Capitulo 5: Sentimientos oscuros
Había estado observando el mismo punto en el techo desde hacia un par de horas. Su mirada estaba perdida en ese lugar pero, ¿su mente?. Su mente esta en aquel recuerdo de aquella tarde.
La promesa de entregarle la virginidad a Inuyasha y aquel beso, un beso que la dejaba con un sentimiento totalmente de alivio en el alma. Como si borraron de su mente el desaire de Kouga; con aquel beso parecía volverle el alma al cuerpo a pesar que aún no tenía la respuesta para la pregunta que hacia un par de horas su cabeza no dejaba de formular.
Era cierto que su primer beso fue con el demonio a pesar de no estar en sus planes, pero para sorpresa de ella, él se lo arrebató.
Giró esta vez poniéndose de lado sobre aquella cama, ahora tratando de comprender qué era todo aquello que le pasaba y por sobretodo comprendiendo el peso de sus palabras. No podía dejar de sufrir aunque quisiera, solamente quería volver hacer la joven de quince años despreocupada de todo y sumida en un sueño de algún día poder tener al chico que tanto quería.
—Estas arrepentida, ¿no es así pequeña? —preguntó Inuyasha irrumpiendo en la habitación mientras mantenía apoyada la espalda sobre la puerta de madera de la misma. Se cruzó de brazos observándola expectante; tal y como Shipou le dijo ella estaba en la habitación encerrada desde que llegó de la escuela.
Kagome se sentó en aquella cama y ladeó el rostro. Inuyasha sonreía como siempre con aquel aire de grandeza y superioridad. Apretó la colcha que estaba debajo de sus pequeñas manos.
Cuando se atrevía a hablarle así lo detestaba profundamente y más ahora que era totalmente de él, ahora que su virginidad era completamente de él.
—¿Seguramente estas rebosante de alegría? —le respondió con una pegunta en tono sarcástico mientras se paraba de aquella cama y la hacia frente. No le importaba que le llevara una cabeza, ni mucho menos que él era el demonio y ella una simple e insignificante humana. Pero ahora que podía ver las cosas con más claridad lo odiaba, al igual que Kouga la odiaba a ella.
La sonrisa en el rostro de Satán se borró de inmediato. La verdad que ese cambio drástico de humor lo confundía notablemente pero también lograba que perdiera la cabeza por esa humana, era demasiado pasional para lo dulce y tierna que aparentaba. Ningún otro demonio o humano alguna vez se le cruzo enfrentarlo, pero Kagome salía de todas las reglas establecidas…Por ello era tanto que le agradaba; porque él la domaría.
—¡Kouga me odia, lograste que te prometiera que te entregaría mi virginidad y por si fuera poco me besaste! —enumeró Kagome casi a los gritos sin apartar sus ojos chocolates de los dorados, estaba totalmente colorada de la rabia y para colmo cómo se atrevía a entrar a su habitación sin su permiso—. ¡Quiero que te alejes de mi! —terminó gritando con todas sus fuerzas haciéndose un paso hacia atrás.
Los dorados ojos de Inuyasha brillaron, nadie le daba órdenes y Kagome no se las daría en lo absoluto, era demasiado poca cosa como para enfrentarlo. Con un simple movimiento de sus manos la remera informal que la humana llevaba puesta se partió a la mitad, dejando expuesto lo necesario.
—¿Cuándo aprenderás a respetar a tus superiores? —habló sonriendo de medio lado ante los intentos de Kagome por cubrirse de sus ojos sagaces. Caminó unos pasos hasta ella pero sin acercarse demasiado. El cuerpo de la humana ante él parecía temblar de miedo, le era excitante ver eso en ella, en realidad todo ella se le volvía excitante. Un cuerpo que dentro de poco estaría completamente bajo sus dominios.
—Por…por favor —suplicó bajo aquella mirada quemante, esa mirada que lograba hacerla enloquecer. Aunque quisiera no podía evitarlo, pero su cuerpo parecía reaccionar ente esa mirada—. Esto no era parte del trato.
Inuyasha la jaló de un brazo y la atrajó hacia él, el pequeño y delicado cuerpo femenino chocó contra el suyo. Kagome levantó el rostro y lo miró con ojos suplicantes pero al mismo tiempo expectante, sintiendo como sus labios hormigueaban extrañando el calido toque de los del demonio… ¡Por Dios se estaba volviendo totalmente loca!
