiendo que estaba encomendándole también su vida.

Le jaló suavemente poniéndolo de pié, y las débiles piernas del dios fueron incapaces de sostenerlo, por lo que se fue contra el dragón, quien le sostuvo cariñosamente entre sus brazos, los rostros de ambos a solo escasos centímetros.

- Le prometo… que haré todo lo que esté en mis manos para protegerlo.

Después se acercó a su oído y susurró.

- A mi lado estará seguro.

Hades sintió que su corazón palpitaba con fuerza. De haber sido un dios en aquél segundo, habría besado al dragón y muy seguramente le habría echo el amor ahí mismo.

- E-espera…

- ¿Si?

Hades suspiró y miró fijamente al dragón, al cual le regaló la más hermosa y sincera sonrisa que le hubiera dado nunca a nadie.

- Gracias… por todo.

El caballero miró embobado aquella sonrisa tan cercana a su rostro y sintió que los colores se le subían al rostro, por lo que se giró rápidamente.

- A-a… yo… agradezca cuando estemos fuera de peligro.

- Claro…

Una de las manos de Hades se deslizó por la cadera del dragón.

- Yo te agradeceré.

Un escalofrío recorrió al chico de pies a cabeza y comenzó a caminar con el dios prácticamente cargado.

Listos para el camino, el dragón tomó una cuerda que había dejado fuera de su bolsa de viaje y la amarró firmemente a su cintura, después de acercó al dios, quien se mantenía apenas de pié apoyado en una de las heladas paredes.

- Con su permiso.

Susurró él visiblemente avergonzado mientras rodeaba con sus brazos la cintura del dios en repetidas ocasiones, asegurándoles a ambos.

- Bien…

El joven se hincó y juntó sus manos susurrando una oración por salir sanos y salvos de aquella cueva.

- Vamos.

Una vez mas con el dios cargado, caminó hasta el lugar donde caía la cuerda, la cual miró con cierta duda.

- Por Zeus, que se encuentre firme.

Tomó entre sus manos la cuerda y le dio un leve jalón, y esta no se movió. Uno más fuerte, y un tercero más fuerte que el anterior, y la cuerda seguía ahí.

Sonrió el joven y sonrió el dios.

- ¿Puede abrazarse de mí?

Hades miró sus brazos preguntándose si tendría suficiente fuerza, pero al final se abrazó de la cintura del dragón, recargando su cabeza a la altura del corazón de su salvador.

Haciendo un leve acopio de fuerzas se tomó con firmeza, comenzando a subir lo más cuidadosamente posible, hasta que el peso del dios empezó a hacerse presente en su esfuerzo.

Tomó y soltó aire mientras cerraba los ojos. Esto iba a ser todavía mas difícil de lo que se habría esperado en un principio.

- ¿Está bien, señor Hades?

- Si, estoy bien.

- Perfecto.

El dragón miró hacia arriba con esperanza. Una vez arriba solo debía abrir un hueco en el techo helado y serían libres, quizás la tormenta se hubiera calmado. Giró su mirada al fuego que se alejaba de él y sus últimas llamas se extinguían poco a poco.

Necesitaba salir cuanto antes, o quedaría sumido en la absoluta oscuridad.

- ¿Qué fue eso?

Un leve tirón les sorprendió.

- No, no es posible…

El chico comenzó a acelerar su asenso, pues la cuerda ya no soportaba el paseo de ambos.

- Llegaremos... llegaremos…

Se repetía incesantemente, pero entre más lo decía, menos se convencía de que así fuera a ser.

Un nuevo y más fuerte tirón hizo que retrocedieran un par de metros de lo avanzado, los brazos le fallaron al dios y se soltó inevitablemente del dragón, quien tenía las manos demasiado ocupadas para detener su caída.

Las gargantas de ambos se desgarraron en un grito cuando la cuerda que les mantenía unidos se estiró al máximo, lastimándoles a ambos.

- L-lo subiré…

Susurró el chico mientras su piel punzaba de dolor.

- Tranquilo, lo subiré, lo subiré…

Pero el problema era precisamente ese, subirlo. Ya que debía sostener con una mano y la cuerda y con la otra ayudar al dios, el cual en ese instante se le hacía demasiado pesado.

Sin embargo, a pesar de lo mucho que le llamó, Hades no contestaba.

- Por la diosa Athena ha quedado inconsciente.

Era probable que se hubiera golpeado la cabeza contra la pared de hielo al caer tan bruscamente.

