Capitulo 7: Un nuevo pacto
—Nunca te voy a permitir que la condenes. Amo a Kagome —sentenció manteniéndose a un distancia prudencial de Satán y también protegiendo el frágil cuerpo de la persona que se había enamorado.
La herida que pudo hacerle a Satán bastaba para mandarlo al lugar donde pertenecía, como ángel de Dios ese era su deber, solamente él o su señor podía acabar con el rey de los infiernos. Una vez lo había vencido y ahora parecía que nuevamente ocurriría lo mismo y no solo para evitar que Satán, bajo el camuflaje de Inuyasha, destruyera el mundo y mucho menos la vida de Kagome, de un alma que todavía podía ser salvada de ser corrompida por el demonio. Todas las desgracia sobre las faz de la tierra eran por su causa, pero eso se acabaría en esté mismo instante.
Satán cayo de rodillas productos de las heridas echas por el combate, el desgaste físico era mucho mayor en el mundo mortal de lo que era en el suyo. Con una mano trato de parar la severa hemorragia que tenía en su estomago. Miguel también estaba herido, pero estando bajo el velo de esta capilla las condiciones de lucha eran totalmente distintas.
—¿La amas? —le preguntó, para más esa pregunta sonaba a un reto en los oídos del ángel y de la humana. Inuyasha mostraba totalmente el rostro contracturado por el dolor pero eso no le impedía seguir buscando con su vista a su rival—, entonces amaras a un cuerpo sin alma, porque me la llevaré el infierno. Su alma me pertenece.
Kagome se quedó de piedra y con lágrimas en los ojos, los rojos sangré de Inuyasha se clavaron en los asustados chocolates suyos asegurando sus palabras. Estaba totalmente ido de sus casillas. La pelea fue por demás sangrienta, el olor a sangre inundaba el lugar de forma lúgubre y pestilente. No pudo apartar ni por un momento la vista de ambos contrincantes cuando las lanzas eran clavadas en los cuerpos de su enemigo. A diferencia del ángel Miguel, la lanza que el demonio poseía tenía en su base la cabeza de un animal muerto con cuernos; esa era la única diferencia entre sus armas.
—Eso nunca, Satán.
Como si las palabras de Kouga se cumplieran, bajo los pies de Inuyasha se abrió un agüero de la medida perfecta para que fuera absorbido. Podía sentir como un poder sobrenatural emanaba de aquel lugar, arrastrando poco a poco a la persona que se encontraba sobre él. Miró con horror la escena y el rostro implacable de Miguel, no mostraba reacción alguna.
No importaba que Inuyasha halla sentenciado su alma, no importaba todo lo que él llego a hacerle y mucho menos importaba la promesa de la entrega de virginidad…Lo quería a su lado porque se había enamorado del demonio.
—Déjalo, Kagome, él tiene que morir.
Miró con desesperación los celestes ojos del ángel que sujetaba su brazo e impedía ir al rescate de Satán. Comprendía a la perfección las palabras de Kouga y el porqué de todo esto, ¡tenía que ponerle fin!. Esperaba que Dios algún día la perdonara por esta decisión, tal vez precipitada, que había tomado.
—¡Inuyasha no me dejes! —gritó con todas sus fuerzas al sentirse incapaz de poder hacerla algo para ayudarlo. No podía ni siquiera tratar de llegar a su lado porque Kouga la sujetaba de forma certera del brazo, impidiendo cualquier rescate hasta volverlo fallido. Estaba desesperada, eso era lo que sentía correr por su cuerpo aparte del miedo, de verlo ahí tan vulnerable y ella sin poder socorrerlo. Por eso gritó con todas sus fuerzas, la garganta pareció cerrarse en dolor pero no le importo, logró que nuevamente esa facción amenazante que poseía Satán en su verdadera forma, se concentrara en ella—. Por favor —murmuró desesperada cuando por fin dejo de hacer esfuerzos para retener sus lágrimas. Miguel la soltó.
Cuando ya no se sintió presa y pese a que escucha la voz de el ángel a sus espaldas, corrió sin importarle su bienestar en lo más mínimo. Cayó de rodillas frente a él y lo abrazó con todas sus fuerzas, impidiendo de esta manera que se separa de ella, impidiendo que regresara a su mundo y la dejara totalmente sola.
