Buen, este es un cap MUUUUUUUUUUUYYYYY chuchi cochi chiqui, esponjadito y tiernito jajaj, así que ya están advertidos… aún que al final no es tan tierno…
Es un cap principalmente de MURTAGH ¡SI, TIERNO!!!!!!!!!!!!!! Cómo será esto… bueno, es para que recuperen su amor por mi jinete favorito ejej, la gente comenzaba a dejar de quererlo, pero no he dejado de lado su personalidad ¡SINO NO SERÍA MURTAGH! Buen, grax SupernaturallyMURTAGH por el review, seee, yo también me babeé al conectar la palabra musculoso con MURTAGH jajajaja, buen, este cap va dedicado a vos y a todos los fans de MURTAGH!!! ¿Por qué grito ese nombre? JAJAA. Los dejo gente, siéntanse enternecidos y griten como yo al imaginárselo jajajaj besos
Val
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Murtagh caminó por el bosque, respirando con dificultad ¡Maldición! como le dolía… todo a decir verdad. Había sanado los cortes del látigo, pero aún le dolía el cuerpo. Desde dentro de su chaleco sacó el pergamino, seguía brillando levemente en la penumbra de la habitación, pero no con la misma intensidad que en un comienzo, parecía más bien una especie de aura.
Con manos temblorosas y entumecidas por el frío tomó el pergamino y buscó un lugar donde pudiera esconderlo por un tiempo. Le daba cierta curiosidad abrir el pergamino, no codicia ante la idea de controlar a alguien, aquello le daba asco y desprecio, eso era exactamente lo que estaban haciendo con él, no se lo haría jamás a nadie; pero sentía la tentación de ver que pasaba si lo habría, tal vez algo magnífico. No, que estupideces estaba diciendo. Se recostó contra un árbol y miró alrededor, era el lugar donde solía jugar con Saeth de niños, curioso que hubiera terminado allí…
Recorrió con los cansados ojos el lugar. Saeth… ¿Podría algo haber sido más doloroso que ver aquel destello en sus ojos? Entregarlo a Galbatorix… Maldito asesino, vieja serpiente venenosa, con él podía meterse todo lo que quisiera, pero no con Saeth. Dejó que la furia se hiciera cargo de su cuerpo por enésima vez en esa tarde, miró al cielo y vio que se acercaban unas nubes de tormenta. A lo lejos se veían las Vertebradas, casi como una pequeña línea en el horizonte cuyo contorno borroso se confundía con el oscurecido cielo, cómo le habría gustado montar en Espina y salir de allí, hacia ningún lugar, sólo huir junto a Saeth, tal como ella le había dicho cuando eran pequeños: Escapar volando como en los cuentos de hadas.
Miró hacia arriba y sintió que el corazón le daba un vuelco al ver una blanca construcción de madera sobre el gran árbol.
¿Qué es eso? –le llegó la pregunta de Espina que volaba en lo alto.
Breoal –dijo Murtagh poniéndose de pie y tratando de subir al árbol.
Sonrió tristemente, casi podía recordar aquella inocente voz relatándole cómo era que iban a encontrar una isla maravillosa en la que construirían un nuevo reino, donde todos fueran felices y las niños tuvieran a sus padres…
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-…Y nadie llorará por que no habrá razones para estar triste… y… y –la niña frunció el ceño pensativa mientras trataba de buscar más descripciones para su mundo feliz.
-Y tu mamá y la mía estarán allí –dijo Murtagh con una tierna sonrisa, le encantaba verla fantasear con aquel mundo que hacía mucho tiempo habían decidido llamar Breoal, por que en el lenguaje antiguo significaba hogar y familia.
-¡Si! Y nos esperarán con un rico pastel en el castillo que será color rosado.
-Creí que habíamos dicho que sería celeste –Murtagh frunció el ceño, el rosa era un color demasiado afeminado, no quería vivir en un castillo rosa.
-Muy bien –Saeth hizo rodar sus ojos –Será… mmm… ¡Color perla! Como el de la historia, con estatuas doradas. Y los bosques tendrán flores rosadas y punto.
-Está bien… flores rosadas –accedió de mala manera.
La niña de seis años sonrió satisfecha y siguió jugando con la florcilla que tenía en su mano.
-Y habrá dragones, muchos dragones, pero no como el de papá, estos serán de colores lindos.
-Y yo seré un caballero –agregó Murtagh trepando al árbol –Y… -miró la copa, las gigantescas ramas se curvaban formando una extraña clase de construcción bastante grande –Saeth…
-¿Qué? –la niña lo miró con curiosidad poniéndose en puntas de pie para tratar de ver a su amigo.
-Creo que acabo de encontrar el castillo de Breoal… -dijo pasando una mano sobre la rugosa superficie del árbol.
-Eso es un árbol tonto.
Murtagh la miró exasperado mientras bajaba –No, mira, podemos construir nuestro castillo, y Tornac puede ayudarnos, servirá hasta que viajemos a Breoal, será… una pequeña ciudad de Breoal, luego cuando seamos más grandes viajaremos a la gran capital y el castillo principal.
