Capítulo 5: El Purgatorio del profesor de pociones
¡Destrúyela!
¡Quémala!
¡Rómpela en mil pedazos!
¡MALDICE Y DESTRUYE ESTA COMPUTADORA INFERNAL!
La mocosa dijo que el clic hacía aparecer la ventana. Él HIZO eso. Así que, ¿dónde estaba la ventana? ¡Sinceramente, estas cosas de Muggles nunca trabajan de la manera que se quiere! Snape gruñó y apretó el botón de nuevo, y de nuevo, con una salvaje frustración.
¡CLICK!
¡CLICK!
¡CLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICK!
¡Oh. Maldición! Ahora había demasiadas ventanas. ¡Y él sólo quería una! Tonta, estupida máquina... SIN VALOR.
Pulsó "x"cuidadosamente en la esquina de cada una de las ventanas, sólo para comprender, demasiado tarde, que no debió de haber hecho eso. ¡Maldita sea y doble maldita sea! ¡Ahora no había ninguna ventana en la pantalla! Se encontraba como al principio, o sea en nada.
Snape se frotó la frente y oró por paciencia, pero entonces de repente consideró el peligro de hacer eso. Las oraciones por paciencia, o fuerza, parecían ser contestadas siempre por la ocurrencia de más dificultades. Así que lo mas sabio seria quedarse quistecito. ¡Snape no necesitaba más dificultades! ¡Ya tenía bastantes! Podría con esto... Él haría esto... Lo haría así tardara toda la noche...
Después de haber examinado rápidamente el Manual de las Animadoras, y la larga lista de las reglas y regulaciones de la Competencia, se quedó pasmado por lo salvaje y chiflado que era ese deporte. ¡Y pensaba que las reglas del Quiddich eran locas y complicadas! Al menos para el Quiddich existía la libre interpretación. Snape sabía, por experiencia propia, el numero sorprendente de maneras que un árbitro para interpretar y sancionar las faltas y multas. Casi todo era permisible en el Quiddich. Pero en esto muchas de estas reglas eran increíblemente firmes.
Las reglas de la apariencia, por ejemplo. Todos los uniformes de las animadoras tenían que emparejar inmaculadamente. Podrían deducirse puntos por la falta de limpieza en el vestuario…por manchas en los uniformes, por exhibición de etiquetas o faldas que no tenían buena caída, por medias que no emparejaban o que no se plegaron correctamente, o por que se desataron o no se ataron correctamente las zapatillas.
Podrían deducirse puntos también por el pelo. Las muchachas tenían que traer el pelo sujeto en un firme moño (recordó cómo Hermione había sujetado ese salvaje arbusto que tenía por pelo.) Extensiones de pelo o pelucas estaban a menudo permitidas, pero éstas tenían que ser uniformes, y tenían que ser sujetadas herméticamente. Podrían tomarse puntos por el pelo mal sujetado, mechones que obstaculizaban la visión, o mallas que salieran volando de la cabeza en medio de la prueba. ¡Oh, eso debe de ser bueno! Y todo esto estaba fuera de la práctica real del deporte.
Aquí la rigidez estaba tambaleándose. Una rutina tenía que durar dos minutos y medio exactamente, con por lo menos cuarenta y cinco segundos consagrados a cantar, treinta más reservados para el baile, y el resto para dar volteretas. Había algunos elementos que se podrían mezclar, u obviar, pero otros no. Había una regulación para el tamaño de la estera y las áreas específicas que constituirían "fuera de límites." Los equipos debían de organizar de antemano la música que usarían durante su rutina, y había una duración determinada para esa música. Algunas rutinas podrían usar más, pero nunca menos.
El alcance de esto era completamente inexplicable para alguien que solo había estudiado las normas del Quiddich. En Quiddich, daba lo mismo (para un Slytherin) cómo se anotara en la meta, con tal de que lo hicieran. No importaba cómo el Buscador cogía la snitch, con tal de que se le cogiera. Los jugadores volaban por donde quisieran. No había ningún "fuera de lugar," y ningún límite obligatorio. La única cosa que se guardaba en el juego en general era la captura de la snitch en un tiempo determinado, pero ése no era siempre el caso. Incluso la duración del juego era fluida. Se conocían equipos que para coger la snitch, les tomó días. Entonces cual era el beneficio de este deporte. ¿Por qué alguien querría participar en un deporte que tenía tantas reglas restringidas?
