Queréis matarme, lo sé. Yo en vuestro lugar también querría u.u
Buf, decir que lo siento es poco... aunque también he tenido mis razones para retrasarme, como podréis imaginar... exámenes, formateo inoportuno (no es que tuviera nada escrito, pero estuve varios días sin PC), más exámenes, enfermedad (de hecho aún sigo enferma, pero no os preocupéis, nada grave), viajes a Madrid, mi novio (¡es que me entretiene! xD)... pero sobre todo, la falta de inspiración.
Creo que ya lo dije, pero esta historia la escribo sobre la marcha. Y de pronto, un día las musas me dijeron "ahí te quedas" y se fueron, sin más. Y no se me ocurría nada decente para el capítulo... hasta hace un par de días. Y bue, acabo de terminarlo. He tenido que releerme el fic para no meter la pata con la trama (tiene poca, pero algo tiene xD) y esto es lo que ha salido... espero que no haya ningún disparate y que os guste ;)
¡A leer!
Pereza.
Si había una palabra que en aquellos momentos hubiera elegido Hermione para definir su estado de ánimo, no hubiera sido otra sino esa.
Pereza. Ni melancolía, ni tristeza, ni vergüenza, ni remordimientos por lo que había hecho. Simple y llanamente, pereza.
Era cuando menos, curioso. Curioso porque ella siempre había sido, desde muy pequeña, una de esas personas que si no está haciendo algo, cualquier cosa que a su ver sea útil, siente que está perdiendo el tiempo.
Sin embargo, allí estaba. Tirada en la adoselada y mullida cama que la Sala de los Menesteres le había proporcionado, cuando había pasado tres veces por su puerta formulando una muda petición.
Miró alrededor una vez más. Librerías interminables alzándose hasta el techo, estanterías amplísimas con todo tipo de objetos, sillas y mesas elegantemente ornamentadas… todos los muebles que allí había parecían sacados de uno de esos libros de la época barroca que tantas veces había leído cuando aun asistía a su antiguo colegio muggle, recomendados por sus profesores de Historia.
Los colores predominantes, como buena Gryffindor, eran el rojo y el dorado, en tapices, cortinajes y mantas, lo que le daba un aspecto realmente antiguo y señorial a la estancia.
No le sorprendió que no hubiera absolutamente nada de comida. De hecho, cuando vio que no aparecía nada, sonrió orgullosa; ya lo había previsto. Sin embargo, no quería dejarse ver durante unos días por el colegio. Sacudió la cabeza. La alumna perfecta haciendo novillos. Qué ironía. Y todo por culpa de los chicos. De un chico en concreto, de hecho. Alto, rubio, de ojos grises, perteneciente a la casa de las serpientes, prepotente, narcisista, elitista… en resumen: un gilipollas… extremadamente atractivo.
Y allí estaba ella, escondiéndose de todo el mundo por un capullo arrogante que había estado jugando con ella unos días para luego besarla como nadie lo había hecho en la biblioteca, después agasajarla con regalitos y notas, y por último ignorarla y flirtear con otras como si nada hubiera pasado entre ellos. Eso sí, procurando que ella no se perdiese detalle alguno de lo que pasaba entre sus conquistas y él, y aderezado con una sonrisa que a Hermione hacía que le hirviese la sangre y pensara: "Eres tontatontatontatontatontatonta…"
Aunque, ahora que lo pensaba, quizás también ella tenía parte de culpa por no hacerle caso y no responder de ninguna de las maneras a las muestras de interés que el rubio mostraba por ella…
Resopló enfadada consigo misma. No, no había sido su culpa. Y tampoco había decidido aislarse del mundo para autocompadecerse y no parar de pensar en el capullo que se había colado en su cabeza. No. Ella era una luchadora, nunca se rendía. Dejaría pasar unos días, despejaría sus dudas, y se olvidaría de toda aquella locura. Después de todo, allí podía tener todo lo que quisiera sólo con desearlo.
Bueno, todo menos comida, pero ese era un problema que ya había resuelto gracias a la ayuda de Dobby. "Nota mental: hacerle un MUY buen regalo a Dobby cuando acabe todo este lío".
