Capítulo 4: Promesa demoníaca
Volvió a tallarse los ojos cuando el sol le pegó de lleno en el rostro. Entre la calidez de los rayos solares sobre su cuerpo y que prácticamente había pasado toda la noche sin poder conciliar el sueño, no estaba con sus cinco sentidos despiertos.
Bostezó tapando su boca con una de las manos al tiempo que se asomaba por la ventana del salón de clases. Se podía tener una buena y agradable vista de todo el jardín que había en la institución desde aquel salón donde cursaba. No pudo evitar mirar con mayor atención cuando una figura, de aquellas dos que se acercaban, apareció en su campo visual.
—Siempre está rodeado de mujeres, prima —comentó la voz alegre de un niño a su lado al tiempo que se cruzaba de brazos sobre el marco de la ventana y observaba lo que aquella humana a su lado también veía.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Kagome de forma tajante al pequeño Shipou que giraba su rostro y le sonreía como aquel sol en lo alto. ¿Es que no podía tener dos segundos de paz y tranquilidad? Hasta hace unos días atrás era solo una chica de quince años enamorada de un joven totalmente inalcanzable; y ahora tenía de la nada una familia numerosa y, por sobre todas las cosas, un pacto con el demonio.
La persona que estaba en ese momento al alcance de su vista estaba junto a una chica de un curso más elevado que el suyo. Si sólo esa joven supiera con la persona que estaba tratando…Movió la cabeza en negativa, como la compadecía.
—Como también estoy en receso vine a ver cómo es que estabas —respondió el pequeño mientras volvía a aquel circo, como él mismo había autodenominado, donde participaban su señor y otra humana—. Además soy el encargado de cuidarte y avisarle a Inuyasha cualquier cosa que te pase.
Kagome lo miró de re ojo dibujando una media sonrisa, el pequeño no tenía por que recibir su ira acumulada. Además no podía, esos ojos verdes le causaban una ternura desmesurada. Pero tampoco le permitiría a Inuyasha que la tratara como objeto de su propiedad. ¿Quién se creía que era?... «El demonio» pensó mientras respondía aquella pregunta que ella logro formular para sus adentros. El maldito desgraciado ahora la mandaba a seguir, era lo último que le faltaba.
—Lo hace para protegerte —comentó suavemente Shipou al notar el semblante serio de la que ahora era su prima. Kagome siguió con su vista a la pareja que se había detenido justo debajo de la ventana, quería escuchar que era lo que Satán y aquella chica estaba hablando, la verdad era que le interesaba mucho.
Las palabras de su "primito" detonaron en su mente como una bomba recién estallada. ¿Protegerla?, él no quería protegerla, lo único que quería es proteger su interés…Ella se había convertido, para su pesar, en el interés del demonio. Era como una persona que defendía un patrimonio robado, o alguna cosa que tenía algún significado.
Ella era oficialmente el patrimonio del demonio.
—Que hermoso es tu primo menor Kagome —habló Ayumi cuando se posó ella también al lado de la ventana para ver la escena que se desataba debajo, desde hacia un par de días era lo mismo. El primo mayor de su amiga se convirtió en un chico igual de popular que Kouga y, por consiguiente, estaba rodeado de mujeres desesperadas por tener una cita con él—. Siempre las rechaza de forma cruel, pero al parecer eso es lo que más le gusta a sus seguidoras —cambió rotundamente de tema al tiempo que sus ojos no perdían detalles de aquella pareja. Kagome la miró con atención.
—¿Ésto ya paso ante? —preguntó en tono de sorpresa cuando sus ojos se concentraron ahora en Inuyasha y en aquella sonrisa arrogante que parecía estar siempre a la orden del día.
—Sí, pero al aparecer la única que no se a dado cuanta a sido tú —fue la rápida respuesta de Ayumi al dar por sentado que toda la escuela sabía la forma que Inuyasha Taisho rechazaba a cualquier mujer que se le acercaba. Pero con su amiga parecía tierno…bueno compartían la misma sangre.
—Prima, ¿a dónde vas? —gritó Shipou al voltearse y ver como la humana tenía medio cuerpo fuera de aquel salón.
—A tomar un poco de aire, te aconsejo que vayas a tu salón o podrían castigarte —respondió sin ni siquiera voltear a verlo, pero es que algo en ella no estaba bien y más luego de ver aquella escena.
