¡Qué injusto!... Desde el 21 de septiembre no habéis tenido noticias mías. Desde el 21 de septiembre nada. He desaparecido. La noche, la negra oscuridad, se ha llevado mis palabras, ha ahogado mi voz. MDUL ha perecido durante tres meses y algunos días. Tres meses y diez días que, no sé a vosotros, a mí se me han hecho eternos.

Pero MDUL, cual el fénix, renace de sus cenizas...

Me había prometido que publicaría antes de que el año acabase. Y cumplo mi promesa, doblemente. Cumplo mi promesa, sólo que tarde, en el límite. Pero cumplo mi promesa. Espero que no me guardéis mucho rencor, pues ya es suficiente con el que yo me tengo. MDUL tenía que volver una vez más en 2007; MDUL tenía que volver durante las Navidades; MDUL tenía que volver con dos capítulos para compensar la ausencia; pero MDUL tenía que volver, más que nada, por vosotros. Porque vosotros siempre habéis sido la esencia de esta historia, la sal y la pimienta, la canela que lo aromatiza. No me cansaré de decir que MDUL no es nada sin sus lectores... Se puede pensar que MDUL no es nada sin su autor, porque, cuando éste desaparece, MDUL nada es; pero sus lectores sois constantes, me despegáis sonrisas que mal sé responder, y MDUL sigue floreciendo en la oscuridad de la caverna, iluminado por la aurora bañada de rocío de vuestras sonrisas. MDUL sois vosotros. Y por vosotros he vuelto, arañando tiempo de donde no lo tengo. Vuestra larga espera, vuestra infinita paciencia, se merecen mejores dones, pero el único que tengo a mi disposición para entregaros es éste: doble capítulo de MDUL, como regalo de Navidad, por haber sabido esperar; porque la intriga, aunque lentamente, continúa. Porque, básicamente, os lo merecéis.

Y bien, ahora vienen las justificaciones. En las que me extenderé un poco (quizá más de la cuenta, robando muchas palabras a los comentarios individuales que siempre os regalo), porque seguramente muchos tendrán listas las guadañas, empuñadas las sierras mecánicas, abrillantadas las azadas, y me vendréis a perseguir hasta que me canse de correr y deis con mi cuerpo, y saquéis sangre de debajo de la piel y con mi muerte vuestra sed de venganza quede saciada. No os faltaría razón, por otra parte. Tres meses y diez días, ya lo he dicho. Y no es ni siquiera la primera, lo cual no sé si es un pretexto en mi favor o en mi contra.

Para calmar a los pocos que se preguntan por mí (y respondiendo explícitamente a la pregunta de Punkitty o SeinLupin), estoy vivo –eso ya se demuestra con sólo ver que utilizo mi cuenta, cuya contraseña sólo yo conozco, y que he actualizado dos capítulos de MDUL–. Para seguir calmándolos, estoy de maravilla. En otras ocasiones he podido ausentarme por otros motivos muy distintos y acaso muy desagradables, pero ésta no es la razón ni la será. Mi desaparición ha coincidido con la reanudación del curso escolar y mi rehabilitación en "fanfiction" ha coincidido con las vacaciones de Navidad (¿coincidencia?). Como muchos sabíais, se me avecinaba un curso difícil, uno de los cursos más acaparadores de toda mi especialidad según dicen, y ahora yo puedo ratificar que así es. Por desgracia, tenía que ir a clase por las tardes, y, por tanto, estudiar por las mañanas, y quien haya pasado por esto sabrá que las mañanas se le van a uno en un suspiro y que nada queda más que para estudiar. Para colmo de males, o de imbecilidad, solicité el programa de "alumno colaborador" con mi profesora de Historia de la Lengua y me lo han concedido. Conque me he estado preparando extra para facilitar exposiciones en clase y demás. Y, por si esto no fuera poco, he solicitado un puesto de trabajo en la facultad como "alumno colaborador en la implantación de los créditos europeos", lo cual me roba algunas mañanas. En verdad me siento pletórico, lo que hago me satisface, me llena, pero el tiempo no me acompaña, y aún no se han inventado los días de veintiocho horas.

Tenía sólo dos capítulos de reserva (ahora sólo uno, el que acabo de escribir, cuando publique estos dos), pero, en un principio, me oponía a romper mi pacto de sólo subir un nuevo capítulo cuando hubiese terminado de redactar otro. La composición de éste, por los motivos anteriormente aducidos, se retrasaba. Sabía que me demoraba. Me impacientaba. Y, conforme más me impacientaba, peor era lo que salía de mi teclado los pocos ratos que me ponía frente al ordenador. Pero ahora, por fin, después de mucho, escrito está, un nuevo capítulo que aparecerá próximamente, y, para compensar, son dos los que publico. También es cierto que podría haber dejado un "review" para dar señas de que estaba vivo, pero no me parecía honesto dejarme un "review" a mí mismo. Así que a algunos, si los encontraba en el msn o por las circunstancias varias que fueran, les decía que estaba vivo, que MDUL iba lento y que más lento iba yo.

Sé que esto no me disculpa ni estoy pidiendo que me perdonéis. Sólo expongo cuanto hay. Ojalá dispusiera de más tiempo para más poder escribir (porque también por esta parte Elena va a terminar decapitándome algún día), pero hay que valorar el poco tiempo que se tiene y emplearlo como buenamente se pueda administrar.

Quisiera agradeceros a muchos el que os hayáis interesado por mí, no sólo por MDUL, y que hayáis antepuesto esta preocupación a la de la falta del capítulo. Eso me ha hecho sentirme muy orgulloso de las amistades que en vosotros tengo. Cierto que no las correspondo como debería, pues os he tenido abandonados, y mentiría diciendo que voy a enmendarme en lo venidero, pues sé que el tiempo va a seguir siendo escaso cuando las vacaciones acaben, pero sabed que os sigo leyendo, me seguís apoyando en la distancia y os guardo un gratísimo aprecio.

Espero que esta larga explicación os satisfaga. No serán, en cambio, tan largas las respuestas que uno a uno os iré dedicando, me temo. Básicamente por lo mismo: falta de tiempo. Espero esto también me lo sepáis perdonar. Lo único que deseo es que próximamente, si no largas, sean más frecuentes.

Por fin: Respondo "reviews":

SEIN LUPIN. ¡Quique volvió! Esta frase se ha convertido casi en algo así como un "leitmotiv": llegué a reírme cuando la vi seguida en tu último "review" y en el último también de Punkitty. Si te sirve de consuelo, eso me sirvió de aliciente (entre otras cosas) para ponerme las pilas y terminar de escribir el último capítulo (para colmo estaba quedando demasiado largo, me impacientaba, salía mal, brrrr!!). Y no, no trataba con esto ni mataros ni dejaros con la intriga. Son avatares que suceden, que ocurren sin pensarse, y que fastidian, por supuesto, pero contra los que no se puede luchar. Espero que me disculpes, porque tú opinión me vale mucho y no quisiera que te molestases. ¡En verdad has sido la que más "reviews" me has dejado reclamándome!, algo impaciente sí que tenías que estar. Pues ya ves, volví, vivo, aunque no lo parezca. Falló tu "chip", pero sólo porque soy un cafre que se ha tomado tres meses para actualizar. Espero que no me guardes demasiado rencor, y, si me lo guardas, viviré con ello porque la culpa es mía, enteramente mía, lo sé. Lo siento, Miriam... A más ver, cuídate.

PUNKITTY. Pues a ti te digo lo mismo. ¡Volví! Estoy deseando ver cuáles son las palabras que me dedicas. Seguro que tan sarcásticas como acostumbras. Deseo que tú, entre tanto, hayas tenido la ocasión de encontrar el talento, aunque ya te he dicho muchas veces que tu búsqueda es vana porque lo tienes delante de las narices. No sé si puse suficiente hincapié en ello, pero me hiciste inmensamente feliz cuando, de improviso, me enviaste las grabaciones. Todavía recuerdo ese gesto, y esas notas que me regalaste, con una sonrisa. Es, sin duda, una de las sorpresas más gratas que me han dado durante el 2007 que ya se acaba. Como dices tú: «Como estuvo este 2007 que se va...» Espero que el 2008 que entra sea para ti tan satisfactorio como ha resultado éste para tus proyectos musicales. Nada me haría más dichoso, aunque desapareciese por mil años y tú me vinieses persiguiendo por detrás. Cuídate mucho.

MELINA. Hola, qué hay. Al final no me mandaste el correo que prometías, pero ¿acaso puedo reprochar yo algo?... O quizá te hartaste al ver que no daba señales de vida. En cualquier caso, Melina, espero que no estés muy molesta, y que podamos retomar nuestras profundas conversaciones algún día. En este... paréntesis, he tenido tiempo para leer algunas cosillas y hasta me gustaría que, de poder, me permitieras contactar con esa amiga tuya que dices que reconoce tus vidas anteriores. Bueno, creo que ya voy surtido, espero volver más a menudo y que no me guardes rencor, cuídate.