—Quédate a mi lado, por favor —susurró en su oído soltando más lágrimas, todo dependía de él y el tiempo se acortaba, sentía como el piso se cerraba a sus pies arrastrando a ella también. Los brazos calidos de la "persona" que ella amaba rodearon su cintura, haciendo que por un momento olvide los hechos. Esta no podía ser una despedida.
—Tendremos que hacer un pacto —habló con voz clara alejándola un poco de su cuerpo para ver aquellos ojos tan expresivos, esos ojos por el cual estaba donde estaba. Prefería llevar su alma pura al infierno antes de que permanezca al lado de ese ser. Si ella aceptaba ese nuevo pacto podría permanecer a su lado. Tenía que medir sus palabras, estaría encadena por siempre a él, pero primero tendría que aceptarlo.
—Cualquier cosa —fue su respuesta, estando totalmente confiada, no importaba que era lo que ahora tenia que prometerle si de esa manera lo tendría a su lado. Inuyasha era amenazante y mucho más sus ojos, pero aún así junto fugazmente sus labios con los suyos para darle a entender que estaba dispuesta a seguir.
—Amor eterno —los ojos de Kagome se abrieron en sorpresa ante sus roncas palabras—. Prométeme que me amaras eternamente.
Bajó por un segundo su mirada pero Satán logró que sus ojos volvieran a juntarse. Había creído que ella realmente sentía algo por él, pero al parecer los humanos solamente estaban para satisfacer sus deseos, como siempre debió ser. Veía la duda en su semblante y eso le provocaba desolación. Él la quería y de cualquier forma la tendría así sea por la malas.
—Lo prometo —sonrió de forma dulce, como nunca ante lo había hecho por él ante la mirada confusa de éste—. Te amaré eternamente.
Estaba absolutamente segura, lo amaría hasta el fin de sus días y más halla aunque él no la amase.
Un nuevo pacto entrelazo su vida con la del mismo demonio…
0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0
—Hija, ¿te encuentras bien?
La voz preocupada de su madre desde el otro lado de la puerta de su cuarto llego a sus oídos sacándola de este pequeño estado entre el sueño y la realidad. No tenía ánimos para hablar con nadie y mucho menos con su madre, solamente quería un momento de paz y tranquilidad. Tratar de poner sus ideas en claro y no sentirse triste por estar peleada con la persona ahora más importante de su vida.
—Estoy bien, sólo un poco cansada —tapó su cabeza con la almohada y rezo para que el piso se abrá y se la tragasé como ayer a la noche estuvo a punto de sucederle. Sintió a su madre alejarse y suspiró sonoramente para ahuyentar el malestar notorio que todo su cuerpo tenía. La actitud preocupada de su madre era justificada y más por los sucesos de esta mañana, tenía suerte si no la tomaba como una loca desquiciada.
Una nueva estrella de seis picos adornaba nuevamente su hombro, el mismo que el anterior, salvo que ahora la promesa era totalmente diferente. Ahora ella era de Inuyasha hasta la eternidad poro y ¿él?
El comportamiento luego de la batalla no justificaba que la amaba y mucho menos que lo hiciera hasta la eternidad. Todo lo contrario, había actuado de una manera viseral, regido puramente por el deseo. No pudo evitar que casi toda una gama de colores carmesí tiñeran sus mejillas.
Luego de aquella promesa de amor eterno, fue como si Kouga se diera por vencido en enviarlo a su mundo. El amor era algo que estaba fuera de sus limites al ser lo más puro del mundo, por eso se marchó; dejando que Satán siguiera junto a ella.
«Todavía no me entregaste tu virginidad»
Se tapó los oídos con ambas manos pero las palabras de Inuyasha resonaban en su cabeza, se lo había dicho luego de volver a su forma humana, como si nada hubiera pasado y con aquella voz tan aterciopelada y cargada de lujuria que la dejó estática y sin poder moverse….Un cordero a la merced del lobo.
Aún recordando ese momento el cuerpo le ardida completamente, en una sensación totalmente nueva que primero pensó que era producto de los poderes de Satán. Tan rápido como pronuncio aquellas palabras se apoderó de su boca y supó en ese momento que no tenía más escape de ningún modo. Se quejó por la brusquedad con que era besada, pero sólo provocaba en él reaccionas adversas a las que buscaba. La había despojada de algunas prendas de forma rápida y desesperada, recorriendo su cuerpo no sólo con sus manos sino también con sus labios, obligandola a pesar de que intentaba zafarse de él. Insinuándola con sus palabras y sus actos. Cuando por fin había aceptado la sumisión por completo, olvidando el lugar donde estaban y la forma por demás brusca de tratarla, no pudo soportar más y se desmayó en sus brazos.