Saeth dudó, pero sus ojos poco a poco comenzaron a maravillarse, como si pudiera ver los grandes salones, las decoraciones y todo el esplendor de un castillo.
-¡Si! ¡Vamos a buscar a Tornac!
-¿Ya?
-¡Si, Muragh., una ciudad no se construye en dos días! –Dijo tironeándole el brazo – ¡Vaaaamosss!
-Está bien, está bien, ya voy.
-Y lo podemos pintar de color blanco brillante y voy a traer flores rosadas de todos lados para decorar el bosque así queda como el de Breoal… -continuó la niña mientras caminaba a su lado dando saltitos, Murtagh solo asentía y agregaba algún comentario cada tanto, sin dejar de sonreír de aquella forma infantil, imaginando lo felices que serían en su nueva ciudad.
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¿Breoal? –dijo espina con cierta burla en su voz.
Si –fue lo único que dijo el muchacho con una sonrisa mientras se internaba en la casa del árbol cuya pintura perlada estaba algo gastada. Dentro había cierto olor a humedad de bosque y las enredaderas parecían haberse ido apoderando del lugar con el tiempo, pero casi podía verla brillar de aquella forma, con Saeth en un rincón jugando con su muñeca y él con sus muñecos de madera.
Sonrió al ver unas espadas de madera sobre una mesita y el escudo que ellos habían inventado colgado de la pared. Recordaba los bailes que la niña organizaba en los que lo obligaba a bailar como si se tratara de un príncipe, o las grandes batallas por la liberación de Breoal que en realidad se trataba de espantar a las aves que se acercaban, o quizá algún monstruo imaginario. Una risa se escapó de sus labios al acordarse de la vez en que habían hecho subir a Tornac y lo habían nombrado caballero, teniendo este que hacer una serie de tradiciones graciosas para completar el ritual, como por ejemplo llevar una corona de flores que Saeth había hecho para él, o batirse a duelo con el gran troll que no era más que un árbol viejo lleno de musgo.
Fue a mirar en la repisa sobre la que esperaba una gran cantidad de juguetes olvidados, casi pidiendo que los usaran, que un niño volviera a sonreírles, sobre el cuello de un dragón vio brillar algo, entonces recordó. Por mucho tiempo se había preguntado que había sucedido con aquel collar, un regalo de Saeth cuando había cumplido trece, él lo había escondido para que no lo obligara a usarlo.
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-Vamos Murtagh, ponte el collar –Saeth intentaba colocar una cadena sobre el cuello del chico, cosa bastante difícil pues él era más alto.
-No quiero, los collares son para niñas –trató de alejarla con los brazos, cerrando los ojos como si el collar fuera venenoso.
-Tornac tiene uno.
-Pues problema de Tornac si le gustan las joyas de niña, yo no voy a usar un collar.
-Es de color rojo, a ti te gusta el color rojo –la niña hizo un puchero.
-Muy bien… -tomó el collar, mañana me lo pondré. Vio que la niña sonreía, pero cuando ella se dio vuelta se apresuro a esconderlo en el cuello de un muñeco.
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Tomó el collar con una mano temblorosa y se lo colocó en el cuello, no era para nada de niña, era una cadena de plata con un dije en con la forma de un dragón que se enroscaba alrededor de una piedra roja; pero en aquel entonces era un niño, y no quería tener nada que ver con cosas de niña, suficiente tenía con que los soldados se burlasen de él cada vez que Saeth iba a verlo a los entrenamientos, pero por más que se mofaran el no la habría apartado, la quería mucho, y luego de que su madre y su padre murieran parecía ser la única persona que se preocupaba por él.
Guardó el pergamino dentro de un cajón, estaría a salvo allí hasta que pudiera encontrar la forma de hacérselo llegar a Eragon. Por un momento clavó la vista en la nada, tratando de imaginar cómo habría sido todo si Eragon, Saeth y él hubieran crecido juntos, se habrían divertido a montones, en algunas ocasiones terminaba siendo aburrido ser siempre ellos los únicos niños en todo Uru'baen. Pudo ver en un rincón a tres niños cuchicheando entre risas, Saeth, él y un niño de cabello castaño y mirada inocente. La cantidad de veces que había soñado con tener un hermanito, las cosas que le podría haber enseñado… Sintiendo los ojos húmedos recordó las noches en que practicaba con Eragon durante el viaje, casi como hubiera sido de haber vivido como hermanos.
-Hermano… en que me he convertido…
Soltó un resoplido y se obligó a espantar aquello, estúpidos pensamientos, ya no era un niño, estaba en el mundo real y Eragon lo odiaba, como si pudiera culparlo, era un traidor, un sucio traidor, estaba a merced de Galbatorix como una despreciable y débil criatura, y no había nada que pudiera hacer para remediarlo. Ahora tenía que tratar de hacerle llegar el pergamino a Eragon, algo difícil pues estaba obligado a atacarlo y llevarlo por la fuerza a Uru'baen en cuanto lo viera, pero era el único bien que estaba capacitado para hacer, rogando que tal vez el muchacho tonto se volviera lo suficientemente fuerte como para vencer a aquel viejo tirano ¿Qué le importaba lo que pasara después? Si Cyron y Galbatorix morían el sería libre, libre de hacer lo que quisiera, si al mundo se le antojaba volverse un caos anárquico no sería su problema, ellos lo habrían querido así.
