-¡Sabes muy bien de qué te hablo, Kimimaro¡Dime porqué diablos aceptaste a ese niñato! –Los gritos de Juugo retumbaban por todo el pasillo, en el cual ambos se encontraban en aquel instante.

Kimimaro había salido de su cuarto, para dar una vuelta unos minutos. Por más que agradecía que le hubieran otorgado una habitación hace poco, pues estaba acostumbrado a permanecer dentro de los laboratorios para diferentes experimentos a los que se le sometía o simplemente encerrado en una jaula de las mazmorras, prefería ir constantemente a recorrer los pasillos o salir de allí a tomar aire fresco. No es que le molestara estar encerrado, pero de todas maneras sentía la necesidad de estirar sus piernas y despejar su mente.

Lo único inusual que encontró, en medio de aquellos corredores tan fríos, fue a Juugo, apoyado en una pared. Su presencia no le era extraña, pero su expresión enojada le llamó la atención. Comúnmente, el chico mostraba un rostro serio, pero no llegaba a ser enojado como en esta ocasión. Y, lo que más atrajo su curiosidad, fue que movía su pié como si esperara a alguien.

El peliblanco siguió su camino, pasando frente a él sin siquiera mirarlo. No pudo seguir caminando mucho más, porque sintió como era agarrado del cuello de su yukata y estampado contra un muro. Su cuerpo a la vez, fue elevado, hasta que su rostro quedo frente a frente al del pelicastaño, pues éste era más alto que él.

Luego de una sarta de insultos y palabras inteligibles por parte de Juugo, siguió manteniendo la calma, aunque no comprendía de qué le estaba hablando el más alto. Apenas era capaz de entender lo que decía, pero no le encontraba sentido a todas sus palabras.

-Si te digo que no sé de que hablas, es la verdad. Ahora bájame, si no quieres que te dé una buena paliza, Juugo. –El susodicho le hizo caso, soltando su ropa y dejándolo caer.

Kimimaro elevó su rostro, encontrándose con el aún fruncido ceño de Juugo.

-¿¡Entonces como explicas el rumor de que Orochimaru te regaló a un chico!? –El peliblanco se tapó los oídos con sus índices, con sus facciones aún demostrando serenidad.

-Primero que nada, deja de gritar, no estoy sordo –dijo mientras se quitaba sus dedos-. Segundo, es solo un rumor, y no tiene nada de cierto. Yo no recibí nada de Orochimaru-sama, y menos a un humano.

-Te acostaste con él, y por eso lo estás encubriendo¿no es así?

-No, no me he acostado con nadie. Y si tanto te cuesta creer que no hay tal "regalo", acompáñame y te lo demostraré. –Kimimaro lo tomó del brazo y lo arrastró por los pasillos hacia su habitación.

En el camino, Juugo ablandó su expresión. Tal vez no era cierto el rumor y solo estaba imaginando cosas. Después de todo, Kimimaro era la única persona en la que confiaba, y sabía que él no le escondería algo así. En realidad¿en qué estaba pensando al dudar de él¡Era estúpido el solo pensar que el peliblanco pudiera vincularse con otra persona! Y menos acostarse con alguien... Ahora se arrepentía de aquellas palabras, podría haberlo ofendido.

Ya estaba divagando en las mil y un formas de pedirle perdón por aquello, cuando llegaron frente a la puerta que llevaba al cuarto de Kimimaro. Éste volteó la perilla y empujó un poco la puerta, abriéndola de par en par, dejando a relucir todo el, aunque pequeño, interior.

-¿Ves? Aquí no hay absolutamente... –no terminó la frase, pues ante sus ojos se expuso algo inesperado; había un bulto sobre su cama, y no cualquier bulto, era una persona.

-¡Lo sabía¡Eres un mentiroso y un hipócrita¡No quiero volver a ver tu asqueroso rostro en lo que me resta de la puta vida! –gritó, mientras se alejaba corriendo del lugar.

-¡No¡Juugo, esto es un malentendido! –Muy tarde, el pelicastaño ya había desaparecido en la oscuridad-. Mierda¿quién lo manda a ser tan sensible?

Su vista pasó al cuerpo que yacía en su cama. Un chico vestido con una yukata simple de color crema, que se veía muy bien con su largo cabello castaño oscuro. Desde lejos no habría notado si era mujer u hombre, pero desde cerca se fijo en que la yukata estaba algo abierta, dejando a la vista su pecho bastante ejercitado, y notablemente masculino. Sus manos estaban atadas con una cinta roja, al igual que sus pies, y en la cintura llevaba pegado un gran moño de regalo, del mismo color. No podía ver sus ojos, pues estaba dormido, pero no pasó mucho antes de que despertara.

Dos grandes ojos blancos lo miraron curioso, y se clavaron en sus orbes verdes.