La competencia de animadoras parecía más bien un arte en lugar en lugar de un deporte…un arte dónde la técnica se juzgaba más que el resultado. La técnica lo era todo para las animadoras. No importaba que movimientos y saltos se utilizaran, solo importaba que estos movimientos fueran ejecutados perfectamente. Importaba también la fluidez y el grado de dificultad de esos movimientos y la manera estética en que se realizaban. ¡Sólo las mujeres podrían proponer algo tan irritante como esto!
¡Había un número infinito de movimientos y faltas, cada una con una valoración de puntos, y cada uno tenía un nombre…cosas que tendría que memorizar en solo dos semanas, no más! Un salto obsceno con las manos y piernas extendidas hacia los lados era llamado "el Toque del dedo del pie." La acción de levantar a una animadora en el aire y sostenerla por un pie mientras que la otra pierna la doblaba hacia atrás hasta tocar su cabeza, se llamaba "el Escorpión." Snape no podía imaginar como mantendría los nervios para poder presenciar todo eso, y permitirles a sus alumnas hacerlo delante de una muchedumbre de personas, en un uniforme tan pequeño que dejaba poco a la imaginación. Las competencias de las animadoras era ciertamente una actividad muy atrevida.
Encima de estos saltos, también estaba las volteretas, movimientos que también tenían nombres y valoraciones distintas, pero era difícil tener una idea exacta de su ejecución solo leyendo las descripciones de un libro. Era por eso que necesitaba la computadora...Dentro de esos pequeños cuadraditos amarillos estarían mejor ilustradas estas cosas. ¡Si sólo pudiera conseguir que la cosa se abriera!
¡CLICK!
¡CLICK!
¡CLICKCLICKCLICKCLICKCLICKCLICK!
¡Maldición! ¡Demasiadas ventanas de nuevo! Snape deseó agitar su varita y poder fundirla en un montón de plástico retorcido, pero eso no le haría mucho bien a su situación. Tendría que reemplazársela a Granger, y ella sabría que no pudo dominarla. Eso sería más que una avergüenza…especialmente desde que le había dicho, en condiciones acerbas, que él lo encontraba fácil. ¡Él TENÍA que hacer esto!
¡CLICK!
¡CLICK!
Espera un momento...
¡CLICKCLICK!
¡Ah ha! Esto es lo que dijo.
¡El DOBLE clic para abrir una ventana! Como pudo olvidarse de eso. Ciertamente eso no le volvería a pasar. Snape pulsó el botón cuidadosamente "Salud para Bretaña," y tensó sus dientes, y sus nervios, para tener éxito.
Ssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss
"¿Estas bien, Severus? Pareces cansado."
La conversación en la mesa del comedor normalmente era para Snape como agua que fluye a través de una piedra en medio de la corriente. Pero, al comentario de Minerva, los otros maestros volvieron su atención hacia él. Eso era algo que no dio por bienvenido. Snape silenciosamente apretó sus dientes.
"¿Cansado? Sólo de la incompetencia, la pereza, y la locura. Por si no lo has notado," él gesticuló mientras señalaba al mar de estudiantes en el comedor, "nosotros estamos rodeamos por todo eso."
Tú también parecerías cansada después de batallar con las oscuras fuerzas Muggles toda la mañana...
"Yo me pregunto si quizás los deberes extras que has tomado te están pasando factura." Su voz ronroneó con una virtual simpatía. Snape no se dejo engañar.
Si realmente te preocupara, te habrías ofrecido.
Él asumió un aire ligero de mártir. "No se lamente tanto por mi, Minerva. Yo siempre cumpliré mis deberes con esta escuela, no importa lo que esos deberes sean."
"Pero debo decir, Severus, que estoy sorprendida de que estuvieras de acuerdo en asumir este trabajo. No parece encajar contigo en absoluto."
¡Honestamente! Ella estaba como un perro determinado a coger el hueso, o un gato que juega implacablemente con el ratón... ¡Oh, cállate, mujer!
"Desde que Albus me lo pidió como un favor personal, yo sentía que era razonable ayudarlo…sobre todo cuando él necesitaba ayuda con tan corto aviso." Snape miró a la señora Hooch que estaba sentada a unos lugares de él. "Yo nunca le he negado nada a Albus... nada."
Si Albus hubiera estado presente en la mesa esa mañana, Severus podrían haber sido más recatado en su discurso, pero Dumbledore no estaba allí, así que Snape podía decir lo que le diera la gana. No tenía ninguna intención de permitirle a nadie saber cual había sido la realidad del asunto. ¡Nadie iba a saber que esto era un castigo!
