Cap. 48
La promesa de Ramsés
Kanon se mantuvo en silencio, en su mundo de horror bajo el mando de Poseidón.
Llorando desolado su suerte en el piso de su pilar, como la basura que se sentía, como la basura que en realidad era.
Saga había ido a visitarlo días atrás, con su flamante esposo, el pequeño Kiki y un niño adoptado al que habían llamado Kanon, en honor al tío.
Para él no había mayor humillación que esa, o al menos eso había pensado, hasta que Poseidón tuvo el descaro de llamar a Saga para una conversación amistosa, solo diez minutos mas tarde de lo que había citado a Kanon.
Recordaba a la perfección la cara de asco de Saga.
Y esque, después de todos esos años, para disminuir su horror y su pena, había terminado cediendo a los placeres de Poseidón, descubriéndose a si mismo ansiando los llamados de su señor, y mas aún, aceptando la orden de entrar no solo en la cama del dios de los mares, sino también en la de las demás marinas.
Ya no se sentía a gusto si no ardía en los brazos de Crisna, o si no se revolcaba por el suelo en compañía de Eo, así mismo, se había echo adicto a las múltiples personalidades de Kaze.
Pero aquello no lo había soportado, las palabras de Saga cuando lo encontró haciéndolo con Poseidón, clasificándolo como una perra barata.
Se sentía humillado, y por primera vez en mucho tiempo se daba cuenta de la porquería en que se había convertido. Solo Sorrento se sometía a sus órdenes, solo él lo respetaba cuando los otros lo dejaban demasiado magullado, y eran esos mismos cuidados lo que ya muchas veces le había echo desear que el sirenito le rompiera el trasero con todo su potencial, que no era poco, sinceramente.
Deseando eso no era mas que una basura.
No se había convertido mas que en una prostituta, un juguete para sus antiguos compañeros de armas, mismos que le citaban con la mayor desfachatez a fiestas de dos o tres, y donde él era el único que recibía.
Había caído bajo.
- Kanon, ¡Kanon!
Una voz que venía desde algún lugar le llamaba, no sabía de donde, se oía tan cálida, tan amistosa.
-¡Kanon!
Quien sería.
La puerta se abrió de repente y la silueta de Saga se reflejó contra la luz.
- Kanon, como pudiste?
- Saga…
El menor de los gemelos se enderezó el suelo, Saga entró y cerró la puerta tras él.
- Eres un enfermo. Y pensar que yo nombré a mi hijo como tu.
- Saga, déjame explicarte!
- No hay nada que decir! Poseidón ya me lo ha dicho todo, me ha dicho que apenas y llegaste aquí y empezaste a menearle el trasero a todos aquí, que te encanta que te sometan.
-¡Eso no es cierto, no es cierto!
- Que los primeros días le suplicaste a Poseidón que te hiciera suyo, que no deseabas nada mas que te tomara!
-¡NO ES CIERTO, ESCÚCHAME SAGA!
A este punto, Kanon se había lanzado sobre su gemelo, hincado frente a él y agarrado de su ropa.
- Escúchame…
- Poseidón me citó para hablarme sobre ti, para que te ayudara con tu enfermedad.
-¡No estoy enfermo!
-¡Eres un loco y un ninfómano Kanon!
- No!!
- Pero antes de mi llegada llegaste tu, enloqueciste a Poseidón, hasta que lograste que aceptara. Llevabas tanto sin hacerlo con él debido a mi presencia que no pudiste esperar mas.
Kanon recargó su cabeza en el estómago de Saga, totalmente desolado y sintiéndose vencido.
- Saga, tienes que escucharme.
- Y lo peor de todo.
Saga le tomó de las muñecas y lo apretó con violencia.
-¡Kanon!!
- Lo peor de todo, es que a tus amantes les suplicas que te permitan llamarlos "Saga"
-¡QUE!
-¡Los llamas con mi nombre!
- Eso no es cierto!
-¡Te atreves a negarlo cuando yo te vi haciéndolo con Poseidón!
