Capitulo V un nuevo amanecer
Capitulo V un nuevo amanecer
¿Qué es esto?, este dolor tan agudo que atormenta a mí ser, me duele el ¿corazón?, Ranma por favor ven pronto- lo dijo en un susurro el cual solo escucha ella y las frías y muertas paredes…
El sueño se ha marchado nuevamente, cada vez que lo retoma las pesadillas se hacen presentes con el rostro de su prometido.
-No, no puedo dormir, será que algo malo les ha pasado, no Akane- se reprendió ella misma -No debes pensar eso ellos deben estar bien, mejor ve a dar una vuelta por ahí, sí eso haré- se decía ella misma, mientras se levantaba de su ahora cama y salía del escondite, por suerte esa noche no habían militares cerca así que pudo caminar un buen rato sin preocupaciones.
A su mente llegaban toda clase de imágenes de su prometido y ella, momentos que guardarían en su mente todo el tiempo, como la vez que el dijo que se veía linda al sonreír, cosas como esas que una recuerda por mucho tiempo sino es por toda la vida.
El agudo dolor en su pecho que la había despertado no se marchaba aún, eso la angustiaba de una manera desorbitante, solo podía esperar que todo estuviese bien y confiar en Kami que su prometido y Ryoga llegasen pronto…
Un nuevo amanecer rojo se divisa al alba pero a diferencia de las otras veces éste parece más melancólico, más desolado…
El chillido de una vieja trompeta oxidada da comienzo al nuevo día de trabajo, los pocos soldados restantes se levantan con mucho pesar del árido suelo que les ha servido de colchón durante todo el año que llevan de servicio en la guerra.
Sus caras reflejan la frustración de no ver fin a la guerra, pero si ver el fin de muchas vidas que fueron y son para ellos como una nueva familia…
El caminar se hace lento y pesado, las caras más largas de lo habitual y eso es porque se dirigen a un funeral.
Cuando el sol apenas comienza su camino hacía la cúspide los soldados agachan sus cabezas mientras muchas cruces son clavadas sobre las montañas de tierra que quedan luego de la sepultura. El sonido de la vieja trompeta es escuchado nuevamente pero esta vez sale una melodía distinta; una más lúgubre, una menos deseada.
Al cabo de las once de la mañana las sepulturas están terminadas completamente, la misión del día anterior parecía ser un éxito pero a último segundo el destino les jugó una mala pasada a todos los integrantes de la misión, solamente se desconocía el paradero de dos de ellos Saotome Ranma e Hibiki Ryoga; se realizó la búsqueda por toda el área pero, ni rastro de ellos, los oficiales aún se peguntaban por ellos. El general supuso que al cabo de unos días seguro olvidarían todo el asunto.
En de unos días todos parecían mejor, aunque al pensar en lo que sus compañeros vivieron hizo que el temor se apoderara de ellos.
Un dolor de cabeza terrible lo asediaba, sentía como la presión de las vendas aumentaba su malestar, sintió los párpados más pesados que de costumbre, pero hizo el esfuerzo por abrirlos, la luz lo encegueció casi de inmediato haciendo que de nuevo cerrara los ojos; una voces resonaban en su cabeza pero no logró distinguir de quienes son, un mareo lo invadió y luego perdió la conciencia nuevamente…
Los días se tornaron más duros y largos para ella, le es inevitable sentir un vació enorme que no puede explicar, aunque Ed y Nina están con ella casi todo el tiempo se siente sola, desprotegida, débil y eso es algo que la incomoda terriblemente, pero no puede evitarlo. Los militares al menos se aparecen por ahí en menor cantidad de veces; eso la alivia un poco puede salir fuera del refugio más seguido, especialmente por las noches en las que puede admirar las estrellas e imaginar que Ranma está junto a ella como siempre…
La soledad era un sentimiento nuevo para ella que siempre estuvo rodeada de su familia, de la cual tampoco sabe nada, sus amigas espera se encuentren a salvo y Ranma. Cuántas veces sirvieron los insultos para ocultar lo que realmente siente, cuántas veces deseó que desapareciera y no volverlo a ver, ahora que por fin se ha marchado anhela con todo el corazón que regrese.