JOANA. ¡Aquí me tienes¿A que parece mentira?... Yo tampoco me lo creo, pero aquí estoy, al fin. Debo reconocer que tus comentarios me obligaron, de alguna manera, a ponerme las pilas y acelerar el proceso de redacción. Me dije: «Pero si, Quique, te quedan unas cuantas escenas. ¡Escríbelas y punto!, aunque sea quedándote sin dormir». Y también tienes la culpa un poco de que actualice con dos capítulos, que no quiero que te quedes con las ganas tú que has tenido la oportunidad, o suerte, de catar antes que nadie. Así que espero que los disfrutes¿vale? Y ya me cuentas cómo te va en la universidad¿va? Cuídate.

PIKI. ¡¡¡Cuánto tiempo!!!... Sí que hace que no nos hablamos. ¿Cómo has acabado tu primer trimestre de Bachillerato? Y tranqui, que no beberé, que soy un conductor muy cauto: sí, ya he leído tu comentario en el grupo de MDUL y tengo que reconocer que me reí de lo lindo. Y sí, también vi el enlace al "blog" que me enviaste, lo leí y me pareció precioso que me dedicaras unas palabras así, tenía que decirlo. Tendría que habértelo dicho antes, pero entre unas cosas y otras se me ha ido de la cabeza. Pero ahora no pierdo la oportunidad. Y lo siento si te tenía que dejar una firma rubricada por ahí, por algún lado, pero no soy muy avezado en materia de "blogs" y eso, espero que me disculpes. Y también espero que me disculpes por todas las ocasiones en que no hemos podido charlar por el msn: ayer, sin ir más lejos. Lo dejé encendido porque iba a estar haciendo unas cosas alrededor (por eso puse lo de "no estoy. toque y vengo", pero no lo verías), pero, para cuando me acerqué, ya no estabas conectada. La verdad es que lo lamenté profundamente. Pero ya tendremos oportunidades de charlar en el futuro. Lo importante es que sigas bien¿vale, guapetona? Te me cuidas, besos.

VALITA. ¿Que si me acuerdo de ti? Pues claro, Valentina, qué tal. Ya creía que te había tragado la tierra, que habías dejado de leer MDUL o lo que fuera. ¿Cómo te ha ido la vida? Bueno, ya veo que de maravilla. Hombre, nos podrías haber avisado que te ausentabas (mira quién lo dice...), pero es por una buena casa. ¡Nada menos que en Nueva Zelanda!, te lo tienes que haber pasado en grande. ¿Quién se hubiera podido poner en tu lugar?, básicamente porque mi conocimiento de inglés sigue siendo muy normalito. Así que, Valentina, me alegro muchísimo de haber podido volver a saber de ti; no es necesario disculpar nada porque no has hecho nada malo, has hecho algo muy interesante como es un viaje de estudio, espero que lo hayas disfrutado y ya me seguirás contando tus peripecias allí. Tenemos mucho tiempo, muchas anécdotas, perdido que recuperar. Me alegro de que hayas vuelto, pequeña. Cuídate mucho.

FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO A TODOS

CAPÍTULO XIX (FICCIONES DE FANES)

–¿Y Hermione, no iba a venir? –preguntó Tonks, que lucía hoy una rizada melena rubia hasta que Ángela, sin pelos en la lengua, le dijo que aquel tono no le favorecía y con ironía le añadió que qué tinte había utilizado, y la profesora de Vuelo en Hogwarts, que la cogió al vuelo, sin ofenderse, recuperó su habitual tono rosa chicle.

–Me ha avisado de que al final cree que no va a venir –contestó Ginny. Cuando la señora Nicked le preguntó extrañada el motivo, la chica, encogiéndose de hombros, agregó–: Ni idea, sólo dijo que estaba indispuesta. Y lo dijo llorando. –E inclinándose hacia delante para tomar uno de los números iguales de Corazón de bruja que había sobre la mesa baja de la casa de Ángela, dijo–: Pero creo que es esto quien tiene la culpa.

Y leyó:

–«Hermione estaba muy obsesionada desde que comenzara sexto curso, aunque a nadie hablaba sobre aquel asunto. Más aún de lo que venía siendo habitual, Hermione se encerraba durante horas en la biblioteca, custodiada por pilas de libros que la ocultaban a la vista de los demás.

»Harry y Ron no lo sabían, pero a la una de la mañana bajaba puntual a la sala común de Gryffindor todos los días, donde, con los ojos medio cerrados por el sueño, volvía a imbuirse en la lectura de aquellos gruesos volúmenes y hacía extraños movimientos con la varita que nunca parecían fructíferos.

»Aquella noche Hermione estaba más nerviosa de lo acostumbrado, pero se concentró más que nunca. Dejó el libro de doradas tapas sobre la mesa y cogió la varita con determinación; hizo una nueva floritura al aire y pareció quedar satisfecha. Enseguida, se dijo para sí:

»–Creo que estoy preparada... No debe ser difícil ahora... Probemos.

»Y apuntándose a sí misma con su varita, cerró los ojos y pronunció un complicado encantamiento. De la varita surgieron miles de rayos de luz, de varios colores, y una nube de humo que envolvió a Hermione por completo. Cuando aquella nube se retiró, al transcurrir unos lentos segundos, Hermione comenzó a inspeccionar su alrededor y también a sí misma.

»Todo era enorme ahora. El sillón en el que había estado sentada hacía tan sólo un instante ¡era ahora tan grande como una montaña¡Y no lograba ver el final de la alfombra¡El fuego, que crepitaba dulcemente en la chimenea tras que lo hubiese conjurado al bajar, era colosal!

»–¡Me ha salido! –profirió con voz aguda–. ¡Soy una animaga!

»Hermione sonrió satisfecha de sí. A continuación pasó a examinarse, ansiosa por saber en qué animal se habría transformado. Debía ser pequeña, auguró en un principio al ver las inmensas dimensiones de los objetos que la rodeaban. Miró hacia abajo y comprobó que tenía varias patas delgadas de color marrón; arriba, inquietas, un par de antenas tan parecidas a sus patas, que de no haber estado sobre la cabeza, las habría confundido irremediablemente.

»–¡Dios santo! –exclamó boquiabierta–. Soy una cucaracha.

»En ese instante sintió el suelo temblar y dos voces que resonaban en el aire resquebrajándolo como un trueno. No tuvo tiempo sino para esconderse; intentó volver a su forma humana, pero era costoso: requería algo de paciencia y tranquilidad tratándose de la primera vez. Las formas humanas se dirigieron hacia el fuego, quedándose a un paso de él para calentarse.

»–¡Ah¡Una cucaracha! –gritó Harry al ver a Hermione.

»–¡No, chicos¡Soy yo! –gritaba exasperada Hermione, aunque de poco le valía.

»Ron, quitándose una zapatilla, se propuso aplastarla.

»–Yo la cazaré con la varita –propuso Harry, considerando aquello un juego entre su amigo y él.

»La sacó entonces y comenzó a echar rayos contra Hermione, que corría sollozando delante de Ron, quien amenazaba con la pantufla en alto.

»–¡Chicos¡Que soy yo! –les gritaba Hermione, en vano.

»–Cucaracha éxime –conjuró Harry.

»–¡Ah! –Hermione pudo burlar el encantamiento justo a tiempo, pero al bordear el rayo fue acorralada por Ron, quien le dijo con voz trémula:

»–No tienes escapatoria... –¡Plaf!

»Al irse a acostar de nuevo dejaron a su amiga Hermione aplastada en el suelo.»

–¡Santa Rowling del Cielo! –exclamó horrorizada la señora Nicked–. ¿Quién ha podido escribir una cosa así?

–¿Esto? Una tal que se hace llamar La verdadera Sra. de Ronald Weasley... –leyó Ginny mientras cabeceaba entre indignada y divertida–. No me extraña que, con ese nombre, le tenga ese odio a la pobre de Hermione.

–¡Odio es decir poco! –participó Helen–. Ha dado a entender que es una cucaracha, que la prefiere muerta... Por las barbas de Merlín¿puede existir gente así?...

–Al parecer, sí –terció Tonks sonriendo incrédula–. Todavía no has leído nada, Helen –la previno–. Yo ya he leído algunos y... ¡son como para caerse muerta! –Ángela negó con la cabeza, como si no estuviese de acuerdo con ella. Al parecer, la tía de Helen ya había tenido la oportunidad, antes de que ésta llegara, de discutir con Tonks las ventajas e inconvenientes de aquella literatura folletinesca, por entregas, que estaba a punto de sobrevenirles–. Hay que ver lo que se inventa Corazón de bruja con tal de sacar un número extra. ¡Ficciones de fanes! O fanfictions, como han preferido algunos llamarlas. La vida de Remus Lupin y de su familia puesta al descubierto.

–No necesariamente –opinó la señora Nicked–. Se supone que son sólo relatos fabulosos sobre nosotros. ¿No es así?

