Cap. 41

Enamorado


El camino fue todo, menos fácil.

El piso estaba cubierto por una capa de hielo que hacía que todo fuera resbaladizo. El dios iba a duras penas sosteniéndose de las paredes y sintiendo que las piernas se le hacían polvo a cada paso.

Pensó en facilitarse todo si se dejaba caer, después de todo, el piso estaba tan resbaladizo que se deslizaría, pero él jamás se arrastraría por el suelo. Después de todo, era un dios.

En vez de eso, decidió que seguiría sufriendo, esforzando sus piernas al máximo, aún y si eso significaba quedarse atascado a medio camino, y sería solo en ese instante cuando recurriera medidas vergonzosas.

Atravesó un lugar extremadamente estrecho, donde había sentido que sus huesos tronaban por la presión, pero al final había cruzado. Poco a poco, el suelo dejaba de ser un manto de hielo para cubrirse de nieve.

Y todo era tan… monótono.

La luz de aquella piedra iluminando el camino, el dolor en sus extremidades, el único sonido existente era el de sus pasos cada vez más lentos y pesados y el de su respiración. Las paredes heladas que a veces se encogía y lo aprisionaban obligándole a arrastrarse contra el suelo, para luego abrirse de nueva cuenta.

El tiempo una vez era inexistente. Se había detenido ya demasiadas veces para tomar un poco de aire, se deshizo de un par de prendas por que le pesaban demasiado, y al revisar sus piernas las encontró rojas e hinchadas.

Tras otro largo tiempo de caminar, el dios cayó derrotado al suelo, resoplando apenas y muriendo de frío.

Por un instante, aquellos ojos se presentaron en su mente, y sonrió a medias, mas la imagen de su esposa, con sus ojos fríos, pero una sonrisa solo para él le hicieron reaccionar.

- Perséfore… mi amor… tú te mereces todo un mundo, y aún así, sería poco…

Sus ojos se cerraron y se dejó envolver lentamente por la oscuridad, hasta que un destello de luz le molestó.

- Pero que rayos… deseo descansar, yo…

Pero sus ojos se abrieron de golpe y miró al frente. Una luz brotaba a lo lejos.

Su corazón dio nueva fuerza a su cuerpo y se levantó del frío suelo, comenzando a caminar hacia la luz, la cual se intensificaba conforme sus pasos avanzaban.

Cuando la luz era tan grande y cegadora que tuvo que caminar a tientas, mientras aquél resplandor le cubría, sintió un viento frío golpeando su rostro. Sus pasos fueron falsos de repente y sintió que caía.

Gritó con horror cuando un frío terrible caló sus huesos y hasta su alma, pero no brotó sonido alguno pues su boca se llenó de un líquido.

Manoteó desesperadamente pero era inevitable que se hundiera. Abrió los ojos sintiendo que la vida abandonaba dolorosamente su cuerpo, estiró su mano y sintió alguien que le tomaba firmemente.

Aquella persona le ayudó a salir del agua levantándolo como si se tratara de una pluma.

Cayó pesadamente al suelo y escupió algo de agua. Su respiración era demasiado agitada y le dolía horrores el pecho.

Fue cuando reparó en que estaba sobre una especie de flor de loto, de tonalidades rosadas bastante claras, y al verla detenidamente, se dio cuenta de que estaba echa de cristal.

Sus ojos se pasearon a su alrededor y se dio cuenta de que el cielo nocturno estaba cubierto de estrellas, miles de millones de ellas. El agua era clara y reflejaba el cielo claro y limpio de la tarde, con una tonalidad celeste ciertamente deslumbrante. Algunos copos de nieve caían con delicadeza y al tocar al manto cristalino se convertían en cristales los cuales se volvían pequeñas flores de loto que flotaban y se perdían a la distancia.

Y fue cuando reparó en una flor de loto que se encontraba no lejos de él, ciertamente mas grande que en la que se encontraba él. Pero lo interesante era que en esta se encontraba una mujer, no… no una mujer, era simplemente una niña.

Ella mantenía sus ojos cerrados. Y el dios sintió que debía ir hacia ella.

Bajó de entre los pétalos y se tiró al agua. Un frío de muerte caló de inmediato sus huesos, sentía que se ahogaba y muy pronto el cristalino líquido cubrió su cabeza.

Hades dirigió su mirada hacia el fondo y vio una nada eterna, una caída la cual jamás terminaría de recorrer, muy seguramente sin morir, solamente sintiendo aquél dolor de sus pulmones apunto de explotar.

