Cap. 47

Reunión


Por los pasillos del palacio, corrían tan rápido como les era posible Apolo e Ikki, este último cargando en sus brazos a su hermano, el cual se mantenía callado, gimoteando apenas debido al dolor en su brazo.

El peliverde giró sus ojos sintiéndose culpable de que su hermano estuviese tan preocupado por su salud, y fue cuando distinguió una figura no lejos de ahí.

- Hermano, mira!

Señaló al frente con su brazo sano, donde mantenía enrollada su segunda cadena negra. Ikki se giró a ver la dirección que su pequeño señalaba y su corazón dio un brinco.

- ¡MU!

El lemuriano se detuvo en seco al escuchar su nombre y giró el rostro.

- Ikki… ¡Aldebarán, ven!

El caballero de Tauro llegó corriendo en ese instante y observó al pequeño grupo, que se acercaba a toda velocidad.

- ¡APOLO!

- ¡Ilitia!

La diosa se abrazó firmemente del otro dios y sonrió encantada.

- ¡Te encuentras bien!

- Perfectamente.

Los caballeros se apartaron un poco, Ikki fue el primero en hablar.

- ¿Han encontrado a alguien mas?

- Nadie.

- Entonces… lo que Shun dice es cierto.

Había un gran pesar en la voz del fénix.

- ¿Qué¿Qué dijo Shun?

- T-todos murieron señor Mu… lo siento…

Ante las palabras de Shun, el lemuriano sintió que el piso se abría bajo sus pies. Era imposible… o esque acaso…

- Kiki…¿También está muerto?

- No lo se, yo, yo solo vi morir a Seiya, a Hyoga y Shiryu.

Esta vez, Ikki levantó una ceja.

- ¿Seiya¿Viste morir al burro???

- Si… Radamanthys le trozó el cuello.

Los presentes sintieron que algo no cuadraba en todo aquello, definitivamente.

- Pero Seiya venía con nosotros…

- Yo, bueno… ahh…

Shun sostuvo su brazo al sentir una fuerte punzada de dolor.

- Permíteme.

Mu acercó una de sus manos y de esta comenzó a brotar su dorada cosmo energía, gracias a la cual comenzó a sanar lentamente la herida.

- Algo pasa…

- De que hablas?

- No puedo cerrar la herida completamente.

- ¿Qué?

- No lo se, tal vez mi cuerpo aún no se recupera por la pérdida y regreso del cosmos.

- Es probable… ¿Aún te duele Shun?

- Muy poco hermano.

Ambos sonrieron a medias.

- Ahora que poseemos nuestra energía, es probable que podamos escapar.

- Pero¿Quién destruiría la gema?

- Conociendo la patética fuerza de los mortales, es seguro que fue Artemisa.

- ¡Cierra la boca estúpido!

- Deberías tenerme mas respeto mortal.

- Ja! Ni lo sueñes dios de pacotilla, solo por que tienes de vuelta tu fuerza no me voy a intimidar, sabes que puedo patearte el trasero cuando quiera.

- ¡Momento!

El fénix y el dios del sol se giraron a ver a Mu, quien recién caía en cuenta de algo.

- ¿Dónde está Saga?

Aunque no lo admitiera, no verlo le causaba un gran pesar. ¿Se encontraría bien? Se llevó una mano involuntariamente al pecho. Era cierto que Saga había sido su amor platónico cuando él fuera apenas un niño de seis o siete años, pero ahora, estaba perdidamente enamorado de Shiryu, mas los sentimientos fraternos le oprimían el alma.

- Se quedó atrás, peleando con Kanon.

- ¿Kanon?

- Nos atacó, fue… extraño. Por que Shun lo hizo también.

- Lo mismo hizo Kora.

Habló finalmente Aldebarán meciendo a su alumna en sus brazos. Ikki sacó algunas conclusiones y finalmente se giró a ver a Shun.

- Quien mató a los demás?

- Eh?

- Lo que oíste, quien lo hizo?

- Eh… ah… Radamanthys.

Los ojos del grupo se abrieron como platos.

- Pero él no está aquí Shun, debe estar con Pandora, ni siquiera debe tener idea de lo que ocurre en este lugar.

- Una pesadilla.

Ikki se giró a ver a la diosa de los partos, quien se cruzó elegantemente de brazos.

- Kora estaba sumergida también en un sueño, donde…

Su mirada se posó en Aldebarán, quien giró el rostro sintiéndose apenado.