Sus mejillas se sonrosaron ante ese pensamiento mientras sentía el aliento de Inuyasha contra su oreja, provocando ahora un cosquilleo mayor en todo su cuerpo. ¿En que se estaba convirtiendo?
—Para que aprendes que a mi nadie me da ordenes —susurró sensualmente sujetando con sus manos la pequeña cintura de la joven totalmente quieta—. Pero sólo por eso es que ahora estas a salvo.
Kagome casi se cae de bruces al sentir como las piernas le flaqueaban cuando Inuyasha la soltó y se giró como si nada dándole la espalda y caminando hasta la puerta. Pero para suerte de ella algo en su cabeza reacciono justo a tiempo antes de dar por sentado la forma en que era consumido su cuerpo por las palabras de él.
—Cuando Kouga te declare su amor... —dijo antes de perderse completamente por aquella puerta y dejarla nuevamente sola— ...ese noche conocerás el cielo —sentenció serio y con los ojos totalmente brillantes a pesar de Kagome no verlo, pero a pesar de que esas palabras sonaran visarras eran totalmente ciertas. La humana conocería el placer de tener sexo con una persona como él la misma noche que el santurrón aquel le declarase su amor.
Intentó gritar cuando nuevamente estuvo sola, pero sólo alcanzo a morderse el labio inferior con ahínco gracias a la cólera. Era insoportable siempre que se lo proponía y eso era muy seguido. Hora antes le prometió protegerla de cualquier cosa que le causara tristeza y dolor pero solamente jugaba con ella provocándole eso. Se sentó de forma sonora otra vez en el borde de la cama, sin apartar la vista de la puerta. Quería golpearlo pero seguramente no le arría ningún rasguño y lo peor es que todavía una parte de ella estaba totalmente avergonzada por sus palabras.
—Inuyasha —murmuró cuando su espalda chocó de forma estrepitosa contra el colchón. Tenía que pensar las cosas muy bien o mejor aún poder deshacerse de él.
Estaba decidido, le diría todo la verdad a Kouga a pesar de que éste luego terminara odiándola por completo, pero es que otra cosa no había encontrada como solución a pesar de darle vueltas al asunto toda la bendita noche.
Su madre la había ido a buscar para decirle que la cena estaba lista y que baraja, pero ella se negó y permaneció en esa habitación a pesar de las suplicas de ésta y de los pedidos. La razón fundamentar era encontrar la solución a su gran problema y la segunda era por que rotundamente no tenía deseos de ver a Inuyasha, al ególatra ese que decía ser su primo y se jactaba de rechazar a todas las mujeres de la peor manera posible, como Ayumi le había dicho el día de ayer.
Cerró con ánimos la puerta de aquel casillero de metal dándose la vuelta para aprovechar los minutos que todavía le quedaban antes de entrar a clase y no poder hablar con Kouga. Tenía que hacerlo a estas horas de la mañana antes que las seguidoras de él terminaran acabándola y torturándola más de la cuanta.
Para suerte de ella ninguno de sus queridos "primos" estaba a la vista, no era que le molestara la presencia de Shipou, sino todo lo contrario; pero si le molestaba más que nunca la presencia de Inuyasha. Tenía que ver aquella cara las veinticuatro horas del día, porque el muy desgraciado ni siquiera respetaba su privacidad.
Pero bueno, ahora que la verdad saldría a la luz, y seguramente la tomarían como loca, podría estar mucho más tranquila y no solo consigo misma. Además le demostraría al demonio que ella no era como todas las humanas que pensaba embaucar con total de acostarse con ellas. Era distinta a pesar de los esfuerzos sobre humanos que hacia para no dejaras llevar por el magnetismo irresistible de él.
Kagome Higurashi no sería de Satán a pesar que éste ya sentencio su alma y su cuerpo.
Camino con paso rápido por aquellos pasillos todavía no muy concurridos por alumnos para suerte de ella; de esta manera estaría en la capilla en un abrir y cerrar de ojos.
—¡Kagome espera por favor!
La aludida paró en seco y giró el rostro para ver a nada más y nada menos que a Ayame, una joven pelirroja de ojos verdes, la fiel seguidora del club de fans de Kouga. Como era de esperarse era seguida por dos chicas más que formaban su selecto grupo de amigas. Kagome bajó la cabeza, Ayame nunca se cansaría de injuriarla, ella había sido la causante principal de las marcas en su cuerpo.
