Al despertar, Charlie tenía la misma sensación que si hubiera bebido más de la cuenta la noche anterior. No recordaba cuando se había quedado dormido y al abrir los ojos, tampoco estaba del todo seguro sobre como había llegado a su dormitorio. Trató de hacer memoria, pero lo único que consiguió recordar, fue la discusión de Don y de su padre. Nada más, el resto, era un borrón negro en su memoria.
Un sonido muy familiar y que Charlie reconocía muy bien como la respiración profunda de su hermano, llegó hasta él. Levantó la mirada y se encontró con la de su hermano, que apoyado en el cabecero de su cama, le miraba mostrando una pequeña sonrisa, que Charlie identificó pronto con la expresión de cansancio de Don.
Entonces Charlie se dio cuenta, estaba apoyado sobre el pecho de su hermano, debía de haber dormido la mayor parte la noche así, sobre él, pero tenía que reconocer que no se había enterado.
Cuando su hermano pequeño se despertó por fin, después de haber estado durmiendo doce horas seguidas, Don no dijo nada, tan sólo se lo quedó mirando, observando como abría los ojos y comenzaba a mirar a su alrededor, como lo miraba a él algo desconcertado y como volvía a acomodarse sobre su cuerpo.
Don se sintió bien en ese momento. Hasta entonces no se había dado cuenta realmente, pero era la primera vez en muchos días en que Don respiraba con normalidad, en que no sentía una fuerte presión en el pecho, que apenas le dejaba pensar en otra cosa y la primera vez que estaba disfrutando del momento que estaba pasando junto a su hermano.
Lo había visto dormir toda la noche, sabía perfectamente que no se había dormido ni un segundo y que había permanecido pendiente de Charlie en todo momento, que no tuviera ningún mal sueño, que durmiera toda la noche y que estuviera lo más cómodo posible.
Por ello, al intentar colocarse en otra postura diferente a la de las últimas horas, notaba que le dolía terriblemente la espalda pues no recordaba cuando había sido la última vez que se había movido, no había querido despertar a su hermano.
Charlie suspiró y se restregó los ojos. Al verlo Don sonrió al creer ver de nuevo a ese pequeño Charlie de cinco o seis años, el mismo al que despertaba todos los domingos para preguntarle si quería ir a sus partidos. Nunca le había dicho que no. Sin poder evitarlo, Don le revolvió el pelo que ya estaba de por si bastante revuelto y le volvió a escuchar suspirar, aunque esta vez más bien el recordó a un cachorrillo.
Charlie se movió por fin y se tumbó al lado de su hermano mayor, cubriéndose otra vez con la manta, pues la mañana era fría.
"¿Qué tal has dormido?" Preguntó por fin Don, sin quitarle la mirada de encima a Charlie.
"Creo que ha sido la primera noche, desde el accidente, en que duermo de un tirón." Charlie le mostró a su hermano una enorme sonrisa, porque estaba realmente feliz, no sólo porque Don se hubiera ocupado de él y hubiera cuidado de él, sino porque parecía que en su propia cabeza estaba logrando arreglar las cosas y dormir sin aquellas terribles pesadillas. "Supongo que me ha ayudado mucho que estuvieras aquí." Don tan sólo asintió, desde luego no iba a llevarse el mérito por solucionar algo, que realidad había comenzado a estropear él. "¿Y tu que tal has dormido?"
Tal vez, en otra circunstancia, Don le hubiera dicho que había dormido bien, a trompicones, pero respetablemente bien, pero que sólo le preocupaba que Charlie estuviera bien. Pero después de todo lo sucedido entre ellos, Don se había prometido no volver a mentir a su hermano y contarle siempre sus problemas, antes que a nadie más, por eso, aunque le costó unos momentos hablar, lo hizo sin más.
"En realidad no he dormido." Charlie lo miró en silencio. No se esperaba que dijera eso, no al menos tan directamente, aunque conocía demasiado bien a su hermano, como para habérselo imaginado y sobre todo tras observar su mirada cansada y su aspecto agotado. "Quería estar seguro que tu dormías bien, después del susto que nos diste ayer a papá y a mí, tenía que saber que estabas bien." Don se detuvo un momento antes de seguir hablando. "Papá ha venido un par de veces, tan sólo ha abierto la puerta y al creer que los dos estábamos dormidos se haba vuelto a marchar."
Don se había preocupado tanto porque Charlie estuviera bien y que pudiera dormir sin problemas, que apenas había pensado en como enfrentarse con su padre después de la bronca, de cómo se tomaría todo lo que había descubierto. No le reprochaba que hubiera tratado de echarle de casa, tantas veces durante los últimos días, él mismo había pensando en volver a pisar la casa; ni que le hubiera gritado, sus sentimientos por su propios actos, habían sido mucho peores.
