Capitulo 6: El ángel y el demonio

Si continuaba con otra noche en vela ya no tendría fuerzas en su cuerpo para levantarse. ¿Acaso las tenia ya?, ni eso ya sabía. Nuevamente se había quedado pensando en él o mejor dicho en ellos…

Por un lado estaba Kouga, la persona que quiso desde la primera vez que lo vio y por otro lado estaba Inuyasha, el mismísimo demonio, quien por su causa termino aceptando un pacto para que Kouga fuera solamente de ella, pero el precio de ese deseo fue demasiado caro. No solamente porque tendría que entregarle su alma y su cuerpo sino por que también Satán, al parecer, se llevaría su corazón…Si no era que ya se lo había llevado.

Aquel beso, a pesar de ser brusco, fue maravilloso y ese mismo beso era el causante de su noche sin dormir. Si Inuyasha planeo o no besarla a estas alturas no le importaba en lo mas mínimo, sólo tenia algo bien en claro.

Inuyasha le gustaba pero ¿hasta que punto?

A su manera muy particular, la había protegido tal y como Shipou le decía, alguna de esas veces tenían costos muy caros pero otras no. Sus métodos no eran convencionales, pero qué más podía esperar del rey de los infiernos.

También había jugado con ella, hasta el punto de manipularla y hacerla actuar tal y como él deseaba. Pero de la misma forma que podía ser totalmente arrogante podía ser protector y considerado, aunque solo una vez logro ver esa faceta.

Kouga no era Inuyasha e Inuyasha mucho menos era Kouga. Pero a pesar que desde muy pequeña siempre se dijo a sí misma que amaría a una persona con la personalidad de Kouga, ahora estaba completamente atraída por su polo opuesto.

Kouga era inalcanzable pero Inuyasha ni siquiera era humano…Era todo un dilema, o se quedaba con el bueno o con el malo.

—Últimamente suspiras mucho, Kagome —comentó el pequeño Shipou, que se encontraba al lado de la humana, cuando ésta dio un gran y profundo suspiro. En menos de diez minutos que estaba junto a ella, ya logro perder la cuanta de las veces que su "prima" suspiro. Se notaba que no estaba del todo bien y esa actitud la tenía desde ayer.

Kagome no respondió, simplemente se aparto del camino y apoyó su espalda contra el gran tronco, uno de los tantos que había en el colegio. Rápidamente Shipou se pusó a su lado, su deber era estar siempre que podía junta a ella sino su señor se enfadaría. Ahora que lo pensaba con detenimiento su señor también estaba un poco raro desde ayer.

A pesar que la madre de Kagome estuvo toda la cena intentando sacar más de dos palabras a ambos, cada uno permaneció en silencio. Bueno, últimamente Kagome siempre permanecía en silencio pero su "hermano" era todo lo contrario.

—¿Qué es lo que te tiene alejada de mi, pequeña? —preguntó Inuyasha de forma provocativa cuando se posó al frente de Kagome, quien parpadeó varias veces para creer que no era un engaño de su mente. Por su parte Shipou se llevó una mano al pecho para controlar su sobresalto, no lo había escuchado llegar.

Se sonrojó levemente al darse cuanta del leve estrecho que los separaba, miró rápidamente a los costados y comprobó para alivio de ella, que su querido "primo" no estaba con Ayame; o tal vez simplemente lo estaba esperando en otra parte.

—Siempre estoy alejada de ti —le respondió retomando fuerzas y reincorporándose un poco, quería destruir aunque sea por un momento esa arrogancia que desprendía Inuyasha. De algún modo tenía que lograrlo.

—Yo creo que es todo lo contrario —sonrió todavía con mayor arrogancia, simplemente tenía que recordar que ella correspondió al beso de la noche anterior. Una boca que solo fue besada por él y pretendía que aquello siguiera así.

—Veo que hoy no estas con Ayame —soltó con algo de furia y sintiéndose herida si era todo lo contrario. No podía omitir que le molestaba de sobre manera ver a Inuyasha en brazos de otra mujer que no sea ella. Ahora era Inuyasha quien casi se había convertido en un patrimonio para su persona… El mundo estaba de cabeza, mejor dicho todo su mundo estaba de cabeza.

Para Shipou los movimientos de su señor fueron en cámara lenta. Primero observo casi con los ojos desorbitados y algo molesto a la joven, para luego arrinconarla contra el árbol y su cuerpo apoyando una de sus manos al lado de su cabeza y por ultimo inclinarse para estar a su altura.