- Donde le ocurrieron cosas muy malas, creo que Shun estaba en algo parecido.

- Eso quiere decir que los demás siguen con vida.

- Es lo mas probable.

Una sonrisa sincera abordó los labios del fénix. Shiryu seguía con vida, y eso lo reconfortaba.

- Pues que esperamos.

Animó Apolo tomando la mano de la diosa de la maternidad.

- Debemos encontrar a los demás.

- No mientas Apolo, lo único que pasa es que te mueres por abrazar otra vez a su hermanita.

- Tu no te metas Itia.

- Si me meto Polito.

Ambos se miraron desafiantes ante la mirada atenta de los caballeros. Era totalmente nuevo el hecho de ver al poderoso dios del sol en una manera tan familiar con una amiga de toda su inmortal vida.

Pero el gozo que compartían Apolo e Ilitia, y hasta cierto punto los caballeros observando aquella camaradería, no lo disfrutaban Dokho y Aioria.

Habían sido incansables momentos de ruegos y súplicas, que mas que ayudar, parecían hacer disfrutar a la diosa de la discordia, la cual se retorcía de placer viendo la sangre del pequeño pelirrojo correr por el látigo.

Aioria mantenía los ojos cerrados incapaz de observar mas la tortura del niño, quien lloraba en silencio, sus lágrimas cristalinas descendiendo por su rostro, su boca jadeante y la esperanza de que una vez mas estuviera dentro de una pesadilla.

- Mamá… mamá…

El látigo se levantó listo para un nuevo golpe, pero la diosa se enderezó velozmente del trono, poniéndose de pié.

- ¡BASTA!

Marín bajó su mano y se giró a ver a su señora. Eris se acercó tranquilamente hasta el niño y puso su oído a la altura de los labios de él.

- Mamá… mamita…

La diosa se sintió satisfecha al ver el estado del niño, totalmente en shock, ya no importaba cuanto lo golpeara, no iba a gritar de dolor, pero esos susurros incansables eran lo mejor que podría obtener.

- Bien… deja en paz al niño. Que te parece si golpeas un poco a tu novio?

Aioria, quien estuviese observando al pequeño niño se giró de golpe solo para ver como su adorada águila cortaba el aire y un golpe le desgarraba la piel.

- ¡AIORIA¡Eris, basta!

- ¡Cállate!

Una vez mas se escuchó el violento chasquido y Aioria gritó. La diosa miró al caballero de libra y le señaló con un dedo, mientras su mirada se ensombrecía.

- Calla si no quieres un castigo peor al de este tonto.

Sus ojos cambiaron por un segundo, su alma haciendo contacto a su contraparte lejana, y una sonrisa asomó en sus labios.

- Pensándolo mejor… tengo buenos planes para ti…

Sonrió de su mejor manera, y Dokho se sintió intimidado. Conocía esa sonrisa, sarcástica, bien planeada, cruel, coqueta, lujuriosa, apasionada, sádica, todo en un solo lugar…

Era la sonrisa de Milo.

- Quien er…

No terminó su frase cuando los labios de la diosa se encontraron con los suyos con cierta violencia, una de sus manos se aferró al cuello del guerrero y la otra recorrió su pecho.

- Tu y yo nos vamos a divertir un rato…

Dokho sintió un escalofrío recorrer su espalda. No era que la chica no fuera linda, de hecho, ese mini vestidito griego y la piel de un leve tono azulado la hacía ver sexy, pero no era su intención acostarse con ella.

Un grito apagado de Aioria llamó su atención de golpe, tenía que pensar en algo, y de repente, en sus ojos apareció una chispa.

Tanto él como los otros dos estaban encadenados con algún extraño material que ni con su cosmos de vuelta podían romper, pero si se iba con ella, tendría que soltarlo…

Eris le miraba muy cerca ambos rostros, y el caballero no le quedó otra que tragarse su orgullo entero, acercó su rostro y acarició con sus labios los de la diosa, la cual sonrió apenas cuando el caballero mordió suavemente su labio inferior.

- Te haré ver las estrellas, preciosa…

- ….

- Pero necesito un poco mas de movimiento… y que dejes de golpear al chico… sus gritos me desconcentran.

La diosa pareció dudar de las intenciones del caballero, pero este no le dio tiempo a dudas besándola de nuevo, tan apasionadamente como su estado de encadenado le permitió.

