"Donnie, ¿es eso cierto?" Por un segundo, tanto Charlie como Don se miraron el uno al otro. Ninguno de los dos se había dado cuenta de la llegada de su padre.

"Papá, no es…" Charlie se levantó del sofá y fue hacia su padre, pero la expresión de este le hizo detenerse.

Alan parecía no hacerle caso a su hijo pequeño, pues pasó a su lado y miró con dureza a Don. "Vamos Don, ¿Es cierto lo que he oído? Se que no ha sido así, pero quiero que me lo digas tu."

Don respiró profundamente, no era un momento fácil para nadie y mucho menos cuando ni siquiera había tenido tiempo de hablar del tema con su hermano y saber lo que este pensaba y sentía al respecto.

No estaba todavía preparado para enfrentarse a su padre y decirle que todo había sido por su culpa, que nada de lo que dijera iba a cambiar que Charlie había estado a punto morir por un descuido suyo; porque si de algo estaba seguro, era de que jamás podría perdonárselo.

"¿Don?"

"Papá déjalo. Fue culpa mía, de verdad, no fue el mejor momento para decirle lo que le dije, no debí de haberme comportado así con él." Aunque tan sólo creía la mitad de lo que estaba diciendo, Charlie necesitaba que su padre los dejara solos, poder hablar con su hermano tal y como Colby le había dicho. Nunca hubiera esperado que las cosas sucedieran así.

"He dicho que no Charlie. No se porque ninguno de los dos me había contado nada de esto. Estoy completamente seguro de que merecía saberlo. ¿Por qué nadie me había dicho nada?"

Alan había comenzado a levantar la voz, algo que no hacía muy a menudo, pues pocas veces se había sentido tan dolido como en ese momento, ahora que estaba descubriendo lo que ocurría entre sus dos hijos.

"Porque primero tenía que hablar con Don. También él lo está pasando mal y no quiero que sufra por mi culpa, no se lo merece."

"¿Qué no se lo merece? Ha estado a punto de matarte y ¿no se lo merece?"

"No lo pagues con Charlie, si alguien tiene aquí la culpa ese sólo soy yo."

"En eso tienes razón. ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¿En que estabas pensando?" Charlie parecía haber desaparecido de la escena, padre e hijo se miraban fijamente y poco a poco iban levantando la voz, sin escuchar a Charlie que intentaba que se detuvieran antes de decir lo que no querían y de lo que se arrepentirían de seguro, tal y como ya había ocurrido una vez.

"¿Queréis dejarlo los dos de una vez?" Charlie se puso entre ellos, pero ninguno le miró, ninguno le hizo caso.

"¿Así es como proteges a tu hermano? ¿Acaso no tienes bastante con que cualquier asesino de la ciudad lo mate, que tienes que hacerlo tu mismo?"

"No puedes decirme eso, sabes muy bien que haría cualquier cosa por él. Nunca pondría su vida en peligro."

"Vamos papá, Don, esto no tiene sentido. Dejadlo ya." El tono de los otros dos hombres continuó aumentando por momentos, ninguno parecía escuchar ya al otro, ambos decían cosas, cada una peor que la anterior y por un momento, Charlie se vio volviendo a la misma escena que poblaba sus pesadillas.

"Don, quiero te que marches." Por un momento todos se quedaron en silencio, Charlie se fijó en la expresión de su hermano y se dio cuenta de que nunca hubiera esperado que su padre le dijera algo así.

"Papá…"

"Don ya me has oído, creo que es mejor que te marches."

"¡No!" La voz de Charlie hizo que los dos se volvieran hacia él de repente. "No papá, Don no tiene que marcharse; te he dicho que no fue sólo culpa suya, que yo también dije cosas que…" Sin casi darse cuenta, la vista se le comenzó a nublar, mientras se iba haciendo cada vez más difícil respirar y la voz del médico cuando le dio el alta, resonó en su cabeza.

"Tómate las cosas con calma y sobretodo nada de emociones fuertes, no tiene porque pero sería posible que sufrieras una bajada de tensión si te alteras demasiado."

Charlie se cayó y cerró los ojos, el piso había comenzado a darle vueltas en la cabeza y eso le estaba provocando unas terribles nauseas.

"Charlie ¿te encuentras bien?" La voz de su padre sonaba demasiado lejana, como si estuviera en el jardín y le llamara, como para poder contestarle.

Al volver a abrir los ojos, apenas pudo distinguir la figura que estaba delante de él, pero si que pudo ver, al fondo, la figura de su hermano y lo veía acercarse a cámara lenta.

"Don no me encuentro…" Fue todo lo que logró decir antes caer al suelo.

Sin embargo su cuerpo no llegó a tocar el suelo. Acostumbrado a moverse con rapidez en situaciones límite, Don había llegado a su lado y lo cogió, dejando que su peso cayera sobre él.

"¿Charlie, Charlie puedes oírme?" Don miró a su padre cuando su hermano no contestó a su pregunta. "Lo llevaré a su habitación."

No esperó ninguna respuesta por parte de su padre, que tan sólo lo miraba, no tan asustado como podría estar, si no sorprendido de haber escuchado, tan sólo un momento antes, como Charlie había defendido a su hermano después de lo ocurrido.

- o -

Cuando Alan llegó al dormitorio de su hijo, Don ya lo había dejado sobre la cama y le estaba arropando. Charlie continuaba inconsciente pero Don no se preocupó, ya sabía que no era algo demasiado extraño en su hermano, que Charlie no llevaba demasiado bien las situaciones de mucha presión.