- Estoy solo…

Miró hacia arriba, faltaban poco más de diez metros para llegar a la cima, o al menos eso le parecía dentro de aquella oscuridad creciente.

Continuó su asenso con el dios colgando de su cintura... Cada vez le costaba mas trabajo respirar, la cuerda se resbalaba, se sentía floja, a punto de…

Reaccionó de golpe y siguiendo sus instintos.

Sacó a Excalibur tan rápido como pudo antes de sentir el vacío en su cuerpo al caer en la oscuridad.

Gritó sin poder evitarlo y clavó la espada en la pared, deteniendo de golpe la que habría sido una mortal caída.

El dragón gimió quedamente de dolor al sentir aquellas punzadas en su cintura. Mordió sus labios intentando que sus quejidos no escaparan de su garganta.

Fue cuando percibió algo nuevo.

La enorme estaca que había estado sosteniendo la cuerda hasta hacía unos instantes, había abierto un hueco en el techo de la caverna, por el cual se colaba un débil rastro de luz.

Elevó su mirada al cielo y percibió un cielo claro, el mas hermoso que pudiera recordar. Sus labios se abrieron y su mano libre se estiró con añoranza.

- Por favor... quiero vivir…

Cerró los ojos y en su mente vio a aquél a quien tanto amaba.

- Quiero volver a su lado, necesito verle al menos una vez más... por favor…

Fue cuando se dio cuenta de algo. Había llegado el instante decisivo donde escogería entre su vida y la del dios de la muerte, y tal como su diosa Athena le había ordenado, escogería la suya.

Rápidamente se llevo la mano a la cintura y comenzó a deshacerse de la soga balanceando su cuerpo para ayudarse un poco.

No tenía nada por que lamentarse, Hades no era un pobre inocente al cual estuviese traicionando, aquello era un acto de supervivencia, pero sobre todo, nadie extrañaría al dios de la muerte y el peligro que este representaba.

Se terminó de sacar la cuerda de la cintura y el dios quedó pendiendo de su mano cerrada, todo lo que tenía que hacer, era abrirla.

- Le prometo… que haré todo lo que esté en mis manos para protegerlo….a mi lado estará seguro.

Sus propias palabras asaltaron su mente.

- No, tengo que….

Cerró sus ojos con fuerza y la cálida sonrisa del dios se le mostró con absoluta claridad.

- Gracias… por todo.

- Dioses, no… no podría hacerlo.

Se balanceó en la espalda confiado en que esta no se safaría del muro y logró apoyar sus pies en las salientes rocas. Se pegó tanto como pudo en los quebradizos escalones y acercó su temblorosa mano hasta el punto de apoyo, la portentosa excalibur en este caso, a la cual amarró la esquina de la cuerda la cual soportaba al dios.

Ahora bien, lo único que necesitaba era escalar por sus propios medios, y cuando llegase arriba colocar una segunda estaca y sacar la otra cuerda de su bolsa, para después bajar por el dios, quien seguía inconsciente.

Apoyó sus manos en algunas salientes y tomó aire. Subiría, subiría… y los salvaría a ambos.

De repente, a no más de un par de metros de la salida, las rocas cedieron bajo el peso de su cuerpo y se desplomaron.

Gritó, y este sonido hizo hecho en la cueva produciendo débiles derrumbes de nieve.

Cuando todo fue silencio, en el fondo de la cueva no quedó más que un cuerpo maltrecho que respiraba a duras penas, y una mancha se extendía por la nieve blanca, tiñéndola de rojo.


Santuario de Athena

La imagen del dragón cayendo a un vacío oscuro y eterno despertó de repente a un caballero, el cual dormía en uno de los templos. Miró a su alrededor lleno de miedo y con un sudor frío bajando por su espalda.

- ¿Está todo bien?

Giró su rostro y miró a la persona que se asomaba. Esta se acercó y se sentó a un lado de a cama, tocando su brazo.

- Te escuché gritar.

- N-no ha sido nada, solo una pesadilla.

La persona aceptó con la cabeza y se puso de pié, regresando a su habitación.

El caballero entre tanto se puso de pie y miró por la ventana, encontrando la constelación del dragón, la cual, como nunca, brillaba con tal debilidad que parecía a punto de desaparecer.


Los ojos del dios se abrieron pesadamente. Le dolían los brazos, la cabeza, pero sobre todo, la cintura.