–A mi juicio es ahí donde más ataca el peligro –terció Tonks chascando la lengua sonoramente–. Las mujeres a una cierta edad, y las de una cierta condición –la mirada se le desvió, subrepticiamente, hacia Ángela, que estaba despistada hojeando un número con excitación mal disimulada–, son propensas a escribir muchas locuras. Piensa lo que puede inventar una mujer cuarentona, con demasiado tiempo libre para pensar, y de qué manera más mala, y lo que puede hacer con esas invenciones suyas si alguien, como Corazón de bruja, le da alas para escribir sus fantasías eróticas...

–¡Exageras! –protestó Ángela. Molly Weasley se sonrió cuando Tonks, a la que se le volvió el pelo súbitamente rojizo, se volvió hacia ella irritada.

–¿Cómo que exagero? Ángela, por el amor de Rowling, que ya hemos hablado de esto. ¿No te parece exagerado que una haya descrito a Remus en un ambiente polígamo con el solo fin de pintarlo con sesenta y nueve concubinas, a cual más estrambótica¿O que una haya escrito que está viudo porque Helen fue devorada por los licántropos y ahora está en una solicitada lita de espera de una agencia matrimonial? Eso sin contar lo que...

–¿Que qué? –exclamó Helen–. ¿Quién y qué ha escrito sobre mí?

–Una tal Kakano –explicó Tonks resueltamente–. Bueno..., retoma el ataque de los hombres lobo en el hospital y... simplemente, te mata. Si enemigos tiene una hasta donde no los sabe.

–¿Y qué más ibas a decir, Tonks? –la animó la señora Weasley–. Estabas diciendo no sé qué de sin contar qué.

–Sí, eso. ¡Eso sí que tiene mandangas! –exclamó medio ruborizada, Ángela adoptando en ese momento una postura en jarras, creyendo imposible lo que estaba a punto de escuchar, y Karina, al lado de Ginny, negando medio indignada para ratificar las palabras de la metamorfomaga–. No contentas con eso, pues..., bueno, algunas han puesto a nuestro viril Remus un poco... mariposilla.

–¿Algunas? –repitió Ginny con sorna.

–Bueno, vale, la extensa mayoría –aceptó Tonks–. Se han puesto de acuerdo en clasificarlos en una sección llamada slash, pero, para mi gusto, es más bien "puaj".

–¡Criticona!... –la insultó Ángela encarándose con ella–. ¿Qué sabrás tú sobre la literatura del siglo veintiuno? Eso es lo que se lleva ahora, la literatura gay y todas esas cosas, el pitiminí, aunque a costa de nuestro pobre Remus, me temo. Y más aún de nuestro pobre Sirius –añadió cuando la mirada de Karina White, la mujer de aquél, se clavó sobre ella.

–Le advertí de que no se acercara a la revista, de que no leyera los fanfictions –habló Karina con una voz que parecía cuajada de lágrimas en lo más hondo de su garganta–. Pero no me hizo caso. Al poco rato, cuando volví de hacer la colada, lo encontré agachapado, escondido detrás del tiesto del vestíbulo, con los fanfictions a sus pies. Al acercarme a hablarle, huyó de mí pidiéndome que no lo tocara. Me dijo no sé qué cosas de que se sentía un perro sucio y de que olía a lobo. ¡Creo que el daño que le han causado las historias que haya leído es irreversible! –Terminó por romper en un llanto pausado pero tristísimo–. Entre Anthony y yo lo cogimos a pulso para meterlo en el coche. ¡Estaba rígido como una estaca! Y blanco como la harina. Y no hacía más que decir que si las truchas por aquí, las gambas por allá... Lo hemos llevado al psicólogo. Me ha dicho que nunca había visto una cosa como ésta, que tardara semanas en recuperarse. ¡Ahora que casi habíamos conseguido superar lo de la eyaculación precoz!... Hemos interpuesto una demanda, por supuesto. Por daños y perjuicios.

–Ya está, pequeña. Ya está. –Corrió a auxiliarla la señora Nicked, que la estrechó entre sus brazos con apariencia y cariño maternales.

–No te sulfures, Karina –dijo Helen, que también se había acercado a ella para enjugarle las lágrimas–. Al menos a Sirius, al contrario que a mí, no lo han asesinado –tomándoselo con el mayor humor con que pueden tomarse estos asuntos.

–¡Helen, Sirius ha leído no sé qué fanfic en que se enrollaba con Severus Snape!

Todas las mujeres, a excepción de Ángela y Tonks, se encogieron y, llevándose sendas manos a las bocas, reprimieron no sé cuántos gritos y exclamaciones de pavor.

–Pobrecillo... –comenzaron a decir–. Si no me extraña que esté así. ¡Eso es trauma ya para toda la vida!... Con Severus Snape nada menos; si hubiese sido con su antiguo elfo doméstico Kreacher, creo que le hubiera jodido menos.

–¡Panda de exageradas! –las espetó Ángela insubordinada–. No habéis leído nada y ya estáis criticando como unas cosacas. Claro, que no me esperaba menos de vosotras. Es literatura hecha metáforas de carne y sudor. –Tomando la revista–: Os leeré uno para que podáis hablar con propiedad, veréis cómo os gustan. Si es lo mejorcito que se ha escrito desde la Daniel Steel esa y el Corín Tellado, vamos. A ver, a ver. ¡Huy, éste era muy sensual! También es de la Kakano esa, se titula Stand by me.

–¿En inglés? –inquirió la señora Weasley frunciendo el ceño.

–Sí, hay muchos que los han titulado en inglés –habló Tonks–. Another side of the Moon, Travel to the Moon, Little red hood, son algunos que recuerde ahora mismo. Sí, creerán que así suena más... ¡«cool»!, no sé. Y luego lees lo que han escrito y te caes de espaldas, que algunas le dan cada patada al diccionario que parecen haber aprendido su lengua materna en una academia de japonés.

–No tenéis ni idea –estalló Ángela–. Stand by me es el título de una canción.

–Pero Tonks tiene razón, señora Fosworth –participó Ginny–, que hay cada historia que parece haberla escrito un párvulo.

–¿Me vais a dejar leer o qué?... –terminó diciendo Ángela, asqueada–. Como he dicho, se titula Stand by me. –Carraspeó–. Que voy, eh.

» «El agua recorría su débil cuerpo mientras el artilugio muggle volvía a hablar. "... Bienvenidos a ¿Cómo lo llevas?, el programa que os acompaña cada mañana de nueve a una del mediodía, poniendo color a vuestra vida con la música que más os gusta..." Mientras el locutor pronunciaba las últimas palabras, la primera canción del programa empezó a sonar. Ya la había oído otras veces, pero nunca prestó tanta atención como aquel día.

»When the night has come

»And the land is dark

»And the moon is the only light we'll see

»The Moon... Esa antigua compañera que tantos problemas le traía... Recordando viejas carreras con un perro negro, un ciervo y una pequeña rata por las llanuras del bosque de Hogwarts, su rostro esbozó una sonrisa. Nunca dejó de doler, pero al menos no era tan triste, tan austero.

»No, I won't be afraid

»Oh, I won't be afraid

»Just as long as you stand

»Stand by me

»No, claro que no tendría miedo. Nunca tuvo miedo con ellos al lado. Con menos años siempre destrozaba y hacía daño en sus transformaciones. Pero no con ellos. No con ÉL allí. Le quería como no quería a nadie en el mundo. Era lo que más amaba, y lo que menos ansiaba perder. Mientras cogía su champú [Nota de la autora: Herbal Essences con extracto de vainilla, canela y choco y lo expandía por su pelo, pensó en modificar un poco la letra de la canción.

»So, Paddy, Paddy, stand by me

»Oh, stand by me

»Oh stand, stand by me, stand by me

»Una enorme carcajada salió de su boca. Impresionado por lo que acababa de hacer, se la tapó mientras ponía los ojos como platos. Nunca había reído así (a no ser que estuvieran juntos). Acababan de finalizar el séptimo curso en Hogwarts y ya se habían matriculado. Habían comprado un pequeño pisito que compartían. Alguien llamó a la puerta en el preciso instante en que volvía a sonreír como un tonto por el recuerdo de alguna trastada.

»–Err... ¿Sí?

»–¿Estás bien? Escuché algo...

»–Sí, no te preocupes, fue... la radio.

»–¿La qué?

»–El objeto muggle que me trajiste, Paddy.

»–Ah... qué cosas más extrañas tienen esos muggles... ¡Hay que ver...!

»If the sky that we look upon

»Should tumble and fall

»Or the mountains

»Should crumble to the sea

»Sí, claro que hubieron problemas, discusiones... Pero nunca llegaron a dejar de amarse. Lo que sentían el uno por el otro llegó a ser incluso más fuerte que su orgullo, y cuando permanecían separados durante poco tiempo, algo les hacía volver juntos, sin tener que perdonarse mutuamente, sin tener siquiera que hablar.