Movió rápido sus manos para llamar la atención, teóricamente tenían que mantener las apariencias, es decir que los primos no podían tratarse con tanta confianza. Pero a pesar de que casi se pone a saltar como un loco, cuidando que ninguna mirada curiosa se fijara en la escena, tanto su señor como ahora la estática y colorado chica estaban absortos del mundo.

—Te atraigo, ¿no es así?

Tragó con fuerza y su corazón comenzó una loca carrera en su pecho, deseaba no ser tan evidente a los ojos de Inuyasha, pero la verdad era que sí. Podía oír los latidos acelerados de su corazón en sus propios oídos y bajo aquella mirada dorada no podía lograr tranquilizarse en lo absoluto. Cuando al parecer sus labios se movían para dar una respuesta, notó que el matiz de los ojos de Satán cambiaban repentinamente alejándose un poco de ella, pero aún estando ambos cerca.

—No tiene la menor importancia porque al fin y al cabo cuando seas mía regresare al Manmaden.

Lo observó por unos segundos en silencio, escuchando como el murmullo se acercaban a donde ellos estaban. Ni siquiera Shipou decía alguna mínima palabra o emitía algún sonido. ¿Regresar? ¿Él la abandonaría?

—Kagome —la voz de Kouga fue la que irrumpió aquel silencio, mirando casi colérico lo cerca que aquella mujer estaba de su primo mayor.

Inuyasha le devolvió la mirada enfrentando el destello de los ojos celestes antes de llamar a su pequeño "hermanito" para que se retiraran del lugar. Shipou saludó cálido a su prima y sin más siguió los pasos de su señor, por que no solo era eso para él sino también un ejemplo a seguir.

Levantó la vista y la fijo en la amplia espalda de Satán, a cada paso que él daba para alejarse de ella sentía como si su alma se fragmentaba en miles de pedazos incapaces de volver a juntar. No le importaba que Kouga estuviera ahí, solamente le importaba que Inuyasha no se apartara de su lado. Tenía que saber sus sentimientos…No estaba bien amar al demonio, pero por fin comprendía que ella lo amaba a pesar que él sólo la vea como un juguete de sus deseos…Prefería eso antes que perderlo definitivamente.

—¡Inuyasha! —gritó para llamar su atención o por lo menos la de Shipou, pero ninguno de los dos ya estaban a la vista. Igualmente avanzo pasando sin prestarla la mayor atención a Kouga que se encontraba a su lado.

—No vayas con él, quédate conmigo —la sujetó del brazo logrando detener su huida. Kagome sintió como era abrazada por la espalda y prácticamente se paralizó—. Me gustas mucho.

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«Me gustas mucho»

Eran aquellas palabras pronuncias por Kouga que no dejaban de darle vueltas por su cabeza. No le logro responder a pesar que él le pidió una respuesta, solamente lo miró incrédula sin comprender antes de salir en busca de Inuyasha, pero no logro encontrarlo. A pesar de estar esperando impaciente el resto del día, tampoco cursó el resto de las clases y mucho menos estaba en algún grupo de mujeres.

La marca de su hombro había desaparecido al mismo momento que Kouga le declaraba sus sentimientos, el ardor ya no estaba pero si quedaba una sensación de vació. Ahora que esa marca ya no estaba en su cuerpo era como si nada la uniera a Inuyasha. ¿Por qué se tenía que haber enamorada del demonio?

Estaba tan fuera de sí que hasta había venido a pedirle a Dios por él, o tal vez estaba en la capilla para esconderse. Ahora que su deseo estaba cumplido tenía ella que cumplir la promesa de entrega y si era así ya nunca más lo vería. Antes se hubiera alegrado enormemente pero ahora no podía imaginar un día sin aquel arrogante ser.

Se sujetó con fuerza de aquella mesa que servia como altar al tiempo que las puertas de abrían con brusquedad. Giró un poco sobre si misma, para tener una plena y clara visión de aquel visitante que osaba entrar de esa forma a ese lugar sagrado.

Cuando aquellos ojos dorados se posaron en sus ojos no pudo evitar sentirse otra vez indefensa ante el hombre que camina hasta ella a paso pausado sin apartar por un segundo sus ojos de los suyos. Sin saber como, al estar Inuyasha a medio camino, las puertas se cerraron tras su espalda. Seguramente era producto del poder que parecía irradiar todo el cuerpo de Satán.

—Tienes que cumplir tu parte del pacto —murmuró cuando llegó hasta la pálida humana, quien lo observaba fijamente. Había visto cuando el idiota de Kouga le declaraba sus sentimientos, ahora que finalmente ella tenía lo que tanto anhelaba era momento de que él tuviera lo que tanto deseaba y quería al mismo tiempo.