Charlie trató de recordar durante un momento lo sucedido, pero no fue capaz, parecía como si una censura propia, una cortina invisible se hubiera colocado en su cabeza y no le dejara saber lo que había sucedido.
Don se dio cuenta y trató de hacerle las cosas mucho más fáciles a su hermano. "Charlie, ayer te desmayaste en el salón y si no te hubiera cogido, hubieras caído redondo al suelo."
Aquello fue como si Don le hubiera dado la llave para adentrarse en sus propios recuerdos, a los que un momento antes no era capaz de llegar y las imágenes, como si estuviera viendo una película se amontonaron en su mente.
Se vio a si mismo metido en medio de la discusión entre los otros dos hombres, trataba de separarlos, de evitar que ninguno llegara a decir algo de lo que se arrepentirían toda su vida, algo por lo que ya había pasado él, pero no pudo, ninguno le estaba haciendo caso y entonces notó que la ansiedad se estaba apoderando de él y no podía pararlo.
Las imágenes se volvieron difusas, los sonidos sonaban demasiado huecos y el tiempo parecía andar más lento. Llamó a su hermano al notar que el suelo se tambaleaba bajo sus pies, pero no llegó a terminar la frase. El resto de los hechos dejó de existir.
"Siento mucho haberte asustado." Charlie desvió la mirada hacia la pared, mientras hablaba con Don, sin darse cuenta que su tono de voz sonaba casi como una súplica hacia su hermano.
Se había prometido, cuando despertó en el hospital, que tenía que ser alguien mucho más fuerte, que tenía que conseguir que las cosas no le afectaran tanto, que los sentimientos no debían de estar tan a flor de piel, pero ahora se daba cuenta que había fallado. "Gracias por todo."
Don escuchó aquel agradecimiento como si fuera lo único que importaba en ese momento, como si el resto del mundo, fuera de esa habitación hubiera dejado de existir para él.
"Tal vez tu no das cuenta, pero si no estuvieras a mi lado siempre que te necesito." Comenzó a decir Charlie, sin atreverse a mirar a su hermano. Tenía que decir todo aquello de un tirón o no lo diría nunca más, pero si permanecía con la mirada clavada en los ojos oscuros, al mismo tiempo que tiernos de Don, estaba seguro que no lograría decirlo todo.
"Tu eres mi mejor apoyo, mi mejor amigo desde que trabajo contigo y cuando el otro día fui a tu casa, pensé que tal vez me necesitabas tu a mi, que al menos querrías hablar conmigo."
Mientras escuchaba a su hermano hablar, Don se deslizó por la cama, hasta quedar completamente tumbado. Cerró los ojos, dejándose llevar por la sincera declaración de Charlie, unas palabras que había necesitado escuchar hacía ya demasiados días y por las que hubiera dado cualquier cosa.
"Se que me necesitabas a mi, pero no te atrevías a decirlo. Puede que después de todo fuera una mala idea."
Por más que estaba luchando por mantenerse despierto, Don notaba que la tensión acumulada durante toda la noche, cada vez que escuchaba una respiración más fuerte proveniente de Charlie, o que su hermano se movía y Don no sabía si estaba bien, ahora le estaba pasando factura y poco a poco, el sueño se estaba apoderando de él.
"Sinceramente, volvería a hacerlo, aunque supiera que iba a ocurrir lo mismo, volvería a ir a tu apartamento. Tal vez no te presionaría tanto, tal vez intentaría que te fueras a dormir y hablar contigo al día siguiente. Pero hubiera hecho lo mismo."
Mientras terminaba de hablar, Charlie por fin se decidió a volverse hacía su hermano. Había notado como se había tumbado, como se había vuelto hacía él y como se había ido quedando muy quieto, pero cuando en ese momento lo miró, se dio cuenta que se había quedado profundamente dormido.
Charlie sonrió y arropó con cuidado a Don. Se levantó de la cama, notando que haber dormido todas aquellas horas de un tirón le había sentado muy bien y que por primera vez, en no recordaba cuando tiempo, se sentía descansado, que las costillas apenas le dolían y que el brazo parecía estar mejor.
Al levantarse, Don se removió en la cama y ocupó gran parte de ella, mientras resoplaba y suspiraba. Cuidadosamente, Charlie salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él.
- o -
Charlie Bajó las escaleras y fue a la cocina, en la que se encontró a su padre tomando un café. Alan lo miró, pero no dijo nada.
"Buenos días." Charlie vació la cafetería en una taza y se sentó a su lado. "¿Qué tal has dormido?" No podía ocultarlo, estaba de mejor humor que ningún día desde que todo aquello había comenzado.