Al fin, hastiada, decidió levantarse y darse un paseo por las estanterías de aquel paraíso de libros, ya que por muy pocas ganas que tuviera de hacer algo, el aburrimiento la estaba matando; así que con pasos lentos y una parsimonia inusitada en ella, se dirigió hacia las librerías y pasó sus finos dedos por los lomos de los libros. Se detuvo en uno cuya cubierta llamó su atención.
"La Celestina".
- Oh, por favor, lo último que me apetece leer en este momento son historias de amor…
Prosiguió su avance, parando en esta ocasión en otro de color y forma distintos.
"Memorias de África". Frunció el ceño.
- ¿Esto qué es, una conspiración?
Irritada y molesta, siguió buscando: "Viento del Este, Viento del Oeste", "Cumbres borrascosas", "Los puentes de Madison", "Veinte poemas de amor y una canción desesperada"…
- ¡Genial, hasta los libros se ponen en mi contra! ¡La culpa de todo la tiene ese maldito imbécil! ¡Ojalá le tuviera delante ahora mismo, porque juro que le borraba esa sonrisa Profident de…!- se interrumpió al oír un ruido a su espalda. Giró sobre sus talones y, con la varita en mano lista para atacar a cualquier intruso que osara molestarla en aquellos momentos de descarga de tensiones, se encontró apuntando directamente a la pálida y afilada cara de nada más y nada menos que Draco Malfoy.
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Un pelirrojo y un moreno esperaban preocupados al pie de las escaleras de las habitaciones de las chicas de la casa de los leones, a que bajara cierta castaña de pelo alborotado. Era… extraño. Sí, esa era la palabra. Era extraño, porque Hermione Granger nunca se retrasaba…
… Ni tampoco llegaba tarde, pues quedaban diez minutos para que acabase el desayuno, por lo que seguramente no llegarían a tiempo a la primera hora.
- Le tiene que haber pasado algo, Harry- comentó un preocupado pelirrojo- Está tardando demasiado…
- Querrás decir que "está tardando" a secas. ¿O has visto que alguna otra vez que se retrasara para ir a clase?
- Yo de vosotros no la esperaría, chicos- los aludidos miraron hacia arriba de las escaleras y vieron a la pequeña de los Weasley ya preparada- No creo que hoy vaya a clase. Ni a desayunar. Ni a almorzar. Ni…
- Vale Ginny, ya lo hemos pillado- cortó su hermano- ¿Por qué? ¿Qué le ha pasado? ¿Es algo grave? ¿No debería ir a ver a la señora Pomfrey?
- Ron, tú siempre destilando optimismo… Ha dejado una nota a sus compañeras de habitación diciendo que necesita tomarse unos días de descanso y que no nos preocupemos, que está bien. La verdad es que es comprensible.
- ¿Se puede saber qué le pasa a Hermione? Desde hace un tiempo está más rara…
- Creo, Harry, que no soy quien para decir nada. Si no os lo ha contado ella…
- ¡Pero somos sus amigos!- protestó airado su hermano.
- Ya te lo contará ella cuando se sienta preparada- dijo la pelirroja con tono cansado.
- O sea, que tú sabes lo que le pasa…- dijo apuntándole con el dedo, como si fuera culpable de un grave delito.
- Ya vale, Ronald. Si tan buen amigo te consideras, respeta su decisión y déjala en paz. La agobiáis demasiado. Sobre todo tú, que no dejas que se le acerque nadie- Ron abrió la boca para protestar, pero ella le ignoró y continuó su discurso- Especialmente si se trata de un chico- las orejas del sermoneado adquirieron un color rojo tal que se confundía con su propio pelo- Eres como el perro del hortelano, ni comes ni dejas comer…
- Bueno, comer si que como…- intentó bromear, pero calló al ver la mirada furiosa de su hermana.
- Vamos, Harry.
Tomando al moreno de la mano, que lanzó a su pelirrojo amigo una mirada de apoyo, se acercó al retrato de la Dama Gorda, y cuando tenía ya un pie fuera, lista para cruzar, volvió su cabeza y miró a su hermano.