Kagome cerró los ojos, no sabía si era por el miedo de que la tomara de forma brusca y animal o porque intentaba retener las lágrimas…Hoy perdería definitivamente a Inuyasha.

Cuando el demonio la atrajó hasta su cuerpo volvió a experimentar esa sensación cálida de encontrarse entre sus brazos, era como si todo el peso del mundo dejara de estar sobre sus hombros. Apoyo, extrañamente para ella, una mano sobre su pecho sin sentir temor. Mientras con una mano aún la sostenía de la cintura con la otra logro finalmente que sus ojos se volvieran a encontrar.

—Hoy será nuestra última noche juntos, pequeña —sonrió con las pupilas tan claras y brillantes antes los ojos chocolates. Su voz tenía una extraña tonada de dulzura mezclado con algo de melancolía, como si a él también le pesara aquel momento.

Nuevamente los labios varoniles cubrieron los suyos, dejándola totalmente absorta a otra cosa que no sea ese beso. Rodeó el cuello de él con sus brazos al tiempo que Inuyasha profundizaba el beso y la atraía más a su cuerpo, haciendo nulo el espacio que los separaba.

La basaba con suma ternura, de la misma forma que las manos ásperas viajan por su cuerpo, como si ella fuera una pieza de la más fina porcelana. Escuchó el ruido de objetos chocar contra el suelo para luego sentir la dura madera en su espalda.

Cerró los ojos con fuerza soltando gran cantidad de aire en un profundo suspiro, los besos de él descendieron hasta su cuello provocándole cosquillas y otro sin fin de sensaciones. Pero a pesar de que una parte de ella estaba sumida en esa atmósfera que los envolvía a ambos en aquel lugar poco apropiado, solo pensaba en una cosa….Perdería a Inuyasha definitivamente.

Esa sensación de tristeza ahora envolvía su cuerpo, si tenía que perderlo entonces no quería recordarlo. Solo él podía lograr que lo olvidara completamente, porque sabía muy bien que ella nunca lo olvidaría.

—Por favor has que te olvide —le imploró desviando su mirada hacia aquellas grandes puertas de madera para que él, si intentaba buscar sus ojos, no notara el estado en que se encontraba. Podía jugar con sus recuerdos, tal y como había logrado con su madre y compañeros.

Tal y como ella pensó el buscó sus ojos, esos chocolates que se negaban a fundirse con el dorado de los suyos. Llevó una mano al mentón de la chica y la obligó a verlo. Su mirada ante la de él denotaba infinita tristeza, una tristeza que provenía desde el alma.

—No, pequeña, quiero que siempre me recuerdes —acarició la mejilla de ella con suma ternura para luego ver como las gemas chocolates de la mujer que tenía bajo su cuerpo se llenaban de lágrimas con aquella simple muestra. ¿Tanto podía detestarlo?, eso no lo soportaba en lo absoluto—. Si piensas que vas a….

—¡No quiero que te vayas! —le gritó sabiendo que exponía los más profundos de sus sentimientos, pero cada una de sus palabras eran ciertas. Se había enamorado del demonio y no soportaría perderlo, por eso tenía que decírselo, tenía que dejar de sentir a cada momento como si una parte de ella muriera al saber que nunca más lo tendría en su vida.

La observaba absorto e incrédulo, tratando de saber si eran ciertas las palabras que lograron salir de la boca de aquella chiquilla. Todo le decía que sí, sin poder evitar que sintiera una alegría infinita por aquel descubrimiento. Al parecer ella lo necesitaba en su vida más de lo que aparentaba y él, muy a su pesar, la necesitaba en la suya. Ahora entendía esos sentimientos contradictorios que se formaban en su persona….La deseaba, pero no solamente de una forma carnal, sino deseaba estar a su lado.

Antes de que pudiera articular palabra alguna, las puertas del recinto fueron abriertas con brusquedad, sobresaltando a ambos jóvenes que se encontraban en el altar.

—Kouga —pronunció Kagome incrédula, cuando notó la presencia de éste en el lugar. La mirada celeste furiosa que se sernia sobre ellos era evidente. ¿Cómo demonios explicaría algo así?, y al parecer Inuyasha no ayuda en lo absoluto, ya que no se había movido ni medio centímetro sobre su cuerpo.

—¡Suelta! —gritó Kouga con voz potente y tomando mucha más fuerza en aquel santo lugar. Ambos hombres se miraron largo tiempo, casi infinito para Kagome que sólo podía intentar tranquilizar su corazón.