Las cadenas se abrieron de repente y el caballero quedó libre. Apenas se vio así se lanzó sobre la diosa, la tumbó al suelo entre sus brazos y le regaló uno de sus mas apasionados besos.

Aioria observaba con cierto asco la escena. ¿Pero que diablos le ocurría a Dokho???

El caballero levantó a la diosa y la tomó firmemente por el trasero, mientras ella enredaba sus piernas en la cadera de él.

El caballero de la casa del león comenzaba a sentirse demasiado extraño, sus heridas ardían demasiado, y Dokho estaba… estaba mirándole.

Aioria se quedó quieto ante aquella mirada, algo deseaba decirle, estaba mirando a Marin, tal vez era que…

Le miró llevarla hasta un rincón de la habitación y comenzar a buscar a tientas, finalmente, sus dedos rozaron una daga por sobre su cabeza, sus dedos apenas la rozaban, se alzó de puntas y dejó que la diosa le mordiera el cuello mientras él levantaba la cabeza, de forma que él pudiera ver lo que estaba haciendo.

Aioria tomó aire, Eris no podría interrumpirle para llegar a su mujer.

- Marin… preciosa…

La amazona giró levemente el rostro.

- Mi amor… tienes que liberarte del yugo de Eris… no deseas que volvamos a casa? Sanos y salvos… juntos?

Marín tembló mientras se acercaba un paso a su amado león, Aioria sonrió.

- Eres mi vida, y lo sabes… por favor preciosa… déjame ver otra vez esos ojos azules como el cielo…

- ¡ERIS!

La puerta se abrió de golpe y ante ellos apareció la madre de los dioses seguida del guerrero de plata Cassios, y un poco hacia atrás Seiya de Pegaso quien cargaba dificultosamente a Saori mientras Shaina se sostenía de su brazo.

Todo se congeló. Todos miraron a los recién llegados mientras estos eran recibidos por un extraño cuadro, donde predominaba el horror.

Los ojos de Hera se empequeñecieron pues aquella preciosa habitación estaba empañada por la sangre de un niño inocente. Tras haber recuperado su poder, su corazón le había dolido como nunca, por un sufrimiento tan grande y horrible, ahora veía quien era el niño que la necesitaba.

Por otro lado, la escena de Dokho besuqueándose con Eris era demasiado extraña, lo que no era extraño era que el caballero la tuviera sujeta con un brazo y en el otro tuviera una afilada daga levantada, como si estuviera a punto de clavársela a la diosa.

Eris se giró furiosa por que alguien hubiese llegado a sus aposentos, se giró y fue cuando observó uno de sus espejos, donde se observaba claramente la postura del caballero de libra.

- ¡TÚ, MALDITO PERRO BASTARDO!

Se giró y atacó con mas rapidez de la que Dokho pudo usar para intentar dañarla, las uñas de ella crecieron repentinamente y de ellas salieron cinco rayos, de los cuales tres impactaron de golpe al caballero, quien fue despedido hacia atrás sintiéndose demasiado herido.

- ¡Eris, tu, maldita!

La diosa apenas tuvo tiempo de girar para encontrarse con la madre de los dioses, la cual le dio una fuerte bofetada que le volteó el rostro.

- Eres no mas que un pobre despojo viviente, sin corazón ni alma.

- ¿Y por que será que lo dices?

Dijo Eris sosteniendo su mejilla herida y sonriendo irónicamente.

- Siento no tener un gran corazón echo para amar niños.

- No debes sentirlo, por que ni siquiera tienes uno.

Los ojos de la diosa se posaron en el niño, sus ojos cerrados, las lágrimas aún corriendo, y sintió gran impotencia.

- Eres una maldita¿Cómo pudiste hacerle algo así a un niño?

- ¿Por qué no hacerlo cuando se tienen los medios?

Seiya observaba la escena sin moverse, tenía los ojos clavados en Kiki, el pequeño estaba sumergido en el dolor, la inconciencia, estaría muerto tal vez?

Hera por su parte hizo fluir toda su cosmo energía, pues estaba dispuesta a vengar a aquél pequeño pelirrojo.

- Pagarás caro por lo que has hecho.

- ¿Mami?

Eris se giró y sonrió al ver entrar a su pequeña niña. Dy-chan corrió hasta la diosa y le abrazó las piernas.

- Mami¿Te quieren hacer daño?

- Así es corazón. ¿Tu que opinas?