»I won't cry, I won't cry

»No, I won't shed a tear

»Just as long as you stand

»Stand by me

»Lloró. Muchas veces se sentía desgraciado, pero como en los demás temas, su pensamiento volvía al mismo lugar. Lloró, pero siempre con su amado Paddy al lado. Y se agradecía, pues no muchas veces había tenido un hombro (o un cuerpo entero [Nota de la autora: Kakano se derriteeeee... ) para soltar lo que sentía sin sentirse incómodo.

»So, Paddy, Paddy stand by me

»Oh, stand by me

»Oh stand, stand by me, stand by me

»So, Paddy, Paddy stand by me

»Oh, stand by me

»Oh stand, stand by me, stand by me

»Whenever you're in trouble

»Won't you stand...? Stand by me, oh stand by me

»Y le ayudaría, claro que sí. Siempre lo haría. Estaría con él en todo momento, sin dejarlo escapar. Le apoyaría en todas sus decisiones, en todos sus pasos. Porque él siempre había estado ahí. Siempre, y nunca lo olvidaría.

»"Después de esta magnífica canción llamada Stand by me, les ofrecemos otro clásico..."

»De repente, al cerrar el grifo, una mano veloz retiró rápidamente la cortina de la ducha. Allí estaba él, con esos ojitos grises... Se moría de ganas de besarlo. Y lo hizo, porque pensó que tenía que aprovechar cada momento con él, aunque su presencia ahuyentara el sentimiento de estar perdiendo el tiempo. Mientras permanecían abrazados, uno dentro y el otro fuera de la ducha, Sirius susurró:

»–Moony¿no crees que esa canción que escuchabas tiene ritmo? Me gusta.

»Y esta vez sí que rio, rio como nunca lo había hecho, y su risa era tan sincera, tan profunda, tan cálida... tan de todo que hasta Sirius se contagió con ella sin saber de qué reía... Y la imagen fue bonita, con sus dos cuerpos abrazados, moviéndose, convirtiéndose en uno... Simplemente aprovechando cada instante juntos.»

»Bueno¿qué os ha parecido? –preguntó sin darles cuartelillo–. ¿No es lo mejor que hayáis leído nunca, con Remus metido dentro de la ducha y ese abrazo tan masculino?... ¿Eh? Oh bueno, hay intercalados unos cuantos simpáticos emoticonos que, claro está, no he podido leer, pero... ¿Qué, es que no vais a decir nada?

–A mí creo que me ha gustado la canción –habló la señora Nicked muy rígida–. Solamente la canción.

–Y los diálogos son un poco, bastante, lineales –participó la señora Weasley.

–¿Y a qué viene eso de las notas de autora? –prosiguió la señora Nicked–. Son ridículas: «Kakano se derrite...» –adoptando una voz de adolescente despreciable–. Por las barbas de Merlín, que parece haberlo escrito en un calentón. ¡Caca no!

–¿Y qué hay de eso de Padfoot y Moony?... –intervino Tonks–. Vale que todo el mundo sepa ya que Sirius y Remus, en plan colegueo, se llaman Canuto y Lunático. ¿Es que vuelve a ser más «cool» buscar una traducción simpática antes que ponerlo en tu idioma, en el de toda la vida, en el que hablas para pedir el pan?... Perdonad que suba el tono, pero es que me sulfura. Si demuestran ese poco aprecio por su propia lengua¿qué diablos hacen usándola para escribir?... Así lee una lo que lee.

–¿Y alguien me puede explicar a qué conclusión hemos llegado con el relato que has leído, Ángela? –les inquirió la señora Nicked, mirándolas a todas–. Quiero decir, que qué quería transmitirnos, cuál era el propósito, la moraleja y todas esas cosas.

Ninguna dijo nada.

–Dejaos de tonterías –gritó Helen–. Lo que yo no puedo creer es que una jovencita calenturienta me mate a mí y se imagine a mi marido en la ducha pensando en guarradas mientras escucha la radio. ¡Eso sí que no es para consentirse, hombre! Y menos que después imagine que llega Sirius y que le da un abrazo desnudo. ¡Por favor!

–¡Homófobas, más que homófobas! Ay, de tu madre me esperaba esto, pero ay de ti no, de ti no, sobrina mía –habló haciéndose la terrible ofendida Ángela–. Lo que os pasa a todas es que no sabéis leer entre líneas. Kakano habla del amor puro, del amor fraternal...

–¿Qué amor puro ni qué amor fraternal? –la interrumpió su hermana visiblemente contrariada–. Ángela, por el amor de Rowling, no me seas de tu pueblo. De lo que habla la tal Kakano es de los calentones vespertinos, cuando te vas a meter en la cama y no hay nadie que te caliente los pies, y el hervidero de hormonas es lo único que te pone a cien. Aquí homófoba no hay ninguna, todas respetamos lo que cada cual quiera hacer con su vida sin meternos ni nada. –Alguna que otra asintió–. Lo que yo no entiendo es por qué a la gente le ha dado por escribir esas cosas.

–Ni yo tampoco –intervino Molly–. Ya ves lo que le han causado al pobre de Sirius, qué lástima que me ha dado el pobre. Si al menos transmitieran un mensaje claro, pero el erotismo por el erotismo... –Cabeceó, dando a entender su disconformidad. La señora Nicked asintió, haciendo ver que estaba completamente de acuerdo con su amiga, como si ésta hubiese terminado por ella la frase.

–Ogh, en verdad no entendéis nada de nada –escupió Ángela–. Y esto no tiene nada que ver con que antes mi Soren fuese... ¡un bala perdida! Os leeré otro para que caigáis en vuestro error. –Cuando Tonks le preguntó si iba a leer otro slash, Ángela asintió resueltamente–. Es éste, leo.

» «La lluvia salpicaba los cristales de la torre de los Gryffindors, los relámpagos hacían aparecer sombras espeluznantes, cuando Remus y Sirius abandonaron las duchas y se reencontraron en la sala común. Lucían tan sólo una toalla que cubría su desnudez de cintura para abajo, sus trabajados torsos aún mojados, como sus largos y brillantes cabellos olorosos, que derramaban sus gotas sobre sus anchos y viriles hombros. Calzaban sendas pantuflas, con formas de animales, el uno con la cara de un lobo en la puntera, el otro la de un perro...»

–¡Ya, ya basta! –la interrumpió la señora Nicked–. ¿Es que en todos los relatos que te gustan, Ángela, salen Remus y Sirius de la ducha?... ¿Y a qué viene el detallito ese de las pantuflas?... ¡Abominación¿Hace falta que estén desnudos para que entendamos eso del amor fraternal¿Es que no hay relatitos de esos normalitos?

–Bueno, también hay una sección de fanfics en que Remus se lía con Tonks –aseguró Ginny sonriendo pícaramente.

La metamorfomaga se sonrojó. Terminó asintiendo, y después dijo:

–Oh sí, es cierto. No sé por qué les ha dado por ahí –riendo tontamente–. Ni me imagino lo que diría Ben si los leyese. ¡Ni Remus!... Al menos no son tan explícitos, algo bueno tenían que tener.

–Sí, bueno –siguió hablando Ginny–, pero siguen siendo la inmensa minoría. El noventa coma nueve nueve nueve periódico por ciento son slash.

–Vale que sean slash –habló la señora Nicked–, el slash de por sí no tendría que ser nada malo, pero es que... ¿no hay slash buenos? Quiero decir, todos lo que me habéis leído hasta ahora son un poco... ¡subidos de tono!, ésa es la expresión. ¿No hay ningún slash bueno escrito por ahí?

–¡No tenéis ni idea de nada! –se quejó resoplando Ángela–. "Bueno" dice...

–Ángela, no seas cerrada de mollera y haz el favor de entenderme. Mira, piénsalo por este lado, pero piénsalo antes de contestar ninguna burrada¿qué crees que diría un verdadero homosexual si leyese esas bazofias¿Tú crees que se vería... reflejado de alguna manera?

–Pues... sí.

–¡No!

–¿Tú quieres que se lo lleve ahora mismo a mi Soren, que él pasó por eso y sabe un rato, y nos saque de dudas?... –replicó desafiante.

–No, Ángela, pero nada más que para evitarte el bochornoso ridículo, pues Sorensen es mucho más sensato que tú para responder que eso refleja siquiera mínimamente a un homosexual de verdad. Eso no es más que literatura sensacionalista, no me extraña que sea de tu agrado, hermana. Parece escrito por una panda de féminas lujuriosas en medio de una guerra de hormonas; vamos, que te define de maravilla. ¿No hay relatos, aunque sean..., esto, slash, que sean algo mejores? Quiero decir, aunque pinten a nuestros Remus y Sirius gays, que ya de por sí me cuesta imaginarlo¿no hay relatos que hayan sido construidos con un fin?... ¿Reflejar un amor verdadero, una pasión sincera, un sentimiento cotidiano...? Reflejar la vida cotidiana, que es lo más hermoso que hace la buena literatura, imbuirte en sus palabras porque eso que te transmite, eso mismo podrías experimentarlo tú. –Ángela la observó un instante por encima de sus gafas de montura dorada, como si no creyese posible que su hermana pudiese ser tan carca de hablar así–. Lo que quiero decir es que no todas las mujeres estamos pensando en cuerpos húmedos salidos de la ducha. ¿O sí?...