Se movió tan rápido como pudo. No se dejaría vencer, no lo permitiría… no… no…

Su mano tomó de repente algo y usándola de apoyo emergió del agua.

La niña se giró sorprendida de que alguien hubiese llegado hasta su pequeña fortaleza.

Sonrió y se acercó hasta aquél desconocido al cual le brindó su mano, ayudándole a subir.

- Bienvenido sea, lord Hades.

El dios no respondió de inmediato y se aferró a las cálidas manos de la jovencita, quien sonreía con dulzura.

- Vaya, es usted el primero en llegar.

Ella le soltó y se sentó en su flor, abrazando sus rodillas.

- Usualmente se hunden en el agua y yo debo salvarlos… la idea de que se hundan eternamente no es linda, sabe?

-Tu… los has salvado?

- Así es, y los regreso por donde vinieron, sanos y salvos. Usted es el primero en llegar hasta mi, Lord Hades.

El dios le miró de reojo.

Era una niña, ciertamente. De unos trece años o menos. Vestía una bata blanca sin tirantes que llegaba hasta sus tobillos. El cabello castaño, con una leve tonalidad roja, a media espalda cayendo en un gracioso flequillo en su frente. La piel clara y las mejillas sonrosadas, una dulce sonrisita en sus labios, y unos ojos violetas como gemas preciosas. De su espalda sobre salían dos grandes alas, las cuales le daban la apariencia de un ser divino.

Hades sonrió a medias. Si, los ojos de aquella niña eran lindos, pero los ojos del dragón lo eran aún más.

La jovencita parpadeó sorprendida.

- Es la primera vez en miles de años que alguien piensa que mis ojos no son la cosa mas hermosa que hayan visto.

Ella sonrió encantada al ver la expresión de confusión del dios.

- Este lugar es un millón de veces mas divino que el propio Olimpo. Aquí las palabras no existen. Solo puede hablar el alma.

Aquella fue información nueva para el dios, ya que si aquella niña era la guardiana de la ambrosia, o al menos así parecía, no le dejaría mentir.

- Dime, cuando decidiste venir en busca del fruto sagrado, que pensabas?

- Yo… quería conquistar el mundo.

- Es normal, todos piensan exactamente lo mismo cuando vienen buscando la ambrosia.

No parecía sorprendida de que el dios hubiera ido con esas intenciones.

- ¿Y por que la quieres ahora?

- Por que necesito volver a ser un dios.

Rayos, las respuestas brotaban de su garganta sin que él lo pensara siquiera.

- ¿Por qué? Esque acaso alguien necesita de que seas un dios?

- Si.

- ¿Tú esposa? Aquella para la cual quieres dominar el mundo que le pertenece a Athena y a tu hermano Zeus?

- No…

Hades bajó la mirada.

- Existe una persona a la cual necesito salvar, no se siquiera si aún vive.

- ¿Una persona?

El dios sonrió por lo bajo.

- Me cautivó desde el primer instante, es hermoso, es dulce…

- ¿Hermoso? Es un hombre.

- Si, pero no importa.

- ¿Y por que quieres salvarlo? No es mas que un patético mortal, eso es lo que le has dicho a tu esposa miles de veces, o no?

Hades cerró los ojos, recordando todas aquellas ocasiones en que algún pobre mortal era asesinado por él, solo por el echo de ser un mortal.

- Si, pero… él es diferente.

- ¿Qué es lo que sientes por él que te arriesgas a todo por salvarle?

La voz de aquella chiquilla resonó varias veces en su cabeza, y sonrió.

- Lo amo, niña, por eso debo salvarlo.

Una sonrisa apareció en los labios de ambos, una imagen radiante y soñadora de un hombre maltrecho confesándole su más grande y nuevo secreto a un divino ángel de alas rosadas.

- El amor, ha sido… es… y eternamente será, el sentimiento mas hermoso sobre la tierra.

Las alas de la joven se abrieron en toda su capacidad y subió sus manos al cielo. Todos los copos de nieve que caían comenzaron a girar en indescriptible tormenta, formando un tornado el cual tenía como base las blancas manos de la jovencita.

- Es la fuerza máxima del universo, la única capaz de convertir a los hombres de esta tierra en no mas de marionetas del corazón.

El dios miraba todo idiotizado, los cristales de nieve concentrándose alrededor de aquella chiquilla, buscando después el camino a sus manos.

- Los dioses también sucumben ante esta fuerza, pues al ver las ventanas del alma de otro ser, y descubrir que es el indicado, se enamoran… es inevitable.

