Capítulo 8: Cumplimiento de un viejo pacto

Cuando sus delicados labios color carmesí sintieron el calor de los del demonio con un matiz perturbador, era como si algo en su cuerpo explotara irradiando un calor abrasador. Ese calor parecía consumirla a medida que la besaba con una desesperación infinita. Su mente se dividida, aún tratando de aferrarse a la realidad, entre algo que parecía superarla y la parte que se rendía plenamente al mandato que Inuyasha le mandaba a través de sus labios. Era sólo un beso, no muy delicado y mucho menos pasivo, como para perderse en ese mar de sensaciones. Todo para ella empeoró cuando las garras de él acariciaron de forma lenta su pierna enviándole una descarga eléctrica a cada centro sensible de su cuerpo.

Se aferro a sus hombros con desesperación, cerrando los ojos y disfrutando de los besos que Inuyasha dejaba en su cuello. La imagen de la amante de él invadió su mente congelando en un momento las sensaciones que su cuerpo albergaba.

Satán notó como el relajado y casi dispuesto cuerpo de la joven debajo de él se tensaba por completo. Su piel era el sabor mas existió que alguna vez había llegado a probar. Subió su rostro y enfocó sus ojos en los de ella, al parecer estaban perdida en las lagunas de su mente. Una sensación de frustración lo invadió, Kagome iba a ser suya en ese instante; solamente tenia que estar pensando en él y en nadie mas.

—Deja de pensar en ella —casi gruño exasperado para traerla a la realidad, la vio pestañar un par de veces y recién ahí recaer en sus ojos y en sus palabras. Mataría con sus propias manos a Kikyo si no lograba tomar a Kagome en este instante.

—No puedo —fue la respuesta calmada por parte de ella, pero es que no podía pensar en otra cosa que no sea aquella mujer en los brazos de Satán, con sólo pensar que él la había acariciado y besado de la misma forma que lo hacia para con ella se le revolvía el estomago. Ella sólo era una humana virgen, carente de experiencia para un "hombre" como aquel. Ella nunca se compararía con Kikyo.

Se sonrojó furtivamente cuando ahora era ella la que se encontraba sobre Satán sentada sobre su regazo. Lo miró fijamente a los ojos sorprendida y perturbada, tratando de entender porqué ese cambio de papeles. ¿Acaso pretendía que ella…?

—Hazlo tu sola.

Se quedo quieta procesando sus palabras, Inuyasha la miraba fijo pero sin hacer ningún moviendo. Había sonado rudo y hasta enojado, pero es que realmente no podía pensar en otra cosa que no sea en Kikyo y en lo inferior que ella era en todo sentido.

—Yo…no… —tartamudeó escondiendo su rostro para no permitan que él viera sus ojos de aquella manera. Ella no quería eso, se sentía usada al ser tratada de esa forma por él. Lo amaba y si iba a ser su primera vez no quería que fuera así.

—Hay, pequeña… —sonrió de medio lado atrayendo el cuerpo de la humana esta su pecho para abrazarla de forma protectora. Se estaba acostumbrando a comportarse de forma "tierna" cuando estaba con aquella humana— ...si no quieres que te trate de esa forma sólo deja de pensar en la mujer con que sólo tengo sexo por diversión en el Sabbath.

Sin que se diera cuenta esas palabras eran como un consuelo para ella misma, aún tenía dudas sobre los sentimientos que el demonio le guardaba, pero en pensar que solo era Kikyo un juguete en la vida de él la hacia sentirse un poco más segura con respecto a sus inseguridades.

Dejó que él volviera a posicionarse sobre su cuerpo, nuevamente el ritmo cardiaco de su corazón se acelero en su pecho produciendo una sensación de vértigo en su estomago. «Que Dios me perdone» pensó cuando una parte de ella, tal vez la que Inuyasha con todas sus insinuaciones despertó, estaba impaciente por volver a sentir las caricias y los besos del demonio. ¿Era que el deseo de él también la había envuelto a ella? O que ¿Ella también lo deseaba?

Una de sus manos la llevó hasta la estrecha cintura de la quinceañera, mientras que la otra se posaba en el mentón de la misma para evitar que intentara esquivar sus ojos. Sonrió provocativamente notando en los chocolates reflejar la batalla que su mente libraba, ¿cuál de las dos ganaría? Acarició de forma pausada el labio inferior mientras se acercaba a su rostro, notó como temblaba bajo su cuerpo. Cualquier acción de ella lo estaba volviendo literalmente loco.