- Cuando te quieras dar cuenta de lo que sientes por ella, será demasiado tarde y no habrá vuelta atrás. Ella te ha esperado demasiado tiempo, ahora solo quiere disfrutar de su juventud y ser feliz. Nos vemos a la hora de comer.
Se giró, haciendo que su pelo rojo fuego bailara graciosamente, atravesó el cuadro, y dejó a un confuso Ronald Weasley en medio de una solitaria sala común, meditando sobre las palabras de la chica.
- Malfoy…- fue lo único que pudo pronunciar tras unos momentos de aturdimiento.
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Si en Hogwarts las noticias se extienden rápido de por sí, cuando están las Gryffindor Parvati Patil y Lavender Brown de por medio, se puede decir que se desplazan a velocidades superiores a la de la luz. Y eso era lo que había sucedido cuando la mejor estudiante que había pasado por el colegio en años dejó de asistir a clase. A todas las clases.
Y así era como se había enterado el chico de ojos grises que traía de cabeza a la susodicha de su ausencia.
- ¿Cómo?- parpadeó incrédulo.
- Que sí, que sí, en todo el colegio no se habla de otra cosa. Por lo visto lleva varios días sin ir a clase. Y durante esos días, nadie la ha visto tampoco- comentó un divertido Zabini por la actitud su rubio amigo.
- ¿Que no ha entrado a clases?- repitió.
- Sí, eso he dicho.
- ¿Durante varios días?- añadió aún sin poder creérselo.
- Sí, eso es.
- ¿Y dices que nadie la ha…?
- No, Draco, nadie la ha visto- atajó el moreno. Había tenido que repetirle tres veces lo mismo, y estaba comenzando a perder la paciencia.
El ojigris bufó entre dientes. En cualquier otro momento, le habría lanzado, como mínimo, una mirada de advertencia a Blaise por su tono para con él. Pero claro, ese no era cualquier momento. Era el momento en que se había enterado que la sabelotodo, a la que llevaba buscando desde aquel pequeño incidente en el que la había visto besarse con Weasel –se le revolvía el estómago sólo de pensarlo, además de otra sensación que no sabía o no quería definir muy bien- había desaparecido sin dejar rastro. Ni sus compañeros de clase ni sus amigos sabían nada de ella. ¡Por Merlín, ni siquiera iba a clase! El fin del mundo tenía que estar cerca…
… sino, ¿qué hacía él, el que siempre había despreciado a los hijos de muggles, el que pertenecía a una de las familias de más antiguo linaje mágico del mundo, el que se había dedicado a insultarla durante todos aquellos años, el que la había odiado desde la primera vez en que se vieron, preocupándose por ella? Sonrió apesadumbrado. Ya no podía seguir negándoselo a sí mismo, le preocupaba lo que le pudiera pasar, lo que le pudiera haber pasado ya… el no haberla visto durante las clases que compartían le había extrañado, pero le restó importancia, pues alguna vez San Potter y el pobretón habían conseguido arrastrarla con ellos a hacer sabe Merlín el qué; pero aún así tenía un extraño presentimiento que, finalmente, se había confirmado al oír que no había sido vista por nadie durante al menos tres días.
Pero de pronto, una idea apareció en su mente, devolviéndole a la realidad. "¿Cómo no se me ha ocurrido antes?".
- Eh, Blaise- dijo al moreno, que en ese momento estaba hablando –o más bien ligando- con una de las chicas de su casa. El aludido se giró hacia él, molesto por la interrupción y disculpándose previamente con la rubia a la que le había estado dedicando sus atenciones- Luego le sigues tirando los trastos. Necesito preguntarte algo sobre…- echó un ojo a su alrededor, comprobando que nadie les estaba escuchando- Granger.
- ¿Otra vez, Draco?- rodó los ojos- Dime, anda.
- ¿Me habías dicho que nadie la había visto, no?