La vida es una cruel ironía siempre que uno consigue lo que quiere entonces ya no desea tenerlo o no se es feliz con el nuevo estado, son de los más dolorosos aprendizajes, pero está dispuesta a seguir hasta el final.
-Mira ya está despertando de nuevo- escuchaba una voz a lo lejos
-A quiero saber qué le habrá pasado pobrecilla- hablaba otra voz distinta a la primera.
Abrió sus ojos despacio, muy despacio como temiendo lo que fuese a encontrar al abrirlos.
Lo primero con lo que se encontró fue con dos ojos marrones que lo miraban admirados, luego se acercaron otro par de ojos esta vez eran negros como la noche, hubiese querido gritarles de inmediato que se alejaran de él lo asfixiaban con tanta miradora, pero su garganta no respondía al llamado de su mente quizás por el recién despertar.
Al cabo de unos cinco minutos luego de inspeccionar el lugar y ya sin los ojos sobre los suyos pudo articular palabra mientras aún con un poco de malestar se levantaba al menos para sentarse.
-¿Qué me pasó? ¿Qué hago aquí?- fue lo primero que pregunto el joven de coleta.
-Hola te encontramos tirada en el campo de batalla, al principio creímos que estabas muerta, pero uno de nuestros compañeros nos dijo que aún tenías pulso y te trajimos acá relataba uno de los soldados -y has estado durmiendo desde entonces- terminó el relato
-Y dinos ¿Cómo te llamas linda?- preguntó el otro soldado.
-Qué es esa pregunta soy yo Ra…- iba a gritarles que era Ranma cuando recordó que le habían llamado linda, entonces eso quería decir que…
-¡Ahora soy mujer!- gritó mientras los soldados lo veían un poco estupefactos por el grito mientras una gota recorría sus cabezas.
-¡Ay! lo siento creo que debí haberme golpeado la cabeza y digo incoherencias- lo dijo con una risa nerviosa que asustó un poco a los soldados.
-Bueno tranquila linda ahora estás a salvo y debes descansar- le dijo un soldado.
-Sí, pero antes por favor díganme ¿Cómo fue que llegué aquí? ¿No había nadie conmigo?- eran tantas las preguntas que lo asediaban.
-Pues mira te contaré como te encontramos-
Flash back--
-Es muy tarde y los de la misión no regresan- dijo el sargento un poco preocupado, ya que esa misión era clave y sobretodo los soldados que iban en ella eran de los mejores.
A los cinco minutos un vigía iba corriendo a toda velocidad hasta donde se encontraba el sargento ahí le dijo algunas cosas que no alcanzó a escuchar, pero la cara del sargento me dio a entender que no era nada bueno.
Inmediatamente de este suceso él nos ordenó hacer grupos y nos mandó hacía el sitito donde se llevaría a cabo la misión.
Al llegar ahí quedamos atónitos con la escena, había muchos cadáveres regados, pero el impacto fue mayor al ver a cada uno de nuestros compañeros ahí, la lluvia hizo un poco difícil la visión, pero aún así logramos identificarlos, revisamos uno por uno, pero desafortunadamente todos se encontraban muertos.
Entonces vi a una extraña pelirroja que vestía nuestro uniforme al acercarme pude notar que aún tenía pulso.
Fin del flash back--
-Entonces te trajimos hasta acá y tenías varios impactos de bala- explicaba el soldado -Y desde entonces duermes- terminó su compañero
-Ya veo… ¿No había nadie más junto a mí?- preguntó el que ahora era ella.
-No, buscamos más supervivientes pero no había nadie más- detalló el soldado.