—Te prometo que muy pronto no lograras pensar con claridad.

Inconcientemente apretó las sabanas que estaban debajo de sus manos, cuando el cálido aliento de Inuyasha llegó a sus oídos soltando aquellas palabras roncas y sensuales. Como por arte de magia su cuerpo parecía reaccionar ante ese acto volviendo a sentir aquella sensación electrizante pero sumamente gratificante. Suspiró de forma profunda, soltando todo el aire contenido por sus pulmones para ver si de aquella forma las sensaciones en su cuerpo disminuian, pero nada de ese sucedía.

Un pequeño gemido salio de sus labios cuando la boca de Satán se encontraba jugando con el lóbulo de su oreja causando cosquillas placenteras en todo su cuerpo. Se estremeció de tal modo que sólo logro juntar más su cuerpo con el de él. La atmósfera se estaba volviendo más pesada y el calor de su cuerpo parecía querer volverla a consumir por completo.

Cerró los ojos con fuerza al tiempo que arqueaba su espalda cuando, a pesar de ser una caricia sobre la tela, las manos de Inuyasha recorrían poco a poco subiendo hasta su pecho dejando el lugar ardiendo como el mismísimo fuego. Él buscó su boca hambriento desatando aquella bata que tenía aprisionado el cuerpo de la humana, un cuerpo que dentro de poco dejaría de estar impoluto.

Rodeó el cuello de Satán en un acto instintivo para que él no la viera pero sólo logro que él reaccionara volviéndola a colocar sobre su regazo alejándola lo suficiente para poder hacer lo que quiera con su cuerpo.

—Inu… —jadeó en medio de un suspiro cuando sintió la boca de su amante sobre una de sus pechos. Enredó sus manos en aquel cabello color plata deseando que profundice aquellas sensaciones. Y como si él hubiera escuchado su inconciente pedido aprisionó con sus dientes aquel pezón ya endurecido disfrutando del pequeño grito de sorpresa y placer que la humana dejo escapar solamente para sus oídos.

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Sus pasos resonaron por aquel amplio pasillo, él castillo de su señor era completamente amplio. Ya lleva vario rato buscándolo, tenia que hablar con Satán hasta hacerlo entrar en razón, ella no permitirá que él la castigara de aquella forma sólo por una estúpida chiquilla humana.

Todavía no podía creer la promesa de amor eterno entre ambas personas, tenía que haber algo más que eso. Su señor no podía haberse enamorado de una humana, era demasiada poca cosa para él…Además ella siempre era su preferida cuando se trataba de elegir con quien tendría intimidad. Esa tal Kagome era una inexperta, de seguro que solamente quería estar con ella para poder probar lo que era tener relaciones con una virgen, seguramente era eso y nada más.

Sonrió más confiada mientras continuaba su marcha, ahora todo estaba claro; salvo por el detalle que Satán le dijo que nunca más tendría sexo con ella. Eso no podía permitirlo, era un honor para cualquier mujer tener aquella intimidad con el rey de los infiernos…Eso nunca lo permitiría.

—Kikyo —la llamó un demonio de ojos azules penetrantes y cabello negro como la misma noche. La mujer giró sobre sí misma para observarlo fijamente, aquel demonio estaba en su forma de humano, no era raro en su caso—. ¿Buscas a Satán?

Ella solamente se cruzó de brazos y taconeo un par de veces. El demonio se acercó a ella lo suficiente para salir de la pónumbra que cubría la mitad de su cuerpo. Él sólo sonrió imaginando la cara que pondría cuando sepa dónde se encontraba el rey de este mundo.

—No lo estoy buscando —le respondió al fin al notar aquella sonrisa en su rostro, no le traía buena espina la forma con la cual sonreía, casi burlándose de ella. Pero si todo seguía así ella muy pronto se convertirá en la dueña del infierno junto a Satán, de eso estaba segura.

—¿Entonces que haces por aquí? —siguió interrogándola de forma tranquila acercándose un paso más—. Estas yendo en dirección a los aposentos de Satán.

La mujer le dio una fría mirada, su rostro pareció volverse más lúgubre. Podía poseer una gran belleza pero no pasaba de eso. Aspiraba a llegar al trono del infierno, pero no requería las cualidades para estar al lado de su señor. Siempre era tan fría y carente de emoción, por eso es que sólo era la amante de Satán y nada más.