"¿Está bien?" Su padre sonaba diferente, parecía haber desaparecido como si nada todo el odio que había escuchado proveniente de él un momento antes y ahora tan sólo había tristeza y preocupación.

"Si, sólo necesita descansar, dormir un poco y sobretodo, mucha tranquilidad." Aquello último apenas lo dijo con ninguna fuerza, porque en realidad sabía que se lo estaba diciendo a si mismo.

"¿Cómo puedes estar tan tranquilo? No lo entiendo Don, después de todo lo que ha sufrido tu hermano, no entiendo como puedes quedarte ahí sin más cuando acaba de desmayarse."

Mientras escuchaba a su padre, Don se sentó en la cama, junto a Charlie y le apartó algunos mechones de la cara. Le recordaba tanto a los días en los que su hermano había estado enfermo.

No habían sido muchas, Charlie no era un chico que se pusiera enfermo con facilidad, pero si que había pasado una gripe bastante fuerte y Don recordaba no haber ido a uno de los partidos más importantes por cuidarle.

Su padre le había dicho que no lo hiciera, que él y su madre se ocuparían de él, pero él no quiso, no mientras su hermano tuviera fiebre y delirara. No podía quitárselo de la cabeza y pensar en jugar un partido que entonces no tenía ninguna importancia.

"Ya te he dicho que no sería capaz de poner la vida de Charlie en peligro." Se detuvo un momento para intentar tranquilizarse y respirar con calma, si Charlie despertaba en ese momento, no quería que les viera otra vez discutir. "Y no dejo de pensar en lo que hubiera hecho si Charlie hubiera…"

No se había dado cuenta, pero su padre se había acercado a él y acababa de poner su mano sobre su hombro. Don se estremeció al sentir el contacto, pero aunque no lo dijo, agradeció que su padre lo hiciera.

"Tenía que haberlo visto venir." Don acarició la mejilla de su hermano y sonrió mientras hablaba.

"¿A que te refieres?"

"Esto. Mamá me lo dijo." Alan se mantuvo en silencio, pues no sabía de lo que estaba hablando su hijo, mirándole. "Cuando estaba en el hospital, justo el día que le dijeron que iba a morir, yo estaba fuera con Charlie y ella me pidió que entrara." Aunque ya había pasado algún tiempo desde la pérdida de su madre, todavía le costaba recordar aquello, por lo que notó como se formaba un nudo en la garganta conforme hablaba y la voz le temblaba.

"Sin saber yo que iba a morir, me dijo que cuidara de él, que no le dejara nunca." Don sonrió con tristeza, pensando en como en tan pocos días había fallado a su madre de tal manera. "Me contó lo mal que lo había pasado Charlie durante las épocas de exámenes en la universidad, las veces que le había visto vomitar por los nervios. Incluso me dijo que en el último año, cuando se acercaban los finales, se desmayó, como ahora; pero que sólo fueron los nervios."

Con cada palabra, Alan se dio cuenta de lo poco que debía de conocer a su hijo, para haberle dicho todo aquello y ahora escuchar esto. Nunca hubiera pensado verlo tan mal, tan destrozado y hundido, ni siquiera cuando le había llamado desde el hospital, con lo del accidente. Supuso que entonces se había tratado de un estado de shock y que ahora estaba viendo la verdadera preocupación de Don hacia su hermano.

"Don, ¿Por qué nunca me contaste eso? Charlie es mi hijo… lo dos sois mis hijos y no tenías porque haber llevado ese peso encima todo este tiempo." Alan se sentó en la cama, junto a Don que continuaba con la mirada fija en Charlie. "Os quiero más que a mi propia vida y haría cualquier cosa por vosotros."

"Por eso lo hice. Por eso me quedé en Los Angeles y por eso precisamente no te dije nada a ti y mucho menos a Charlie. Mamá me dijo que las cosas iban a ser difíciles, yo creí que se refería a que ella estuviera en el hospital, y que yo sabría ser el más fuerte y el que mantendría la familia a flote."

Alan no fue capaz de decir nada cuando, por primera vez no recordaba cuanto tiempo, veía a su hijo llorar, en silencio, con la miraba todavía fija en Charlie y sin soltar su mano en ningún momento.

"Si supiera como hacerlo, me cambiaría por Charlie ahora mismo."

"No digas eso." Alan apretó con fuerza su mano sobre el hombro de su hijo. "Ahora entiendo a lo que se refería Charlie, porque se que he dicho cosas que no han estado bien y si te hubieras marchado…"

"Don…" Los dos hombres se volvieron hacia Charlie que apenas había abierto los ojos. Se movió con dificultada, todavía estaba aturdido por lo sucedido y le costaba enfocar los objetos.

"¿Cómo estás?"

"Con unas ganas horribles de vomitar, pero bien, creo." Charlie sonrió ligeramente, aunque el estomago le estaba matando.

"Pues ahora vas a hacerme caso de una vez, vas a descansar y dormir y no te vas a levantar de esa cama en todo el día."

Mientras escuchaba a su hijo hablar, Alan sonrío. Ahora se preguntaba como podría haber ocurrido todo lo del accidente, pero después de lo que acababa de oír y de ver como Don se preocupaba por su hermano, no le cabía ninguna duda de que aquello no volvería a suceder.

"Vale, pero quédate, al menos hasta que me duerma." Dijo Charlie casi con un tono infantil, al cual Don no se pudo resistir.

Se levantó y se sentó a su lado, apoyando la espalda en el cabecero de la cama. Charlie se acomodó contra él y apoyó la cabeza sobre sus piernas. Finalmente cerró los ojos.