Preguntó la diosa con burla mientras cargaba a la niña. Mientras la tuviera en brazos, nadie se atrevería a tocarla.

Hera recordó de golpe al caballero de cáncer. Tan duro, tan sádico y cerrado¿Cómo podía ser el padre de la angelical criatura que se aferraba amorosamente al cuello de Eris?

- Eres una tramposa cualquiera.

- Y tu eres un próximo cadáver.

La diosa madre no tuvo tiempo de retroceder cuando la señora de la discordia extendió su mano hacia ella con la clara intención de atravesarla con sus agujas, pero una mano se cerró sobre la suya antes de que eso ocurriese.

- Pero que diab…

- No se quien te creas Eris, pero jamás permitiré que lastimes a mi madre.

- ¡Apolo!

El dios del sol comenzó a ejercer excesiva presión sobre la muñeca de Eris, haciéndola gemir cuando el calor de su cosmos comenzó a quemar su piel.

- Suéltame desgraciado…

- No puedo creer que cayeras tan bajo a intentar levantarle la mano a la propia mujer que te dio la vida.

- Pues discúlpame si no le hago una reverencia.

Se mofó ella cuando su mano estaba libre. De repente, el rabillo de su ojo captó a un intruso, giró el rostro y se encontró con un hombre de espaldas, portaba una armadura dorada y parecía desesperado por liberar al pequeño pelirrojo.

- Kiki… por la diosa Athena, que te han hecho…

Mu intentaba abrir aquellas cadenas, pero le era imposible, no podía romperlas y no parecían tener un lugar del cual abrirse.

- ¡EH TU, SUELTA AL NIÑO!

Gritó la diosa dando un paso para encargarse del osado que trataba de liberar a su prisionero, pero su sorpresa fue mayúscula cuando fue detenida por ambos brazos por nada mas y nada menos que Aioria.

- Tu… ¡Como te soltaste, maldito!

El león sonrió.

- Tengo contactos dentro de su organización.

La diosa estrechó los ojos y observó a Marin, la cual parecía estar entre despierta y sumida en sus pesadillas, y al ser su súbdita, tenía el poder de abrir aquellas cadenas.

- Maldita… pero no te saldrás con la tuya.

- Ríndete Eris, somos demasiados para ti.

Eris negó con la cabeza, pero estaba rodeada. Presentes estaban Mu de Aries, Aldebarán de Tauro, este cargando a su alumna, Aioria de Leo, Dokho de libra, Seiya de Pegaso, Ikki del Fénix y Shun de Andrómeda. Sin contar a los tres dioses presentes.

Era cierto, estaba acorralada. Miró furtivamente a Marín, ella seguía bajo su control a medias, y era una traidora, pues de una manera u otra había ayudado a Aioria.

- No puedo fallar…

Su cosmo energía roja la rodeó en ese instante y la daga con la cual había intentado Dokho asesinarla antes se alzó en el aire y se fue directo a la amazona, esta no se movió un solo centímetro.

Y la daga terminó desgarrando con fuerza la carne, se incrustó y cubrió de sangre de la víctima, quien cayó lentamente, llevándose a alguien consigo al suelo.

- ¡AIORIA!

Seiya dejó a Saori en cuidado de una maltrecha Shaina y corrió hacia su buen amigo, prácticamente su cuñado.

Aioria sonrió a medias al ver a Marín debajo de él y la abrazó dulcemente.

- Mi vida… cuando salgamos de esta te pediré que te cases conmigo, de acuerdo?

Los ojos de Marín temblaron ante aquellas palabras y casi de forma inconsciente llevó las manos a la espalda de Aioria. Lo abrazó y se manchó de la sangre de su amado.

- A-Aioria…

- ¿Marin?

La amazona parpadeó confundida, demasiados pensamientos en su mente, demasiado dolor acumulado, pero ahora estaba en otro lugar, en brazos de su esposo.

- Aioria…

- ¡Marin, has despertado!

- ¿Despertado?

Intentó enderezarse, pero todo le dolía. Sintió el líquido caliente en sus manos y al punto supo que era sangre, movió sus dedos buscado que aquella sensación desapareciera, pero en lugar de ello, se topó con la daga incrustada en la espalda del león.

- Dios mío, Aioria…

- Shh… tranquila… estaré bien.

Sonrió, era difícil hacerlo cuando estás herido, pero de todas formas sonrió, feliz de ver una vez mas a su muy amada pelirroja.