—Te…lo suplico —jadeó la pelirroja cuando por fin llego a su lado y tomó las manos de la chica por la cual ahora corría peligro mortal. No se iba a quedar sentaba para ver si era producto o no de su imaginación, pero una alucinación sobre un mismo ser no la tienen tres personas al mismo tiempo—, perdóname.
Kagome la miró por varios segundos en silencio. Estaba completamente pálida y aterrada, como si algo la hubiera asustado de sobre manera para ponerla en ese estado, y no solo ella, sino las otras chicas que se encontraban unos pasos mas atrás.
Ayame se caracterizaba por no pedirle perdón a nadie a pesar de ser ella quien se hubiese equivocado. Algo le tenía que haber pasado para dejarla en total conmoción y cruzar casi medio colegio para encontrarla…Ayame se estaba rebajando.
—Perdóname —volvió a suplicar totalmente temblando, sólo quería el perdón de Kagome y estaría a salvo.
Y como si su mente se hubiera de golpe despertado esa mañana entendió, o por lo menos era la idea más acertada que podía hilvanar.
Satán tenía que ver en aquel cambio repentino pero ¿qué les había hecho?
—Yo…eh —dudó por unos momentos, cada vez su mano era apretada con mayor fuerza por Ayame quien buscaba el perdón en sus ojos. No las odiaba, pero si les tenía un poco de resentimiento, ellas de forma indirecta eran las causantes que le prometiera venderle su alma y su cuerpo a Inuyasha—. Te disculpo Ayame.
No podía tampoco negarle un perdón, se sentía culpable sino lo hacia, además ella no quería ser una de las personas por la cual el demonio tomara venganza para con ella. La pelirroja de ojos verdes soltó su mano con una sonrisa.
—¡Oh, Kagome! —exclamó totalmente contenta. Sí que aquella chiquilla tenía buen corazón. En su lugar dejaría que se pudriera en el mismísimo infierno. Ella era lo contrarío—. No sabes cuanto te lo agradezco, ya Dios no estará enojado conmigo por tratarte como te trate.
Kagome parpadeo…Dios, Dios; contuvó un grito al acordarse de la prioridad en ese momento. ¡Kouga!, con toda esa distracción se le había olvidado Kouga.
Sólo hizo un ademán con su mano en forma de saludo y salió corriendo por aquel pasillo. Tenía que llegar lo antes posible para aclararle las cosas con Kouga, aunque después tendría que hablar con Inuyasha, le gustara o no. Pero debía saber si él tenía o no que ver con el cambio repentino de Ayame y compañía.
Su mente le decía que sí y ¿por qué de alguna extraña manera le reconfortaba que él se preocupara por ella? Tenía en claro cual eran los verdaderos propósitos de todo esto pero aún así y a pesar de todo, se sentía feliz.
Sin aminorar la marcha y con el corazón que intentaba salir de su pecho por aquella maratón, empujó con todas su fuerzas las puertas de madera de la capilla. Tal y como pensó Kouga estaba frente a ella y de espaldas, pero no se encontraba solo.
Ambos hombres, que al parecer estaban entablando una conversación que se vio interrumpida por su llegada, fijaron sus ojos en ella, siendo ahora el centro de atención.
—Prima, es como si Dios te hubiese llamado —habló Inuyasha en un tono que intento ser totalmente serio pero que rayaba lo burlesco. Miró de reojo a Kouga que sólo hacia una pequeña mueca ante la mención del ser que él obedecía ciegamente, por su parte la humana parecía catatónica frente a él—. Llegas justo a tiempo para que Kouga se entere de la verdad.
Kagome no pudo evitar que el corazón se le paralizara ante aquellas palabras. ¿Kouga enterarse de la verdad? Ella estaba justamente en ese lugar para eso, pero al parecer Inuyasha le había ganado esa partida una vez más. Sólo vio cuando su "primo" la jalabá de un ante brazo y la hacia poner espaldas a él y frente a Kouga.
Ante la mirada absorta de Kouga sujetó a la humana por la cintura con una mano mientras que con la otra abría los primeros botones de aquella camisa que completaba el uniforme escolar.
—Relájate, te he visto peor…pero al parecer Kouga no conoce el cuerpo de una mujer —susurró en su oído sin apartar sus ojos de la mirada celeste del hombre frente a él. Descorrió la camisa por el hombro dejando libre el hematoma de la golpiza sobre la nivea piel femenina.