Ella seguía conservando su virginidad... por ahora.
Respiró con tranquila y fue un alivio para todo su cuerpo, lentamente se calmo y volvió en sí; por el amor de Dios ¡¿en que se estaba convirtiendo? Solamente tenía quince años para sentir esas cosas.
Inuyasha nuevamente manipuló la mente de su madre y compañeros, esta mañana quedo demostrado que no quedaban rastros de aquella familia que él creo para poder de esta forma acercarse a Kouga. Si madre la miró como una loca, cuando pregunto por sus "primos" a la hora del desayuno. Ahora Inuyasha era su profesor de matemáticas en el colegio y él pequeño de Shipou ya no era tan pequeño, sino que poseía su edad y estaba en el mismo curso que ella. A pesar de las miradas que Shipuo se llevó de sus nuevas compañeras, todas se concentraron en el profesor sustituto; detestaba que Inuyasha se viera tan bien en su traje de profesor y sobre todo las miraditas del resto de sus compañeras.
Se cruzó de mala gana de brazos, sentía sus mejillas rojas pero por la ira con solamente recordaras; pero pronto todo su enfado se disipo cuando recordó la actitud tan fría con la que le hablo al tratar de defender a Kouga. Tenía bien en claro que no sentía nada por él, más que un cariño ya que él fue del primer hombre que se enamoro, pero ahora estaba completamente rendida a los pies de Satán.
Trato de hacerlo entrar en razón, no podían eternamente odiarse a pesar de ser tan opuestos; Miguel pudo haberlo enviado al infierno pero no lo hizo por la promesa de amor eterno que ambos se profesaron. ¿Por qué él no podía hacer lo mismo?, tal vez porque era el demonio y sería rencoroso hasta el final de los tiempos.
Sollozó haciéndose una bola en aquella mullida cama, no quería estar triste ahora que podrían estar juntos eternamente; pero habían discutido. Todas las parejas tenían diluciones, pero Inuyasha era el demonio así que se convertia en una persona más que volátil. Tenía miedo que la dejará a pesar de aquella promesa.
Sintió esa sensación de cálidez, la misma que sentía cada vez que estaba en los brazos de Inuyasha o cerca de él; deseaba tanto que esté a su lado que ahora imaginaba cosas que no eran. Una pluma negra cayo frente a sus ojos, pestañó varias veces mientras se reincorporaba y luego la tomaba entre sus manos para observarla con minuciosidad.
—¿Me buscabas, pequeña? —habló el recién llegado sacándola por completo de sus pensamientos. Lo miró fijo hasta auto convencerse que no era un producto barato de su imaginación. Sonrió y lo abrazó con todas sus fuerzas sollozando nuevamente ahora en el pecho de Satán.
—Perdón…yo no quería —gimoteó y el abrazo le fue correspondido llenándola de cálidez y dejándose embriagar por todo lo que representaba Inuyasha. Estaba feliz y ya no la trataba con esa frialdad.
—Shhhh —acarició su cabello con ternura mientras besaba su frente, aquella mujer lo volvía extraño y vulnerable, mostrado una faceta que todavía tardaría en descubrir en él. Tal vez algún rastro de ternura quedaba en su ser demoníaco—. No tienes porque pedirme disculpas, sólo estaba jugando un rato.
La escuchó suspirar sonoramente y sólo ahí se calmó por completo la humana en sus brazos, la envolvió en un abrazo más fuerte. No la quería dejar ir, ahora era eternamente suya. Sólo faltaba una cosa…Que Kagome cumpliera el viejo pacto.
—¿Cómo es que estás aquí? —le preguntó cuando pudo alejarse un poco de él y ver aquellos ojos dorados. Satán estaba en su forma de humano. Éste sonrió cómplice por la curiosa de la mujer.
—Que no viva en la misma casa no quiere decir que no pueda verte —la vio sonreír de una forma sincera al ser saciada su curiosidad. No podía evitar desearla y mucho menos besarla, por eso ahora era su profesor. Aquellos ojos brillaron y no pudo contenerse, se abalanzo sobre aquellos labios totalmente dispuestos para él. Él ya había estado en el cielo, pero besar los labios de Kagome no tenía comparación. Sumisamente respondía a sus besos, sin negarle el acceso a explorarla. La pequeña y frágil Kagome dejaría serlo dentro de poco.