–Pues no –contestó por todas Tonks–. Pero no desesperes, Helen, que también hay slash medianamente normales. Incluso interesantes. En lugar de ser tan... expresivos, son relatos más de tipo ¡psicológico!, ésa es la palabra. Tengo aquí uno, Adiós se titula, que, si queréis, lo voy a leer. Dice así:

» «Hace tiempo que mis ojos se han acostumbrado a esta penumbra, que mis labios a esta sed sempiterna, que mis entumecidos dedos a esta humedad constante que me zahiere como a un náufrago. Hace tiempo que dejé de contar los días que llevo pudriéndome en esta angosta prisión. Tantos... Hace días que lloro sin lágrimas y hay veces que no sé ni por qué estoy llorando. ¿Mi sino? Mi destino es un conglomerado de ocurrencias déspotas, de tragedias que se han sucedido como las notas en una cítara; y yo me encuentro mareado desde mi humilde cuchitril observando la luna llena que parece asomarse por el ventanuco de mi celda y que se me antoja siempre sonriéndome. Y yo, entonces, concibo una pequeña sonrisa, pues recuerdo aquellos momentos en que fui feliz, por remotos que parezcan ahora, y éstos hacen mi decisión más ardua: las llamas dominan mi garganta y el papel se moja, no sé si por las goteras del techo o por mis propias y abundantes lágrimas.

»¿Cuánto habré tenido que insistirles para que me trajesen estas cuartillas zaparrastrosas? Incluso ya lo he olvidado. Mucho habrá sido, sin duda, ya que al final han concedido mi deseo; y a una de estas siniestras criaturas han delegado para que, junto al habitual aperitivo deleznable que ellos imaginan suficiente almuerzo, me trajese las cuartillas y la pluma, todo viejo y usado. Y aquí están, frente a mí, tanto esfuerzo han provocado, y mis palabras fluyen por mi boca sin orden ni concierto, temeroso de que con su punto y final sea a otra historia a la que se ponga término.

»Suspiros... Suspiros del alma que de mí pretende huir y a la que yo en esta prisión carnal retengo sin causa. ¡Vuela libre, Canuto¡Vuela ya!, quisiera decirle. Y volar es lo único que ahora mismo yo quisiera; lejos, alto, muy lejos, y llegar hasta la luna y rozarla con mi mano otra vez. Pero no puedo; la luna me mira allí, en lo alto, y yo la estoy mirando desde aquí, desde lo más hondo que nadie imaginarse pueda. Pues de ancha piedra son mis muros y de grueso hierro son mis rejas y alimentadores de los sesos sin conciencia son los guardias de mi puerta. ¿Qué otra escapatoria hay, pues?

»Y, en viéndola, redonda, brillante y plateada, como una corona de estrellas¿quién no iba a recordar el día aquel? Pues entonces también brillaba, aunque menos intensa que hoy. Lupin había bajado a la enfermería a acometer por primera vez en la escuela su transformación, una primera de tantas que, finalmente, nos harían averiguar su condición licántropa. Y allí estaba él, solo, acobardado, mirando a todos con recelo y ojos enrojecidos mientras se retorcía las manos con nerviosismo. Su nombre no lo sabía; Peter Pettigrew me dijo. ¿Hubiera cambiado algo no haber mantenido aquella conversación? Saberlo es imposible, conque ¿por qué atormentarme más sin ventura?

»James lo bautizó como "Pet", nuestra tierna mascota, pequeña y quebradiza, y aquél fue un apodo que nunca le hizo justicia. Entre carcajadas, lo vestimos con una túnica blanca de lino que habíamos recortado aposta para que le quedase corta, y en forma tan ridícula lo hicimos bajar a la Sala Común, donde James lo bautizaría derramando sobre sus pajizos cabellos un mejunje de calabaza e hígado de dragón triturados que habíamos hurtado de la clase de Pociones, que luego a Remus le correspondería ayudar a lavárselo. Nos contó que, bajo la ducha, mientras le aclaraba el pelo, lloró, tan desconsoladamente como puede uno imaginarse, pues el bochorno que le habíamos hecho padecer delante de todos no había sido en absoluto de su agrado. Pero al verlo, cuando nos encaminábamos a ofrecerle nuestras más sentidas disculpas, sonreía¡nos sonrió! No nos guardaba rencor. Ahora me pregunto en qué medida nos lo guardaba, cuán severos eran su mente y su corazón, cuánto tiempo fue cobrándose nuestras burlas de adolescentes.

»Tardía fue su venganza, pero a James tiene muerto, a Remus abandonado y a mí confinado en esta prisión de la que, lo sé, sí, ya lo sé, saldré muy pronto, por más que mi sentencia, en injusta proclamación, diga lo contrario. (...)»

–¡Me aburro!... –El relato no había terminado ahí, pero la exclamación de Ángela obligó a Tonks a levantarla del número de Corazón de bruja. Ángela, con una pierna cruzada, la otra golpeando con el pie repetidamente el suelo, se observaba las uñas para después hacer como que las mordisqueaba–. No me miréis todas así. ¿Es que alguna se está enterando de lo que sea que ese tal... KaicuDumb –leyó– ha escrito? Que parece que se hubiera tragado un diccionario y lo estuviera escupiendo a bocanadas.

–Hombre, no te voy a negar que resulte un poco cargante –salió por un instante en su defensa la señora Nicked–. Más para ti cuando, ya de pequeña, tenías serias dificultades para entender el cuento del Boggart con botas aun con ocho años. Sí –quitándole a Tonks la revista y echándole por lo alto un vistazo al relato–, el tono es muy pesado todo el tiempo. Pero quién sabe, a lo mejor ésa es la idea que quería dar. –Ángela puso los ojos en blanco, como si pensase que aquélla no era la mejor forma de dar idea a nada–. Pero preferible es esto a que me pinten a dos hombres desnudos y... ¡eso!..., que una ya no tiene edad para tenerse que estar imaginando esos cuadros. Al menos aquí ha tratado de profundizar en la mente de...

–Sirius –acabó por ella la frase Tonks–. Viene a ser un relato en primera persona de cuando estuvo en Azkaban. Supuestamente, está enamorado de Remus y, como cree que esté está enfadado con él porque cree que es el que traicionó a...

–¿Por qué no pasamos a otro fanfiction? –sugirió Helen, entristecida–. Ése toca unos cuantos puntos que no... El recuerdo de Lily aún me hace entristecer.

–Y a todos los que la conocimos, querida –la consoló la señora Weasley.

–Vale, vale, pasemos –aceptó la señora Nicked–. Pero dejadme al menos que antes le haga ver a mi hermana que esto es preferible a que me pinten a los dos medio desnudos abrazándose... ¿Qué me enriquece eso como persona? De entrada, nada. No es que esté censurando los abrazos en la literatura, ojo, sino que, si el propósito de un relato es sencillamente ése, no le encuentro razón. ¿No hay más slash de esos psicológicos, como ha dicho Tonks?

–Acaba de aparecer uno –apuntó Ginny, que estaba pendiente del número extra de Corazón de bruja. Al parecer, la revista se actualizaba automáticamente cuando un nuevo fanfiction se publicaba–. Tiene buena pinta. Se titula Aullido de hombre maldito, por una tal Linger. En el resumen dice que está indignada con los slash, que la vida no se parece en absoluto a eso y que, por esa razón, ha escrito un fanfiction en primera persona, para reflejar lo que un gay viviría realmente.

–¡Buena pinta tiene! Léelo en ese caso –solicitó la señora Nicked.

–«Las ondas que se abrieron sobre las negras aguas desdibujaron sus facciones apenadas y cubrieron de marchitas fronteras las saladas cuencas de sus mejillas. Se secó los ojos con las mangas cuando unos chicos de quinto curso se aproximaron a la orilla del lago para bañarse; no quería que lo viesen llorar. Estaban acostumbrado a verlo solo, meditabundo, pero nunca en tal estado de excitación; sólo dejaba que aquellas corrientes amargas se precipitaran desde sus ojos cuando, caída la noche, aplastaba su rostro contra la almohada y ahogaba sus jadeos, sus tristísimos gemidos, con la suave tela cubierta de lágrimas; gemidos que el inocente de James, el último en dormirse, confundía con los suaves y apacibles ronquidos de Colagusano. Aquel rostro se desahogaba ahora sin muro de contención, sin suaves diques de lino y almohadas que morder con rabia, mientras se contemplaba, entre tanto, en el mecido reflejo de las aguas del lago. Aquellos ojos suyos, estrellas solitarias de un universo frío y oscuro, le transmitían la imagen de una realidad, de una realidad física: un aspecto alicaído y una expresión patética, que él ya conocía sobradamente; pues, cuando los cerraba, más mordaz era cuánto veía y sentía: negros prados, yermas campiñas, arrasados montes.