El pecho de Kagome subía y bajaba. Su pecho y gran parte de su cuerpo estaba descubierto, pero no entendía por qué Inuyasha le hacia estas cosas.
—¿Ves la marcas en su cuerpo? —le preguntó tajante evitando estrangularlo, es que sólo de ver aquella cara le provocaba eso. Ayer había visto las marcas que Kagome ocultaba debajo de aquella remera. Tenía varias en su pecho y otra en su hombro—. ¿Quién crees que se las hizo?
El tomo sumamente burlón retumbó en los odios de la humana, que sólo intentaba cerrar los ojos para no ver la cara de Kouga, pero ahora entendía muy bien porque Inuyasha estaba exponiéndola de esa forma…Era fuera de lo convencional pero de alguna manera la estaba ¿defendiendo?
—Siendo un seguidor de Dios, deberías saber diferenciar entre una mentira y una verdad —le aseguró al tiempo que empujaba a la mujer a los brazos de Kouga, quien la recibía de inmediato abrazándola de manera protectora.
Kouga hundió la cabeza en el hombro de la humana e Inuyasha sólo atinó a meter las manos dentro de los bolsillos del pantalón. Kagome se dejaba abrazar por Kouga, pero al parecer dejarse abrazar por él le resultaba repugnante.
Aún así guardaba el pequeño hecho de ayer, cuando sintió el pequeño y frágil cuerpo de la humana junto al suyo casi a la deriva.
—Merece por lo menos una disculpa.
Kagome ladeó el rostro y observó como, sin decir absolutamente nada más, Inuyasha se retiraba. Sus palabras le habían sonado algo distantes y casi frías. Ni siquiera voltió a mirarla, simplemente la dejaba en brazos de Kouga.
En los brazos de la persona que ella más quería en todo este mundo. A pesar de estar abrazada a él, algo que sólo en sus sueños podía albergar, la imagen de Inuyasha no se iba de su mente.
La imagen de la persona más vil, la imagen del demonio logro que sus mejillas volvieran a teñirse de carmesí y su corazón la latiera con fuerza.
Aún con ese sentimiento se alejó de los brazos de Kouga, como si no soportaba que otra persona más que Satán la abrazara. Sonrió tímidamente cubriéndose un poco al tiempo que éste le susurraba un perdón; un perdón que para ella ahora no tenía mucha valides. ¿Por qué?
—Alejate de Inuyasha, Kagome —habló fuerte Kouga entes que la joven saliera definitivamente por aquellas grandes puertas de manera.
Voltió a verlo sorprendida, las fracciones en el rostro de él estaban completamente duras, había sido una advertencia pero era demasiado tarde, ya estaba involucrada con el demonio. Igual no entendió el por qué de sus palabras, sólo le regalo una nueva sonrisa algo forzada y salió definitivamente de la capilla. Con más preguntas que respuestas o, en su caso, sin ninguna confesión por parte de ella.
No se atrevió a mirarlo en todo el transcurso del día y mucho menos en horas de clase, todavía sentía como su cabeza le daba vueltas y una parte de ella quería salir corriendo a pedirle explicaciones…Pero no se atrevía.
Se levantó de su asiento con desgana, tampoco cruzo palabras con Ayumi a pesar de los intentos de ésta por hablar con ella. Tomó con parcimonia su mochila y se la colocó al hombro, cuando por fin gran cantidad de alumnos ya no estaban en el salón se dispusó a salir.
—Hola, prima, ¿cómo estuvo tu día? —Comentó un alegre Shipou esperándola en la puerta, como últimamente se había vuelto rutina. La humana ante sus ojos verdes y el disfraz que ocultaba su verdadera apariencia parecía algo perturbada—. ¿Te encuentras bien?
Kagome tomó la mano del niño y caminó con la vista puesta el frente, se estaba tomando muy enserio el papel de ser la prima de Shipou, pero es que él la trataba realmente como si fuera de su familia. Le regaló una gran sonrisa para despejar todos los temores, tal y como él le informó se encargaba de cuidar de ella mientras su "amo" no esté cerca. Pero eso a estas alturas poco le importaba.
—¿Y mi hermano? —se atrevió a peguntar mientras bajaban las escaleras hasta el primer piso. Por suerte no se había equivocado delante de otros humanos. Si su amo se enteraba de algo así podía llegar a matarlo, ya muchos otros demonios vio correr con la misma suerte. El lugar del rey de los infiernos era muy buscado por todos y solo el demonio con mayor poder podía conllevar aquel título. Muchos retaron el poder de su señor, pero todos terminaban siendo asesinados sin piedad.