Estaba totalmente fuera de sí, daba gracias que cada vez que era besada por él siempre la sostuviera, como sabiendo que no podía soportar mucho tiempo aquel ritmo ni muchos menos el calor abrasador que experimentaban con cada beso. El aliento de Satán era pesado en su boca. Los besos que él le proporcionaban se volvían a cada segundo más demandantes y cargados de deseo, un deseo que ella no sabía si en realidad era él quien nada más lo poseía. Se sobresaltó un poco cuando sintió el tacto de la mano de Inuyasha dejaba de la blusa que llevaba puesta. Suspiró sonoramente mientras inconcientemente se apegaba más contra él. La temperatura de su cuerpo la tenía al borde del colapso, todavía no estaba acostumbrada para todas estas sensaciones nuevas, pero aún así una parte de ella quería que no se detuviera.
—Disculpe, señor.
Y el momento se rompió en miles de pesados, se rompió de la misma forma que lo hace un vidrio. Lo que antes podía compararse con el desierto por el calor incesante del ambiente, ahora se lo podía comparar con el polo sur. Escuchó a Inuyasha murmurar algo por lo bajo sumamente molesto mientras dejaba de besarla y retomaba la compostura.
Los latidos de su corazón estaban sumamente acelerados al igual que su respiración, las mejillas completamente encendidas y una sensación de vacio en el estomago. Abrió con parcimonia los ojos y no le gusto lo que vio. Inuyasha observaba de manera fiera y asesina al pequeño cuervo que había entrado en su habitación para interrumpirlos. Por suerte todavía estaba abrazada a él para que no intentara nada contra el indefenso animal.
—¿Qué quieres, Shipou? —masculló entre dientes totalmente exasperado, estaba seguro que si pasaba unos segundos más Kagome no se opondría a nada. Esperaba que lo que tenga que decirle sea sumamente importante sino que se diera por muerto.
El animal aleteó y inconcientemente rezo para que su vida se prolongara más tiempo, no estaba seguro de interrumpir o no cuando encontró a su señor y la humana en esos términos. Pero antes que definitivamente no pudiera entrar en el cuarto y las cosas se pusieran peores, entró.
—Señor, necesitan que regrese inmediatamente al Manmaden —respondió a la pregunta dándose valor, por lo menos frente a Kagome no corría riesgo. Tanto su señor y la humana frente a él lo miraron con sorpresa—. Alguien lo solicita.
Inuyasha volvió a mascullas pero finalmente asintió, ahora él tenía que obedecer ordenes de sus súbditos. De todas formas iría, si lo requerían era porque algo grabe pasaba. Shipou igual de como entró desapareció por la ventana. Satán labeó el rostro para ver a la joven que intentaba entender lo que pesaba, dibujó una fina sonrisa que pronto fue disipada cuando ella puso toda su atención en el…Mataría dos pájaros de un solo tiro.
—Vendrás conmigo.
Kagome lo miró incrédula sin poder decir una sola palabra, no se lo estaba preguntando se lo estaba ordenando. Los infiernos no era el lugar para ella, pero antes de que pudiera alejarse completamente de él, Inuyasha ya había adquirido su forma verdadera, tomándola luego en brazos y saliendo con ella por la ventana. Se sujetó fuertemente de él cerrando los ojos con fuerza, le tenía un poco de miedo a las alturas y la aterraba conocer el mundo de Satán, pero si era con él iría hasta el fin del mundo.
0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0
Sumergió la cabeza en el agua, había sido una completa tonta. Ahora estaba completamente sola en esta ¿bañadera?, que más bañadera parecía una piscina por el largo que poseía. Esperaba que este baño que un par de demonios le hicieron tomar a la fuerza de resultado para limpiar su cuerpo.
Había conocido a la amante de Inuyasha….
Aquella mujer era la que había solicitado la presencia de Inuyasha, había nacido de la unión de un ángel y de un demonio, por ese motivo es que podía comunicarse con ambos seres tan apuestos. Kikyo era totalmente más desarrollada que ella y al parecer la amante numero uno en la lista de Satán. De pensarlos juntos se le revolvía el estomago.