- Tienes que comprenderme. Tal vez sea cierto que me he acostado con todos, no te voy a mentir, pero yo jamás les he llamado Saga! Lo juro!
De pronto, el caballero de géminis lo tiró de espaldas, estaba realmente enfadado.
- Jamás nos volveremos a ver.
-¡Por favor, tu hiciste el trato, solo tu puedes deshacerlo, por eso sigo atrapado aquí, tienes que liberarme!
-¿Liberarte?? ¡Para que! Para que te tires a todos los del santuario?? Para que deshonres mi honor, el de mi esposo y mis hijos??
-¡KANON, DESPIERTA!
El geminiano comenzó a llorar tendido boca abajo en el suelo.
- Saga, te lo suplico, tienes que liberarme.
- Poseidón sabe que jamás volveré. Pero me ha pedido un favor.
Los ojos de Kanon se cerraron con fuerza, ya de nada le servía suplicar, estaría ahí hasta el día en que se muriera.
- Me ha pedido que te cumpla el deseo que siempre has tenido de acostarte conmigo.
Kanon abrió los ojos desmesuradamente y se giró para ver a su gemelo, el cual comenzaba a sacarse el cinturón.
- Y por mi amor de hermano, te voy a cumplir esa última voluntad como despedida.
-¡Pero yo…
No pudo decir mas, pues Saga se le había ido encima.
- Saga, Saga, no!
Pero Kanon ya estaba acostumbrado a hacerlo con quien fuera, no importaba si era Poseidón o uno de los guardias el que le pedía una noche de compañía, él solamente lo hacía, las caricias eran nuevas por completo, se aferró a su hermano y mordió sus labios.
Solo sería uno mas para su lista.
-¡KANON, RECUERDA LA PROMESA DE RAMSÉS!
- La… la promesa de Ramsés…
Y de pronto, todo desapareció.
Todo.
Saga, el pilar, el reino, todo se desvaneció.
Kanon se puso de pié con la piel cosquilleándole debido a las caricias que había estado recibiendo.
Había un llanto ahogado, el llanto de un niño. Buscó en todas las direcciones en el espacio blanco e infinito que le rodeaba, caminó algunos pasos y se detuvo. Giró hacia atrás su cuerpo y vio que de sus pisadas brotaban flores, arena, agua, y todo se extendía en todas direcciones, hasta formar finalmente un amplio paisaje del santuario.
- Yo, yo he estado aquí antes.
Los llantos se oyeron de nuevo, se giró y alcanzó a ver a algunos guardias los cuales lo atravesaron como si no estuviese. Ellos reían felices y burlones.
- Kanon, Kanon, mírame.
-¡No quiero!
- Kanon, por favor, ya no llores.
-¡No te quiero ver Saga!
Saga? Se giró y caminó hasta un árbol cercano, donde descubrió con gran asombro a dos niños idénticos hasta el mas mínimo detalle, de cabellos azules a media espalda.
- No era mi intención hacerte daño Kanon.
-¡Por que me golpeaste!
El pequeño Saga suspiró y abrazó a su hermano, este se resistió como pudo, pero no logró soltarse.
- Esos guardias me obligaron a hacerlo.
- Y tu no podías negarte!
El pequeño Kanon chilló enfadado, pero algunas heridas le molestaron visiblemente y se encogió.
- Lo siento Kanon, es solo que… es solo que ellos tenían a Ramsés.
- Ramsés?
Saga aceptó con la cabeza y tomó una caja de cartón que se movía a todos lados, al abrirla, brotó de su interior un pequeño perro de color chocolate con sus patitas en amarillo. Al ver a Kanon, el pequeño animal se lanzó a lamer las mejillas de su amo, que le miraba con cariño.
- Ramsés… oh por los dioses, Ramsés.
Susurró la versión adulta de aquellos niños mientras se acercaba a la escena, acercó sus manos al cachorro, pero lo atravesó, comprendiendo así que él solo era un espectador de todo aquello.
- Dijeron que si no te golpeaba iban a golpear a Ramsés hasta matarlo.
- Son hombres malos.
- Lo se, no me quedó otra opción.