»Una última lágrima convirtió en aureolas esféricas el rostro del muchacho, un rostro contorsionado por sus demonios internos.

»El tiempo era agradable e invitaba, como hizo, a desprenderse de la ropa y zambullirse entre las negras aguas del lago. Al descubierto dejó un cuerpo atlético y atractivo, viril, extrañamente viril, con el que las chicas soñaban en sus confesiones nocturnas de sábanas mojadas. ¡Pena y paradoja infernal que ninguna fuera a haber en él parte! Se introdujo entre la líquida negrura, sorteando los guijarros, y hundió la cabeza en las entrañas del lago. Muchas noches, antes de que el sueño lo venciera, había pensado en abandonar la fría cama, recorrer el gélido castillo y desembocar en el lago, sobre el cual conduciría sus pasos hasta hundirlos en sus profundidades, muerte más romántica que se le había ocurrido; se convertiría, no sin llanto y desesperación, en una nueva Dama del Lago, una que, cuando un caballero andante solicitara sus servicios, le entregaría su espada mermada. Era en aquellas noches, cubierto de aciagas lágrimas, al dejarse al fin vencer por el sueño, cuando soñaba que sorteaba los riscos nevados y ascendía hasta la lechucería, desde la que se arrojaba, y su cuerpo desnudo e inmaculado caía sobre la blanca nieve; pero, instantes antes del mortal encuentro, brotaban de su espalda angelicales alas y volaba al fin, volaba libre, volaba lejos. Aquellos sueños, aquellos regalos divinos, dejaban en él una inefable sensación de felicidad, una paz en su alma que se desvanecía tan pronto como el sol lo despertaba y la cruda realidad se materializaba en un nuevo día.

»Rompió su rostro la calma y dorada por el sol cara del lago. Su cabello corto se le pegó a las sienes y las últimas gotas rezagadas resbalaron por su rostro imberbe, mientras que, con boca entreabierta, apresaba unas últimas bocanadas de la cálida brisa que le erizaba la nuca. Tenía cerrados los ojos. Y detrás de ellos no había nada: sepulcral silencio. Negrura... Demencial vacío... ¡Pausado latido de muerte!, como voces que cesaran sus gritos tras escándalos ininterrumpidos para recuperar aliento y remeter con más dureza. Aquellos instantes de abstracción, de paz hueca, latían en sus sienes como escapadas de su atormentado espíritu, como adelantos anhelados de una muerte prematura y vital. Pero, en volviendo el espíritu, en volviendo a descubrir la mente en su contrario atributos tan erróneamente entregados, regresaba también el feroz latido que devoraba sus inocentes pensamientos. Mascullaba entonces maldiciones sin freno que un nudo en la garganta detenía imprevistamente. En aquella ocasión, como en tantas otras, apoyó el suave mentón sobre su blanco pecho y dejó que aquel fuego lo consumiera desde dentro. Contuvo como pudo las lágrimas que volvían a florecer desde su marchita caverna.

»Retozantes, pasaron a su lado cuatro jovenzuelos que, haciendo honor a su entusiasmo y a la algarabía propia de la edad, se salpicaban entre sí y retozaban hundiéndose y alzándose cuales tritones con cuerpos de sirenas; y él, con ánimo ya completamente naufragado, apartó la cansada vista de sus cuerpos lozanos, en los que en otro tiempo tanto se hubiera deleitado, y se marchó apesadumbradamente, camino de la orilla. ¿Qué amor era aquél que sólo se regocija en la vista¿Qué alma era aquélla que permitía a ésta posarse sin disimulo sobre la materia de almas que nunca habían de corresponderle¿Qué Demiurgo, qué sabia Madre Naturaleza lo condenaba a desviarse por senderos tan contra natura? Al alcanzar la orilla, muchas eran las parejas que demostraban su amor con pícaros besos bajo la cortante luz diurna; y él, nuevamente, apartó la vista de ellas, pues no era cáliz que había de beber. Desobedientes, de sus mandatos se apartaban sus ojos y anhelaba con ellos aquella naturalidad tan para él desconocida; deseaba para sí aquellos besos que no se hurtaban de sueños ni de ilusiones dementes sino que provenían de un amor puro, sincero y natural; aquellas manos que se buscaban en el silencio de miradas cómplices y susurros alambicados. Deseaba, en definitiva, cuanto no tenía, y despreciaba, en conclusión, cuanto le había sido dado, ignorando el porqué de atribución tan caprichosa. (...)»

–Oh, por Rowling, qué cosa más empalagosa... –chilló Ángela–. Mira, decid lo que queráis, pero yo prefiero que me alegren el día endulzándomelo con un poquito de cuerpos salerosos a que me duerman con... ¡eso! Por las barbas de Merlín, qué cosa más soporífera.

–Pues está muy pero que muy bien el relato este –musitó la señora Nicked, como hablando para sí en voz alta–. ¿Y no ha escrito nada más la muchacha esta, Linger?

–Déjame que mire –dijo Ginny–. Pues no, sólo tiene una historia.

–¡Qué desperdicio de ingenio! Pues, Ángela, éste es el slash que se debería escribir. Esto es lo que construye y vivifica a las personas, lo que les enseña nuevas cosas y a vivir experiencias que, en otro caso, no podrían tener. Ésta es la literatura que deberían escribir, constructiva, qué más nos da que les chorree el agua por el pelo así o asá. ¡Eso sí que es desperdicio de ingenio!, si es que a tanta hormona se le puede llamar así.

–Yo estoy enteramente de acuerdo contigo, Helen –la animó Tonks, envalentonada–. He de admitir que los slash no me han gustado mucho, pero, bueno, están ahí. Pero hay slash y slash. Vamos, que si la cordura fuese digna de mérito, se premiaría antes un slash inteligente, reflexivo, instructivo como tú has dicho, como es ése que ha leído Ginny, antes que los otros, que parecen un caldeado desfile en ropa de baño.

Ángela cabeceó indignada.

–Yo también estoy de acuerdo –apostó Molly–. Lo siento, Ángela –riendo–. Parece que no te apoya nadie, que te has quedado sola.

–En absoluto –contestó Tonks–, ya quisiéramos. Mirad, mirad. La gente puede dejar sus opiniones, y estás se quedan reflejadas en la revista. La mayoría adora los slash: las brujas de Gran Bretaña están locas.

–Si se parecen en algo a mi hermana, mucho –intervino risueña la señora Nicked–. En cualquier caso, creo que ya habíamos llegado a la conclusión de que los slash, de por sí, no son malos. ¡Que la gente se imagine lo que quiera! Ahora bien, ya que Sirius el pobre sí se ha enterado, a ver si conseguimos que al menos Remus no; que tiene mejor pronto, pero que la gente se imagine esas cosas de uno... ¡yo no sé cómo le puede sentar a nadie! Que, como decía, los slash no son malos, no tienen por qué serlo. La homosexualidad, aunque muchos retrógrados se obstinen en pensar y hacernos creer lo contrario, es algo natural. Lo que no me parece natural, ni ético, es que haya personas que utilicen esas circunstancias... ¡para mojarse las braguitas! –Helen miró a su madre con sorpresa, como si hubiese esperado que cualquier otra emitiese aquel juicio antes que ella–. Y el problema no es tanto por quienes lo escriben, sino para quienes lo leen, que a lo mejor, incautos, les cae el relatito en sus manos y se comienzan a hacer unas ideas muy equivocadas de muchas cosas. Por eso me ha gustado el último que has leído, Ginny, jovencita, porque el slash no debería ser cuerpos desnudos. Debería ser psicología.

–¡Psicología!... –se mofó Ángela.

–Sí, psicología –mantuvo firme su idea la señora Nicked–. Pero no esperaba que lo fueras a entender, descuida. Por esa misma razón, lo que a ti te gusta preguntarle a tu marido es qué tipo de cosas hacía con Sam, su novio de la adolescencia, cuando en lo que realmente pensamos todos los demás, aunque no se lo lleguemos a preguntar por discreción, es si fue feliz, si se sintió desplazado, si aquello le ha marcado en algo su vida. ¡Psicología, Ángela, psicología! Y temo que muchas personas puedan leer esos slash y, por su culpa, parecerse en algo a ti, creerse que todo es sexo y farándula. Esos slash, convéncete, no educan para bien, no. Lee atentamente el del "Aullido maldito" ese, hasta enterarte, y entenderás lo que te digo.

–Sí, seguro –masculló Ángela.

–Sí, Helen –la corroboró Molly–, lo que quieres decir es que los otros slash son... ¡demasiado surrealistas! –La señora Nicked chascó la lengua, como si hubiese acertado.