-¿Quién eres? –preguntó el peliblanco. Los ojos del chico siguieron mirándolo, mientras elevaba un poco sus hombros.

-No lo sé. –Kimimaro frunció el ceño ante tal respuesta.

-¿Cómo que no sabes quien eres? –El chico volvió a elevar sus hombros.

-Simplemente no lo sé. –La respuesta seguía siendo igual de vaga, lo cual solo enojó más al peliblanco-. ¿Y quién eres tú?

-Alguien que no está de humor para bromas, así que te lo pregunto por última vez¿Quién eres?

-Ya te dije que no lo sé.

Kimimaro, ya harto de la situación, lo tomó del cabello y lo jaló fuertemente, a lo cual el pequeño emitió un gemido de dolor.

-Y yo ya te dije que no estoy de humor, así que responderás por las buenas o por las malas.

-Suéltame, me duele. –Kimimaro volvió a jalarlo, levantándolo de la cama.

El pelicastaño apretó fuertemente los ojos, tratando de evitar que lágrimas de dolor cayeran de sus ojos. A la vez, mordió su labio inferior, reprimiendo más sonidos lastimeros.

-No te quieras pasar de listo conmigo, porque no conseguirás nada bueno.

Lo alzó hasta dejarlo frente a él, y vio como grandes lágrimas corrían por las mejillas del menor, cosa que apenas le importó. Pequeños sollozos, casi inaudibles, eran emitidos por la garganta de aquel chico que, sin aviso, se había entrometido en su pieza, y en su vida.

-Eres patético, lloras como si fueras un niñita –comentó, mientras soltaba los largos cabellos, dejando caer el cuerpo nuevamente sobre la cama-. Iré a ver a Orochimaru-sama, será mejor que te quedes aquí.

Salió por la puerta, dejando al chico solo allí, acostado en posición fetal, mientras los sollozos se escuchaban por toda la habitación.

El mayor caminó por los corredores, esta vez sin encontrarse a nadie en el camino, hasta llegar a la puerta que lo llevaba a un salón con solo una pequeña lámpara colgando del techo y que iluminaba solo el centro del lugar. De allí siguió su camino hasta otra puerta, la cual golpeó con los nudillos tres veces.

-¿Si? –Una voz, conocida para él, le respondió desde el otro lado.

-Kabuto, debo ver a Orochimaru-sama en este instante.

-Eso será imposible, él esta muy ocupado ahora, si quieres puedes venir más rato y...

-¡No! –lo interrumpió-. Debo verlo enseguida.

-No seas terco, Kimimaro, te digo que está ocupado.

-Al diablo lo que digas. –Sin hacer el mínimo caso, Kimimaro movió la perilla y empujó fuertemente la puerta, abriéndola enseguida.

La habitación era sencilla y pequeña. Y, en un rincón, se apreciaba un sillón rojo, en el cual se encontraba sentado Kabuto leyendo un libro, iluminado por la lámpara de pié que estaba a su lado.

-La privacidad es un derecho¿lo sabías? –comentó Kabuto, aún concentrado en su libro.

-Es lo mismo que yo quería decirte. –En ese momento, Kabuto dejó su libro a un lado y lo miró con curiosidad-. ¿Qué mierda hace un mocoso en mi cuarto?

-¡Oh! Así que ya viste tu regalo¿te gustó?

-¿Gustarme¡Ese enano me saca de quicio! Solo evita que sepa quién es.

-Es que, él mismo, no lo sabe. –Kimimaro enarcó una ceja, confundido.

-¿Cómo que no?

-Cuando lo encontró tu equipo, acababa de perder la memoria.

-Así que esos inútiles lo encontraron.

-Si, y Orochimaru-sama te lo está entregando como regalo hasta que ellos deban usarlo. Deberías estar agradecido, Neji-kun es toda una joya.

-¿Neji¿Ese es su nombre? –Kabuto embozó una sonrisa, feliz de que hubieran llegado a ese punto de la conversación.

-Así es, Hyuuga Neji, shinobi de Konoha y genio de su clan –explicó, a la vez que le lanzaba una tarjeta. Kimimaro la atajó enseguida y la observó con detenimiento-. Información de él, obtenida del examen chunnin, por si te interesa.

-¿Y se puede saber desde cuándo cuidar a un crío, es un regalo? –Kabuto rió de forma bajita ante la pregunta.

-No lo tomes como si fueras su niñera. En realidad, es todo lo contrario, él deberá servirte a ti y, también, podrás usarlo para algunos "servicios especiales". –El ojiverde hizo una mueca de repulsión. A veces, Kabuto podía ser tan degenerado.

-No estoy tan mal de la cabeza como para acostarme con el primer infante que se cruce en mi camino, así que no vuelvas a repetir esa desfachatez.

-Como quieras, algún día te darás cuenta de lo bueno que está Neji y te arrepentirás de no haberme echo caso desde el comienzo.