"Qué estás haciendo para Albus?" Sinistra preguntó inocentemente.
"Dirigiendo un ejercicio diplomático entre esta escuela y el Mundo Externo."
Oh, eso parecía ser, ¿o no lo era?
"E…sa…la cosa de Muggles …del Ministerio ¿que es?" El discurso de Hagrid era alterado por un bocado Hercúleo de comida masticada. No era una vista bonita.
Severus se abstuvo de algún modo de rodar sus ojos, guardó su expresión en calma, y puso una actitud severa, llenándose paciencia.
"Es un ejercicio para la cooperación Mago/Muggle y, sí, el Ministerio quiere llevar buenas relaciones con la Comunidad Muggle en el futuro. El Director desea que nosotros ayudemos al Ministerio en cuanto podamos." Snape miraba hacia al frente tratando de parecer importante y noble. Él casi tuvo éxito.
"Oh, ¡ya sé lo que estás haciendo!" Habló de repente Vector. "¡Has tomado la posición de Asesor para ese nuevo equipo de deporte Muggle! Qué es, ¿Brincado, animación o algo?"
Por lo menos consigue decir correctamente el nombre, tonta ignorante...
Snape encendió una mirada a Vector, la clase de mirada que uno le daría aun incompetente.
"Se llaman Animadoras," Dijo servicialmente Remus. "He oído hablar de él. Involucra a muchachas bonitas, coloridos pompones, y muchas acrobacias. Ellas gritan cantos Muggles para animar los juegos."
Yo voy a matar a este hombre-lobo.
"¿Muchachas bonitas, alegres, que hacen acrobacias? ¡Eso parece pura diversión!" rechinó Flitwick.
Entonces puedes hacerlo. Quedas invitado.
El profesor de Encantos le dio un inesperado pestañeo y un codazo ligero, y dijo en voz bastante alta para que el resto de ellos lo pudieran oír, "Supongo que no hay ninguna necesidad de preguntar por qué estabas de acuerdo en tomar el trabajo, eh Severus?"
Los otros maestros, McGonagall incluida, sonrieron con satisfacción. La cara de Snape se nubló incrédulo.
"¡Éstas son ESTUDIANTES, Filius! ¡NIÑAS!"
¡Cómo se atreven ellos a creer eso de mí! ¿Qué están pensando?
"Claro que lo son. ¡Pero la mayoría de ellas son muy bonitas, y algunas están por encima de los diecisiete…Son mayores de edad! Mujeres jóvenes de gracia y encanto considerable, si yo lo digo, ¡es porque lo es!"
¡Maravilloso! ¿Quién conociera al viejo Flitwick? No hay duda porque Dumbledore me quiso para el trabajo. Él sabe que yo puedo guardar una cabeza firme...
"No hay nada de encanto en un montón de hembras sosas que se comunican riéndose tontamente."
Snape se negó a pensar en la cara resplandeciente de Hermione Granger y en su elegante cuerpo, y del hecho de que de todas las personas, ella nunca podría describirse como una persona sosa y que nunca se había reído tontamente en su presencia. Pensar tanto en Granger le sacaría otro dolor de cabeza.
"Oh, cosa sin sentido, Severus," continuado el diminuto profesor de Encantos con su pequeña voz. "Tu problema es que siempre le vez el lado oscuro a todo. ¡Eres muy retraído! ¡No sabes como te envidio que puedas viajar a Bretaña con una bandada de muchachas jóvenes y bonitas!"
Nadie notó sus manos ovilladas en puños bajo la mesa, la expresión de Snape había vuelto a su desdén normal. Pero interiormente, él estaba hirviendo. ¡Retraído había dicho! Él no odiaba a las mujeres. Realmente las disfrutaba, pero nunca trajo su vida sexual a trabajar con él. Era mejor guardar el comercio y el placer tan lejos como fuera posible. Y él NUNCA coquetearía con las estudiantes. Maestros que hicieron eso a menudo se vieron involucrados en indiscreciones, y Hogwarts tenía bastante de eso en su historia para que el también fuera agregado. Claro si el tonto de Flitwick, quería hacer eso, que lo hiciera, aunque realmente el pobre solo hiciera el hazme reír...
¡Eres un tonto pusilánime!
"Bueno, yo pienso que Severus no será muy envidiado. Yo tenía ese trabajo antes que él, ¡y era un completo dolor en el trasero!"