—Kikyo —la volvió a llamar cuando ésta le dio la espalda para seguir su camino. La vio detener su paso pero no volteo a verlo, a pesar de eso sabía que captaba plenamente su atención—. No se te ocurra ir a los aposentos de Satán —le advirtió, pero el medio ángel y demonio continúo en silencio. Volvió a sonreír, como disfrutaría de este momento—, se encuentra con la humana.

Crispó sus manos y ladeó el rostro para volver a fijarlo en los de aquel demonio. ¡Eso no podía ser posible!, ninguna mujer había alguna vez entrado a los aposentos de su señor y mucho menos llevada a la cama donde el dormía. ¡Eso no podía ser cierto!, no podía una humana tener mas importancia que cualquier bruja o demonia que había en todo el infierno, y mucho menos Kagome no podía ser más importante para Satán que ella.

—¡No puede haberse llevado a una simple humana! —exclamó colérica casi perdiendo la tranquilidad con que se caracterizaba. El de ojos azules soltó una carcajada ya satisfecho de haber logrado lo cometido—. ¡Deja de reírte, idiota! —le gritó sumamente ofuscada, se sentía traicionada y considerada poca cosa.

—Vamos, Kikyo, sabes que digo la verdad —habló burlón pasando por alto el insulto, le importaba muy poco lo que ella pudiera decirle—. Si quieres puedes comprobarlo.

Lo miró fijo con una sonrisa burlona y fingida en los labios antes de darle la espalda y encaminarse al lado opuesto de ese ser. Claro que lo comprobaría con sus propios ojos, eso no podía ser posible. Ninguna mujer antes había logrado tener esa intimidad con Satán. Si era cierto acabaría con aquella maldita bastarda, eso lo juraba.

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Todo su cuerpo parecía un volcán a punto de erupcionar, nunca antes había experimentado esas sensaciones, pero ahora no quería dejar de sentirlas. Tenía la mente en blanco, casi sentía que estaba al borde del delirio. Arqueó su espalda y los colores frente a ella se mezclaron dejando escapar un gemido para poder liberar su cuerpo de aquella prisión que sentía.

—Pa…para —pidió cerrando los ojos al tiempo que era barrida por aquella oleada de placer, todo era tan excitante que la adormecía dejándola indefensa y a merced de él. Y al parecer ese era lo que más le agradaba a Inuyasha, poderla utilizarla a su antojo, hacerla estremecer una y otra vez—. Por favor.

Escuchó como le costaba respirar, como soltaba el aire de sus pulmones con fuerza. Sonrió complacido plenamente, disfrutaba de las reacciones de aquel virginal cuerpo que hoy se abría a un nuevo mundo, siendo mancillada y liberada por él. El único hombre que a partir de hoy la tocaría esta hacerla perder la razón, mientras más se negaba a sus mandatos más lo excitaba.

La sangre corría vertiginosa y rápida por su cuerpo demoníaco, pero a pesar de que ya quería tomarla, todavía la torturaría un poco más. Se lo haria cobrar con creses por hacerlo perder la cabeza por ella, por hacerlo comportar de esa forma tan extraña.

Lamió sus muslos internos cerca de aquella zona sensible que lograba hacerla retorcerse. Como lo sospecho, la humana intentó alejarse de él pero antes de que pudiera hacer algo la sujetó de las caderas con ambas manos.

—Aunque me pidas que pare no lo haré —volvió a arrastrar sus lengua húmeda por aquel lugar, estaba vez más lentamente. Kagome sintió una punzada en su intimidad, algo que la descoloco por completo. Ella no podía estar deseando sentir nuevamente la lengua de Satán en su femineidad—. Te mostrare que el tiempo aquí es infinito.

Sólo atinó a sujetar con una de sus manos aquellas hebras color plata cuando volvía esta vez de forma tan lenta y torturante a estimularla. Todo giraba a su alrededor sintiendo ese órgano humedo adentrarse hasta donde le era permitido. Dejándose nuevamente arrastrar por aquella marea de placer cuando todo culminará en la cúspide de la ola. Convulsionó a causa de los espasmos, respirando con fuerza. Él la besó con vehemencia obligandola a responder a su beso por demás ardiente, apartando de su mente cualquier pensamiento; como el cuerpo le quemaba al estar piel contra piel. Inuyasha profundizó el beso logrando que probara un poco de su propia esencia en los labios de él. No entendía como todavía le quedaba fuerzas para corresponder un beso con aquel erotismo característico de Satán.