- Lo has perdido todo Eris, admítelo, no te queda nada mas que la derrota.

- Aún tengo un aliado.

Dijo ella muy segura buscando cualquier forma de contactar a Hyoga o a Kanon, el último preferiblemente.

- Yo lo dudaría.

La diosa maldijo su suerte. ¡Esque era posible?? Por la puerta entraron Shaka de Virgo, este con Hyoga en sus brazos totalmente inconsciente, también estaba Shura, el cual no vestía su peto dorado. Y a su lado, Milo de escorpión, con el brazo derecho de Camus pasando por sobre sus hombros, este arrastrando una pierna completamente cubierta de hielo.

Los presentes se miraban satisfechos. Lo habían logrado, tenían a Eris justo sobre las cuerdas.

Mu se giró a verla con absoluto desprecio, de una manera que solía ver a pocos, tomó a su niño en brazos, lucía extraño el pequeño con sus grilletes colgando de pedazos de madera, pero al no poder sacarlo, Mu lo había arrancado con todo y todo.

- Yo creo que este es el fin, Eris.

Habló Hera triunfante.

- Entrega a la niña y seremos condescendientes, no te asesinaremos… solo… serás sellada, y despertarás cuando tu alma esté limpia.

- Eso es condenarme al sueño eterno.

- Al menos no estarás muerta.

Eris gruñó y abrazó mas a la niña contra su pecho. Tenía que correr, debía alejarse cuanto antes. Estaba acorralada, finalmente atrapada. Sus ojos se cerraron y sintió lágrimas descender de ellos.

- Te fallé tío Hades… no corrompí al dragón… te fallé… Ares, tu hiciste tanto por el tío… y yo… yo fallé…

Apolo frunció los labios. De una forma o de otra, la mujer frente a él era su hermana, sin embargo, ella había puesto en peligro a su adorada Artemisa al hacer que fuera a aquél rescate, y mas aún, con tanto ajetreo, podría estar en peligro su pequeño sobrino. No sintió pena, lo que pasara en los siguientes momentos estaría bien.

- No… no quiero morir… no quiero ser sellada… tío, tío querido… ayúdame…

- Hades no vendrá, está muerto…tan muerto como tu estarás.

Habló Shura acercándose a la diosa. No estaba en su política atacar mujeres, como todos sus compañeros… o casi todos exceptuando a Ikki, por supuesto.

- Dime, donde está Shiryu?

- Pero que manera mas vulgar de hablarle a una diosa.

Se mofó Eris con sus últimos vestigios de orgullo, saboreando ya su muerte.

- No estoy para juegos… donde está él?

Todos le miraban fijamente, solo ella tenía esa respuesta, y no debía darla tan fácil. Abrazó a Dy-chan, ella sería su seguro de vida por algunos minutos mas, al menos mientras pensaba en un plan para escapar.

- Suelta a la niña.

Shaina se acercó a paso vacilante, dejando a su suerte a su propia diosa.

- No la soltaré, aléjense…

Levantó su mano y apuntó sus venenosas uñas al cuello de la niña.

- Mami, tengo miedo…

Susurró Dy-chan pegándose mas a Eris, la cual no cesaba de amenazarle.

- La mataré… lo juro. La mataré…

- No te atrevas…

Ilitia suplicó por la vida de la niña, ese ser inocente no debía sufrir.

- Por favor Eris, déjala… no se que promesa te haría el tío Hades, pero olvídalo… ¿No recuerdas cuando éramos muy niñas? No recuerdas cuando tu y yo…

- Recordar cuanto tu y Afrodita eran tan felices? Hablas de esos tiempos, eh Itia?

- Eris, por favor…

- ¡No! Cállate!

Eris comenzaba a desencajarse, eran demasiados para ella sola y no podía desencadenar su cosmos por completo o mataría a su único seguro de vida en el proceso.

Comenzó a caminar hacia fuera de su salón real, siempre a la defensiva, no cesando de amenazar a la niña, la cual no se despegaba de su agarre. Cualquier intento de salvarla podría ser mortal, entonces…

Eris salió del salón, todos la seguían precavidamente. Ella no era mas que una fiera asustada, había que controlarla o Dy-chan…

Un as de luz surgió desde algún lugar y los caballeros apenas pudieron retroceder para no ser interceptados por tan potente energía dirigida expresamente a ellos.