No sabía que pensaras así –lo interrumpió Espina casi inaudible, aterrizando junto al árbol.
No pienso así, pensaba así –lo corrigió –Ahora sólo pienso lo que ellos quieren.
Eso es una idiotez, no soy muy de preocuparme por los demás, pero no nos pueden forzar a hacer nada. Hacemos lo que se nos da a gana, y si a ti se te da la gana ir corriendo tras tu hermanito con un papelito que sirve para no se que, no se que puede impedírnoslo.
Cyron nos lo impide Espina, ya lo sabes.
Si, en cuanto vea a ese intento de humano le arrancaré la cabeza de un mordisco.
Ojalá pudiéramos amigo, ojalá pudiéramos… -miró al cielo y vio que comenzaba a llover.
Espina se agachó un poco –Ven, regresemos al castillo antes de que te den otra linda lección de obediencia.
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-¡Dejaste escapar al jinete! -gritó Cyron dándole un fuerte golpe a la chica frente a él –le dije al rey que no podíamos confiar en ti, eres débil, igual que el idiota de tu novio, igual de débil que tu estúpida madre. Tendría que haber usado tu nombre verdadero.
Jaru soltó un rugido y embistió contra el hombre, pero este lo mandó a volar contra la pared con tan sólo susurrar unas pocas palabras. Cyron se agachó y agarró con fuerza e rostro de la chica que contenía su furia para no terminar como Jaru, o aún peor.
-¡Estoy orgullosa de ser como mi madre!
Cyron la ignoró y caminó hacia donde estaban tirados los cuerpos de los ra'zac y sus monturas. La había enviado para silenciarlos, estaban causando mucho caos en los alrededores y por lo tanto mala imagen al rey, la gente comenzaba a revelarse, y eso era lo que menos necesitaban con el rumor de los idiotas de Carvahall rondando por el imperio. No, se lo había dicho a su rey, tenían que mantener las lealtades de su lado, si todos comenzaran a revelarse se achicarían sus filas, y necesitaban un gran ejército para hacerle frente a los rebeldes, necesitaban otro dragón, y los espíritus le habían dicho quién era, tan sólo tenía que ir a por él, su mente débil sería fácil de manipular, ni siquiera necesitaría averiguar su nombre verdadero. Susurró algo por lo bajo y una imagen brillante y transparente de un hombre apareció frente a él, su mirada transparente nublada de tristeza, y ardiendo de odio hacia el hechicero.
-¿Hacia dónde? –preguntó.
La etérea figura pareció intentar negarse, y clavó los ojos en la chica que lo miraba boquiabierta.
-¡Estás bajo mi dominio asqueroso espíritu bueno para nada! ¡Dime dónde está el jinete, el hijo de los elfos!
-Vardenos –dejó escapar Brom, casi con culpa y luego miró a Saeth –Protégelo –dijo mirándola suplicante, ella asintió sin que Cyron la viera.
-¡Cállate! –Ordenó el hechicero agitando el brazo, de manera que el fantasma se esfumó –Ya has escuchado chica, ve a Farthen Dür, disfrázate para que nadie te vea, si no está allí ve a Surda, pero llévalo ante el rey, o te juro que te arrepentirás de haber nacido.
-Ya lo hago, a cada día que pasa –dijo con una mirada vacía.
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¿No les dije que era MUY tierno? Casi muero imaginándome a Eragon, Saeth y Murtagh de chiquitos, jeje, o a Tornac con una corona de flores rosadas peleando contra el tronco de un árbol aajajajajaj.
CASI, casi llora, pero no, aún no me larga la lágrima el desgraciado de Murtagh ¡Demasiada ternura, no podía llorar o ya la cagaría! ¡Que es un macho, che! ¡Los machos no lloran! Jajajaj
Buen, los dejo… ya verán quien es el prox jinete, puede ser tanto mujer como varón, por que es más práctico decir el jinete que el/la jinete ¬¬
¿Quién seraaAaaaa? Creo que no es nadie que se tengan en mente, pero yo le tengo esperanza, a menos aún no leí ninguna teoría de que fuera a ser jinete.
AHH! Jajaja, yo les iba a contar que hoy conocí un elfo!!!! Jajajaja XD
La cosa es así, fui a sacarme unas radiografías, y el chico que atendía les juro que era un elfooooooooOOOOOOO AJAJAJ tenía los mismos ojos rasgados, cabello rubio natural, medio largo, piel algo bronceada, pero no llegaba a ser morena, No le vi las orejas en punta por que sino le pedía un autógrafo ajajjajaaj Lo voy a usar para alguna historia jaja.
La cosa es que quedé fascinada con mi encuentro con un elfo ajajajjaajajajaj hay diosssssss
Mejor me voy, besos gente
