Don no recordaba haber llorado delante de su hermano en toda su vida; ni siquiera después de la muerte de su madre. Durante aquellos terribles meses, el tuvo que ser el fuerte por los dos, el que mantuvo a Charlie a flote durante sus peores días.
Sin embargo, aquella mañana, todo era completamente diferente, los últimos días había tenido que contener tal cantidad de sentimientos, que por mucho que lo intentara ahora; no llorar, no derrumbarse y no sentirse absolutamente derrotado frente a la mirada tranquila y serena de Charlie, era todo un imposible.
No sabía exactamente a que hora, pero se había quedado dormido, tras desahogarse, como nunca lo había hecho, en los brazos de su hermano, hasta quedar extenuado.
"Tu no les has visto estos días." Don escuchó la voz de su hermano, mientras se iba despertando finalmente, hablando muy bajo, obviamente no quería despertarle. "Cuando lo vi en el hospital, con la mirada tan ausente y tan abatido, sentado a mi lado, desde no sabía cuantas horas antes, supe que no podía decirle nada, eso le hubiera destrozado."
"¿Por qué no me lo dijiste a mi?" Don también pudo escuchar la voz de su padre.
"Porque sabía muy bien como ibas a reaccionar y lo que ibas a decir. Aunque fue terrible lo que hizo Don, yo tampoco estuve demasiado acertado al ir aquel día a su apartamento."
"Pero fue Don quien…"
"Lo se de sobras papá, se muy bien lo que ocurrió e imagino que tardaré mucho tiempo en recuperarme de ese recuerdo." Don notó la mano de Charlie acariciando su pelo, como siempre había hecho él cuando era su hermano pequeño el que se quedaba dormido. "Pero ya lo has visto, lo has oído gritar, has visto su expresión. Nunca le había visto llorar, nunca lo había visto como está ahora. ¿No crees que ya lo ha pasado demasiado mal?"
El silencio se hizo en el cuarto, momento que aprovechó Don para moverse. Abrió por fin los ojos y se dio cuenta que todavía estaba apoyado sobre Charlie. Se volvió hacia él, que lo miró con una sonrisa en los labios, algo que Don agradeció en ese momento, más que nada en el mundo. Se incorporó en la cama y también dio con la mirada de su padre.
Se sentó en la cama, mientras los dos hombres le observaban. Se sentía mal, demasiado mal después de lo que había escuchado, como para no decir nada, como para hacer que no había oído nada y dejar que las cosas siguieran su curso solas.
"Lo siento." Dijo por fin apenas con un hilo de voz, sin levantar la vista hacia ninguno de los dos. "Charlie, no se como pude golpearte, gritarte de esa forma, aunque suene demasiado tópico, sabes que nunca hubiera hecho algo así, de no haber sido por…"
"Lo se muy bien, lo supe entonces y lo se ahora."
"No Charlie eso no es excusa, no cuando has estado a punto de morir por mi culpa, no cuando somos incapaces de dormir ninguno de los dos por las noches a causa de las pesadillas, no cuando casi no soy capaz de mirarte a los ojos desde aquel día."
Charlie se quedó en silencio de nuevo. Le sorprendía escuchar a su hermano hablar así, siempre siendo capaz de mantener la compostura en cualquier situación, siempre tan dialogante y ahora apenas podía pronunciar dos palabras seguidas sin que la voz se desgarrara.
"¿Crees que podrás perdonarme algún día?" Alan se levantó del sillón en el que llevaba más de una hora sentado y fue hasta la puerta, dispuesto a dejar a sus ojos solos. "Espera." Don no esperó la respuesta de su hermano. "También necesito que me lo digas tu, que me podrás perdonar por lo que hice y por no haber hablado contigo, por no haber tenido el valor para contártelo todo a tiempo."
Alan se detuvo donde estaba, no se había esperado que su hijo mayor dijera eso. Al darse la vuelta, se encontró con la mirada penetrante de Don en él, que un momento después desapareció en la sábana con la que tenía entrelazados sus dedos, no podía mantenerle la mirada por mucho tiempo.