Mordió su labio inferior con ahínco mientras desenrollaba aquella toalla que cubría la única parte de su cuerpo. Kagome experimento la sensación de ahora sí sentir en todo su esplendor aquel masculino cuerpo cubrir el suyo. El cuerpo frágil de ella parecía encajar a la perfección con el de él.

Las garras de él volvieron a viajar por su cuerpo mientras reclamaba nuevamente sus labios, ya no podía entrelazar ni el más mínimo cuerdo pensamiento. Pronto se vio con una de sus piernas sobre la cadera de él. Solamente simulo entrar en ella, la escucho jadear casi sin fuerzas y temblar por la fricción de su sexo con el de ella.

—Solo siénteme, pequeña.

Y sin más palabras se unió a ella barriendo por completo los únicos y últimos vestigios de inocencia. Kagome gritó sujetándose fuerte de sus amplios hombros sollozando por el dolor, un dolor que formaba una mezcla casi exótica al sentirse invadida por aquel extraño cuerpo. Poco a poco todo su cuerpo se tranquilizo experimentando por primera vez lo que era estar íntimamente con alguien, y más si era con la persona que ella amaba.

Cuando él comenzó a moverse con lentos y sutiles movimientos nuevamente su mente dejo paso solamente al sentir. La respiración de Satán en su oído, el aliento cálido y pesado de forma entrecortada, al igual que ella, era lo último que le faltaba para sentirse completa.

—Abrásate a mi —le pidió casi en un jadeo que dejó caer sobre su boca suave, al sentir como aquel lugar húmedo y caliente se contraía sobre su virilidad provocando que el moviendo de sus cuerpo se acelere haciéndose más rápido y profundo. Los gemidos de la humana bajo su cuerpo eran el motor que lo incitaba a querer ir más allá de lo que ella por primera vez podía brindarle.

Kagome sentía que las puertas del cielo se le abrían en aquel momento, nuevamente estaba por tocar o llegar a algo que todavía no entendía muy bien. Buscó los ojos de él, tan rojos como la misma sangre y brillantes por el momento que compartían. El pelo de él se pegaba en varios sectores de su cuerpo, y antes de perder definitivamente la razón logro besarlo con pasión, una pasión que no sabía que albergaba en su propio cuerpo. Nuevamente, pero en peor medida, fue barrida por aquella sensación de estar entre el cielo y el infierno, un gemido murió en la boca de él antes que todo se volviera totalmente negro y su cuerpo extrañamente más pesado que de costumbre.

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Se acercó sigilosa hasta aquella puerta entre abierta, la única que iluminaba aquel lugar de sombras. Sin hacer el menor ruido dejó que la curiosidad la dominara.

Tenía que saber si era cierto o no lo que Miroku le había dicho.

Algunos gemidos femeninos acompañados se unos jadeos totalmente roncos se dejaron escuchar al escapar por entre medio de aquella puerta. Se acercó otro poco apoyando su oído para escuchar plenamente la voz de su señor retumbar en aquel lugar.

Estaba con ella…Con aquella insignificante humana.

Su rostro se desfiguró y sus casi negros ojos adquieran el brillo de una persona con un profundo odio y rencor, aquello no quedaría así. Tomaría cartas en el asunto.

La humana pagaría muy caro la osadía de haberse metido en la cama de Satán, un privilegio que sólo ella merecía pero que nunca obtuvo.

Si ella no lo tenia, Kagome mucho menos.

Total era fácil acabar con la vida de una humana, era como matar a un mosquito.

Sonrió de forma complacida y se alejo del lugar, dejando que la humana disfrutara de aquella intimidad, una intimidad que por ahora nada más le era permitida.


Y bueno gente, por fin el momento mas esperado...pero esto no termina y mucho menos teniendo a un Inu/Satán como amante jejejejejeje

Ya que "Any" me dijo que estubo con problemas en ese pag, paso otra: www(punto)mcanime(punto)net(barra)foro(barra)viewtopic(punto)php?t(igual)10757

Espero que esta si les de resultado...Como siempre gracias infinitas por los comentarios y espero que sigan esta pequeña adaptacion...Ah "Dyelbi" mmmm yo no creo nada xD, en realidad hace como mas te guste; pero si para mi es mejor despues, va puedo estar aquivocada

Nos estamos viendo, ahora si me voy para no molestar por el momento

Lis