-Pero…- la palabra quedó en su boca, iba a preguntar por Ryoga peor en eso pensó: Si yo me volví en mujer debió ser por la lluvia, entonces Ryoga de seguro se convirtió en P-chan.
-¿No había un cerdito por casualidad cerca mió?- preguntó angustiado él.
-Lo siento pero no, no había nada ni nadie cerca- respondió el soldado.
-¿Porque la pregunta?- dijo el soldado motivado por la curiosidad de la pelirroja.
-No por nada en especial- se limitó a responder el joven Saotome.
Ya no quiso hablar más desde ese momento, su conciencia lo atormentaba por no haber escapado antes cuando Ryoga lo propuso, así se hubiesen salvado ambos ahora ¿Cómo enfrentaría a Akane? Ella estimaba mucho a Ryoga era un tonto y eso se lo recriminaba mucho.
Las heridas le dolían mucho, pero lo que más le afectaba era la pérdida del ser querido…
Los días pasaron y Ranma iba mejorando, no podía caminar aún ya que las heridas de sus piernas aún no sanaban del todo, pero sus ánimos siempre estaban muy bien, su única proyección era la de volver con Akane.
Aunque a la hora del baño siempre recordaba que el agua estuviese fría o de lo contrario sería una reacción terrible para todos.
El tiempo iba pasando lento para el chico, lo único que anhelaba era poder reunirse con Akane y poder buscar noticias de su desaparecido amigo.
Los días pasaron y las heridas físicas sanaron, sabía que pronto estaría cerca de su amada…
Los militares cada día eran menos por esas zonas, Ed y Nina decidieron marcharse en busca de sus familías hace una semana exacta, desde entonces estaba sola en su refugio, simplemente ella y sus pensamientos…
Se sentía muy deprimida, no tenía con quien conversar, por las noches se desahogaba hablando con las estrellas, les contaba su historía con Ranma, sus preocupaciones, las ganas que tenía de saber de su familía, especíalmente de su prometido. Sabía que no obtendría respuesta alguna, pero eso era mejor que estar en silencio todo el tiempo.
Uno de los mayores temores de la chica era acostumbrarse a la monotonía de cada día y enloquecer por ella, a veces su mente dudaba si fue lo mejor quedarse ahí, no sabía si Ranma volvería y si ¿nunca volvía? ¿Qué pasaría con ella? Preguntas como éstas la asedíaban, pero su corazón siempre las ignoraba porque muy dentro de él, estaba el presentimiento que su prometido vivía y que volvería por ella y todo estaría mejor.
A pesar que los soldados siempre buscaban plática con la extraña pelirroja ésta siempre los evadía o cortaba muy rápidamente las intenciones, Ranma sabía que no le convenía charlar en esos momentos.
-oye ¿Cómo te llamas?- preguntó por fin uno de los soldados.
-no importa oye ¿será que pronto podré irme a casa?- contestaba como en otras ocasiones el chico.
-no lo sé- contestaba frío el soldado mientras se retiraba.
Para Ranma era como una prisión no podía irse a pesar que estaba casi totalmente recuperado, aunque él siempre pedía que se le dejase en libertad solo obtenía silencio…
Hasta que un día sucedió lo impensable…
Desde el frió amanecer, hasta la nieve blanquecina sobre la pálida tierra, que indicaban algún cambio, escuchó el son de la vieja trompeta como cada día, sabía exactamente la hora en la que volvían los soldados, pero esa vez regresaron más tarde de lo habitual. Los susurros quedaban guardados entre ellos, nadie hablaba en voz alta, todo era por lo bajo, la curiosidad y la inquietud lo asechaban por alguna razón tenía un mal presentimiento.
El estaba en el hospital casi del todo recuperado cuando sintió como la corriente del viento se tornaba más fría, como si una mala presencía estuviese a punto de hacerse presente, su piel se erizó de una manera increíble pero debía mantener la calma.