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Ni en las sagradas escrituras escritas por los seguidores de quien en su tiempo fue su señor o amo podía aparecer aquello. Él pisando el templo de Dios otra vez.
Un lugar sagrado para que la gente orara por los pecados cometidos o pidiera al todo poderoso su más ferviente anhelo. Eso le causaba nauseas.
Pero si estaba en aquel lugar era sólo por una razón, para llevar a cabo su plan hasta el final. Tendría el virginal, puro e inmaculado cuerpo de Kagome Higurashi costase lo que costase, él lo obtendría porque así lo dispuso. Porque al igual que el gran señor de los cielos lo que él decía se hacia porque era su voluntad. Esa mocosa sería de él y nada más que de él.
—Gracias por venir, Inuyasha —dijo Kouga cuando llegó frente a él vestido con aquella sotana, que parecía más cura que monaguillo ante los ojos de Satán—. Es sobre tu prima, ha estado comportándose extraña últimamente.
El rey de los infiernos levantó una ceja. Kouga lo había citado en aquella capilla para hablar sobre algo extremadamente serio y tal como pensó Kagome sería el centro de la discusión o dialogo, pero aquella sospecha o confesión por su parte le parecía irrelevante.
—Veo que a ti también te sorprende —continuó hablando al ver la reacción en el rostro de Inuyasha—. Conozco muy poco a Kagome y mucho menos como es su comportamiento cuando esta frente a ti, pero puedo decir por lo poco que la conozco que se comporta como si hubiera…
—¿Hecho un pacto con el demonio? —preguntó pero más que preguntar afirmo enfrentando la mirada celeste sorprendida de Kouga. La palabra "demonio" para un santurrón como aquel sujeto era un pecado, uno de los más caros—. Sabes algo... —se cruzó de brazos cerrando por un momento los ojos. Ya no soportaba ni un segundos más seguir viendo aquel lugar plagado de santos—...el cuerpo de mi prima no conoce el tacto de un hombre.
Kouga retrocedió algunos pasos hacia atrás sin dejar de ver con suma sorpresa a ese hombre totalmente relajado en todo sentido. Hablaba como si sintiera un cariño más halla que familiar por su prima. Eso no podía ser cierto. Su espalda chocó contra el altar de madera que había en aquella capilla institucional. Inuyasha volvió abrir los ojos y posarlos sobre el semblante perturbado del hombre.
—¿Niégame que nunca se te movió un solo pelo cuando estuvo en tus brazos o tan cerca? —se acerco un paso hasta él—. ¿Qué nunca la deseaste? —sonrió de medio lado—. Ella es virgen y tú casi un santo, es justo para ti.
Secó con una de sus manos su rostro, estaba mojado con agua vendita. Kouga en un afán desesperado por hacerlo callar le arrojo agua vendita. Una terrible ironía del destino. El demonio recibiendo agua vendita, con esa absurda pequeñez no conseguiría nada.
—Los sujetos como tú... —lo agarró de aquella sotana, golpeándolo contra uno de las paredes de la capilla—...son solamente…
Lo soltó de improvisto fijando toda su atención en las puertas de madera de aquel templo, se giró sobre sus talones sin antes darle una última mirada a ese prototipo de hombre, como detestaba a ese idiota.
—Inuyasha, acaso tu a Kagome… —le gritó para llamar su atención mientras se levanta del piso, pero este sólo se digno a mirarlo de forma fiera antes de perderse pasando esas puertas.
Tenía que alejar a Kagome de Inuyasha lo antes posible, ese sujeto a primera vista le había causado una mala sensación y ahora confirmaba esas sospechas.
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—Señor, por favor espere —gritó el pequeño Shipou desesperado corriendo hasta donde sus piernas le permitían para alcanzar el paso de su amo—. Por favor señor...
—¡No me llamas así!—bociferó Inuyasha parando su paso y ladeando el rostro para fijar sus dorados ojos de humano en los verdes agua de su supuesto hermano.
—¿Pero… señor? —se quejó con dificultad tratando de recuperar el aire por la corrida—. Me dijo que vaya en busca de Kouga para que parara lo que le estaban haciendo a Kagome, de esa manera el confesaría su amor por ella.
Inuyasha permaneció en silencio fijando esas llamas dorados en un punto indefinido del suelo, era cierto momento antes le había encomendado que buscara a Kouga para que fuera al rescate de la humana, mientras él sólo la vigilaría sin intrometerse. Pero algo ajeno a él lo hizo cambiar de opinión.