-Si tan bueno está¿por qué no te lo follas tú? –Otra sonrisa afloró en los labios de Kabuto-. Olvídalo, no quiero saber que pasa por tu mente, mejor me voy –dijo al mismo tiempo que se volteaba hacía la puerta y salía por esta-. Agradécele a Orochimaru-sama el regalo, de mi parte. –Fueron sus últimas palabras, antes de desaparecer por la oscuridad de aquellos pasillos.

En sus manos llevaba la ficha con información del chico y, cada vez que pasaba cerca de una lámpara, leía un pequeño pedazo de esta. Le era contradictorio que allí dijera que se trataba de un chico sumamente fuerte y con habilidades extraordinarias, pues a él le parecía un chico débil, mimado y asustadizo. Solo debía verlo, para darse cuenta de que aquella perdida de memoria le había trastornado su personalidad.

Una vez que entró a su cuarto, observó con detenimiento el cuerpo que aún estaba en su cama. No estaba acostumbrado a compartir su espacio personal con alguien más, en especial si se trataba de un extraño. Pero lo que en verdad le molestaba era que el rumor de que tenía a un chico de regalo fuera cierto, y que tantas personas se hubieran enterado antes que él, no dudaba que lo fueran a molestar por el resto del tiempo que le quedaba. Iba a ser una semana difícil.

Siguió observándolo, hasta caer en la cuenta de que Neji aún estaba con sus extremidades atadas. Se acercó a él sin hacer ruido y se sentó en el borde de la cama, para luego proceder a desatar con suma lentitud las muñecas y tobillos de éste, dejando al descubierto unas pequeñas irritaciones en la piel, producidas por la apretada atadura.

-¿Qué... qué haces? –preguntó el menor, asustándose un poco al sentir como una sustancia fría le era untada en la piel.

-Tranquilo, es solo un poco de ungüento refrescante. –Luego de eso, comenzó a vendarle los sectores irritados donde había esparcido aquel ungüento.

-¿Por qué me cuidas? –El peliblanco se asombró un poco de la pregunta, o más bien se asombró de que el chico tenía razón, lo estaba curando sin motivo alguno.

-Yo... simplemente no quiero que pases la noche quejándote.

-¿O sea que puedo pasar la noche aquí? –Kimimaro se reprendió mentalmente por haberle dado a entender que se quedaría en su cuarto.

-Eres libre de quedarte dónde quieras, mientras no me molestes.

-Está bien. –Neji bajó su rostro un poco, para luego preguntar en voz baja:- ¿Sigues enojado conmigo?

-No, olvídalo, te tendré que soportar estos últimos días y debo acostumbrarme al hecho de que no recuerdes nada.

-¿Últimos días¿A qué te refieres¿Te vas a ir?

-No es de tu incumbencia. Así que compórtate como un buen regalo y mantente callado.

-¿Regalo? –Al ojiverde le estaban hartando todas las preguntas que le hacía Neji.

-Sí, desde hoy eres mi sirviente, esclavo, o como quieras calificarte. El punto es que yo soy tu amo. Ahora vete a dormir, y deja de hacer preguntas. –El pelilargo obedeció al instante, acurrucándose a un lado de la cama-. Sale de ahí ahora mismo, tú dormirás en el suelo. –dijo el peliblanco, indicando con su índice un rincón de la habitación.

Ante aquel mandado, Kimimaro se esperaba alguna clase de reclamo por parte del ojiblanco, o al menos que obedeciera pero se fuera refunfuñando hasta el piso. Pero, para su sorpresa, nada de lo que suponía paso; sin molestia alguna, Neji bajó de la cama y se acomodó en el rincón que le había sido señalado.

Aún extrañado por aquel comportamiento, el peliblanco se recostó sobre su cama y se dedicó a mirar el techo. Sabiendo que había alguien más en su habitación, conciliar el sueño le costaría mucho. Muchísimo.

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Bueno, para que lo entiendan mejor, explicaré de dónde viene éste cambio de personalidad por parte de Neji, si es que no lo han captado aún; Deben recordar que cuando era más pequeño, Neji era un niño muy dulce y alegre (si no mal recuerdo, le dijo kawaii a Hinata), pero su actitud cambio una vez muerto su padre. Ahora, perdiendo la memoria (o sea, sin recuerdos del sufrimiento por el qué pasó), podría haber la posibilidad de que su personalidad retornara a la que tenía en los buenos momentos de su niñez, pienso yo.

Quiero agradecerle especialmente a Hiroko y Natsuo, por los reviews. Estoy muy feliz de que lean este fic, y más feliz de que les guste. Y quédate segura nee-chan, de que ésta vez será diferente, seré constante en actualizar y lo terminaré, así que tranqui flaca xD

Ups, se me salió, mejor me voy antes de que quieras matarme o.oU -desaparece.