"Sólo necesito saber, que algún día podréis perdonarme."
Don se estremeció cuando la mano de su hermano se puso sobre su hombro y si no hubiera estado controlando sus sentimientos, como siempre, hubiera comenzado a llorar de nuevo al escuchar la voz dulce y sosegada de Charlie tan cerca de él, pareciéndose tanto al mismo Charlie que conocía antes de que todo aquello comenzara, el mismo al que había estado protegiendo durante toda su vida.
"Don, eres mi hermano y no voy a negar que te pasaste demasiado el otro día y que seguramente tendremos que ayudarte a superar tu problema con la ira." Charlie se sentó junto a él, abrazando más a su hermano, como si de repente el se hubiera convertido en el hermano mayor, en el que daba los consejos, en el que sabía todas las respuestas. "Pero te quiero igualmente. Te quiero por todo lo que has hecho por mi; te quiero por haber cuidado de mi cuando mamá murió."
"Charlie, lo que dije sobre mamá, aquello de que sacrifiqué mi vida por ti." Don se detuvo un momento, pensando muy bien sus palabras, tratando al menos esta vez, de hacer las cosas bien. "Nunca lo pensé de verdad, porque lo volvería hacer, volvería a quedarme contigo, si con eso te ayudara a sobrellevarlo."
"Ya lo se."
Charlie sonrió. Hacia tantos días que esperaba que Don dijera algo así, que soltara de una vez todo lo que llevaba dentro, que ya había llegado ha pensar que no lo haría nunca. Pero ahora por fin, lo estaba escuchando, lo estaba viendo, decir lo que le estaba destrozando y aunque no fuera a reconocerlo, Charlie sabía que su hermano se comenzaba a sentir mucho mejor.
No era cuestión de que un momento más tarde, todo el daño y todo el dolor causado aquella noche, fuera a desaparecer sin más, pero por lo menos, aquella declaración mutua de sentimientos y pensamientos ya era un paso más importante para los dos.
Sin embargo, Alan todavía no había dicho nada, todavía no se había movido de la puerta, pues todavía estaba pensando si quedarse o no en la habitación, si escuchar la declaración de su hijo era suficiente para comenzar a confiar en él, si haberle visto llorar la noche anterior ante la cama de su hermano pequeño, era suficiente para pensar que las cosas podían volver en algún momento a su cauce.
"Papá, por favor, di algo." Alan había estado tan inmerso en sus propios pensamientos que no se había dado cuenta que Don estaba hablando con él. "Papá, tal sólo di algo." Aquella súplica fue demasiado para Alan.
"No se que decir, porque todo esto es demasiado para mi, me sobrepasa pensar lo que podría haber ocurrido si el accidente hubiera terminado de otra manera." Don palideció de repente y tanto Charlie como Alan se dieron cuenta.
Don había pensado tantas veces en esa hipotética posibilidad, había soñado tantos días con la muerte de Charlie, se había despertado tantas veces sobresaltado, sudando y gritando porque su hermano pudiera haber muerto ese día, que ahora que lo nombraba su propio padre, no podía evitar que el estómago se le revolviera.
"Pero no ocurrió." Charlie se levantó por fin y fue hasta su padre. "Papá, desde luego que esto no va a ser fácil para ninguno de nosotros, pero si hay una posibilidad, por pequeña que sea, de que puedas llegar a perdonarle por lo que hizo. Por favor papá, al menos concédeme a mi eso."
Alan suspiró, sabía que su hijo menor llevaba razón y aunque no lograba comprender del todo, como era posible que Charlie tuviera esa enorme capacidad de perdonar hasta las peores situaciones; observar el miedo en el rostro de Don, un terror, que pocas veces había encontrado en su hijo mayor, fue suficiente para tender la mano que le había pedido Charlie.