Una figura entró al recinto dando una mirada alrededor de todo, miró a cada uno de los pacientes que ahí están, su mirada irradía fuerza, maldad, sed de sangre…
Medía al menos 1.75 metros de alto, sus hombros eran más anchos de los normal, sus músculos súper desarrollados y su voz extremadamente aterradora, aunque esto no era nada intimidante para el chico, ahora chica de coleta, ya que el era el gran Ranma Saotome.
-tengan buenos días señores, soy el nuevo a cargo de este batallón- comenzó con un tono nada grato -lamentablemente debo informarles que por más terrible que sea su condición no podemos mantenerlos aquí, es un gasto que no podemos cubrir y soldados que necesitamos. En una situación normal podrían permanecer todo el tiempo necesario pero esta vez no, así que dentro de dos horas el que aún permanezca aquí será ejecutado- esbozó haciendo sumo énfasis en la última parte dejando a más de uno en estado de shock.
Su mirada denotaba el placer que sintió de haber dicho lo anterior, quizás el saber que causaría muertes le daba más satisfacción. Ranma se puso muy nervioso, aún no se encontraba del todo recuperado, su pierna izquierda aún resentía el plomo de las balas asesinas que osaron atravesarla, pero no tenía opción debía irse sino quería ser fusilado.
Así un nuevo víaje inició, sin saber qué dirección tomar, dónde estaba, cómo llegaría, nada… Dependiendo totalmente del destino y de su capacidad para sobrevivir, sabiendo que debía llegar a casa para proteger a Akane, esa era su meta final y no se detendría ante nada para lograrlo.
La comida que le habían dado no era mucha, para tres días a lo mucho, pero eso no le haría perder la esperanza. El largo camino inició cada vez se alejaba más y más de la base, cosa que en parte lo alegraba, pero el no saber hacía a donde se dirigía bajaba un poco su moral.
Eso no lo detuvo su caminata se prolongo hasta que el último rayo de sol tocó la áspera tierra y los destellos de la luna llena y de las estrellas aparecieron en el cielo, fue entonces cuando se detuvo a descansar, su pierna estaba un poco inflamada y dolía mucho, pero el más grande dolor lo llevaba en el alma.
Y así inició una de sus tantas largas noches de intemperie, de insomnio, frió, de soledad…
Los días habían pasado tan lentamente para ella, la falta de una buena alimentación comenzaba a surtir efecto en sus fuerzas, la monotonía la enfermaba; la cordura y la razón empezaban a fallar su mente divagaba en el espacio por horas y horas, a veces no sentía ni el movimiento del viento, de los árboles ni del tiempo.
Su delgadez hubiese sido sumamente alarmante para todo aquél que la conociese desde antes cuando nada había pasado, y es que la comida ya no era tan fácil de encontrar todo estaba en ruinas y no había la posibilidad de salir de la ciudad…
Su víaje continuaba, había logrado llegar hasta un pueblo en donde se sorprendió al notar la falta de habitantes, la destrucción masiva pero principalmente el extraño color rojizo de la tierra…
No encontró mucha gente, pero al menos logró preguntar donde se encontraba y ubicar más o menos el camino que debía tomar. Logró abastecerse de agua y un poco de alimentos al menos para unos cuantos días más, ayudó un poco a los habitantes del desolado pueblo, a los pocos que quedaban… Luego se marcho…
El camino de ese lado del pueblo parecía un poco sombrío, estaba en muy malas condiciones, se notaba que no era por la guerra, eso le generaba un poco de escalofríos, pero estaba confíado; había estado entrenando a pesar de su pierna y estaba seguro de poder defenderse a pesar de estar en el cuerpo de una chica.
La noche llegó, la luna estaba llena, iluminaba todo el campo Ranma estaba muy intranquila por alguna extraña razón, intentó dormir pero no pudo concilíar el sueño.