Y hubo un destello de luz que lanzó de espaldas al dios.

Cuando finalmente fue capaz de reaccionar, miró que había una esfera de luz girando en las manos de aquella niñita, quien sonreía al ver su creación.

- Toma.

Estiró sus manos y depositó la esfera de luz en las manos temblorosas del dios.

Poco a poco la luz desapareció, y en sus manos se encontraba una hermosa rosa de pétalos rosados, pero, no era común, parecía estar echa de algo así como el flan que sus sirvientes solían hacerle, suave y ciertamente de colores semi transparentes.

- ¿Esto es…

- Lo que has venido a buscar.

Hades miró incrédulo aquella rosa. Miró hacia el cielo como agradeciéndole a su hermanito Zeus, y fue cuando se dio cuenta de que ya no nevaba.

- Qué pasará contigo?

Preguntó de repente el dios.

- ¿Yo?

- Si, tu. Si la ambrosia ya no existe aquí, tú no tienes nada que vigilar.

- Es cierto.

Dijo ella con su dulce sonrisa.

- Ahora puedo decir que solía ser la doncella que cuidaba de este lugar, ahora soy una doncella cualquiera, y por haber permanecido aquí todo este tiempo, me darán la oportunidad de reencarnar y buscar mi premio.

- ¿Premio?

Ella sonrió mientras comenzaba a desvanecerse.

- El amor…

Hades se quedó quieto unos segundos mientras ella terminaba de desaparecer y luego observó al fruto entre sus manos.

- ¿El amor…?

En su mente pudo ver al dragón, de espaldas a él vestido con una bella túnica esmeralda y recogiendo flores… flores para el dios. Al sentir su presencia se giró y sus cabellos taparon su rostro, dejando a la vista solo los ojos.

Hades levantó la vista mientras sentía sus ojos humedecerse. Lo sentía por Perséfore, pero…

Todo a su alrededor comenzó a temblar en ese instante. El agua se secó sin rastros de vapor, dejando ver a escasos centímetros el suelo cubierto de nieve, aquellas dos flores de loto grandes y cristalinas se deshicieron pétalo por pétalo y se fundieron en la nieve, dejando a la vista un par de montañas blancas.

Las estrellas del cielo comenzaron a estirarse y ramificarse en distintas direcciones, dejando un techo blanco y helado.

La mirada del dios se paseó por el lugar oscuro y sin vida que era ahora, no más que una cueva pequeña y sin salida. Hades giró su mirada hacia su mano, de donde pendía aún aquél cristal azul, el cual brillaba más que nunca al estar junto a la ambrosia.

Finalmente arrancó uno de los pétalos y le lo llevó a los labios.

Degustó aquél sabor dulce que la ambrosia tenía con los ojos cerrados, masticando muy lentamente, deleitando su paladar con el sabor del poder.

Un destello brotó de su cuerpo y gritó con fiereza cuando sus miembros comenzaron a funcionar perfectamente. Todo él recuperó su antiguo poder y una cosmo energía violeta le rodeó al instante.

Sus ropas cambiaron por una larga túnica negra con un bordado cuello de oro.

Hades se miró fascinado, volvía a ser un dios, volvía a tener poder. Y ahora, podía gobernar al mundo tan rápido como fuera posible.

Pero una fuerza lo detuvo, y sus pasos le llevaron con extrema facilidad fuera de aquél camino helado. La nieve cedía al paso del dios, y el hielo se volvía agua, la cual se fundía en la nieve.

Sus pasos seguros y elegantes, su cosmo energía ardiendo a su alrededor mientras sus ojos demostraban una fiereza nunca antes vista.

Sabía de antemano que era el único dios existente en todo el mundo, y que dada su fuerza solamente disponía de día y medio para tener al mundo a sus pies.

Finalmente y tras haber caminado una relativamente corta distancia, el señor del hades se encontró fuera de aquél camino, el cual desapareció de la misma forma en que lo hiciera la doncella que habitaba al final de aquél peligroso sendero.

Apresuró sus pasos hasta el joven que yacía en la nieve, cubierto por una capa de hielo y sin moverse en lo más mínimo.

Hades miró hacia arriba de la caverna y vio que aquél hueco en el techo se había tapado, por lo que todo se encontraba sumido en tinieblas.

Se acercó hasta el dragón y sacudió la nieve que se había acumulado a sus espaldas, después buscó su pulso… y no lo encontró.