—Realmente no lo sé, faltó a su ultima clase —respondió Kagome tratando de tapar con su mano libre un poco sus ojos, el sol le pegaba de lleno en la cara y le impedía una visión perfecta de aquel patio totalmente vació. Si que el resto de sus compañeros abandonaban rápido el lugar, todo lo contrario a la hora de entrada.
—No creo que tengamos que buscarlo mucho —fue la rápida constatación de Shipou al enfocar sus ojos solo por un momento en las personas que estaban un poco alejadas de donde él y Kagome se encontraban.
La quinceañera bajo su rostro para ver como rápidamente Shipou corría el mismo un poco sonrojado. Luego enfocó sus ojos en la dirección que segundos antes captó la atención de su "primo". Abrió los ojos a más no poder, sintiendo una punzada de tremendo dolor en su pecho, un dolor que le provocába cortar su respiración por ese lapsus…Un dolor que nunca sintió por Kouga.
Inuyasha estaba besando a Ayame de una forma que no lo había hecho con ella y ésta la estaba correspondiendo.
Su pecho se oprimió con mayor fuerza cuando una de las manos de Inuyasha viajaba por entre las piernas de Ayame y su boca se dirija el cuello de ésta.
Fue en ese momento que los ojos dorados de él se concertaron en los chocolates y soltó a Ayame como si fuera una simple muñeca. La pobre chica resbaló por la corteza de aquel árbol mientras él camina hacia ella.
Cuando estuvo frente a ella no pudo despegar sus ojos de los de él, parecía como si su cabello se hubiese erizado dándole más magnetismo del que ya poseía. La sonrisa lasciva en sus labios lo decía todo.
—Es de mala educación espiar, pequeña —masculló tomando la mano de su "hermano" y comenzando a caminar sin darle mayor importancia al asunto. Simplemente quería divertirse un poco y aquella chica estaba para eso y nada más que para eso—. Tu madre nos esta esperando —con esas últimas palabras sacó completamente a Kagome de sus pensamientos, pero ésta no le siguió el paso.
Cuando casi entrada la media noche pudo por fin encerrase en su habitación y dejar por un lado las preguntas que su madre parecía hacerle cada cinco minutos. Caminó hasta la estantería donde estaba el mismo libro de hechizos que utilizó para invocar al demonio; si había podido encontrar un hechizo para invocarlo podía encontrar otro para deshacerse de él completamente y dejar por fin de una buena vez sufrír.
Tenía que admitirlo, estaba sufriendo y mucho, era como si quisieran arrancarle el corazón del pecho.
—Deja de buscar que no encontraras nada para hacerme daño. ¿Crees que soy tan patético? —preguntó levantando una ceja al entrar otra vez sin el permiso de Kagome a su habitación. Aunque cerrara la puerta bajo siete llaves él siempre lograría entrar.
—¿Por qué lo hiciste, Inuyasha? —su voz trataba de no quebrarse ante ese recuerdo fresco, no quiso preguntarle pero simplemente soltó aquello al aire. Dejó nuevamente el libro donde estaba con la mirara perdida en aquella estantería. Seguramente se reiría de ella por hacerle ese tipo de escenas, pero le importaba más encontrar una respuesta a su pregunta.
—No te interesa en lo absoluto —respondió ante la pregunta algo incomoda para él, además nunca le daría explicaciones de porqué tuvo deseos de hacerlo. Ella solamente era la humana que le entregaría su virginidad a pesar de todo lo que le hacia sentir.
Apretó los puños y lo enfrentó totalmente dolida. ¿Cómo le respondía tan tranquilo? Era un despreciable cínico.
—¡Pero lo hiciste en el colegio! —le gritó ya fuera de sí, pero es que tenía tanta rabia en su interior que no podía disiparla. Inuyasha caminó totalmente enfada hasta ella y la arrinconó contra ese librero—. Y podían verte…
—¿Y? —preguntó siguiendo el juego de ésta. Le encantaba verla fuera de sí pero le parecía por demás una escena como aquella, además ella dejo bien en claro que lo quería lejos.
Kagome corrió la cara. La cercanía la turbaba, solo estaba a unos centímetros de su rostro y aunque quisiera no podía escapar, la tenía completamente acorralada. Inuyasha la obligó a que fijara sus ojos en los suyos. ¿Por qué su estomago dio un vuelco en aquel momento?