- Pero…
- Hermano, cual es nuestra misión?
- Nuestra… misión?
- La misión de los caballeros de Athena.
- Es… es proteger al indefenso y…
- Y quien es mas indefenso, tu, o Ramsés?
El pequeño peli azul miró al perro en sus brazos, el cual ladró feliz.
- Podría Ramsés defenderse de esos hombres si hubieran querido hacerle daño?
- …no…
- Y pudiste tu defenderte de mis golpes?
- Si…
- Hubieras preferido que Ramsés fuera el herido?
El perrito meneó su cola feliz.
- No, mejor yo que Ramsés.
Hubo un largo silencio en que los hermanos se dedicaron a acariciar a la pequeña criatura, que brincaba y lamía las manos de ambos, sus rostros, y en ocasiones trepaba hasta alcanzarles una oreja.
- Siento haberte golpeado.
- La gente buena siempre tiene que sacrificarse para proteger lo que quiere.
- Así es.
- Saga…
- Si?
- Aunque me manipulen, yo jamás quiero hacerte daño.
- Kanon…
- No, de veras. Quiero hacerte ese juramento. Yo jamás levantaré mis puños contra ti.
Y abrazando al perro agregó.
- Te lo juro por Ramsés.
Saga sonrió levemente y aceptó con la cabeza.
- De acuerdo tomaré tu juramento.
Y así, el mayor de los gemelos rebuscó en una pequeña bolsa que siempre cargaba a todos lados y sacó una hoja y un trozo de carboncillo.
- Toma.
Kanon observó a su versión miniatura comenzar a escribir, y sin ver aquellos garabatos los recordó a la perfección.
- Yo… Canon…
- Kanon se escribe con K, hermano.
-¡No molestes!
Y acto seguido tachó la "C" y garrapateó en su lugar una "K".
- Ahora si, "Yo, Kanon, caballero de Géminis…"
- Tu no eres caballero de géminis!
- Aaahg!!
Una vez más tachó y pensó unos momentos.
- "Yo, Kanon, hermano…de…Saga… pro-mee…to… en el… nombre… de mi… peeerro Ramses…"
- Ramsés lleva acento.
- Aja, "Ramsés, que…nunca… le voy a… a hacer… da-ño a mi her…ma…no Saa-ga" ¡Listo!
Y tras decirlo le mostró sus garabatos a su hermano, el cual frunció el ceño, para después encogerse de hombros.
- Y ahora.
Saga tomó la mano de Kanon y le realizó un corte rápido con sus uñas, vaciando la sangre que corría en su mano, haciendo una especie de cuenco.
Kanon tomó su propia sangre de la mano de su hermano y con un dedo firmó su nombre, con el carboncillo agregó una línea que decía "Testigo" Saga rodó los ojos y escribió su nombre con el dedo, y finalmente, con la sangre sobrante mojaron la pata del perro, colocándola en el papel ya doblado a manera de sello.
- Listo! Es un juramento!
La imagen desapareció poco a poco, y Kanon se descubrió a si mismo llorando.
- Kanon…
Una vez mas, esa voz le llamaba. Abrió los ojos y se encontró tirado en el suelo de espaldas, con su hermano encima y mirándole preocupado.
- Kanon, has vuelto?
- Saga.
El mayor de los gemelos sonrió abiertamente al ver que su tesoro había regresado. Ya no podía negarlo. Kanon SI era su más grande tesoro, su hermanito.
De improviso, los brazos de Kanon se cerraron sobre su torso, abrazándole con fuerza.
- Todo fue un sueño, nada fue real!
- No Kanon, nada fue real.
Respondió el otro sintiéndose extraño por el imprevisto abrazo.
- Te extrañé mucho, Saga.
Y sin poderlo reprimir mas, Saga le devolvió el abrazo a su hermano menor.
- Saga! Los muchachos están en peligro, Shiryu y su bebé …
- Kanon, por favor cálmate, ya se que todos están en peligro, si tu mismo, grandísimo idiota por poco y nos matas.
Kanon bajó la mirada apenado y se cubrió el rostro con las manos, Saga deseó no haberle dicho nada.