La Señora Hooch había hablado con una voz afligida. Snape la miró fríamente. Ella estaba técnicamente de su lado en esta discusión, pero también era debido a que ella había abandonando sus responsabilidades al último minuto, que él se vio empujado en este infierno. Nada de lo que pudiera decir ahora cambiaría eso.
"¡Cualquiera que asuma ese equipo tiene que tratar con la muchacha Granger, y ella es inaguantable! Es una cosa muy buena que nuestros partidos de Quiddich resultaran estar en los mismos días que las Competiciones de los Muggle. ¡Yo ya no podía tener un momento de paz! Ella estaba en mi oficina cada dos días, importunándome sobre esto o sobre aquello. ¡Casi me vuelve loca!"
Snape contestó con una sonrisa de desprecio. "¡Eso es simplemente porque no sabes tratar a los estudiantes! Todos caminan bien con firmeza y disciplina. La Srta. Granger no me ha dado ningún problema. ¡Ella sabe muy bien que mas le vale!"
La mirada resentida que Hooch le envió era puro veneno, pero Snape no se cuidó. Ella le debía mucho más que un golpazo verbal simple.
¡Que conveniente que los juegos de Quiddich chocaran con el Torneo de los Muggle! Yo me pregunto cómo es que pasó eso...
"¿Y que sobre tener que usar ese horrible aparato Muggle…esa computadora?" ella le riño.
Severus echó atrás su cabeza y ondeó una mano arrogante en el aire. "Oh, eso. ¡La cosa no es dura de trabajar si te aplicas! Cualquier mago inteligente puede dominarlo."
¡Tardaré probablemente SEMANAS para dominar el doble-clic!
"Claro la palabra importante aquí es: INTELIGENCIA," él agregó malévolamente.
Snape con eso se levantó de la mesa y no se volvió a ver a la Señora Hooch que estaba echa una furia. Él ya se encontraba fuera del gran comedor y a medio paso del patio antes de que comprendiera que él había sido seguido. Cualquier tipo de paciencia que él había tenido, había huido a tierras muy lejanas. ¿Nadie lo dejaría nunca solo?
"¿Ahora que?" Tronó al mago que resultó ser Remus. "¿Que es tan importante que no puede esperar, o qué desesperada necesidad tienes para molestarme?"
"Nada, Severus," Remus contestó ligeramente. "Yo solo deseo ofrecerte mis servicios simplemente, si los quieres. Yo comprendo tu... aflicción... Debe ser difícil hacer todo lo que se requiere en el equipo, pero quiero que sepas que cualquier ayuda que pudieras necesitar, yo estaría muy alegre de dártela."
Snape consideró a Remus por un segundo frunciendo el ceño de irritación. ¿Ofreciendo su ayuda? ¿Cuál fue el ángulo? ¿El hombre-lobo tenía posibles planes con las muchachas, o ésta era una simple manera para presentarse a Snape? Remus estaba esperando por una contestación con una cordialidad casi humilde. Severus encontró esa suavidad demasiado irritante porque le recordó, extrañamente, a Dumbledore. Él tenía un cuadro enfermo de Remus como posible Director de Hogwarts en el futuro, y tener que trabajar para él. ¿Director del colegio un hombre-lobo? Oh, nunca... Jamás...
"Que conmovedor, Remus," él sonrió con desprecio. "Realmente yo podría estar tentado a aceptar tu pequeña oferta, sólo que el Torneo de los Muggles, desgraciadamente, coincide con la próxima luna llena. ¡Por mucho que yo desee tu ayuda, tienes que entender que las relaciones entre esta escuela y el mundo de Muggle no mejorarían si el juez de Hogwarts devora a los otros equipos, y a los otros jueces, del Torneo!"
"Aunque," él agregó implacablemente, "si te dosificó apropiadamente con la poción matalobos, tu podrías hacer de una mascota interesante. Quizás yo pensaré sobre eso."
Remus sonrió tristemente y agitó su cabeza. "Eres imposible como siempre, Severus. Pero la oferta se queda. Recuérdala."
Snape lo rechazó y continuó muy enojado a su primera clase. Él había insultado al sucio y odioso maestro de Defensa, pero todavía, de algún modo, a Snape le hirió sentir que el hombre-lobo había salido bien del encuentro. Remus había mantenido su posición gentil y había guardado su mando. Era Snape que, por actuar de manera ruda e ingrata, había parecido estúpido e incluso infantil. Él solo debió limitarse a darle un simple y cortés "gracias" antes de negarse.