El dios mostró en ese instante un semblante sumamente preocupado. No era posible que el dragón hubiera fallecido¡No lo permitiría!

Le levantó en sus brazos dispuesto a traerle de vuelta al mundo de los vivos, y sintió como propio el dolor cuando algunos de los huesos rotos del chico crujieron.

Le envolvió en sus brazos y en su cosmos, mas algo le detuvo. Miró al chico de manera incrédula y cerró sus ojos. Todo se volvió negro de él, el sonido no existía, y en medio de la oscuridad observó titilar a duras penas una estrella, y escuchó el latir de un corazón. Una segunda estrella se iluminó mucho después con un segundo latido.

Hades abrió los ojos y miró al joven fascinado.

Habían pasado largas y agonizantes horas, solo, en la oscuridad, prácticamente muerto en medio del frío y con los huesos destrozados, y aún así, se aferraba a la vida.

Un orgullo explotó sin que lo pudiera evitar, definitivamente, jamás había conocido a alguien como él, y ese tipo de persona era a quien quería a su lado por el resto de la eternidad.

Le miró con ojos cargados de amor y ternura, acercó sus labios a los del joven, a pesar de que estos estuviesen cubiertos por la bufanda y la plantó el más dulce de los besos.

Fue cuando un resplandor llenó toda la cueva iluminándola con la tonalidad violeta, el mismo color del cosmos del dios de la muerte.

Cuando el resplandor desapareció, el blanco manto de nieve se había convertido en unas escaleras verdaderamente hermosas las cuales subían hasta el techo, el cual estaba abierto dejando entrar la luz de la luna llena.

Con el joven en brazos, Hades emprendió su camino fuera de la cueva, sin dejar de mirar su carga, a su amor.

Una vez afuera, miró a su alrededor el paisaje libre de tormentas y de peligros, ya que sin ambrosia que proteger, aquél no era mas que un lugar tranquilo y apartado.

Cerró sus ojos y estrechó al dragón en sus brazos.

Ahora no podía hacer mucho, ya había sanado todas sus heridas, pero el hecho de que despertase dependía solamente del caballero dragón. Su cosmo energía lo rodeó apenas lo suficiente para emitir un débil brillo, seguido por un destello que dejó en aquél paraje nevado no mas que un par de huellas grabadas en la nieve.


Santuario de Athena

Aquí todo era una verdadera locura.

Uno de los caballeros daba vueltas y vueltas incesablemente por los doce templos de subida y bajada ante la atenta mirada de sus compañeros de batallas, los cuales comprendían aquella preocupación que le inundaba el pecho.

Fue cuando volvió a pisar la sala patriarcal y daba la vuelta que sintió alguien que le tomaba del brazo.

- ¿Caballero?

- ¿Qué ocurre?

La joven sirvienta de largos cabellos turquesas le sonrió.

- Athena le ha mandado llamar.

El caballero aceptó a duras penas y caminó al interior de aquél lugar sagrado. Donde Athena, ahora como mera mortal se encontraba sentada en su trono esperando por el caballero.

- ¿Mi señora?

- Ven…

Ella abrió sus brazos y el caballero se acercó, al estar a buena distancia, la diosa le abrazó tiernamente y recostó la cabeza de este sobre su pecho.

- Dime¿Cuál es la pena que atormenta tu alma?

- Mi señora… yo…

- ¿Temes por aquél a quien amas?

- Si, así es.

- No es malo tener miedo, y menos aún si es por un ser amado.

Levantó la barbilla del caballero y sonrió.

- ¿Crees acaso que él no volverá para casarse contigo?

- ¡MI SEÑORA!

Uno de los caballeros entró en ese instante totalmente agitado y con semblante asustado.

- ¡Es Lord Hades!

En una esquina del salón, Perséfore se giró ansiosa al escuchar que alguien había visto a su amado esposo.

- ¡Donde!

Pidió ella tomando del cuello al caballero.

- ¡En la casa de Aries, está entrando al Santuario!

Todos se tensaron ante aquellas palabras.

- ¿Y el caballero dragón?

- No lo sabemos, mi señora.

Athena de inmediato se giró en dirección a Nike, la cual había adoptado la figura de una niña pequeña coronada de olivos. La diosa titubeó pues no quería arriesgar a su mejor amiga en la victoria y la derrota.

- Athena, estaré contigo a cada ocasión…

La diosa de la sabiduría sonrió, sus miedos disipados y la absoluta confianza en su ser.

- Lo se fiel compañera.

Ambas diosas sonrieron.