Aquella humana antes de desmayarse había gritado ante ese grupo de mujeres seguidoras de Tanaka lo mucho que lo amaba, y eso lo cegó definitivamente. Esa mujer despertaba en él sentimientos que nunca pensó tener, odiaba que un entupido como Kouga tuviera el corazón de Kagome; ese sujeto no se la merecía en lo absoluto.
Por eso actuó, por eso aprovecho el desmayo de ella para golpearlas de la misma manera que ellas lo habían hechó con Kagome e inevitablemente cuando Shipou llego en ayuda de su prima junto con Kouga, una recién despertada Kogome frente a esas mujeres todas golpeadas quedaba justo como la victimaria de todo el hecho. Encajaba como las piezas de un rompecabezas.
No dejaría que el corazón de Kagome sea de Kouga —¡eso nunca!—, antes prefería matar a ese maldito.
—Cambie de planes —respondió al fin apretandó los puños y volvió a retomar el paso que antes llevaba. No estaba bien que siendo Satán sintiera ese cúmulo de emociones que sentía por una simple humana, pero eso por ahora no le importaba. Estaba decidido: El corazón de Kagome Higurashi nunca serie de Kouga Tanaka, a pesar que el corazón de él sí sea de ella.
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Cayó de rodillas mientras las lágrimas mojaban su rostro pálido tratando de comprender la sucia jugada de ese hombre, si es que se lo podía llamar hombre. No sabía donde ir, era el centro de todas las miradas y de murmullos a su alrededor, sólo necesitaba huir por unos momentos buscando algo de paz, buscando poder sentirse sola y a gusto con toda su alma.
Por eso había recurrido a esa capilla, por eso había recurrido a Dios.
Talvez estaba absolutamente mal recurrir a Dios nada más cuando lo necesitaba y no siempre como realmente tenía que ser. No, ella no era muy devota como lo era Kouga.
Kouga, el hombre que hacia que su corazón dejara de latir por unos segundos cada ves que lo veía y ahora ni siquiera le dirigía la palabra. Una cosa es que no sintiera nada por ella pero otra muy diferente es que la detestara. Pero las marcas que su cuerpo ahora tenía se lo había ganado por ese hombre, por defender el amor por ese hombre.
Pero Kouga también la había engañado cuando le había dicho que se paso todo el día velando por ella en la enfermería, eso no era cierto. La persona que había velado por ella no fue otra que Inuyasha, así se lo había dicho la misma enfermera cuando salió a tomar un poco de aire. Esa mano cálida y aquella voz que confundió con la del chico de sus sueños, no era otra que la del propio demonio. Por eso luego de saber ese descubrimiento quería buscarlo para escuchar de sus labios la verdad, necesariamente quería escuchar que todo lo que la enfermería le había dicho era mentira.
¿Por qué? por la simple razón que se resignaba a pensar que tal y como Shipou esa mañana le había dicho, el demonio quería protegerla o cuidarla. Ella quería dejar de sentir esas sensaciones cuando Inuyasha se encontraba cerca de ella y más ahora que vivían bajo el mismo techo.
Por eso se había topado con Ayame y compañía en el trayecto de su carrera, y termino todo de la peor manera posible. Kouga creyendo en las palabras de ellas, creyendo que ella las había pegado cuando fue todo lo contrario. Y todo por culpa de Inuyasha, lo sabía, no necesitaba que él se lo afirmara para nada. Como de la nada esas chicas aparecían con serios golpes en el rostro y otras partes de su cuerpo cuando ella estaba inconciente. Inuyasha no les había pegado directamente pero si usando sus poderes.
Todavía no entendía aquella reacción en él, tendría que haber sido todo lo contrario. Él tendría que ayudarla para que Kouga le declare su amor no para que la odiara. Pero ahora más que nunca necesitaba los poderes de él para que dejara de odiarla.
Estaba perdida y a merced del demonio.
Tapó su rostro con ambas manos mientras más lagrimas caían por él, perdiéndose en ese suelo tan pulcro y bien cuidado. Unos brazos rodearon su cuerpo y la atrajeron hacia ese pecho protector que pudo sentir fácilmente…Esa sensación de calidez se extendió por todo su cuerpo y poco a poco su llanto ceso.