Pero lo que realmente lo coció a vapor es que el había conseguido lo que tanto estaba rogando. Había deseado a alguien para que hiciera sus desagradables deberes, y Remus se había ofrecido. Si Snape hubiera jugado sus cartas apropiadamente, hubiera podido dejar a Remus con la computadora, los libros, y las ridículas hojas con los bosquejos. Y aun cuando esta primera Competición se realizara en luna llena, ciertamente las otras no lo serían. ¡El director ni siquiera sería capaz de recriminarle porque él estaría trabajando cooperativamente con uno de sus colegas!
¡Una oportunidad de oro se le había resbalado al Slytherin a través de los dedos…todo porque permitió que el odio por ese hombre-lobo lo consumiese! Y era demasiado tarde para deshacer el daño. Después de que todas esas cosas sucias que él le había dicho, si ahora regresaba arrastrándose a Remus, sólo parecería más tonto. ¡Oh por todas las maldiciones! ¿Por qué no podría controlar su lengua? ¡Dos simples segundos de placer sarcástico, y ahora él estaba mas atrancado que nunca! ¿Por qué la vida era tan injusta?
La clase de primer año Hufflepuffs y Ravenclaws estaba esperándolo fuera del aula. Snape les sonrió malévolamente y los miró temblar. ¡Que!, por lo menos, eso era agradable. Él abrió la puerta del aula de Pociones y se preparó para hacer su peor cátedra.
HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH
El equipo completo de animadoras practicó las dos semanas que les quedaban antes del primer torneo. Arreglemos la oración, el Profesor Snape se había apartado completamente de ellas. Si no hubiera sido por el hecho que ellas sabían que él era su Consejero, casi podrían olvidarse de él... hasta que lo tuvieran que ver en Pociones, claro. Por una extraña difusión que infecta las escuelas, no pasó mucho tiempo para que todo el cuerpo estudiantil se enterara que el murciélago de los Calabozos era el consejo de ese equipo. Pero de la manera en que él actuaba, nadie terminaba por creerlo realmente.
Hermione tuvo la comezón de la curiosidad, pero se abstuvo de preguntarle al austero profesor cómo le estaba haciendo con la computadora. Era su computadora, y ella podía excusarse en la preocupación natural por quién estaba usándola, y si lo estaba haciendo bien, pero ella celebró la paz. ¡Nadie busca a Snape…a menos que uno quisiera una detención! Y estaba el hecho de que el profesor estaba muy susceptible con eso de que su orgullo estaba ofendido.
Extrañamente, a Hermione no lo dolió ese orgullo. Él era un mago poderoso, inteligente y un excelente profesor, él tenían todo el derecho para estar orgulloso de eso, y orgulloso de la importancia y dignidad de su trabajo. Pero algunos no parecía darle el respeto él se merecía. Hermione escuchaba la manera en que los estudiantes se expresaban a sus espaladas, y aunque sabía que él se había ganado todo eso, pensó que no era justo.
Él la había convocado dos veces en su oficina desde la primera entrevista…reuniones cortas que sólo tuvieron lugar porque eran completamente necesarias. Se trataba de los permisos y las normas legales que tenían que dar los padres. Los lugares y horarios de los torneos que tenían que ser establecidos. Hermione necesitó informarle todo eso con prontitud.
En cada entrevista, parecía como si él estuviera haciendo su mayor esfuerzo por intimidarla y oponérsele. Parecía estar sacando en ella toda la frustración que sentía por su asignación del equipo. No era fácil encontrarse con sus ojos negros y ásperos, soportar su mal humor con condescendencia, o guardar la calma bajo la fuerza de su personalidad, pero Hermione lo manejó como pudo. Había enfrentado cosas peores, mucho peores, después de todo.
Había visto todo los horrores de la guerra. Había luchado con mortifagos, sobrevivido a un Cruciatus, y había terminado en St. Mungo casi muerta a causa de un hechizo que había rasgado la mayoría de sus músculos y había roto la mayoría de sus huesos. Después de esa agonía, y la larga lucha por la recuperación, la conducta gruñona del Profesor Snape no la asustaba realmente. Pero todavía era el maestro por el que ella había intentado todo por ganarse su favor durante años. Él todavía era el profesor al que le tenía una alta consideración…y de quien probablemente jamás conseguiría nada a cambio.