Gruñó débilmente y se llevó la mano a la cabeza. Sintió algo seco cruzando su cara y no le fue difícil saber que se trataba de sangre.

Reparó en el rayo de luz que caía y se giró a mirarle, y fue solo en ese instante cuando supo que el dragón no estaba a su lado.

Parpadeó continuamente buscando que sus ojos se acostumbraran la oscuridad. Necesitaba ubicar el lugar donde se encontraba y la manera de salir de tan peligrosa situación.

Miró hacia el vacío preguntándose si el dragón lo había dejado ahí, abandonado a su suerte, o quizás…

Una figura en la nieve llamó su atención. Era el caballero dragón.

Hades sintió una gran impotencia a no poder hacer nada por su amado dragón… un momento, SU amado?

Aquellas palabras parecieron hacerlo reaccionar sobre los sentimientos que habían aflorado en él hacia el joven dragón y su rostro tomó una expresión decidida. Aún si costaba su vida, ahora recaía en él la responsabilidad de salvar al caballero dragón.

Recordó la cantidad de vueltas que el dragón le había dado a su cintura con la soga, pero dudaba que de soltarla toda pudiese llegar al suelo, además de que podía perder el equilibrio mientras hacía esto.

Pero, si podía llegar a la cuerda de la que antes pendían él y el dragón, la cual se encontraba atorada entre las rocas heladas a tan solo unos metros de él.

Soltó con cuidado el nudo, pues tampoco quería desenrollarse de golpe y lastimarse todavía más de lo que ya estaba.

Poco a poco empezó a descender, quedando muy cerca de su objetivo. Balanceó sus piernas buscando un poco de movimiento, pero el hecho de que solo uno de sus brazos estuvieran sosteniendo todo su cuerpo no le ayudaba en mucho.

Finalmente logró tomar entre sus manos la cuerda, ahora venía la parte difícil. Unirlas ambas en un nudo sin soltar una de sus manos.

El rostro del dios se desfiguró con dolor cuando se balanceó hacia atrás y logró apoyar sus pies en la pared, pero era como si sus piernas fuesen a romperse.

Ató como pudo ambos extremos y los jaló viendo si estaban bien atados, sentía que estaba apunto de caer por lo que enredó su muñeca a la cuerda que acababa de atar. Dejó de luchar contra el dolor y se dejó caer.

Nada pasó.

El dios pudo sentirse orgulloso de su propia hazaña, pues había logrado un nudo perfecto, y mientras la espada resistiera, podría bajar sin problemas hasta donde se encontraba el dragón.

Apenas puso los pies en el suelo y estuvo a punto de desplomarse, pues sus piernas se negaron a responderle lo suficiente para sostenerse. Pero su dolor no importaba en ese instante, lo importante era el caballero ateniense.

Apoyado en las paredes se acercó al joven y se arrodilló a su lado. Lo primero que hizo fue buscar su pulso y suspiró aliviado al ver que lo tenía.

Rápidamente tomó la bolsa y sacó las mantas, cubriendo al dragón con ellas.

No tenía idea de cuanto faltaba para que la alineación de planetas terminara y él recuperara todo su poder, hasta entonces, muy seguramente tendrían que permanecer en la cueva, claro, y ver si podrían sobrevivir.

En ese instante, algo llamó fuertemente la atención del dios. Un brillo azul que asomaba del pecho del dragón.

Metió su mano y se encontró con el dije gemelo del suyo, el cual había perdido en algún lugar de la cueva.

Rápidamente le dio un jalón y se lo arrebató del cuello al dragón, la piedra apuntó de inmediato hacia una esquina de la caverna.

La obscesión se apoderó de él, y rápidamente se enderezó como pudo para poder acercarse.

En medio de la oscuridad, aquella piedra iluminaba el helado sendero, y vino a llevarle a un largo camino.

El dios sonrió, pues este debía ser el camino que el dragón había encontrado y le había mentido sobre su exploración, pues muy seguramente sabía que al final de todo, ahí era donde se encontraba la ambrosía.

Olvidándose de todo y de todos, el dios se lanzó a la búsqueda del manjar divino, y ahora si, estaba seguro de que nada lo detendría.


N/A¡BUAAAA, SHIRYU ESTÁ HERIDO!

Ahora si, Hades va a buscar la ambrosía, la encontrará? Se va a salvar Shiryu o Hades tendrá que traerlo del mundo de los muertos?

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besos!

Lady Grayson, la oscuridad y Lady Gloria, La luz