A mitad de la noche sintió como varías presencías se acercaban sigilosamente, no abrió sus ojos sabía que si se acercaban a el debía hacerles creer que estaba indefenso.
Así fue como en cuestión de minutos tres hombres armados con espadas lo rodeaban, abrió sus ojos lentamente y está listo para atacar…
-vaya, vaya miren lo que encontramos una hermosa señorita- decía con sarcasmo uno.
-creo que la pasaremos muy alegres-expresó el otro.
-saben-dijo Ranma –les quitare esa sonrisa burlona del rostro porque me fastidía demasíado- dijo y se abalanzó sobre el primero que había hablado, lo tomó por sorpresa así es que dio un golpe fuerte y directo al rostro del hombre que lo dejó inconciente, al ver esto sus compañeros desenvainaron sus espadas pero Ranma fue más listo y aprovechó su velocidad y logro noquear al segundo ante esta situación el tercero no le quedo opción más que echarse a correr lo más rápido que pudo.
-Eso les pasa por entrometerse con Ranma Saotome- dió muy orgulloso mientras tomaba sus cosas y continuaba su travesía.
Caminar en el día, medio comer y un poco dormir en la noche se volvió una rutina pero su satisfacción radicaba en que sabía que cada día se encontraba cada día más cerca de ella…
El pasar de los días se había vuelto mortales para ella, los soldados habían regresado en menor cantidad pero estaban ahí, no podía salir del escondite, la humedad hacía mucho daño a sus muy debilitados pulmones, la falta de alimento hacía que su organismo utilizara sus últimas reservas y sus fuerzas flaquearan, el silencio, la soledad hacían que mente tuviera alucinaciones, ella estaba más que mal.
Apenas y podía mantenerse en pie pero ese día salió a dar un paseo sin saber que podía ser el ultimo de su ser…
-mira allá hay una aldeana-exclamó una voz.
-Hay que tomarla de rehén como lo ordenó el General- contestó otra voz
Ella estaba en plena luz del día justo al centro de la carretera utilizada por los soldados, no entendía nada aunque al ver acercarse a esos hombres un poco de lucidez y trató de correr, pero no llegó muy lejos y fue interceptada.
-Déjenme ir- gritaba mientras trataba de forcejear para salvar su vida, pero las fuerzas no eran las de la Akane de antes y no tenía oportunidad contra esos hombres.
-suéltenme- gritaba con desesperación mientras ellos solo reían y ella lloraba de angustia sabía que no podría volver nunca más, moriría de la pena, lo único en lo que pensaba era en Ranma, lo llamaba con el pensamiento pero él no llegaba…
-Akane espero que estés bien, tengo este feo presentimiento espera un poco más- gritaba el chico mientras corría velozmente…
-bueno entra al vehiculo- ordenó una de ellos a lo que Akane negó con el rostro.
-entra- gritó el otro mientras daba un leve golpe a su cabeza el cual hizo que la joven fuese más manejable que antes.
Una lágrima rodaba por la mejilla de ella mientras un rió de sangre brotaba de su corazón al pensar en el infiero que viviría de ahora en adelante.
Luego se disponían a marcharse, cuando uno de los soldados cayó de repente al suelo, inconciente, el otro estaba ya dentro del vehiculo pero al ver a su amigo salió para auxiliarlo, tenía una pequeña herida en su frente producto del golpe de una piedra…
-¿Qué pasa aquí?- dijo.
-nada solo que es hora de partir- dijo un voz tras de él y al tiempo de mirar hacía atrás para ver de donde provenía esa … Perdió la conciencia
-eso es para que aprendan a no hacerle daño a las chicas- dijo el dueño de la voz mientras se dirigía hacía el vehiculo.
Al llegar vio como un pequeño charco de sangre salía de la cabeza de la chica, se notaba a simple vista que había una herida con anterioridad y que producto del golpe se había vuelto a abrir.