Inuyasha volteó a verla y la besó de forma fugaz con una sonrisa en los labios, era perfecto para él que Kouga estuviera aquí, aunque lo detestaba por haber interrumpido. Pero de esta forma entendería el santurrón aquel a quien le pertenecía la pequeña Kagome.

Kagome cerró los ojos y por un momento se olvidó de toda la escena y se dejo nuevamente llevar por el efímero beso, poco a poco abrió los ojos con parcimonia mientras era puesta nuevamente de pie por el demonio.

Inuyasha rió de buena gana sorprendiendo por completo a Kouga, que no se había movido de su lugar de origen. Estaba ahora más que seguro que aquel hombre no era otro que el ángel caído rey de los infiernos.

—No vuelvas a acercarte a ella —lo enfrentó alzando un poco la voz para que su receptor pudiera escuchar sus palabras. Rápidamente Inuyasha guardó silencio pero mirándolo aún de manera desafiante y burlona, él no era nada a comparación de su persona.

—Eso a ti… —Kagome escucho como arrestaba sus palabras, provocándole escalofríos, al igual que el ambiente se volvía casi frió y sombrío por el poder que Inuyasha irradiaba. Sintió miedo, como nunca antes lo había experimentado— ...no te importa.

Kagome se llevó una mano a la boca para contener el grito que le quemaba la garganta. El cuerpo de Kouga rebotaba contra las puertas cerradas del lugar como si fuera un objeto insignificante. No cabía la menor duda que el causante de eso era Inuyasha, ladeó el rostro para verlo y aquella mirada sombría que un momento pareció notar, ante sus ojos no quedaba nada de aquello

—Inuyasha —lo llamó en un murmuro, casi sin pensarlo para captar la atención de éste y dar crédito a sus ojos. Todo el miedo sentido se esfumó cuando las pupilas doradas de él se concentraron en las suyas…lo amaba a pesar de lo diabólico que podía llegar a ser.

Todo paso rápido ante sus ojos y solo vio el liquito vital, que también corre por sus venas, caer del cuerpo de Satán. Rápidamente el charco de sangre se formo a los pies de él, quien se encontraba con la cabeza gacha y semi arrodillado.

Llevó con temor sus ojos hasta el lugar donde la herida se había producido, el hombre izquierdo estaba totalmente atravesado por una lanza que en su base tenía una cruz. La herida no era de muerte, pero si totalmente destructiva. La sangre brotaba rápidamente sin dar tregua a algo.

Intentó hacer algún movimiento aún en plena conmoción por los hechos recientes, pero antes de intentar algo nuevamente la risa diabólica de Inuyasha inundo el lugar.

Se alejó de él sin poder creer lo que veía. Sin el menor esfuerzo se quitaba aquella lanza de su hombro lanzándola a los pies de Kouga, totalmente sorprendido.

—Creo que fallaste, Miguel —le dijo tranquilo, aprisionando un poco aquella herida. Por suerte él no lo había matado, aunque estuvo muy cerca. Pero ahora entendía porque lo detestaba de sobre manera—. Sabes esconder bien tu verdadero rostro, pero tu olor me repugnaba en lo absoluto…Cuanto tiempo sin vernos.

Kagome voltió esta vez para observar de lleno a Kouga, quien no hacia otra cosa que enfrentar en todo sentido a Inuyasha. Nunca lo había visto en esa postura tan desafiante. Al inversa de cómo paso la primera noche que Satán invadió su cuarto, el lugar se lleno casi por completo de plumas blancas, impolutas; para dejar paso a un ser no proveniente del mundo de los humanos.

Kouga se convierto en ángel, en un ángel de Dios….Kouga no era otro que el ángel Miguel.

Ante la verdadera forma de su oponente sus ojos adquirieron su verdadero color, trasformándose en rojos color sangre.

El ángel y el demonio cara a cara otra vez.


Lamento la verdad la demora! intento subirlo la vez que lo prometi para no puder terminar el capi, y hoy que volvi de mis vacaciones me puse a terminarlo por completo...Infinidad de gracias a todas las personas que dejaron sus comentarios y como siempre espero que sigan apoyando este fic...

Para todas aquellas el proximo capi el lemon jejejejej...Bueno antes quedo queria decirle a "anyglue" que no se bien en donde poder buscar en manga, prometo que voy a intentar y cualquier cosa te aviso, otro lugar que el buscador mas grande como google no tengo...Me despido y nos vemos en el proximo cap

-Glosario-

Manmaden: Lugar donde habitan los demonios

Lis