Los labios de Eris se curvearon con una desesperada alegría.

- ¡KANON!

El gemelo menor de los géminis se mantuvo quieto, observando la escena que amenazaba a su señora, manteniendo a Saga en sus brazos, inconsciente.

- No es posible…

Mu tembló de pies a cabeza. Saga no podía haber perdido una pelea contra su hermano! Él era mas fuerte, entonces…

- Lo traes contigo… estoy salvada…ESTOY SALVADA!

Bajó a la niña pero mantuvo sus garras negras sobre ella. Su rostro había cambiado, ya no era sereno, sarcástico y poderoso, ahora mostraba una mueca desesperada parecía que debajo de sus ojos se habían formado dos grandes ojeras, respiraba agitadamente y sus ojos estaban inyectados de desesperación.

Estiró su mano libre hacia la pareja de gemelos e hizo fluir su cosmo energía.

- ¡NO LO HAGAS ERIS!

- Maldita…

Los dioses estaban mas al tanto de lo que la diosa estaba haciendo, y los caballeros no tardaron en comprender que la diosa iba a poner a ambos gemelos en su contra.

Saga reaccionó y pareció convulsionarse en brazos de su gemelo, hasta que finalmente cesaron los temblores. El mayor de los hermanos se puso de pié lentamente, la cabeza gacha, y finalmente se inclinó ante la diosa.

- Gemelos de géminis, guerreros míos…

Su mano se giró hacia sus atacantes, su garganta liberó un grito, esta vez estaba mas tranquila, segura de su escape.

- ¡MÁTENLOS!

Saga y Kanon se lanzaron contra los mencionados.

Milo se apresuró a bloquear el ataque de Kanon, no le convenía luchar pues tenía a Camus inutilizado por su pierna. Saga por su parte atacó violentamente a Mu, quien se giró para mantener intacto a Kiki, pero el golpe no llegó, pues Ilitia le desvió utilizando un campo de energía.

Saga no perdió tiempo y se lanzó sobre las mujeres, mas específicamente contra Shaina y Marín, quienes eran cuidadas por Aioria, pero Seiya se atravesó y bloqueó el golpe con su brazo, Saga giró sobre si mismo y atestó un fuerte golpe en el abdomen del Pegaso, lanzándolo sobre Ikki, el cual apenas y lo esquivó al procurar proteger a Shun.

Aldebarán observaba sorprendido la batalla, nunca hubiera pensado que un ataque de parte de ambos gemelos pudiese ser tan poderoso.

Terminaba de pensar eso cuando sintió un fuerte golpe en la espalda, gritó de dolor y aflojó los brazos involuntariamente. Lo próximo que supo es que Kora le había sido arrebatada de los brazos.

- ¡NO, KORA!

El cuerpo de la chica salió volando, Saga apuntó su mano hacia ella sonriendo sádicamente cuando fue ahorcado con el rosario de Shaka de Virgo, quien no se creía que él estuviese haciendo algo tan barbárico. En cuanto a Kora, ella terminó golpeando a Dy-chan, y ambas acabaron tiradas en el suelo, una inconsciente y la otra adolorida sin poderse safar del cuerpo que tenía encima.

Por parte de Shaka, este quedó pronto fuera de combate cuando Kanon llegó y lo noqueó dándole un fuerte golpe en la cabeza. Fue cuando ambos gemelos vieron a Athena, desprotegida e inconsciente. Seiya notó aquellos ojos sobre su diosa y se lanzó a su rescate.

- ¡SAGA, POR FAVOR NO LO HAGAS!

Las manos extendidas a ambos lados cargándose de la inmensa energía de ambos, preparándose para su Galaxian Explotion.

Seiya llegó justo a tiempo, no para tomarla y correr, no, eso no lo lograría, lo único que atinó a hacer fue colocarse sobre ella y cubrirla con su cuerpo del inminente impacto.

- S-Seiya…

- Señorita Saori…

Saga y Kanon tenían listos sus ataques, sus miradas se cruzaron y ambos sonrieron, como hermanos, como gemelos, como hacía tantos años que no lo hacían.

Se giraron hacia la diosa de la discordia, quien no tuvo tiempo de borrar su sonrisa triunfal, sus ojos solamente denotaron horror al encontrarse frente a frente a uno de los mas potentes ataques que nadie conociera ejecutado al doble.

- ¡GALAXIAN EXPLOTION!

- ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!