- ¡Caballeros!

Todos los presentes de inmediato corrieron a colocarse sus cascos y ponerse sus petos y ropas de guerra.

- No!

Perséfore tomó a la diosa de la sabiduría de los hombros.

- ¡No puedes dañar a mi esposo!

- Perséfore, yo…

- ¡No puedes!

- ¡Mi señora, Hades viene con una velocidad impresionante, está cruzando el templo de Virgo!

- ¡QUE!

Athena se dejo caer en su trono verdaderamente devastada, los caballeros de Aries, Tauro y Géminis habían sido los primeros en correr a sus templos, pues dudaban en extremo que sus escuderos pudieran detener al dios, pero ahora era demasiado tarde para detenerle.

- ¡No se vayan!

La diosa se acercó presurosa.

- ¡LLAMEN A LOS CABALLEROS QUE SE HAN IDO, DIGANLES QUE REGRESEN!

Athena tomó su armadura y empuñó la espada.

Si iban a combatir, lo harían todos juntos.

Finalmente, todos observaron al dios subiendo las escaleras al recinto de Athena, donde esta esperaba armada con una espada dorada y su escudo de oro, casco y peto relucientes, rodeada de sus doce caballeros de la élite dorada y afuera de este círculo protector cuatro de bronce.

Hades miró a aquellas personas y sonrió a medias mientras su cosmo energía lo rodeaba.

- No he venido a pelear.

Dijo él con una sonrisa mientras abría su capa, de la cual extrajo el cuerpo del dragón.

- ¡PERO QUE LE HAS HECHO!

Uno de los caballeros reaccionó y dejó su círculo protector, Hades le entregó al caballero, quien apenas y gimió quedamente.

- Él está bien, despertará cuando recupere sus fuerzas.

- ¡HADES!

Del interior del recinto salió corriendo una hermosa figura de negro, la cual fue recibida por los brazos abiertos de su marido, quien le cubrió de besos el rostro.

- Estás bien, me tenías tan preocupada!

- Pero ya estoy aquí.

Hades tomó el rostro de su mujer y la besó ansiosamente, mas al separarse y mirar aquellos ojos, su sonrisa decayó.

Había lágrimas en ellos, como nunca hubiera visto, pero seguían fríos e inexpresivos. Y aquellos ojos que tanto amara en el pasado le hicieron sentir odio y repulsión. No la quería a ella, quería los ojos del dragón.

- Hades… ¿Qué ha ocurrido?

Preguntó ella al ver la reacción de su marido al mirarla.

- Lo siento, es solo que… debo descansar.

- Hades.

Athena se acercó a paso firme, pero sonriendo a medias.

- Todos han estado preocupados por ti, Poseidón y mi padre han venido un par de veces para ver como te encontrabas.

- Ya veo, iré a verles en ese caso.

El dios se inclinó en ese instante y tomó la mano de Athena, besando su dorso.

- Agradezco que permitieras a tus caballeros la ayuda que me han brindado.

- Ha sido un placer, y de mi parte debo agradecer que regresaras al dragón.

- No ha sido una molestia, y al menos le he pagado vida con vida.

- Ya veo.

Hades se giró hacia su esposa y la tomó de la mano.

- Vayamos a casa.

Perséfore aceptó con la cabeza ilusionada y comenzó a caminar junto a su marido, mas este se detuvo y se giró hacia la diosa.

- Puedo preguntarte algo, Athena…

- Te escucho.

El dios se giró hacia el lugar donde se habían llevado al dragón.

- ¿Cuál es el nombre del dragón?

Athena parpadeó pues no se esperaba esa pregunta, después sonrió.

- Su nombre es Ángel. (Ángel – Mensajero Angelical)

- Ángel…


N/A´S: Holaaa! Como están, esperamos que no nos extrañaran mucho!

Pues si, hay nuevo capi por que hemos terminado el capi 45, y el 46 lo llevamos a la mitades tan solo un día, así que posiblemente y lo acabemos pronto, y actualicemos rápido.

Muchas gracias a todos aquellos que escribieron, encontrarán respuestas a sus mensajes en el profile.

Besos, y felices fiestas!

Atte. Lady Grayson, la oscuridad, y Lady Gloria, La luz


Nota final: Se pide por favor que a todos los que dejen reviews, si me hicieran favor de dejar su correo, para responderles a la cuenta, aunque solo será por esta vez, de acuerdo? Muchas gracias por su comprensión, y espero que hayan disfrutado la historia. n.n