—Si me acostara con ella o no, no tendría por que importante. Al contrario, tendrías que agradecerme —susurró con una voz totalmente profunda y casi aterciopelada que le causo a Kagome cosquillas en todo el cuerpo—. Tanaka sería totalmente tuyo.
«Kouga sería mió» pensó mientras Inuyasha volvía a alejarse de ella, como siempre lo hacia cada vez que lograba jugar un poco con ella y luego la dejaba completamente sola. ¿Quería eso?, ¿Quería que Kouga sea suyo? Movió la cabeza en negativa frenética.
Ya no le importaba que Kouga le declarase su amor o no, pero si le importaba que Inuyasha se involucrara con Ayame. Ella no quería que con los mismos brazos abrazara a otra mujer o que besara a otra.
—¡Si me importa! —le gritó caminando un paso antes de que Inuyasha saliera de su cuarto. Le había gritado con la misma fuerza con la que lo había enfrentado. Cuando tuvo otra vez la atención de él, volvió a sentirse pequeña…Otra vez logro hablar de más.
—Repítelo —ordenó con voz de mando al caminar otra vez hasta ella, pero la humana sólo escondía sus ojos gracias al flequillo—. ¡Que lo repitas! —volvió a ordenarle sosteniendo su mentón para mirarla profundamente a los ojos.
Kagome tragó fuerte y trato de volver a correr su mirada pero inevitablemente Inuyasha se lo impidió, tampoco iba a volver a pronunciar aquellas palabras; prefería morir antes que ser la burla otra vez de él.
Sin previo aviso Inuyasha reclamó su boca de una forma posesiva y demandante, un beso ardiente como la primera noche que sus labios lograron hacer contacto con su piel. La atrajó más hacia él, atrayéndola de la cintura y con una mano posada en su nuca. No pudo evitar soltar un quejido cuando de manera casi desesperada y salvaje se adentro en su boca. Sentía que se caería en cualquier momento sino era por la forma en que Inuyasha la tenia presa en sus brazos. Se sujetó de él, arrugando un poco con sus manos aquella camisa informar roja sangre.
La sensualidad y erotismo que Inuyasha le mandaba simplemente jugando con su lengua era demasiado para ella, no cabía en si misma. Sus mejillas estaban al rojo vivo y su mente totalmente turbada y en blanco.
Era una tortura la forma en como la besaba, no era lento ni pasivo, era todo lo que Satán siempre le había demostrado. A pesar de con la timidez que exploro la boca de él, al ser totalmente una novata, era una sensación única, un sabor nunca antes descubierto.
Suspiró suave cuando por fin el demonio dejo de hacer estragos con ella, poco a poco aflojo el agarre con el cual se sujetaba de su camisa y tímidamente busco sus ojos, tenía miedo de encontrar la burla en ellos, de ser como Ayame.
—Prometí que el corazón de Kouga sería tuyo, pero tu corazón nunca será suyo —le susurró antes de besar la comisura de sus labios aún abrazándola por la cintura. Kagome tembló en sus brazos otra vez y finalmente se alejó de ella. No sabía por qué le había dicho aquello que él mismo decidido hacía poco y mucho menos la forma con la que busco sus labios, una forma que nunca antes busco lo de nadie. Aquella chiquilla inexperta lo hacia actuar desesperado, pero no podía negar que los labios puros de ella eran como un afrodisíaco.
Se quedo ahí, abrazándose así misma, mientras cada parte de su cuerpo volvía a la normalidad y trataba de comprender las palabras de Satán. ¿Acaso él sentía algo por ella? No, claro que no, ella sólo era un juguete para él y nada más.
Pero es que la forma con la que la beso era realmente perturbadora, y lo peor era que le correspondió…Tenía que admitirlo Inuyasha le gustaba y mucho.
Por fin la esperada continacion que todos me pedian, jejejeje...Como siempre gracias por los comentarios que dejan y quiero decirle a "Zury" que yo tambien prometeria cualquier cosa a un demonio como Inu jajajaja
No se cuando tenga la continuacion de este fic ni del otro, ya que me voy por una semana de vacaciones, pero espero poder tenerlo para el viernes que viene antes que me valla...Voy hacer lo posible aunque no prometo nada...
Dando las enormes gracias como siempre por sus reviews y esperando que comenten sobre este capi
Saludos
Lis