- Lo siento…
- No eras tu, estabas siendo controlado, y por una diosa, no esperaba que simplemente pudieras negarte y ya a sus órdenes.
- Pero yo te hice un juramento.
- Juramento?
- Te prometí, te juré que nunca te haría daño, aunque me controlaran… hace tantos años que fue eso.
Saga miró a su hermano como si estuviera loco, él no recordaba nada de eso, pero al parecer Kanon si.
- No lo recuerdas, a Ramsés?
El caballero de géminis observó a su hermano unos segundos, tratando de recordar aquél nombre tan peculiar, pero nada se le venía a la mente, sin embargo, observando los ojos del menor, tuvo una visión de un pasado muy distante, la risa burlona de hombres que encontraban placer en hacerle daño a las personas, y muy lejos, algo dentro de su mente le hizo escuchar claramente un ladrido que reconoció de alguna manera.
- Lo… recuerdas?
Saga cerró sus ojos y recordó el bosque a cercanías del santuario, donde debajo de un frondoso árbol se encontraba una tumba pequeña, donde descansaba desde hacía ya muchos años un perro de color chocolate, junto con una caja que contenía una carta con una promesa.
- La… promesa de Ramsés.
Kanon sonrió y miró hacia abajo, donde la cicatriz que le habían provocado las uñas de Saga había prácticamente desaparecido con todos los años que habían pasado, dejando en su lugar una línea diminuta que era extremadamente difícil de ver.
En ese instante, el mayor de los geminianos colocó su mano sobre la cabeza de su hermano, acariciando sus cabellos azules con cariño.
- Siempre has cumplido tu promesa, hermanito.
Kanon bajó la mirada, apenado.
- Yo…
- Nunca me has hecho daño… o al menos no directo.
Dijo Saga con una sonrisa mientras recordaba las muchas cosas malas que Kanon hiciera en el pasado, pero que ahora eran solo recuerdos que procuraban ignorar.
- En cambio yo… yo te encerré en Cabo Sunion, te ataqué durante la invasión al santuario cuando Hades resucitó, y ahora… ahora no tuve reparo en atacarte.
- Estabas defendiendo tu vida.
- Si, pero… pero esta no es forma de tratar a mi hermanito. No importa que hubiera ocurrido.
Kanon sintió que se sonrojaba feliz de escuchar aquellas palabras, y tratando de que su hermano no se diera cuenta, giró el rostro y dejó escapar unas cuantas lágrimas, que Saga pudo apreciar y limpió con sus dedos.
- Ahora, debemos ir a buscar a los demás.
- Espera…
Saga miró a su hermano menor con una ceja levantada, mientras este se ponía de pié y se hacía el cabello hacia atrás de manera arrogante.
- Eris es una sucia tramposa controla mentes. Y vas a necesitar mi ayuda para evitarla.
Y el caballero de géminis sonrió, cruzándose de brazos.
- Y debo suponer que tienes un plan.
- Claro que lo tengo!
Y dicho esto empezó a sacarse la ropa.
Saga miró de arriba abajo a su gemelo, el cual se estaba deshaciendo de su molesta túnica de sirviente.
- Y piensas que entrando desnudos le vamos a ganar? Vamos, que siendo como somos si creo que se atonte, pero…
- No seas estúpido Saga! Sácate la armadura.
- Kanon, tampoco teniendo sexo entre nosotros vas a solucionar nada, sabías?
Sin embargo, Kanon se puso completamente colorado de vergüenza, y bajó la mirada, dándole la espalda a Saga.
- Kanon… que? Dije algo malo?
- Esto…. No… no… tranquilo… solo me… sentí mal. Sácate la armadura, por favor.
Suspirando por no saber en que había metido la pata, el mayor de los geminianos comenzó a sacarse su armadura.
- Y ahora?
Kanon sonrió y se acercó a la armadura, Saga le pegó en la mano cuando iba a tomar una de las piezas.
-¡Oye!
- ¬¬ Si tu idea era ponerte la armadura para verte más guay, créeme que me la vuelvo a poner.