- Merlín, ¿otra vez con eso? Me lo has preguntado siete veces- Draco rodó los ojos; "exagerado"-, no me…
- Pero ahora es distinto, se me ha ocurrido algo- su interlocutor lo miró, escéptico- ¿Sí o no?
- No, nadie la ha visto. Ni sus compañeras de habitación, ni la gente de Gryffindor, ni la de las otras casas, ni los profesores. Ha desaparecido en la nada- dijo haciendo un gesto que habría hecho reír al rubio en cualquier otra ocasión normal.
- Entonces… sólo… claro…- murmuró algo ininteligible, pese a que Zabini intentó aguzar el oído.
- ¿Entonces qué? No me dejes con la duda ahora- el otro levantó la mirada y la posó sobre la de su moreno amigo.
- Sólo puede estar en un sitio.
- ¿Dónde?
- La Sala de los Menesteres.
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- Ahora te alcanzo, Draco- dijo Blaise después de que hubieran salido del Gran Comedor- Una puerta cerca del tapiz de Barnabás el Chiflado, ¿no?
- Exactamente- confirmó el rubio, deteniendo su marcha- ¿Dónde vas? ¿No tenías tanta curiosidad por ver si tenía razón o no?- cuestionó, suspicaz ante el cambio de actitud de su amigo.
- Tengo… asuntos que resolver- dijo a la vez que daba la vuelta y alzaba una mano al aire, a modo de despedida.
- En fin…- se encogió de hombros y continuó su camino hacia el séptimo piso.
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- ¿Y dices que lo ha descubierto por sí mismo?
- Sí. Y menos mal, porque la verdad es que no sabía cómo insinuarlo sin ser demasiado obvio…
- Mira que eres, Blaise… si no tienes cuidado, sospechará algo. Ya sabes que es bastante… despierto.
- Para lo que quiere- sonrió el moreno, la chica le devolvió la sonrisa.
- Entonces- dijo ella, rompiendo el silencio en el que se habían sumido- ¿quién crees que ganará ahora?- dijo con aire casual.
- Lo veremos en un rato, preciosa- ella no pudo más que volver a sonreír, al interpretar el tono juguetón del moreno- De momento, deberíamos ir yendo al séptimo piso, o sino nunca lo sabremos.
- Por una vez estamos de acuerdo, Zabini. Veamos cómo acaba todo esto- concluyó, con un brillo picaresco inundando sus ojos chocolate. El chico meneó la cabeza, divertido por su actitud, y finalmente, siguió sus pasos, deseoso de ver el desenlace de aquella extraña "aventura".
Sé que no es muy largo (5 páginas de Word), pero he tenido que cortarlo ahí para darle un poco de emoción :P
¿Qué se traerán entre manos Blaise y esa "chica desconocida"?
¿Qué pasa con Hermione? ¿Y con Draco?
¿Harán Harry y Ron algo, o se mantendrán al margen de todo?
Todo esto y más en el próximo capi (que por supuesto, no tardaré tantisísisisisimo en subirlo. A lo sumo, el finde que viene lo tenéis, lo único que me impediría acabarlo sería un Avada Kedabra xD), en el que, por cierto, quizás pase algo entre la parejita... depende de cómo me encuentre de ánimo pasará más o menos, jejeje :P
Bueno, ahora mismo no tengo tiempo de contestaros a los reviews (sorry u.u), pero en el próximo prometo contestarlos todos. Tendré que hacerlo por PM, porque después de este no habrá más capis, pero lo haré. A los que no podré contestar será a los invitados, pero si me dejais una dirección de mail, lo haré sin ningún problema :)
Umm qué más... ah, sip, he escrito un Oneshot cortito de Draco y Hermione, para celebrar los 100 reviews :D Así que si queréis pasaros, se llama "Emociones", y... va para todas y cada una de vosotras, por apoyarme tanto con este fic :)
Y ya está, solo me queda daros las gracias por todo... por leerme, por dejarme reviews y alegrarme el día los que los dejáis, los que no, por estar ahí, por tener paciencia conmigo para las actualizaciones... simplemente, gracias, gracias, gracias :D
Besos y cuidaos mucho, os veo en el siguiente capítulo ;)
Nel