Sacó a la chica del vehiculo y presionó la herida para que dejase de sangrar…
Ella abrió los ojos y una nueva lágrima salió de sus ojos, estaba tan adolorida pero…
-Ranma viniste a tiempo, me salvaste- dijo ella con un hilo de voz.
-Sí Akane tuve un mal presentimiento he hice todo lo posible por venir lo más pronto posible, ahora hay que atenderte las heridas- dijo preocupado por ella.
-no hay tiempo, fue todo para mí, gracias por venir por mi Ranma sabía que lo harías- dijo ella cerrando sus ojos.
-Akane no, despierta Akane- gritaba el chico quien la cargó hasta llevarla a un lugar seguro donde no los encontraran esos soldados al despertar.
Estaba ahí con ella sobre sus piernas ya transformado en chico, mientras sostenía su cabeza que había dejado de sangrar, solo que ella no reaccionaba. Sus ojos destilaban angustia, frustración y su alma dolor de pensar que ella no reaccionaría más, que ella no sonreiría más y que ella no lo mandaría a volar…Nunca más.
El día siguiente estuvo igual, no había reacción por parte de ella, estaba pálida y no podía ir al hospital ya que los soldados los capturarían, así que pasaron todo el día ahí, él velando los sueños de su prometida.
Por la noche la melancolía se acrecentó, él le pedía perdón por no haber llegado antes, por dejarla sola, por no haber aprovechado la oportunidad que tuvo antes para escapar, por dejar que se llevaran a Ryoga y porque por su culpa ella estaba en esa situación tan trágica
Fue la primera vez que Ranma lloraba de tal forma, como Akane no reaccionaba la llevó afuera para ver el último amanecer junto a ella, mientras las lágrimas caían sobre el frío y pálido cuerpo de la chica…
La luz del alba se visualizaba, el tierno sol comenzaba a repartir sus rayos y las lágrimas no cesaban…
-Creo que es hora de irme de buscar a los otros, aunque no quisiera dejarte aquí pero se que debo buscarlos para darles la noticia… Lo siento akane, siento no haber llegado antes- se lamentaba el muchacho abrazándola con fuerza…
-no lo lamentes- escuchó -estaré bien pero no te vayas Ranma por favor- Susurró por lo bajo de manera apenas audible.
-¿Akane estas bien?- dijo el mientras más lágrimas salían de sus ojos, sin embargo esta vez era por emoción.
-si me duele un poco la cabeza, pero estaré bien, Ranma…- pronunció con la voz algo cansada.
-ya tranquila no hables… Descansa- le suplicó tiernamente.
-mira está amaneciendo- volvió a hablar -Por muchos días quise esto… Ahora estas aquí junto a mí viendo este amanecer-
-Yo también lo deseaba… Ahora estoy aquí- le contestó mientras deslizaba sus manos encima del cabello de su prometida, había perdido el tono azulado debido a la sangre y a todos los días que estuvo en cautiverio.
Ella sonrió -solo falta algo-
-creo que sé que es- contestó él mientras abrazaba a su prometida y se acercaba a ella como tantas veces había querido y no había tenido el valor suficiente para hacerlo.
Sus labios se unieron en un tímido beso, pero que fue el primero, fue lindo y tierno ya que esta lleno de emoción, de alegría y sobretodo de mucho amor. El primer beso, uno que sin duda sería inolvidable para ellos… Al separase sus miradas se cruzaron y sus labios se unieron nuevamente sabiendo que ahora nada ni nadie los separaría solo la muerte…
Fin
bueno hasta aca la historia, muchas gracias por el review y quiero pedir disculpas por la enorme tardanza pero tuve varios inconvenientes personales que me impieron escribir, en fin espero que este ultimo capitulo haya sido de su agrado y pues avisarle que habra epilogo y espero sus mensajes que siempre nos alientan a hacer un mejor trabajo, de nuevo muchas gracias y espero verlos pronto.
hasta luego )