- Saga! Eris es una controla mentes, y para el tiempo que ha pasado, los otros deben tenerla acorralada, y no creo que eso le guste.
- Y?
- Imagínate lo que ella haría… con unos gemelos bajo su mando.
Saga no comprendía del todo, pero empezó a vestirse con la ropa que usara su hermano antes, mientras este se colocaba las piezas doradas de la armadura.
- Si ella te ataca, no vas a poder defenderte, no conoces su fuerza, pero si me ataca a mí, podré resistir mucho mas, y fingirme bajo su control, al creer que ya lo logró me soltará, antes de estar en su hechizo.
- Y tu quieres hacerte pasar por mi…
- Mientras yo finjo ser tu.
- Y ella crea que ambos estamos bajo su control.
- Para poder tomarla por sorpresa.
- Y así derrotarla.
Ambos sonrieron ampliamente y de repente sus mejillas se tiñeron en idéntico sonrojo, al darse cuenta que desde hacía ya muchos años que no hablaban juntos completando el uno las frases del otro.
En el gran salón, los presentes estaban anonadados por lo que los hermanos habían echo, algunos se sintieron recelosos por todo el revuelo que habían causado, pero al final satisfechos de que dos de los mas fuertes de la orden estuvieran de su lado, y no de el de Eris.
Saga se acercó a los escombros que había provocado junto con Kanon y ladeó unas piedras, para después sacar a la diosa agarrada por los azules cabellos.
- Vamos zorra, que siendo una deidad eso no fue mucho para ti.
Y tras decirlo la lanzó al suelo, la diosa de la discordia emitió un quejido cuando rebotó.
-¡Maldito estúpido!
Chilló ella girándose a ver al mayor de los gemelos, Saga sonrió y se encogió de hombros, como declarándose culpable de lo dicho por la diosa, la cual se enfureció, pero al intentar acercarse, sintió una mano que se cerró sobre su brazo.
- ¡Pero quien diablos….
El sonido de una bofetada se escuchó en aquél instante, y la diosa de la discordia se quedó quieta, con sus ojos temblando y llenándose de lágrimas.
Los caballeros presentes se miraron los unos a los otros sin saber que hacer, mientras la madre de los dioses observaba a su hija con repudio, su mano aún levantada tras haberla golpeado.
- Eres una vergüenza.
- Que raro, diría lo mismo sobre ti, madre.
La diosa apretó su mano sobre el brazo de su hija, haciéndola quejarse.
- Donde está el dragón
Eris sonrió, mas no contestó nada. Hera entrecerró los ojos.
- No me importa lo que te haya dicho Hades, te engañó, me escuchas? Terminaremos de una vez por todas con esta tontería,
-¡Mami, mami!!
- No, Dy-chan!
La niña se soltó como pudo del agarre de Kora, la cual, tras haberse recuperado, había procurado cuidar de la pequeña, cosa que esta le impidió.
Ilitia alcanzó a la pequeña por el brazo y la cargó, ante la resistencia de la pequeña.
- Por favor nena, basta!
-¡MAMI!!
Pero al final no pudo resistir más y la niña se le escapó, huyendo a los brazos abiertos de Eris, la cual fue involuntariamente soltada por Hera.
- Mami, no quiero que esa señora te haga daño!
- No mi niña… no, tu me vas a proteger… tu… tu protegerás a mami.
Y dicho esto la echó por delante a modo de escudo, caminando ella hacia atrás.
- No me atraparán, no me atraparán, no me atraparán, no me atraparán, no me atraparán…
-¡Ey tu, grandísima perra, que diablos le haces a mi hija??
Una voz chillona hizo que todos se giraran, por el pasillo venía un maltrecho máscara, sosteniendo sus costados heridos, y por delante de él venía Afrodita de Piscis, con una mirada de asesino que puso a Eris a temblar.
TBC
Un año sin actualizar, lo se, mátenme. Tuve algunos problemas y fui muy idiota en el último tiempo, si quieren saber por que, lo puse en mi profile. Gracias por leer!
Lady Grayson, la oscuridad