"Supongo que con el tiempo, es posible que pueda." Discretamente, Don comenzó a respirar con cierta normalidad, había tenido miedo de un rechazo por parte de las dos personas más importantes de su vida, que no fueran a perdonarle, cosa que hubiera entendido perfectamente.
En tal caso, no era capaz de pensar lo que hubiera hecho, si Charlie le dijera que le odiaba por lo sucedido, si le hubiera dicho que no quería volver a verle nunca más o simplemente, que tenía miedo de que le volviera a hacer algo similar y si además su padre no hubiera pronunciado aquellas últimas palabras, seguramente el mundo se le hubiera caído encima sin remedio.
Pero no había sido así. No le hacía falta escuchar a su padre decir nada más, para saber que arreglar todo lo que el mismo había estropeado no iba a ser fácil, desde luego, pero al menos le habían dado una oportunidad y no pensaba desaprovecharla.
"Mañana por la mañana hablaré con Megan." Dijo por fin Don, mientras su padre y Charlie lo miraban en silencio. "Le contaré todo lo ocurrido y le pediré ayuda."
"Don no es necesario, nosotros podemos…"
Don sonrió. Todavía entonces después de conocer desde hacía treinta años a su hermano, le sorprendía la persona en la que Charlie se había llegado a convertir y por eso le quería tanto.
"No Charlie, eso ya no vale. Si hubiera hablado con vosotros antes y os hubiera dicho que tenía algún problema, tal vez las cosas habrían sido diferentes." Los dos hombres continuaron escuchándole en completo silencio.
"Don, ¿de que estás hablando?" Charlie se volvió a sentar a su lado en la cama.
"¿Recuerdas que hace unos meses estuve viendo a un psicoanalista?" Charlie asintió. "Lo dejé."
"¿Por qué?"
"No lo se, de verdad que no lo se. Después de eso, de lo Colby y luego romper con Liz, supongo que fueron demasiadas cosas que guardé sólo para mi y que tenía que haberle contado a alguien."
"¿Por qué no empiezas ahora en lugar de pagar a alguien para que te escuche?" Charlie volvió a sonreírle, como el hermano pequeño y comprensivo que siempre había sido y el que tanto echaba de menos Don.
"Charlie ¿de que estás hablando?"
"Cuéntanos el sueño de antes, el que tanto te ha sobresaltado." Los dos hermanos se volvieron hacia su padre que hablaba por fin. "Creo que sería un buen principio."
"¿Estáis seguros? No se tal vez…"
"Don, has dicho que tienes demasiadas cosas en tu cabeza. ¿No crees que sería un buen momento de descargar parte de ese peso?."
Don contempló a su hermano y a su padre un momento más en silencio y recapacitó. Toda su vida había estado haciéndose cargo de algo, bien de su hermano, bien del dolor causado por la muerte de su madre, bien de su equipo.
Siempre había habido algo que le había hecho ser demasiado fuerte, había conseguido que aparentemente, las cosas no le afectaran como al resto del mundo, pero con ello, sólo había conseguido que el mar en el que se ahogaba cada día fuera más profundo.
Charlie tenía razón, tenía que soltarlo, contarle a alguien en quien de verdad pudiera confiar todo aquello, y tenía que hacerlo pronto si no quería que algo tan grave como lo ocurrido esos días volviera a suceder,
"Muy bien, pero agradecería tomar un café mientras tanto."
Charlie se levantó de inmediato, seguido de su hermano. "Buena idea, creo que vamos a necesitar una cantidad considerable de cafeína para todo este rato."
Los dos hermanos salieron de la habitación y Alan fue el último en hacerlo. No sabía como Charlie era capaz de hacerlo, pero aunque no fuera a decirlo, aunque durante mucho tiempo el accidente, la pelea entre sus hijos y que ambos se lo escondieran fuera a pesar sobre él, ver a Charlie apoyar de esa forma a su hermano, era suficiente para Alan como para estar seguro de que las cosas podrían volver a la normalidad con un poco de tiempo. Obviamente, las cosas no iban ser fáciles, pero al menos estaba seguro que todo aquello podía tener una solución.
