Disclaimer: los personajes pertenecen a JK Rowling.

Sangre

De toda la decoración del gran salón de la casa Black, el jarrón de sangre de los Black era el que captaba la atención de todos los niños de la familia, en especial de los dos que vivían en esa casa.

Sirius y Regulus solían discutir sobre el jarrón en forma de ópalo cada vez que debido a algún evento social de sus padres tenían que quedarse en ese salón donde eran ignorados por todos los mayores pero no podían irse.

Ese día no era la excepción. Se trataba de una reunión familiar y por lo tanto sus primas estaban ahí. Sirius y Regulus estaban aparte, sentados juntos hablando en voz baja, con sus miradas fijas en el líquido rojo oscuro que llenaba el recipiente.

-La noble y pura sangre Black – dijo una voz femenina de manera orgullosa detrás de ellos. Sirius no se inmutó, pero Regulus se giró para ver a su prima mayor: Bellatrix Black.

Sirius había entrado el año anterior a Hogwarts, y Regulus entraría ese año. Su prima estaba en tercer año, y se había propuesto, después de la lamentable representación de su familia que había hecho Sirius en el colegio, hacer de su hermano menor un Black aceptable.

Regulus la miró serio:

-¿Tú qué piensas?

-¿Sobre esto? – preguntó Bellatrix acercándose más y acariciando ligeramente el jarrón.

-Sobre que cada vez que un Black muere se tomen cinco gotas de sangre suya y se agreguen a ese jarrón. ¿Crees que es cierto que lo han hecho con todos los Black? Sirius dice que sí.

Bellatrix asintió.

-Con todos los que no han sido unos traidores.

-Te dije que no era broma – dijo Sirius con un claro tono molesto – Aunque suene a una tontería.

-¿Tontería? – Bellatrix lo miró horrorizada, abriendo mucho los ojos y rodeando el cuello del jarrón con su mano fuertemente, de manera posesiva y protectora – Tú no eres un Black, Sirius, si no puedes apreciar tu legado.

-¿Mi legado es un jarrón lleno de sangre? Vaya porquería.

Bellatrix se puso pálida. Regulus retrocedió un poco. Sabía que esa palidez significaba un gran enojo: le temía a su prima enojada.

-Sigue así asqueroso Gryffindor, y cuando mueras ni una gota de tu sangre caerá en este jarrón.

-Bien – dijo Sirius levantándose de su asiento – porque no pretendo dejar una sola gota mía allí. ¿Y tú Regulus?

El niño miró alternativamente a su prima y a su hermano. Sabía que dijera lo que dijera uno de ellos se enojaría con él. Miró el jarrón. A él no le parecía una tontería, él quería ser un Black. Un Black como su padre, como su abuelo, parte de un linaje puro y noble…

-Dejaré una gota, si merezco hacerlo.

Bellatrix los miró a los dos sonriendo con desprecio.

-Un traidor, y un cobarde. Mi sangre estará aquí. No lo dudo. Tú Sirius, tendrás tu deseo. No queremos la sangre de los traidores aquí. Y tú Regulus… Aún estás a tiempo.

Regulus lo había intentado, pero al final había entendido que era mejor conservar hasta la última gota de sangre, y no venderse por cinco gotas. Cuando años después Bellatrix Black mató a su primo menor, no dejó que nadie tomara ni una gota de sangre de su cuerpo.

Cuando Bellatrix mató muchos años después a su primo mayor, ni siquiera dejó rastro de su sangre en la tierra.