—No llores, pequeña —susurró de forma conciliadora Inuyasha en el oído de la humana sintiendo como poco a poco todo el cuerpo de este se relajaba y dejaba que la abrazara a gusto, dejándola que prácticamente la cuidara—. Prometo protegerte de cualquier cosa.
Kagome salio de su escondite fijando sus doloridos ojos chocolates tan brillantes por las lágrimas en aquellos dorados tan profundos y claros. Esos ojos que parecían desnudarle el alma.
Se alejó un poco de él sin salir de esos brazos protectores y calidos, esos brazos que la hacían sentir en casa a pesar de ser los del demonio. Alas, Inuyasha tenía alas negras, como la primera noche que lo vio en su habitación, sólo que estaba vez a pesar de sus alas seguía teniendo la apariencia de un humano.
—Kagome —la llamó en un murmullo que logró erizarle a la chica todos los cabellos—; pero promete delante de Dios que me entregaras tu virginidad.
Las palabras pronunciadas por Inuyasha sentenciaban su alma, el amor de Kouga estaba en sus manos, que la amara o la odiara dependía de él. Lo necesitaba aunque no quería, pero ahora más que nunca lo necesitaba para que le jurara su amor. Las pupilas de Inuyasha se concentraron en las suyas como buscando la respuesta en sus ojos, aquella sensación volvió a envolverla, se estaba perdiendo en los brazos del demonio, en esa sensación calida y reconfortante que ponía a su cuerpo a dormir y llevarlo a un confort absoluto.
No sabía si estaba bien o estaba mal lo que hacia, si era lo correcto o no, si podía tomar otro camino o si simplemente ésta era la salida, tal vez porque era la más rápida. Era esa forma que tenía de mirarla lo que lograban que se quedara totalmente en blanco y solo él ocupara su cabeza. Y no sólo su cabeza sino también sus sentidos.
—Lo prometo, Inuyasha.
No supo cuándo pero sus labios formularon esa promesa que noches atrás se juraba a si misma nunca pronunciar, que nunca caería en los brazos del demonio, que nunca se dejaría seducir por él y por el mar de sensaciones que en su cuerpo despertaba.
Pero ahí estaba al fin el producto de aquel pacto hecho, le había vendido su alma al diablo y muy pronto le vendería su cuerpo para que él sea el primer hombre que la tocara, el primer hombre que se llevaría aquello que solo quería compartir con la persona amaba.
Inuyasha sonrió pero esa sonrisa no era arrogante, tenía un matiz muy diferente a las anteriores; al igual que la calidez que sus ojos ahora proyectaban, como si realmente fuere un hombre diferente.
—Prometo protegerte de la tristeza, del dolor y todo lo que pueda lastimarte —pronunció, alzandó la barbilla de ésta con una de sus manos mientras la seguía abrazando. Ella ahora definitivamente era de él.
Kagome dejó que toda la fuerza de Inuyasha la envolviera sin poder evitar por ningún momento esos ojos tan ¿puros? se juntaran con los suyos
Por primera vez sus labios sintieron la tibieza y cálidez de otros sobre los suyos, cubriéndolos por completo, en un beso tierno pero a al vez efímero. Muriendo una parte de ella cuando aquel contacta nuevo para ella era cortado, su corazón latió de prisa ante ese encuentro mágico y se oprimió cuando esa sensación de vacio inundo su ser.
Cuando logró salir de aquel letargo fue solo para ver la espalda de Inuyasha perderse por esas enormes puertas, abandonándola, dejándola sola tal y como ella quería.
Su primer beso…Y había sido con el demonio.
Pero aún así no podía entender porqué la había besado. ¿Por qué?, rozó con la yema de sus dedos sus labios. Aún estaban tibios y todo gracias a Inuyasha.
«¿Por qué?» Formuló su mente en un pedido desesperado.
Otro nuevo capi de este fic...Gracias por lo comentarios que esta adaptacion esta teniendo... Para ser honesta en un momento el papel de Kouga si era de Houyo pero despues me acorde de la eterna rivalidad de Inu y Kouga en la serie que por eso termino ganando este, ademas de que podia poner a Ayame como seguidora de ese loco club de fans, me era mas simble... Puede que la personalidad varie un poco pero es la personalidad que Mayu le da a su personaje en el maga. Ver un Kouga todo santito no esta nada mal hasta que obvio despues todo se complica
Espero que se encuentren muy bien y que este año sea uno de los mejores...Sigan dejando sus Reviews como siempre
Saludos y nos vemos
Lis