–¿Surrealistas? Pues aún no habéis leído nada. –Rio entre dientes Karina–. Mirad éste. Sólo miradlo. El día en que Remus Lupin violó a Harry Potter, escrito por un tal... Nuindae, creo. –Todas las mujeres, incluso Tonks y Ángela, que ya habían leído algunos de los relatos, dieron un respingo en sus respectivos asientos. Sólo la señora Nicked soltó un «¡esto era lo que faltaba!» tan alto, que el suelo entero tembló–. Pues... pues no lo encuentro –pasando las hojas con desesperación–. Ah, aquí está.

–Si hasta tiene una foto –apuntó Helen con desagrado que no se esforzó en disimular–, la cara de salido que tiene el condenado.

–¡Esto sí que no me lo esperaba!... Al parecer, se han quejado y se ha visto obligado a retirar algunos fanfictions. Mirad, leed esto. Lee, Helen –tendiéndole a ella especialmente la revista–. Una hasta le desea que le manden dementores para buscarlo y termine de escribir sus obscenidades en Azkaban. Es que tendríais que haberlos leído. Violación... Harry Potter... cuando... bebé... Muere... Porquería... –fue lo más que escuchó Ginny, ya que su madre le tapó los oídos–. Y con mi marido igual, otra guarrería. Zoofilia: se lía con el hipogrifo ese...¡Buckbeak! Y cuando no hay centauros alrededor mirando y masturbándose es otra cosa peor.

–¡Oh, Karina! Ya vale, ya nos hacemos una idea –gritó exasperada la señora Weasley–. No expliques más, que tengo el vómito en el asomo de la garganta.

–Sí, mejor será que pasemos a otra cosa –sugirió la señora Nicked, hablando con voz melosa, como si no le quedase más consuelo que la resignación–. Ves, Ángela, a cosas como éstas me refería. Y la gente las leerá y se deleitará y todo –decía triste.

–Vale, dejemos aparcados los slash –terció Tonks–. Hay otros fanfictions, vaya si hay. ¿Por qué no leemos cada una alguno que nos entre por un ojo¿Por qué no pruebas a escoger tú, Molly? Ten, coge la revista. Uno, el que sea, por el título.

–Éste me ha hecho gracia. ¿Puedo leerlo, no será muy aburrido? –Tonks la animó asintiendo vehementemente–. Se titula... El evangelio según San Remus.

–¡Oh, qué sacrilegio más endiabladamente divertido! –sugirió la señora Nicked.

–Pues leo, que dice así:

» «EVANGELIO SEGÚN SAN REMUS. EL APOCALIPSIS

»PRÓLOGO

» En el principio existía la Magia

»y la Magia estaba con el Lobo

»y la Magia era el Lobo.

»Ella estaba en el principio con el Lobo.

»Todo fue hecho por él

»y sin él nada se hizo

»cuanto ha sido hecho.

»En él está la magia,

»y la magia es la luz de los magos;

»la luz luce en las tinieblas

»y las tinieblas no la sofocaron.

»Reverberaba el llanto desconsolado de un alma que había olvidado la paz y el consuelo del cielo; un bebé que, en medio del infierno, hacía llover sobre las manos amorosas de su madre un segundo diluvio de desesperanza como el que a ésta había acometido con gran fuerza. Pero ella no permanecía impertérrita: temblorosas las manos que sujetaban el hatillo humano, la mujer gimoteaba en silencio, postrada contra el muro gris, lamentándose, maldiciendo; las lágrimas que caían por sus ojos dejaban surcos negros, en sus mejillas arañazos sus sacudidas.

»Al punto, cuando una intensa y cegadora luz blanca surgió al término del túnel oscuro, la mujer se puso en pie y corrió hacia la salvación informe para postrarse ante ella y suplicarle, unidas las manos, que la ayudara. El hombre bajó la varita que mantenía aún un leve brillo albar y, tomándola de las manos, la ayudó a levantarse. Vio entonces la desdichada mujer que era aquél un hombre vigoroso, alto, de complexión fibrosa, rostro dulce, fina barba, crecidos cabellos y ojos agradables que la miraron por largo rato casi sin parpadear; fue en aquéllos donde la mujer por largo tiempo prestó su atención, hechizada, sorprendida de la fuerza y humildad que despedían. Pasó a continuación a contemplar las manos, que aún la asían, y, después de reponerse de la admiración, las besó con muchos aspavientos mientras le rogaba al hombre desconocido que la ayudase. Éste, apartando las manos de sus labios con humildad, preguntó la causa de su tristeza con voz tan honda y comprometida que dejó a la mujer unos segundos en suspenso.

»–Mi hijo, señor –dijo–, se ha escapado. ¡Ha salido ahí fuera!

»El hombre protagonizó un rictus de dolor que enseguida se borró de sus facciones, recuperando éstas la calma que les correspondía. Apartándose unos metros de la mujer, movió su varita de tal modo que la tapa de la alcantarilla más próxima salió despedida, inundando el maloliente túnel subterráneo en que se hallaban de tonos rojizos que provenían de la abertura. Se aproximó hasta la escalera de mano y, volviéndose por última vez, alentó a la mujer diciéndole que, si tenía fe, le devolvería a su hijo con vida. Ésta, creyéndolo así, apretó al que tenía entre sus brazos contra su pecho y despidió a su salvador con gozo en su seno.

»El hombre se cubrió los ojos al alcanzar el exterior. La última vez que había contemplado aquel panorama, antes de confinarse en las profundidades de la tierra con el resto de supervivientes, no le resultó muy distinto que aquélla: los árboles y plantas habían sido aniquilados: no quedaban de ellos sino raquíticos troncos marchitos que publicaban su desnudez y vulnerabilidad; las calles, desiertas, habían sido corrompidas como asaltadas por un innumerable ejército: las calzadas se habían resquebrajado, las aceras se habían hundido, los coches se multiplicaban chocados unos con otros...; los edificios, calcinados, yacían impertérritos, mudos, mostrando cuales mártires las grietas de su piel, las mutilaciones de su cuerpo, la ausencia de toda vida en ellos. Pero era al observar el cielo cuando todo aliento de todo ser acababa: la pureza del azul turquesa había terminado por dar en escarlata anaranjado. (...)»

Ángela interrumpió la lectura cuando, al ir a alcanzar su copa de licor, la derramó involuntariamente sobre el ejemplar de Tonks, que se preocupó enseguida en secarlo mágicamente. La mirada de todas se desplazó rápidamente hacia la nerviosa bruja, como si ninguna creyese posible que aquel desliz hubiese sido involuntario.

–¿Qué es, que no te gusta, no? –le preguntó su hermana pacientemente.

–No, si sí me gusta. Mucho. –Sonaba fingido, por lo que la señora Nicked acentúo la mirada que le dedicaba–. ¡Vale!, vale, tú ganas. No es que me parezca una pura mierda, pero casi... Muy bien, a vosotras no os gustarán los slash, pero ya me diréis cuál es la finalidad de ése. Yo no me estoy enterando de papa. ¿Quién es ése¿Qué diablos hacen bajo las alcantarillas?... Pero éste sí que está bien pero bien¿verdad, hermana? Seguro que transmite no sé cuántos valores y su moraleja es profundísima y ahora me dirás que lo tengo que hacer es leerlo de nuevo atentamente.

–Hombre, pues... quizá. No te voy a negar que resulta un poco imaginativo, pero... estoy convencida de que todo es una alegoría. Si siguiéramos leyendo, sabríamos en qué concluye. Aunque... ¡por las pantuflas del Druida! –tendiéndole su propia revista–, escoge tú misma un fanfiction de ésos y léelo sin interrupciones. ¿Estamos de acuerdo? Y con la condición de que no sea otro slash, claro.

Ángela tomó el número de Corazón de bruja a desgana y comenzó a hojearlo desinteresadamente. Sin embargo, se detuvo en una página cualquiera y, dando un bote en su asiento, miró a todas señalando el título que había escogido.

–Mirad qué pasada. ¿Cómo no lo había visto antes? Es como para mearse de la risa. Esperad, esperad el título y veréis qué hartada de reír. Remus Holmes y Sirius Watson. Thriller policíaco. Éste promete, chicas, promete. ¿Lo leo, no?

»Sepulcral silencio... Callaba la noche. Negra y vacilante. Ninguna estrella en su oscuro manto. Tan sólo unas mortecinas nubes, como finísimas hebras de algodón desprendidas de una rueca rota, reflejaban la amarillenta luz de una luna incipiente. Hebras rotas, alargadas, que semejaban un desierto de dunas en el firmamento. Redonda la luna. Redonda y amarilla, alzaba su dorada frente, como foco indolente en medio del coliseo, tiznando de reflejos de podredumbre las yermas tierras desde oriente.