Hermione la hizo el mejor tomarse todo con paciencia, y no tomar sus agravios personalmente. Algunas personas eran imposibles de agradar, aunque eso no significa que ella dejara de intentarlo. Y ella podía entender su resentimiento, el no estaba haciendo esto de buena gana. Él era un hombre especial…solitario, apartado, y posiblemente tímido…un hombre que se quedó detrás de los escenarios, guardando su propio concilio, que prefería el silencio de la biblioteca o del laboratorio a los reflectores y el rugido de la muchedumbre. Él era la última persona que podría tener alguna afinidad, con el bullicioso deporte de las animadoras. Su actitud salvaje era comprensible.
Lo mejor que podía hacer era ignorar su mal humor y tratar de llevarse con él así fuera tan desagradable, así se pasara todo el tiempo deseando su aprobación. Y la mejor manera de ayudarlo a pasar el transe era hacérselo todo tan fácil como le fuera posible. Ella cuidó de todos los pequeños detalles, envió las lechuzas, consiguió los uniformes y todo su vestuario. Confirmó las fechas, los destinos, y la hora de llegada, y coordino con el personal de cocina la comida apropiada que debían tomar. Para la noche antes de la Competición, su equipo estaba mas listo de lo que en verdad se imaginaron. Todo en lo que tenían que preocuparse ahora era de sus nervios... y de Snape, claro...
SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
Snape se sentó en su estudio privado, frunciendo el entrecejo a la luminosa pantalla del portátil, alimentando otro dolor de cabeza. Mañana era la primera Competición, y honestamente el estaba asustado. Asustado de tener que enfrentarse a un asunto poco familiar dónde él no tenía totalmente el mando. Cuando descubrió la necesidad del permiso, y los documentos que absuelven a los organizadores del torneo la obligación de hacerse cargo de una estudiante lesionada, tuvo la esperanza de que por lo menos uno de los padres hubiera tenido el sentido común para objetar. Pero todos habían firmado los permisos. No había ninguna salida ahora.
Su escritorio era un tiradero de basura, montones de papeles y libros, el odiado portátil descansaba en medio como si fuera una perla en su cáscara. Las perlas, después de todo, eran irritantes. Había una pila de libros nuevos que él había adquirido como apoyo para poder manejar la computadora, todo comprado recientemente. Allí estaba como abrir Windows, Cómo Amar su propia Computadora, y cuatro volúmenes amarillos y negros con varios pasos fáciles para conseguir echar a andar una computadora, declaraban que eran tan fáciles que hasta un niño de 5 años lo podría entender.
¡Mudungus Fletcher va a pagar por esto!
Pero quizás él no debería estar tan enojado. Esos libros realmente le habían sido de mucha utilidad. Después de arar a través de la mayoría de ellos, Snape pudo realmente ejecutar la computadora con algo de razonable éxito. Incluso la cosa empeso a tener algo de... lógica... para él, en algunas ocasiones cuando la pequeña bestia se colgaba, o se negaba a cooperar, él había encontrado que apagándola como castigo, y reiniciándola de nuevo, conseguía trabajar a las mil maravillas!
Snape se había obligado a ver cada una de las carpetas que había en la portátil, y ahora ya sabía la diferencia entre una "voltereta hacia atrás" y una "voltereta hacia adelante." Podía distinguir entre un "doblez", un "clavado", y un "esquema." también sabía los nombres de los distintos movimientos de la mano y la manera apropiada para ejecutarlos. También encontró un pequeño cuestionario, "Señale el nombre de los saltos de las animadoras" Él acertó diez de diez. Supuestamente ya estaba listo.
Apagó la portátil y la pantalla se oscureció. Snape se sentía como un hombre condenado al beso del Dementor al alba. Pero ciertamente, razonó, él estaba exagerando su situación. Este trabajo, aunque odioso, no era tan fatal. ¡Estaba acompañando a sus estudiantes a un concurso Muggle, no a una fiesta Oscura! Todo lo que tenía que hacer era guardar la calma y soportar cualquier irritación, o fastidio, que la prueba involucrara.
Las palabras de un Slytherin famoso: "Lo que no me mata me hace más fuerte," vino a su mente. Para darse los ánimos que tanto necesitaba.
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Bueno solo decirles que el próximo capitulo es el inicio de la competencia, y veremos a Snape haciéndola de juez, ójala le vaya bien al pobre, no saben las ganas que tengo de consolarlo.
Y nada, he traducido el episodio en medio de una aburrida clase de fisologia vegetal...odio esa materia, bueno menos mal que todo este martirio universitario acaba en agosto y al fin sere libre. Bueno casi porque empesarè con las practicas y quisas a trabajar. Ojala porque planeo ser millonaria a los 30. soñar no cuesta nada.
bueno nos vemos chicas.