Al parecer Kouga se había comunica con Kikyo, diciéndole sobre la promesa que ella e Inuyasha se profesaron; al parecer despertó su curiosidad y celos y por eso buscaba respuestas. Tan pronto como se entero de que ambos fueron amantes, no le importo estar en un castillo totalmente desconocido y plagado de demonios pese a que Inuyasha la hizo jurar que no se separaría de su lado. Solamente se dio media vuelta y se marcho por uno de los bastos pasillos, dejándolo completamente junto a Kikyo y otros demonios.
Por eso es que ahora estaba donde estaba…
Salió y comprobó como el agua volvía completamente tersa y suave su piel, le extraña pero de igual forma se cubrió con una bata que anteriormente un demonio había dejado antes de retirarse y dejarla completamente sola. Ahora tenía que ir a los aposentos del rey del castillo, tal y como le habían informado.
Para suerte de ella llego más rápido a la habitación de Inuyasha de lo que esperaba, su cuerpo estaba totalmente seco salvo su pelo que aún continuaba húmedo. Abrió un poco más la puerta de lo que estaba y entró tratando de hacer el menos ruido posible. Lo observó acostado en la cama, con los ojos cerrados y las hebras traviesas de cabello plateado cayendo por algunos lugares de su cuerpo. Su pecho descubierto y algo brillante, como si también recientemente se hubiera dado un baño. Nunca había visto alguna vez el pecho desnudo de un hombre y mucho menos que estuviera tan bien formado. Otra vez estaba completamente aturdida y colorada hasta la raíz de los cabellos por pensar una cosa así.
—Ven, pequeña.
Su voz en sus odios era como un afrodisíaco, la llamó cuando clavó los ojos en los suyos extendido su mano para que se acercara a él. No pensó en absolutamente otra cosa que no sea en Satán en todo el corto trayecto que los separaba. Su cuerpo se movía solo, como por arte de magia. Si era obra de él no le molestaba en lo absoluto.
Cuando llego junto a él tomó su mano sin temor, rápidamente dejo de estar parada junto a la cama para pasar a estar bajo el musculoso y varonil cuerpo de Inuyasha. Sólo en ese instante que estaba contra la espada y la pared salió de su estado y volvió a la realidad. Se quedo quieta tratando de respirar tranquila a pesar que todo la hacia poner alerta, hasta el mínimo cambio en la respiración del rey de los infiernos.
—¿Sabes por qué te traje aquí? —preguntó de forma juguetona, viendo como en los ojos brillosos de la humana se reflejaba su verdadera esencia. Los rojos suyos se volvieron al igual que los de ella completamente más brillantes, ahora si nada impediría que la convierta en su mujer. Kagome negó con la cabeza tímidamente y la sonrisa que le devolvió hizo que definitivamente algo en ella se pusiera mas alerta de lo que estaba—. Para hacerte mía.
«¡Por el amor de Dios!» Pensó sin aparta por un segundo su mirada de la suya tragando con fuerza.
Hola... un nuevo cap, perdon y espero que no me maten, crei mejor que el lemon lo dejemos para el proximo capi; ademas no queria escribir un capi muy largo...Pero prometo que el proximo no me voy a poder escapar...
"Dyelbi" gracias por la info del emule, se me habia pasado totalmente por alto...pero igual trate de meterme en inter a ver que podia conseguir y encontre una pag, no se si funciona pero paso la direccion : www(punto)frontalweb(punto)com(punto)ar(barra)foro(barra)mangas(guion)descargas(guion)directas(barra)17967(guion)descargas(guion)directas(guion)megaupload(guion)virgin(guion)crisis(guion)4(guion)4(guion)a(punto)html
esto no es solo para "Ady" o "Mich" que me lo pidieron, pero ante cualquier cosa pongan en el buscador de google, virgin crisis desgarga y ya esta... Bueno muchas gracias a las 15 personas que dejaron su reviews, el mayor numero en todos los capis que publico y en especial a "Kariko" la primera argentina que me escribe, o por lo menos la primera que lo dice jajajajaja...Igual agradezco a cada una, ya que muchos no dejan rw...ah "Zury" te agregaria pero la direccion de tu mail no salio o soy tan ciega que no la vi
Me despido, espero actualizar pronto y no me maten si me tardo, y en el proximo capi si el lemon!
Saludos y cuidense mucho
Lis-Sama