»Crujido de hierba húmeda. Murmullo de cadenas y gritos inclementes de purgatorio que reclamaban la sangre toda derramada. Erguíanse las sucias lápidas, entre mortales desperezos, en busca del renaciente brillo de la lunar luz regeneradora. Luna llena. Sepulcral silencio en derredor del cementerio, sólo roto, a intervalos, por el tímido ulular de un búho caprichoso y las almas angustiadas del Infierno. Se levantaban las sombras y vagaban entre los álamos y sauces, bajo el rayo amarillo. Trepaba con angustioso gemido la enredadera por entre los pilares de la verja del camposanto. Confluyeron, como cada noche, ambos mundos y la nueva alma quedó condenada por toda la eternidad. Alzó el vuelo el búho. También la irascible brisa nocturna, que removió los cabellos y robó el rubor del rostro de porcelana dormido. Silencio, sepulcral silencio. Mudo llanto. La roja aurora, el amanecer sangrado, despertaría pronto, y aún descubriría la rojísima sangre cayendo, gota a gota, sobre el rostro aquel hermoso y aterrado; cayendo desde la placa de bronce de la verja; placa en la que podía leerse:

»Como la brisa que la sangre orea

»sobre el oscuro campo de batalla,

»cargada de perfumes y armonías

»en el silencio de la noche vaga

»símbolo del dolor y la ternura

»del bardo inglés en el horrible drama,

»la dulce Ofelia, la razón perdida,

»cogiendo flores y cantando pasa.

»–Es la cuarta en lo que va de mes –sentenció Sirius mientras observaba tranquilamente el cadáver, una vez fue descubierto–. El modus operandi se repite, viejo amigo. Me temo que nos encontramos ante un caso claro de psicopatía. –Y aduciendo una expresión infantil conforme se alejaban de la verja del cementerio–: Me encanta.

»–Me alegra observar, Canuto, que tu viejo olfato para con los casos complejos no ha perdido un ápice de su morbosa afición por nuestro trabajo –respondió resueltamente Remus–. Pero, a menos que encontremos al asesino en breve, no será la última que hallemos bajo una sentencia lapidaria. –Doblándose un momento sobre sí mismo para observar de nuevo el inerte cuerpo mientras se retiraba cuidadosamente los guantes–¿Se la ha podido identificar ya?

»–Pues lo cierto es que sí –contestó Sirius indiferente al tiempo que tomaba un papelillo que instantes atrás le había hecho llegar una lechuza y que había guardado, cuidadosamente doblado, en uno de los bolsillos de su levita–. Keira Turner, de veintiocho años. Denunciaron su desaparición hace dos días. ¿Te encargas de darles la noticia a los padres?

»–¿Te encargas de resolver el asesinato? –le rebatió el otro con humor.

»–De acuerdo, tú ganas. Iremos juntos a comunicárselo.

»–Buenos días –saludó serio el licántropo cuando los señores Turner les abrieron la puerta–. Les traemos noticias sobre Keira.

»El matrimonio se abrazó nervioso.

»–Pero ¿qué es? –intervino ansioso el señor Turner–. Hable, señor Holmes. ¿De qué se trata¿Han encontrado a Keira¿Está bien?...

»–Lo siento, señor Turner. Lo sentimos mucho –participó Sirius.

»La mujer rompió en un inconsolable llanto con el rostro hundido en el pecho de su afligido marido. Batiendo el hombro de éste con golpes menudos y desesperados, clamó:

»–¡No puede ser!... ¡No puede ser!... Nuestra hijita, nuestra hijita... ¡Oh, Dios mío¿por qué?... ¿Por qué?

»–Discúlpennos, señores –habló con voz más firme el padre de Keira–. Aún guardábamos esperanzas de que... De encontrarla con vida.

»–¡Era tan joven!... –terció ininteligiblemente la madre entre gemidos.

»–Nos hacemos cargo de su dolor, señores Turner –los consoló Remus–. Pero ahora mismo necesitamos su colaboración para encontrar al asesino de su hija. ¿Nos permitirían que le echásemos un vistazo a la habitación de Keira?

»–No es preciso que nos acompañen –puntualizó Sirius–. Permanezcan aquí abajo y tranquilícense. Les aseguramos que haremos todo cuanto esté en nuestras manos. (...)»

Sin previo aviso, Ángela interrumpió la lectura del relato. Las restantes mujeres, que no le habían quitado la vista de encima, atentas, intensificaron ahora sus miradas sobre ella.

–¿No os apetece tomar alguna cosa, otra copita de licor? –les ofreció Ángela.

–Oh, por el amor de Rowling –exclamó la señora Nicked sin ocultar su desazón–. ¿Qué le pasa ahora a éste, eh, Ángela?

–Nada¡que he recordado por qué nunca me han gustado las novelas policíacas!... –Sólo Ginny rio ante la ocurrencia de Ángela, que no dejaba que se leyera entero ningún relato–. Oye. ¿Qué os parece si escribimos nosotras siete un fanfiction?... Sería la caña. Si mezcláramos las opiniones de mi hermana y las observaciones de Tonks con mis pedazo de ocurrencias...¡sería fabuloso!

–No te ofendas, hermanita, pero casi que mejor que no. Sabéis, todavía estoy pensando en la historia que hemos leído al principio, la de Hermione. ¿Cómo dijiste que se titulaba?

–No lo dije –contestó Ginny–. Si mal no recuerdo era La inesperada muerte de Hermione Granger.

–Sí, ésa, la de la transformación en cucaracha –prosiguió, poniendo los ojos totalmente en blanco–. No sé, quizá penséis que estoy medio tonta, pero yo creía que la gente nos respetaba, que les caíamos simpáticos y todo eso. Vamos, que nos querían. Pero, después de la mitad de las cosas que hemos leído, no sé qué pensar. Cualquiera diría que parecemos un objeto de burla, que no nos respetan.

–¿Qué dices? –le espetó Ángela–. ¡Nos idolatran! No se cansan de decirlo.

–Pues no basta con decirlo, también hay que llevarlo a la práctica. Que mucho hablar pero poco obrar. Ahí está Hermione, que no ha venido y está seguro hartándose de llorar en su casa; y Sirius, que de tanto quererlo casi lo traumatizan. No somos bufones para que cualquier... ¡colgado! escriba sobre nosotros lo primero que se le ocurra. ¿No os parece? Ésta es, de lejos, la peor idea que se le ha ocurrido nunca a Corazón de bruja, y no voy a ser yo quien le dé coba a sus absurdos proyectos. Pensadlo tranquilamente, si nos quisiesen más, si en verdad nos tuviesen idealizados como dicen, nos respetarían. Y el respeto es lo primero que nos han perdido como individuos y como personajes.

»Después están las consideraciones literarias. Como bien ha dicho Tonks todo el tiempo, ninguno parece preocuparse mucho de lo que escribe. Quiero decir, que han dejado la formación a un segundo plano, y cualquiera, hasta el menos capacitado, se ha sentado, pergamino y pluma en mano, a fantasear con nosotros. Y así ha salido cada cosa que ha salido. No digo ya que tengan que ser ases de la literariedad, pero bien podrían escribir sin comerse las letras o cosas por el estilo, que pasando las páginas he visto eso y cosas peores. Es lo malo de estas cosas, que no se diversifica, que todo el mundo puede escribir sin pasar un filtro previo, y así te encuentras lo que te encuentras, que te da miedo y todo. Y así el oro está enterrado entre el fango.

»Y a hablar de lo que es o deja de ser literatura no voy a entrar, porque no soy una experta en la materia, y ésa es tarea de críticos. Pero al menos deberían emocionarnos estos fanfictions sin caer en los fáciles recursos del erotismo hormonal ni la descalificación personal. Será sólo mi manera de ver las cosas, pero un escritor tan sólo resulta interesante cuando resulta provechoso, cuando los personajes tocados por su mano cobran vida. Y sólo pueden cobrarla cuando terminan haciéndose con los personajes, con sus vivencias, conociéndolos como si estuviesen vivos a través de ellos. Y crear seres dotados de inteligencia sólo lo pueden hacer los seres inteligentes, pues requiere su tiempo interiorizar vivencias y experiencias ajenas. Por eso, a mi modo de ver, la literatura, la buena literatura, es otro modo de filosofía. Y la filosofía no está quizá en el cuerpo desnudo de dos hombres atractivísimos, sino, por qué no, en los más sencillos detalles de la vida cotidiana. No todo es matar a Vol... Voldemort, como también he visto por ahí. ¿Os imagináis que alguien nos dibujase aquí a las siete, en este salón, no haciendo otra cosa que leer?... –Rieron la gracia–. Pues ahí habría mucha filosofía. Y mucha literatura. Pero en la variedad está el gusto, dicen.

Apuntando con la varita el hueco de la chimenea, a pesar de que aún era verano y el calor apretaba con relativa fuerza para el tiempo habitual de la región en que vivían, un cálido fuego, repleto de tonos anaranjados y cobrizos, bañó la habitación. La señora Nicked, sin pensárselo dos veces, arrojó su propio ejemplar de Corazón de bruja a las llamas.

–Ya hemos tenido suficientes fanfictions por hoy –dijo–. Menos voy a participar yo en uno.