"¿Dormir? Charlie, llevo esperando desde las ocho de la mañana a que alguno de vosotros dos salierais de ese dormitorio." Alan bebió un largo trago de café. "Ayer me entero de que Don fue el culpable de tu accidente y un momento después te desmayas y no apareces hasta ahora. ¿Cómo esperas que hubiera dormido?"
Charlie bajó la mirada levemente avergonzado. Se encontraba tan bien, que no se había parado a pensar que el resto del mundo estaba preocupado por él, que su padre y Don lo habían pasado mal.
"¿Dónde está tu hermano?" La voz de su padre sonó más severa que nunca.
"Se ha quedado durmiendo arriba." Charlie bebió de su taza, sabía lo que venía después.
"¿Qué se ha quedado dormido, después de lo sucedido, después de lo que te hizo?, ¿Cómo tiene el valor de quedarse dormido?" Alan se levantó de la silla y con decisión, llegó hasta la puerta de la cocina.
"Papá espera, no es lo que piensas." Charlie se levantó tras él.
"No, realmente no se de que va todo esto. No se porque parece que tu hermano no se preocupa por ti y es capaz de quedarse dormido, que ni siquiera es capaz de venir hablar conmigo."
"Papá, déjalo ya." Al escuchar la rotundidad en la voz de su hijo pequeño, Alan se quedó parado y lo miró sorprendido. "Don se acaba de dormir porque estaba agotado, porque no ha pegado ojo en toda la noche, porque se preocupa tanto por mi, que me ha estado vigilando para que yo durmiera bien."
"He pasado por tu dormitorio un par de veces y estoy seguro que tu hermano estaba durmiendo."
"Ya me lo ha dicho él mismo, que sólo has abierto la puerta y al creer que los dos dormíamos no has querido entrar. No papá, Don no ha dormido en toda la noche y ahora estaba destrozado, creo que se merece un descanso."
Charlie se volvió a sentar, mientras su padre se acercaba a él y retomaba su sitio en la silla de la que se había levantado. Alan se mantuvo en silencio. Había estado pensando toda la noche en lo ocurrido el día anterior, en lo que había descubierto y en como había llegado a pasar, como Don podía haber hecho algo tan terrible, que ni siquiera se había parado a pensar que su hijo mayor también lo estuviera pasando realmente mal.
- o -
"Lo siento mucho agente Epps, hemos hecho todo lo que hemos podido por salvar la vida de su hermano, pero ha sido imposible." El médico se marcho un momento después, dejando sólo a Don en aquella gran sala de espera.
Don estaba completamente sólo, nadie más esperaba para saber algo sobre sus familiares, nadie lloraba por malas noticias recibidas y nadie respiraba aliviado por saber que sus seres queridos estaban bien.
No, Don estaba sólo cuando tenía que aceptar que Charlie había muerto y que todo había sido culpa suya, que nunca se recuperaría de haber matado a su propio hermano.
Don se despertó con un fuerte espasmo y se incorporó en la cama. Estaba gritando el nombre de su hermano, mientras gotas de sudor frío recorrían todo su cuerpo. Cubrió su rostro con sus manos, intentando que el agobio, la agonía y el odio hacia si mismo que lo despertaba cada mañana y en mitad de la noche sin dejarle hacer borrón y cuenta nueva, desapareciera pronto.
La puerta del dormitorio se abrió de golpe y Charlie entró en el dormitorio. Se quedó paralizado al encontrarse con su hermano, el agente del FBI, el que pocas veces había perdido los nervios, el que solía controlar incluso las peores situaciones, llorando en su propia cama, mostrando la parte más débil de si mismo, aquella que durante toda su vida parecía haber mantenido oculta para todo el mundo.
Charlie no se atrevió a decir nada, tampoco es que supiera que decir al ver aquello. Tan sólo se acercó a la cama y se sentó junto a su hermano, que todavía no había levantado la cara, que todavía tenía el rostro oculto entre sus manos y que todavía parecía estar sollozando.
Acercando un brazo hasta el cuerpo de su hermano, Charlie notó que este temblaba con fuerza. Alargó su mano hasta la manta que casi había terminado en el suelo y rodeó con ella los hombros de su hermano. En ese momento, Don levantó por fin la mirada y Charlie le sonrió con cierta tristeza en al mirada.
Sin pronunciar una sola palabra, Don se dejó caer sobre las piernas de su hermano, apoyó la cabeza sobre ellas y cerró de nuevo los ojos. Los dos sabían que tenía que dormir, que si seguía así mucho más tiempo, terminaría por caer enfermo.
Charlie le volvió a cubrir con la manta y masajeó su espalda tensa. Un momento después notó que Don se había vuelto a dormir por fin.
